Capitulo II. Oscuridad.
Llegue tanteando a la esquina del baño. El intenso frio pasó a ser un dolor generalizado…Algo imposible de describir. Recordé que en mi chaqueta estaba mi encendedor, el cual olvidaba muy a menudo en casa. Nunca me había sentido tan afortunado, aunque deje el vicio del cigarrillo hace mucho antes, el habito de llevar un encendedor a todas partes me dio una luz de esperanza. Afuera del baño escuche jadeos, era como si alguien se estuviese ahogando o sofocando, luego aquel sonido se hizo mas claro. Era…
- Erika ¡!
- Teo…filina…- exclamaba al otro lado de la puerta.
- ¡¿Cómo?
- Asma…tica… - logre escuchar entre sus jadeos, oía como buscaba el aire desesperadamente.
- Pero…eso no era todo lo que escuche.
Percibí un sonido que parecía emitido como por un animal, y no era ninguno de los que yo conociera. El miedo a lo desconocido, a la oscuridad, a la muerte, a todas aquellas cosas que creí haber superado en mi infancia volvieron de un momento a otro. Todos ellos condensados en una única palabra, terror. Al saber que una extraña criatura me acechaba me llene de pánico.
Es una horrible pesadilla – pensaba para mis adentros, pero en lo más profundo de mí ser sabia que mi vida corría peligro. Comencé a patear la puerta con una furia y fuerza que ocultaban el miedo y el temblor de mi cuerpo. La puerta no cedía, deje de intentar abrirla para tratar de encarar a la criatura, apenas logre sostener la tenue luz del encendedor para enfrentar mi inminente final cuando el chirrido del metal oxidado me dejo paralizado. Mi cuerpo no respondía, no podía moverme del miedo, hice entonces uso de toda mi fuerza de voluntad, me voltee rápidamente rezando por que hubiese sido Erika quien logro abrir la puerta. En efecto la puerta estaba abierta, pero no había nadie del otro lado. Salí de allí sin dudarlo un momento, buscando ir lo más lejos posible del peligro, en medio de la oscuridad.
En medio de mi carrera tropecé con uno de mis cordones y me golpee fuertemente contra el borde de una pared. Mientras estaba tendido en el suelo un fino hilillo de sangre comenzó a bajar lentamente por mi rostro, el único sonido que podía escuchar era el de mi propio dolor. Note que el suelo era ahora una reja oxidada e inmunda, asqueado, me levante rápidamente y difícilmente logre prender el encendedor una vez mas. Cuando lo hice, observe una escena que jamás olvidaría en el resto de mi vida.
Era un cuerpo despellejado, el cadáver mutilado de lo que alguna vez había sido un hombre. Unas vendas ensangrentadas y untadas de pus cubrían su rostro. Sus brazos habían sido dolorosamente atravesados por una especie de alambre, que los mantenía extendidos de forma horizontal. De la cintura hacia abajo solo quedaban sus vísceras colgando, había sido partido a la mitad. Intente no vomitar, pero aun así no me pude contener, el olor a podredumbre estaba impregnado a todo lo que había allí en ese lugar. Unos minutos después logre recuperar el autocontrol, mas la paranoia y el malestar continuaban en mi y no podía dejar de sentirme observado. Examine bien la situación en que me encontraba, inmóvil y dispuesto a correr a la menor señal de peligro. ¿Qué habrá sido de Erika? Un sentimiento de culpa me embargaba gradualmente. Trataba de convencerme a mi mismo de que no fue mi culpa, de que si hubiese estado allí, de seguro la habría ayudado. Mi mente era un caos.
- ¿En donde estoy?
Si, esa era la pregunta más relevante. Quería concentrarme y analizar cuales eran las posibles respuestas a cada pregunta, la "explicación lógica" para todo lo que estaba sucediendo, pero el cuerpo mutilado volvía a llamar mi atención poderosamente. Para ser francos me producía morbo el verlo, morbo y tristeza por aquella alma torturada. Estaba seguro de que detrás de los vendajes que cubrían el rostro de aquel cadáver ocultaban una mueca de dolor indescriptible, esa ultima expresión antes de la inevitable muerte. Observe que el alambre de púas que sostenía al cuerpo salía de atrás de una puerta. Y un letrero en la parte superior de esta que decía: "Vicedecanatura de facultad". ¿Era acaso la misma versión del mismo edificio? ¿Acaso otra dimensión? Fui hacia las escaleras, pero en vez de estas, encontré el vacio, y lo único que se interponía entre este y mi persona era aquel remedo de suelo que era la reja oxidada. Halle una moneda de 500 pesos en mi bolsillo y la arroje por pura curiosidad, espere por mas de un minuto, contando segundo a segundo para hallar la altura a la que me encontraba desesperado por encontrar algo que yo pudiese explicar, que tuviese sentido. Pero nada allí era explicable, en el fondo sabia que la moneda nunca caería. Y nunca la oí caer.
Desconcertado, me preguntaba también si la criatura del baño me habría perseguido. Si era asi…preferiría no conocer la respuesta, entonces continúe caminando hacia el baño de mujeres, al otro lado del corredor.
Cuando llegue al final del camino, era un callejón sin salida, o casi, puesto que ahí estaba la puerta al baño de mujeres. Mi mano temblaba mucho, casi no podía mantener la mecha encendida. Con lo que había sucedido atrás, no me quedaban ganas de entrar, pensé en dar marcha atrás, pero cuando me voltee encontré algo que casi me hace vomitar de nuevo. Era una gigantesca cucaracha, como del tamaño de un gato. Y no era la única, atrás de esta venían muchas mas. Cucarachas cuyo tamaño era desproporcionado. Asquerosas y repulsivas, se acercaban en grupo hacia mí, chillando de la emoción.
- No puede ser ! – grite desesperado.
El insecto mas cercano se abalanzo hacia mí, afortunadamente mi cuerpo reacciono, la intercepte y la pise fuertemente sintiendo como sus vísceras manchaban mi rostro. Seria imposible abrirme camino a través de todas ellas, mi única opción era entrar al baño de mujeres y trancar la puerta. Así que deje mi pudor de lado y abrí la puerta.
El interior no era para nada un baño. Era una habitación extraña, con símbolos ocultistas grabados en sus paredes que apenas mire. Apague el encendedor, e improvise, tanteando lo que a duras había vislumbrado, un sofá y un estante para medicinas, improvise una barricada.
- No les va a salir barato el almuerzo! – exclame, intentando hacerme reír a mi mismo para no desfallecer.
Cuando me voltee, prendí el encendedor y observe algo que casi me hizo gritar. Una escena de pesadilla se revelo ante mis ojos, parecía un hombre agonizando de dolor, su cuerpo daba pequeñas convulsiones a un ritmo constante, pero no hacia ningún tipo de ruido, no gritaba, no gemía, solo se debatía en silencio. En medio de un cuarto lleno de glifos ocultistas y símbolos extraños, a esta cosa la cubría una sabana blanca. Aquel repentino encuentro había acabado con lo que quedaba de mi instinto de supervivencia. No mas chistes tontos, no más curiosidad, solo quedaba el silencio, y el miedo a que aquella cosa que estaba en la camilla delirando se pusiese en pie revelando su absurda y deforme anatomía, para finalmente acabar con mi vida. Me encontraba exhausto y asustado, poco a poco iba perdiendo la esperanza. Teniendo cuidado de no hacer ruido, y con la mirada fija en aquel remedo de hombre, me deje caer contra la improvisada barricada, ayudándola en su labor.
- Dios mío…
Aunque era extraño, aquel cuerpo me producía mucho mas miedo que el cadáver de afuera, a lo mejor se debía a que el de afuera estaba muerto, mi mente, mi imaginación, mi ser era mucho mejor verdugo que todo lo de afuera combinado. La incertidumbre y la soledad presentes en aquella habitación me producía mucho más pánico que todo lo que viniese hacia mi. Rezando todas las oraciones que me sabia, comencé a hacer las pases con mi creador. Le pedí por el bienestar de las personas que amaba, y por que mi muerte fuese rápida y concluyente, unas lágrimas comenzaron a brotar. Cuando ya me sentí en paz, me fije en que mi cuerpo ya no respondía, entre en shock. Intente moverme pero simplemente estaba allí, paralizado por la proximidad de la muerte. La barricada cedía, algo golpeo la puerta con mucha fuerza. Doblegado y humillado, grite con todas mis fuerzas, deseando que nada de eso estuviese sucediendo. Entonces todo comenzó a dar vueltas, haciendo un esfuerzo sobrehumano, me levante, pero caí torpemente al suelo. ¿Qué era eso? ¿Una sirena? Sentí nauseas, y con mis ultimas fuerzas, gire mi cabeza hacia la puerta. El pomo que no debería estar allí comenzó a girar.
…
¿Como será mi expresión ante la muerte inevitable?
Como siempre con tus preguntas estúpidas Arturo.
Perdí el conocimiento.
