Quinn resopló desganada y bebió un sorbo de agua mineral, su noche no estaba empezando como lo había anticipado. A pesar de ser temprano, ya se hallaba visiblemente molesta por la actitud de Santana, quien a su lado bebía el sexto Jager bomb de la noche, y quien parecía no tener intenciones de parar hasta no acabar abrazada a una botella de Jagermeister. Vacía.

En el escenario, WAGFROYP (We Are Gonna Fucking Rain On Your Parade), una banda local no tan desconocida, tocaba canciones y daba apertura a lo que sería una larga noche en la ciudad de Seattle.

La música fue atrayendo la atención de Quinn a tal punto que, paulatinamente, comenzó a meterse de lleno en lo que ocurría sobre el escenario, poniendo en segundo plano el espectáculo que su amiga estaba próxima a ofrecer.

La banda estaba conformada por tres personas. Una chica de pequeña estatura, cabello oscuro y voz impotente, que estaba al frente de la banda y a cargo del bajo. Dos chicos, ambos en guitarra, y al parecer estaba bacante el spot del baterista, ya que sólo estaba el instrumento sobre el escenario pero nadie adueñándose del mismo.

Nada más looser que una banda sin baterista, pensó Quinn.

Pero esa observación se vio relegada a un segundo plano cuando su mirada recayó sobre la chica, que tenía el talento suficiente como para hacer delirar a la gente con sus riffs de bajo, así también como con su voz.

Su silueta se veía delimitada por un halo misterioso que nacía de la mezcla de actitud Rock Star con voz y técnica que irradiaban sofisticada arrogancia.

La chica hacía suyo el escenario, y acaparaba todas las miradas. O quizás eso es lo que Quinn intentaba creerse para argumentar porque su atención se había apostado sobre ella con tanto interés.

Y de repente algo cambio, y la actitud Rock Star desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Un cambio drástico, como si quien estaba sobre el escenario pasase de ser Shirley Manson a ser Lana Del Rey... Una versión mejorada de Lana del Rey, que puede modular, coordinar sus movimientos y cantar sin desafinar reflexionó Quinn, frunciendo el ceño.

La fuerza de su voz, si bien perfecta a la hora de alcanzar todas y cada una de las notas de la canción que bien podría haber sido un cover de The Kills, discernía de su actitud la cual había pasado a mostrar una expresión corporal apática que acompañaba su mirada perdida en el gentío.

Pero todo llegó a su fin cuando la canción actual culminó, los dos chicos dejaron sus instrumentos y caminaron hacía un costado dejando a la chica batallando con el iPad, que aparentemente reemplazaba al baterista, y la batalla pareció ser ganada por el dispositivo ya que los silenciosos amplificadores abruptamente comenzaron a hacer temblar todo el lugar reproduciendo una melodía instrumental que lejos estaba del estilo de la banda y del lugar.

Los silbidos y los abucheos se hicieron oír y tan pronto le fue posible, la chica desconectó el dispositivo. Aunque a juzgar por sus movimientos nada de lo que profería el público le influyó en lo más mínimo.

Quinn sonrió de costado al observarla moverse en el escenario, ocupándose de tareas que sus dos compañeros de banda deberían haber realizado, tales como desconectar cables, recoger pedaleras, guardar instrumentos y demás. Y Quinn no sólo sonrió divertida por encontrar un tanto tierna la imagen de la pequeña chica ocupándose de todo eso, sino que a su vez sonrió comprensiva, ya que esa era también su ocupación. No ordenar el lio dejado por la banda de Rachel, ni por su banda, ya que ella no tenía ninguna banda, pero si encargarse de ordenar el lio dejado por lo demás, en especial por Santana.

Y fue justamente Santana quien en ese momento se materializó a su lado. "Por dios! No paras de sorprenderme!. Sos una pervertida, Quinn Fabray!" exclamó en su oído, haciéndola sobresaltarse.

"Qué? Que hi-" preguntó, desentendiéndose completamente del tema, pero con un visible tartamudeo que denotaba su nerviosismo.

"Parece que se la estas chupando con la mirada"

"Santana!" interrumpió atropellada. Pero lejos de horrorizarse por la crudeza del comentario de su amiga, ya que cuando se trataba de Santana López ese tipo de comentarios eran lo normal, se enfocó en exponer su defensa. "Yo no estaba haciendo tal cosa! No podés hacer eso con la mirada" fue todo lo que se le ocurrió argumentar, mientras sus ojos volvían a buscar a la misteriosa chica que ahora caminaba despreocupada por el escenario, como cerciorándose de que no se le había olvidado nada.

Y es que en realidad, Quinn no lo estaba haciendo. De hecho estaba convencida de que su interés pasaba más por saber que la chica pertenecía a una banda. Una banda que tenía instrumentos. Una banda que tenía instrumentos que seguramente habían llevado hasta el bar en un vehículo. Y un vehículo que seguramente era una combi vieja que podía ser la solución para la pregunta que rondaba por la cabeza de Quinn en ese momento, y que no era otra más que: Como vuelvo a casa con Santana nuevamente borracha?.

"Como digas, pero no te creo"

"Da igual, además mirala" dijo Quinn, señalando hacia el escenario. "Seguro que es hetero," arguyó, observando la sensualidad con la que se desenvolvía, sus kilométricas piernas, y la delicadeza de sus movimientos.

"Es no hetero, de eso estoy segura." Sonrió persuasiva. "Mirá la ropa que lleva," planteó contemplando el ajustado jean negro que se pegaba a sus extensas piernas, el cual había combinado con una remera negra desteñida y rota con inscripción de Sonic Youth, y una chaqueta de cuero. "Ahí viene" musitó finalmente, viendo como la chica había descendido del escenario y se dirigía hacia donde estaban, abriéndose paso entre la gente.

"Ya lo sé" masculló Quinn entre dientes, pero antes de que tuviese la oportunidad de analizar lo que estaba pasando sintió como Santana la empujaba, forzándola a estrellar su cuerpo con el de la cantante. "Perdón, perdón" habló con una sonrisa nerviosa que no hizo más que mostrarla indiferente. Distante.

La chica no dijo palabra alguna, sólo asintió con una mueca de amabilidad y siguió su camino, ignorándola por completo.

"Que buena técnica de levante, Fabray." Se burló irónica la latina, incrementando en un ciento por ciento el mal humor que ya sentía por haber sido completamente ignorada por la chica en cuestión.

"Y qué querías? Seguro es una idiota de los suburbios de la ciudad" expresó aún molesta.

No era como si esperase que se detuviese y entablase una conversación, pero en el fondo Quinn no estaba acostumbrada a no ejercer ningún tipo de efecto en las personas. Y si bien la mayoría de las veces no se preocupaba por ser el centro de atención, esa ocasión en especial si hirió su orgullo, porque por primera vez se hallaba invisible ante los ojos de alguien que, sea por el motivo que fuese, le interesaba.

Y está bien, Santana tenía razón y su mirada había notado cuan sensual era, pero esa era todo. No estaba pensando en ser la groupie del día, su novia por una noche, su experiencia homosexual por siete minutos (que sin dudas iban a ser el cielo si los pasaba entre esas piernas).

No. No era eso lo que buscaba.

Simplemente buscaba un puto vehículo para regresar a su casa porque ya no soportaba seguir en ese lugar, siendo la única persona sobria en el medio de una multitud que destilaba alcohol, y se veía exaltada bajo los efectos de la marihuana, cocaína, heroína y demás inas que no entraban dentro de su vocabulario.

"Desde cuando te preocupa que alguien sea de los suburbios de la ciudad?"

"Basta" gruñó falta de paciencia. "Estas demasiado borracha, en especial si tenemos en cuenta que la noche recién empieza, así que mejor vamos yendo" agregó tensando su mandíbula.

"No estoy borracha!" se quejó alzando la voz. "Verdad que no estoy borracha?" preguntó, provocadora, a un chico que pasaba. Y sin más termino caminando con él hacia un rincón, bajo la atenta mirada de Quinn, que ahora se maldecía por haber accedido a salir en compañía de ella esa noche.

"Quinn!," oyó alguien llamándola por su nombre y en cuestión de segundos su vida paso a verse mil veces peor. "De nuevo sola?"

"Hey, Puck" asintió con falsa sonrisa. "Justo estaba pensando en vos," ironizó detestando más que nunca su suerte.

"No sos la única, Q! No sos la única," le guiño el ojo provocándole ganas de vomitar en ese exacto lugar. "Ella es Marlene, la chica de la que te hablaba" agregó señalando a la joven que lo acompañaba y luego inclinándose para decirle al oído "No. Tenes. Ninguna. Amiga. Para. Presentarle?," enunciando cada palabra bien separada, logrando que la chica lo mirase extrañada y Quinn rodase los ojos ante lo ridículo de su comportamiento, ya que si bien la chica era alemana, hablaba un inglés incluso más perfecto que el que él mismo manejaba.

"Sabes qué? Ni te gastes, Puck. Pero gracias de todo modos" desestimó con voz condescendiente, hundiendo las manos en su bolsillo para esconder los nervios y el mal humor que comenzaba a aquejarla.

"Pero deberías probar suerte con una extranjera. Ella es alemana, esta de intercambio con muchos chicos de ese continente, y ellos se interesan en las personas por su inteligencia, no sólo por cómo se ven," prosiguió ignorando como la paciencia de Quinn parecía ir acabándose.

"Si, Marlene parece muy metida en todo eso" expresó intrigada por como esa chica podía encontrarlo interesante.

"Aunque bueno, la hija de Russell Fabray no debería preocuparse por todas esas cosas" continuó con un brillo malicioso en sus ojos.

Quinn suspiró pesadamente, recorrió con su mirada el lugar y volvió a posar sus ojos en el chico de la cresta, quien la examinaba expectante. "Sólo para que lo sepas, esta noche no vine sola" mintió con la esperanza de sacárselo de encima.

"De verdad?" preguntó sorprendido, y ella asintió. "Con quién viniste entonces?"

"Mi novia," volvió a mentir, intentando sonar convincente.

"Tu novia? Wow, suena serio" se burló. "Entonces supongo que deberías volver con ella, no?".

"Si, es lo que estaba por hacer," asintió y cuando vio que Puck le sostenía la mirada, decidió llevar la mentira a un siguiente nivel. "Okay, nos vemos después, chicos. Me voy a buscarla".

Quinn se giró, examinando nuevamente el lugar y divisando, rápidamente, a la cantante de la banda. La chica estaba sentada en una banqueta en la barra, aparentemente sola.

Sin mucho convencimiento interior pero si exterior, fiel a su personalidad, Quinn caminó a paso firme hacía la chica, siendo ignorada completamente hasta que se posó a su lado y dijo, sumida en la indecisión, "Hey! Sé que esto va a sonar raro, y sé que soy una extraña y no nos conocemos pero… podrías hacerte pasar por mi novia por los próximos cinco minutos?"

"Qué?" respondió la chica, viéndose sorprendida por el pedido.

Quinn resopló y se volteó distinguiendo a Puck y su mirada fija a lo lejos, por lo cual le sonrió, saludo agitando levemente su mano y luego señalando a la intrigante cantante, para indicarle que ella era de quien le había hablado.

La risa soberbia del chico fue lo último que necesito Quinn. Sin darle más vueltas al tema decidió tomar una gran bocanada de aire, girarse para encontrarse con la mirada de la chica que ya no se mostraba confusa, sino ¿decidida?.

Sinceramente no lo supo, pero sin más se inclinó hacia adelante. "Okay, relájate, sólo… relájate y seguime la corriente, si?" imploró con una sonrisa fingida, tomándola del cuello de la chaqueta y atrayéndola contra su cuerpo lo necesario para que sus labios se encontrasen de modo tentativo, accidental, por demás desprolijo

Pero esa desprolijidad desapareció en cuestión de segundos, cuando la chica poso su mano sobre su cintura, e hizo presión con sus labios, forzándola a abrir los ojos y cerciorarse de lo que pasaba no era producto de su imaginación.

En su vida un beso tan insulso había removido tantas cosas en su interior, a tal punto que por un impulso cerró nuevamente sus ojos, buscando intensificar sus sentidos, y al mismo tiempo relajar su cuerpo. Sus labios pegados a los de la chica, y el puño que sostenía su chaqueta, aferrándose con más ímpetu.

Quinn no esperaba romance, sólo buscaba un escape. Zafar en ese momento, y quizás por el resto de la noche, de la sombra de Puck persiguiéndola para ridiculizarla.

Quinn ciertamente no esperaba sentir la lengua de la chica abriéndose paso dentro de su boca, buscando llevar el beso a un nuevo nivel.

Quinn sin lugar a dudas no esperaba que la cantante besase tan bien.

Y por sobre todo, Quinn no esperaba sentir como su estómago albergaba un grupo de personas protagonizando un pogo voraz estilo Pearl Jam en Pinkpop 92, al sentir las brazos de la cantante cerrándose en su cintura, y su boca atacándola con firmeza.

Pero nada es para siempre, en especial si la necesidad de conseguir oxigeno se interpone en el medio de tus labios y los de la persona que tenés en frente. Así que finalmente ambas se separaron, lentamente, abriendo los ojos al mismo tiempo y mirándose, mirándose, por primera vez.

Año 2012 y aun necesitamos del oxígeno para mantenernos vivos? Donde está la ciencia cuando se la necesita?, gritó internamente Quinn, deseando regresar el tiempo atrás, lo suficiente para volver a perderse en los brazos de la chica que ahora la miraba con indescriptible actitud.

"Rachel, Quinn" exclamó Puck, apareciendo frente a ambas. "Como es que ustedes dos se conocen?" indagó visiblemente disgustado.

"Qué?" preguntó Rachel, oscilado su mirada entre el chico y la persona a quien acababa de besar. "Oh no…"

"Nosotras," balbuceó Quinn intentando inventar una rápida excusa. "Estamos inscriptas en el Ten Club y… Cocrodille. Nos vimos en un encuentro de fans en Cocrodille Café… si" tartamudeó, no creyendo esa excusa ni siquiera ella misma, por ende elevando su mano para acariciar la nuca de la cantante, sorprendiéndose gratamente al percibir como la piel se erizaba bajo su roce.

Puck inspiró profundamente y tenso su mandíbula. Las miro a ambas, observó con detenimiento el gesto a modo de caricia realizado por Quinn, y mantuvo el silencio. "Vamos, Marlene" dijo finalmente, tirando del brazo de la chica para alejarse del lugar.

"Recibiste mis mixes?" gritó Rachel pero el chico ya había desaparecido. "Como conoces a Puck?" preguntó luego, volviéndose a Quinn.

Y repentinamente todo hizo click en su mente. Quinn suspiró cerrando los ojos, sintiendo una inminente migraña gestándose en su cabeza al ser consciente de la situación en la que se encontraba.

Rachel.

El nombre hizo eco en su mente e inmediatamente recordó a Puck refiriéndose a su novia / ex-novia como Rachel.

Ella era Rachel.

Rachel, poseedora de una voz que te parte la cabeza sin previo aviso. Autora de letras y poemas que te hacían sentir la Alexa Chung de su Alex Turner. Creadora de los mejores mixtapes que Quinn jamás hubiese escuchado.

Rachel, la chica que Puck había conocido una noche a principios de año y con la cual había estado en una relación desde ese momento, engañándola constantemente sin remordimiento alguno.

Rachel. La mejor novia del mundo, que claramente ninguno de nosotros, en Garfield High School, tiene.

Y la pregunta básica, que apareció en la mente de Quinn, era como esa chica siendo tan inteligente, había podido permanecer en una relación con Puck durante tanto tiempo sin conocer a sus amigos, sin acudir a ninguna de las fiestas realizadas en su casa en donde todo el colegio se daba cita.

Quinn no sabía por qué ella había aguantado eso, pero si sabía por qué el chico jamás había querido presentárselas, Y eso era posiblemente por miedo a ser puesto en evidencia por ella y Santana, ya que ellas conocían de todas sus andanzas y eso resultaba más que peligroso para él.

Rachel, exhaló internamente cuando volvió a mirarla. Y si bien su cuerpo le ordenaba explorar más ese noviazgo temporal, ya que según el reloj indicaba le restaban unos dos minutos y cuarenta segundos de relación con su nueva novia, se vio haciendo una pregunta que ya no necesitaba respuesta.

"Mixes? Vos sos la Rachel de Puck?" inquirió completamente mortificada.

"Qué? Te hablo acerca de mí? De donde lo conoces?" respondió con un nuevo interrogatorio que no dejaba lugar a dudas.

"Oh por dios!" gruñó, poniéndose de pie en la banqueta para buscar a Santana. Y para su suerte logró divisarla con rapidez.

Raudamente se abrió paso entre la gente y maldijo a Puck por ser un idiota hormonal. A Rachel, por ser perfectamente estúpida como para desperdiciar su tiempo con el neandertal de su amigo. A Santana, por consumir su frustración en alcohol.

Y en especial a ella misma, por haber rescatado uno de esos mixes de la basura hacía ya varios meses y caer rendida ante los encantos de Rachel.

Si la situación fuese diferente, si el mundo no estuviese empeñado en arruinar su vida, Quinn no dudaría en vender su alma al diablo, órganos al mercado negro... ya sea su hígado, su riñón o lo que fuese, por ser ella quien tuviese la oportunidad de salir con alguien tan fascinante como Rachel.

Esa chica no era una chica más, era la chica.

La clase de novia que siempre había querido tener, con quien no le importaría compartir el ultimo porro que quedase en su billetera, con quien no dudaría en planificar una escapada a alguna ciudad lindante para tan sólo vivir un concierto que pocas veces superaba las dos horas de duración.

Pero tal cual siempre ocurría, Quinn tenía todo lo que no quería, como por ejemplo la para nada atractiva tarea de rescatar de Santana. "Ayuda, ayuda, ayuda!" gritó acercándose a la chica, quien estaba sentada en el regazo de un desconocido. "Acabo de besar al premio consolación de Puck!"

"Okay, y cuál es el problema?" balbuceó producto del efecto que el alcohol estaba teniendo en su cuerpo.

"Que no pienso competir con ese idiota" sentenció Quinn presa de su orgullo, tras haber comprobado cuan enganchada estaba la chica con él. "Así que se terminó, nos vamos, okay?" ordenó y sin dar espacio a quejas rodeó a su amiga con uno de sus brazos por la cintura, y la obligo a aferrarse a ella, ya que era imposible que saliera caminando por sus propios medios.

"Hey" escuchó Quinn y al alzar la vista vio a Rachel caminando hacia ellas. "Dejame que las ayude"

"No, estamos bien"

Rachel se detuvo y la miro confusa, como debatiéndose internamente sobre cómo actuar. "Bueno entonces al menos recorda que te acabo de hacer una pregunta y sería de mucha ayuda si me la podés responder" dijo finalmente, observándola con actitud suplicante.

Quinn rodó los ojos y no supo que era más pesado, si el peso del cuerpo de Santana colgando se su hombro, o el de mirar a los ojos a la chica y mentirle. "No podés ser tan tonta," sonrió suavemente, sin malicia, sus palabras siendo expulsadas con tal parsimonia y docilidad que más que un golpe bajo recreaban una suave caricia.

"Qué?" preguntó perpleja.

Y el cuerpo de Santana parecía quedarse dormido lo cual iba a complicar todo el doble. De verdad necesitaba ayuda para salir de ese lugar, y una rápida inspección le daba la pauta de que no había nadie en quien confiar excepto por su novia. Si es que aún les restaban unos segundos de esa súbita relación. "Okay, ya fue." suspiro resignada. "Bebió de más, tengo que llevarla a casa" gruño sin prestarle mucha atención. "Ayudame a salir de acá y yo te concedo dos minutos adicionales a mi oferta original"

"Perfecto," sonrió Rachel y Quinn mentalmente se forzó a no decir nada más que fuese a provocar esa sonrisa otra vez, porque dudaba de su autocontrol si su eso sucedía. "Estoy con el auto. Tienen que ir a Capitol Hill? Las puedo llevar," ofreció con sincero interés.

"Te parece que vivo en Capitol Hill?" volvió a gruñir, luchando por mantener a Santana de pie.

"Umm, no sé si estas intentando decirme que sos de ahí, o no" dijo confusa, poniéndose del otro lado de Santana para sostenerla.

"Vive en Capitol Hill" musitó la latina despertándose. "Tenés lindas piernas" agregó con sonrisa seductora, mirando de costado.

"Tenés razón, está un poco ebria" comentó tras asentir con sonrisa divertida ante el halago de Santana. "Estacioné en la puerta, creo que tenemos grandes probabilidades de llevarla hasta ahí sana y salva" indicó haciendo un gran esfuerzo para abrirse paso entre la gente, comenzando a caminar hacia la salida.

"Esperen, quédense quietas" pidió la latina.

"Qué?" contestaron las dos al unísono.

"Estas enojada conmigo?" pregunto, mirando a Quinn con rostro afligido.

"No, San" respondió divertida por el radical cambio que sufría su amiga cuando estaba bajo los efectos del alcohol.

"Perdón," musitó aun preocupada.

"Está todo bien, S" le aseguro, volviendo a dirigirse hacia la salida.

"Intenta caminar, concéntrate en caminar… un pie primero y después el otro" indicó Rachel, prácticamente cargando a Santana.

"Hey," habló Puck interponiéndose frente a las tres. "Rach, te necesito" dijo luego mirandola a ella, quien lo observó irresoluta. "Podés llevarnos? Mi auto está en el taller así que…"

"Qué? Estas… A vos y a tu amiga?" dudó, maniobrando para mantener a Santana de pie.

"Sabés qué? No te preocupes si estas ocupada, yo solo necesito tu auto, Rach. Solo por una hora, si?"

"Puck," suspiró contrariada, ya dudando de su autocontrol.

"O si lo preferís y podés, manejas vos. Qué decis?"

La ira nubló la visión de Quinn, en especial cuando vio la vacilante expresión en Rachel, quien estaba ya buscando sus llaves y parecía dispuesta a abandonarla para humillarse ante el chico.

You're gonna have to step over my dead body, before you walk out that door. You charmed me with your magic, landed looking tragic, hubiese cantado Quinn parandose frente a Rachel. Claro está, lo hubiese hecho si su aspecto, su actitud, y su voz fuesen las de Alison Mosshart. Pero no lo eran, y por ende se tuvo que conformar con decir, "Lo siento, Puckerman, pero el auto está ocupado... lleno" remarcando esa última parte con firmeza, poniéndose un invisible uniforme de cheerio que traía consigo esa frialdad que se había convertido en marca registrada de su personalidad.

"Antes no me dijiste hola, estás enojado conmigo?" pregunto Santana, quien parecía haber vuelto a despertarse.

"Deberías llevarte a la borrachita a casa de tu papá" sonrió fingidamente. "Yo sólo estaba hablando con Rachel así que…"

"No, Puck. No hay lugar para vos, esta noche no hay lugar para vos" sentenció con firmeza, y comenzó a caminar, forzando a Rachel a hacer lo mismo. Aunque su rostro mostraba la disyuntiva a la que se enfrentaba a la hora de dejarse llevar, siguiendo indirectamente las ordenes de Quinn.