He tardado mucho más de lo prometido. Lo siento ^^
Aviso: Capítulo largo, o eso creo yo. Podéis echarme la culpa cuando el oftalmólogo os pregunte que co*o habéis estado haciendo para que os sangren los ojos de esa manera.
Espero que disfrutéis de la lectura y que los personajes se comporten más o menos como en la serie.
Un problema gordo
A las 11:37 de la mañana, Leonard Hofstadter, físico experimental, cociente intelectual de 173, prometido, intolerante a la lactosa y buena persona en general; se encuentra parpadeando ante la puerta de su despacho.
− ¿Penny? ¿Qué haces aquí?
Su amiga, siempre tan radiante, siempre tan segura, está hecha ahora un manojo de nervios. Lo deduce por cómo se retuerce las manos, por la mirada ansiosa de sus ojos, por como balancea su peso de un lado a otro, por el moño despeinado en el que se ha recogido su pelo rubio, por la extraña combinación de ropas que ha elegido y que parecen recién salidas de la lavadora, sin secar ni planchar…Tal vez no sea psicólogo, pero es científico, y su vida y trabajo se basan en la observación.
− ¡Necesito consejo! − entra rápidamente en el despacho y cierra la puerta tras ella − ¡Leonard, no sé qué hacer!
− Vale…vale ¿por qué no te sientas y…tratas de calmarte? − le ofrece su silla, la única que hay.
No es que le sorprenda que Penny venga a pedirle ayuda o a contarle problemas. Lo ha hecho muchas veces. De hecho, a través de los años se ha convertido en su confidente oficial. Su mejor amigo. Lo que le sorprende es su estado de agitación. No la ha visto tan alterada ni siquiera cuando Sheldon se empecinó en tener una boda con temática trekkie. (Fue difícil salir de aquella. Se requirió la colaboración de todos y una gran dosis de extorsión en referencia a cómics y figuras de coleccionista de la Liga de la Justicia).
− ¿Quieres café? − pregunta, cuando ella por fin toma asiento.
Penny le lanza una mirada frustrada.
− ¿Te parece que yo necesite café en estos instantes?
− N-no, probablemente no − se apoya incómodamente en la pared − ¿Qué es lo que ocurre?
− Tengo un problema. Un problema gordo − hace énfasis en la última palabra.
− ¿Está Sheldon implicado? − hay un breve silencio − Perdona, ha sido una pregunta absurda. ¿Qué ha hecho esta vez?
Le mira, dudando. Tiene que ser algo importante si de verdad está insegura sobre si contárselo o no. Se revuelve incómoda en el sillón.
− No es que haya hecho nada…malo. Decididamente, nada malo − Leonard frunce el ceño − Además, no es lo que ha hecho, si no el producto de lo que ha hecho. − Penny carraspea y evita su mirada − Lo que hemos hecho.
− Penny, estoy tratando de seguirte, pero es que el verbo "hacer" da muchas opciones. Y a riesgo…− cierra los ojos un segundo − a riesgo de sonar como mi madre, ¿podrías ser un poco más específica?
Ella toma aliento.
− Estoy embarazada.
Esas dos simples palabras, sujeto y atributo, tardan un poco más de lo habitual en penetrar en el cerebro de Leonard. Y cuando lo hacen, explotan.
− ¡¿Qué?! ¡¿Embarazada?!
− ¡Sshhh! − Penny se levanta de un salto de su asiento y le tapa la boca con las manos, mirando alterada en todas direcciones − ¡No lo digas tan alto! ¡Pueden oírnos!
Contra sus palmas, Leonard pregunta algo que suena como "¿Quién va a oírnos?", pero que también podría ser algún refrán Klingon, por lo que ella sabe.
En ese momento, la puerta se abre como empujada por un huracán.
− ¡Eh, Leonard! ¡Tienes que ver lo que han puesto en el…iiiiii! − Raj, al igual que su voz, se encoge tímidamente al ver a Penny. Detrás de él, Howard sonríe al ver la escena.
− Vaya, Penny… Todos sabíamos que algún día te cansarías de Sheldon, pero, sinceramente − se acerca a ella moviendo las cejas − esperaba ser yo el afortunado al que acudirías en busca de consuelo.
Penny entorna los ojos.
− Ni aunque fueras el último hombre en el universo, Howard. − se separa de Leonard y vuelve a desplomarse en el sillón − Y no es lo que tu mente enferma imagina. Sólo he venido a pedirle consejo a Leonard.
Wolowitz intercambia una mirada inquisitiva con Raj. Éste hace un vago movimiento con los hombros.
− ¿Sobre qué?
− Penny está em…− Leonard se calla en cuánto advierte la expresión de Penny. Una expresión que le promete grandes rachas de dolor intercaladas con períodos vacacionales de tortura si se atreve a contar la verdad − eh…¿enferma?
Ninguno de los dos se lo ha tragado. Puede verlos en sus rostros. Raj se inclina para decirle algo al oído a Howard.
− ¿En serio?
− ¡Claro que sí! − exclama Penny, con un tono de voz que la delata.
Su amigo indio vuelve a usar a Wolowitz como traductor.
− O sea que…teniendo al rey de los hipocondríacos en casa…, − pausa para que Raj continúe − teniendo a una persona que seguramente conoce todos los tratamientos existentes de cualquier enfermedad tanto real como ficticia…¿ficticia? ¿De qué estás hablando, Raj? ¿Cómo va…? ...Ah, bueno, vale, esa sí − Raj da un vuelco con los ojos y prosigue − …¿prefieres venir a pedirle consejo a Leonard, alguien con un conocimiento casi tan limitado como el tuyo en cuánto a la medicina?
Leonard clava la mirada en sus botines, mientras Penny se muerde los labios. Ay, Dios mío…a ver cómo salen de esta. No se le ocurre ninguna mentira convincente. ¿Qué van a decir? ¿Qué van a decir? ¿Qué van a…? Es entonces cuando ella se da una palmada en las rodillas y mira alrededor con resolución.
− Vale ¿sabéis qué? Os lo diré. Os diré la verdad − Raj y Howard sonríen − Pero sólo − alza un dedo − si prometéis no contárselo a Sheldon.
− Soy una tumba.
− Iiiii…
Penny asiente. Leonard admira su valor. Si él fuera ella, es decir, si existiera la posibilidad de que hubiera un universo paralelo en el que tuvieran una de esas máquinas intercambia-cerebros tan populares en las películas de pseudo-ciencia-ficción y algunos sub-productos creados directamente para vídeo de Disney; y Penny y él la usaran…entonces, no se atrevería a contarles el secreto a personas como, por ejemplo, Howard. Pero dado que esas máquinas no existen en el mundo real, y que la ciencia ya ha dictaminado que sería imposible crear unas, al menos por el momento; lo único que puede hacer es quedarse allí, mirándola, y esperando que las reacciones de los chicos no la hagan arrepentirse de su decisión.
− Estoy… − esta vez, una pequeña sonrisa asoma a sus labios − Estoy embarazada.
Un silencio estupefacto barre el despacho. Leonard casi espera ver una bola de paja cruzando la habitación.
− ¿De quién?
Oh, Howard. Leonard esconde el rostro entre las manos.
− Ah, pues de una raza alienígena de otra galaxia que me abdujo el otro día mientras veía American Idol. − replica Penny − ¡De Sheldon!
Raj susurra algo.
− Dice que, para él, eso se califica como una raza alienígena de otra galaxia.
− Sois increíbles − de nuevo, se levanta de su asiento. Leonard empieza a preguntarse si le valdría la pena anotar en una de sus pizarras cuántas veces lo hace. Sólo por ver si bate un récord − Necesito ayuda ¿vale? No llevamos ni un año casados. Ni un año. − se pasea por la habitación con aire casi maníaco − Esto no estaba en los planes de ninguno. ¡El otro día me fue bien en una audición para una serie! ¿Y si me cogen y luego tengo que renunciar por el embarazo? Además, yo…todavía soy muy joven. No tengo ni idea de cómo cuidar a un bebé.
− Cielo, eso que llevas ahí es el futuro vástago de Sheldon Cooper. No creo que nadie sepa como cuidarlo.
− Cállate, Howard.
− Lo siento.
Leonard se acerca a Penny y le frota la espalda, a modo de apoyo. Le sonríe.
− Escucha, Penny. Pocas personas planean estas cosas. Simplemente pasan. Lo que tienes que hacer es pensarlo bien antes de decidir. Nada de lo que yo diga, nada de lo que Raj…no diga y, sobre todo, nada de lo que Howard diga − le lanza una mirada de advertencia − te va servir de mucho porque no estamos en tu pellejo. Es una decisión que va a afectar tu vida, y por lo tanto, es completamente tuya. Y de Sheldon.
Penny le devuelve una sonrisa débil, y le aprieta la mano, agradecida.
− Lo sé. Es sólo que…No sé cómo va a tomárselo Sheldon. − traga saliva − Ya sabéis cómo es − asentimiento general − ¿Creéis que reaccionará bien? − pregunta, con la expresión de alguien que espera que algo explote de un momento a otro.
Leonard juguetea con la punta de sus dedos, como hace siempre cuando se siente incómodo o nervioso. ¿Tranquilizar a Penny o ser honesto? ¿Hay algún término medio?
− Puede que…se lo tome como un experimento − se encoge un poco − Le gustan los experimentos.
− O puede que se lo digas y al segundo siguiente te encuentres con un bonito agujero con forma de Sheldon en tu puerta.
Raj deja escapar una risa ahogada a la vez que Howard sonríe orgulloso por su broma. Las fosas nasales de Penny se dilatan.
− Una más, Howard, una más, y te juro que pondré recta esa nariz que tienes − luego, súbitamente desaparecido todo enfado, deja caer los brazos en un gesto de cansancio − No sé qué hacer. De verdad que no…¡Tal vez pueda ocultárselo!
Leonard alza las cejas y la mira por encima de las gafas.
− ¿Ocultárselo? ¿A Sheldon?
− Sí…− dice, no muy segura.
− ¿Y que harás cuando tu vientre empiece a crecer? ¿Decir que te has escondido una sandía bajo la camiseta?
Ahora ella se está mordiendo una uña. Le mira de reojo.
− Tal vez pique….
− ¿Y cuándo el bebé llegue, qué? ¡No puedes fingir un desorden intestinal y luego salir del cuarto de baño con un niño en brazos!
− ¡Está bien, está bien! − exclama Penny, alzando las manos − ¡Tengo que contárselo! ¡Lo he pillado! ¿Quién viene conmigo?
Los tres hombres se limitan a mirarla en silencio.
− ¡Oh, vamos! No puedo hacer esto yo sola.
Raj se inclina sobre Howard, para transmitir otro de sus mensajes.
− Dice que no fuimos nosotros los que quisimos sacar a Sheldon de su asexualidad. − luego, añade inocentemente − Aprovechaste el Pon farr y ahí tienes los resultados.
Penny ha pasado suficiente tiempo con ellos como para saber lo que es el Pon farr, o al menos, eso piensa Leonard al ver la cara que pone ante la réplica de Howard. Entonces se gira hacia él.
− ¿Leonard? − suplica.
Ah, no. No, no, no. Una de las ventajas de haberse mudado con Audrey es que ya no tiene que aguantar los ataques de Sheldon. Bueno, además de compañía femenina deseada, pero esa es otra historia.
− Buena suerte − le dice, con una sonrisa culpable.
Ella le mantiene la mirada unos segundos.
− Muchas gracias a todos. − responde, abriendo la puerta del despacho.
− ¡De nada!
− ¡Ah…! ¡Felicidades!
− ¡Iiiii!
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
"Bueno, Penny, aquí estás" se dice, contemplando con una mezcla de impaciencia y temor la puerta del despacho de su marido. Frente a ella, le parece estar dentro de uno de esos libros de "Escoge tu propia aventura".
Opción número uno: Abres la puerta del despacho y le cuentas que estás embarazada, así sin más. Ve a la página 666.
Opción número dos: Das la vuelta, sales de la universidad, compras un vuelo a Siberia y te escondes en una pequeña cabaña perdida en la tundra rusa. Antes te has asegurado de tener reservas de vodka para diez años. Cierra el libro y tíralo a la basura.
¿No hay una opción número tres? ¿Una dónde Sheldon no fuera tan Sheldon y dónde una de las posibilidades de ir a la página 666 no fuese acabar atiborrándolo de valium para que se le pasara el shock?
Seguramente no. Y no piensa tirar el libro a la basura. Le ha costado siete años y toneladas de paciencia conseguir el maldito libro. Alza un puño.
"Allá voy"
Llama a la puerta y abre.
− ¿Molesto? − pregunta, asomándose.
Ahí está Sheldon, sentado a su escritorio, tecleando a velocidad luz con una mano mientras toma notas en un cuaderno con la otra. Ambas se quedan quietas cuando advierte su presencia.
− ¡Penny! − su rostro aniñado se ilumina con una de sus pequeñas sonrisas − ¡Qué sorpresa! ¿Qué haces aquí?
− Hola, cielo. Venía a saludar − cierra la puerta tras ella y se acerca para darle un beso en la mejilla − ¿Qué haces?
Él parpadea.
− Trabajar. Pero si te refieres específicamente a hacia qué está orientado mi trabajo, te diré que estoy calculando las posibilidades de que las moléculas…
− Sí, sí, ciencia importante. Vale. − su marido dibuja una mueca − Siento la interrupción. En realidad…en realidad no venía sólo a saludar.
− ¿Ah, no? ¿Y entonces por qué has dicho que sí? Así lo único que consigues es que se presente en tu interlocutor un estado de confusión. Francamente, Penny, tienes que pensar un poco antes de…
− ¡Sheldon! − él cierra la boca. El hecho de que Sheldon no desaproveche ni una sola oportunidad para soltar quince mil palabras de un tirón va a hacer aquello un poco más difícil − Tengo que hablar contigo…
− Ya lo estás haciendo.
− …De algo muy importante.
− Oh − Sheldon mira un momento a la distancia antes de preguntar − ¿De qué?
Ya está ahí. Ya ha llegado el momento. Y no sólo ha llegado, si no que se ha situado detrás de ella y la está empujando hacia delante con todas sus fuerzas.
− Sheldon, cariño…− se sienta en el reposabrazos de su silla y le rodea el cuello con los brazos. Él se mantiene inmóvil, tal vez analizando el por qué de aquel gesto − ¿Tú sabes cuánto tiempo llevamos casados?
− Por supuesto. Diez meses, dos semanas, tres días y…déjame mirar el reloj, ocho horas y diecisiete minutos. ¿A qué viene este test de memoria? Sabes que mi cerebro se mantiene en un estado inmejorable. ¿No te mostré los resultados de la última revisión?
Penny trata de no poner los ojos en blanco.
− Sí, cielo, lo hiciste − Señor, cómo olvidarlo. Nunca un hombre había hablado con tanta admiración de un escáner − Pero ese no es el tema. − junta las manos − El tema es que…bueno, tú sabes que toda causa tiene su consecuencia. − antes de que él pueda volver a interrumpirla, prosigue − Así que si nosotros, como cualquier matrimonio sano…eh…− ¿cómo lo diría él? − mantenemos…
− ¿Relaciones sexuales? − completa Sheldon, con toda tranquilidad.
− Sí…
− Ah − dice simplemente. Y entonces, segundos después, ocurre algo que confunde a Penny. Algo parece encajar en la mente de Sheldon con un click; y éste vuelve a sonreír, lleno de alivio, y exclama − ¡Ah, vale! De acuerdo, vienes a contarme que encuentras en plena gestación − parece muy orgulloso de sí mismo. Vuelve a coger el lápiz y se inclina sobre su cuaderno − Empezaba a preguntarme cuando te darías cuenta y me lo dirías.
Penny se levanta tan bruscamente del reposabrazos que la silla, aún con Sheldon, casi da un vuelco. Él tiene que agarrarse a la mesa para no caerse.
− ¡¿Cómo qué…?! ¡¿Lo sabías?! ¡¿Lo sabías?! − No puede creerlo. ¡No es posible! Hay algo en su cerebro que se niega a procesar esa información − ¡Yo me enteré ayer por la noche y por un maldito test! ¡Yo he tenido que mear en un palito para saberlo!
− Bueno, no me extraña. No estás tan acostumbrada como yo a prestar atención a tus propios procesos biológicos y por eso necesitas la ayuda de uno de esos dudosos productos de farmacia para sacar las conclusiones acertadas.
No está escuchando la mitad de lo que dice. Está bloqueada.
− ¡¿Cómo has podido saberlo?!
Sheldon gira su silla para que ambos queden frente con frente y cruza las manos sobre su regazo, preparándose para lanzar uno de sus discursos.
− ¿En qué universo podría no saberlo? − levanta el índice − Primero: ausencia de menstruación. Aunque el día estaba claramente marcado en mi agenda, tu consumo de productos de higiene íntima femenina no se disparó. − el corazón −Vómitos a las cuatro, seis y diez de la mañana. Por supuesto, se podían deber a esos infames burritos que nos obligaste a comer días antes, pero ningún alimento se mantiene en el estómago tanto tiempo. − se aclara la garganta para continuar enumerando. − Aspecto más fatigado pese a que tu horario de sueños seguía el mismo patrón desde hacía meses. Incremento de la frecuencia con la que ibas al servicio a desechar líquidos y…oh, pechos hinchados. − tuerce un poco la cabeza, con ese aire un tanto arrogante que Penny encuentra irritante y seductor al mismo tiempo. − ¿Debería continuar?
Ella se ha quedado con la boca abierta; aunque su voz interior le está preguntando que por qué se sorprende. Se ha casado con una Wikipedia humana. Las situaciones como la que estaba viviendo ahora venían de serie.
− ¿Y si era tan evidente, por qué no me lo dijiste? − eso sí que no puede concebirlo − ¿Por qué has esperado a que yo te lo contara?
− Creí que lo apropiado era que fuera la mujer la que diera la noticia a su pareja − arruga los labios, considerando los pensamientos que pasan a toda velocidad por ese cerebro gigantesco que tiene − ¿Acaso me he equivocado?
− No….bueno, sí…o no…− joder, algunas veces su fe total en la lógica hacía las conversaciones totalmente ilógicas −…Ya da lo mismo.
− Disculpa entonces. − dice, sacándole punta a su lápiz − La próxima vez te lo haré notar en seguida.
− ¿La próxima vez? − repite Penny, incrédula.
− En caso de que la haya, quiero decir. − contesta él, con sencillez − De todos modos, siempre se me ha dado a entender que tener sólo un hijo puede predisponer a los padres a la sobreprotección. Mira a Wolowitz. Ha batido todas las expectativas y apuestas que teníamos sobre él y la duración de su estancia en la casa maternal. Tuvimos que renovar la porra el año pasado. Yo he apostado por la edad de cuarenta y cinco. ¿Te gustaría particip…? ¿Penny? ¿Estás prestando atención a lo que digo?
La respuesta es no. No, Penny ha dejado de prestarle atención después de "sobreprotección", porque de repente, se ha encendido una luz en su mente. Las palabras de Sheldon, cada una del millón que habrá soltado ya, ha pasado por un filtro; que las ha limado y traducido, hasta sacar a la luz la idea principal que se escondía detrás de tanto vocabulario ostentoso: El embarazo de Penny le satisface. Le gusta. No está flipando. No está gritando. No está vomitando palabras como un loco. No está teniendo un ataque. No está temblando. No tiene tics. No se están formando espuma en la comisura de sus labios.
Está perfectamente bien. Madre mía.
− ¿Cariño…? − comienza, con un hilo de voz.
− ¿Sí, Penny?
− Estás…estás…no estás mal.
Sheldon entorna los ojos, tratando de comprenderla.
− Lo sé…¿y?
− Yo…yo…− parpadea − Creí que te pondrías como un loco. Creí que te tendría que dar un puñado de valiums. Creí que…
− Ah, ya, el típico ataque pre-paternidad. − sacude la cabeza, con desaprobación − Penny, has visto demasiadas películas del género inexplicablemente denominado "comedia romántica". El cliché de padre que empieza a actuar como si el mundo se acabara cuando se entera del embarazo es una burda exageración con pretensiones supuestamente cómicas de lo que en realidad es una sorpresa, de grandes proporciones, cierto; pero no de una magnitud tan enorme como para dejar a alguien catatónico.
Hay una pausa es la que los dos se miran.
− Vale, he entendido "me sorprendí, pero no tanto". ¿Correcto?
− Correcto. − asiente − Si tengo que ser honesto, confesaré que cuando di con la conclusión del embarazo, la sorpresa me produjo algunos efectos secundarios fisiológicos − Ah, así que por eso la caja de los cereales altos en fibra había aparecido vacía − y otras dificultades para mantener un estado de correcta claridad mental; pero aparte de eso… ¿Por qué iba a sorprenderme o a negarlo? Antiguamente, la reproducción era el único motivo del matrimonio. Hoy, por supuesto, las cosas han cambiado, pero aún así…Por decirlo de un modo más coloquial, sabía en lo que me metía cuando me casé contigo. Estaba preparado para todas las variables que pudieran surgir en esta relación.
En silencio, Penny sonríe y se sienta de nuevo en el reposabrazos. Acerca su rostro al de Sheldon hasta que sus narices están a unos dos escasos pero eternamente largos centímetros.
− ¿Es tu forma de decir que te alegras? − susurra.
− No veo como podría decirlo más claramente.
Ella ensancha su sonrisa antes de aniquilar esos dos centímetros y besarle. Contra sus labios, nota como los de Sheldon forman una sonrisa; y está completamente segura que es una de esas tan condenadamente llenas de orgullo.
Espera que dibuje la misma dentro de nueve meses.
