Despertó con la misma sensación que la noche pasada. Algo en el ambiente le parecía diferente, como una nueva fragancia o un sonido que jamás había escuchado… Como si él fuera una pieza diferente en el mundo que le rodeaba. Probablemente era causado por la nueva etapa de su vida, lo único que podía hacer era tratar de acostumbrarse a esa extraña sensación, sólo era cosa de tiempo. Sirvió el desayuno con normalidad y se preparó para ejercer las labores diarias como familiar del templo. Aparentemente Mikage había salido temprano en la madrugada, mucho antes de que el familiar albino se despertase, dejando una nota avisando que iría a visitar a un preciado amigo del extremo de la ciudad y que para su mala fortuna volvería al anochecer. Necesitaba preguntarle como sobrellevar aquella situación de mejor manera… Incluso cuando no pudiese darle ninguna solución, para él sería un alivio al menos saber que contaba con la atención de su antiguo maestro. Cosa que no podía pedirle a la diosa de la tierra.

Fuera de eso, el día había pasado con normalidad. Nanami luego de terminar su desayuno, se dirigió al patio trasero para desarrollar las labores divinas con más calma mientras los niños de fuego le hacían compañía y le indicaban ciertas cosas para ayudarla a mejorar sus habilidades. Cuando pasaba a lo lejos para percatarse de que todo estuviese bien, algo le pareció diferente de aquella chica cuyo cabello jugueteaba con el delicado viento que corría anunciando la llegada del otoño. Su sonrisa brillaba con más fuerza que otros días y su silueta se veía mucho más femenina, sus gestos más elegantes y su cabello despeinado le hacía florecer una faceta tan sensual que ella desconocía. Quizás eran percepciones de él o Nanami simplemente estaba creciendo… Podían existir muchas razones y cualquiera podía ser una opción. Pero había un hecho irrefutable; No pudo evitar observarla cada vez que pasaba, definitivamente, ni ahora ni antes, había forma de que no se hubiese fijado en aquella chica de ojos tan preciosos que brillaban tanto como las noches estrelladas. Cuando llegó la hora del almuerzo la castaña fue la primera en aparecer en la mesa. Su amor por los platos de su familiar era un hecho que todos en el templo conocían.

- ¿Tomoe hay alguna labor pendiente para mi?

- Por ahora ninguna de gran importancia. – Respondió el astuto zorro mientras se servía un poco de té para acompañar a su maestra - ¿Por qué?

- ¿Tienes planeado salir a algún lugar, Nanami-chan?

- Ahhh. Si… Como es fin de semana pensaba en pasar la tarde con Ami y Kei. – Respondió con algo de timidez en sus palabras. Esperando no tener ninguna tarea pendiente. Y si la tuviese, que su familiar tuviera piedad en ella para postergarla ese día–

- ¿Puedo acompañarte a la ciudad, Nanami-chan? – Preguntó un entusiasta Mizuki –

- Tal vez en otra ocasión…

- ¿A qué hora llegarás?

- Como a la más o menos… - El tiempo que Tomoe se dedico a terminar el té que disgustaba le pareció eterno. Colocándola ansiosa. Cuando el albino posó una arisca mirada en su maestra dejó con sumo cuidado el vaso de cerámica en la mesa. -

- … Si no estás aquí a las 8 en punto, yo personalmente iré a buscarte.

- ¿De que estas hablando, Tomoe-kun? – El tono de voz que había usado el zorro le pareció un tanto posesivo a la serpiente, como si tuviese todo el derecho de exigirle lo que quisiera a la joven diosa quien en ese momento lo observaba pensativa –

- ¿Qué? Nanami debe entender que como diosa del templo no debería permanecer mucho tiempo en el mundo de los humanos. Además puede ser peligroso para ella.

- Pero para eso está-

- Entendido~ Estaré aquí a las 8 a mas tardar para no preocuparlos.

Respondió sin rodeos y con suma tranquilidad ante las tajantes y autoritarias palabras de su familiar. Sin tomarle mayor relevancia. El resto del almuerzo la conversación que tenían los integrantes del templo eran temas banales y sin importancia. Pero para Tomoe, le pareció que la chica que tenía a su lado se encontraba algo nerviosa mientras terminaba su comida. Le miraba cada momento como queriendo pronunciar ciertas palabras que en su boca no podían ser articuladas, haciendo que el kitsune se preguntara si tenía algo importante que contarle.

Al terminar, Nanami se retiró a su habitación para prepararse para la salida con sus amigas del mundo terrenal. Cuando fue la hora, Tomoe la escoltó para llevarla a los pies de las escaleras del templo. Si no iba a verla durante toda la tarde por lo menos disfrutaría cada segundo que pasara junto a él.

- Al parecer fue rápido para ti acostumbrarte a tu nuevo poder… Es algo extraño ver a Tomoe con dos colas caminando por el templo…

- Molesta de vez cuando pero no es nada que no pueda acostumbrarme. – Respondió con simpleza, ciertamente aún le molestaba pero era fácil para él olvidarla conforme pasaba el tiempo –

- Estoy feliz de escucharlo… - Sonrió con dulzura, ocasionando una agradable sensación en el corazón de su familiar –

- Recuerda llegar puntual a casa, Nanami. – Comentó una vez llegando a su destino – No me gustaría estar preocupado por ti durante todo el día…

- S-si… - La joven diosa desvió la mirada, avergonzada por la notoria preocupación de su familiar hacia su bienestar. ¿Por qué estaba siendo tan honesto con sus emociones? Aun cuando no fuese algo habitual, le parecía lindo… Y de algún modo peligroso–

- Nanami… - Ahí estaba lo que temía, acercó sus garras hacia la mejilla de la chica con ternura, haciendo que elevara su mirada con algo de asombro al ver que el rostro de Tomoe estaba peligrosamente cerca del suyo – Si sucede cualquier imprevisto, no dudes en llamarme con tus palabras…

- ¿Qué- Qué estás haciendo?…. ¡¿Tomoe?!… - El rostro de la castaña parecía hervir en vergüenza por la sugerente forma en que el kitsune formo aquellas simples palabras, podía sentir su respiración golpeando en su rostro y sus ojos lavanda se encontraban tan profundamente clavados en sus labios que por un momento sintió que le besaría, él divertido, solo besó su mejilla y la soltó. Alejándose de ella con una sonrisa ladeada sumamente atractiva para los ojos de la diosa -

- Sólo estoy diciendo que cuidarte también es parte de mi trabajo. Ahora vete.

- … Adiós. – Aquellas palabras le hicieron entrar en razón. Sin embargo la actitud de Tomoe le causó una notoria confusión que necesito un momento para procesar las últimas palabras dichas del zorro. Cuando desapareció en dirección al paradero del autobús, apareció Mizuki en camino a las escaleras, mirándolo con molestia –

- ¿Qué crees que estás haciendo, Tomoe-kun?

- Fui a buscar flores. – Respondió con sarcasmo haciendo que la sangre de Mizuki hirviera en rabia. - ¿Querías acompañarme?

- ¡No actúes como si no supieras de que hablo! Sabes perfectamente que deberías medir tu comportamiento con Nanami-chan. Zorro desgraciado.

- Nanami no es una damisela que deba ser rescatada por ti.

- Sabes de que hablo.- Respondió resignado, sabía que no sacaba nada con discutir con aquel terco zorro- Nanami-chan no necesita ser rescatada por nadie. Lo que digo es que deberías recordar que tienes que actuar como un familiar honorable.

- No te preocupes serpiente. A diferencia de ti yo no seria capaz de secuestrar a mi maestra.

- … Eso espero.

Respondió dándole la espalda al kitsune, dirigiéndose al templo para evitar una futura confrontación. Por lo general ninguno de los dos comprendía las acciones del otro y tendían a ignorarlas gran parte del tiempo si es que no se estaban fastidiando. Pero le parecía un tanto exagerado por parte de la serpiente exigirle un trato mas recatado con su diosa. Era cierto que desde que se habían consolidado como pareja su relación se había estrechado como cualquiera. Pero Mizuki nunca había demostrado tan directamente su molestia por su cercano comportamiento.

No lo pensó por mucho tiempo y siguió con su trabajo. Nanami iba a estar afuera todo el día correteando juntos a sus amigas, por lo que aprovecharía de lavar su futón del cual siempre terminaba peleando para que se lo entregara. Cuando lo levantó cayeron un montón de cosas que la castaña mantenía ocultas por debajo del cubre. No recordaba que Nanami guardara tantos libros de fotografías que sacaba ocasionalmente con un aparato pequeño que producía un sonido molesto, llamado cámara. Los apiló con sumo cuidado dejándolos en un costado de la recamara de la chica y se dirigió a la salida con rapidez antes de caer en la tentación de curiosear aquellas fotografías.

Las horas pasaron con calma mientras probaba un delicioso licor que había conseguido hace un par de semanas. Las hojas resecas comenzaban a caer con delicadeza cerca del porche en el que se encontraba recostado mientras Mizuki y los espíritus se encontraban en la sala viendo la televisión. El templo siempre volvía a su calma habitual cuando Nanami no se encontraba en él. Le parecía vacío, solitario. Sin darse cuenta comenzó a rendirse por el agotamiento y cayó en un profundo sueño que lo desconecto de la realidad. Al despertar se incorporó de golpe, estaba oscuro y un montón de estrellas se mostraban en el cielo nocturno. Había sido arropado y sentía una esencia conocida en la sala de estar. ¿Había llegado por su cuenta? Se dirigió rápidamente en donde pensaba que se encontraba aquella chica inocente que esperaba desde hace mucho. Sin embargo, al abrir la puerta se encontró con Mikage bebiendo un poco de té.

- Ohh espero que hayas descansado bien. Tomoe. – Le saludó con su habitual gentileza –

- ¿En dónde esta Nanami?

- Al parecer aun no ha llegado- - Sin dejar que terminara la oración corrió en dirección a la salida invocando el vehículo que utilizaba con su fuego fatuo. Antes de salir vio el reloj de muro que se encontraba en el templo. Eran ya las 2 de la madrugada - ¡Tomoe! ¿A dónde vas?

- ¡Iré a buscar a Nanami! Esa mocosa tuvo que llegar hace 6 horas atrás.

- ¡Espera! Ella no-

Las palabras de Mikage fueron arrastradas por el viento sin poder llegar a Tomoe, él ya se había elevado con fuerza en búsqueda de la castaña. Era demasiado tarde para que ella estuviese en aquel mundo sin ningún tipo de protección. ¿Qué llegaría puntualmente? Y una mierda… Cuando la viese le reprendería por su atrevido comportamiento. Después de todo, ¿por qué se quedaría hasta tan tarde con aquellas chicas? Jamás lo había hecho, incluso cuando se demoraba mas de la cuenta, ella siempre regresaba antes de las 11 de la noche.

La buscó por todos lados, el centro, los parques, el acuario… Incluso en el karaoke que se había atrevido a ir por primera vez a una de aquellas citas a ciegas humanas. Comenzaba a atormentarse, su búsqueda ya estaba tardando más de la cuenta. Después de unos segundos uno de sus fuegos fatuos había vuelto con mucha prisa.

- ¡Tomoe-sama, ya se donde se encuentra Nanami-sama!

- Llévame.

El lugar en el cual aquella llama de fuego fatuo lo dirigió fue a uno que jamás se hubiese esperado. Era la casa de Kurama. Y en efectivo. Se encontraba ahí, en el balcón con la misma ropa que había salido esa mañana y un poco desordenada, viendo un pedazo de papel con algo de nostalgia. Un sinfín de preguntas se desarrollaron en su cabeza buscando el motivo, la razón o la excusa que podría tener para permanecer en el departamento del desagradable cuervo que en pocas situaciones se podían soportar. Comenzó a acercarse lentamente hacia ella… Tal vez le podría dar una buena razón, tal vez solo se le había hecho tarde y Kurama le tendió una mano amiga, cualquier cosa estaba bien, sólo necesitaba escucharlo de su boca… Antes de llegar lo suficientemente cerca para que lo viese una mano conocida lo detuvo con firmeza junto con su trance.

- Mantente observando. Tomoe-kun.

Era la serpiente que le veía con una mirada que jamás habia esperado de él. Una mirada compasiva y algo molesta. Hizo lo que le pidió y se mantuvo observando desde lejos a su diosa, hasta que el dueño de la casa salio en su búsqueda colocando una manta sobre sus hombros.

- No deberías estar en el balcón con este frío. Te enfermarás, Nanami – Susurró con dulzura cerca de su oído mientras le abrazaba por la espalda, una acción que haría a cualquier chica adolescente temblar por sentir su calor en contra de su cuerpo, la castaña sin embargo no se inmutó ni de su gesto ni de haber sido protegida con una cálida tela - ¿Aún estás preocupada?

- Estaba pensando que debí avisarle a Tomoe que me irías a buscar. Estará preocupado.

- Es bueno que se preocupe – Respondió retirando su cabello lentamente hacia un costado para ver con claridad el preocupado semblante de la chica en sus brazos. Se veía tan linda ante sus ojos que no pudo evitar darle un delicado y lento beso en su cuello. Haciendo que Nanami cerrara los ojos por un instante ante la sensación del contacto de su piel con los labios del tengu.- Debe recordar que no siempre puede controlarte como le apetezca.

- No me controla… Es mi familiar, sólo se preocupa por mi.

- Yo también me preocupo por ti. – Tomó su hombro para que se volteara, quedando de frente a su rostro. A diferencia de Nanami, quien se sentía un poco culpable. Él estaba extrañamente fastidiado –

- ¿Estás molesto otra vez? – Preguntó un poco incomoda, desviando la mirada del hombre quien tenia en frente –

- Por supuesto.

Antes de que pudiese responder fue atrapada por sus labios con fuerza. Tomando posesión de los sentidos y pensamientos de la diosa de la tierra. Sabía que cuando estuviese con él no debería pensar en Tomoe, pero era difícil considerando que vivía gran parte del tiempo junto a él. No le gustaba verlo triste o perturbado por su causa, y era razón de la mayor parte de las peleas que tenia con Kurama. Comenzó lentamente a acariciar su cabeza abriéndose paso por su cabello con una de sus manos, ocasionando agradables cosquilleos en la piel de la castaña. Poco a poco comenzó a profundizar su cercanía cuando Nanami por un suspiro abrió levemente su boca, el cuervo se aprovechó para llevar aquel beso de una forma mas adulta. Mas íntima. Recorriendo su boca con devoción y necesidad. Mientras mas pasaba el tiempo la situación comenzaba a tornar un color diferente, llevándose lejos la conciencia de la chica junto con sus dudas de permanecer a su lado, se dejó ser tomada, deseada por aquel demonio que siempre conseguía dejar su mente en blanco. Cuando sus labios ya no fueron suficiente el pelirrojo recorrió su cuello con sus labios, disfrutando cada segundo de su suave y tersa piel de la que nunca terminaba por complacerse de ella. Aprovechó la sumisión de la chica para tomarla por sus caderas, obligándole a recorrerlo con sus piernas. La llevó al calor de su habitación para disfrutar con mas atención cada rincón de la diosa en sus brazos.

Fue reposada con delicadeza en la amplia y suave cama del cantante. Sus ojos se encontraban dilatados, su melena caía desordenada en aquellas blancas sábanas que conocían los mas profundos secretos de la pareja. Su respiración entrecortada ocasionaba que su pecho subiera frenéticamente. Era una escena digna de ser apreciada y Kurama se sentía feliz siendo la única persona que conocía aquella faceta de la diosa de la tierra, de una mujer que usualmente actuaba como una niña inocente. Se acomodó encima de ella sin aplastarla y volvió hacia su boca, esta vez fue besaba dulcemente, demostrándole todo el amor que poseía por aquella chica.

- Si tanto quieres volver a tu templo te llevaré en unas horas. Pero déjame impregnar tu olor en mis sábanas. – Susurró con un mordisco suave en el cuello que se moría por atender, a lo que ella río con dulzura cuando sintió su caliente respiración golpeando su piel –

- Que cliché eres. Tengu.

Tal y como había prometido, la llevó al templo una vez terminaron de arreglarse correctamente. Fue dejada cerca del tori con sumo cuidado y desplegó el vuelo con elegancia digna de un general. Era de madrugada, así que Nanami pensaba que todos sus familiares estarían durmiendo desde hace mucho tiempo. Cuando pasó por el porche pudo observar una copa de sake y un hombre albino contemplando el cielo estrellado que lo acompañaba una luna menguante. Ahí estaba nuevamente el sentimiento de culpa, le había mandado un mensaje a Mizuki informándole que se quedaría en casa de Kurama ya que una de sus entrevistas se había cancelado. Pero como esperaba, siempre que se quedaba a dormir afuera del templo, el kitsune se mantenía despierto hasta que llegara. Se encaminó con sutileza y en silencio hacia el, por lo menos le debía una pequeña disculpa.

- Tomoe… Ya llegué. – El demonio no se volteo ni hizo ademan de haberla escuchado, pero sus orejas se movieron en dirección hacia su voz –

- … Bienvenida.

- … ¿Estás molesto porque no te avisé, cierto? – Preguntó con algo de ternura en sus palabras, tratando de suavizar la postura de su familiar – La próxima vez te lo diré para que no me vuelvas a esperar despierto. Esta vez lo juro.

- ¿Cuántas veces me lo has prometido? – Aquella respuesta no se la esperó. Su voz sonaba pastosa y algo lenta. ¿Estaba borracho? –

- Creo que… 3 veces este mes. – Antes de darse cuenta Tomoe la tenía contra la pared con una velocidad impresionante, en un segundo a otro tenia su rostro en frente... Demasiado cerca... Pudo ver entonces sus orbes lavandas. Estaban rojas y algo irritadas. Cualquier persona diría que estuvo llorando por largas horas, pero no él… Nanami sabia que Tomoe jamas sucumbía ante sus emociones ni aunque de ello dependiera su vida, lo sabia de sobra. – Tomoe… ¿Te irritó algo en el rostro? Tus ojos están roj-

- ¿Cuánto tiempo llevas acostándote con ese cuervo?


¡He vuelto! :D muchas gracias por los reviews que dejaron en el acto anterior, me hizo verdaderamente feliz, pero por una situación no pude actualizar hasta ahora, prometo que muy pronto continuaré esta historia. ¡Se viene lo bueno!