Capítulo 2

Nota: En su forma humana, Rei tiene el cabello negro; ojos marrón chocolate; piel morena y un pequeño pendiente plateado en forma de aro, situado en la oreja izquierda. Va vestido con una camiseta azul, una sudadera verde y amarilla, y unos pantalones vaqueros de color azul. En su forma de caballo, su pelaje es castaño oscuro; las crines largas y negras; ojos marrones y también lleva el pendiente.

Un joven de unos veinte años, de pelo castaño, ojos marrones y de cuyo cuello colgaba un collar negro paseaba por las calles de una bulliciosa ciudad. En sus manos llevaba un perrito caliente.

-¿Dónde estará ese idiota? Llevo una hora buscándole - pensó.

El chico se ocultó en un callejón y dejó su comida en el suelo.

-Voy a llamarle.

Su cuerpo se encogió y se puso a cuatro patas, sustituyendo sus ropas por un pelaje abundante de color castaño avellana y sus ojos pasaron de ser marrones a dorados, hasta transformarse en un lobo por completo. Levantó el hocico y aulló sonoramente.

-¡Reiiiiiiiiiii!

A poca distancia de allí, otro muchacho escuchó el aullido.

-¡Vaya! ¿Ya regresó?- se dijo a la vez que corría hacia el lugar del que provenía la llamada.

El chico corría tan rápidamente que la gente que lo veía pasar se apartaba por miedo a tropezar con él. Cuando llegó hasta el lobo, éste había vuelto a transformarse en humano.

-Ya te vale, Rei. He estado bastante tiempo buscándote y ni rastro de ti- le dijo el lobo.

-Lo siento, Hige. Es que estaba buscando comida. Ya sabes que tú y yo no tenemos los mismos gustos alimenticios- respondió el moreno.

- Lo sé, pero por lo menos avísame si vas a estar fuera tanto rato, hombre.

-De acuerdo.

-Ay ¬¬. Yo he conseguido un perrito caliente, ¿y tú?

-Una zanahoria y una barra de pan.

-Bueno, tienes más comida que yo. Creo que no hará falta que salgamos más hoy a por alimento.

Ambos amigos comenzaron a comer sus respectivos botines. Hige terminó antes que Rei, pero se quedó con hambre.

-Toma- el moreno le ofreció la mitad de su pan al lobo.

-Pero es tu comida.

-No acepto un no por respuesta.

-Gracias, colega.

Hige devoró el pan con avidez, ya que no había comido mucho ese día. Cuando terminaron de comer, ya estaba anocheciendo.

-Creo que deberíamos ir buscando un lugar para dormir- sugirió Rei.

-Sí, vamos.

Los chicos cruzaron las calles en busca de un buen refugio y cuando llegaron a una callejuela oscura, se toparon con un muchacho vestido de negro, de pelo gris, ojos dorados y con una extraña cicatriz en forma de X situada en el pecho.

-¿Eh? Pero si tú eres…- dijo Hige atónito al desconocido.

-¡Al fin una presa digna!- gritó el chico de la cicatriz a la vez que se abalanzaba contra Rei.

-¡Rei, cuidado!

El moreno observó como el agresor se convertía en un enorme lobo gris que trataba de morderle el cuello. Rei esquivaba lo que podía los ataques, pero pensó que lo mejor sería contraatacar. Su cuerpo se agrandó, su ropa fue sustituida por un corto pelaje de color castaño oscuro, su pelo creció hasta formar una melena larguísima y sus extremidades se alagaron formando cascos, hasta tomar la forma de un enorme caballo. El lobo gris se lanzó contra su grupa, pero Rei le coceó con fuerza, haciéndole un enorme moratón en el costado.

-Mi… mierda- dijo dolorido el animal recobrando su disfraz humano.

-La próxima vez te lo pensarás mejor antes de intentar devorar a mi amigo- se burló Hige.

-¿Desde cuándo los lobos son amigos de unas presas como los caballos? Insultas a tu especie, muchachito- le contestó el gris mientras se marchaba tambaleándose.

Al oír esto, el lobo castaño se quedó en silencio y agachó la cabeza con tristeza.

-No le hagas caso, Hige. - Rei trataba de animar a su compañero, sin éxito.

Al final, encontraron un refugio en una casucha abandonada junto al enorme edificio del laboratorio de la ciudad, que desprendía un agradable olor a flores. Rei no tardó en dormirse, pero Hige, acurrucado entre las patas del corcel, no dejaba de pensar en lo que le dijo el lobo gris. Era verdad que resultaba raro ver a un lobo con un caballo, pero Rei había sido su amigo desde hacía tiempo. Durante meses habían vagabundeado por las ciudades y los bosques en busca de un buen lugar donde vivir, y lo habían conseguido juntos. Aunque resultase extraño pensarlo, Hige y Rei parecían hermanos más que amigos.

A la mañana siguiente, Hige y Rei fueron a dar una vuelta por la ciudad en busca del desayuno. Unos minutos más tarde, lograron hacerse con un trozo de carne y unas manzanas, y se escondieron en la casa abandonada.

-Hoy es nuestro día de suerte, Rei. Esta comida no es tan fácil de encontrar.

-Cierto, hace tiempo que no pruebo las manzanas.

El moreno engulló la fruta rápidamente y Hige hizo lo mismo con la carne.

-Vamos, jamelgo. Quiero ver si hay más lobos por aquí- dijo el lobo irguiéndose.

Rei obedeció y siguió a su amigo por la ciudad durante unas horas, pero no encontraron el rastro de ningún otro lobo aparte del gris que les había agredido el día anterior. Decidieron parar en un callejón para descansar, pero de pronto escucharon un disparo acompañado de un aullido lastimero.

-¿Oíste eso, Rei?

-Sí, ¿qué habrá ocurrido?

-Vamos.

-Pero, ¿y si nos matan?

-¿No hueles eso? Es sangre de lobo.

El caballo castaño aspiró el aire.

-Tienes razón.

-Pues venga, apúrate.

Ambos animales siguieron el olor hasta el edificio del laboratorio.

-Ese lugar me da mala espina, Hige.

-No tenemos otra elección, el lobo está ahí dentro. Tenemos que salvarlo.

-Ay ¬¬. Vale.

Los dos jóvenes entraron en el edificio y cruzaron los numerosos pasillos sin levantar sospechas. El rastro de la sangre les guió hasta un cuarto donde había una jaula, con un lobo blanco dentro. Hige se acercó a él y se agachó a su altura mientras que Rei vigilaba.

-Hola, amigo- le saludó Hige.

-¿Quiénes sois?- preguntó incrédulo el lobo blanco.

-Yo soy Hige y él es mi colega Rei.

- Tú eres un lobo, ¿verdad?
-Sí.

-¿Qué haces con un caballo como amigo?

-Por cosas de la vida.

-¿Y por qué no estáis en vuestra verdadera forma?

-Es la única manera de sobrevivir.

-¿Para vivir entre inmundos humanos y renunciar a vuestra raza?- el lobo blanco comenzó a gruñir.

-Tú también deberías disfrazarte, de lo contrario estás en peligro.

-¡Habéis perdido vuestro orgullo!

-Eres un poco rarito. ¿Ese orgullo de qué te va a servir si mueres?

El lobo enjaulado calló, lo que decía Hige era cierto. De repente, empezó a sonar la alarma, advirtiendo de que alguien estaba intentando robar en el edificio.

-¡Rápido, vámonos!- gritó Rei.

El lobo blanco mordisqueó los barrotes de la celda hasta que cedieron lo suficiente y pudo salir. Una vez fuera, se transformó en humano y se alejaron del laboratorio sin que nadie se diese cuenta. En la casa abandonada, los chicos hablaron con el nuevo.

-¿Cómo te llamas?- preguntó el lobo castaño.

-Mi nombre es Kiba, y vengo de una tierra lejana.

-¿Qué te ha empujado a venir aquí?- preguntó Rei.

-El olor de una flor.

-Nosotros también lo notamos, pero no sabíamos que fuese tan importante. Por cierto, ¿adónde tienes pensado ir?

-Al Paraíso.

-¿Al Paraíso?

-Desde que era pequeño, siento una voz que me dice que lo busque. Y esa voz me ha traído hasta aquí y me dice que esa flor es la clave para encontrar el Paraíso.

-El Paraíso, parece muy interesante- dedujo Hige.

-¿Y esa flor, es Cheza?- preguntó el caballo.

-¿Cheza?- Kiba se quedó sorprendido al oír ese nombre.

-Es una chica-flor, o eso dicen- le aclaró Hige.

-Pues iré a por ella.

-¡¿Qué? ¿Estás loco? ¡Es imposible entrar ahí!

-Pero vosotros lograsteis colaros sin problemas, ¿no?

-Pero eso fue pura suerte, durante el día ese sitio suele estar bien vigilado. Y el laboratorio es el lugar más inaccesible.

-Yo no pienso quedarme aquí de brazos cruzados. Por mucho que me digáis, iré a por Cheza.

-Ay ¬¬. Haz lo que quieras- concluyó el lobo castaño tumbándose junto al vientre de Rei.

Los dos lobos se durmieron pronto, pero Rei se quedó un rato pensativo. ¿Deberían dejar que Kiba se fuese a ese lugar sólo? Y lo ir al Paraíso, ¿podrían ir Hige y él también? Algo le decía que acompañar a Kiba tal vez sería lo mejor que podían hacer, en lugar de quedarse en aquella ciudad repitiendo la misma rutina una y otra vez. Y si ya se habían encontrado con dos lobos, ¿habría más?