Se suponía que esa tarde John llegaría del trabajo en la consulta médica al 221B, pero Sherlock dedujo que John venía de su casa (su nueva casa, ya que no volvió a vivir con él cuando regresó) pues su cabello lucía recientemente arreglado, su ropa estaba cuidadosamente combinada, vestía jeans, la camisa azul con líneas blancas, chaleco a juego y los zapatos tenían poco rastro de polvo o tierra, por lo que supuso que lo único que había caminado había sido de su casa al taxi y del taxi a la puerta del 221B. Además de eso parecía recién salido de la ducha, pues hedía a ese perfume que mezclado con el aroma natural del doctor formaban un olor robusto, fuerte pero no violento ni excesivo, sino que preciso, casi deseable.

Si el matrimonio tenía a Sherlock nervioso, el hecho de que John le hubiese pedido ayuda con las clases de baile, había empujado al detective consultor al borde de su capacidad de tolerancia. Había bloqueado toda posibilidad de fantasear con lo que ocurriría esa tarde, pues poco y nada de productivo tenía esa actividad, y además ocupaba tiempo y espacio importante de su Palacio Mental. Permaneció todo el día sentado en su sofá, mirando el vacío de John Watson frente a él, esperando que fuesen las cinco de la tarde para que llegara al piso, y aunque se había puesto de pie un par de veces solo para dar vueltas por la casa solo por ansiedad, ahora Sherlock Holmes se veía como siempre, calmado, tomando una taza de té que la señora Hudson le había subido momentos antes a su piso y miraba al recién llegado John desde su posición. El doctor se quitó la chaqueta, la dejó junto al perchero que había junto a la puerta principal y sin recibir invitación, se preparó un té junto a la pequeña mesita que había junto al sofá de Sherlock y se sentó frente a su amigo.

-Esto será embarazoso, pero de verdad necesito ayuda con las clases de baile –confesó John mientras sorbía un poco de su taza. Sherlock lo miraba, reorganizando rápidamente sus pensamientos, evaluando que era mejor en este momento, si terminar o no la taza de té, si ponerse de pie, tomar a John y asirlo por la cintura al ritmo de cualquier cosa que sonara en su Ipod…

- Piensa que es para un caso. Además solo es bailar. Nada complicado. – pese a su ansiedad interna, el detective consultor mantenía su actitud estoica.

- Para ti, que todo lo que haces te sale bien y con elegancia.-destacó John- En el ejército casi no bailábamos. Cuando podíamos tener algún tiempo libre o celebrar algo, procurábamos beber moderadamente y solamente descansar un rato de las órdenes del capitán…

Sherlock miró su taza aún internamente nervioso. Pasaron así unos minutos, donde cada uno se avocó a su propio brebaje. Entonces cuando Sherlock terminó su té, dejó la taza en su mesita y fue hasta su habitación a hacer nada concreto, pues solo quería esconderse un rato más y dar cara a lo que estaba por venir. Se sintió extraño y se reprendió a sí mismo dentro de su cuarto, recordándose que no estaba haciendo nada indebido, sino solo prestando ayuda a su amigo, al bueno de John Watson que le había pedido ayuda para poder conducir debidamente a su futura esposa en su primer baile como marido y mujer. Dio un par de vueltas y volvió a salir de la habitación, con su rostro tan tranquilo como siempre. John estaba de espaldas a él, se había puesto de pie y simplemente mirando por la ventana.

-¿Por dónde partimos? – preguntó John evidentemente nervioso mirando fijamente a Sherlock. Juntó los puños en sus muslos y dio un pequeño paso hacia adelante.

- Eh, pues, supongo que bailarán varios estilos durante la fiesta –Sherlock miró a John avanzando hacia él pero tomando cierta distancia- Comencemos con un poco de esa música basura que bailan en las fiestas…

-¿Tu Ipod tiene música pop? – John no pudo evitar soltar una carcajada. Sherlock lo miró serio, parecía no hacerle gracia.

-Me dediqué a buscar varios estilos para que tengas al menos una diversidad de movimientos durante la fiesta de tu boda, John – se acercó al Ipod que permanecía aún puesto en el amplificador, buscó algo que John no alcanzó a identificar, y de pronto una canción pop de los 80 comenzó a sonar.

-No bailaré canciones de Madonna en mi matrimonio, Sherlock. –John parecía avergonzado

-Ah no, después del juego que hicimos en tu despedida de soltero quería saber quién era. Una mujer muy bonita, pero algo artificial. Debería dejar de estirarse tanto la cara –masculló Sherlock mientras aún buscaba algo en el reproductor de música en tanto "Like a Prayer" seguía sonando.- Bien, quizás esto sí.

Comenzó a sonar "Careless Whisper" de George Michael. John carraspeó, quizás por la vergüenza.

-Creo que este tipo de música es más íntimo y propio de una pareja de recién casados… -murmuró Sherlock mientras se volteaba a mirar a John, sosteniendo el control remoto de la radio en su mano – acércate, John.

Esas dos palabras hicieron que el doctor se sonrojara ligeramente, en tanto Sherlock parecía tan tranquilo como siempre.

-¿se supone que tú serás Mary? –John dio un paso hacia su compañero hacia el centro de la sala, alejado lo suficiente de la puerta principal aprovechando el espacio que daba la ubicación de los muebles en el piso del detective consultor.

Sherlock hizo una ligera mueca de desagrado que John no alcanzó a notar.

-No se supone que sea Mary, soy Sherlock, y vas a bailar conmigo – algo le hizo pensar que se estaba insinuando explícitamente con aquella frase, pero decidió que no le importaba. John tampoco le dio mucho asunto, aunque seguía sonrojado y quedó frente a frente con Sherlock, quien había pausado la canción para dar una breve explicación básica.

-Bien John, en general cuando vas a bailar con una mujer, debes guiar tú los pasos, intentar no pisar a tu compañera, y girar cuando la canción cambie de ritmo dentro del coro – John solo asintió con la cabeza- ahora, tómame por la cintura con tu mano izquierda, y mi mano con la derecha.

John no pudo evitar quedar boquiabierto frente a aquella orden.

-Esto es raro –murmuró John mientras tomaba a Sherlock por la cintura. Ambos se miraron brevemente ante aquel contacto. La mano de John era segura y firme, por lo cual al primer tacto, instintivamente sujetó firme a su amigo. Luego tomó la mano de Sherlock, esa mano pálida y de dedos largos. La mano de John, morena aún por el rastro que había dejado el sol durante la guerra, contrastaba con esa mano de músico tan delicada que se extendía frente a él. Ambos miraban sus manos, casi en cámara lenta, esperando el momento en el que ambas se juntaran. Antes ya se habían tomado de la mano para huir, pero este era un momento diferente, daba espacio a la contemplación en medio del silencio, en tanto Sherlock aún sostenía en su otra mano el control remoto al tiempo que descansaba en el hombro herido del doctor. Los segundos parecían lentos, y la mente de Sherlock trabajaba a toda velocidad guardando cada centímetro de acercamiento, esperando el tacto de una maldita vez para mirar a John a los ojos nuevamente. Su rostro no expresaba nada, pero los latidos de su corazón casi podían oírse. Fue entonces cuando ambas manos se juntaron, se entrelazaron los dedos, John apretó los suyos en la mano de Sherlock y él hizo lo mismo con sus pálidos dedos sobre la mano de John. Se miraron a los ojos y el detective apretó "play" en el control remoto. El saxo volvió a sonar desde el principio y ambos comenzaron a moverse, casi como hipnotizados. Sherlock se sentía un desastre de sensaciones, recuerdos frescos por guardar y el olor del cabello de John llegándole directo en la nariz. Se movían lentamente, cuando de pronto Sherlock pareció volver en sí y comenzó a dirigir al doctor.

-Bien, sigue mis pies, derecha, derecha, izquierda, adelante y tú das un paso atrás, debemos movernos por el espacio disponible… - Sherlock no le quitaba los ojos de encima a John, y no por una cosa pedagógica donde él era el profesor, sino porque se hallaba completamente perdido en esos ojos azules y su mente aún no parecía tranquilizarse, guardando, oliendo, tocando, mirando y archivando todo lo que ocurría en ese momento. No podía dejar que esta cercanía se borrara de su mente jamás. Cuando se hallaba en pleno funcionamiento mental producto del vaivén sereno que llevaban, John hizo un movimiento torpe y lo pisó.

-Ouch! John! –ambos se separaron inmediatamente, estaban ya cerca del sofá de dos cuerpos y solo habían bailado un minuto. John se dejó caer en el sofá y se tapó la cara con las manos.

- ¡diablos! ¿Cuánto duré? – Sherlock detuvo la música y lo miró aún de pie.

-¿Encantabas a tus novias con esos pies tan torpes? – John percibió algo de celos en la voz de su compañero y actual profesor, pero ignoró el presentimiento.

-Sherlock me viste por dos años… eran las palabras… no lo sé, llevo mucho tiempo con Mary, y ella me encantó a mí, ya no recuerdo como atraía antes a las mujeres.

Sherlock miró por la ventana y no se molestó en interrumpir el silencio que se hizo entre ambos. La leña en la chimenea se consumía lentamente. Volvió a sentirse ansioso, volvió a repasar todos los hechos en su mente, y volvió a pensar que una ocasión como esta no tendría nuevamente con John Watson. Suspiró brevemente, volteó a mirar a John y le extendió su mano.

-Debemos seguir ensayando, levántate. Yo te guiaré. –su voz sonó una octava más grave y miraba fijamente a John con sus ojos camaleónicos que oscilaban entre el celeste y la miel.

John lo miró aún sentado en el sofá, le dio una sonrisa torcida y aceptó su mano.