Capítulo II
Castle saltó de la cama apenas escuchó su despertador. Tenía varias cosas que hacer y no había nada mejor que comenzar temprano. Entró al baño y se duchó deprisa. Mientras terminaba de peinarse frente al espejo notó la expresión de su rostro. Tenía mejor semblante que los días anteriores. Se podía decir que estaba contento. Pero claro, hasta ese momento no había pensado en ella, no se había percatado que Kate no iría a la fiesta. Eso borró el prospecto de sonrisa que se dibujaba en su rostro. -¡Espera un momento, Rick!- Se dijo a si mismo mirando su imagen reflejada.
– ¡Esto es algo bueno! ¡Durante 15 minutos el recuerdo de Beckett no logró meterse en tu cabeza! ¡Vamos chico, tú puedes hacerlo! ¡Después de todo eres uno de los solteros más codiciados de New York y seguramente muchas señoritas estarán dispuestas a sacarte de tu estúpida melancolía en el baile de máscaras! ¡Eso, claro, si alguien te reconoce!- diciéndose esto con una media sonrisa de lado, Castle terminó de arreglarse y salió rumbo a la cocina para desayunar.
Con su café en la mano recorrió el loft buscando a su hija o a su madre sin éxito, en cambio encontró una nota en la que le decían cuanto lo amaban y le avisaban que estarían toda la mañana de compras, con su tarjeta de crédito, desde luego. Se le dibujó una enorme sonrisa imaginando a sus chicas divirtiéndose a lo loco. Ellas amaban ir de compras y él adoraba saber que eran felices.
Su teléfono lo sobresaltó. Miró la pantalla y recordó casi con nostalgia los años en los que no le quedaba otra opción que contestar para enterarse quien llamaba. Era Esteban Cortázar, uno de los diseñadores de modas top de la ciudad, además de ser el creador de los disfraces más impresionantes de los últimos años, y por supuesto los más codiciados. Eran amigos desde hacía unos cuantos años. Castle le había dado una mano muy grande cuando recién comenzaba su carrera en New York y eso era algo que el joven diseñador nunca olvidaría.
-¡Hola Esteban! ¡Buenos días!
-¡Hola Rick! ¡Buen día! ¡Espero no haberte despertado, amigo!-
-¡Nada de eso! ¡Estaba terminando mi café para ir a reunirme contigo!-
-¡Excelente! Estoy tapado de trabajo y me gustaría que fueses el primero en llegar. No me gustaría que te cruces con ninguno de tus amigos de la 12. ¡Los disfraces perderían el encanto!-
-¡Totalmente de acuerdo, mi amigo! ¡No quiero que nadie sepa quién soy antes de tiempo! Y dime… ¿te llamaron todos mis amigos polis?- Castle trató de sonar despreocupado.
-Si con todos te refieres a tu adorada musa Beckett, no. No ha llamado aun. Pero tranquilo, todavía es temprano.-
Sí, aun era temprano, pero a medida que los minutos pasaban el escritor se convencía cada vez mas de que ella no asistiría y con su ausencia se esfumaba la oportunidad perfecta para olvidarse de todo, para poder seducirla de principio a fin, sin que nada importe, ni su identidad ni su pasado ni sus miedos ni nada. Solo ellos dos, juntos en esa noche, en la que hubiese vendido su alma al diablo solo por poder besarla otra vez.
-Sí, claro. Todavía hay tiempo.- dijo Castle.
-Escucha Rick, tengo que colgar. ¡Nos vemos en un rato!
-¡En 15 minutos estaré ahí!- Cortó con su amigo y antes de guardarse el móvil en el bolsillo vio titilar el buzón de voz en la pantalla de su moderno aparato. Levantó el mensaje mientras le daba el último sorbo a su café. Escuchó la voz de Ryan en la grabación y se sintió decepcionado.
Le habría encantado que el mensaje fuese ella. Escuchar su voz por las mañanas le hacía comenzar el día de forma estupenda y la verdad, es que últimamente él había tomado tanta distancia de Kate que toda situación entre ellos dos, por mas cotidiana que fuese, terminaba tornándose extraña. Y por ende, los llamados terminaron siendo cada vez más incómodos y menos frecuentes. Pero no podía culparla, no por eso al menos, después de todo él había decidido alejarse.
-¡Vamos, Castle! no vas a bajar los brazos ahora ¿No? ¡Tienes que estar bien para el baile! ¡Resígnate! ¡Kate no tiene pensado ir, así que deberás olvidarte de todas las cosas que imaginabas susurrarle al oído!- y mientras se hablaba a si mismo imaginaba a su bella detective prisionera de sus fuertes brazos, derritiéndola con cada una de sus palabras. Imaginaba como se estremecía al sentir su aliento en el cuello. Imaginaba como ella no podía aguantar un segundo más sin comerle la boca. -¡Na! ¡Eso solo pasa en tu prodigiosa mente de escritor, Rick! ¡Jamás podrías desarmar a Beckett de esa manera! ¡Ella solo te ve como un buen amigo y nunca te permitiría llegar tan lejos!- y así, sacudiendo la cabeza desanimado se puso la chaqueta y salió hacia lo de su amigo pensando que si tuviese que escribir un nuevo libro en estos días se llamaría "Confuso" , ya que sí se sentía desde hacía este último tiempo. No lograba convencerse que ella no lo amaba, pero tampoco lograba convencerse de lo contrario. Así su corazón estaba sentando en el primer asiento de una montaña rusa de sentimientos encontrados: mientras iba en subida se auto convencía de que ella lo amaba y solo necesitaba tiempo para superar su pasado y romper la coraza que la rodeaba; pero cuando bajaba solo podía pensar que ella y él eran solo amigos, y que la razón para no decirle que lo había escuchado confesar su amor hacia ella era porque no quería arruinar su hermosa amistad. Y sacudiendo la cabeza y hablándose solo subió a su auto y salió en el aire hacia lo del diseñador.
La mañana de Beckett había sido completamente diferente. Dormía profundamente. Había escuchado el despertador, pero simplemente lo ignoró y siguió durmiendo.
La noche anterior en verdad le había costado conciliar el sueño. Las horas fueron pasando mientras reflexionaba sobre su relación con el escritor en los últimos días ¿que se suponía que debía hacer con lo que sentía por Castle? ¿Cómo se animaría a hablar con él si cada vez se alejaba más y mas? Sentía que el miedo todavía le seguía ganando la batalla y además, como si fuera poco, también estaba la estúpida fiesta. Increíblemente, la idea del baile dio mil vueltas por su cabeza, a pesar de que ya les había dicho a todos que no pensaba asistir. Aun así, fantaseó viéndose a ella misma disfrazada bailando con él, aferrada a su cuerpo y sin la mínima intención de soltarse. Se imaginó miles de escenarios posibles con el escritor, entre ellos, un par en los cuales, no era ella la que estaba colgada de su cuello, sino alguna de esas mujeres despampanantes con las que solía dejarse fotografiar. Dio mil vueltas en la cama cambiando de posición sin lograr encontrar la adecuada. Sentía el cuerpo cansado y su cabeza…su cabeza era un verdadero embrollo. Algo tenía que suceder, algo iba a tener que cambiar porque de seguir así perdería la cordura. ¡Dios!... ¡Como deseaba a ese hombre! ¡Como ansiaba volver a sentir sus labios sobre los suyos otra vez! ¿y entonces? ¿Por qué no corría a arrojarse a sus brazos gritándole que lo deseaba con todo su corazón y listo? -¡Siempre es más fácil imaginarlo!- se dijo a si misma mas de una vez. Finalmente el cansancio derrotó a su mente y se durmió.
Se despertó sobresaltada al escuchar su teléfono móvil sonando con insistencia. Tanteó torpemente la mesa de luz hasta toparse con el aparato. Era Lanie y no le sorprendía su llamado en absoluto. Para estas horas, su amiga ya tendría las invitaciones en la mano y el rumor de que ella no iría al baile.
-Hola Lanie. Buen día- la detective trató de no sonar tan dormida.
-¿Como es eso de que no vas a ir al baile? ¿Qué es lo que has estado bebiendo, Kate?- la voz de la Dra. Parish sonaba enojada.
-¡Buenos días, Kate! ¿Te desperté? ¿Te dormiste tarde anoche?- contestó Beckett burlándose de su amiga. – ¡Y no! ¡No voy a ir al baile! ¡Así que no insistas, amiga!-
-¡Vamos chica, que no estoy para bromas! ¡Espero que tengas una muy buena explicación para esa negativa rotunda! ¡Y no voy a parar hasta que me la des! ¿Me oíste Beckett? ¡No puedo creer que desperdicies una oportunidad como esta con Castle!- Lanie bajó la voz cuando nombró al escritor, pero Beckett la retó de todos modos.
-¡Shh! ¡Lanie! ¡Pueden oírte! ¡No quiero que nadie sepa de mi vida privada! ¿De acuerdo?-
-¿Te piensas que la gente que trabaja contigo es estúpida, Kate? ¿Todavía no te has dado cuenta de la magia que crean ustedes dos cuando están cerca? ¡Ni siquiera para un ciego podría pasar desapercibido!-
-Bueno…te diré que últimamente eso no es algo que esté pasando, doctora…- dijo Beckett con cierto tono melancólico.
-¡Tonterías! ¡Aun siguen brotando chispas de los ojos de ambos cuando cruzan sus miradas! Escucha. Tengo que volver a trabajar, pero ni sueñes que te vas a escapar de mí. ¿Quedamos para almorzar?-
-De acuerdo, Lanie. Almorzaremos juntas. ¡Adiós amiga!- mientras terminaba su charla con Lanie abría el agua de la regadera. Pensó lo bien que le sentaría un largo baño de inmersión, pero lamentablemente tendría que conformarse con una ducha rápida.
Salió del baño justo para escuchar el último ring de su teléfono. La llamada perdida era de Ryan. Lo llamó enseguida.
-¡Hola Ryan! ¡Buenos días! ¿Tenemos un caso?-
- ¡Hola Beckett! ¡Buenos días! Sí. No parece muy complicado. Todo parece indicar que es un robo seguido de homicidio. Ocurrió hoy temprano en el Central Park. Te esperaremos con Esposito y la Dra. Parish en la escena del crimen - dijo Ryan.
-¡De acuerdo Ryan! ¡Estoy saliendo para allá!- contestó la detective.
-¡Ah! ¡Me olvidaba! Llamé a Castle para avisarle del nuevo caso, pero me atendió su buzón de voz. ¡Probablemente todavía esté durmiendo! Le dejé un mensaje, pero ya sabes que no siempre los levanta de inmediato ¿Por qué no lo intentas tú? Quizás tengas más suerte que yo y logras despertarlo- Ryan sonó divertido.
-¡Ok! Intentaré llamarlo de camino para allá ¡Nos vemos luego!-
La detective se sirvió café en su taza para auto y salió rápidamente hacia el Central Park.
En solo 15 minutos, Castle se bajaba de su Ferrari en dirección a la entrada del lujoso departamento donde Esteban confeccionaba sus creaciones. Éste lo esperaba ansioso. Estaba orgulloso del traje que había diseñado especialmente para el afamado escritor.
-¡Vamos, vamos! ¡Date prisa, Rick! ¡Quiero saber si hace falta algún retoque!- dijo Esteban con el traje en la mano.
-¡Ya! ¡Tranquilo! ¡Estoy en eso! ¡Aunque estoy seguro de que me queda pintado!- Castle comenzó a probarse el disfraz. Era de un buen gusto increíble. A pesar de que el típico traje de Arlequín se hacía básicamente de retazos, la combinación de colores y la cuidadosa elección de telas le daban un toque muy sofisticado. ¡Aunque su disfraz fuera de payaso se sentía como un príncipe!
-¡Eres un artista maravilloso, Esteban! ¡Me queda increíble! Pásame la máscara y el sombrero ¿quieres? ¡Me los quiero ver puestos!-
-Aquí tienes- Esteban, sonriendo, le pasó las cosas que ya tenía en la mano desde que había entrado al probador. Empezó con el gorro y para cuando terminó de acomodarse la máscara quedó verdaderamente irreconocible. Ésta le cubría casi la totalidad de la cara, con excepción, claro está, de la boca y el mentón.
-¡Ja! ¡Ni mi propia madre podría conocerme! ¡Y mira! ¡Puedo beber alcohol muy cómodamente!- dijo señalándose la boca con su dos dedos índices.-
-¡Ja, ja! Puedes beber cómodamente…pero, hay algo mejor aun: ¡puedes besar cómodamente!- Esteban reanudó la carcajada con la que había comenzado y Castle se le unió, aunque su mirada triste se contradecía con su sonrisa. El diseñador tenía una risa contagiosa y bastante estridente. La risa, sumada al hecho de que su teléfono se encontraba en el bolsillo interno de la chaqueta que estaba en la otra punta de la habitación le impidió al escritor escuchar la llamada de la detective.
Beckett lo llamó una vez más, pero a diferencia de Ryan, ella no dejó ningún mensaje.
Se encontró con sus compañeros en la escena del crimen. Lanie había vuelto a la morgue no sin antes dejarle dicho que la esperaba para almorzar. Realizó el examen de rutina, recogió la evidencia y comentó el caso con sus compañeros. Ryan tenía razón. El caso no parecía tener grandes complicaciones, así que solo tenían que ir a hablar con algunos de sus informantes para descubrir quién estaba gastando más que de costumbre.
Esperó en vano la llamada de Castle. A pesar de que no le había dejado ningún mensaje en el buzón de voz sabía que sus llamados quedarían registrados en su móvil. Unos meses atrás la hubiese llamado de inmediato, pero ahora, y sin saber con certeza el por qué, su relación ya no era la misma. Sentía que de verdad lo estaba perdiendo y no estaba segura de cómo recuperarlo, entonces, la idea de baile volvió a su cabeza. Era una oportunidad perfecta para acercarse a él sin ser ella. Así al menos una vez, se permitiría dejarse llevar, jugando a ser otra. ¿Quien sabe? A lo mejor esa noche le serviría para tenerlo cerca sólo una vez más y ya, pero no le importaba nada. Se conformaría con esa única noche, y estaba dispuesta a todo para lograr que él se fijara en ella. Y con esa maravillosa idea en la cabeza, subió a su automóvil rumbo al destacamento.
Castle volvió a cambiarse. Regresó al salón para charlar y tomarse un café con su amigo mientras le firmaba un generoso cheque para cubrir el alquiler de los disfraces. Luego, se levantó para buscar su abrigo e irse no sin antes preguntar:
-Dime, Esteban ¿Cómo es el disfraz de Beckett?-
-¡No, no, no! ¡No te lo diré de ninguna manera! ¡Eso sería trampa! ¡Se echaría a perder el espíritu del Carnaval de Venecia! – dijo Esteban mostrándose ofuscado.
-¡Vamos! ¡Tienes que decirme! Si ella decide ir ¿Cómo se supone que voy a reconocerla entre tanta gente?- suplicó el escritor.
-¿En serio piensas que no serías capaz de reconocerla? ¡Ay, Rick! ¡Que tonto eres! Dime… ¿Recuerdas la presentación de tu primer libro de Nikki Heat cuando me la presentaste por primera vez?-
-Por supuesto que recuerdo. Le dijiste que tenía un cuerpo maravilloso y preguntaste si no quería modelar tus diseños…-
-¡Si! ¡La hubiese hecho famosa, créeme! Recuerdo que nunca te vi mirar a ninguna mujer de la forma que la mirabas a ella ¿Hace cuantos años ya que la conoces?...-
-Cuatro…- dijo el escritor sintiéndose como un niño al ser reprendido.
-… y todavía le sigues atrás como un adolescente asustado sin poder decirle lo que sientes! Estoy seguro de que a lo largo de estos años has observado con tanta atención cada detalle se su ser que de ninguna manera podrías confundirla con otra mujer, mi querido amigo. ¡Ah! ¡Y que conste que te considero un cobarde por nunca haberte animado a decirle cara a cara lo mucho que la amas!-
- Sí. Tienes razón. O al menos en una parte. Es verdad que soy un cobarde. Pero también tengo buenas razones para haberme quedado callado. Toda esta historia es bastante más complicada de lo que parece…- dijo apenado el escritor agachando la cabeza.
-¡Estás aterrado! ¡Tienes terror de que te rechace! ¡Hazme caso, Rick! ¡No pierdas más tiempo! ¡La vida es muy corta y cuando te das cuenta de eso suele ser muy tarde! ¡Estar enamorado es lo mejor que le puede pasar a un ser humano! ¡Los dos son unos idiotas! ¡Deben ser las únicas dos personas en todo New York que no se han enterado de lo que sienten el uno por el otro!- contestó Esteban elevando un poco la voz.
-¿Te parece que ella siente lo mismo por mí? ¿Crees que en verdad me ama?-
-¡Sin ninguna duda! No solo lo he visto yo ¡todo el mundo comenta que se derrite cada vez que le sonríes! ¡Créeme, amigo! ¡El corazón de Katherine Beckett te pertenece desde hace mucho tiempo, de la misma forma que el tuyo le pertenece a ella!-
Esteban lo abrazó, le deseó suerte para la fiesta y prometió que el traje estaría en su casa el sábado por la mañana. Apreciaba mucho a Castle y le apenaba que su amigo no pudiese estar, vaya a saber por qué demonios, con el amor de su vida. El diseñador estaba convencido de que Beckett no se perdería ese baile por nada en el mundo (¡ninguna mujer en su sano juicio lo haría!) y por eso el disfraz con su respectiva máscara estaba casi listo. Solamente faltaba un llamado telefónico para que viniera a probárselo.
Castle arrancó el motor de su hermoso coche acelerándolo un par de veces sólo para oír como rugía. Sintió vibrar el bolsillo de su chaqueta. Era un mensaje de Steve Reynolds, uno de los organizadores del evento y antiguo ex agente de prensa del escritor. Él había sido el encargado de conseguirle las invitaciones y el mensaje le comunicaba que todos habían recibido las tarjetas de invitación personalmente, salvo la detective Beckett, la cual se le había entregado a la Dra. Parish por no encontrarse en ese momento. Le respondió a su amigo agradeciéndole una vez más por su ayuda. Al finalizar, vio las dos llamadas de Beckett. No había mensaje de voz ni de texto. No había nada más que dos llamadas perdidas desde hacía más de dos horas. ¡¿Como no escuchó las llamadas?! Maldijo al universo entero por complotarse en su contra al no permitirle escuchar su voz esa mañana ¿Acaso era una señal? ¿Debía convencerse de una vez por todas que no estaban hechos para estar juntos? Después de todo, nada parecía salir bien entre ellos, y eso sin contar el enorme secreto que él guardaba con respecto a la investigación de la muerte de su madre. En el preciso instante en que Beckett lo supiese estaba seguro de que lo odiaría. Por más empeño que él pusiese en explicarle que sólo lo hacía para salvarle la vida. -¡Estas jodido mi amigo!- se dijo en voz alta mientras aceleraba a fondo su Ferrari para dirigirse a su casa. Una vez que estuviera adentro llamaría a la detective para disculparse por no haberla atendido. La montaña rusa de sus sentimientos bajaba estrepitosamente…
Al mediodía, Lanie esperaba a su amiga en el lugar de siempre leyendo una revista. Kate se acercó a la mesa y saludo a su amiga.
-¡Hola Lanie! Perdón por la demora. Me retrasé investigando un poco el caso.-
-¡No hay problema! ¡No me queda mucho tiempo, pero me conformo con que no te hayas escapado de mi!- dijo la doctora bajando la revista sonriendo.
Kate sonrío y se sentó de inmediato frente a su amiga. Si bien había decidido asistir al baile, no tenía pensado decírselo a nadie. Ni siquiera a Lanie. No por ahora, al menos. Le apenaba bastante no poder contarle su pequeño plan a su amiga, pero no quería que nada ni nadie tuviesen la oportunidad de echarlo a perder por un pequeño error. ¡No! Eso no podía pasar. Esa noche tenía que ser perfecta. ¡Ya tendría tiempo en la fiesta para acercarse a Lanie y contarle todo!
-¿En serio no vas a ir al baile, Kate? ¡Vamos a estar todos ahí! ¡¿Como te lo puedes perder?! ¡Promete ser una fiesta increíble, y eso sin contar que tendrías la oportunidad perfecta para arrojarte a los brazos de tu adorado escritor!- Lanie levantó una ceja y le sonrió a su amiga.
-Si. ¡Eso, siempre y cuando sus brazos no estén ocupados con otra mujer! ¡Ya sabes la facilidad que tiene Castle para encontrar compañía rápidamente! ¡Y eso es lo que precisamente quiero evitar, Lanie! No sé si estoy preparada para que me ignore. No creo poder resistirlo- los ojos de la detective se llenaron de tristeza.
-¡No entiendo porque estas tan convencida de que va a rechazarte! ¡Ese hombre está completamente loco por ti! ¡¿Como puedes no darte cuenta?! ¡¿No sientes la dulzura con la que te mira?! ¡Yo, por mucho menos, me hubiese encerrado en la sala de interrogatorios con él y me hubiese tragado la llave!- Por un momento, Lanie logró sacarle una amplia sonrisa a su amiga.
-Pues, yo no lo veo tan así. Puede que alguna vez él me haya insinuado algo, y yo aceptando el juego haya coqueteado con él, pero yo creo que el verdadero interés de Castle hacia a mi radica en el hecho de que yo no cedí a sus encantos de millonario buen mozo y seductor como si lo hace el resto de las mujeres de la ciudad. Eso me convierte en algo que no puede tener. Sólo un capricho. Y no quiero eso. No quiero convertirme en una más de sus conquistas, Lanie ¿Que pasaría si eso sucede? También lo perdería como amigo y eso sería irremediable…-
Kate nunca le había contado a Lanie que Castle le había confesado su amor el día del disparo. Eso fue algo que ella se guardó para si durante mucho tiempo. Quizás demasiado, y el comportamiento del escritor en los últimos días no hacía más que confirmar, o bien que él había decidido seguir con su vida de siempre ya que ella no se había hecho cargo de haberlo escuchado; ó que su confesión fue precipitada y sólo fue una reacción provocada por el miedo ante la inminente posibilidad de que ella se muriese en ese momento. En cualquiera de los dos casos parecía salir perdiendo.
-¡No creo que sea así, amiga! ¡Si él hubiese querido nada más que una aventura, seguramente lo habría conseguido, y hoy estaríamos hablando de lo buen amante que había resultado ser! ¡Castle es el tipo de hombre que consigue lo que quiere, chica! ¡Y estoy segura de que él quiere compartir mucho más que una cama contigo!- Lanie le guiñó un ojo y Kate meneó la cabeza sonriendo.
- En tal caso, él y yo nos debemos una charla.-
-¡¿Y qué mejor oportunidad existe para tenerla sino después de una noche de alcohol y sexo?! ¡El baile no podría ser mejor lugar para empezarla! La doctora rió viendo sonrojar a su amiga.
-Puedes darme una lista con las 100 mejores razones por las cuales debo asistir a la fiesta, y aun así no lograrás convencerme.- Kate no debía revelar su plan…
-¡Está bien! ¡Haz lo que quieras! No insistiré más, pero quiero decirte que estoy segura de que te arrepentirás, amiga. Aquí tienes las invitaciones que te dejaron esta mañana. Sólo cumplo en entregártelas. Ahora debo volver a trabajar.- La doctora sacó un sobre de su cartera y lo apoyó sobre la mesa. Saludo a su amiga con un beso y se fue rápidamente. Kate lo abrió y junto con las dos invitaciones que Castle le había prometido encontró la tarjeta de Esteban. Sin pensarlo dos veces lo llamó.
-Hola. Buenas tardes ¿Hablo con Esteban Cortéz?
-Buenas tardes. Sí. Él habla.-
-Mi nombre es Katherine Beckett. Soy amiga de Richard Castle. Nos vimos en un par de ocasiones ¿Te acuerdas de mí?- preguntó tímidamente.
- ¡Kate Beckett! ¡Te diré que no eres una mujer fácil de olvidar, detective! ¡Estaba esperando tu llamado! ¿Puedes venir ahora a probarte el traje?-
-Sí. No hay problema. Llegaré en unos minutos, sólo estoy a un par de cuadras.- Kate cortó la comunicación y se levantó para dirigirse hacia el departamento del diseñador. Su móvil sonó. Una leve sonrisa se le dibujó en los labios a notar que era Castle.
-¡Hola Castle! ¿Recién logras abrir los ojos?-
- ¡Muy graciosa, Beckett! Para serte honesto, estoy levantado desde temprano. Pero eso no importa. Escucha…Quería disculparme por no haber contestado tus llamados. Estuve en una reunión importante esta mañana y no escuche el teléfono. ¿Me perdonas?- preguntó con voz casi aniñada.
-¡No hay nada que perdonar, Castle! Después de todo no tienes obligación de participar en cada uno de los casos ¿no?- contestó Beckett restándole importancia.
-No lo hago por obligación. Sabes que me agrada poder ayudar…Dime ¿todavía estoy a tiempo?-
-Lamento decirte que el caso no tiene nada de extraordinario, no tiene mucho sentido que te ponga al tanto de él. Lo más probable es que para cuando termine de contarte las novedades el caso ya esté resuelto. ¡Pero gracias de todos modos!-
-Por nada. ¡Ya sabes dónde encontrarme si cambias de opinión! ¡Ah! ¡Me olvidaba! ¿Recibiste las invitaciones?- preguntó el escritor como al pasar.
-Sí, las recibí ¡Gracias Castle! Y si no nos vemos ahí… bueno, ¡que te diviertas mucho!- dijo la detective algo nerviosa.
-Te lo agradezco, Kate. Realmente me gustaría verte allí y bailar un rato contigo, pero si no es posible ¡deberé resignarme! ¡Adiós detective! ¡Ha sido un verdadero placer escuchar su voz!- respondió el escritor con su mejor voz de galán logrando estremecerla.
-¡A-adiós, Castle!- Beckett respiró hondo y resopló tratando de que su corazón volviera al tiempo que marcaba de costumbre y continuó caminando hasta llegar al apartamento del diseñador.
Subió hasta el séptimo piso. En la puerta la recibió su secretaría explicándole que Esteban se reuniría en un momento con ella y le ofreció un café invitándola a tomar asiento. Kate se dirigió hacia la silla, no sin antes dar un vistazo a la habitación. En un rincón había un perchero con varios trajes masculinos. Se acercó y comenzó a curiosear. Eran maravillosos. Los pasaba de a uno, despacio, para mirarlos con atención. Todos tenían nombre: Chad, Steve, John, Mark, Rick.
-¿Rick?- volvió a leer la detective mientras descolgaba el disfraz de arlequín. ¿Sería posible que fuera el traje de Castle? Escuchó los pasos de la secretaría de Esteban aproximarse y volvió a colgar el disfraz en el perchero.
-Srta. Beckett. su café está en camino y aquí está su traje. ¡Esteban quiere que se lo pruebe mientras lo espera! - dijo la secretaria mientras colgaba el vestido en el probador.
-¡Muchas Gracias! Empezaré a probármelo.- Kate entró en el pequeño cuarto y se probó el vestido. Era bellísimo, como todo lo que Esteban diseñaba y de verdad que le quedaba perfecto. También se probó el sombreo y la máscara. Se miró al espejo y casi no se reconoció. Era una persona completamente diferente. Sonrió satisfecha y pensando que el escritor jamás podría reconocerla.
