Por YAIZA

Forzaron la cerradura y se adentraron en el instituto, con la adrenalina aflorando en sus interiores. A cada paso que daban se sentían más eufóricos, pero la euforia no aplacaba el miedo y la sensación de que algo iba a fallar.

En el interior reinaban el silencio y la oscuridad. Enfocaron con las linternas buscando rastros de vida, pero allí no había nadie.

-No hay nadie -dice alguien, incapaz de ocultar el miedo en su voz pero imposible de distinguir por la escasez de luz.

Cuando estuvieron seguros de este hecho, por fin tuvieron el valor suficiente de encender la luz.

Fueron hasta donde bien sabían que estaba jefatura de estudios, por las muchas veces que habían ido a visitar a la directora por ir al baño.

Siempre les habían llamado el grupito de los rara avis, y estaban a punto de demostrar hasta qué punto estaban en lo cierto. En pocos minutos, pusieron su plan en marcha, esperando triunfar. De momento todo iba bien, pero siempre se puede torcer la cosa y ese conocimiento les perseguía como si de Edward Cullen con sed se tratase.