Mons Calpe - Capítulo 2
El español a veces era demasiado previsible. Cuando le dejó vía libre a la hora de ir hacia Gibraltar éste podría haber aprovechado para intentar cualquier cosa contra él, pero estaba seguro de que correría para ayudar a 'su gente' como siempre le había oído decir. Cierto era que, como naciones, debían protegerla, y eso era algo de lo que Arthur quería aprovecharse: de la lealtad del español a todo aquél que vivía en sus territorios.
El encuentro que tuvo con éste le animó el viaje, por lo que aceptó que pararían a abastecerse antes de continuar con su camino. Eso sí, en otro lugar distinto a donde se encontraba el español, evitando posibles trifulcas entre sus hombres y los del otro.
Y llegaron poco antes de que Diego de Salinas decidiera, junto a sus oficiales, levantar la bandera parlamentaria. A Arthur se le dibujó una de sus sonrisas triunfales en cuanto se enteró de lo sucedido, recordando las palabras tan bien dedicadas al español que había dicho pocos días atrás. Se preparó para hacer presencia en el cabildo de la ciudad, en donde nada más llegar se fijó en una figura: la de Antonio. Y no parecía nada satisfecho. Perfecto.
- Te molesta que me vaya tan bien, ¿eh?- murmuró, justo cuando sus miradas se cruzaron, manteniéndola fija aún cuando el otro la había apartado.
Antonio estaba apartado detrás del alcalde Cayo Antonio y demás regidores en Gibraltar. La plaza se rendía y ahora mismo él pasaba a estar en una situación en la que su destino pendía de manos de los que tomaban el sitio. No hizo caso a lo que le decía Arthur, simplemente desvió la mirada con expresión de descontento en el rostro. El alcalde y los regidores empezaron a exponer la disposición de rendir la ciudad.
Se escucharon las propuestas de capitulación, a lo que el inglés no prestó mucha atención. Si se metía, posiblemente todos esos privilegios que se les estaba ofreciendo a los españoles desaparecerían, por lo que prefirió aguantar ese impulso interior y mantenerse aparte mientras los oficiales trataban dicho tema. El español escuchó en silencio sin poder decir nada a pesar que la entrega de la ciudad le parecía una barbaridad. Ahora no tenía voz ni voto. Los gibraltareños habían decidido que se rendirían ante los sitiadores y él, sin hombres ni fuerza para contrarrestarlos, no podía ofrecerles a los ciudadanos una opción mejor para que eligieran no rendirse. Al menos les estaban dando oportunidad: si querían quedarse les reconocerían sus derechos y si querían marcharse les dejarían ir. Sabía que eso era así porque Arthur tenía la boca cerrada, si no las cosas serían diferentes.
- En cuanto a los franceses... -se escuchó decir, cosa que provocó que Arthur despertara de su estado de ensoñación y se acercara. Dada la continua lucha que tenía con ese país no iba a permitir los mismos privilegios. Por supuesto que no. El otro se metía donde no le tocaba ¿no?
- A los franceses nada de nada -dijo Inglaterra tajante- Todo ciudadano francés quedará como prisionero de guerra. Y sus bienes serán confiscados.
Notó la mirada sobre sí de parte del español. Los oficiales continuaban con su charla tras haberlo escuchado. Mientras, el moreno no había abierto la boca en todo el rato.
- Parece que tus humos han bajado de golpe... - dijo socarronamente mientras avanzaba hacia él a paso lento, como si calculara cualquier posible ataque del otro. Debía tener en cuenta lo "pasional" que podía ser a veces y no arriesgarse a creer que con la rendición de Gibraltar él también iba a pensar así.
- A diferencia de ti, he aprendido que hay momentos en los que es mejor callar -dijo Antonio sin alterar su tono de voz. No perdía ahora de vista a Arthur, que se acercaba a él. Aunque por dentro le hervía la sangre y se abalanzaría sobre él para pegarle, sabía que no ganaba nada haciéndolo.
- No te quejarás, supongo que sabes que si por mí fuera todos esos privilegios serían un sueño... -sonrió triunfal- Sospecho que Gibraltar es ahora inglés, Antonio.
Pronunció con dureza ese nombre dado la mirada que le estaba dedicando. Si no fuera por esos malditos asuntos burocráticos le cruzaría la cara en aquel mismo instante.
- Lo sé. No se dan actos tan amables por tu parte. -contestó Antonio- Ya te dije que no tenías amabilidad y que se te daba fatal fingirla. Y puedes suponer lo que quieras. Lo que cuenta es lo que al final pase, Arthur.
Él remarcó un poco el nombre del inglés también, imitando su tono de voz, sin dejar de mirarlo con odio. Vio como firmaban los papeles y Gibraltar se rendía finalmente a los ingleses y holandeses. Se apartó de la pared y sin decir nada salió del lugar. Sería mucho asumir creer que iba a permanecer más rato en aquel lugar. Ahora mismo aquel territorio no le pertenecía, pero las cosas iban a cambiar. Se aseguraría de ello.
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Antonio se encontraba sentado en una silla, ligeramente acomodado. Su rey se encontraba en un sillón más cómodo y en parte lo envidiaba. Llevaba un buen rato haciendo el papel y empezaba a notar que el trasero se le estaba quedando cuadrado. La puerta de la sala se abrió provocando un ruido hueco. Era el problema de esas salas tan altas y con escasa decoración: resonaban cosa mala. Las botas del Marqués de Villadaria resonaron por la sala, tal y como esperaba. Por eso no le gustaba pasar rato en aquel lugar, luego acababa con dolor de cabeza de tanto eco. Cuando el marqués llegó se inclinó haciendo una reverencia al rey y a Antonio.
- ¿Qué desea su Excelencia? -dijo el hombre mirando a Felipe V.
- El asunto es muy serio, Francisco... Gibraltar ha sido capturada por los ingleses. Esta ofensa no puede ser tolerada. Te encomiendo la misión de sitiar y recuperar Gibraltar. Para eso, Antonio se ha ofrecido voluntario a ayudarte. Llevo insistiendo bastante en que no vaya, pero no atiende a razones. Aunque comprendo sus sentimientos.
Claro que los entendía, o eso hacía ver. No podía comprender la humillación de haber ido con pocos hombres y haber tenido que estar de espectador de la pérdida de Gibraltar. Arthur no se iba a salir con la suya tan fácilmente. Dispondría los recursos de tal manera que esta vez las cosas no le fueran tan fáciles. Los preparativos aún tardarían algún tiempo en ser finalizados.
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Algunos meses después.
El 13 de agosto de 1704 se dio la segunda Batalla de Höchstäd, ganando el bando inglés esta vez. Esto supuso una gran derrota para Luis XIV, con importantes bajas militares y morales. En Barcelona, por ejemplo, se unió una gran cantidad de partidarios a la causa del Archiduque.
- Yo mismo acompañaré al Archiduque. -comentó un Arthur que, a pesar de no haber estado en la batalla por los temas de Gibraltar, se sentía eufórico.- Nuestra flota lo trasladará a Barcelona.
Aquellas tierras le eran favorables. Los catalanes parecían ser los únicos españoles inteligentes, puesto que tras la rebelión que habían vivido años atrás (y otras cosas) se negaban a aceptar al maldito duque d'Anjou.
Durante ese tiempo que él estuvo 'fuera' de territorio gibraltareño, el príncipe de Darmstadt se encargó de reforzar la seguridad del peñón, artillando la zona cercana al istmo, fortificando las torres, etc. El objetivo era estar del todo seguro de que podrían enfrentarse a cualquier posible ataque posterior.
Y así fue.
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5 de Diciembre de 1704
Después de días de camino, los españoles habían llegado al campo de Gibraltar. Se giró para mirar la comitiva: nueve mil efectivos (que eran básicamente los ejércitos de Andalucía y Extremadura) y por otra parte tres mil soldados franceses. Según le había informado el general Cavane (que dirigía a los franceses) además de esos tres mil soldados también mandaba doce navíos y veinte piezas de artillería.
Devolvió la vista al frente, serio. En esta ocasión no venía con pocos soldados. Esta vez venía con una buena compañía, dispuesto a hacerles pasar un mal rato a los ingleses. No sabía cuántos soldados habrían quedado después de la toma de la ciudad, pero les harían desear que no lo hubieran hecho.
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Pocos días después.
- Así que el español anda tratando de recuperar su 'querido' peñón, ¿eh? -afirmó tras recibir la noticia del asedio que se llevaba realizando durante días en la ciudad.
Los sitiados estaban pidiendo ayuda dado que no eran los suficientes para enfrentarse a todos los hombres, españoles y franceses, que se habían ido atrincherando en sus fronteras.
- Pongan los barcos rumbo al peñón.
La llegada de los dieciocho barcos del británico coincidió con un intento de los sitiadores de trasladar tres mil hombres en barcas hasta el muelle sur de la ciudad.
- Con las manos en la masa... Dad la orden de ataque -dijo John Leake, que provenía de las costas de Lisboa, lugar donde recibió el aviso.
Las consecuencias, a pesar de que los sitiadores abortaron a tiempo el plan, fueron bastante buenas para Arthur. Viendo arder dos fragatas y un bergantín francés y en posesión de una fragata llamada L'Étoile. La larga lucha había merecido la pena. Ahora las aguas de la Bahía de Algeciras estaban completamente dominadas por sus escuadras. Si la artillería española quería evitar un bombardeo desde el mar, debería cesar en sus acciones hacia la ciudad.
- Y ahora... ¿qué se supone que harás, español? -preguntó al aire desde la proa de uno de sus barcos, en los que se encontraba dispuesto a atacar en cualquier momento.
El mar movía bastante bruscamente el barco, que se mecía sobre él. Arthur miró hacia el cielo, notando como grandes nubes grises empezaban a taparlo. Se avecinaba lluvia.
- Se te ve animado, Arthur.
El susodicho giró su rostro, todavía elevado para ver el alcance de aquellas nubes invasoras. Luego se fijó en John Leake, que venía con alguna que otra herida pero con un porte que denotaba su propio orgullo, digno de un buen hombre inglés. Le sonrió creídamente al notar el caudal arrogante de lo que le acababa de decir.
- ¿No lo estáis, Sir Leake?
El otro respondió con un ligero sonido, como si tragara saliva bruscamente.
- Me gusta más Lisboa, quizá. -dijo mientras se encogía de hombros.
Arthur suspiró, entendiendo que quizá el comandante estaba harto de ir de un lado a otro.
- Quién sabe, quizá pronto nos tengamos que marchar de nuevo. -dijo, sin dejar de mirar de reojo el peñón.
El viento empezó a molestarlos por lo que, aprovechando lo que parecía un descanso de ambos bandos, se metieron en el interior del barco. Debían comer algo y reponer fuerzas para así prepararse para futuras actuaciones.
5 de Febrero 1705. Madrugada.
- ¡Estoy hasta los huevos de tantos fallos, ¿me comprende?! -gritó Antonio a uno de los generales- ¡Se supone que esto era una campaña que debería ser fácil y las cosas no dejan de complicarse! ¡¿Es que no sabéis hacer una jodida cosa a derechas?!
Llevaban meses con aquello y lo único de lo que podía presumir era de haber logrado que no todas las provisiones hubieran llegado a la ciudad y que únicamente dos barquitos alcanzaran Gibraltar. Casi tenía la certeza de que Arthur iba en alguno de ellos... Bah, por esos no debería preocuparse, quedaron bastante destrozados. Por lo demás, todo era un puto desastre: El intento de atacar por mar se vio frustrado cuando el otro mandó refuerzos y tuvieron que retirarse para evitar daños mayores. Mantener las trincheras era un sacrificio debido a las dificultades que el clima les daba. La expedición del 9 de Octubre había muerto toda y, a pesar de que a Arthur no le iba tampoco demasiado bien, ya lo escuchaba riendo por su cabeza. Cabronazo...
Tomó aire mientras los generales presentes seguían mirando el infinito, con una pizca de humillación (apenas detectable) en el rostro. Estaba descargando su frustración en ellos y aquello no era bueno. No debía desmotivarles, si no la eficiencia disminuiría.
- Escuchen, caballeros. -empezó ahora con un tono suave- Les creo capaces de todo y más y es por eso que les estoy dando esta reprimenda. No quiero que lo tomen como que desprecio su trabajo, pero sé que son capaces de más. No me decepcionen. Haremos que los ingleses se traguen sus palabras.
Los generales esbozaron una sonrisa y supo que aquello era una buena señal. Las palabras correctas en el momento correcto.
6 de Febrero 1705.
El sonido de la roca cediendo ante la artillería hizo que por un momento ambos bandos se detuvieran. Una chispa de emoción se encendió en su interior. ¡Por fin, maldita sea! Los españoles y franceses proclamaron algunos vítores mientras los ingleses permanecían en silencio. Entre la multitud vio al que más odiaba de ellos... Ahá, bonita expresión.
- ¡Continuad! -gritó Antonio viendo como el odio bañaba el rostro de Arthur. No se podían despistar sólo por eso.
La grieta no era demasiado grande. Pero era algo después de tantas cosas.
Noche
- Señor... Creo que es algo repentino y no tiene mucho sentido. Esa grieta no es grande, va a ser difícil que los granaderos puedan hacer un asalto eficaz.
- ¡Es nuestra oportunidad! -exclamó con cierto entusiasmo el español- Si esperamos más estaremos dando a Inglaterra la oportunidad para prepararse. De este modo ni se lo esperará. Atacaremos al amanecer.
7 de Febrero 1705. Madrugada
Se dirigían a ritmo constante y bueno hacia la grieta. Su ejército iba acompañado del francés y cada vez vislumbraban más cerca la famosa brecha que habían abierto el día anterior. Como dedujo, Arthur no había sido tan tonto como para dejarla al descubierto. Cuando se empezaron a acercar la artillería empezó a disparar. Cuantos más metros avanzaban, más intenso era el ataque. Y repentinamente escuchó gritar al general francés.
- ¡¡Retrait!!
- ¿¡QUÉ!? -exclamó Antonio.
Las tropas francesas empezaron a retirarse, dejándoles solos en la batalla. Su boca pronunció muchos improperios en su idioma, y, por mucho que intentó, los otros no volvieron atrás. Uno de los soldados le miró no muy convencido. Arthur chasqueó la lengua a disgusto. Inaceptable lo que habían hecho los franceses.
- Siempre tan cobardes... -murmuró el inglés mientras veía a aquellos soldados huir.
Después de todo, aquello le iba bien a él. El español se había quedado bastante desamparado en un intento arriesgado de pasar por la brecha que se había abierto.
- ¡No necesitamos a esos sucios gabachos para hacer un trabajo bien hecho! ¡Seguid! -exclamó Antonio.
Puede que los franceses fueran más débiles (puede no, es que lo eran. Estaba convencido de ello.) pero ellos no se iban a rendir tan fácilmente. Y menos cuando el inglés estaba al otro lado de la grieta. Alcanzó prácticamente el lugar.
- ¡Vamos, Arthur! ¡No te quedes ahí respaldado tras la protección de tus niñeras! ¡Sé valiente y ven a luchar, nenaza!
Escuchó su nombre entre el griterío y empezó a buscar al único que podría haberle soltado tales perlas en aquel momento. Cuando su vista se lo topó, se le dibujó una gran sonrisa maliciosa en el rostro
- ...A ti te quería yo ver... -dijo mientras desenvainaba su espada y empezaba a dirigirse a la brecha.
- ¡Sir! No pued--
El inglés se zafó bruscamente del agarre de su soldado.
- No me des órdenes. -frunció el ceño, apartándose más del otro y continuando su camino.
No tardó mucho en llegar hasta donde estaba el español.
- Gritas como alguien desesperado~ -comentó juguetonamente, con aire superior. Antonio apretó los dientes. Sí, seguramente lo sonaba. No había nada más que deseara en ese momento que devolverle a Arthur todo lo que él estaba pasando. Podría decirse que él mismo se lo había buscado, pero eso le importaba poco- Aunque es normal, viendo todo lo que está pasand--
- ¿¡Por qué no te callas de una vez!? Lucha como toca y déjate de palabrerío.
Silencio. Arthur se quedó observándolo durante no mucho rato.
- Luchar... ¿como tus queridos franceses? Ha sido divertido ver eso... -movió su espada, dispuesto a atacar en cualquier momento si era necesario- ¿Sabes? Me llegan a hacer un tanto así -prosiguió, haciendo el gesto de 'pequeño' con los dedos- y todo, absolutamente todo, lo que hubiera firmado con ellos acabaría bien quemado.
Sabía que esa mirada que le dirigía el español era la del mayor de los odios y que era alimentada por cada frase que le soltaba.
- Nunca aprenderás~ -bufó el inglés.
- ¡Veo que voy a tener que empezar yo! -gritó Antonio lanzándose finalmente al ataque viendo que el otro no dejaba de charlar.
El movimiento había sido rápido y limpio. Un simple instante en el que se había descuidado y tenía al español a su lado, amenazante con su espada. El primer movimiento fue dirigido a su rostro, del cual consiguió apartarse por escasos centímetros. El siguiente lo detuvo a duras penas con su propia espada. La expresión de sorpresa se dibujó durante esas milésimas de segundo, para luego volver a la misma expresión desafiante de antes.
-Te hacía más de hacha a ti... pero veo que -y lo empujó con la hoja de su espada- esto puede ser más interesante de lo que pensaba... -dicho esto se pasó la mano por la mejilla, sin dejar de mirarlo- "Sangre..."
La lucha prosiguió entre el fuego amigo y enemigo, por lo que dificultaba aún más los movimientos. Tanto granaderos españoles como el propio fuego británico eran un peligro para ambos. Se encontraban en la brecha, y esa brecha era el objetivo de los dos bandos, ya fuera para defenderla o para destruirla.
Habían empezado a sangrar por varios cortes, pero no pensaban detenerse. Si lo hacían, era porque el otro huía o caía. El inglés notaba como la ira del español iba en aumento -aún más si cabe-, viendo que en la lucha de las espadas estaban bastante igualados pero que su ejército estaba cayendo como moscas un poco más atrás. España sabía que él podría aguantar, ¿pero a costa de cuántos hombres? ¿Y después qué? ¿Quedarse él solo contra el ejército inglés? No era tan idiota como para no ver la realidad (por mucho que ésta no le gustara).
-Parece que vuelvo a ganar yo~ -dijo juguetonamente el inglés.
- ¡Retirada! -gritó España a sus hombres... Bueno, a los pocos que quedaban en pie. Por un momento parecía que sus soldados no acababan de asimilar la orden- ¡HE DICHO RETIRADA! ¿¡Estáis sordos!?
Hizo un movimiento brusco con la espada para apartar un poco a Arthur, lo suficiente para poder retirarse él también. Lo que le sentó como una patada fue ver como el otro dejaba que huyera, con una sonrisa en el rostro. Peor que morir en la contienda era el hecho de huir como un perro apaleado. Arrastraron a los heridos que pudieron mientras la artillería seguía volando por encima de sus cabezas. Unos cuantos metros más y el fuego cesó. El resto de la guarnición salió al paso para recibirlos y trasladar con sumo cuidado a los heridos graves. Un soldado se dirigía hacia Antonio cuando éste empezó a caminar a paso ligero hasta la tienda de mando. Respiraba agitadamente: no por las heridas, no porque estuviera cansado, sino de la misma rabia. Los generales que había dentro le miraron tensamente: A Antonio se le veía de todo menos calmado. Empezó a dar vueltas por el habitáculo, el soldado aún le seguía, intentando atender las heridas del otro, pero con cierto miedo a acercarse.
- ¡¿Se puede saber en qué coño estaban pensando los franceses?! -explotó finalmente- ¡Ciento ochenta granaderos han muerto! ¡El resto están todos heridos! ¡A saber cuántos sobrevivirán a las infecciones a campo abierto! ¡Putos gabachos de mierda! Todos unos nenazas. ¿¡Podéis hacerme el favor de recordarme por qué les permitimos que nos ayuden tan patéticamente?!
Se hizo un silencio tenso durante el cual nadie se atrevía a hablar. Antonio seguía esperando una respuesta que le satisficiera de algún modo.
- Sabe que han sido unos aliados en potencia siempre que nos hemos enfrentado a Inglaterra, señor... -dijo finalmente uno de ellos.
- Te juro que la próxima vez que los vea huir, como los tenga al lado, les vuelo la tapa de los sesos yo mismo. -contestó con un tono frío y ahora calmado.
- S-señor... debería dejar que le curara sus heridas.
Y fue en ese momento que se dio cuenta de que estaba peor de lo que había pensado en un principio, cuando estaba aún encendido de ira y su mente alejada del dolor o cansancio físico.
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- ¡Tsk! -exclamó Arthur al notar una punzada de dolor.
- Deje de moverse, señor. Me impide que pueda curarlo bien...
- Es que escuece. No te entretengas tanto en cada una de ellas.
Tenía heridas de espada por todo el cuerpo, aunque el otro no es que se hubiera salvado de las que le hizo él. Seguro que su situación era mucho peor. El hombre que lo atendía terminó de curar sus heridas más graves y se dispuso a poner alguna que otra venda. Arthur se movía un poco como un títere, al gusto del otro, dado que su mente andaba en otras cosas más importantes: el español no se iba a quedar de brazos cruzados, era obvio que volvería al ataque en cuando le llegaran refuerzos. De momento se encargaría de vigilar las zonas por donde era más posible el ataque y trataría de ver cómo conseguir que los alimentos llegaran sin problemas al peñón. Por nada del mundo podía permitir que su ejército cayera enfermo o algo peor. Leake, cuando había visto que los españoles eran derrotados y los franceses habían huido, había pedido permiso para volver a Lisboa, donde prometió que reforzaría su flota con ayuda de holandeses y portugueses. A Arthur le parecía bien, no entendía esas preferencias de Leake por Lisboa -quizá tenía una novia o amante portuguesa-, pero con esas promesas y sabiendo que en cuanto fuera llamado volvería a estar ahí, fiel a su nación, ya le era suficiente.
8 de febrero de 1705
- Sir.
- Uhm... es la hora del té. ¿Es tan importante? -respondió un Arthur claramente molesto.
- Ah... -el otro ladeó la mirada, pero luego cambió su postura a una más seria.- Se me ha ordenado avisarle de que se han visto movimientos en campamento enemigo, señor.
- Le habrá hecho algún 'favor' al francés...
- ¿Disculpe...?
- Nada, déjalo. Ahora márchate. Si hay alguna novedad quiero que seas tú mismo el que me avise.
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En dos días el número de muertos en la desastrosa contienda se había elevado hasta casi llegar a los doscientos hombres. Estaba recuperándose de sus heridas y queda decir que se sentía ligeramente enfermo. Seguramente era por las condiciones en las que llevaba viviendo ya una temporada larga. Por si todo eso junto no fuera suficiente problema, ahí estaba el marqués de Villadarias y otros generales. Empezaba a dolerle la cabeza con tanta estupidez junta... Les estamparía la cabeza contra el suelo de no ser que aquello no sería bien visto por el resto de su gente (minucias).
- ¡Esto es como un insulto, señor! ¡El mariscal de Berwick hacía bien su trabajo! ¡No necesitamos que sea substituido! -dijo el marqués indignado.
- "Claro que hacía bien su trabajo. Corrió el primero del campo de batalla" -pensó el español. Mejor no se lo decía, que no quería que le calentara la cabeza con más tonterías.
- Hemos decidido que nos retiramos.
- ¿Qué? -dijo con un aire entre atónito y agotado Antonio.
- Vamos a ir a presentar nuestras quejas al rey de Francia -dijo el de Villadarias.
- Oh claro, olvidaba que los soldados se mandan solos... -dijo Antonio irónico mirando con los ojos entrecerrados a los hombres, que bajaron la vista culpablemente.
- Lo lamentamos, señor. No vamos a cambiar de parecer tampoco. -finalizó el marqués.
Si no hubiera sido porque salió y vio a la contienda de 4000 hombres que venían a sustituir a los que habían perecido, hubiera pateado a aquellos generales hasta el patíbulo y los hubiera matado a todos. Tomó aire, últimamente no dejaba de estar enfadado y sus pensamientos eran bastante radicales. Pero es que motivos no le faltaban. Ahí estaba el mariscal de Tessé, diciéndole que tendrían que esperar la llegada de los navíos del marqués de Pointy. Había que joderse...
28 de febrero de 1705
Por una vez en su vida se alegraba de que el clima que había tenido durante toda su vida fuera de lluvia, frío, niebla... vamos, todo lo malo que un clima pudiera tener. Eso significaba que sus navíos y sus soldados estaban acostumbrados a ese tipo de tiempo... cosa que...
-Uf, menuda está cayendo...
Un trueno fortísimo se hizo sonar por encima del bombardeo que se sucedía en la Ciudad de Gibraltar. Por los movimientos de los navíos enemigos todo indicaba que tenían un plan que ellos desconocían... ¿quizá entrar por algún lugar que no tenían protegido?
-El sur. -se quedó atónito. No estaban teniendo en cuenta que podrían tratar de entrar por el sur.- ¡Dirigid defensa hacia la zona sur enseguida!
Y otro trueno. La tormenta y el viento iban cada vez a peor. Arthur suspiró aliviado viendo que todos los posibles intentos por mar tendrían que ser cancelados. Lo que no pensaba permitir era que le volviera a pasar algo por alto de ese modo.
-Llamad a Leake inmediatamente.
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El tiempo era lo que se conocía popularmente como: "una puta mierda". Por suerte esta vez los franceses no habían huido y estaban bombardeando Gibraltar. Observó el intento, que ya habían planeado, de desembarcar por el sur de la ciudad. Al parecer la zona no estaba muy protegida.
- ¡Joder! -exclamó cuando vio como los barcos no podían acercarse más. ¿Es que nunca le iba a salir nada bien?
- Señor, me informan que han capturado tres barcos de transporte ingleses.
- Que traigan todas las provisiones que los barcos llevaban. E informad a Tessé: En cuanto el temporal arremeta, que no tenga piedad con la ciudad y eche de una vez a los ingleses de mi península.
El comentario de sandrichan87 (Miru os recomienda [ordena] que vayáis a visitar su perfil. ¡Venga, venga!)
Primero quiero dar las gracias por los reviews. Ayudan mucho a seguir escribiendo, sinceramente~
Aquí damos fin a una conquista, pero la lucha por Gibraltar ha tenido un 'sinfín' de asedios xD así que estaremos gustosas de tratar ese puteo anglo-español. (porque sí, lo hacen por putearse y no hay más que hablar). Y porque soy española... que sino mi parte Arthur no dejaría de reírse por todos los intentos de Antonio por recuperar el peñón. Es... divertido escribir esto. :D Espero que sea igual de entretenido leerlo. ;D
El comentario de miruru (C'est moi~ :D):
Gracias por leer y por los reviews y todo. Me gustaría comentarlos todos individualmente, como hago siempre, pero sé que Sandri también querría y entonces sería el doble de texto xD. Sólo me queda deciros que es súper agradable (y no os podéis imaginar hasta qué punto) "ver caras conocidas" de los comentarios de otros fanfics. Gracias: SonneDark, Misao, Atsun, Matakishi. Como diría Gilbert: ¡Sois awesome! ;D.
Sobre el capítulo... Que por intentos no será, y que Antonio se esfuerza xD pero al pobre no le fue demasiado bien. Lo de los franceses que los abandonaron fue extremadamente shock y cuando lo leí no pude salir de mi asombro. ¡No entiendo cómo pudimos seguir "confiando" en los gabachos! ò.ó. Larga vida a escribir sobre el puterío que se traían estos dos. :D
Nos vemos en el siguiente capítulo. Espero que os guste y ver vuestros comentarios. Que nos animan mucho, es como nuestra batería para seguir ò.o Feed us! xDD
