When All is Lost One is Found. En español.

Autora: Rinoaebastel

Capítulo 1: Conociendo la Realidad

Disclaimer: Harry Potter no es mío y no gano nada con esto. Solo práctica en la escritura. Harry Potter es propiedad de JK Rowling.
AN: Esta historia puede contener escenas de los libros y de las películas de Harry Potter, pero no con el dialogo exacto, ha sido reescrito u omitido. No está señalado.


Junio 1976

Pensaba que James Potter era un completo majadero. Y todos en Slytherin estarían de acuerdo con él, pero la mayoría de los habitantes de su casa odiaban a Gryffindor, así que, no era inusual tener esos pensamientos. No estaba bien mencionarlo, pero incluso algunos de los miembros de otras casas sentían que el personal de Hogwarts los favorecía. Eran los poderosos, los populares, los atractivos, y aparentemente siempre tenían todo lo que deseaban.

Y ellos lo odiaban a él. Desde el día en que entró en Hogwarts era el más inteligente de su clase. La mayoría de los profesores estaban encantados de enseñarle a pesar de su lealtad a la casa de Slytherin. Pero sus habilidades y su inteligencia, solo creaban celos y envidia de cierto grupo de estudiantes, y como consecuencia, un sufrimiento para él que venía de la mano de James Potter y amigos.

Miró a la mesa al mismo tiempo que la comida apareció delante de ellos. Era un banquete para reyes pero no tenía hambre. No podía apartar la mirada de Potter ni de Lily. Ella había sido la persona más importante para él. La persona que lo había aceptado y había mostrado cierto afecto hacia él.

Fue entonces cuando la realidad de que estaba solo lo abofeteó. De que siempre lo estaría. Potter tenía a Lily y cualquier destello de amistad que tuvo con ella, ahora había desaparecido.

Se levantó y agarró sus libros. Si no salía de allí podría llegar a hacer algo que haría perder puntos a su casa.

Cruzó el gran comedor y caminó hacia el lago. Podía sentarse allí durante horas, leyendo, corrigiendo, estudiando pociones y creando nuevos hechizos. El prefecto Malfoy y la mayoría de sus compañeros lo elogiaban por esa habilidad. Los Slytherin podían ser como las serpientes, reptando por el suelo y apartados de todos pero valían tanto como cualquier otra persona. Sus piernas lo guiaron por instinto hasta llegar a lo que él consideraba su lugar. Se sentó bajo el sauce llorón, cerró los ojos y respiró hondo, disfrutando del olor de la hierba a recién cortada.

Abrió el libro y comenzó a leer. De vez en cuando escribía en los márgenes para corregir algunas de las medidas con el fin de mejorar los efectos de los ingredientes. Si quería alcanzar una posición de maestro en pociones, tenía que ser mejor que todos los demás. Además, si obtenía más habilidad en algo en lo que Lily estaba interesada, quizás, ella abriría sus ojos y podría demostrarle que no era malo por tener curiosidad hacia las artes oscuras. ¿Cómo no iba a tenerla? Eran útiles y podían mantener a raya a hombres egocéntricos como Potter.

Un puñado de risas interrumpió sus pensamientos. Frunció sus labios y ocultó su rostro en el libro, deseando que fuera posible hacer desaparecer su presencia. Conocía esas risas como si las hubiera creado él mismo. Tenía que mantener la calma e ignorarlos. Si lo hacía, quizás lo evitarían. Severus se inclinó tan cerca de su libro que su nariz rozó las páginas. Tomó varias bocanadas de aire, lentas y profundas, intentando calmarse. Después de años de humillaciones, burlas y de la pérdida de todos a los que se atrevió a considerar importantes, no quería lidiar con ellos si podía evitarlo.

Pero se negó a tenerles miedo. Era un Slytherin. Era orgulloso, poderoso e inteligente. Podía hacer frente a esto. Normalmente ignoraba las bromas de mal gusto, pero no parecía que aquello disuadiera al grupo. Lo único que quería era que lo dejaran solo, pero claramente eso era demasiado para desear.

—Mira quién está aquí, —dijo Potter. —Quejicus, ¿todavía no te has lavado tu grasiento pelo? Pensé que habíamos dejado las cosas claras. Eres bueno en pociones, así que, ¿por qué no puedes hacer algo para limpiarte?

Miró a Potter a través de las cortinas que formaban su cabello colgando de su frente y entrecerró los ojos. Su pelo no estaba grasiento. Su trabajo con las pociones solo lo hacía parecer así. Pero nadie se le acercaba lo suficiente como para averiguarlo.

El grupo dirigido por Potter rió. Su cuerpo se tensó. ¿Por qué él? Nunca había dirigido una palabra de odio contra de ellos a no ser que lo atacaran primero. Incluso ahora, rara vez decía nada. No quería ser como esos idiotas irrespetuosos. No entendía por qué nunca lo dejaban tranquilo. ¿Era porque mantenía el silencio? ¿Porque amaba a Lily? ¿Porque tenía un aspecto horrible?

Cuando visualizó una bota marrón cerca de su pierna, su aliento se aceleró y su estómago se sacudió. Se atrevió a mirar al hombre que odiaba, aquel que arruinaba todo. Siempre.

—Venga ya Quejicus, ¿acaso la serpiente te ha comido la lengua? — Black inclinó la cabeza como un perro curioso y sus ojos se llenaron de regocijo. Severus retuvo el impulso de corregirlo.

Intentando no caer en sus juegos, Severus se levantó, tocando el árbol con su mano para buscar el equilibrio. Tenía que irse de allí. Sin reconocer verbalmente la presencia de Potter se alejó unos pasos, tratando de escapar sin confrontación. Con cada paso que daba luchaba por controlar su aversión. Lo seguían. Prácticamente podía sentir sus pasos sobre la hierba detrás de él.

—Eres un cobarde Quejicus. —escuchó a Sirius decir y su sangre hirvió. Perro Hipócrita.

Como si el perro hubiera oído sus pensamientos se puso delante de él, cortándole el paso y obligándolo a mirar un segundo. Se dio la vuelta y visualizó a Potter con la varita en la mano. Severus mostró su varita pero, en un abrir y cerrar de ojos, lo desarmaron. Se sintió como un idiota por bajar la guardia hasta el punto de ser desarmado. Embistió, tratando de agarrar su varita pero fracasó.

Sintió una sacudida atravesar sus músculos y articulaciones, haciéndolos inútiles para sostener su peso. Cayó de bruces en la hierba y mientras estaba inmóvil, respirando el olor que adoraba, esta vez, no calmó su miedo. Lo transformó en rabia.

—Sólo queríamos saber cómo te ha ido en el examen. No había necesidad de que intentaras marcharte. Pero bueno, ahora supongo que puedes escapar reptando aunque, no querrás dejar tu varita atrás ¿Verdad?

Intentó mover los brazos y las manos para levantarse pero no sirvió. Después de lo que estaba viviendo no volvería a ser tan débil. Nunca más.

—No tienes derecho a preguntarme. Haré que pagues por esto. —Su voz fue amortiguada por la tierra que entraba en su boca. Quería detenerlo con su poder. Era más listo que Potter. Podía hacerlo. —Estúpido arrogante —murmuró.

—Eso que has dicho es muy feo, Quejicus. Ya que tu madre nunca te lavó la boca, supongo que tendré que hacerlo yo. —Potter apuntó su varita hacia él.

Muévete. Vamos. ¡Muévete! Pensó, asustado ante las palabras que oía aunque de forma externa era incapaz de reaccionar.

—Fregoteo.

La maldición llegó a su boca antes de que pudiera hacer nada. El jabón y el agua llenaron sus entrañas y una oleada de nauseas lo golpeó, pero no les daría el placer de verlo vomitar. Incluso si tenía la oportunidad de mancharles las botas recién pulidas.

—¡Dejadlo en paz!

Sintió su pecho contraerse al reconocer la voz. No. Ella no podía estar ahí. Ella no podía ser testigo de esta humillación. No quería que ella lo viera tan débil. Esto era lo peor que Potter podría haberle hecho. ¿Qué clase de hombre podía llegar a ser para ella, si estaba actuando como un gusano asqueroso que solo podía intentar respirar entre la tierra? Nunca podría protegerla.

—¿Por qué le hacéis esto?

No necesitaban una razón.

—Se lo merece solo por existir. Esa es razón suficiente… Aunque, sí sales conmigo, podría dejarlo tranquilo. —contesto Potter.

Lo quería muerto. ¿Cómo se atrevía a tratar de usarlo como moneda de cambio para ganar una cita con ella?

Tratando todavía de hacer reaccionar su cuerpo y de luchar contra el hechizo, dejó que un pequeño gruñido vibrara en su garganta. Este no pasó desapercibido para sus atacantes. La atención de Potter y la sonrisa de Sirius volvieron a él.

—Levicorpus. — dijo Potter. Sintió su cuerpo elevarse, como si alguien hubiera atado una cuerda alrededor de su tobillo y lo estuviese levantando. Su cabeza colgaba a unos cuantos centímetros del suelo, provocando que la sangre se le acumulase, mareándolo en el proceso.

La túnica cubrió su cara y su camisa se movió, mostrando su estómago y sus costillas. Momentos después, su cuerpo volvió a golpearse contra el suelo. Su nariz se aplastó y sintió el dolor extenderse hasta su mandíbula. Entonces, sintió un cálido viento en un lugar en el que no debería haberlo hecho y para aumentar su vergüenza, comprendió el porqué.

La humillación se había completado. Su propio hechizo usado contra él, uno que alguien había robado con una sola mirada hacia su libro. Escuchó a la gente riéndose, burlándose de su ropa interior, vieja y gris. No se atrevió a mirar a Lily.

Una vez más, oyó su voz, rogándoles que dejaran de meterse con él. Su rabia creció. No necesitaba su ayuda. Quería que ella se fuera.

Volvió a intentar levantarse pero alguien lo había petrificado.

—¡Parad de una vez! — Interfirió Lily.

Se las arregló para poder mirarla y toda su rabia y dolor contenidos volvieron. La mirada que veía en los ojos de ella lo decía todo. La lástima que veía dolía más que cualquier otra cosa que aquellos bastardos le habían hecho durante el día. No, no estaba herido. Apretó los dientes unos segundos y dejó que la ira atravesara su cuerpo, saliendo de su boca en forma de palabras:

—No te necesito a mí alrededor. No quiero que estés cerca mía, asquerosa sangre sucia.

Pensó que podría arrepentirse después de ver su reacción, pero no sintió nada más a parte del odio y de la rabia. Ella se lo merecía. Era amiga de Potter y estaba fuera de su alcance. Él solo era el lamentable hijo del vecino, que sirvió para ayudarla hasta que ella encontró a gente mejor que él.

Pero él era poderoso. Era el príncipe mestizo.

Podía soportar esta idiotez solo. No necesitaba la compasión de una mujer. No necesitaba la compasión de nadie. No la quería.

—Vale. Si quieres actuar de esa manera… Pensaba que eras diferente, pero supongo que me equivoqué. Los dejaré que sigan lavándote el cuerpo. Probablemente lo necesites.

La vergüenza cruzó su rostro y no pudo ocultarla bajo su largo cabello. Sólo pudo gruñir al oír las frenéticas demandas por parte del grupo de torturadores para que se disculpara. Eran unos hipócritas. Todos ellos. Incluida Lily. Ella se había unido a la burla sin remordimiento alguno. Era increíble como alguien podía dar la espalda a otro de forma tan rápida. Era un idiota por quererla.

Vio como rechazaba a Potter y luego se marchaba. Apenas podía distinguir su espalda cuando desapareció completamente de su vista. Era mejor así. Era más sencillo que ella lo odiara. Cualquier cosa era mejor que la lástima.

Era patético. El rey de los patéticos.

Pero no dejaría que nadie sintiera pena por él.

-/-/-

Severus permaneció en posición fetal hasta que el último de los estudiantes se aburrió o se cansó demasiado de reírse a su costa. Los merodeadores habían desaparecido hacía un tiempo, o eso creía. El tiempo tendía a distorsionarse cuando una jauría de personas se burlaban de alguien. Respiró de forma profunda varias veces mientras rememoraba lo que acababa de suceder. Estaba dolido y en el proceso había herido a Lily. Seguramente ella se daría cuenta de que él no había estado pensando con claridad.

¿Pero, acaso importaba ahora que conocía la realidad? La había calificado con una palabra racista, derivada de la estúpida ideología que Malfoy y los otros estaban orgullosos de hablar. Él ni si quiera era un sangre pura. No podía ser como ellos, así que quería demostrar que podía ser mejor.

Hoy había alcanzado la degradación suprema. Casi había llegado a ser libre, de tener el control de su vida, de ser respetado como un hombre. Pero Potter se lo había arrebatado.

Se atrevió a mirar hacia arriba. El sol se escondía en uno de los peores días de su vida. Inhaló de forma profunda, encogiéndose cuando el dolor atravesó su nariz.

Reunió el valor y con sus brazos temblorosos puso las palmas en la húmeda hierba, intentando levantarse. Sintió una mano en su hombro y su cuerpo se congeló, como si fuera víctima de otro hechizo a pesar de que sabía que esta vez, no lo era.

—Severus. No te preocupes compañero. Haremos que paguen. Eres uno de los nuestros. —Esas palabras de aceptación lo relajaron al instante. Eso era lo único que quería. Ser parte de algo. Ser poderoso, importante y respetado.

—Avery, — se las arregló para susurrar, su garganta estaba ronca. —Me superaban en número. No podía hacer nada. —Forzó su voz para mantenerla calmada y se enorgulleció al lograrlo.

—Lo sabemos. Ahora no importa, pero no se saldrán con la suya después de lo que te han hecho. No te preocupes, Malfoy seguirá hablando sobre ti de forma positiva al Señor Tenebroso. —Avery retiró la mano de su hombro. —Levántate, Severus. Sabemos que tienes potencial. Sabemos que puedes pasar nuestras pruebas sin esfuerzo.

Escuchó los pasos de Avery desvanecerse, dejándolo solo para recuperar su dignidad.

Esperó unos instantes, luego dominó su cuerpo débil y se levantó con una elegancia que nunca creyó que podía poseer. Como un hombre cuya sola presencia podría hacer temblar al mundo. Un hombre creado a partir de los años que había vivido hasta hoy. Eran los primeros pasos hacia su libertad.

Pero primero, tendría que cortar los lazos con los de su sangre. Daría el primer paso en llegar a ser un hombre fuerte, asegurándose de que nunca llegaría a actuar como su padre.

Y eso significaba que tenía que rectificar el error que había cometido. Un error con el que había degradado a alguien que le importaba.

Entonces, con la ayuda de algunos de sus compañeros de Slytherin, tomaría medidas para encaminarse a ser un hombre, del que podría sentirse orgulloso.


AN: Pienso que esta escena es un punto importante en la vida de Severus que lo hizo cambiar, por lo que era una necesidad mostrarlo. Espero que hayais disfrutado leyendo y si tenéis tiempo dejarme lo que penséis en los comentarios. Hasta la semana que viene!