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Capitulo 2
Inevitable atracción.
-Ese rubio se mueve muy bien- dijo Gabriel sentándose junto a Castiel en la barra- ¿Qué ocurre, Cas?-
-Nada…-
-¿Seguro?-
-Sí-
-Vamos a bailar, Cas, no puedes quedarte aquí toda la noche-
-Estoy bien- dijo manteniendo la mirada en el rubio.
Castiel centró toda su atención en el rubio misterioso, bailaba de una manera de muy insinuante y su hermano tampoco lo hacía mal, tenía al rubio por la cintura mientras bailaban. Castiel no entendía que había ocurrido pero por unos instantes, fue como si una corriente eléctrica recorriera su cuerpo y todo por tan maravillosa vision. Prefirió dejar de pensar en eso, seguro que el rubio se había ofendido cuando no respondió a su invitación de bailar pero es que estaba tan embobado por la cercanía.
Unos minutos después, Balthazar se acercó a ellos para pedir una cerveza. EL rubio estaba bailando con un hombre que no perdía el tiempo en preámbulos y se le insinuaba descaradamente.
-Sí que sabe moverse ese rubio- dijo Balthazar mirando hacia la pista de baile- Sin duda me lo llevaré al cuarto oscuro antes de que termine la fiesta-
-Balthy, no digas esas cosas- lo regañó Castiel.
-Vamos Cassie, si estamos aquí para divertirnos y tú deberías hacer lo mismo-
Castiel miró a sus hermanos que fueron por diferentes lugares para bailar con otras personas. El menor se centró de nuevo en el rubio que parecía algo agobiado por la insistencia del hombre. Se levantó de su lugar para caminar hacia ellos.
-Vamos rubio, podemos pasar un buen rato juntos- dijo el desconocido.
-No gracias, no me interesa-
-No seas frígido, te haré sentir muy bien- dijo mientras bajaba una mano al trasero del rubio.
-Suéltame- el rubio lo apartó enojado- No me interesas-
Se dio la media vuelta rápidamente, Castiel no alcanzó a moverse y ambos chocaron. El rubio lo observó durante unos segundos y luego bajó la vista avergonzado.
-Lo siento mucho, no te vi, ¿Te hice daño?-
-No…- Castiel vio como el hombre se iba maldiciendo por lo bajo- ¿Estás bien? Ese hombre-
-Sí, no es nada, solo otro pervertido más, nada serio-
-¿Te pasa muy seguido?- pregunto Castiel mirándolo fijamente y sonrió un poco ante la vergüenza del rubio.
-Sí… a veces pienso que me ven como una puta- Castiel se rio.
-Claro que no, es que eres demasiado lindo, eso es todo- Dean enrojeció al instante y se frotó la nuca nervioso.
-Bueno… tú también eres muy lindo…-
-Pero yo no atraigo pervertidos como tú-
Castiel sonrió ante la vergüenza del rubio, no le extrañaba que tanto pervertido lo rondara, si parecía el pasivo perfecto para llevarse al cuarto oscuro. Se quedó mirando esos labios durante unos segundos y luego esas esmeraldas. Sin duda ese hombre lo hacía sentirse extraño, muy extraño.
-Mmm… ¿Quieres bailar?- pregunto Castiel sin pensarlo mucho.
-Claro… me encantaría- respondió bajito Dean.
Ambos comenzaron a bailar al ritmo de la música, no fue algo que planearan pero al primer roce, al primer piel contra piel, una corriente eléctrica recorrió sus cuerpos y se miraron fijamente. Castiel dejó de pensar para rodear esa estrecha cintura mientras sus bocas se fundían en un beso.
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El primero beso fue demoledor para Dean, esa boca sabia a gloria y era mucho mejor de lo que imaginó. Cerró los ojos para disfrutar del primer beso estaba seguro que podría hacerse adicto a esa boca. Las manos que estaban en su cintura, lo sostuvieron con fuerza y un gemido escapó por sus labios. El hombre de los increíbles ojos azules lo observó unos segundos antes de arremeter contra sus labios con mayor fuerza, pasión y lujuria.
-Dios…- susurró Dean agitado- Besas increíble…-
-Tú boca es fantástica- contestó Castiel agitado- Nunca me cansaría de probarla-
Ambos volvieron a besarse mientras se restregaban contra el cuerpo ajeno. Estuvieron así por varios segundos, mirándose, rozándose, besándose e intercambiando caricias cada vez más subidas de tono. Dean no supo quien lo dijo pero ambos terminaron yendo hacia el cuarto oscuro y entraron a la primera habitación que encontraron libre. Ese hombre lo estaba volviendo loco, esos besos lo estaban llevando al cielo y esas caricias lo hacían jadear deseoso por más.
-Me estás volviendo loco, ojitos azules-
-No eres el único-
Dean fue despojado de su camisa y le desabrocharon el pantalón. Las manos calientes de ese hombre lo estaban enloqueciendo. Lo empujó sobre la cama para dejarlo sentado y se arrodilló entre sus piernas para desabotonarle la camisa y besar ese firme abdomen.
-Sí…- gimió Castiel.
El rubio le quitó la camisa y se irguió para lamer esos pezones, haciendo que el hombre gimiera con fuerza. Le desabrochó el pantalón para quitárselo con prisa junto con la ropa interior y sin más preámbulos, bajó su boca para tragar la virilidad del hombre. El gemido que escuchó como respuesta, lo enloqueció y aumentó la fuerza en su boca, usando su lengua para darle mayor placer a ese hombre que lo estaba volviendo loco.
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Castiel creyó alcanzar el cielo por culpa de esa caliente boca que tragaba su virilidad con ímpetu. Llevó su mano derecha tras la nuca del rubio para imponer un rimo más rápido, se sentía demasiado excitado como para pensar con claridad, solo quería saciar el deseo que sentía, apagar el fuego que amenazaba con quemarlo vivo.
Unos segundos después tuvo que apartar al rubio por el cabello o acabaría corriéndose antes de llegar a la mejor parte. Le ordenó que se le levantara y lo empujó sobre la cama sin ninguna delicadeza. Hace mucho que había dejado de razonar, solo estaba guiándose por el placer que sentía y ese extraño deseo que afloró en él cuando se vieron por primera vez.
Sin mediar palabras, tomó el lubricante que había sobre el velador junto con un condón. Se acomodó entre las piernas del rubio y esparció el lubricante en sus dedos para comenzar a penetrarlo con un dedo.
-Oh Dios… Sí… Mmm…- Castiel se inclinó para lamer ese firme torso y se centró en esos sensibles pezones- ¡Sí! Más… por favor…-
Los gemidos del rubio era el mejor afrodisiaco del mundo. Se apresuró en prepararlo y luego se apartó un poco para ponerse el condón y esparcir el lubricante sobre él. Dean jadeaba como si le faltara el aire mientras lo observaba con los ojos entreabiertos.
-Tienes razón- le susurró Castiel al oído mientras lo tomaba por los muslos.
-¿En qué…?- preguntó agitado el rubio.
-En que eres una puta-
Castiel lo penetró con fuerza y el rubio arqueo la espalda gimiendo de placer mientras apretaba las sabanas. Castiel no le dio tiempo de acostumbrarse y comenzó a embestirlo con fuerza, se sentía demasiado excitado y los gemidos del rubio no ayudaban a calmarse. Se inclinó para morder su cuello.
-¡Por favor más…! Dios… eres increíble… increíble…- dijo entre gemidos Dean.
-Estás tan estrecho- le susurró Castiel al oído- Dios… me vas a volver loco-
Ambos se miraron perdiéndose en los orbes ajenos y todo a su alrededor desapareció, solo estaban ellos dos, disfrutando de un magnifico sexo con un completo desconocido, que en ese momento, parecían conocer de toda la vida. Cada uno sabía perfectamente que hacer para sobre excitar al otro y hacerlo gritar de placer.
Castiel observó al rubio que estaba gritando y gimiendo como poseso al ser embestido directo a su punto de placer. Castiel se inclinó para afirmar su frente contra la del rubio mientras gemía excitado, se sentía increíble estar de esa forma en ese estrecho interior, era increíble. Y el rubio era tan sumiso, que despertaba un deseo de posesividad y dominancia que jamás creyó poseer.
-Dios… eres una puta, una jodida puta- gimió en el oído del rubio que se estremeció moviendo sus caderas más rápido.
-Sí… soy una puta, por favor… por favor, ¡Sí! ¡Oh Dios, por favor más! ¡Más fuerte! ¡Follame más fuerte!-
Castiel estaba perdiéndose en ese espiral de deseo y excitación. El rubio lo abrazó por el cuello para apretar las piernas contra sus caderas, estaba tan cerca del orgasmo y Castiel también. El rubio levantó un poco la cabeza y Castiel aprovechó para quitarle ese molesto antifaz, quería deleitarse con ese rostro. El rubio se dejó hacer y lo miró gimiendo.
-Tú también… por favor… quiero verte…- suplicó Dean y Castiel se quitó el antifaz con una mano para volver a embestirlo con fuerza- Eres…hermoso… increíblemente… ¡AH! Hermoso…-
-Y tú… esa cara… esos labios…- gimió Castiel- Eres hermoso… una puta hermosa- Dean gimió cerrando los ojos- Dilo…- Castiel gimió- Di que eres una puta y te encanta que te follen duro-
-¡Ah!- Dean cerró los ojos- Soy… una puta y me encanta… ¡Oh Dios!... me encanta… que me follen duro-
Castiel sonrió complacido ante la sumisión del rubio y lo arremetió una última vez mientras alcanzaba el orgasmo. Dean cerró los ojos, arqueo su espalda con fuerza y abrió la boca gimiendo roncamente mientras acababa entre los abdómenes de ambos. Castiel observó ese hermoso rostro, las mejillas sonrojadas, la respiración agitada y los ojos entreabiertos.
-Eso fue increíble… ojitos azules- Castiel sonrió.
-Tienes razón…-
Castiel se levantó para quitarse el condón y tirarlo al papelero. Recogió su ropa del suelo cuando dio con su celular y observó que tenía un mensaje de Sam. Se colocó pálido en el acto y se volteó a mirar al rubio, ¿Qué demonios había hecho?
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Dean vio el momento exacto en que el hombre se tenso y luego se volteó a mirarlo, estaba muy pálido y parecía haber visto un fantasma o al mismísimo demonio. Dean se incorporó sobre la cama observándolo.
-¿Estás bien?-
-Yo… esto no…-
Vio como el hombre se vestía rápidamente para luego salir corriendo de la habitación. Dean se apresuró en colocarse la ropa y lo siguió sin encontrarlo. Buscó en la pista de baile y la barra pero no había señales de su hombre misterioso. Fue a sentarse resignado junto a Crowley y Meg.
-¿Dónde estabas, Dean?- pregunto Crowley- Te desapareciste por más de una hora-
-Creo que… enamoré a primera vista- Meg y Crowley intercambiaron una mirada.
-¿Disculpa?- soltó Meg mirándolo- ¿Cómo que te enamoraste?-
-No lo sé, fue extraño… esos ojos… esa boca… y el sexo fue maravilloso-
-¿Te acostaste con un desconocido y te enamoraste?- pregunto Crowley incrédulo- ¿Acaso te golpeaste la cabeza, Dean? Nadie se enamora de un extraño, ni mucho menos de uno que te acaba de follar, solo fue algo del momento-
-No… fue extraño… ni yo lo entiendo-
-¿Y dónde está el hombre que te enamoró?- pregunto Meg.
-No lo sé… salió corriendo del cuarto-
-Ya, solo fue una follada, Dean, no te hagas ilusiones-
Dean asintió resignado. Claro que solo había sido una follada y nada más, por algo ese hombre había salido rápidamente del cuarto, por algo se había marchado sin siquiera despedirse. Se sintió como un idiota por creer que aquel encuentro fue algo especial, sexo era sexo y nada más. Los romances rosas no existían y las personas no se enamoraban a primera vista, el mundo real no funcionaba así. Ya no era un niño para creer en cuentos de hadas.
Se bebió la cerveza de Crowley y suspiró.
-¿Quieres irte, Dean?-
-No, tienes razón Crowley, estamos aquí para divertirnos, así que eso haremos-
Dean se reprendió mentalmente por ser tan ingenuo, seguro que para ese extraño solo fue sexo y nada más. Era un tonto por ilusionarse, se sentía como una quinceañera con su primer enamoramiento. Se dirigió a la pista de baile para distraer la mente, para su suerte, volvió a encontrarse con ese hombre que lo había invitado a bailar. Reparó en sus ojos azules, que no eran tan intensos como los del extraño pero eran similares.
-Pensé que ya te habías marchado, rubio bonito-
-La noche recién comienza- respondió Dean moviéndose contra el cuerpo ajeno.
-Bien dicho-
El hombre lo rodeó con un brazo por la cintura para atraerlo a su lado y Dean se dejó hacer. No tenía caso pensar en ese extraño, estaba seguro que ya no volvería a verlo y dentro de unos días, ni siquiera lo recordaría. Se pegó aun más al cuerpo del mayor y arremetió contra esos labios, iba a divertirse, después de todo para eso había ido al club nocturno.
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Castiel entró al departamento procurando no hacer ruido, ya era de madrugada y tenía miedo de encarar a Sam luego de lo que había hecho. Acababa de tener sexo con un completo desconocido y lo peor de todo, era que había sido increíble. Como si tuvieran una especie de conexión mágica, como si una chispa especial hubiera ardido entre ellos. Se dejó caer sobre el sillón y se llevó una mano a los labios, jamás había hecho algo como eso, jamás se había sentido de esa manera y la idea de que fuera con un completo extraño, lo aterraba. Mañana seria su fiesta de compromiso y dentro de unas semanas se casaría, no podía engañar a Sam de esa manera, no podía. Se giró sobre el sillón confundido.
-Se sintió tan bien…-
Cerró los ojos suspirando. El sexo con ese extraño había sido increíble, se sentía tan inquieto, tan deseoso de poseerlo. Esa boca lo había enloquecido, esos ojos llenos de deseo, esa sensible piel que reaccionaba ante su toque. Sacudió la cabeza despacio.
-No, no, no, esto no puede estar pasando… es imposible que yo… que yo…-
Ni siquiera era capaz de decirlo en voz alta pero lo tenía muy claro, Castiel no creía en el amor a primera vista pero ese hombre, había tenido una conexión extraña con él. Se había sentido tan bien.
-No, no, no puedo estar pensando en esto, yo tengo pareja, mañana me comprometeré y pronto me casare… yo amo a Sammy, lo amo-
Se convenció mentalmente que eso ya era historia, que solo fue un error, un gravísimo error. Su único consuelo era que jamás volvería a ver a ese rubio, nunca más.
