Callos
La primera vez que Shishido le hubo agarrado de la mano, fue después de haberle suplicado por su ayuda. En ese entonces, mientras su senpai lo jalaba hacia las canchas, Ootori notó lo suave que era.
No había podido evitarlo, esas manos evocaban una ruda delicadeza. El tacto perfecto, en las manos de un hombre.
Al principio se sintió extraño por esa fascinación, después no supo que sentir.
Era hasta ahora que sentía pena. Porque, mientras era jalado hacia una derruida construcción, Shishido-san lo jalaba con la misma mano con la que lo hubiera jalado antes. Y esta estaba ahora llena de callos.
Callos colocados en la palma, sintiéndose entonces una textura rugosa. También se sentía en los dedos, más de una forma más curiosa y escrutable, pues, centrando su atención en esa palma antes suave, descubrió que la forma era arremolinada que iba hacia la línea de la vida. Y más que pena, después de pensárselo bien, se sintió culpable. Él había sido el destructor de esas manos de ensueño. Habría roto la perfección con su raqueta. La primera adoración hacia su Senpai (que no era su larga cabellera, como muchos indagaban) destruida por él mismo.
-Vamos, Chotarou, es mi turno de ayudarte. Practicaremos toda la noche.
No había escuchado más, eso era lo importante. Los callos habían perdido relevancia, ahora que estaban a solas y con toda la atención de Shishido-San completamente dedicada a él.
¿A quién le importaban unas imperfecciones en sus manos, si por una noche podría tenerlo enteramente para él?
Estaba seguro, a él ya no le importaba.
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Dedicado con cariño a MizukiNFU (mi querida Jeshi nn).
Niña, no te dejes vencer por comentarios insensibles, sabes que esos son tan superfluos como el arañazo de una aguja sobre la roca.
Espero que tu corazón sea la roca carbonizada y que ese rasguño parta por sí sola a la aguja.
Te quiero.
