Disclaimer: Naruto no me pertenece, es propiedad de Kishimoto— sensei. Si me perteneciese, ya habría creado una pareja romántica para Kakashi—sensei.
Advertencia: La historia puede contener situaciones sexuales y violentas, y esta catalogado como Rated M. No recomendado para menores de dieciocho.
Importante: Traducción.
Autora original: Dondeloth
Traductora: Istharneko.
¡Buena lectura!
OoOoOoOoOoOoO
O predador e a Lua
2
Hinata volvió a encarar aquellos ojos fríos, sin decir nada. La esperanza de que, algún día pudiese escapar de aquel lugar que una vez llamó hogar, comenzaba a escurrirse entre sus dedos. Si aquel hombre estaba allí para reinar sobre el clan, muy difícilmente ella y su hermana saldrían con vida de ese sitio. Sentía un frío subirle por la boca del estomago, sus piernas temblaban con indignación al ver que aquel hombre se auto—titulaba de "dueño del feudo Hyuuga". Sentía ganas de abofetearle, descargar toda la rabia y la desesperación que sentía en él.
—¿Dónde están Deidara y Sasori? — Preguntó Sasuke, aún encarando a la chica.
— No lo sé. — Contestó ella— La última vez que les ví, estaban en la sala de banquetes de la mansión
Sin decir ninguna palabra más el hombre se giro, descartando la presencia de la mujer y encaminándose con pasos decididos para la entrada de la casa. Fijándose en su imponente andar, Hinata consiguió ver que cojeaba de la pierna derecha, pero era algo imperceptible. Sin saber que hacer, si seguirlo o quedarse allí, se quedó sentada, balanceando las piernas fuera de la casa. El olor de los cuerpos ya no la incomodó más.
La brisa de la mañana hacia que algunos mechones de su cabello, que se habían soltado del peinado encima de su cabeza, se balanceasen al compás del viento. No teniendo nada que hacer allí, la muchacha pensó que sería mejor entrar para estar al lado de Hanabi y las otras mujeres. No le importó que sus manos estuvieran manchadas de barro, ni que el vestido se hallase en un estado lamentable —recordó vagamente que un día había sido blanco— Hinata, siguió el mismo camino que Sasuke hiciera minutos antes.
Antes de que ella llegase a la puerta de la mansión Hyuuga, ya pudo oír los gritos de alguien; era una pelea, pero no podía distinguir las voces. Temiendo por su hermana y las demás mujeres, Hinata corrió, entrando en el salón de banquetes con las mejillas rojas. A nadie pareció importarle esto. Deidara y Sasuke estaban discutiendo acaloradamente, ignorando a todas las otras personas a su alrededor.
—¡Muertos Deidara, casi todos los hombres muertos! — Sasuke habló con una voz fría como el hielo.— ¿Cómo esperas ahora que consiga mantener este lugar?¿Pasó por tu cabeza que este es un feudo con la principal función del cultivo de alimentos?¿Cómo esperas que haya alimentos en la próxima cosecha? –Tras esto, añadió: — Tal vez creas que deba plantarlo con mis propias manos...
—¡Venga Sasuke!— Gritó Deidara, con un tono de voz alto.— ¿Crees que voy a estar pensando en esos detalles cuando lucho?¡Querías que perdonase la vida de todas aquellas sabandijas despreciables?!
Hinata se encaminó silenciosamente para el lado donde las mujeres se encontraban, encogidas contra la pared. Su joven hermana estaba entre ellas, sujetando firmemente la muñeca de paño en su mano derecha. La ojiblanca la abrazó, demandándole con la mirada que permaneciese en silencio.
—Eres un incompetente Deidara. Y tú Sasori, ¿por qué no le impediste hacer eso?— Reclamó el moreno. El pelirrojo simplemente lanzó una mirada gélida hacia Sasuke, encarándolo sin miedo.
—El feudo debería ser nuestro Sasuke.— Gritó Deidara, enfurecido — Somos nosotros los que estuvimos aquí, luchando una noche entera... ¿Y para qué? Para que tú vinieses y lo tomarás, sin siquiera tener que ensuciarte las manos.
—Tu parte Deidara, son todas las cosas de este lugar— respondió el renombrado, mirando a su alrededor.— Todo lo que vosotros y vuestros hombres os podáis llevar, será vuestro. La única cosa que me reservo son las tierras.
—No es tan malo así.— Respondió por fin el rubio, sonriendo con aquellas palabras y pasando sus dedos por la lacia cabellera.— Nunca fui el tipo de hombre ligado a sus tierras.
—Tengo trabajo, como hacer que personas trabajen nuevamente en este feudo.— Sasuke habló, ignorando el comentario del rubio y comenzando a observar la habitación, que estaba parcialmente destruida. — No vi ningún aldeano a leguas de este lugar.
— Eso no es problema mío, Sasuke.— Respondió Deidara.— Es problema tuyo. Yo y Sasori solo somos responsables por ensuciar nuestras manos, y en cuanto a ti y ese Kisame, arreglen los estragos.— Tras decir esto, añadió: — Bueno, y ya que tú llegaste, creo que me puedo largar.
—Sin duda— Respondió Sasuke.
—¿Tenemos algún otro lugar que conquistar?— Preguntó Sasori.
— No recibí ninguna información. — Respondió nuevamente el moreno.— Las órdenes son que vigiléis la villa, así que terminaremos aquí.
— Genial. — Dijo Deidara.— Descansaremos un poco ¿ vamos, maestro Sasori?
El pelirrojo afirmó con un gesto de cabeza.
—¡Ei, tú!— Exclamó Deidara, apuntando a Hinata.— Vienes conmigo pequeña Hyuuga, eres la única cosa que me quiero llevar de este lugar.
Hinata sintió congelarse su corazón dentro del pecho, las piernas le temblaron y la respiración se le aceleró. Deidara fue hasta donde ella se encontraba, y agarrandola de la muñeca, comenzó a tirar de ella forzándola a seguirle.
—¡Suéltame, suéltame!— Gritaba Hinata.
—¡Suelta a mi hermana, monstruo!— Gritaba Hanabi, que era agarrada por las otras mujeres.
—¡Dejad de gritar! — Bramó Deidara, callando a Hanabi y a las demás.— Tu hermana viene conmigo y punto.
—¡Suéltame!— Gritó la pelinegra, intentando soltar el gancho de su muñeca. Sin embargo el rubio apretó más, haciendo que un grito de dolor escapase de los labios de la joven.
—No quiero lastimarte, pero si continuas gritando no voy a refrenarme.— Informó Deidara.
—Suelta a la mujer, Deidara.— Ordenó Sasuke, parándose enfrente del rubio.
—¡Cierra el pico, Sasuke!— Gritó el rubio.— Ella es mi trofeo, yo la escogí. Puedo llevarme cualquier cosa de esta mansión que pueda cargar, tú mismo lo has dicho. Puedo cargarla durante todo el trayecto si es preciso, así que si no quieres tener pelea, mejor sal de enfrente.
— No lo voy a repetir Deidara... ¡Suelta a esa mujer!— Exclamó Sasuke.
—¿Por qué debo soltarla Sasuke?— Preguntó él, burlón.
— Ella es prisionera de Akatsuki, por eso su destino no será decidido ni por mí ni por ti.— Aclaró— Mientras no sepamos que hacer con ella, esta mujer se queda aquí.
—¡Cuánta patraña Sasuke! — Gritó nuevamente Deidara.— Es lógico que tú también la quieres, ¿y quién no? Lo reconozco Sasuke: és tan bella, que sin duda alguna lucharía por poseerla, pero yo no soy un hombre egoísta. Después de que la aprecie como se debe, te la devolveré, no te enojes.
Sin decir una palabra ni modificar su expresión, Sasuke, en un movimiento que los ojos de Hinata no pudieron apreciar, golpeó el estómago de Deidara. Éste, soltando la muñeca de la muchacha, fue estampado contra una pared, quebrando la misma.
—¡Ahora veras maldito!—Gritó el rubio, levantándose y lanzándose hacia el moreno. Pero antes de que Deidara pudiese alcanzar a Sasuke, Sasori, en un abrir y cerrar de ojos se colocó enfrente de los dos.
—Para, Deidara.— Ordenó el pelirrojo muy calmadamente. — No debemos pelear entre nosotros. Si tu deseas tanto a esa mujer, espera hasta que Sasuke se cansé de ella. Conociendo su fama, no dudo que eso demore mucho. — El rubio miró para la hermosa chica, ésta sintió su estomago hundirse aun más adentro de su cuerpo.
— Es injusto maestro Sasori, pero no tengo salida.— Respondió por fin el rubio más calmado.— Hoy no podremos luchar, Sasuke.
— En cuanto a ti, mi pequeña... — Dijo Deidara, dedicándole una sonrisa a Hinata.— Habría sido mejor que estuvieses conmigo, yo no soy tan perverso como Sasuke con mis amantes, y mucho menos con mujeres lindas como tú. Estaré esperando, soy un hombre paciente. Hasta otra Sasuke.
Sin decir nada más, los dos shinobi desaparecieron en una nube de humo blanco. Hinata miró hacia sus pies, sintiendo todo su cuerpo temblar. El hombre de ojos gélidos e inexpresivos continuaba observándola, a ella no le gustó esa mirada. Sin decir una sola palabra, Sasuke se encaminó para el grupo de mujeres, que se encogieron intentando proteger a Hanabi.
—Sois libres.— Dijo, dirigiéndose a ellas.— No estáis obligadas a permanecer en este lugar, pero en el caso de que os quedéis, seréis contratadas y recibiréis la misma cantidad de dinero que cuando trabajabais para Hyuuga Hiashi.
—¿Y las señoritas Hinata y Hanabi, ellas también son libres?— Preguntó la mujer que a escondidas, había cogido la muñeca del cuarto de Hanabi.
— Como ya dije ellas son prisioneras de Akatsuki, y continuarán así hasta que se tome una decisión de que hacer respecto a ellas. — Las mujeres pusieron caras de tristeza, que no conmovieron a Sasuke de forma alguna.
—Podéis marcharos— Dijo Hinata intentando formar una sonrisa.— Yo estaría aliviada sabiendo que estaréis bien y seguras en otro lugar.
—Pero Hinata sama, — Exclamó una de las siervas.— No podemos dejarla sola con ese... — No acabó la frase, pero seguía mirando a la morena.
—Me sé cuidar sola, estad tranquilas. – Respondió la joven, apenada.
— A su padre no le gustaría saber que abandonamos a sus hijas en una situación como esta. – Respondió la sierva.— Nos vamos a quedar el tiempo que ustedes estén aquí.
Las otras mujeres hicieron gestos con la cabeza, indicando que aceptaban la propuesta. Hinata tubo que contenerse para no dejar que las lágrimas se escurrieren por sus ojos.
— Gracias.— Agradeció la muchacha.
— Ya que eso esta decidido, deberíamos discutir varias cosas.— Dijo el hombre de negro, girándose para la morena. — Tú y tu hermana vais a ser mis prisioneras, pero no penséis que no haréis nada. A partir de ahora, ambas sois criadas comunes de esta mansión.
Hinata soportó la mirada de Sasuke sobre sí, sintiendo que éste la evaluaba. Sintió vergüenza por estar con aquella ropa inmunda, parecía una simple mendiga que tenía que contar con la protección de aquel hombre insoportable. Más de una vez tuvo ganas de darle una bofetada.
—No tengo ningún problema en trabajar, señor.— Respondió Hinata altivamente.— Solo espero que perdone a mi hermana, ella solo tiene quince años, es muy joven.
—¿Y cuántos años tienes tú?— Preguntó Sasuke. Hinata demoró un poco en responder, no quería tener que contarle particularidades suyas a aquel hombre.
—Voy a cumplir dieciocho en la próxima primavera. — Respondió. El moreno la miró, como si estuviese evaluándola.
—Son apenas tres años de diferencia. Si tu puedes, ella también.— Agregó el pelinegro.
—Yo trabajaré por ella.— Dijo Hinata, casi rogando. — Ella no tiene que trabajar, tenga piedad, es solo una chiquilla... ¡Acaba de perder a su padre!
—Tú también eres una chiquilla.— Respondió Sasuke.— Y por lo que sé, también acabas de perder a tu padre. No tendré piedad con ninguna mujer, pero si realmente quieres trabajar el doble, eso será problema tuyo.
La muchacha bajó la cabeza, reprimiendo las ganas que tenía de gritar. Ella sabia muy bien que era apenas una chiquilla, pero no podía ser débil, debía ser fuerte, para las personas que precisaban de ella.
—Mi compañero llegará aquí en breve. – Explicó Sasuke a todas las mujeres presentes en la sala.— Quiero que arméis este lugar, y podamos comer alguna cosa decente esta noche.— Algunas mujeres respondieron en un murmullo "Sí, señor", otras permanecieron en silencio.
—Y tú.— Continuó el hombre, observando a Hinata.— Toma un baño y cámbiate de ropa, pero no pienses que continuarás con esas ropas caras. Vístete como una empleada. — Hinata afirmó con la cabeza.
—¿Cuál es el mayor cuarto de la casa?— Preguntó ahora, andando para la chica.
La muchacha se espantó un poco con la pregunta. La mansión tenía cuartos enormes, todos muy bellos. Pero sin sombra de duda, el mayor cuarto y el más cómodo, era el cuarto de su padre.
—La habitación de mi padre.— Respondió por fin.— Está en el último piso.
—Voy a ocuparlo entonces. — Dijo Sasuke, haciendo que los ojos de Hinata brillasen de rabia.— Cuando hayas acabado de arreglarte, ven a mi cuarto para ayudarme si es preciso.— Ella cerró los puños y vio que él se alejaba por el corredor, en dirección al cuarto de su progenitor.
—Obedeceréis lo que él dice.— Ordenó Hinata a las mujeres.— Por favor, preparadme un baño en mi cuarto y algunas de vosotras, intentad arreglar este destrozo. En cuanto a las otras, poneos a hacer la comida. Hanabi, tu ven conmigo.
Teniendo alguna cosa que hacer, y como Sasuke estaba lejos, las mujeres se sintieron mucho mas animadas y comenzaron a trabajar.
OoOoOoOoOoOoO
En el cuarto de Hinata, una tina grande de madera fue colocada para que la joven pudiese bañarse; el agua que una de las siervas trajo, llenó el lugar de vapor. Sentándose en la bañera, la muchacha pudo sentir como todo su cuerpo se relajaba. Afuera, la tarde se extendía y tras esto llegaría el crepúsculo, su hora predilecta. Aún así, el frío era intenso. Con una de sus manos, frotó todo su cuerpo hasta que la piel estuvo levemente enrojecida, quería sacarse cualquier olor de tierra o cuerpos, que sabia que tenía impregnada en la piel. Lavó sus cabellos negros, que descendían en cascada hasta un poco más abajo de su cintura. Sintiéndose mucho mejor por el baño tomado, la joven comenzó a buscar unas ropas con la que pudiese vestir.
— No tenemos vestidos de empleada que le sirvan a Hinata—sama.— Exclamó Kurenai, la tutora de Hinata y Hanabi, que había sido contratada después de la muerte prematura de la esposa de Hyuuga Hiashi.— No sé por que la señora no puede vestir sus ropas.
— Creo que mejor no le preguntaremos a él.— Respondió Hinata.
— Ne—chan, ¿yo también voy a tener que vestirme como una sierva?— Preguntó Hanabi.
— Él no dijo nada, así que continua vistiendo tus propias ropas.— Respondió la ojiblanca.
Buscando en una gran arca de madera que se hallaba en su cuarto, Hinata no encontraba nada adecuado para que una criada pudiese vestir: Todos sus kimonos eran muy trabajados, revelando su alto linaje. Ya estaba comenzando a ponerse aprensiva, cuando halló un viejo kimono negro, de verano.
—Esto servirá por ahora.— Dijo la joven mirando la tela en sus manos.
—¿Eso ya te vale, One—san?— Preguntó su hermana.
—Tiene que servir Hanabi.— Respondió la muchacha.
Vistiendo el kimono, Hinata pudo percibir que había crecido un poco, Aun así el kimono de verano se ajustaba bastante bien a su cuerpo. El tejido estaba un poco gastado con el tiempo, y ya no mostraba el negro lustroso de antes. La cinta que envolvía la cintura, era blanca y estaba un poco amarilla. Los senos estaban algo expuestos, pues Hinata no tenía el mismo cuerpo de cuando era una niña de catorce años. El short terminaba a la altura de la piernas, mostrando sus blancos y bien torneados muslos. Sintiéndose muy avergonzada de vestir aquello en presencia de un hombre, la chica intentó arreglar un poco la situación, vistiendo una media que llegaba un poco más arriba de sus rodillas. Visualmente, parecía ser aún más exótico.
—¡Esta ropa es muy indecente!— Exclamó Hinata exasperada.
—No se puede hacer nada más, señora.— Respondió Kurenai. — Esté tranquila, que yo misma iré a coser un uniforme de empleada decente para usted.
—Gracias, Kurenai—Sensei.— Agradeció ella.
—Ahora vaya Hinata—sama, antes de que ese terrible hombre comience a impacientarse.— Dijo la mujer.
—Cuida de Hanabi, por favor.— Dijo la chica antes de salir del cuarto.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Hinata conocía muy bien la senda que llevaba al cuarto de su padre, hizo este mismo camino un millar de veces, siempre buscando un poco de alivio en aquel lugar, que le traía tantos recuerdos, y ahora no sería diferente... Allí donde los sonidos del resto de la mansión no llegaban, donde el silencio y el bienestar siempre predominaban. Seria ahora el lugar donde el asesino de su padre y su familia descansaría. La chica de ojos plateados hallaba aquello repugnante, ¿cómo alguien tenía coraje de matar personas y después tomar para sí, aquello que no le pertenecía?
Ella sabía que directamente, Sasuke no había participado en la matanza de su clan, pero era él quien estaba aprovechándose de todos los beneficios de que su hogar hubiera sido diezmado. Después de todo, él era un miembro de Akatsuki. Debería también ser un asesino, y ella se había jurado para sí, que les odiaría hasta el fin de sus días. Parada enfrente de la puerta del antiguo cuarto de su progenitor, Hinata suspiro algunas veces antes de tener coraje para golpear la puerta de madera, anunciando su presencia.
La voz, siempre fría y controlada, vino proveniente del aposento, dando permiso para que la chica entrase. Cuando Hinata abrió la puerta, la escena frente a ella casi hace que se voltease y saliera corriendo de la vergüenza. Con el rostro muy rojo, y juntando toda la fuerza de voluntad que poseía, consiguió cerrar la puerta y continuar en ese aposento. Sasuke se había quitado toda la ropa, quedando apenas con una combinación debajo, Hinata notó que era blanca. Su cuerpo delgado, con el tórax esculpido por músculos rígidos. La piel pálida y lisa, las piernas largas y firmes tenían cierta gracia y ligereza, al mismo tiempo que firmeza cuándo andaba. Los músculos de los brazos no eran exagerados, pero podían ser observados cuándo él hacia el más mínimo movimiento, tensionándolos y después relajándolos nuevamente. La chica de ojos plateados, se odió por hallarlo hermoso y saber que esa visión de hallarlo casi desnudo, hacia que algo en ella se exaltase, de una manera que nunca antes había sentido.
—¿Nunca viste un hombre semidesnudo antes?— Preguntó Sasuke sin azorarse.
—No.— Respondió ella.
—Entonces será mejor que te acostumbres. — Respondió él.— Vas a verme de este modo y también desnudo, muchas veces.
—¿Y por qué debería verlo de esa manera, señor?— Pregunto la joven, indignada.
—Porqué tu serás mi sirvienta particular, y será natural que estés dentro del cuarto, en mi intimidad.— Respondió el hombre.
La muchacha no consiguió encontrar nada que decir, solo continuo mirando a sus ojos, sin pensar en nada más.
—Quiero tomar un baño—. Anunció él, ignorando la mirada de odio en los ojos de Hinata.
Agradeciendo aquella oportunidad de salir de aquella escena tan penosa, Hinata abrió la puerta y corrió por el corredor para llamar a algunas mujeres, y hacer que llevasen una tina de madera y preparasen un baño en el cuarto de Sasuke. Cuando el baño estuvo preparado, de la tina de madera comenzaba a subir un vapor de agua caliente. El moreno despidió al resto de las mujeres, quedando a solas con la Hyuuga en el cuarto.
—Gírate si no quieres verme desnudo por completo. – Ordenó él. Sin perder tiempo Hinata se giró, encarando la madera de la puerta.
—Quiero que traigas tus cosas mas tarde para este cuarto.— Informó Sasuke.— Nada más algunas de tus pertenencias y ropas.
— Pensé que sería Sasuke—sama quien ocuparía ese cuarto.— Dijo la muchacha.
—Y tú lo ocuparás conmigo.— Habló el moreno, a modo de respuesta.
Sin pensar, la Hyuuga se giró frente a Sasuke a punto para discutir con él. Pero las palabras quedaron presas en su garganta, recordando que él estaba desnudo y tomando un baño. Interiormente agradeció a los cielos, pues sumergido como estaba, él solo exhibía sus pectorales esculpidos y cubiertos de espuma. Encarando una vez más la puerta de madera, Hinata casi gritó.
— ¡No me puede obligar a hacer eso!— Exclamó.— ¡No voy a dormir aquí con usted!
— Estas equivocada, yo puedo obligarte, pero no quiero llegar a tanto.— Dijo él, con superioridad.
Cerrando los puños y mordiendo su labio inferior, la joven sentía unas ganas de mirarle, gritarle y patalear hasta que él entendiese cuan repulsivo era lo que le pedía. Oyendo el murmullo del agua y respirando el aroma, Hinata cerró los ojos, sabiendo que Sasuke se había levantado de la tina de agua. La muchacha no quería tener ninguna visión desagradable. Con su mirada aún hacia la puerta, Hinata no se giró hasta que el pelinegro no le mandó que lo hiciese. Él estaba sentado, vistiendo otra combinación, como si el frío no lo incomodase. Intentando no estar encarada a aquel cuerpo de hombre frente a ella, Hinata bajó la mirada, que se posó sobre un corte casi imperceptible en la pierna de él.
— ¿Cuándo te lastimastes?— Preguntó la muchacha, no soportando estar en ese cuarto en silencio y con ese hombre.
— Un Shinobi me atacó hace algunos días. – Respondió.— Yo salí con ese corte en la pierna, y él está muerto. Sanará pronto.
— No sanará. Esta infectado.— Agregó ella.
—No me está incomodando.— Respondió Sasuke, frunciendo el ceño.— ¿Sabes curar heridas?
—Mi madre sabía mucho. – Dijo la muchacha.— Aprendí con ella.
—Entonces tú me curarás.— No era una pregunta, sino una afirmación.
Ella pensó si realmente era seguro aproximarse a aquel hombre, principalmente, estando éste con ropas tan indecentes. Indecisa, la chica permaneció en el mismo lugar, sin saber que hacer.
—Rápido.— Ordenó el joven, mirando para Hinata.
Saliendo de su estupor, la chica comenzó a andar ágilmente por el cuarto. De dentro de un pequeño armario que estaba junto a la cama, Hinata sacó una cajita de madera y la depositó a los pies del moreno, que miraba todo con gran interés. Sentándose a sus pies, comenzó a hacer la cura. Realmente, como la chica de ojos plateados había notado, la herida estaba infectada debido a algún tipo de veneno que se hallaba en el arma. Como el corte era pequeño, casi nada de veneno había pasado a la corriente sanguínea, y como el propio Sasuke no se quejó de nada, probablemente debía ser un veneno inofensivo.
La muchacha deseó que hubiese sido algo capaz de matarlo... Limpiando el lugar con extremo cuidado, Hinata intentaba tocar lo menos posible la piel de Sasuke, sintiéndose compungida por estar ante él de aquella manera. Aplicó una pomada para que la infección desapareciese y tras esto, colocó algunos vendajes por encima, limpios y blancos.
— Va a haber que cambiar las vendas por lo menos una vez al día.— Informó la joven.
— Harás eso por mí.— Afirmó el hombre.
Enfurecida por la respuesta, Hinata apretó los vendajes con más fuerza, con la esperanza de que él sintiese alguna clase de dolor, por más ínfimo que fuese. Pero Sasuke continuó como si no tuviese absolutamente nada. Bruscamente, la ojiblanca comenzó a guardar sus pertenencias, pero entonces los dedos ágiles de Sasuke tocaron su muñeca en el mismo lugar donde unas horas antes, Deidara había apretado. El pulso de la joven mostraba dos manchas rojas—medio moradas, que se destacaban en la piel inmaculadamente blanca.
—Cuida esa herida.— Ordenó Sasuke, retirando lentamente la mano de la muñeca de la ella.
Instintivamente, la muchacha colocó una de las manos sobre la parte lastimada, pudiendo sentir el calor de los dedos de él sobre su piel. Se odió por saber que su propio cuerpo correspondía a los toques de aquel hombre. Sintió más que nunca la proximidad de ambos, Hinata intentó levantarse, pero, no conseguía encontrar fuerzas en cuanto aquellos ojos absurdamente negros, se posaban sobre ella.
— Tal vez Deidara tenía razón.— Comenzó a decir Sasuke quebrando el silencio.— Tal vez, yo quería que fueses mía.
La boca de Hinata se quedó seca, sintió una leve tontera apoderarse de su cuerpo, que temblaba descontroladamente, las mejillas estaban calientes y muy coloradas. Fue un gran alivio que escuchara la puerta abrirse bruscamente, pudiéndose girar para encarar a la persona que había hecho aquello. La mujer sintió que su estomago hundirse aún más dentro de su cuerpo. Parado en la entrada del cuarto, un hombre de facciones animalescas, con la piel azulada y portando una espada enorme miraba directamente para Sasuke, ignorando por completo a la chica.
—¿Nunca vas a acabar ese baño, Sasuke? Tenemos que hablar y tengo hambre.— Habló.— Odio tener que trabajar con cualquier Uchiha, pero debo admitir que tu hermano es mucho más cuidadoso.
—Ya estoy acabando Kisame.— Respondió el moreno.
Levantándose y comenzando a vestirse con el traje de Akatsuki, Sasuke ignoraba la presencia de Hinata en el cuarto, esperando alguna orden de los dos hombres. La muchacha no osó moverse ni un centímetro.
—¿Por qué siempre te quedas los mejores lugares, Sasuke? – Preguntó Kisame ofuscado, y mirando a su alrededor.
El hombre de ojos negros no respondió, dejando a Hinata atrás. Los dos mercenarios salieron del cuarto sin que ninguna palabra más fuese dicha.
OoOoOoOoOoOoOoO
A la hora de la comida, Hinata agradeció por no tener que estar en el mismo lugar que Sasuke y Kisame, que estaban en el salón de banquetes de la mansión, como si realmente fuesen los legítimos dueños del lugar. En la cocina de los empleados, Hanabi y ella comieron junto a las siervas y Kurenai, satisfaciendo el hambre que asolaba a ambas. Sin pensarlo dos veces, Hinata probó de todo una, dos, y no se negó a una tercera ración. Comer algo caliente y bien preparado, lejos de los asesinos de su padre, fortaleció a la muchacha.
Algunas siervas se dividían entre comer y servir a los dos hombres. La Hyuuga estuvo contenta porque Sasuke no parecía verse afectado por su presencia, y aquello la dejaba aliviada, después de lo que había acontecido aquella tarde. Fue una comida alegre, y hasta animada dentro de lo posible a pesar d eque las mujeres reclamaban que no era justo que ellos se apropiasen del lugar, dejando a la verdadera heredera de lado.
Hinata no hizo caso a aquellos comentarios, feliz por esta en presencia de personas que quería y confiaba (en ellas). Una de las siervas, contó a la bella chica de ojos plateados, que mientras ella estuvo en el cuarto de Sasuke, Kisame llegó y dio órdenes para que los ninjas que venían con él, enterraran los cuerpos. Contó también que él no dejo que los ninjas entraran en la mansión, pues se irían a la mañana siguiente.
Hinata se sintió mucho más aliviada sabiendo que ahora los cuerpos estaban enterrados. Comenzó a planear una forma de llevar incienso y flores a todos los túmulos en cuanto tuviera tiempo, ya que ahora ella era una mera sierva.
Cuándo ya era negra noche, y el sueño comenzaba a pesar sobre los párpados de Hinata, Sasuke apareció solo en la cocina, silenciando toda la conversación.
—Hinata, Venga conmigo.— Fue la única cosa que él dijo.
Sintiendo todo el temblor volver a su cuerpo, y toda la alegria disolverse como humo, Hinata dijo un buenas noches" silencioso, e intentó encarara por el mayor tiempo posible los ojos de su hermana más joven.
La joven siguió a Sasuke por los corredores de la mansión, hasta el cuarto del susodicho, que estaba a oscuras, solo iluminado por la luz lunar que entraba por la ventana. Hinata sentía que sus manos sudaban de miedo, un miedo casi insano. Ahora que estaban a solas, aquel hombre podría hacer cualquier cosa con ella. Él no era mejor que Deidara. Mirando a su alrededor, pensando en alguna forma de escapar, intentaba controlar el pánico que amenazaba con dominarla si él realmente intentase poseerla, la joven sabía que muy difícilmente las criadas podrían impedirlo.
—Enciende la chimenea.— Ordenó él en la oscuridad.
Sin pensarlo dos veces, la muchacha se arrodilló delante de la chimenea, arrojando algunos trozos de madera recién cortados, luego un fuego amarillo comenzó a iluminar las paredes del cuarto.
Sasuke se encaminó para la ventana, cerrando la misma para mantener el calor del fuego. Hinata pensó que el rostro de él, parecía aún más terrible con la luz del fuego iluminándole. Los ojos parecían estar más brillantes y horribles. El Uchiha comenzó a desvestirse, quitándose primero la casaca de Akatsuki, y después la blusa de color negro usaba debajo, exhibiendo una vez más el cuerpo masculino.
Sintiendo su miedo aumentar, Hinata apretó cinta de su kimono, hasta que sus dedos estuvieron dormidos. Quitándose el pantalón y poniéndose una vez más la combinación, Sasuke se derrumbó en la cama y se infiltró por debajo de las sábanas de seda.
Con el corazón latiendo descontroladamente contra sus costillas, Hinata intentaba pensar con algo de claridad. Nada en el mundo la haría estar en aquella cama junto a él. Estática, como si todo su cuerpo estuviese echo de piedra, continuaba enfrente de la chimenea, sintiendo el calor del fuego calentarle la espalda de una manera algo incómoda pero aún así, ella no se movía.
—¿No vas a dormir?— Preguntó la voz del joven, venida de debajo de las sábanas.
—No voy a permanecer en la misma cama con usted. – Respondió ella, reuniendo todo el coraje que tenía dentro de sí.
—¿Quién dijo que tú estarás en la cama?— Preguntó nuevamente.
Hinata elevó una de sus cejas, aquello solo podía ser algún tipo de trampa del mercenario. Incorporándose, Sasuke se levantó en la cama, dejando las sábanas apenas cubriendo sus piernas, y exhibiendo su cuerpo delgado.
—Puedes dormir ahí. – Indicó con el dedo anular a la alfombra, que estaba a un lado de la cama.
La joven se levantó y sentó dónde le había dicho, sintiendo la frialdad del suelo subir por las plantas de sus pies. Aun así prefería dormir allí y pasar la noche entera con frío, que compartir la cama con el mercenario. Sin pensar en nada, y aflojando el incómodo lazo del kimono se tumbó sin decir nada, controlando incluso su respiración. Los ojos permanecían abiertos contra la densa iluminación producida por el fuego, el sonido de su corazón acelerado, batía rítmicamente en sus oídos.
Cerró los ojos, esperando que con eso pudiese calmarse un poco. Entonces sintió algo pesado y suave, que cayó levemente sobre su cuerpo e hizo que abriera los ojos y reculara un poco. Sasuke estaba erguido una vez mas, con una expresión neutra. Uno de los cobertores de la cama, cubría parcialmente el cuerpo de la Hyuuga.
—Para que no te mueras de frío.— Explicó el Uchiha.
Dándole la espalda y escondiendo el rostro con el cobertor, Hinata intentó ignorar al hombre de enfrente. Estuvo mucho tiempo despierta, intentando oír la respiración de él en la oscuridad. Más que nunca, Hinata tubo la certeza de que aquel hombre era peligroso y antes de que intentase poseerla, tenía que encontrar una forma de huir de allí...
Continuará...
Nota de la autora: Yare Yare mina—san Parece que el fic gustó XD! Es el primer fic donde recibo diez comentarios por el primer capítulo y realmente parece que les agradó. Bien, estoy muy feliz con eso porqué este es un fic, el cual me gustó mucho escribir. Por eso ya saben, si quieren que lo siga, continuen mandando reviews!! En caso de que el fic reciba bastantes comentarios, en el próximo capítulo ya tendremos Hentai XDD... Pero para eso preciso muchos reviews!! ( Si si, aún continuó maligna).
Nota de la Traductora: Hola! Muchas gracias por los comentarios a Dark Amy-chan, Iriaa, Hyuuga Hikari, nary, helen, DarkMikoto y Dagorfly. Me alegro que le hayáis dado una oportunidad a esta historia, ya que a mi parecer es bastante historia. También os aviso de que en el próximo capítulo hay algo de Rape y Lemon u.u Saludos!
