Ella fue quien prendió la llama que me cobijaba cada vez que el frio invierno pretendía entrar en mi corazón. Entre sus brazos el calor me abrazaba y en su perfume el dolor se evaporaba.

Aún recordaba cuando la vi por primera vez, estaba hermosa, yo tenía once años y esperaba abordar el expreso hacia Hogwarts en el andén 9 ¾, ella despedía efusivamente a su hija y sobrinos entre risas y llantos, un espectáculo que mi padre consideraba vulgar, no se necesitaba ser una adivino para saberlo se veía claramente en cada uno de sus gestos; su nariz se alzaba y su boca se retorcía en una mueca de profundo asco.

Pero en mi tierna niñez aquel espectáculo se me presentaba encantador y envidiable, yo quien desde muy pequeña edad había sido tratado como un adulto y que nunca había sentido la candidez de una madre.

-¡Vamos Scorpius, te voy a enseñar cómo poner en su lugar a gente como ellos!

Yo lo miré perplejo y apenado, pero sabía que debía seguirlo quisiera o no. Nos fuimos acercando y a cada paso que daba mi perplejidad y pena aumentaba, Merlin si antes me había parecido hermosa a cada paso que daba me parecía más un ángel. Su mirada achocolatada había tomado un brillo dorado inexplicable, sus mejillas se arrebolaban y sus labios parecían ser una jugosa fuente de felicidad eterna. Los cromos de rana solo eran un crudo reflejo de su belleza. Sentí algo removerse en mi interior, una perturbación en el alma.

-¡Pero qué grata sorpresa la comadreja, la sabelotodo y San Potter! –emitió en un tono despreciable mi padre.

- También nos alegra verte Malfoy – respondió casi escupiendo las palabras el mayor de los pelirrojos presentes.

-Tu hermano mejoro su descendencia casándose con Delacour lástima que no se pueda decir lo mismo de ti y tu hermana.

Me vi obligado a morderme la lengua ante las falacias que salían de su boca, debía ser ciego porque de otra forma no podía comprender como mi padre decía que aquella mujer era fea.

Pero antes incluso de que el pelirrojo se pusiera rojo de coraje, mi padre se encontraba sangrando de la nariz por un fuerte puñetazo propinado por una furiosa castaña, yo la mire perturbado ¡Ella había golpeado a mi padre!

-¡No vuelvas a insultar a mi familia y mucho menos a mis hijos y sobrinos! –Gritó y yo me quería esconder de la vergüenza.

-¡Demonios Granger!- Soltó mi padre en el suelo mientras se sujetaba la nariz.

El hijo de Hermione y uno de sus sobrinos estallaron de risa aumentando aun más mi vergüenza y no era vergüenza de que mi padre hubiera sido golpeado por una mujer si no de que la hubiera conocido a ella en aquellas circunstancias.

- Nunca pensé que volverías hacer algo así Herrmione- dijo Harry Potter, el famoso gran héroe de guerra. "¿Es que acaso mi padre ya había sido golpeado una vez por ella?".

-¡Merlín por eso me case con esta mujer!- exclamo orgulloso Ron Weasley y yo quise matarlo al recordarme el lazo que lo unía Hermione Granger.

Le mande una cara de odio y mi padre la imito, se marcho furioso y yo lo seguí. Había visto a Hermione Granger en revistas, periódicos y cromos de chocolate y nunca me había perecido excepcionalmente bella, ¿Entonces qué había pasado?, como es que aquellos sentimientos me embargaron. ¡Había golpeado a mi padre y en vez de enfurecerme y odiarla por tan grande humillación la había admirado! Tal vez me había abrumado la gran diferencia entre mi madre y ella, el cómo se había lanzado sin dudar a proteger a su familia, mi madre tan recatada nunca se hubiera atrevido a aquello temerosa de lo que los demás pensaran.

Ya era hora de que se marchara el tren y desde la ventanilla de mi asiento pude verla dando un último beso a su hija prolongando cada momento, mientras su esposo insistía en que la soltara ya o perdería el tren. El tren comenzó su marcha, los Potter y Weasley agitaban sus manos efusivamente despidiendo a sus hijos que los observaban desde sus ventanillas, este hecho logro deprimirme mis padres se habían marchado hace tiempo ya. Voltee a ver a Hermione una vez más, como me gustaría que esa sonrisa fuera dirigida hacia mí, me llenaría de una calidez que me duraría toda la vida, la sola idea era simplemente ridícula porqué nunca sucederia . Pero cuando estaba a punto de marcharme esos dos destellos dorados me observaron, sus labios formaron una sonrisa encantadora dirigida a mí y sus delicadas manos se agitaron despidiéndose, volví a sentir un extraño retorcijón.

Ese día nació un sentimiento que no pude ni quise identificar, pero me llenaba de una alegría infinita.

La segunda vez que la vi fue de nuevo en King's Cross en una situación demasiado familiar, ella prodigaba calurosos abrazos y cariñosos besos a su hija, a Albus y a James, yo miraba receloso la escena. Hipnotizado devoraba su imagen, su delicada figura, su respingada nariz, sus labios pequeños y rosados, sus ojos brillantes ojos y sus rizos enmarcar de forma salvaje y delicada su rostro , tendió un almuerzo que ellos tomaron gustosos, si tenía suerte podría pedir a Albus algo de él suyo , la sola idea logro embargarme de un felicidad inexplicable, eran unas panques comunes y corrientes nada del otro mundo , nada de caro, lujoso o exótico había en ellos ¿Entonces cual era la razón de mi exaltada actitud?

Esta vez su esposo no la acompañaba y no pude evitar aliviarme por ello porque si los veía juntos no podría dormir torturándome por ello. Seguí mirándole un largo rato hasta que su mirada se poso en mí ¡Había sido pillado! El pánico entro en mí mientras ella se acerba de forma tortuosa, cuando estuvo frente a mí se inclino para estar a mi altura y me brindo una de las más hermosas sonrisas de aquellas que podían hacer surgir la primavera en el más lúgubre invierno. Lo que pasó después llevo mi alma hasta el paraíso, su labios se posaron en mi pálida frente, no era un beso diferente a los que les dio a su hija y sobrinos, pero para mí lo fue.

-Scorpius, ¿Verdad?-Me preguntó de forma amable.

Mi garganta se cerro, era incapaz de pronunciar siquiera una silaba.

-Albus me ha dicho que ustedes son amigos, gracias por cuidarlo fue muy duro para él quedar en Slytherin.

¡Contesta! Gritaba mi cerebro pero para mí desesperación mi boca no estaba dispuesta a acatar la orden, debía parecer un completo idiota frente a ella.

-No sé si te gusten pero quería darte las gracias y espero que tú y Albus sigan siendo amigos.

-¡Gracias señora Weasley!- al oírme ella arrugo las cejas.

Tome el paquete de forma desesperada, como si alguien me lo fuera a quitar en cualquier momento, ella me miro sorprendida y quise golpearme, ahora si parecía un idiota.

-Puedes decirme Hermione.

Yo agradecí no tener que llamarla nuevamente señora Weasley porque de hacerlo vomitaría y no quería vomitar frente a ella. Ella me sonrió y se despidió de mí, no pude evitar mirar el mundo con nuevos ojos, ¿Era así de brillante siempre?

¿Lo que sentía por Hermione era amor? Sí, en ese momento lo supe y podía decirlo sin ninguna duda, con una certeza que asustaba; que los sentimientos que me embargaban y que no pude identificar hasta minutos atrás eran amor.

¿Qué buscaba enamorándome de una mujer mayor que yo? No buscaba nada y no podría esperar conseguir nada, ¿Qué iba hacer? No podía hacer nada, solo mirarla y seguir estúpidamente enamorado. Yo era un niño y ella era una mujer, lo más que podía aspirar era que ella me viera como uno de sus hijos y era preferible su indiferencia o su odio a eso.

La espera se hizo insufrible, tuve que conformarme a verla solo en los recortes de periódico y revista que guardaba celosamente debajo de mi cama resguardos con los más poderosos hechizos y encantamientos que podía conjurar, con anhelo espere hasta el siguiente año.

Su sonrisa, sus labios, su mirada… todo de ella era aún más hermoso de cómo lo recordaba. Estaba tan lejos y a la vez tan cerca, su esposo tomaba su cintura y una rabia cegadora me inundo. Subí al tren incapaz de mirar la escena sin querer morir, ese sentimiento perduro en mi todo el año, la odie por ignorar mi amor, la odie por ser tan bella, la odie por sonreír, la odie por ser tan inalcanzable, la odie por todo y nada y me odie a mi mismo por odiarla.

Extrañamente cuando volví a verla en cuarto año y ella me sonrió, la rabia, el dolor y los celos que sentí se evaporaron, solo basto una sonrisa para que todo mi pesimismo y mal humor me abandonaran y contrario al año anterior mi amor se presentaba brillante y puro. Ella no tenía la culpa, fui yo quien decidió amarla, ¿Acaso el amor no era así? , la felicidad y tristeza se entrelazan de forma que no sabes donde comenzaba una y donde terminaba la otra, y qué si mi amor estaba destinadoo al fracaso, era mejor el tenerlo que nunca haberlo sentido.

Con estas nuevas ideas y perspectiva de mi amor espere a verla en mi quinto año, una sonrisa, una mirada, un suspiro de ella era suficiente para mí. Mas ella no estaba allí no la vi en la multitud de cabezas que acudían al andén ¡Allí estaba! Mi vista se detuvo en un rizos que llamaron mi atención pero grande fue mi decepción al ver que no eran castaños si no pelirrojos pertenecientes a su hija , Albus venía detrás y expectante espere por que Hermione apareciera, pero no lo hizo. Decepcionado y con gran melancolía me marche… no había podido verla, no había podido profesar mi amor de la única forma extraña pero reconfortante que podía hacerlo.

Grande fue mi sorpresa y exaltación al llegar y verla allí dándome la bienvenida a Hogwarts, con sus cabellos castaños ondeando y llenando con su exquisita fragancia el aire, con su cálida mirada que colmo de luz mi existir y su sonrisa haciendo a mi mirada todo aún más hermoso. Ese año mi amor imposible se volvió posible.


Sigo trabajando editando, en este capitulo he cambiado muchas cosas pero en esencia es lo mismo, espero que lo disfruten.