Las emociones dentro suyo bullían inquietantes; es el vibrar de su alma lo que enloquece al corazón agitado. Las palabras sobran pues éstas son transmitidas y alcanzan a su grácil receptora, arrebatando sonrisas pasmosas y miradas de dulzura arrebatadora.
Toda ella es un azar de misterios encubiertos; es su voz suave, melodiosa.
Es aquella criatura mágica a la que tiene cerca y que sin embargo sabe lejos, muy lejos de su alance por la magia que la cubre, porque es sublime en toda su esencia.
Misericordiosa reparte su encanto, le deja ver cuánta magnificencia la envuelve.
Pese a que es consciente de que ya tiene más de lo que merece, ambicioso aspira a más.
Y siente el deseo impetuoso de estirar su brazo y tocarla aunque sea con la yema de sus dedos, y entonces podría estar seguro de que es real, de que no es una criatura alegórica que se entretiene a costa de sus sentidos, únicamente tentándolo, únicamente atiborrando su corazón de contento inaudito e inexplicable.
Entonces... cuando estaba por alcanzarla, cuando casi podía sentirla bajo su tacto, todo se esfumó.
Se halló a sí mismo flotando en una espesa negrura, en la nada. Contrariado, confuso, con el alma en un hilo pronuncia un nombre al que asoció a ella.
...Todo se transformó en pesar...Ella ya no estaba, la había perdido gracias a la codicia y ahora ya no le era posible conformarse siquiera con su presencia.
La había perdido, la había perdido, la había perdido, y tuvo la certeza de que no la volvería a ver, de que se había marchado para siempre indignada por su muestra de horrorosa osadía.
Y ahora estaba solo en medio de la nada...
Cogió aire en una bocanada sobresaltado, incorporándose en la cama de golpe.
El sol se filtraba por la ventana gracias a las cortinas corridas hacía unos segundos, según pudo verificar porque su madre seguía sosteniendo una de un lado, mirándole con incomprensión debido al brusco despertar del que fue testigo.
-¿Una pesadilla?
-Eso creo...-seguidamente suspiró deseando absorber la tranquilidad del cuarto, deshacerse de cada resquicio de pesada soledad que arremetió contra él intempestivamente en lo que no está seguro de calificar como 'simple pesadilla'.
Despeinó sus cabellos y se quedó viendo a la nada. Todavía albergando inquietud y desazón en el pecho.
Fueron las emociones fuertes, palpitantes, las que le corroían con el propósito de engullirlo desde dentro.
-Escuché que llamabas a una tal Akane, hijo.
El oji-azul la miró entonces con desconcierto e inconfundible extrañeza.
-¡¿Quién es? -insistió la mujer arrugando el ceño, y alegó: -Ranma estás comprometido con Ukyo, no puedes soñar con otras chicas es incorrecto.
-Primero que nada, mamá, todavía no hablo con papá respecto a eso así que no es seguro. Segundo, no puedo controlar lo que sueño ¿Sabes? -achicó la mirada peligrosamente, y agregó -Y no sé quién es Akane, no conozco a nadie con ese nombre.
Descubrió las sábanas de su cuerpo y se movió para quedar sentado al borde del colchón, quedándose en silencio ahí en estado de letargo, fue entonces cuando se enteró que deshacerse de los resquicios dejados por el voraz sueño tardaría tiempo.
Su memoria se cernía a las visiones, a la felicidad plena que sugería el sólo admirarla y por consiguiente la desesperación al haberla perdido.
-La familia Kuonji ¡Te has puesto a pensar cómo reaccionarán si rompemos el compromiso?! Piénsalo mejor Ranma, reflexiona. No hagas algo que pueda avergonzarnos... ¡Ah y discúlpate con Ukyo, Ranma!
Tras ducharse y vestirse, pudo sentirse un poco más despejado, pero no lo suficiente para concebirse 'libre', mucho menos lo fue darse al encuentro con el exterior.
Otro día más, y tan sólo espera el muchacho -como seguramente el resto del mundo - que el presente día sea mejor que el anterior, aunque sabe que no sería muy difícil ha juzgar por los bajos estándares.
La conversación sostenida en el desayuno lo perturbó enormemente, y es que se enteró que no sería sencillo dar fin al compromiso. Fue regañado por su padre debido al mal rato que hizo pasar a Kuonji, por demás admite que plantear su desacuerdo frente al matrimonio arreglado, fue la guinda que adornó la torta y que quizás, por lo que vino luego, no fue el momento más oportuno; el desato de la cólera de su padre era inminente y éste arremetió contra él con dureza.
Una letanía que habla del honor fue lanzada en su contra, acerca de que los juramentos fueron hechos para cumplirse, que no es posible deslindarse de las obligaciones.
No hay necesidad de amor, fue la respuesta dada por su padre en cuanto su vástago le hiciera conocer que no alberga sentimiento tal por su amiga, porque el amor se construye, según le dijo. Si se casan este acabará por emerger de todos modos, por lo tanto no es una excusa válida.
El alterado hombre de cubierta calvicie dio término a la discusión con un golpe sobre la mesa que hizo temblar a los cubiertos y utensilios que reposaban sobre ésta; lanzó un improperio enérgico, y anunció que se descargaría en el dojo por las barbaries que hablaba su hijo desvergonzado.
Saotome Nodoka en todo momento se mostró silenciosa,... reconoce la mujer, únicamente para sí, que dicho pacto no debió haberse hecho, que fue un error conducido por las copas demás, pero también asume que al honor se le debe respetar y que lo hecho, hecho está.
Suspira el muchacho pesadamente, alzando la mirada al cielo claro y celeste prometedor de un día soleado, otro más. Sólo esperaba que no fuera igual de caluroso que el anterior.
Entonces llegó a él el recuerdo vívido de su sueño y a todo lo demás le faltaba sentido.
Era absurdo, cualquiera que adivinara sus pensamientos se reiría en su cara. Ilógico es que un sueño reste importancia a la realidad, que le ahogue en una súbita calma... porque lo sufrido al final del sueño no lo revive de la forma en que saborea la gloria en que se zambulló en un principio.
Desea sacudirse de las interpretaciones por resultar éstas por poco repulsivas a su parecer.
Asociar en el sueño a aquella chica apática que conoció, con el ser casi mítico que le sonreía y observaba con tal dulzura que lo conmovía, que lo bañaba en paz, es sin duda un absurdo, ¡Completamente ilógico! Entre ambas no había semejanza alguna, y aún así era ella, lo sabía, lo supo cuando deseaba darle alcance y lo supo cuando la creyó perdida.
Concluyó que posiblemente aquel sueño le sirviera de alivio, de analgésico para el dolor que se le ciñe al alma.
Entonces oyó que alguien desde lejos lo llamaba. Una voz conocida.
Se detuvo y volteó ciertamente desconcertado para encontrarse con Kuonij a apenas dos metros de él, respirando agitada por la corrida que hiciera apenas se percatarse de su presencia...varios metros más adelante.
-¿Estás bien?...Ukyo - habló el muchacho agarrándola por los hombros para enderezarla, hallándola despeinada y colorada.
La castaña se distanció rompiendo el contacto, lo que le informó al sujeto de coleta azabache que la joven es presa del resentimiento, uno de no muy alto calibre, puesto que de lo contrario no habría ido a su encuentro.
Kuonji acomodó su cabellera sin mirarle todavía a los ojos, y luego se abanicó con las manos unos segundos antes de afrontarlo.
-¿no tienes nada que decirme?- le interrogó, fue sólo entonces cuando el hombre pudo notar sus ojos enrojecidos.
-Siento mucho haberte hablado como lo hice - se inclinó ligeramente - de verdad lo siento.
-Te perdono - accedió la castaña esbozando una leve sonrisa al escuchar la respuesta que supuso recibiría.
Un abrazo bastó para consolidar las paces.
Tras la cálida muestra de afecto él le hizo ver, reanudando una distancia prudente, que al igual que él ella debiera pedir disculpas.
Ambos se encargaron de herir el día anterior, a fin de cuentas, y hay una disculpa que sabe todavía no ha sido formulada debidamente a su destinatario.
-Está bien, le pediré perdón - concordó la chica, lo cual le arrancó al ojiazul un suspiro de alivio.
Ante todo la castaña asumía haberse propasado y es lo suficientemente decente para rendir las disculpas pertinentes cuando se le da cabida a la conciencia.
Saotome pensó que tal vez hoy todo marcharía bien. Sí, hoy sería un buen día; y apunto estuvo de sugerir que siguieran su camino rumbo al instituto cuando lo inusitado se encargó se detenerle en seco.
Un objeto descendía sobre ellos con la rapidez obligada por la gravedad; el sujeto advirtió la sombra instalarse en ambos y agrandarse conforme éste caía, sujetó a su compañía femenina y de un salto esquivó junto a ella lo que bien pudo haberles lastimado gravemente.
Ya a salvo, ambos entre curiosos y alarmados visualizaron una bicicleta que rebotó un par de veces en el pavimento antes de quedarse quieta, aunque sus ruedas siguieran rodando debido al impacto al que fue sometida.
-¡¿Puedes creerlo, Ranma?! ¡Como rayos...?! ¡ESO PUDO CAERNOS ENCIMA! - exclamó alterada, apuntando al pesado objeto.
El otro, más tranquilo que ella, comenzó echando un vistazo a los alrededores, pero no encontró a nadie cerca, por demás lo que pudo haber provocado tan curioso acontecer no lo comprende...
-Seguramente vendrá su dueña por ella.
-¿Dueña? - inquirió la chica.
-Sí, es de mujer ¿Qué no la ves?- dijo, se acercó a la bicicleta y la alzó con una sola mano por el manubrio para resaltar los adhesivos que aportaban el detalle femenil al transporte negro.
-¡Oye tú! ¡Suelta mi bicicleta!
Una tercera voz anunciando ser la dueña de lo que se denominaría como el 'objeto de la discordia', les hizo voltear.
Claro que el impacto fue grande. Soltó la bicicleta, movimiento que provocó un nuevo sonido pesado y metálico al estrellarse de nueva cuenta contra el pavimento.
El corazón por poco sale de su pecho al enfocarla, al reconocerla, pero ella, por el contrario no parecía sorprendida por habérselo encontrado.
-¡Tú! ...- fue lo que brotó entre sus labios, quedando el muchacho como en estado catatónico.
La chica que ahora vistiera el uniforme del Furinkan, avanzó a paso firme ignorando a la furibunda castaña y a su repentinamente mudo compañero.
-¡¿Por qué la hiciste caer?! - le reclamó en el trayecto entre su posición y la de ellos junto a su bicicleta.
La castaña no pudiendo soportar descaro desemejante, alegó impetuosa:
-¡Je! Disculpa, eso no es nada en comparación a como cayó del cielo hace poco, y en todo caso, digo si es que te interesa, ¡ESA COSA POR POCO NOS MATA!
La extraña joven enderezó su bicicleta y enfadada le recalcó:
-¡No cayó del cielo boba! Voló por los aires, que es muy distinto - y con el dedo índice la apuntó de arriba abajo, como vio hacer a una mujer negra en una película vista la noche anterior, y luego dirigiéndose a quién parecía idiota mirándola tal si fuera aparición, exclamó: -¡Y tú que me ves!
Kuonji lo había notado también. Saotome la observaba con ensimismamiento, hecho que ella detestó furiosamente.
-Tú y yo nos conocemos- afirmó él hundido en la impresión, achicando la mirada.
La certeza hiriente e insulsa acudió de pronto a la castaña quién percibía cierto desconcierto mezclado con grata sorpresa.
La peliazul lo escudriñó largamente jugando a hacerse la desentendida y cuando a punto estuvo Kuonji de coger el brazo de su compañero y llevárselo de ahí alegando que llegarían tarde si no se daban prisa, fue cuando la chica habló finalmente:
-¡Claro! Tú eres el chico que me empujó ayer - ladeó el rostro, con la yema de su dedo índice puesto en su mentón como si repasara un enigma complejo.
La respuesta dada causó infinita gracia al sujeto acusado, comprendiendo al final que tales coincidencia existen y que el mundo es en efecto como un pañuelo, como dice la gente.
La concibe más agradable que el día anterior, algo más dada a la amabilidad. Reconociéndolo, se defendió con una sonrisa ladeada:
-¿Qué dices? Tú chocaste conmigo.
Se sentía como espectadora principal de un idilio que poca gracia le causa. Quiso acercar a Saotome a sí misma, gritar a la aparecida que debiera respetar los límites de 'la propiedad', pero contuvo los impulsos que sabía -de llevarse a cabo- no le acarrearían más que problemas. En lugar de ello, se forzó a esbozar lo que acabaría siendo una sonrisa sarcástica, y apuntó a un hecho que según creía estaba siendo desmerecido:
-Deberíamos estar hablando acerca del por qué esa bicicleta tuya por poco nos mata, no de como se hayan conocido.
Ya saciaría la chica su curiosidad y sonsacaría información a su prometido en cuanto a la peliazul respecta.
-Un mal manejo de la fuerza, eso es todo. No seas exagerada - tuvo que contestarse son semejante respuesta, porque enseguida Saotome le preguntó con tono casual:
-¡Y ese uniforme?! ¿Vas al Furinkan?
Maldijo una y mil veces el despierto interés del muchacho, que según notara la joven, ni siquiera se esfuerza por camuflar...
Aunque a otros ojos sólo sería la sorpresa fruto de la coincidencia, y es que otra percepción no hubiese rescatado semejantes detalles que para la mujer eran obvios porque ella posee las armas del conocimiento sobre el sujeto en cuestión, y esto es ciertamente una ventaja: Las verdades se le revelan tal cual sin él ser consciente.
Saotome no expresa afectar alguno, sólo un simpático desconcierto y nada más...¡Oh pero ella le conoce, maldición! Y justo ahora lo percibe interesado, y francamente la castaña no comprende los motivos. Es a su parecer una chica de modales toscos y su expresar trae consigo cierta cuota de apatía imposible de no advertir.
-Soy nueva. Me llamo Tendo Akane - se presentó, y el mundo pareció detenerse unos segundos para el chico, como si hubiese sido abducido a un plano paralelo, lejano e insólito, y esto nadie lo notó.
Su corazón latía ferozmente al sentir una conexión ambigua y misteriosa. La mención de dicho nombre le trasladó a hace poco más de una hora, cuando su madre inocentemente le informó que había estado llamando a una tal Akane entre sueños.
Estupefacto desvió la mirada cuestionándose qué clase de hechizo cayó sobre él, por qué su inconsciencia se había adueñado de un conocimiento que él no tenía modo de conocer.
Quiso marcharse de ahí, no volver a verla...porque toda ella era un concepto misterioso que nunca cabría en su entendimiento.
Quiso sacudirse las interpretaciones, dar por sentado que todo es una gran coincidencia y que nada consta de gran relevancia.
Que ella no es más que una chica como cualquier otra, algo más bruta y antipática, quizás; y que él no le tiene ningún afecto especial, ¡¿Y cómo tenerlo si a la chica fruto de su descalabro mental la conoció apenas el día anterior, siendo las palabras las precisas y por demás ella no le retribuyó debidamente su amabilidad y buen trato! ...
¡¿Cómo dar explicación a lo que carece de lógica, y que sin embargo existe, y sin embargo se percibe y se siente?! Es todo tangible y no obstante increíble. Son las emociones dispersas, enloquecidas, las que anuncian que 'algo' que aún no se reconoce ha nacido y se manifiesta a modo de incoherencias.
La interrogante que le es formulada le suena lejana y aún así dio una respuesta, una surgida casi mecánicamente.
Era su nombre propio el que fue dado, y es una sonrisa preciosa la que es su respuesta. Entonces se quedó prendado de ella y se enteró que no podía hacerse el ciego... asumió que es, en efecto, una criatura mística, mágica, la misma que habiendo escapado de sus sueños se le materializara hoy a modo de compañera de instituto, disfrazándose de 'una chica normal', ¡Y por poco se deja engañar! No hay nada de normal en ella salvo el engaño que consta la imagen de los que, con una mente básica, se permiten arrastrar por lo que se busca transmitir.
Es ella, ...es ella quién ha dado una tregua y le ha perdonado su osadía al querer darle alcance; metiéndose en sus pupilas, la reconoce enteramente., y es su alma la que vibra ante semejante reconocimiento, y es su corazón el que brinca de alegría al saberla recuperada.
Continuará…
¿Y bien? ¿Qué dicen? ¿Me hago un blog en el que suba avances e ideas nuevas para leer sus opiniones al respecto? ¿Qué piensan del fic? ¿Va por un buen camino? Recuerden que sugerencias son bien apreciadas.
Me encantaría conocer sus opiniones : ) ¡saludos!
