Highschool DxD - The Rise of the Cowardice Knight
DISCLAIMER: No soy dueño de Highschool DxD ni de cualquiera de los productos derivados de la magnánima obra del Maestro Ichiei Ishibumi-sama. Todos los derechos reservados a su autor.
DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: Obra completamente mía hecha por diversión y sin fines de lucro. Categoría M por si las dudas, pero registrada como T porque… Fanfiction es así. Avisados están. Este fic puede contener groserías, escenas subidas de tono, temas sensibles y demás. Yo me lavo las manos.
ACLARACIÓN: Declaro ahora mismo que la imagen portada de esta historia no es de mi propiedad.
Nueva simbología:
-En el nombre del Padre…- Conversación normal
-"Del Hijo…"- Pensamientos varios
-*Y del Espíritu Santo…*- Transmisiones holográficas, conversaciones telefónicas, etc
[Amén] – Seres superiores sellados
[¡Por Inglaterra!] – Espadas Sagradas
-¡Muerte a los Traidores!- Seres desconocidos y/o con tendencias malignas
-Highschool DxD Fanfiction-
[The Rise of the Cowardice Knight]
Chapter 01: First Steps
Parte I
-Issei, ¿estás seguro que te sientes bien? Esos dolores de cabeza… no son normales-
-Estoy bien Georg, debo de estar cansado- respondió Issei terminando de tomar un delicioso café expreso y posteriormente botando el envase en un tacho verde de plástico.
De camino hacia su verdadero lugar de descanso, Georg le convidó a Issei un café expreso y un dango de las reservas privadas de Cao Cao. Issei saboreó el dango. El café estaba genial. Ahora, pensó Issei, si pudiera tomarse una ducha, cambiarse la ropa y dormir un poco, estaría como nuevo. Vio un par de chicos vestidos con trajes de baño y toallas encaminándose colina arriba.
-Las termas- explicó Siegfried. -Quizá puedas pasarte después de cenar, con suerte. No sabes lo que es vivir hasta que no te tomas un baño de aguas termales-
Mientras se aproximaban a la puerta principal del campamento, varias barracas de madera se veían cada vez más grandes y bonitas. Había varias casas lo suficientemente espaciosas para albergar por lo menos a cuatro personas cómodamente. Un cordón de casetas de seguridad les daba la bienvenida a los recién llegados, pero para extrañeza de Issei estaban vacías. O eso es lo que cualquiera vería a primera vista, por lo menos si tuviera habilidades para ver lo que a los ojos físicos era invisible.
-Lindo genjutsu, chicos. ¿Quién lo creó?- comentó Issei viendo con genuino interés la invisible barrera que protegía y escondía el lugar. Siegfried y Georg se quedaron de piedra. La ilusión que protegía el lugar de los seres sobrenaturales y demás humanos que pudieran encontrar ese lugar por accidente había sido la obra magna de Georg hasta hace unos momentos.
-¿C-cómo lo supiste?-
-Está muy bien hecho, eso lo admito. Las imágenes son muy realistas, la fluidez de los movimientos de las plantas y los animales van acorde al clima. Por ese lado es perfecto- dijo Issei mirando tranquilamente el supuesto "valle desierto". –Pero la esencia de un genjutsu no está en su complejidad, sino en su sencillez. Los pequeños detalles, Georg. Por ejemplo, estamos cerca de un charco de lodo pero no huele a tierra. Esa cría de pájaro dice "pio", pero no es un pollito, es un alcaudón dorsirrojo. Su sonido es muy diferente. El césped está mojado por el rocío nocturno…- arrodillándose lo suficiente para tocar con su mano el pasto. –Pero yo lo siento seco-
-¡!-
-Además la magia, sobre todo la magia de esos aparatos llamados [Longinus], deja rastros. ¿Qué clase de [Longinus] tienes Georg? Siento un inusual calor relajante recorrer mi cuerpo. ¿La usaste para la función defensiva de la barrera, verdad? Entonces debes de poseer el [Dimension Lost]… si no fuera porque he estudiado genjutsu desde los 6 años hubiera caí… ¡Kuh!-
Un nuevo recuerdo había azotado su mente.
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Issei Hyoudou recordó con claridad el día en que se dio cuenta quién era. Ese día estaba lloviendo, era una tormenta tan fuerte que no podía abrir los ojos totalmente. La implacable lluvia caía sobre el pequeño cuerpo de Issei, quien había cumplido cuatro años recientemente; su ropa estaba empapada. El Padre Rafael, encargado del orfanato donde vivía desde que tenía memoria, se detuvo a su lado sin siquiera darle alguna palabra de consuelo.
Pero Issei Hyoudou no quería ese tipo de cosas.
-Recuerda bien, este es el campo de batalla-
En medio del sonido de la lluvia pesada sonaron las fuertes palabras de su padre, adoptivo pero padre al fin y al cabo, marcando profundamente el corazón de Issei.
"El campo de batalla…"
Era una palabra que un niño de cuatro años de edad debería pasar por alto, más aún la escena ante los ojos de Issei, eso no era algo que normalmente viera un niño de su edad. Cuerpos, cuerpos y más cuerpos. Era una montaña de cuerpos tan amplia que abarcaba toda la vista. Y no había nada como una expresión de calma o tranquilidad, todos los cuerpos tenían expresiones llenas de dolor.
-Tú también en pocos años serás un Exorcista, y pronto te involucrarás en la guerra en contra de los paganos, los demonios y los ángeles caídos. Esto que ves a tus pies… sólo es la punta del iceberg-
Mientras Issei escuchaba las palabras del sacerdote, temblaba. Si perdía su concentración en esos momentos, se pondría a llorar. No había ninguna razón para sentir miedo y tampoco para sentirse triste. Tenía todas las emociones mezcladas que no podían expresarse con una palabra, y por alguna razón no sabía cuál era. No podía evitar esa pesada sensación en su corazón, su pecho sentía una opresión indescriptible.
Ellos estaban completamente empapados por la lluvia. Si él gritaba, el Padre Rafael no iba a notarlo. Y es por eso que no quería llorar. Porque pensaba que si lloraba, perdería una parte esencial de su vida como un Exorcista. Él se convertiría en un soldado de Dios, no debía flaquear.
Pero aun así… aún si así fuera la voluntad de Dios... no podía evitar pensar que era injusto. Sus lágrimas cayeron de forma espontánea.
Las personas tenían el uniforme estándar del autoproclamado "Estado Islámico", mejor conocido como la organización terrorista internacional "ISIS", y otros los inconfundibles cascos azules de la Organización de Naciones Unidas o simplemente abreviado como ONU. A los ojos de Issei, el país de origen o sus creencias religiosas no tenía nada que ver con la gran cantidad de cuerpos que cubrían el suelo. Todos sentían el dolor y la tristeza, pero a pesar de que luchaban no pudieron ganar en contra de su muerte. No importaba de qué países eran estas personas o qué credo siguieran, las expresiones de agonía eran todas iguales. No había una sola persona que murió pensando qué quería en verdad.
Todos murieron; por más noble causa que fuera, el resultado no cambiaría. La violencia traía más violencia.
Esto era tan injusto.
"Para la guerra"
-¿Padre Rafael…?-
Issei escuchó su propia voz. Y se dio cuenta por primera vez que estaba temblando. No era porque la lluvia estaba fría. Tampoco era porque tenía miedo de los cadáveres. Era por la ira lo que lo hacía temblar.
-¿Por qué?-
Ante la pregunta de su protegido, Rafael se mantuvo en silencio durante unos momentos, pensando bien sus palabras para responder adecuadamente.
-Eres un niño muy inteligente-
Y mientras esperaba la respuesta de su padre, Issei miraba a los cuerpos. Sintió que algo tocaba la parte superior de su cabeza. Era la palma del sacerdote.
-Y es por eso que quería mostrarte esta realidad monstruosa-
Issei buscó en lo profundo de su corazón con toda su fuerza el significado de la palabra "realidad". Tenía sólo cuatro años de edad, y no había forma "real" de saber la diferencia entre "realidad" y "ficción". Pero aun así, fue capaz de entender lo que el Padre Rafael estaba tratando de decirle.
-Este es el mundo en el que vivo… - dijo Issei.
-Así es Issei, un Exorcista es alguien que lucha contra el mal, así que no olvides lo que has visto hoy- respondió Rafael. –Este es el mundo en donde vivimos-
Obedeciendo a su padre, Issei obligó a sus ojos a mantenerse abiertos, por lo que la imagen infernal estaría para siempre grabada en sus ojos, y así él nunca lo olvidaría. Su brazo izquierdo ardió de dolor. Algo cálido y diferente a las gotas de lluvia que caían se hizo sentir en la parte posterior de su antebrazo. Y cuando sintió una ola violenta del poder que quemaba sus huesos, sin pensarlo dos veces cerró su pequeño puño con fuerza mientras cerraba sus ojos. Al hacerlo, la ola de energía desapareció lentamente. El latido de su corazón era intenso, y su respiración agitada. Él respiró hondo y abrió los ojos, y el mundo que se extendía delante de su visión siguió viéndose como un infierno.
[Mocoso…] una voz de ultratumba resonó en su cabeza. [Pronto nos veremos… aún no es momento… prepárate…]
Con cuidado, puso su mano en el pecho. Si se permitía disfrutar de este poder, él nunca sería el mismo. Se había sentido… solo por un segundo… invencible… poderoso… capaz de vencer al mismísimo Dios con la fuerza de "su" poder.
-¿Qué pasó?- le preguntó Rafael.
Issei siguió observando la escena frente a él, sin responder a su padre. Aunque este era el infierno que tenía que vivir, no tenía ninguna intención de tomarlo con calma y tranquilidad.
-"Voy a cambiarlo" - pensó.
No importaba la razón, la resolución de las cosas a través de la violencia era mala. Si el mundo era así, entonces se debía cambiar. Esto lo convirtió en el núcleo del hombre llamado Issei Hyoudou.
Issei no olvidaría la escena durante el resto de su vida. Tenía un objetivo muy claro: convertirse a sí mismo en el "Exorcista más fuerte" y hacer que todo conflicto en el mundo desapareciera. Para un adulto, esto era una meta inalcanzable, algo que hacía reír, pero para Issei de cuatro años esta era una meta muy valiosa.
Tenía que estudiar exorcismo básico en la Santa Academia de la Verdadera Cruz, aprobar el examen y ser aceptado oficialmente como un exorcista. Sin embargo, un niño de cuatro años no estaba calificado para entrar en la Academia de Exorcistas. Él quería ser un Exorcista tan pronto como fuera posible... así que tomó la decisión de entrenar por su cuenta.
Aunque tampoco es que fuera precisamente necesario… ningún entrenamiento que hubiera hecho lo hubiera preparado para el Infierno en vida que comenzó a la tierna edad de seis años… la tristemente famosa "Iniciación de los Novicios".
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-I-increíble- exclamó Siegfried atónito. Y cómo no; la capacidad de análisis del nuevo integrante de la Facción de los Héroes era perfecta.
-…- Georg estaba anonado. Internamente, tomó nota de estudiar el arte de las ilusiones de manera intensiva y de pedirle consejos a Issei más tarde.
-…- Issei se recompuso rápidamente, esbozando una tranquila sonrisa para disimular su malestar. De todas formas era inútil; Siegfried y Georg estaban demasiado sumidos en sus pensamientos para prestarle atención.
Caminando unos minutos más, después de pasar la barrera por supuesto, llegaron a un amplio comedor lleno de personas. Issei tenía que admitir que a pesar de estar en medio de la nada en el cuartel general de una organización terrorista despreciada por Dios y todos los seres sobrenaturales que habitaban este mundo, la comida era muy buena. E increíblemente variada.
Por lo que podía notar, la repartición de comida era mágica. Los platos y copas volaban por los aires a tal velocidad que el comedor parecía un delicioso ciclón de comida. Aunque notó a los pocos segundos que la comida no tenía la función de "frenar", por lo menos a mitad de camino; a duras penas pudo esquivar un "omelette" de jamón y queso que iba directo hacia su cara. Dedujo que si te levantabas demasiado rápido de la mesa podías chocar contra un exquisito plato de fideos a la boloñesa o golpeado por unas costillas de cerdo bañadas en salsa barbacoa. Un buen dato para tener en cuenta.
El comedor parecía especialmente ruidoso aquella noche. La risa resonaba por entre las paredes. Los miembros de la [Facción de los Héroes] cenaban sentados en sillones alrededor de mesas bajas. Los chicos estaban constantemente levantándose e intercambiando lugares, extendiendo rumores sobre quién le gustaba a quién y todo tipo de cotilleos. Por alguna extraña razón, a Issei se le hacía común.
Como luego de unos minutos comentaron, se sentaron al final del comedor cerca de la cocina alejados de las demás mesas, ya que les gustaba cenar en paz. Aunque la gran parte de las veces su mesa siempre estaba atestada de gente. Aquella noche estaban Siegfried y Georg (como siempre) con Issei y dos asientos libres a los que Siegfried comentó estaban reservados para Cao Cao y una persona más.
Siegfried pidió al aire una buena ración de yakitori (unas brochetas de pollo japonesas) y una botella de sake, confesando seguidamente que era un "carnívoro" empedernido. Era una manera de demostrar ante todos su libertad, ya que internamente en la Iglesia Ortodoxa se consideraba aún la carne como indicio de gula y su consumo era regulado con severidad. Fuera del ojo público, la Iglesia en general no había cambiado mucho respecto a costumbres medievales. Georg pidió una hamburguesa de doble cuarto de libra y una Coca Cola helada; era su comida preferida. En cuanto a Issei, un poco avergonzado, humildemente pidió unas sencillas bolas de arroz acompañadas de un té helado.
-Y bien Issei, ¿qué piensas hasta ahora de la Facción de los Héroes?- preguntó Siegfried con claro interés. Su confianza se había consolidado tan rápido que ya se tuteaban.
-Ummm…- Issei se puso una mano en su mentón adoptando una actitud pensativa, dispuesto a analizar detenidamente lo que había visto hasta el momento. –Esta Facción está compuesta en su totalidad por humanos descendientes de héroes famosos… o villanos según se vea-
-¿Lo dices por Mordred?- cuestionó Georg.
Issei asintió, sacando su bastón retráctil de su manga y transformándolo en [Clarent].
-Esta es Clarent, "la espada de la cobardía"- explicó Issei mirando con respeto a su espada. –Fue esgrimida por el hijo bastardo de Arturo en la tristemente famosa "Batalla de Calamm" en donde mi ancestro y el Rey Arturo Pendragon murieron. A Sir Mordred se le conoce como el "Caballero de la Cobardía" por haberse atrevido a esgrimir su arma en contra del Rey-
-Interesante… ¿esa espada mató a Arturo Pendragon?- dijo Siegfried claramente interesado. Era un secreto a voces que "El Emperador Demoníaco" tenía una fuerte rivalidad con el hijo mayor de la Antigua y Noble Casa Pendragon, quien era el portador de [Caliburn], "la espada sagrada más fuerte". Tener frente a sus narices el arma que asesinó al temido Rey Arturo era perturbadoramente interesante.
-Así es… lamentablemente Arturo usó la habilidad especial de [Mimic] para alargar su espada y atravesar el estómago de mi ancestro de lado a lado- concluyó Issei de manera sombría. –Supongo que deben llevar registro de todos los Héroes de la Humanidad, no por nada se llaman "La Facción de los Héroes". Si ven la pintura que inmortaliza el momento, verán que Mordred se dejó atravesar para inmovilizar a Arturo y clavarle su espada en una de las venas principales del cuello. Mordred sabía que iba a morir… pero su muerte era necesaria para acabar con Arturo-
-Y luego Sir Mordred destruyó la Excálibur en cientos de pedazos que la Iglesia re forjó con alquimia. Ahora la Excálibur está dividida en siete espadas con habilidades especiales: [Destruction], [Mimic], [Rapidly], [Transparency], [Nightmare], [Ruler] y [Blessing]- añadió Georg.
-Eso es correcto- afirmó Siegfried.
-Continuo… según los rumores esta [Facción] solo acepta a descendientes de Héroes a lo largo de la Historia o humanos de renombre que portan [Sacred Gears]. Johann Georg Faust fue un sanador, alquimista, mago y astrólogo alemán que supuestamente murió por una explosión durante un experimento diabólico en una posta de Staufen. En cuanto a Siegfried…-
-¿Supuestamente?-
-Elemental, ¿no les parece raro que haya desaparecido de la nada, verdad? Es obvio que algo le pasó. ¿Una explosión? No lo creo- Issei bebió un trago de su té. –Está muy bueno… en fin. ¿Han escuchado las leyendas sobre él? El erudito que hizo un pacto con el Diablo a cambio de conocimiento ilimitado y una vida plagada de placeres mundanos a cambio de su alma. Sí, sé que hizo un pacto con Mephistopheles, pero no creo que en los términos del contrato estipulara su alma. Un hombre con sus capacidades sabría perfectamente que su alma era demasiado valiosa como para intercambiarla-
Issei engulló un trozo de su pan de arroz.
-Mephisto no pudo haberlo matado, su prestigio como demonio dependía de lo poderoso y longevo que sea su contratante. Los demonios tampoco, Mephisto también lo hubiera protegido y Georg Faust no era precisamente débil. Los humanos menos, lo tomaban por loco y tampoco es como si hubieran tenido alguna oportunidad contra él. Los caídos son una buena opción… pero su leyenda es la que descarta su intervención-
Issei terminó de tomar su té, dejando suavemente su taza sobre la mesa.
-¿Qué individuos que conocemos utilizan la satanización como justificación de sus crímenes? ¿Qué organización es tan poderosa como para modificar toda la verdad a través de la historia y sumir a una persona en el olvido? ¿Quiénes de todos los seres sobrenaturales que pueblan este mundo les interesaría silenciar a un individuo que pregonaba en las calles que su poder era tan grande que podía hacer los mismos milagros que Jesucristo, y aún con mayor facilidad que este último? La respuesta no podría ser más obvia…- Issei decidió dejar la frase al aire.
-La Iglesia…- murmuró Georg.
-O la Facción del [Cielo]- puntualizó Issei. -De alguna forma Georg Faust logró sobrevivir y tener descendencia… en fin. Lo que importa es que ahora estamos aquí… y hablando de ello, ¿qué hacen en la Facción de los Héroes? Sé que luchan por la humanidad… pero no tengo ni idea cómo-
-Hmp, de eso te enterarás mañana camarada- dijo Siegfried arrancando un trozo mediano de su brocheta. Masticando durante unos minutos. Ayudando a la digestión tomando su quinto vaso de sake en menos de cinco minutos. –¿Quieres tomar un poco?- ofreciéndole la botella de licor.
-¿Qué es?- preguntó Issei, olisqueando a conciencia ese extraño líquido incoloro de curioso olor a arroz fermentado.
-Sake-
-¿Qué?-
-Sake, es una bebida alcohólica- explicó Georg. –Es licor-
-Ohh…- dijo Issei observando con genuina curiosidad el líquido que le ofrecían. Alzó la botella hasta ponerla a contraluz, admirando el efecto de la luz al pasar por el vidrio y el agua. –Es la primera vez que veo uno de estos tan de cerca-
-¿Jamás habías probado sake, verdad?- preguntó Siegfried empatizando con su nuevo compañero. Era bastante probable que Issei apenas haya tomado un vaso de cerveza en las cantinas de Roma, o en las trincheras, y esto era. Una de las virtudes de todo Exorcista era su claro rechazo a toda forma de vicio y apego hacia las cosas materiales, siendo más específicos hacia los "placeres mundanos".
"No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre." "Primer libro de Juan, capítulo 2, versículos del 15 al 17", recordó Siegfried con claro pesar. Algunas cosas eran imposibles de olvidar, aún si se esforzaba en hacerlo.
-La verdad es que jamás había probado alcohol- confesó Issei sin ningún atisbo de vergüenza. Es más, el tono de inocencia con el que había afirmado esa impactante verdad era digno de un santo… o un niño muy pequeño.
CRASH
Un arrasador silencio invadió de pronto el antes ruidoso comedor. Las bocas de los comensales estaban tan abiertas que si esto fuera una caricatura americana hubieran llegado al suelo con bastante facilidad. Sus ojos estaban abiertos como platos. Uno que otro había dejado caer su vaso a medio tomar. Pero no había lugar a dudas: los antes serios y determinados ojos de Issei ahora miraban con inocencia de un lado a otro tratando de comprender el origen del repentino silencio. Parecía un manso cordero.
...
...
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...
-¡E-eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeehhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!- fue el generalizado grito de incredulidad de todos los miembros de la [Facción de los Héroes].
Parte II
Jeanne D´ Arc no se consideraba precisamente atractiva. Jamás había tenido novio en sus 17 años de vida y sinceramente no creía que lo tuviera en un largo tiempo. Porque a ella no le importaba eso: todo vendría por añadidura después de que la causa de todos los males de este mundo fueran exterminadas.
Los seres sobrenaturales. Como actual portadora del alma y recuerdos de la famosa "Dama de Orleans", Jeanne recordaba con claridad su vida pasada. Había nacido en la villa de Domrémy, Francia, bajo el seno de una familia con cierta posición económica. Sus padres habían sido agricultores prósperos, pero eso no había sido de mucho ayuda cuando nació Jeanne. Sus padres ya mantenían a sus tres hermanos mayores, y el nacimiento de Jeanne había significado una nueva boca más para alimentar. Una nueva molestia.
A la edad de trece años descubrió que su destino estaba trazado. Caminaba tranquilamente por el jardín de su padre, aproximadamente al medio día, cuando una voz le habló. Había sentido miedo; no todos los días una voz tan poderosa y noble le hablaba desde ninguna parte. Venía del lado de la Iglesia, recordaba. Entonces, inundada por la curiosidad, había seguido a la voz hasta que lo encontró:
"Jeanne…"
Había sido la palabra con la que decidió saludarle aquel hombre rubio de ojos azules, aureola brillante, armadura reluciente como el sol y doce alas doradas en la espalda. La sonrisa gentil del Arcángel Miguel se había quedado plasmada en su mente como el hierro a rojo vivo en las herraduras de los caballos que criaba su padre. La conversación le había marcado profundamente el corazón: el ángel le había explicado que Dios le había elegido para una misión que solo ella podía realizar.
Liberar Francia.
Con esa misión en mente había abandonado todo y sin ningún asomo de duda había partido hacia Francia. Debía comenzar la liberación con un golpe clave: liberar el asedio de Orleans. No la tuvo muy fácil; el comandante de la Guardia Real Robert de Baudricourt había demorado un año en cederle una pequeña escolta, y eso que solo por la insistencia del tío de Jeanne quien tenía cierta influencia. Los motivos de su negativa habían sido simples: no consideraba a una mujer suficientemente capaz de entregarse a la carrera militar. Así que por sugerencia de Baudricourt (años más tarde mentiría diciendo que había sido una orden de Dios) había tomado la decisión de vestirse como hombre.
A pesar de haber sido excluida de la mayoría de los Consejos de Guerra, las habilidades de Jeanne como estratega eran incomparables. El efecto moral que tenía en los soldados al ir en el frente, estandarte en alto, le habían granjeado el respeto de prácticamente todos los soldados. Respeto que más tarde se convertiría en fervor religioso. Pero no contaba con que el Rey que había ayudado a coronar fuera un cobarde y fácilmente manipulable.
Fue capturada, juzgada y posteriormente condenada a la hoguera bajo los vítores de los miembros del tribunal eclesiástico. Dios nunca fue a auxiliarla. Aun sabiendo lo que le esperaba, Jeanne D´ Arc jamás había perdido su fe en Dios. Rezaba todas las noches con la esperanza que San Miguel le respondiera o algún santo fuera en su auxilio. Nada.
Ella lo había sacrificado todo… su felicidad… su familia… su juventud… su esperanza de tener una familia propia… tener hijos… para nada. Dios la había abandonado; y ella se vengaría. No importaba cuántas vidas le tomara, juró por el fuego que abrasaba su carne y el humo que invadía sus castigados pulmones que no descansaría por toda la eternidad hasta aniquilar de la faz de la Tierra a todos los ángeles, demonios y seres sobrenaturales que existieran. No importaba cuántas vidas le tomara. No tendría piedad. Ni contemplaciones. Aún menos dilemas morales.
Sin importar si fueran infantes… ellos tenían la culpa por ser lo que eran. Y por lo que no eran.
Aunque definitivamente varios siglos de recuerdos de vidas pasadas, una envidiable habilidad como esgrimista o la bendición celestial del "Creador de Espadas Sagradas" [Blade Blacksmith] jamás le hubieran preparado para lo que vio esa mañana.
Jeanne D´ Arc despertaba fuertemente aturdida por la madre de todas las resacas que golpeaba su cabeza con su omnipotente poder etílico, causándole la peor migraña que hubiera tenido en todas sus vidas pasadas. Ni el "Asedio de Paris" le había causado tantos dolores de cabeza.
Vestida con un camisón blanco semitransparente que resaltaba su no muy modesta figura, de cabello rubio que le llegaba hasta la baja espalda y ojos azules como el mar, Jeanne D´Arc se levantó de su cama, la tendió, fue a su pequeño baño a buscar un "paracetamol" sin molestarse en peinar sus desordenados cabellos rubios y se dirigió hacia su cocina a servirse una buena taza de manzanilla para asimilar lo que sea que haya comido que hacía de las suyas en su pobre estómago. Cuando lavaba su taza, escuchó un bostezo.
Durante un segundo, pensó que trataba del suyo propio… hasta que se dio cuenta que no había sido ella. Venía de su sala.
-¿Pero qué mier…?-
Soltó su taza y fue hacia la sala de estar. La casa de todos los miembros de la [Facción de los Héroes] era estandarizada: dos pisos donde en el primero había una sala de estar, un pequeño comedor y una cocina mientras que en el segundo había un baño, el dormitorio personal y una habitación vacía para que el propietario de la casa hiciera lo que quisiera. Al principio Jeanne no pudo ver nada; eran aproximadamente las 5:30 de la mañana y todavía no amanecía. Pero según se acercaba a la puerta, percibió una presencia extraña. Algo que le puso la piel de gallina.
Creando una espada sagrada en su mano, entró en la estancia con mucho cuidado y vio una figura alta parada delante de su sofá. Era un hombre. Un hombre muy apuesto. ¡Y estaba desnudo!
"¡Mierda!"
Jeanne hizo lo que cualquier mujer normal que se encuentra a un hombre desnudo en su sala de estar hubiese hecho: gritar. Y después, salir corriendo hacia la puerta. Sólo que se olvidó que seguía mareada por el alcohol. Se tropezó con sus propios pies y cayó de bruces.
"¡No!" gritó mentalmente mientras aterrizaba de forma poco elegante y dolorosa. Tenía que haber algo para protegerse. La espada se le había caído de las manos, y tanto era su miedo a ser violada que se había olvidado que podía crear más espadas con su [Sacred Gear].
Temblando de pánico, se abrió paso a rastras por el suelo mientras buscaba un arma. Al sentir algo duro bajo la mano lo cogió… pero resultó ser una de sus pantuflas rosas con forma de conejo.
"¡Doble mierda!", pensó tirando la pantufla hacia otro lado mientras con el rabillo del ojo encontró su espada caída. Recordando su entrenamiento militar, rodó por el suelo y la cogió; entonces se giró para enfrentar al intruso. Más rápido de lo que ella pudo haber esperado, el desconocido acortó distancia a una velocidad alarmante y cerró sus cálidos dedos alrededor de su muñeca, inmovilizándola con cuidado.
-¿Te has hecho daño?- le preguntó el hombre con un claro tono de preocupación.
"¡OH POR DIOS!", fue lo único que pudo pensar Jeanne D´ Arc, la temida "Dama de Orleans", al sentir el calor de un hombre por primera vez en su vida. Su voz era profundamente masculina y tenía un melodioso y marcado acento que solo podía describirse como musical. Erótico. Y francamente muy estimulante. Como un depredador hablándole a su presa a punto de comérsela… y llevarla al paraíso. "¡Por Dios! ¡Cálmate Jeanne!"
Con todos los sentidos embotados, la joven rubia miró hacia arriba y…
Bueno…
¿Cómo decirlo?
Para ser honestos, sólo vio una cosa. Y lo que vio hizo que las mejillas le ardieran como nunca en su vida. Después de todo, cómo no iba a verlo si estaba al alcance de su mano. Y además, con semejante tamaño.
Al momento el hombre se arrodilló a su lado, con mucha ternura le apartó el pelo de los ojos y pasó las manos por su cabeza en busca de una posible herida. Jeanne se deleitó con la visión de su pecho. Incapaz de moverse ni de mirar otra cosa que no fuese aquella increíble piel, sintió la urgencia de gemir ante la intensa sensación que los dedos de aquel hombre le estaban provocando en el pelo. Le ardía todo el cuerpo.
-¿Te has golpeado la cabeza?- le preguntó él.
De nuevo, ese magnífico y extraño acento que reverberaba a través de su cuerpo, como una caricia cálida y relajante. Jeanne miró con mucha atención aquella extensión de piel dorada por el sol, que parecía pedirle a gritos a su mano que la tocara.
¡El tipo prácticamente resplandecía!
Fascinada, deseó verle el rostro y comprobar por sí misma que era tan increíble como el resto de su cuerpo. Cuando alzó la mirada más allá de los esculturales músculos de sus hombros, se quedó con la boca abierta. Y la espada sagrada se deslizó entre sus adormecidos dedos.
"¡!"
¡Era él!
¡El nuevo camarada que le había dado la paliza de sus vidas a Cao Cao, Siegfried y toda su compañía la noche pasada!
¡El mayor pervertido de toda la Historia de la Humanidad!
Esto no podía estar sucediéndole a ella, y él de entre todas las personas no podía estar desnudo en su sala de estar con las manos enterradas en su pelo. Este tipo de cosas no pasaban todos los días. Sobre todo a personas que nunca habían tenido novio en toda su vida como ella.
Pero aun así…
-¿Sekiryuutei?- preguntó sin aliento.
Tenía la poderosa y definida constitución de un gimnasta. Sus músculos eran duros, prominentes y magníficos, y muy bien definidos; tenía músculos hasta en lugares donde ni siquiera sabía que se podían tener. En los hombros, los bíceps, en los antebrazos; en el pecho, en la espalda. Y del cuello hasta las piernas. Cualquier músculo que se le antojara, se abultaba con una fuerza ruda y totalmente masculina.
Hasta "eso" había comenzado a abultarse.
El pelo le caía de manera salvaje por toda su cara, y le enmarcaba un rostro sin rastro de barba que parecía haber sido esculpido por los Dioses. Increíblemente guapo y cautivador, sus rasgos no resultaban femeninos ni delicados. Pero definitivamente, robaban el aliento. Los sensuales labios se curvaban en una leve sonrisa que dejaba a la vista unos dientes tan blancos y relucientes que parecía que brillaban.
Y su ojos…
"¡Dios!"
Eran del color dorado brillante de los abrasadores desiertos, rodeados de un borde color marrón oscuro que resaltaban su iris. Resultaban penetrantes y encantadores nublados por un inmenso deseo de lujuria desmedida contenida por las ahora rehechas y muy fuertes capas de disciplina y moralidad que la Iglesia le había creado. Jeanne creía que tarde o temprano la devorarían en un espiral de sus más bajas pasiones ocultas.
Y realmente tampoco es como si le importara mucho. Había algo que le atraía de él irremediablemente. Tal vez fuera su varonil y único olor. O tal vez fuera porque "eso" se había hecho tan grande solo por ella. Por ella. Porque él la consideraba bella. Era la primera vez que a un hombre se le abultaba al verla, internamente se sentía halagada que "eso" se hubiera parado en pie de guerra solo por ella. Era demasiado perfecto para ser verdad.
Vacilante, extendió la mano para colocarla sobre su brazo. Se sorprendió mucho cuando no se evaporó, demostrando que no era una alucinación etílica.
No, ese brazo era real. Real, duro, y cálido. Bajo aquella piel que su mano tocaba, un poderoso músculo se flexionó, y el movimiento hizo que su corazón comenzara a latirle con fuerza, amenazando con salir de su pecho tarde o temprano. Atónita, no podía hacer otra cosa que mirarlo.
Issei apeló a toda su fuerza de voluntad para no dejarse llevar por sus impulsos naturales potenciados a la máxima potencia por los efectos del alcohol restante que aún circulaba por su sangre. Algo le decía que no era la primera vez que le sucedía lo mismo. Aunque no tenía la certeza para afirmarlo. Aun así, decidió disfrutar de ese bellísimo regalo de la naturaleza femenina.
Una linda melena rubia le caía hasta las bien formadas nalgas, y sus ojos tenían el color azul marino de las aguas de las playas griegas con ligeros relámpagos de inteligencia y coraje. La pálida y suave piel tomaba un tono rojizo con cada segundo que pasaba. Era tan adorable como su suave e infantil voz. Esas piernas tan suaves y bien formadas. El abdomen formado por riguroso entrenamiento militar pero que no molestaba a la vista. Y esos pechos modestamente grandes coronados en lindos pezones rosados… definitivamente la chica era toda una hermosura.
-L-llámame Issei- dijo el [Sekiryuutei] con toda la tranquilidad de la que fue capaz. –Déjame ayudarte-
-Estás desnudo- murmuró Jeanne mirándole de arriba abajo, totalmente impactada, mientras se ponían en pie. -Estás muy desnudo-
Issei tuvo la decencia de ruborizarse un poco, avergonzado.
-Lo sé-
-¡Estás desnudo!-
-Sí, creo que ya lo hemos dejado claro- contestó Issei de manera diplomática.
-Estás tan contento, y desnudo-
Confundido, Issei frunció el ceño.
-¿Qué?-
Ella miró su erección.
-Estás "contento"- le dijo Jeanne con una intencionada mirada. -Y estás desnudo-
Issei tardó un par de segundos en averiguar el significado de las dobles intenciones de Jeanne. Le fue sencillo porque… bueno, era Issei. Acababa de recuperar toda su perversión la noche pasada. Todavía faltaba asentar unos pocos detalles, pero era mejor que nada. Pervertido una vez, pervertido para toda la vida.
-¡Oh, ya entendí!- como si hubiera descubierto un nuevo juguete, los ojos de Issei se iluminaron con un brillo infantil. Chocando su puño derecho contra la palma de su mano izquierda. -¿Te refieres a Junior, verdad?-
[Pero qué bruuuto… ¡lee el ambiente, animal!]
"¿Clarent?"
Issei se había encontrado con sus dos inquilinos permanentes la noche pasada, después de desmayarse producto de la mayor borrachera de su vida, no sin antes darle una gran golpiza a Siegfried, Cao Cao, Georg y muchos otros descendientes de Héroes alcoholizados que se pusieron violentos. Fue... una charla interesante. Una que se llevaría a la tumba.
-¿¡J-J-J-J-J-JUNIOR!?- vapor comenzó a salir de las orejas de la impactada y avergonzada portadora del alma de la "Dama de Orleans". -¡¿LE PUSISTE NOMBRE?!-
Tanta había sido la impresión de Jeanne que no pudo evitar tropezarse nuevamente quedando en una posición comprometedora. La rubia había quedado encima del castaño, con sus delicados brazos rodeando los fornidos hombros de Issei. No ayudaba mucho que Jeanne vistiera solo unas bragas rosadas muy reveladoras y el "Junior" de Issei estuviera a escasos centímetros de la intimidad de ella.
Si eso no fuera lo suficientemente vergonzoso para ambos, el sonido de la puerta de la casa al abrirse aumentó sus niveles de rubor a niveles insospechados. Jeanne se giró rápidamente mientras Issei ladeaba los ojos para ver a los recién llegados. A pesar de estar un poco ebrio su habilidad para detectar auras no había disminuido en nada; había dos presencias muy conocidas en la puerta. No necesitaba mirarlos para saber quiénes eran, pero por cortesía por lo menos se aseguraría.
-Hagamos una cosa, voy a cerrar, entraré dentro de cinco segundos y fingiremos que aquí no ha pasado nada…- dijo la voz de Cao Cao desde la entrada.
El líder de la [Facción de los Héroes] mantenía la puerta lo menos abierta posible asomándose levemente.
-¿Por qué? ¿Qué pasó? ¡Cao Cao, también quiero ver!- gritó la voz de Siegfried desde afuera.
-Créeme Siegfried, no querrás saber- replicó el portador de la "Lanza Sagrada" cerrando la puerta.
Puede que Cao Cao fuera una persona muy codiciosa, carismática, manipuladora, increíblemente inteligente y sea un genio en el ámbito de la estrategia y la táctica, pero si hay una palabra que lo definiera a la perfección sería "mojigato". Era un puritano en todo lo que respecta a relaciones sexuales, sobre todo entre compañeros de trabajo. De haber sido por el alcohol que todavía circulaba por su sangre, se hubiera puesto a darles a ambos "irresponsables" un sermón de dos horas seguidas sobre la importancia de la "protección" a la hora de tener intimidad.
Pasados los cinco segundos más algunos más por si las dudas, Cao Cao abrió la puerta de nuevo saludando con la mano seguido de Siegfried quien se preguntaba qué demonios había visto Cao Cao. Para suerte del líder de los Héroes sus dos subordinados habían cambiado su posición a una más "casual".
Jeanne se había sentado rápidamente en uno de los cómodos sillones de la sala de estar, mientras miraba muy interesada un punto en el suelo con las mejillas rojas. No podía creer que su líder y su compañero le hubieran visto en una situación tan comprometedora.
Issei por su parte no se había hecho muchos problemas en disimular: se había echado encima de la baranda de la escalera a modo de cadáver roncando a pierna suelta con la seguridad de que eso engañara a Siegfried y no malinterpretara la situación. No sé, tal vez esa chica sea su novia. Era mejor prevenir que lamentar.
-Así que aquí fue a parar Hyoudou- comentó Cao Cao con total naturalidad, decidiendo seguirle la corriente a su más reciente subordinado. Internamente se regocijó por la discreción de Issei. Le iba a ser muy útil. Siegfried nunca sospechó nada.
Parte III
Habían pasado dos semanas desde que Issei Hyoudou se había unido a la [Facción de los Héroes] de la organización terrorista internacional [Khaos Brigade]. Entre entrenamientos, combates de práctica y demostraciones de poder, Issei se había ganado a pulso el respeto de los líderes de la [Brigada]. Al comienzo fue difícil: los descendientes de los Maou Ancestrales lo odiaban a muerte por las bajas que el portador del Dragón Galés había causado en su [Facción].
La [Khaos Brigade] estaba dividida en dos [Facciones]: La Facción de los [Maou Ancestrales] y la [Facción de los Héroes]. Liderados por la Diosa Dragona del Infinito (Issei no había tenido el placer de conocerla, aún) la [Brigada] había sido creada especialmente para expulsar de la [Brecha Dimensional] al Gran Rojo, o como todos lo conocían "El Dragón del Apocalipsis". A cambio de su ayuda, la Diosa Dragona les proveería del poder necesario para cumplir sus objetivos. Uno de ellos había sido la dominación mundial, y casi lo hubieran logrado de no ser por la oportuna intervención del mencionado portador del Dragón Galés. El temido "Drago Rosso" (o "Ryu" a nivel internacional) había sido declarado muerto a nivel mundial el mismo día de la masacre de la "Sección XIII"; ese día los Maou Ancestrales habían suspirado de alivio: ahora podían dormir en paz.
Pero la tranquilidad no les duró mucho. Unos meses después de la "supuesta" muerte de Issei, Cao Cao se apareció de repente en sus "Cuarteles Generales"… ¿¡con el [Sekiryuutei] detrás suyo!? El caos se desató en la [Brigada], dividiéndose en dos: los que apoyaban a Issei y los que pedían su ejecución. Como no llegaban a ningún consenso, se decidió que Issei haría una misión en solitario evaluada por los Altos Mandos de la [Brigada]. ¿Cómo harían la evaluación si la misión era en solitario? No era precisamente difícil: las cámaras androide desarrolladas durante la Tercera Guerra Mundial servirían de maravilla.
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¡Oh, qué fallo el mío! ¿No tienen ni la más remota idea de qué estoy hablando, verdad? Me disculpo. Es cierto, por el bien de sanidad mental de Issei no puedo revelar mucho pero por lo menos puedo darles un vistazo general de la situación. Un poco de historia no mata a nadie, después de todo. Acompáñenme amigos, a leer esta pequeña historia:
La Tercera Guerra Mundial fue un (pero qué estoy hablando) EL conflicto bélico más destructivo e importante de la historia de la humanidad. ¿Por qué? Debido principalmente a los resultados de esta:
En primer lugar, la humanidad conoció la existencia de los seres sobrenaturales.
En segundo lugar, las "Tres Grandes Facciones Judeocristianas" (háblese de los Ángeles, Demonios y Ángeles Caídos) llegaron a un acuerdo histórico de paz llamado el "Tratado de Kuoh".
En tercero, la creación de la "Gran Alianza" entre las Tres Facciones y la Humanidad.
Por último, la casi erradicación de la cultura de Medio Oriente y un duro golpe hacia el Panteón de los Dioses Hindúes, Egipcios, entre otros varios.
Ciertamente la guerra no fue muy heroica que digamos: todo comenzó cuando los terroristas del autoproclamado "Estado Islámico" en verdad lograron crear un Estado, uniendo todo Oriente Medio bajo su dominio; y posteriormente lanzándose en una "cruzada" para eliminar a todos los que ellos consideraban como "infieles". Y bueno, si añadimos el hecho que gran parte del petróleo a nivel mundial se encontraba en los Territorios controlados por el Estado Islámico y que desde hace bastante tiempo países como Israel e Irak eran los almacenes de armas nucleares de Estados Unidos… la tenían bien difícil.
Sin contar la crisis migratoria… la construcción del "Muro de Berlín 2.0" en la frontera de Estados Unidos con México… y que al parecer sujetos con alas de murciélago habían sido captados luchando a muerte con otros sujetos de alas de cuervo… sí… la humanidad estaba BIEN jodida. Entonces no quedó más remedio que decir la verdad. Al principio fue difícil de comprender: no todos los días unos sujetos inhumanamente hermosos se presentaban en medio del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas afirmando ser el ancestral Rey Demonio Lucifer, el Arcángel Miguel y el "chivo expiatorio" hebreo Azazel. Aunque nadie tuvo dudas cuando extendieron sus alas y mostraron una minúscula parte de su poder.
Una vez aceptaron (algunos a regañadientes) la existencia de los seres sobrenaturales y que estos venían en son de paz (presuntamente), se les permitió hablar ante los líderes del mundo. El objetivo de su visita era simple: venían a ofrecer una Alianza entre las razas a las que representaban y la humanidad. A cambio de dicha Alianza, los seres sobrenaturales se comprometían a compartir su tecnología, la magia, reactivar su economía y prestar recursos para dar fin a esta Guerra. La humanidad simplemente debía dejar a los seres sobrenaturales vivir en el Mundo Humano (previa identificación y permiso, claro) con leyes que les protegieran de cualquier acoso o discriminación.
Al principio estuvieron reacios a creerles, y era perfectamente entendible. La humanidad siempre ha temido a lo que no conoce, y los seres sobrenaturales no eran la excepción. Por supuesto que se convocó a reunión con los principales líderes religiosos de ese entonces, se consultó a expertos en teología, las diferencias de opinión armaron un debate de proporciones bíblicas en el usualmente "tranquilo" Consejo de Seguridad, y también en los demás comités como el de "Crisis" o "DISEC" (Comité de Desarme y Seguridad Internacional). ¡Y el escándalo de la prensa! Fue un momento clave en la Historia.
Estuvieron a punto de declararle la Guerra a la "Alianza de las Tres Facciones", y lo hubieran hecho de no ser por la aparición de la organización terrorista internacional más peligrosa de todos los tiempos: [Khaos Brigade]. Conformada por demonios y ángeles caídos que no estaban de acuerdo con la decisión de aliarse con los humanos (o por lo menos eso creían), cometieron actos de crueldad inhumana en distintos países. Todo empeoró cuando pactaron una Alianza (temporal, por supuesto) con el Estado Islámico, suministrándole grandes conocimientos en magia y ciencia.
No tuvieron opción. Era el peor de dos males: aliarse con seres sobrenaturales potencialmente peligrosos o enfrentarse a seres sobrenaturales verdaderamente peligrosos. El día 17 de Junio del año XXXX, entre un atentado terrorista donde cientos de seres sobrenaturales fallecieron, se firmó el famoso "Pacto de la Gran Alianza" y se declaró formalmente la Tercera Guerra Mundial en contra de la [Brigada] y el Estado Islámico.
El conflicto armado duró catorce años en donde cientos de miles de vidas tanto humanas como sobrenaturales se perdieron en la lucha. Finalmente se decidió exterminar de una vez por todas a toda la población tanto civil como terrorista del Estado Islámico. Nunca lo vieron venir. El 11 de Julio del año XXXX un jet caza creado en conjunto por el Rey Demonio Ajuka Beelzebub y el líder caído Azazel junto a varios eminentes científicos humanos soltó el misil de destrucción nuclear masiva "Armaggedon" sobre el punto en que las fronteras terrestres de Jordania, Irak y Arabia Saudita se unían.
No sobrevivió nadie. Una explosión nuclear comparable a más de 100 bombas nucleares de Hiroshima arrasó con toda la población del hasta ese entonces enorme e imparable Estado Islámico, obligando a los sobrevivientes del genocidio a firmar la paz. Desde ese entonces las relaciones entre la humanidad y las Tres Facciones habían ido viento en popa sin ningún atentado por parte de la presumiblemente extinta [Khaos Brigade]… hasta hoy.
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Quizá fuera la agradable imagen que presentaba Washington D.C desde el espacio lo que le había permitido ser la bella capital de una de las potencias mundiales más influyentes en el mundo. Y cuando uno se adentraba en su húmeda atmósfera, y se iba acercando a aquellos imponentes edificios de largos metros de altura que casi rozaban las nubes, la imagen seguía manteniéndose.
La impresión de paz empezaba a desvanecerse sólo al llegar a las calles que formaban el camino hacia la Mansión/Castillo del 46avo Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, y sólo debido a la actividad reinante aquel día, prueba de que la única forma en que puede perdurar la tolerancia es dando voz a todos, incluso cuando la libre expresión desafía la perpetuación de la paz. Johann Smith comprendía eso, como lo comprendieron la mayoría de sus predecesores en el puesto de Presidente.
Pero la compasión que sentía Smith por quienes habían tomado las estrechas calles que daban a su Residencia para manifestarse no era simple cuestión de obligación cívica, pues compartía sus preocupaciones y sentía una gran simpatía por su causa. Se mantuvo a la vista de las multitudes, en un balcón de su Palacio Mansión, ostentoso regalo de su predecesor, suspirando pesadamente.
Bajo él desfilaban cientos de miles de manifestantes, refugiados de varios países desplazados a la fuerza por la guerra, vestidos con ropas de colores que los protegían de las frígidas corrientes de aire producto del clima. Muchos de los refugiados llevaban en Estados Unidos desde los inicios de la Tercera Guerra Mundial, viviendo en refugios proporcionados por el Gobierno, y otros muchos habían llegado recientemente para mostrarles su apoyo.
Ahora que la guerra había acabado, casi todos estaban impacientes por volver a su país natal, recuperar lo que quedaba de su destrozada vida y reunirse con los miembros de sus dispersadas familias. Pero tampoco es que fuera tan fácil.
Los controles migratorios que había impuesto su predecesor eran tan fuertes y respaldados por los diversos senadores que aún apoyaban la causa que a Smith se le hacía muy difícil abolirlos. Los refugiados debían de pasar por rigurosos controles de seguridad e identidad antes de recibir el permiso migratorio. Algunos llevaban años tramitando su permiso, pero la lenta burocracia no hacía ningún esfuerzo por acelerar el proceso.
Otra de las razones de la protesta era el "impuesto" fronterizo que Johann Smith trataba de eliminar. Desde los inicios de la Guerra había sido una de las principales fuentes de ingreso de los Estados Unidos, y era evidente que muchos políticos no querían deshacerse de esa lucrativa fuente de ingresos. Entre otras muchas protestas, y pocos enfurecidos cánticos dirigidos contra el Presidente, o contra su esposa en el peor de los casos, muchos esperaban que Smith intercediera por ellos ante el Senado.
En cualquier caso, las manifestaciones no eran algo nuevo en el país. Los estadounidenses eran conocidos por todo el mundo por sus misiones humanitarias y por su constante apoyo a las minorías oprimidas. Y, lo que era más importante, Estados Unidos siempre había sido fuente de disensión política durante toda la guerra gracias a un movimiento liderado por los Estudiantes de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard. Con su país tan politizado, Smith se había visto obligado a moverse con mucho cuidado en la ONU, mostrándose tanto como defensor de las poblaciones de refugiados que como miembro de la Gran Alianza.
Los organizadores de la marcha habían prometido a Smith que sería pacífica, pero Smith sospechaba que la [Khaos Brigade] había infiltrado en ella espías y agitadores profesionales. Después de todo, el objetivo de la [Brigada] era esparcir el caos en el mundo y fragmentar la Gran Alianza. Un atentado por parte de un ser sobrenatural y las consecuencias podrían ser funestas. Johann Smith era uno de los pocos líderes que aún creía que la [Brigada] seguía existiendo, recuperando sus fuerzas poco a poco… no podría estar más lejos de la verdad.
Con la llegada de tantos aviones procedentes de distintos países, había sido imposible controlar a la gente y encontrar entre ella a agentes y saboteadores terroristas. Y de haber alguna forma de identificarlos y emitir ordenes restrictivas, Smith sólo le habría hecho el juego a los terroristas, alterando así tanto a los refugiados como a sus ardientes defensores, que consideraban a Estados Unidos uno de los últimos bastiones de la libertad.
De momento, los agentes de la ley estaban haciendo un buen trabajo confinando a los manifestantes al circuito pre asignado por el Presidente, y el cielo estaba lleno de pequeñas naves no tripuladas anti disturbios y drones de vigilancia asegurándose de que la situación seguía bajo control. Sólo se tomarían medidas activas si Smith daba la orden, y sólo como último recurso. Smith, parado en el balcón, era blanco de gritos, llamadas, cánticos y baterías de puños alzados. Se pasó la mano por la boca, rogando porque Dios lo ayudara. Si solo supiera...
-¡Señor Presidente!-
Smith se volvió para ver a su Jefe de Seguridad, que se dirigía hacia él a paso ligero y mucho sudor en el rostro. Venía acompañado de dos de los ayudantes personales del Presidente.
El Jefe de Seguridad, con el nombre clave de "Zero", un hombre alto y corpulento de cabellos rubios vestido de forma elegante, dirigió la atención de Smith a un holoproyector cercano, uno de los grandes avances de la ciencia en estos años. Benditos sean los seres sobrenaturales, siendo más específicos el Rey Demonio Beelzebub y el líder de Grigory.
-No le va a gustar esto- dijo Zero a modo de aviso.
Antes de que Zero pudiera activar el holoproyector, surgió una imagen muy conocida por el Presidente y sus allegados. No era ninguna sorpresa que su predecesor hubiera hecho tratos bajo la mesa con terroristas. Y seguían haciéndolo, pero no con el mismo descaro que antes. Querían desligarse definitivamente de ellos, pero cuando la [Brigada] de declaraba como "objetivo potencial" era mejor guardar las apariencias.
El holoproyector mostró la imagen de un hombre de cabello castaño y armadura medieval con rostro serio y recientemente afeitado: Shalba Beelzebub. Uno de los descendientes de los Reyes Demonios Originales
*Señor Presidente* dijo éste. *Espero que reciba este mensaje*
Johann se situó en frente al holoproyector, y de un gesto le indicó a su Jefe de Seguridad para que abriera un canal de comunicación privado con uno de los líderes de la [Khaos Brigade].
*Oh, recibió mi mensaje* dijo Shalba al cabo de un momento. *Muy bien. Un colaborador mío irá ahora mismo a hablarle sobre ciertos temas, ¿Puedo contar con que le dé una cálida bienvenida?*
-Qué impropio de usted otorgarnos la cortesía de avisarnos, Lord Beelzebub. ¿Qué asuntos viene a tratar esta vez su "colaborador" y por qué esta llamada tan repentina?-
Shalba sonrió sin enseñar los dientes.
*De eso se enterará una vez que llegue, señor Presidente. En cuanto al motivo de esta inesperada llamada... bueno, deje que le diga cuánto he disfrutado presenciando por televisión internacional imágenes de su... cumbre política*
-Es una manifestación pacífica, Lord Beelzebub- contraatacó Smith. -Y probablemente seguirá siéndolo a no ser que sus agitadores consigan hacer lo que saben hacer mejor-
Shalba Beelzebub asumió una expresión de sorpresa.
*¿Mis agitadores? No puede hablar en serio*
-Muy en serio. Pero mejor volvamos a los motivos de su visita-
El descendiente de Beelzebub se tironeó el labio inferior.
*Ahora que lo pienso, señor Presidente, igual sería más prudente por mi parte dejarle esa explicación al emisario de nuestra organización*
Smith permaneció con los brazos en jarras.
-Esa siempre ha sido su labor, Lord Beelzebub-
*Ya no, Smith* dijo Shalba con clara irritación. *Ahora se encargará una persona... más que capacitada para el trabajo*
-¿De quién está hablando?-
*De alguien al que todavía no ha tenido el placer de conocer. Lo llamamos... Karasu*
-¿Karasu?-
-"Cuervo" traducido a nuestro idioma, señor. Es japonés- respondió uno de los ayudantes de Smith.
Johann Smith se quedó congelado, pero sólo por dentro. Sabía perfectamente que solo había una organización que ponía nombres de animales a sus integrantes: la extinta "Sección XII" del Vaticano. No podía ser, debía ser una coincidencia. Solo una mera coincidencia. Si la [Brigada] había logrado reclutar uno de esos monstruos… se estremeció ante la idea. Aún recordaba a Issei Hyoudou, el temido "Ryu" (Dragón) de la Iglesia Católica junto a sus compañeros Quarta y Gesualdo destruyendo hordas tras hordas de enemigos con sus inusuales poderes.
¡Por favor! ¿Unir en un mismo equipo a la primera exorcista angelizada con tres pares de alas símbolo de su inmenso poder nato, al Dragón Emperador Celestial Rojo que podía devorar un bocado a Dios y al Rey Demonio sin ningún problema y al tipo que podía cambiar todo el clima de la Tierra en un parpadeo? ¡Por el amor de Dios! ¡Ese trío fácilmente podía destruir el mundo (y probablemente todo el universo) si se lo propusiera! Si alguien de ese calibre se presentaba ante él y las negociaciones no salían como él quisiera…
Johann Smith se tragó todas sus preocupaciones para exclamar con sorna:
-¿Karasu? ¿Qué clase de nombre es ese?-
Shalba volvió a sonreír.
*Bueno, en realidad es algo así como un apodo* la sonrisa del demonio desapareció. *Pero no se confunda, Smith. Karasu habla en nombre de toda la [Khaos Brigade]. Hará bien en no olvidar eso*
-¿Y ese tal "Karasu" cuándo llegará?-
-Estoy aquí, señor Presidente-
Cientos de cuervos atravesaron de improviso la abierta ventana de la Mansión del Presidente de los Estados Unidos, lanzándose en picada hacia el suelo a unos metros del impactado Smith. Los cuervos comenzaron a caer uno sobre el otro, y en menos de un minuto tomaron la forma de un hombre. Hubo unos segundos de tensión y silencio roto cuando los cuervos salieron volando en distintas direcciones, presumiblemente a vigilar el terreno. En el lugar donde los cuervos habían salido a dispersarse, estaba parado un hombre.
Llevaba un peto de armadura ligera negra encima de una camisa manga corta del mismo color, pantalones de combate negros y botas de cuero negras con picos en las plantas de los pies. La piel expuesta de sus brazos estaba cubierta por protectores de metal con picos en los costados, resaltando sus guantes igualmente negros. En la cintura llevaba una bolsa porta armas que a juzgar por el sonido estaba completamente llena y las empuñaduras de dos espadas de luz comunes.
El sujeto estaba cubierto por una larga túnica de monje negra como la noche, y su rostro estaba protegido por una máscara de "la peste negra", ya saben, de esas que parecen la cara de un pájaro. Colgado en su cuello, oculto a la vista de todos, un rosario de perlas rojas.
Sí, estaban bien jodidos. Era un ex miembro de la Sección XIII. Un exorcista renegado.
-Nunca me han gustado las marchas- dijo un hombre corpulento de gabardina estilo años 20 y sombrero de fedora acompañado de dos mujeres y una jovencita.
-¿Eso fue lo que te hizo unirte a Kokabiel-sama en su exilio, Dohnaseek?- preguntó una mujer de cabello azul largo y traje rojo súper escotado.
Dohnaseek se burló de la idea con un gesto.
-Solo estoy allí por las putas que Kokabiel se tira… como tú, Kalawarner-
-¡Ja!- respondió la aludida, molesta.
Sus largos abrigos, sombreros y botas altas, además de protegerlos del frío, ocultaban muy bien su aura entre tantos humanos. Sí, ellos no eran humanos: eran ángeles caídos. Era la primera vez que aquel grupo de ángeles caídos visitaba Estados Unidos. Por lo poco que habían visto, el país estaba a la altura de su reputación, al margen de su supuesto pacifismo. El ambiente que se respiraba en la enorme multitud, compuesta por refugiados de guerra y recién llegados de incontables mundos, parecía coincidir con eso.
Pero los caídos ya se habían fijado en varias docenas de seres (algunos no humanos) que era evidente que buscaban provocar la violencia en los manifestantes, quizá con el fin de obtener una amplia cobertura en la Prensa y así dejar clara su opinión a los líderes mundiales.
A juzgar por la forma en que se habían desplegado las unidades no tripuladas anti disturbios (y el gran contingente de policías desplegados secretamente a los alrededores), éstas no buscaban el enfrentamiento, y puede que hasta tuvieran órdenes de contenerse costase lo que costase. El mero hecho de que se permitiera a los manifestantes gritar sus protestas y desplegar sus carteles tan cerca de la Residencia Presidencial, y que el propio Presidente Johann Smith se mostrara ocasionalmente a la multitud, demostraba que esa contención era real.
Por otro lado, la presencia de una multitud tan grande indicaba al grupo que el Papa Juan Pablo III era algo más que un iluminado. Aunque sacarlo de Estados Unidos después de que se hubiera visto obligado a alojarse allí huyendo del "Bombardeo de Roma" en la Tercera Guerra Mundial nunca habría sido un reto insuperable, la presencia de esa multitud, y el jet privado con sistema de círculos mágicos incorporados harían que la misión se resolviera en un suspiro.
No estaba mal para ser su primera misión desde el fin de la Guerra.
Ahora todo se reducía a asistir a la cita con el Sumo Pontífice.
Dohnaseek y Kalawarner ya habían rodeado la Mansión dos veces en busca por sobretodo de problemas potenciales en la entrada Sur, donde iba a tener lugar la cita prevista. Dohnaseek encontraba interesante que el motivo del Sumo Pontífice para realizar una salida discreta fuera no querer implicar al Presidente en sus problemas, pero no tenía claro cuáles eran esos problemas. Tanto Juan Pablo III como Smith eran miembros de la Gran Alianza; por tanto, ¿qué podía haber hecho el Papa para tener problemas que no implicaran de entrada a Smith?
Dohnaseek oyó la voz de su compañera a través del micrófono sin cable de su oído.
*Tengo noticias de nuestro paquete* dijo una voz de mujer. *Está en marcha*
-Ahora mismo nos dirigíamos hacia allí- dijo Dohnaseek al micrófono de audio sujeto al cuello de su abrigo.
*¿Seguro que podrán reconocerlo?*
-Reconocerlo no será un problema, Raynare. Lo será encontrarlo en medio de esta muchedumbre-
*Supongo que no esperaba que la manifestación fuera tan grande*
-Supongo que no se lo esperaba nadie-
*¿¡Tendremos nuevo Papa!?* se entrometió una dulce voz a la conversación.
*¡Mittelt! ¿¡No te dije que mantuvieras a Asia callada!?*
*¡L-lo siento, Raynare-sama!* gritó una voz chillona.
Raynare hizo una pausa.
-Esperen un momento-
Tenían a la vista la entrada a la puerta sur de la Mansión, pero en el tiempo que habían empleado en dar la tercera vuelta se había congregado una multitud. Tres oradores humanos subidos a plataformas animaban a todo el mundo a abrirse paso por las altas puertas y entrar en los terrenos de la Mansión. Anticipando problemas, ante la puerta se había desplegado un grupo de unos cuarenta miembros del Servicio Secreto vestidos con ternos y armados con varios sistemas no letales de control de masas, entre los que se contaban cañones de agua a presión, varas eléctricas y lanzadores de espuma repelente.
Otra de las maravillas de la tecnología de los años de Guerra.
*¿Qué pasa?* preguntó Raynare.
-Las cosas se ponen difíciles. Están alejando a todo el mundo de la entrada de la puerta sur-
La multitud empujó y los caídos se sintieron levantados y llevados hacia la Mansión. El cordón de agentes gritó una última advertencia. Cuando la multitud volvió a empujar, dos agentes en primera línea, con mochilas, empezaron a cubrir la puerta con una capa gruesa de espuma repelente. La multitud retrocedió en respuesta, pero varias docenas de los manifestantes más cercanos a la puerta no consiguieron retroceder a tiempo y quedaron inmediatamente inmovilizados por la pasta que se propagaba rápidamente.
Unos cuantos fueron capaces de retirarse renunciando a su calzado, pero los demás se quedaron atrapados. El trío de agitadores aprovechó la situación para acusar al Presidente de suprimir el derecho a la libre reunión, creando un caos en la zona. Los caídos comenzaron a moverse hacia el perímetro. En cuanto pudieron, volvieron a comunicarse.
-Raynare, no vamos a poder llegar a la puerta-
*Lo que significa que nuestro paquete no podrá salir de la Mansión por ese lado*
-¿Hay algún punto de reunión alternativo?-
*Dohnaseek, he perdido contacto con él*
-Posiblemente sólo sea temporal. Cuando tengas noticias de él dile que no se mueva, donde sea que esté-
-¿Y dónde estarás tú?-
Kalawarner fue la que contestó esta vez.
-No te preocupes, encontraremos el modo de entrar-
Parte IV
Luego de recuperarse del shock, el Jefe de Seguridad de nombre clave "Zero" y los ayudantes del Presidente franquearon al recién llegado. Por el momento ninguno de los presentes se movió; estaban pasmados. El Presidente fue el primero en recuperar la compostura.
-¿Es usted el señor "Karasu"?-
-Señor Presidente- dijo Issei a través de su máscara, inclinando ligeramente la cabeza.
-Exijo saber por qué ha venido a mi casa en uno de los únicos días que puedo tomar de descanso- replicó Smith con un tono de voz firme y demandante.
-Señor Presidente, usted no está en posición de exigir nada-
El modificador de audio incorporado en su máscara añadía un tono de amenaza al comentario. Pero la verdad era que Issei (alias "Karasu") se sentía, quizá por primera vez, como si llevara un disfraz, un traje macabro, en vez de un uniforme de exorcista. Era la primera vez que según recordaba le hablaban en ese tono. Y definitivamente no le gustaba nada.
Sintió un deseo repentino de poner a Johann Smith en su sitio. De dejarlo sin respiración con sólo juntar índice y pulgar, de aplastar todos sus órganos vitales con solo formar su puño... pero la situación no requería eso, todavía. Además, Issei podía ver en los gestos nerviosos del Presidente que sabía quién mandaba allí.
"Poder"
Tenía poder sobre Smith y sí, sobre todos lo que eran como él. No podía negar que disfrutaba de esa sensación de dominio.
-[¡Hasta que al fin lo entiendes, #$%!]- chilló alegremente el Dragón Galés, Ddraig Goch. –[¡Estoy tan orgulloso de ti! ¡Definitivamente salir de la Iglesia fue lo mejor que pudiste haber hecho!]-
"Aunque no tenga ni la más remota idea de por qué lo hice…"
-[¡Eso no importa! Son pequeños detalles sin importancia…]-
"Si tú lo dices…", pensó Issei no muy convencido.
Sí, ese era el legendario Dragón Emperador Celestial Rojo, Ddraig Goch. El inquilino permanente del [Longinus] [Boosted Gear]. El terror de todas las Facciones Sobrenaturales. El asesino de cientos de miles de ángeles, demonios y ángeles caídos durante las Grandes Guerras entre las Tres Facciones antes de firmar el tratado de paz. El enemigo jurado del Dragón Inglés Albion Gwibber. El único Dragón que superaba el poder de los [Cinco Reyes Dragones] juntos con facilidad; el único por debajo de los [Dioses Dragones] Ophis Ouroboros y Great Red.
Y por supuesto el compañero incondicional de miles de batallas de Issei Hyoudou y único ídolo que tenía. Pero eso era tema para otra ocasión.
El Presidente le presentó a sus consejeros y ayudantes, además de al Jefe de Seguridad Zero, quien intentó sin éxito ocultar una expresión de profunda hostilidad hacia Karasu. Si ese hombre supiera con quien estaba tratando…
Del otro lado de las murallas de la Residencia Presidencial les llegó el sonido de voces furiosas y de cánticos. Karasu dedujo que al menos una parte del escándalo se debería a la intervención de los agitadores de la [Facción de los Héroes]. La idea le divertía.
Los manifestantes, al igual que gran parte del mundo, no eran sino otro grupo de seres que se creían muy importantes y estaban convencidos de que sus míseras vidas tenían algún significado; que sus protestas, sus sueños, sus logros, servían para algo. Ignoraban el hecho de que los cambios en el universo no eran debidos a multitudes o a individuos, sino a lo que transpiraba en el oculto e insondable lenguaje de la Naturaleza, lenguaje que personas como él podían interpretar. Todo lo demás no importaba. Si no se estaba en comunicación con la Naturaleza, la vida sólo existía en el mundo de la ilusión, y había nacido a consecuencia de la eterna lucha entre la luz y la oscuridad. Karasu escuchó un momento más los sonidos de la multitud y luego se volvió para mirar a Smith.
-¿Por qué permite eso?- preguntó.
Los ojos inquietos de Smith buscaron algo, quizá un atisbo del hombre detrás de la máscara.
-¿Es que estas manifestaciones ya no se permiten en los países civilizados?-
-El ideal del nuevo orden mundial es la armonía, Presidente, no la disensión-
-¿Armonía? ¿Cómo? ¿Bajo el mandato de la [Khaos Brigade]? ¡Eso es dictadura!-
-Quizá haya algo de verdad en eso. Pero, de una forma u otra, las protestas cesarán con el tiempo-
Issei se dio cuenta de que Smith estaba preocupado por algo. Era obvio que le molestaba ser desafiado en su propia casa, pero su tono de voz era casi cordial.
-Confío en que la [Brigada] pueda ayudarnos con este problema… sin necesidad de métodos agresivos de por medio-
Issei no tenía paciencia para la esgrima verbal, y el hecho de tener que enfrentar su inteligencia con hombres como Smith sólo reforzaba su creciente desagrado por la burocracia.
-A mis Jefes no le complacerá su falta de fe, señor Presidente- dijo con cuidado. -Ni su disposición a permitir que otros manifiesten su desconfianza. Pero no he venido a hablar de su pequeña manifestación-
Johann Smith le miró con desconfianza.
-¿Qué le trae por aquí?-
-Su Santidad-
Smith pareció sinceramente sorprendido.
-¿Qué pasa con él?-
-Entonces ¿no niega que esté aquí?-
-Pues claro que no. Hace varios años que se hospeda en el país-
-¿Es consciente que es uno de los principales opositores de nuestra organización?-
Smith frunció el ceño, inseguro.
-Pensé que Su Santidad ya no era más que una figura política, ¿no era el Arcángel Miguel el que tomaba las decisiones con respecto a la organización militar de la Iglesia?-
-No lo está, señor Presidente. El Arcángel Miguel solo se encarga de dar las orientaciones pertinentes y las políticas hacia el exterior. El Papa es el responsable directo de las acciones militares de la Iglesia en contra de nuestra organización. Sin el suficiente personal… no podremos cubrir las crisis de nuestros aliados-
Smith negó una vez con la cabeza.
-No sabía nada de eso-
-Nadie cuestiona su decisión de albergarlo, señor Presidente- dijo Karasu, mirándolo fijamente. -Sólo quiero su garantía de que no interferirá cuando sea forzado a tomarse unas vacaciones permanentes. Evidentemente, usted ni su Gobierno tendrá alguna implicación en el asunto. Quedarán libres de toda responsabilidad-
-Vacaciones forza...- Smith dejó la frase sin acabar y empezó otra. -No interferiré. Salvo en un supuesto-
Karasu esperó.
-Si su Santidad reclama seguridad especial, los Estados Unidos de Norteamérica se lo otorgará-
Karasu cruzó los brazos sobre el pecho.
-No estoy seguro de que ese privilegio exista aún. Y en el supuesto de que sea así, quizá descubra usted que negarse a satisfacer la petición de la [Khaos Brigade] es algo que no beneficia en mucho a sus intereses-
Smith hizo una expresión complicada.
-¿Es eso una amenaza, Karasu?- dijo por fin.
-Es un hecho. La [Khaos Brigade] ha tolerado bastante tiempo sus políticas a favor de la Gran Alianza. Por su propio bien, le ruego que no replique nada. La [Khaos Brigade] lamentaría mucho... que el Senado de los Estados Unidos presentara una moción de censura-
Smith lo miró escéptico. ¿Qué demonios estaba sugiriendo ese tipo? ¿Que la [Khaos Brigade] controlaba la mayoría del Senado? ¡Era imposible! ¡La [Khaos Brigade] está casi extinta! ¿Cómo es que tenía tanto poder? Debía ser una bravuconada por parte del emisario para convencerlo. Solo era un mero matón enviado para intimidarlo. Y no señores, Johann Smith era cualquier cosa excepto un cobarde.
-Habla de la [Brigada] como si tuviera el poder que tenía durante la Tercera Guerra Mundial, Karasu-
-Es más poderosa de lo que supone-
-¿Es por eso que se ha enrolado en sus filas?-
Issei se tomó un momento para responder.
-Mis decisiones son cosa mía. Los tiempos cambian, Señor. Haría bien en seguir la corriente-
Smith exhaló aire intencionadamente.
-Me arriesgaré a creer que la libertad aún existe- guardó silencio por un momento, deliberando. -No pretendo impugnar su autoridad, Karasu, pero preferiría consultar personalmente este asunto con Lord Beelzebub-
Issei apenas podía creerse lo que oía. ¿Acaso Smith intentaba obstaculizarlo intencionadamente, hacerle aparecer como un inepto a ojos de la [Brigada]? La ira se acumuló en él.
-[¿Pero quién mierda se había creído ese imbécil?]- dijo el Dragón Galés, indignado. –[¡Así no se le habla a un Dragón, y mucho menos a mí y a mi compañero! ¡MATALO!]
"Aunque admito que me gustaría romperle el cuello con mis propias manos, sería contraproducente. Suficientes problemas tengo con los descendientes de los Reyes Demonios clamando a gritos por mi cabeza. ¿Una superpotencia mundial siguiéndome los pasos? Ni hablar", pensó Issei con ira. Su orgullo como Dragón le exigía a gritos que asesinara a ese arrogante, pero su sensatez como humano y ex exorcista se lo impedía.
Apenas los turbios pensamientos de Issei lograron formularse en su cabeza cuando se oyeron las alarmas de seguridad de la Residencia Presidencial. El Jefe de Seguridad Zero se desplazó de inmediato al holoproyector de la sala, donde inmediatamente la imagen de un guardia de seguridad aparecía.
-Señor, tres seres sin identificar han accedido a la Residencia. Sus intenciones son desconocidas, pero su velocidad indica que no son humanos. La última vez que se los vio fue en el jardín. No parece que vayan armados-
-¿Tenemos imágenes de los intrusos?- preguntó Zero.
-Sí, señor- respondió el guardia.
-Muéstrelas- ordenó.
La imagen mostró dos seres, un varón y una mujer corriendo por uno de los pasillos.
-¡Congele la imagen!- dijo Karasu en voz alta; Zero acató la orden sin ser consciente hasta unos segundos después de haberlo hecho. –Céntrese en la mujer-
Smith estaba tan confuso como los demás. ¿Es que acaso Karasu conocía a los intrusos? ¿Eran los agitadores que la [Khaos Brigade] había enviado a exaltar los ánimos en la manifestación?
-Ángeles caídos- dijo Issei más para sí mismo que para los demás.
Los presentes no estaban seguros de haber oído bien a Karasu.
-¿Caídos? Eso es imposible-
-Han venido a escoltar a Su Santidad a Roma- explicó Karasu. –El Cielo teme por la seguridad del Santo Padre, pero parece ser que Su Santidad no quería implicarlo a usted en su huida-
La estancia se sumió en el silencio, pero sólo por unos segundos. Karasu se quitó la túnica, guardándola inmediatamente en una especie de cartucho de munición. La túnica negra de comprimió como si fuera absorbida por una aspiradora, y en un segundo desapareció. Karasu la guardó en uno de los bolsillos de su pantalón de combate, sin aquella protección se notaba que el hombre tenía una muy buena figura y cabello castaño rebelde.
-Lamento las molestias, señor Presidente-
Tras de decir esto, se dio media vuelta y salió de la estancia.
-¡Y una mierda! ¡Esto parece la Mansión de un Demonio de Clase Ultra-pija!- gritó Kalawarner corriendo por los amplios corredores de la zona Este del Palacio/Mansión del Presidente de los Estados Unidos. -¿Cuántos kilómetros tiene esta cosa? ¡Vamos corriendo diez minutos a máxima velocidad y seguimos sin encontrar rastros del pinche viejito!-
-¿Qué esperabas? Se dice que los Maou Ancestrales le regalaron esta Mansión al anterior Presidente por apoyarlos durante gran parte de la Guerra- contestó Dohnaseek. -¡Típico de un demonio! ¡De seguro tienen un complejo que les obliga a construir cosas enormes para no pensar en que la tienen del tamaño de un maní!-
Kalawarner conectó su comunicador y habló con Raynare.
-Ya casi hemos llegado, pero no hay rastros del vejete-
*Voy a reposicionar el jet, Kalawarner. Cerca del punto de encuentro hay una plataforma de aterrizaje privada para el jet del Presidente*
-¿Qué te hace pensar que te dejarán estacionar allí? Que yo sepa esta misión es secreta. Azazel-sama nos advirtió que negaría toda implicación en el asunto si nos atrapan-
*¡Pues que se jodan! Nada que un hechizo borrador de memorias no arregle*
-Entonces nos vemos allí. Cambio y fuera-
Cuando tuvieron a la vista la adornada entrada este, los tres redujeron la velocidad para examinar la situación. Un par de enormes puertas se abrían a una amplia escalera, cuyo último escalón daba a un camino pavimentado que llevaba a un puente arqueado que cruzaba un estanque en media luna. Al otro extremo del estanque, el camino llevaba a una puerta de la alta muralla. La plataforma de aterrizaje mencionada por Raynare estaba a unos cien metros de la muralla.
"Pinches gringos" pensaron al unísono ambos ángeles caídos admirando la ostentosidad del paisaje.
"Corrección, pinches demonios" replanteó Dohnaseek.
Dohnaseek examinó a los seres congregados en el estrecho puente y el verde césped que lo separaba de la muralla. Por fin su mirada encontró a un hombre bajo y de complexión delgada con una barba blanca y larga.
-Ése es el vejete- dijo señalando al viejo a su compañera.
-Y ahí vienen los problemas- dijo Kalawarner, señalando a cuatro guardias que corrían hacia la puerta, con rifles colgados de los hombros.
-Tenemos que actuar ya- replicó Dohnaseek. -Antes de que lleguen más-
Kalawarner creó dos lanzas de luz, una en cada mano.
-Se ve que no podremos hacer esto sin incidentes-
Dohnaseek suspiró. Esos rifles no eran rivales contra una lanza de luz, y esos guardias ni siquiera eran un calentamiento para los caídos en cuestión de fuerza. Dohnaseek dio un paso hacia las puertas, se paralizó y retrocedió, pegándose a la pared. Estaba tan pálido como si hubiera visto al mismísimo Diablo.
Kalawarner le miró desconcertada.
-¿Qué...?-
-Inquisidor- consiguió decir Dohnaseek.
Kalawarner abrió mucho los ojos.
-¿Un inquisidor? Déjame ver...-
-No es de los nuestros-
Kalawarner miró a Dohnaseek con cautela.
-¿Un renegado?-
-Probablemente haya sobrevivido al exterminio de la Sección XIII- teorizó. -Podrían haberlo contratado para asesinar al vejete-
-La verdad es que no importa- dijo Kalawarner. -Lo importante es que está aquí-
Dohnaseek creó una espada de luz, empuñándola con fuerza.
-Lo distraeré lo suficiente para que puedan escapar-
-¿Estás seguro?-
-Por supuesto que no-
Issei se movía por los pasillos de la Residencia Presidencial con la mano empuñando una espada de luz y con sus cinco sentidos amplificados por el uso del Senjutsu, percibiendo con mecánica precisión cada sonido y olor, cada movimiento fugaz. Fuera de la Mansión, los manifestantes continuaban su marcha y sus clamores. Dentro, los guardias y demás personal corrían por todas partes, parándose sólo para quedarse mirando y apartarse de su camino. La mitad de ellos buscaba a los intrusos y todos iban desencaminados. Pero, claro, carecían de la empatía de Issei por todo lo que tuviera presencia sobrenatural.
También pesaba el hecho de que Issei sabía cómo pensaba un soldado, inconscientemente claro. Sintió una presencia sutil y se detuvo. Al mismo tiempo, alguien gritó detrás de él.
-¡Renegado!-
Karasu encendió la espada de luz y dio media vuelta con una pronunciada vena palpitante en la cabeza. Estaba cabreado, muy cabreado. Jamás le habían gustado los apodos. Ni siquiera las dos exorcistas que había liquidado antes de entrar a la [Facción de los Héroes]. Y hablando de ellas, las dos espadas de luz que portaba originalmente les pertenecían a aquellas dos niñas; Erza y Asuna si mal no recordaba.
Ahora que comenzaba una nueva vida, se había propuesto iniciar nuevos hábitos: uno de ellos sería coleccionar las espadas de luz de los exorcistas que liquidara. Dohnaseek estaba parado con las manos en los costados, en el cruce de dos pasillos, uno de los cuales llevaba a la puerta este de la Mansión, el otro al Salón de Baile. Era un caído… genial. ¿Qué iba a coleccionar? ¿Su sombrero de los años dorados de la Mafia o un par de plumas para el llavero de su pequeño apartamento? ¡No! ¡No era lo mismo! ¡Maldita sea! Y ahora que lo recordaba…
"Pinches demonios ultra pijos" pensó Issei con un tic en el ojo. La Residencia Presidencial era demasiado grande y ostentosa para su humilde gusto. ¡Se había demorado tres horas buscando al Presidente por toda la #$%! ¡Por favor! ¿Salón de Baile? ¿Era enserio? ¡Era completamente inservible! Su rabia alimentaba su odio, y su odio asimismo alimentaba su poder.
Entre más furioso estuviera, más poderoso se volvería. El odio era el combustible esencial para desatar el poder del Dragón. Por supuesto que la Iglesia le había enseñado (probablemente, no estaba muy seguro) a canalizar su ira sin perder la cordura. Si no lo hubiera hecho, dudaba mucho que hubiera llegado hasta donde estaba ahora.
[¡EL QUE TE ENSEÑÓ A CANALIZAR TU IRA FUI YO, MOCOSO DESAGRADECIDO!]
"Ok, ok… no te enfades conmigo. Si quieres desatar tu ira, ayúdame con este cuervo"
[Hmp, con todo lo que hemos pasado dudo mucho que este debilucho sea un problema]
"¿?"
[Lo recordarás pronto… espero]
Por otro lado, era evidente que habían encontrado al Sumo Pontífice, en ese momento hasta podían estar sacándolo del país, o el caído no se habría mostrado así. "Qué anticuados"
-Así que eres el cebo- dijo Karasu al cabo de un momento. -Es un truco muy viejo, caído. Un truco que yo mismo he utilizado. Y esta vez no funcionará-
-Tengo un plan de reserva-
Dohnaseek apuntó el filo de su arma de luz hacia el exorcista renegado.
Karasu se fijó en el arma.
-Veo que has abandonado el viejo estilo rastrero de atacar a distancia-
-Pero no por mucho menos letal- Dohnaseek se tomó un momento para mirar por el pasillo que conducía fuera de la Mansión. -Ya sabes cómo es eso, renegado. Para nuevos tiempos, nuevos trucos. Aunque claro, puede que no lo sepas- añadió con sorna: -A un perro viejo no se le enseñan trucos nuevos tan fácilmente-
Karasu empezó a andar hacia él.
-No estés tan seguro. Tu arrogancia será tu ruina-
-Sólo queremos ayudar al vejete a volver a su casa- dijo Dohnaseek, retrocediendo lentamente por el pasillo. -¿Por qué no lo dejas en paz? Seguramente va a palmarla uno de estos días-
-La [Brigada] tiene motivos para solicitar la defunción del Sumo Pontífice-
-¿Y tú haces todo lo que te dicen como un niñito bueno?- dijo el caído con burla, intentando provocarlo. Pero no logró su objetivo. Es más, solo provocó que el portador del Dragón Galés se volviera más fuerte.
Karasu ya estaba en el cruce de pasillos y pudo darse cuenta de que el caído sólo esperaba una oportunidad para salir corriendo. Muy detrás de él, al otro lado de un puente que atravesaba un estanque, una de sus cómplices mantenía a raya a cuatro guardias a punta de lanza mientras prácticamente arrastraba al pobre Papa hacia una puerta en la muralla defensiva de la Mansión, al otro lado de la cual seguramente tendrían un jet esperándolos.
Dohnaseek lanzó su espada hacia la máscara del exorcista, y echó a correr. Su cómplice también se puso en movimiento, dejando a los guardias inconscientes con una lanza de luz lanzada en el momento justo y corriendo hacia la puerta abierta.
Karasu inclinó la hoja de su espada y desvió el arma de luz en dirección al caído, pero éste saltó y se movió consiguiendo evadirla. Karasu saltó a su vez, y su fuerza lo llevó hasta lo alto de un corto pero ancho tramo de escalones a tiempo de ver cómo el caído cruzaba el puente a velocidad sobrenatural, haciendo señas a su cómplice para que el Papa cruzara la puerta de la muralla. Karasu volvió a saltar, esta vez hasta el puente, y aterrizó a escasos metros de Dohnaseek, que se volvió, posó una rodilla en el suelo y lanzó varias lanzas de luz. Esta vez, Issei decidió mostrar al cuervo con quién se enfrentaba.
Apartó su espada de luz y alzó la mano derecha ([Longinus] activada camuflada con genjutsu) para desviar las lanzas. Dohnaseek, claramente sorprendido, mantuvo la rodilla clavada en tierra, pero por poco tiempo. No tardó en cruzar la puerta y abrirse paso entre la multitud que había al otro lado de la muralla.
El último salto de Karasu lo depositó junto a la muralla. Por encima de las cabezas de la multitud, pudo ver en una plataforma de aterrizaje a una joven de cabello negro y ojos violetas gesticulando frenéticamente en dirección a Dohnaseek y a su cómplice, que ya subían al Sumo Pontífice por los escalones de la plataforma.
"Demasiado fácil", se dijo Issei. "Es hora de acabar con esto... ¿lista, Clarent?"
[¡SIIIIIIIIIIIIIII! ¡ESTAMOS DE VUELTA, P*TOS!]
Parte V
Dohnaseek lanzaba ingentes cantidades de lanzas de luz mientras corría hacia la puerta de la muralla. Si su retirada era catalogada como una cobardía por parte de Raynare, o Mittelt, o incluso Kalawarner, que así fuera. Era evidente que al Inquisidor no le detendrían las armas de luz, y que él estaba muy lejos de estar a su nivel. Una vez al otro lado de la puerta, empezó a zigzaguear ente la densa multitud. Al ver sus armas de luz, muchos de los manifestantes se apresuraron a abrirle paso. Volar sería un suicidio; le haría blanco fácil. Gracias a aberturas entre la multitud, Dohnaseek pudo ver a Raynare, Kalawarner, Mittelt y el santo vejete ya en la plataforma de aterrizaje, gesticulando desesperadamente que se diera prisa.
Dohnaseek se detuvo a medio camino de las escaleras que llevaban a la plataforma de aterrizaje para echar lo que esperaba sería un último vistazo al exorcista renegado, todavía en terrenos de la Residencia, a un par de metros de la puerta de la muralla. Más interesante le resultó ver que una gruesa puerta metálica descendía rápidamente desde la parte superior de la entrada.
La Residencia Presidencial se estaba sellando, ¡y el renegado se arriesgaba a no poder cruzar la puerta a tiempo!
Al darse cuenta de ello, el Inquisidor empezó a moverse con más rapidez. Un salto lo llevó hasta la muralla, justo ante la descendente puerta, y allí hizo algo tan inesperado que Dohnaseek necesitó un momento para entender lo que pasaba.
El Inquisidor sacó de su manga una espada de oro ceremonial y la arrojó al aire.
Por una fracción de segundo, Dohnaseek pensó que era un gesto motivado por la rabia. Pero entonces, aterrado, se dio cuenta de que el Inquisidor había apuntado. La hoja dorada giró por debajo de la puerta de seguridad, volando sobre la multitud en una trayectoria que la llevó al norte de la plataforma de aterrizaje. Y entonces, al llegar al extremo de su arco, siguió girando, pero volviendo como un bumerán.
"¡Pero qué…!"
Dohnaseek corrió hacia lo alto de las escaleras, con la mirada clavada en la hoja giratoria y el corazón golpeándole en el pecho. La hoja volvió hacia la plataforma de aterrizaje, se acercó tanto a Dohnaseek que éste pudo oírla zumbar en el aire y giró con tanta rapidez que parecía un disco de color dorado. "Como el sol..."
Eso fue lo último que vio el ángel caído Dohnaseek antes de que [Clarent], la espada de Sir Mordred ahora propiedad de Issei Hyoudou, le cortara la cabeza limpiamente. Tomando su primera víctima golpeó seguidamente al Papa Juan Pablo III, abriéndole una profunda herida en el pecho y casi decapitándolo.
Luego, sin pararse, golpeó a una desprevenida Raynare en la espalda y completó su rápido y letal círculo chocando contra la parte superior de la puerta de la muralla ya blindada, donde se clavó con un estruendo metálico, cuarteándola horriblemente en el proceso.
Horas más tarde, se confirmaba la defunción de 267avo Papa Juan Pablo III a causa de un infarto durante su pacífico viaje de regreso a Roma. Tenía 95 años.
Bueno, bueno, bueno. ¡Hola! (ALERTA DE CLICHÉ)
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Sip, no soy bueno con las palabras. En fin, como verán comenzamos con la trama de este pequeño proyecto. ¿A que nadie se esperaba una Tercera Guerra Mundial y el asesinato del Papa, no? Hay muchas sorpresas por delante, muchos misterios que el tiempo irá resolviendo. Sobre la personalidad de Issei me basé en lo visto en las Novelas Ligeras.
¿No han notado que Issei es un… poquito temperamental? Cito el Volumen 16, donde mentalmente Issei pensó que Elmehilde (la vampirita pura sangre que… mejor no les hago spoiler) er una "zo**a" solo por unas pocas frases de ella al meterse con él directamente y con Gasper. Vamos, ¿no me digan que cualquier ser humano se molestaría bastante si lo insultaran, o aún más a un ser querido? Es cierto, hay algunos que reaccionan de manera violenta, otros más "diplomáticos" y otros (como yo) simplemente les llega al pincho lo que digan. En el caso del Issei de esta historia, es temperamental como en las Novelas pero más "calmado" a la hora de actuar. En mi opinión, una combinación peligrosa.
Pues en fin, ¿qué les pareció? ¿Bueno? ¿Malo? ¿Puede mejorar? ¿Alguna incongruencia? Dejen sus comentarios en los "reviews", creo que a estas alturas deberían saber que me encanta leerlos, me inspiran bastante a escribir. Y no se preocupen, el siguiente capítulo de "El Príncipe de las Tinieblas" estará listo en unos días (aproximadamente).
¡Y antes que me olvide! ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS POR LOS REVIEWS, FAVS, FOLLOW (entre muchos otros) PARA ESTA HISTORIA! ¡LOS AMOOOOOOOOOOOO! :)
Respondiendo reviews:
Eien no Hiryu
¡Querido amigo, hace un año que no te veía! (*cof* *cof* que mal chiste *cof* *cof*) Me alegra que te guste esta historia, gracias por darle una oportunidad. Te doy la razón, los fics en donde Issei es exorcista son taaaaaan escasos (o por lo menos los que he tenido el placer de leer, corrígeme si me equivoco porque hasta donde yo sé son poquísimos) que parecen en peligro de extinción. ¡Vamos, reactivemos esa loca imaginación para que el Fandom de DxD crezca! ¡Eso me llena de determinación! (ya tu sabes a qué me refiero) En fin, ¡gracias!
Guest
Jejejejejejeje… nadie te malinterpreta, jejejejeje. Pensé que nadie más se daría cuenta de eso, en verdad me alegra que por lo menos alguien lo haya notado. Me declaro fanático de Star Wars, en lo personal me encanta. Wikipedia… Wikipedia… la verdad es que yo tampoco sabía mucho de la espada Clarent hasta leer las historias de Aerth. Si te soy sincero, no tenía ni la más remota idea que esa espada existía, dudé muchísimo de su existencia. Busca en Google "El Alquimista Clarent" y entra a la primera página que debería ser una Wiki. Sobre la leyenda, en verdad es que no me convenció la narrada por la Wiki así que me la inventé. Usé la leyenda de Excalibur de una de las tantas películas basadas en la espada y la adapté a mi historia. Es más, pienso incluir las otras armas de Arturo. ¡Gracias por darle una oportunidad a la historia!
Nico48825
¡Graciaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas!
Madarax
¡Gracias! ¡Me alegra que te guste la historia!
KevinB2
¡Muchas gracias, amigo mío! Sobre si será harem… probablemente no. Digo, mi Issei (el de esta historia) es cura, ¡es un sacerdote! Dudo mucho que a corto plazo piense en darle un harem. En todo caso será una sola pareja (a menos que me convenzan de lo contrario, ya sabes lo que tienes que hacer, jejejejeje). Nah, ni siquiera se me pasó por la cabeza cambiarle la apariencia, ¡ni que hubiera estado en el mismo proyecto con Freed y Siegfried! No, su apariencia se mantendrá igual solo que como después del Volumen 05 (en otras palabras con mucho más músculo) y el cabello sin peinar. ¡Feliz Año Nuevo con 30 días de retrasoooooooooo!
Lux-kun
¡Gracias por la oportunidad!
ReyEvolution
¡Hola, querido amigo! ¡Me alegra que le hayas dado una oportunidad a esta historia! Sip, efectivamente, el recurso de la "pérdida de memoria" da mucho que trabajar. No es muy usado en este fandom (por lo menos que yo sepa) así que bueno, a innovar. Nah, tampoco fue para tanto. Erza y Asuna siempre vivirán en nuestros corazones, jejejeje. ¿Trama? Ummm… solo el futuro nos lo dirá. ¡Gracias por darle una oportunidad a la historia!
Antifanboy
En primer lugar, ¡muchas gracias por darle una oportunidad a esta historia! Ahora sí. Veamos, en un principio pensaba convertirlo en Dragón, pero luego recordé que la [Hero Faction] no acepta seres sobrenaturales así que no lo hice. Sí, Issei sigue siendo humano con rasgos de dragón, pero humano a fin de cuentas. Si fuera Dragón Cao Cao jamás lo hubiera aceptado, es más; lo habría asesinado apenas lo vio. Muchas gracias por el comentario, y reitero mi agradecimiento por darle una oportunidad a la historia.
Izanami123
¿Ahhhhhhh? ¿Yo compararme con Seky? ¡Ese hombre está en un nivel muy superior al mío, es de lo mejor que he visto en mi corta estancia en este Fandom! Hey, agradezco el gesto de todas formas. ¡Me halagas! En fin, muchísimas gracias por darle una oportunidad a esta historia y la otra (El Príncipe de las Tinieblas). ¡Espero seguir contando con tu apoyo!
Pues nada, nos vemos en el siguiente capítulo. Cualquier fallo argumental, horror ortográfico o crítica constructiva por favor dejarla en los reviews.
Gracias, ¡nos vemos!
