Soy una persona horrible, ya lo sé. Por varios problemas no continúe con la historia, pero aquí estoy denuevo. Espero que les guste…
Bye
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Capítulo 2: Mi cambio de vida
Once meses antes de conocer a Edward
Mi plan para cambiar de vida fue más simple de lo que jamás había imaginado. Fue en el avión camino a Volterra cuando descubrí lo que iba a cambiar todo lo que hasta ese momento conocía. El viaje fue demasiado largo e incomodo para mi gusto. Como viajaba en clase turista no tenía espacio ni para moverme y para colmo de males, atrás mío había una pareja con dos demonios en vez de hijos, así que pase todo el viaje escuchando gritos y recibiendo patadas en mi asiento. Lo peor de todo fue que sin querer deje el libro que iba a llevar como equipaje de mano encima de mi cama en Forks y no tenía nada con lo cual pudiese entretenerme. Afortunadamente una chica se apiado de mí y me prestó una de las revistas que ya había terminado de leer.
"Soy Jane," se presentó después de pasarme las revistas.
"Bella," murmuré sin hacer contacto visual, acostumbrada a que chicas guapas como ella me utilizaran como burla. Al parecer eso no la inmuto, porque continuó hablándome como si nada.
"Deberían drogar a esos demonios, o al menos meterlos en una jaula y transportarlos con el equipaje," debió notar mi expresión de horror, porque rio suavemente y continuo. "Deberías relajarte un poco, te ves, muy tensa… por cierto, estaba bromeando con lo del equipaje, pero no con lo de las drogas… no es que no me gusten los niños" continuó, "es que hay algunos padres que no saben controlarlos… mi padre es un amor, pero cuando era necesario a mi hermano y a mí nos controlaba con una sola mirada… es el mejor padre del universo, excepto claro está, cuando me hace viajar en clase turista porque se le ocurrió que debía ir inmediatamente a casa y no quedaban asientos en primera clase. En fin, ¿qué te lleva a Volterra? ¿De paso o definitivamente?"
"Voy a estudiar, así que diría que estoy definitivamente de paso por un buen tiempo," conteste yo aún sorprendida de la amable actitud de esa chica.
"Genial, yo he vivido toda mi vida allí, y te digo de inmediato que te va a encantar… no hay nada mejor que edificios antiguos, y Volterra está llena de ellos, a mi me encantan. Mi hermano me dice que estoy loca por disfrutar de la historia, y además porque según él hablo demasiado y no se cuando callarme, pero no le hago caso porque es un idiota, lamentablemente somos mellizos, no sé porque te digo eso, no es importante pero que va, cuando salgamos de aquí seremos las mejores amigas…"
Y así continuó durante la mayor parte del vuelo, o no podía hacer nada más que mirarla anonadada. Jamás había conocido a alguien que hablara tanto sin realmente decir nada y que además me tratara como su mejor amiga después de que me prestara algo. Decidí no tentar al destino acercándome a ella sin conocerla en realidad, y la traté con suma cordialidad. Ella era como un soplo de aire fresco, descubrí que tenía una familia enorme y que vivían en Volterra desde hacia generaciones, aprendí también que su hermano era co- propietario de un bar y que tenía un primo muy guapo –opinión de sus conocidas que ella no compartía para nada ('lo conozco desde los pañales, cuando lo veo me acuerdo de los gusanos que se comía a los siete años')- que su padre tenía dos hermanos y una hermana, que eran los tres hermanos los que manejaban la empresa familiar, que su película favorita era Dirty Dancing ('siempre he querido bailar así'), su placer culpable eran las películas Disney ('¡No me digas que no te encantó HSM!'), que había leído Harry Potter al menos unas seis veces cada libro y que lo que menos le gustaba era lo sobreprotectores que eran sus familiares por ser la más pequeña de la familia.
Cuando se durmió aproveché para ojear las revistas. No eran nada del otro mundo, pero tampoco eran las típicas revistas de moda que esperaba encontrar. Habían dos de historia, una de video juegos, otra de actualidad y dos de Salud. Fue en estas últimas que encontré la respuesta a todas mis plegarías, al principio no me pareció nada del otro mundo, pero cuando vi los resultados publicados decidí que se convertiría en mi nuevo plan de acción. Estoy divagando, ya lo sé, pero ya se los advertí, es lo que mejor hago. Volviendo al tema, lo que encontré fue una entrevista al Doctor Dukan y a su milagroso método para bajar de peso. Al principio parecía todo maravilloso, así que como es lógico –al menos para mí- dude de sus resultados, pero Jane, que al parecer se había despertado vio lo que estaba leyendo y dijo algo que hizo que mi esperanza renaciera.
"Oh, esa dieta es genial, una de mis tías es psiquiatra y trabaja en conjunto con un centro para adelgazar, ellos usan ese método y han obtenido resultados espectaculares. Una de sus pacientes perdió como sesenta kilos en un año, ahora está más que espectacular y como complementó con ejercicios ni siquiera tuvieron que operarla…"
Ahí señoras y señores, que comenzó mi nueva vida, lo cual me lleva aproximadamente 11 meses después de ese encuentro a estar en la oficina de dicha tía tratando de resolver mis problemas emocionales después de haber perdido 65 kilos aproximadamente.
Siete horas antes de conocer a Edward
"Bella," comenzó la doctora Carmen Santa Cruz, mi psiquiatra desde hacía seis meses aproximadamente, "no puedes continuar así. Tu tratamiento no avanzará si no pones algo de tu parte". Eso me indigno y trate de hacer ver mi displicencia pero ella me detuvo antes de que pudiera decir algo. "Ya sé, ya sé, estas tratando de hacer lo mejor que puedes, pero querida… eres una mujer muy guapa, por dentro y por fuera… ya no es igual que antes, no tienes porque esconderte…"
"Es difícil," murmuré sin mirarla a los ojos. "Ya sé que no soy la misma de antes, pero aún así me cuesta mucho… es duro… es decir, racionalmente sé que ya no soy la Bella que llegó con más de sesenta kilos de sobrepeso, pero hay una parte de mi cerebro que no quiere comprender eso, que se niega a aceptarlo, y a veces todavía siente que es el patito feo y más encima gordo del lago…"
"Querida… debes siempre recordar que ese patito feo se convirtió en un hermoso cisne, y tu ya lo hiciste… no tengo duda alguna de que todo esto ha sido difícil para ti, pero si no tratamos de solucionarlo ahora, te perseguirá por el resto de tu vida. Isabella, tu también mereces ser feliz."
Es verdad, yo también merecía ser feliz, pero…
"Deja de pensar en los peros," me regaño, a esa altura ya no me sorprendía que pudiese leer mis pensamientos. "No quería hacer esto, pero me obligaste. Isabella Swan esta noche vas a salir a pasarla bien. Te vas a ir a un bar y vas a bailar en la pista como si el mundo se fuese a terminar hoy. Te vas a poner algo sexy y bonito y cuando nos veamos la otra semana me vas a contar como tal te fue."
"Pero… pero…" proteste yo.
"Pero nada. Lo vas a hacer y punto." Me dijo con firmeza.
"Está bien," asentí. Después de todo no era necesario que fuera, La doctora Santa Cruz jamás iba a saber si de verdad salí. Por dentro estaba bailando de felicidad, eso fue esta que escuche lo siguiente.
"Y que no se te ocurra pensar que no sabré si no vas. Porque quiero que tu salida sea en el club de mi sobrino, y quiero también que me traigas algo como muestra de que realmente fuiste. No dudes ni por un segundo que no habrá consecuencias si no vas…"
Me lo dijo con una sonrisa tan espeluznante que no pude hacer nada más que tragar.
Quince minutos antes de conocer a Edward
"Esto es peor de lo que pensaba…" murmure mirando la larga fila que había que hacer para poder pasar al bar. Decidí esperar diez minutos en la fila antes de irme, para así poder decirle a la doctora Santa Cruz que sí había cumplido con su mandato, pero por motivos de fuerza mayor no pude entrar. 'Que lastima' pensé sarcásticamente, y comencé a enumerar las cosas que iba a hacer cuando llegara a mi casa.
Lamentablemente no conté con lo escurridiza que podía llegar a ser mi 'adorada' –noten el sarcasmo- doctora y lo mucho que me conocía.
"¿Isabella Swan?" preguntó una voz profunda detrás de mí. Me di vuelta y volví a maldecir a mi doctora. A mi espalda se encontraba uno de los gorilas estacionados en la puerta de entrada, me miró sonriendo y continuó. "Tienes que ser tu, Carmen me dijo que buscara a la chica más incomoda en la fila que pareciera estar pensando un plan de escape," termino sonriendo abiertamente.
"Maldición," dije en voz alta, queriendo borrar la sonrisa en el rostro del enorme gorila.
"Soy Felix. Carmen me ordeno que te hiciera pasar inmediatamente y que me asegurara de que no salieras de aquí sin un vaso de aniversario que te darán en la barra después de que el barman considere que te has divertido lo suficiente. No tengo ni la más mínima idea de qué significa eso, pero ordenes son ordenes."
"¿Qué me haya divertido lo suficiente?" pregunte con incredulidad. 'Maldita Carmen y lo mucho que me conoce'.
"Venga, vamos," dijo agarrándome por el codo. A regañadiente camine a su lado, cuando entramos fue lo suficientemente amable como para llevarme a la barra y presentarme al barman, después de eso se fue.
"¿Qué quieres beber, Isabella?"
"Llámeme Bella, por favor." Le pedí sonriendo levemente.
"Entonces tutéame y para que lo recuerdes los amigos me llaman Mitri," guiñándome un ojo continuo, "además estoy seguro que al final de la noche seremos muy buenos amigos."Antes de que pudiera responder alguien lo llamo y sonriendo, me dejo con un vaso de algo rosado antes de irse.
Llevaba aproximadamente diez minutos en el bar y ya estaba más que aburrida, así que decidí observar a la gente que estaba a mí alrededor e inventarles historia. Fue así como lo vi por primera vez. Dos puestos a mí derecha se encontraba el ser humano más guapo que jamás había visto, su pelo cobrizo parecía brillar en medio de la oscuridad, y su triste sonrisa parecía estar llamando. Estaba demasiado lejos como para ver el color de sus ojos, pero los imagine hermosos igual que él. Mis pensamientos me sorprendieron, desde lo que pasó con el innombrable –y no, no me refiero a Lord Voldemort, y sí, Jane me volvió fanática de los libros- no me había vuelto a fijar en alguien. Decidí apartar esos pensamientos de mi mente y centrarme en pensar en cómo iba a pasarlo lo suficientemente bien como para que me soltaran con mi premio por ser una buena chica.
No habían pasado ni dos minutos cuando vi algo que casi me hizo pensar en comprar pañales para adulto. Al lado del chico guapo habían dos chicas, las dos chicas más plásticas que jamás había visto, con faldas que apenas le cubrían el trasero y un escote que no dejaba nada a la imaginación. 'Pobrecito' pensé 'se ve tan incomodo como yo'.
Lo que paso después fue algo que ni en mis sueños más salvajes imagine que iba a suceder, a lo mejor fue la suma de muchas cosas, pero siempre culparé a mi vena de buen samaritano, porque lo que hice fue lo que realmente cambio mi vida para siempre.
Me levante muy decidida y con la cabeza en alto camine hacia el guapo de pelo cobrizo, con un movimiento poco usual en mí, le toque el brazo "seximente" y le dije:
"¿Amor, me esperaste mucho tiempo? Lo siento, se me paso la hora…"
Y es por ese movimiento que ahora estoy en un avión de vuelta a Forks a la boda del sapo que se burlo de mí con mi falso novio que es mi mejor amigo.
Ahí conocí a Edward Anthony Cullen.
