Bueno, como he tenido varios comentarios pidiendo que continuara esto (dos, que son muchos para mí xD), he preparado otro capítulo. No estoy acostumbrada a hacer historias de más de un capítulo así que espero que no me haya quedado muy raro. Aún así no hay una linea temporal clara a seguir. Gracias por los comentarios y espero que os guste este capítulo.

Disclaimer: Glee no me pertenece.


Por primera vez en la vida la clase de química se le está haciendo interminable. Lo cual es absurdo, se repite Blaine una y otra vez como si de un mantra se tratase. Él es un genio en la asignatura y además es una de sus favoritas. Pero claro está que la culpa no es suya, no señor. La culpa es de Kurt. Si, de Kurt Hummel y sus labios del color del algodón de azúcar, que además saben igual; de Kurt y sus preciosos ojos que le bloquean el pensamiento; de Kurt y su horrible uniforme de cheerio que le hace una figura espléndida; pero sobre todo la culpa es de Kurt y de su preciosa voz, suave como el terciopelo. O tal vez la culpa es de Kurt y sus manos traviesas, o de Kurt y su capacidad para enloquecerlo, o…

Sea por lo que sea, lo que Blaine tiene claro es que está perdido y la culpa, por un motivo u otro es de Kurt.

El estridente pitido de la campana que marca el final de la clase y el comienzo de la hora del almuerzo lo saca de sus pensamientos. Despacio comienza a recoger sus cosas y, con una lentitud mayor, sale al pasillo a enfrentarse a esa selva de energúmenos hormonados que parecen tenerla tomada con él.

Como casi todo el mundo está almorzando no le supone ningún esfuerzo llegar a su taquilla. La abre para sacar el libro que le recomendó el profesor Carson y de paso para coger uno de los Red Vine que tiene escondidos. Con el libro en la mano y el dulce en la boca se dispone a cerrar la taquilla pero una mano de dedos finos se lo impide.

-Bonito póster de Harry Potter.

Con sólo escuchar su voz siente como le tiemblan las piernas. Blaine tiene la certeza de que no importa lo que salga de esos labios, aunque sea un insulto, el efecto que tiene esa voz sobre él siempre será el mismo.

-Creía que hablar en público estaba prohibido.-Dice volteándose.

-Lo sé, pero no hay nadie que pueda vernos, además seré breve.

-¿Y bien?

-Tu, yo, aula 12-B, no faltes.

-Sabes que nunca falto.

-lo sé. Por cierto, esto, me lo quedo.-Y tras esas palabras coge de los labios de Blaine el palito rojo con sus propios labios y se marcha contoneando las caderas.

Blaine suspira pesadamente y se deja caer en el suelo lentamente. O Kurt no sabe las cosas que provoca en Blaine o lo sabe y disfruta llevándolo a la locura.

Con las piernas convertidas en mantequilla camina a la biblioteca, tiene el estómago revuelto por culpa de las mariposas que viven ahí y no cree que sea buena idea meter nada más dentro. No es necesario decir que el resto del día se le hizo eterno, más incluso que la clase de química. Sólo quería ver a Kurt, besarlo, acariciar su cabello, decirle lo loco que estaba por el… Bueno, eso último iba a ser difícil porque Kurt lo mataría antes de terminar la frase.

Era una de las cláusulas del contrato: "Si quieres lo que te ofrezco es tuyo pero no habrá sentimientos ni cosas así, no quiero etiquetas, eso es para la ropa. Si no aceptas comprenderé que me he equivocado contigo". Y él había aceptado, por eso no se quejaba, sabía lo importante que era para Kurt su reputación y él lo respetaba. Además es difícil decirle que no cuando te pide las cosas entre beso y beso.

-Señor Anderson, es la tercera vez que grito su nombre en mitad de la clase.-La voz de su profesor hace que caiga de pronto en la tierra, donde un montón de "seres humanos" se ríen de él y de su desgracia.- Le importaría dejar de soñar despierto y señalar en la pizarra las principales capitales comerciales de siglo XIX.

-Lo siento.-Musita Blaine antes de responder correctamente la pregunta.

Cuando toca el timbre sale el primero de la clase y se mete enseguida en la siguiente, dos horas más y estará enredado entre los brazos de Kurt.

Por suerte su última clase del día es español, con el señor Schuester y sólo tienen que colorear en un mapa las zonas del mundo en las que se habla español. Acaba de sacar su mapa cuando siente que la silla a su lado se mueve. Ignora a su nuevo acompañante y saca unos bolígrafos de colores, pero un carraspeo evita que siga a lo suyo. Mira a su compañero y se sorprende al encontrarse a Noah Puckerman mirándole fíjamente.

-Hey Nerderson, he olvidado el material.-Dice con lo que parece ser una sonrisa amable.

Blaine asiente y pone el mapa en medio de la mesa para que Noah, o como todo el mundo debe llamarlo Puck, vea como colorea con morado las zonas de habla española. Es extraño colorear mientras alguien te mira tan fijamente pero Blaine lo consigue.

-Morado, ¿eh?

-Si

-No es un poco…

-Es mi color favorito.-Corta Blaine antes de que el "enmalotejador" del coro de la escuela termine su comentario.- También me gusta el azul.-Añade tras una breve pausa, ya que desde que conoce a Kurt se ha convertido en su segundo color favorito.

-Ah…

Blaine no entiende por qué motivo Puck quiere hablar con él, hace dos días le tiró un granizado de color verde que dejó hecha un desastre su camisa nueva y ahora, de pronto, Puck es el gran amigo.

-Lo recordaré cuando te tire un granizado.

Blaine mira a Puck y parece, por la sonrisa en sus labios, que debe sentirse halagado.

-Gracias.-La sonrisa de Puck le indica que ha hecho lo correcto.

Y tras esa breve conversación cada uno vuelve a lo suyo. Tres minutos antes de que toque Blaine ya tiene todo el material en la cartera y mira impulsivamente el reloj a cada segundo que pasa, a veces con mayor frecuencia incluso. Pero no puede evitarlo, necesita a Kurt y no le avergüenza admitirlo. Lo cierto es que esta vez el timbre para Blaine suena a algo así como: ¡Libertad!

En fin que como de costumbre cuando finalizan las clases se encierra en la biblioteca a esperar a Kurt. Saca los libros y se pone a estudiar, pero nada, no consigue concentrarse, ni siquiera sabe que está leyendo. Así que cuando lee por tercera vez que: "los llamados poetas satánicos, Lord Byron y Percy B. Shelley, representan más con sus vidas que con sus obras, la más clara expresión del romanticismo." Y sólo entiende "poetas" y "romanticismo" decide que lo mejor es cerrar los libros y caminar un rato. Por suerte en la puerta de la biblioteca se encuentra con el profesor Carson y charla animadamente con él lo justo para que las manecillas del reloj le concedan su preciado momento con Kurt. Con una sonrisa se despide del adulto y se adentra en los pasillos del instituto.

Está a la altura del aula 10-B cuando tres energúmenos del equipo de americano lo rodean. Genial y él que creía que por un día se había librado.

-Hey Nerderson, que alegría encontrarte.

-Si. Mira nos hemos dado cuenta de que hoy no te habíamos tirado ninguna preciosidad de estas.-Y alza la mano para que Blaine vea el granizado.-Y hemos pensado que sería una tragedia que te fueras sin haberte tomado el postre.

Y mientras Blaine recibe el hielo coloreado de azul con los ojos cerrados el resto de los chicos corean la heroica acción de su compañero con risas y aplausos. Para cuando se marchan a Blaine no le da tiempo de ir al baño a cambiarse así que decide ir a ver a Kurt así.

Ver como la sonrisa de suficiencia de Kurt se apaga cuando entra por la puerta convertido en un monstruito azul es, sin duda, lo mejor del día. El joven castaño se acerca y le quita la cartera para dejarla caer en el suelo. Le quita también las gafas y las limpia con un pañuelo.

-Por suerte para ti, no me disgusta el granizado azul.-Dice cuando le pone de nuevo las gafas, aunque se las pone de diadema, y lo besa justo en los labios.

Blaine coloca sus manos en la cintura de Kurt, pero no intenta acercarlo aunque sea lo que más necesita porque no quiere manchar su uniforme. Se separan apenas unos centímetros, la distancia ni siquiera es suficiente como para que sus labios no se rocen.

-Sabes,-dice Blaine con una sonrisa pícara en el rostro- siempre he pensado que se hace exprimiendo pitufos.

Kurt lo mira unos segundos y depués estalla en una carcajada que lo hace cien veces más hermoso que de costumbre.

-Eso sólo se te ocurre a ti, Nerderson.

Y se besan de nuevo, pero esta vez Kut enreda sus dedos en el cabello de Blaine. Y, por mucho que se queje el moreno, estaba deseando que lo hiciera. Blaine lo agarra de la cintura y lo aprisiona contra su cuerpo, aumentando la intensidad del beso y olvidando por completo el granizado, lo rápidamente que está perdiendo la cabeza por el ojiazul o que el oxígeno es necesario para vivir. Ahora todo lo que importa es Kurt, además él ya se está encargando de limpiarle la granizada, al menos en la cara.