Capítulo 2. Miradas, silencios y malentendidos

¡Estamos de vueltaaaa! — vociferaron ambos soltándose las manos y dejando los zapatos en el vestíbulo.

Al instante se oyeron pasos corriendo hacia ellos.

— ¡Onii-chan!

— ¡Ichi-nii!

— ¡Ichigoooooo~! — gritaba el viejo Isshin al tiempo que se abalanzaba sobre su hijo mayor.

—Idiota…—Ichigo lo esquivo con mala cara y se sentó sobre su espalda para hacerle una llave de luchas. — Deberías dejar de hacer eso, un día de estos acabaras roto. Estas muy viejo para estos juegos.

— ¡Onii-chan! ¡Lo vas a matar! — Yuzu veía la mueca de dolor de su padre e intentaba levantar a Ichigo de su espalda.

—Déjalo, Yuzu, el viejo este se lo merece. —dijo Karin pisándole la cabeza a su padre.

— ¡Veo que has aprendido bien, Ichigo! Por ahora me rindo. ¡Suéltame! — Ichigo por fin deshizo la llave y dejo libre a su padre.

Rukia soltó unas tiernas risitas frente a la escena y en ese momento todos se fijaron en ella.

—Oooh! ¡Rukia-chan que linda estas hoy! — Yuzu fue la primera en acercársele.

— ¡Si, Rukia-chan, ese vestido te queda muy bonito! — Se sumó Isshin.

—Gra-gracias…— Rukia se sorprendió por una milésima de segundo y luego le regalo a Isshin y a Yuzu una de sus lindas sonrisas.

Mientras Yuzu e Isshin seguían rodeando a Rukia y llenándola de cumplidos, Ichigo y Karin la miraban desde atrás. Ichigo la miraba con una sonrisa casi imperceptible y Karin la examinaba; la veía de arriba abajo con los ojos entrecerrados. Ichigo, al percatarse de lo que estaba pensando Karin, se alteró un poco. Maldita sea, había olvidado que en su casa quedaba alguien con sentido común.

—Si estás muy linda, Rukia-chan… —por fin hablo Karin — E Ichi-nii también está muy guapo hoy— Se volteó para también examinar a Ichigo, el cual llevaba su mejor camiseta. Karin se acercó a él y olfateo. — ¡Si hasta se ha puesto perfume! —Ichigo sabía a donde iría a parar todo aquello y no le gustaba nada. —Dime, Rukia-chan… ¿A dónde has ido con Ichi-nii? — Se atrevió a preguntar, dejando ver toda la curiosidad que sentía.

Ichigo y Rukia intercambiaron miradas nerviosas al instante. Se sonrojaron. Ninguno quería admitir en donde habían estado ni lo que habían hecho. Respiraron hondo y volvieron a intercambiar una mirada. Sabían lo que tenían que hacer.

Hablaron ambos al mismo tiempo:

—En una cita —dijo Ichigo.

—Con Urahara-san — dijo Rukia.

Volvieron a mirarse, esta vez confundidos. Al parecer no se habían entendido tanto como creían. ¿Por qué Rukia lo había ocultado? Y ¿Por qué Ichigo había dicho la verdad tan sencillamente? ¿Qué demonios acababa de pasar?

Ellos dos no eran los únicos confundidos. Yuzu, Karin e Isshin se miraban entre si mientras se encogían de hombros, esperando una respuesta clara.

—Emm…bueno, lo que pasa es que…-Ichigo estaba por hablar pero Rukia le dirigió una de sus miradas y alzó ligeramente la mano para detenerlo.

—Lo que pasa es que Urahara-san nos citó. Sí, eso. — Ni siquiera ella parecía muy convencida —Nos había dicho que fuéramos hace un par de días pero no habíamos tenido suficiente tiempo. —Levanto la mirada hacia el pelinaranja— ¿No es así, Ichigo?

Ichigo solo la miraba, tieso y con el ceño fruncido. Vio su sonrisa temblorosa que parecía rogar "sígueme la corriente'' y se tranquilizó. Si, por ahora le haría caso pero luego tendría una muy buena charla con ella.

—S-si…Urahara-san nos había dicho que fuéramos para probar unos nuevos artículos que acababa de inventar. — pronuncio las palabras con tanta calma como pudo.

Transcurrieron unos segundos en el que nadie hablo.

—Ya… ¿Pero por qué iban tan bien vestidos? —Karin no perdía las esperanzas.

—U-urahara-san también quiso hacer una Mini-fiesta para celebrar el éxito de unos productos antiguos o algo así. Sabes que ese señor tiene unas costumbres muy raras.

—Bueno, bueno… —Karin empezaba a caminar hacia la sala junto con su padre y su otra hermana. — ¡Pero los estaré vigilando!

—Haz lo que quieras…—dijo Ichigo aunque supiera que Karin ya no podía escucharle.

( Φ Φ Φ )

—De la que nos hemos salvado.

—Aja…—dijo Ichigo mientras cerraba la puerta de la habitación y se acercó a Rukia, que se había sentado muy calmadamente en la cama.

—Ahora, explícate.

— ¿Que explique qué?

—Por qué lo has ocultado.

— ¿Ocultado qué?

—Sabes muy bien de que hablo.

—Si lo supiera no te estuviera preguntando.

— ¡Rukia! —La poca paciencia con la que contaba Ichigo había empezado a agotarse.

—Ichigo. —Rukia lo miraba desde la cama con carita tierna.

— ¡Deja de hacerte la chistosa!

— ¿Yo? Pero si eres tú el que…

Ichigo no la dejo acabar y puso de golpe sus antebrazos a ambos lados de Rukia, acorralándola contra la cama.

— ¿Por qué lo has ocultado? —Ichigo la miraba directamente a los ojos.

Rukia que se quedó callada un instante. Creía estar segura de a que se refería Ichigo pero quería confirmarlo.

— ¿O-ocultar que? —preguntó, un poco nerviosa al sentir el rostro y el torso de Ichigo tan cercanos a ella.

— ¿Todavía preguntas?... Pues… que estábamos en una cita. —Desvió la mirada. Enserio era más difícil decirlo en voz alta.

Rukia parecía sorprendida.

— ¿¡Que no era eso lo que querías!?

Ahora el sorprendido era Ichigo.

— ¿¡Qué?! ¿Por qué demonios habría querido eso?

Se quedaron callados, viéndose y esperando a que el uno o el otro volviera a hablar, pero lo cierto era que ambos estaban confundidos y ni siquiera sabían que decir. La brisa nocturna se colaba por la ventana era el único sonido en todo el cuarto.

—Creía que… que no ibas a querer contarle a tu familia—Fue Rukia la que acabo con el silencio. — Creí que estabas pensando igual que yo.

Ichigo intentaba ver su rostro pero Rukia había vuelto su cabeza hacia el lado derecho para evitar su mirada. Su voz se escuchaba baja y seca, como si estuviera triste.

—Y, ¿Qué se supone que estabas pensando?

Rukia se quedó callada un momento. No estaba segura de que lo que iba a decir fuera cierto y tampoco era que le gustara mucho.

—Pues…Que tu familia haría un gran alboroto si supieran todo esto y que… ¡Y que tal vez no les agradase la idea de que yo estuviera en una cita contigo! —Las palabras salieron de su boca atropelladamente, como si quisiera acabar con todo aquello de una vez. Le dolía solo pensar que quizá si fuera cierto, pero su orgullo no permitiría que lo dijera en otro sitio que no fuera su cabeza.

Silencio de nuevo. Demasiado silencio. Si no fuera porque la chica sentía la respiración de Ichigo en el cuello y el calor de su pecho suspendido sobre ella hubiera jurado que se había quedado sola en la habitación.

Ichigo volvía a hablar con su típica voz un tanto ronca pero sus palabras llegaron a oídos de la chica tan claras como el agua y tan fuertes como el acero:

—Tienes razón…

Así que era verdad. Rukia sintió como un nudo empezaba a formarse en su garganta y como las lágrimas querían acudir a sus ojos. "Que rara y fea sensación''. Solo quería levantarse y esconderse. Había empezado a sentirse estúpida y no dejaría que Ichigo se diera cuenta. Pero seguía confundida. ¿La cita y el beso habían sido falsos? Si era él quien había planeado todo y la había invitado. Entonces ¿Si existían chicos así de malos en el mundo humano?

Creía que solo salían en los mangas que leía, pero nunca pensó que Ichigo sería de esos. Jamás.

— ¿Entonces cuál es el problema? No seas estúpido y quítate de encima. — El enojo y la frustración en su voz eran evidentes. —Quita…te —el nudo en su garganta comenzaba a crecer y le cortaba la voz. Ni siquiera quería moverse.

Justo en el momento que la primera lagrima se escapa de sus hermosos ojos color violeta, Ichigo juntó su frente con la de Rukia, dándole un pequeño cabezazo.

—Tonta... No me dejaste terminar.

Rukia, sorprendida, volvió a encontrarse con sus ojos, su mirada. ¡Oooh Dios! ¡La mirada! ¿Por qué tenía que hacerle esto ahora? Esa mirada seria que siempre producía una sensación de nostalgia hacia que el cuerpo de Rukia se estremeciera y, ahora que se supone que estaba molesta con él la hacía tranquilizarse y solo querer perderse en los ojos de Ichigo.

—Cuando dije que tenías razón me refería solo a la parte de que mi familia haría un alboroto. Lo demás es una bobería. —Ichigo seguía con la frente pegada a la de Rukia y miraba directamente a sus ojos con un asomo de sonrisa. —A ver, ¿Por qué se supone que no les gustaría que estuvieras conmigo? Si para ellos ya eres parte de la familia.

Rukia estaba desorientada, con lo poco que había dicho Ichigo para ella habían cambiado muchas.

—Bue-bueno…-Balbuceo y se quedó callada intentando organizar las palabras es su cabeza.

—Bueno nada. ¿Ves? No tienes excusa. Así que vamos. —Ichigo lo dijo mientras se incorporaba completamente y dejaba a Rukia libre.

La chica se apoyó en los codos y se quedó viéndole.

— ¿Ir? ¿A dónde?

El muchacho arqueo una ceja.

— ¿Cómo que a dónde? Pues a decirles a los maniáticos de abajo.

Rukia se sentó bien derecha en la cama.

— ¿A decirles que, Ichigo? — Ahora tenía una sonrisita picara en el rostro. Pero por supuesto que sabía de qué hablaba Ichigo, pero quería oírlo salir de su propia boca.

Ichigo la miro, frunció el ceño y se sonrojó.

— ¿Enserio me harás decirlo?

—No sé. Dime tú— Lo dijo haciendo mucho énfasis en la palabra "dime".

El pelinaranja se quedó mirando a la shinigami. Se veía tan linda con el vestido y ahora con esa sonrisita parecía aún más tierna y delicada que en el parque. Así que, siguiendo a sus impulsos (como siempre había hecho) recorrió nuevamente los pocos metros que se había separado de la chica y cuando estuvo frente a ella la beso. La tomó de la mano y tiro hasta ponerla de pie luego envolvió su cintura con los brazos, atrayéndola hacia él. Rukia, por su parte, no se resistió y se estampo a Ichigo como si de una calcomanía se tratase. El beso fue ganando intensidad y las manos de Ichigo empezaron a subir por los costados del cuerpo de Rukia, acariciando cada curva con intensidad, para después detenerse en la cabeza y empezar a jugar con los cortos mechos de pelo negro. Segundos después, ambos se estaban quedando sin aire y sabían que por ahora no llegarían a nada más que a eso.

Ichigo se apartó, todavía con la cabeza de Rukia entre las manos y con voz entrecortada y una sonrisa dijo:

—No creo que sea necesario.

( Φ Φ Φ )

— ¡Tonto! ¡Bájame!

Ichigo se había echado a Rukia al hombro como si fuera un saco de patatas y esta intentaba zafarse pataleando todo lo que podía.

—Puedo caminar, por si no lo sabías.

—Sí lo sé. Por eso mismo te llevo cargada.

—Ya te dije que no voy a escapar, así que no hay razón para que me trates como una chiquilla.

—Bueno una chiquilla es lo que aparentas ser, así que no veo porque tanto lío.

— ¿Disculpa? ¿Cuántas veces tengo que decirte que tengo al menos 10 veces tu edad?

—Eso hace que tu apariencia sea aún más vergonzosa ¿No crees? —Ichigo se estaba divirtiendo pero las sienes de la shinigami comenzaban a latir por la rabia. —Además, tu gigai solo tiene 17.

Rukia intento mirarlo.

—Y ¿Cómo sabes eso?

—Urahara-san me lo dijo cuando le estaba dando los últimos detalles.

— ¿Tú estabas ahí?

—Sí.

Todo era mentira pero Ichigo quería divertirse un poco más con Rukia.

—Yo estaba ahí… Pero tu ropa no.

— ¿Qué quieres decir con que…?—Rukia cayó en la cuenta y su cara se puso más roja que una manzana en su mayor punto de madurez. Empezó a sacudirse y a patalear de nuevo.

— ¡Pervertido! ¡Me bajas ahora mismo!

Ichigo le agarro bien las piernas para evitar alguna patada en un lugar desagradable, salió de la habitación y empezó a bajar por las escaleras mientras se reía.

—Te bajo, te bajo. Pero en cuanto terminemos con esto.

Ichigo descendió el último peldaño y se dio cuenta que estaba un poco nervioso, pero no pensó mucho en esos sentimientos y rápidamente aparto los nervios de su cabeza. A continuación echó a andar hacia la sala donde se encontraba su familia. Rukia se había tranquilizado pero seguía furiosa y sonrojada, todo por una mentira que Ichigo había inventado.

Ichigo se plantó enfrente de la televisión, impidiéndole la vista al resto de su familia, que estaban tirados en el sofá cada uno con una pose extraña.

—Onii-chan, apártate estamos viendo una película. —Yuzu extendía el cuello de un lado a otro intentando ver la pantalla.

Ichigo ignoro a su hermanita, bajó a Rukia con cuidado y coloco ambas manos en sus hombros.

—Rukia y yo tenemos algo que decirles, ¿verdad, Rukia? —repitió las palabras que hace un rato lo habían molestado tanto.

Rukia giro la cabeza hacia él, sonrojada y con una mirada suplicante, pero al ver que Ichigo tenía la mirada fija en su familia, volvió la mirada al frente. Tragó saliva.

En ese momento Ichigo rodeo el cuello de Rukia con ambos brazos e hizo que los cinco centímetros que lo separaban a él y a Rukia desaparecieran.

—La enana y yo estamos saliendo.