DISCLAIMER: InuYasha pertenece a Rumiko Takahashii y a quien mas corresponda.
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Más Allá de las Circunstancias
Por Aquarius-chan
Capítulo 1: Hipnosis
Con sus orbes doradas, estudiaba todo el terreno nevado desde una enorme rama de un árbol, donde descansaba luego de cazar. Todo estaba tranquilo. "Como siempre". El frío impedía que los humanos recorran esas tierras ya que podía ser peligroso para ellos. O eso creyó.
Un aroma dulce, floral, lo atrajo. Con ayuda de su olfato, buscó al ser humano responsable de su distracción. Entonces la encontró. A pesar de estar cubierta por esa gruesa capa, que tal vez la cubría del clima, supo desde el primer momento que era una joven. Lo que no esperó fue el sentimiento de atracción que lo atravesó cuando, sin que ella lo supiese, le mostró su delicado rostro decorado por una dulce sonrisa. Era hermosa.
Por algún motivo que tal vez quería desconocer, el gran daiyoukai comenzó a seguirla para cuidar su seguridad. La vio reírse cada vez que resbalaba, cuando acariciaba a los pequeños animales que se mostraban ante ella, cuando jugaba con el vapor que provocaba su aliento. No podía sacarle su mirada de encima.
De repente algo le robó su atención. Un grupo de desconocidos se acercó peligrosamente a la joven que al principio no pareció notarlos hasta que la llamaron. Decidió esperar a ver qué sucedía. Tal vez se terminarían yendo rápido. Pero no fue así. Sintió quela sangre le hirvió en cuanto vio que la atacaban dispuestos a abusar de ella.
Casi por instinto, se acercó lentamente y los llamó:
-Creo que la señorita les pidió que la dejen tranquila.
Los bandidos le contestaron con amenazas y él trató de persuadirlos, después de todo no quería asustar a la joven que trataba de ocultar su cuerpo con sus ropas luego del ataque. Pero no pudo convencerlos de irse y ellos se lanzaron a él. No le costó mucho eliminarlos, después de todo eran simples humanos que se creían superiores.
-Eres un youkai - escuchó, aunque supuso que lo dijo para ella.
-¿Te encuentras bien? ¿Te lastimaron? - preguntó. En verdad se había preocupado por la chica que lo miraba con sus ojos café, aunque por supuesto, superficialmente, no lo demostraba.
-Estoy... Estoy bien. ¿Cómo te llamas?
-Inu no Taisho - se apresuró en contestarle. Esa humana lo hacía actuar de manera poco usual en él - ¿Y tú?
-Akishino. Izayoi Akishino.
El demonio no podía sacar su mirada de la de ella. Parecía hipnotizado. Su belleza era tan delicada, no parecía ser mala persona, su dulce voz lo atraía. Maldición, tenía que pensar en su esposa, en su hijo. Tal vez era algo del momento.
De repente vio como un temblor apareció en el torneado cuerpo de la castaña y como ella buscaba eliminarlo al terminar de acomodar sus ropas. El youkai divisó la capa que anteriormente la cubría del frío y la tomó en sus manos para ofrecérsela. Nuevamente, café y dorado chocaron.
-Un gusto conocerte...Izayoi - gesticuló.
-El gusto es mío Inu no Taisho - agarró la pesada tela y sus manos se rozaron.
Fue cálido y electrizante, parecía como si ninguno quisiera perder ese pequeño contacto físico que tuvieron. Pero el frío la invadía cada vez más y más, por lo que se apresuró en vestirse con la capa.
-Muchas gracias por salvarme - le dijo, demostrando un leve sonrojo.
-No me agradezcas, sentí que era mi deber. Además... - pensó como seguir - Además debo disculparme por lo que te hice presenciar.
Ella sonrió levemente sin entender el motivo. Inu no Taisho la miró de nuevo, sus ojos dorados se posaron sobre los labios rosados de ellas. Sacudió su cabeza levemente tratando de distraerse. Esa chica hizo en unos pocos minutos lo que a Irasue le costó años y años de esfuerzo: atraerlo.
-No tienes por qué disculparte, eran unas malas personas y estaban dispuestos a hacer vaya uno a saber qué conmigo - sintió de nuevo un escalofrío, pero esta vez provocado por lo que acababa de decir. De no haber aparecido él, tal vez no llegaba a terminar ese día con vida.
-¿Vives lejos de aquí? - ella negó - Entonces permíteme acompañarte a tu hogar. Debes estar nerviosa y si sigues así podrías enfermarte por el mismo frío, lo mejor sería que regreses.
-Claro - contestó ella mostrando su sonrojo un poco más desarrollado.
Ese sujeto, ese youkai, se estaba preocupando por ella. Ambos comenzaron a caminar en silencio, uno que no era incómodo. Ella estaba unos centímetros detrás de él. Desde allí lo miraba. Era alto, tenía espalda ancha pero sin ser exagerada, su cabello que estaba atado en una coleta se mecía de acuerdo al ritmo de sus pasos. Tenía un rostro estoico pero, al mismo tiempo, atractivo. Y sus orbes doradas era lo que le más llamaba su atención. Parecían cálidos aunque demostrasen frialdad. Eran hipnóticos, sentía que si pudiera, podría pasar todo el día mirándolos embobada.
-Es por allí - dijo ella señalando un camino de pisadas que iban en dirección contraria a la de ellos.
El daiyoukai sintió una extraña tranquilidad al escucharla hablar. "Si, tal vez es algo del momento" pensó. Era inevitable no dejar de verla. Era una joven hermosa, por sus ropas dedujo que provenía de una familia de buen nivel. Pero su aroma era una fuerte distracción. Trató de ignorarla caminando unos pasos más delante que ella, pero no podía. El dulzor que emanaba su cuerpo hacía como de imán.
Lo que le extrañó, y en su interior gustó, fue que no parecía nerviosa a su lado. La veía tranquila, no la sentía con miedo. Eso era bueno, después de lo que pasó era mejor se estuviera así.
Unos minutos después sus ojos divisaron una enorme construcción. La mansión era enorme y estaba cubierta por enormes cercos de madera ancha. Ningún humano podría atravesarlos con facilidad, él sí. Sintió que habían muchos guardias, demasiados para lo normal. Con paso calmo, buscó la entrada.
-Espera - lo llamó y giró en dirección de ella - No puedo entrar por allí.
-¿Sucede algo? - enarcó una ceja intuyendo la explicación que iba a escuchar.
-Yo... - titubeó - Yo escapé de aquí, por eso no me pueden ver entrando.
-¿Cómo saliste? - preguntó sintiendo curiosidad.
-Por aquí - señaló una parte de la muralla que se hallaba a unos metros de distancia y movió un poco la madera. En cuanto Inu no Taisho vio que le costaba un poco moverla, la tomó delicadamente de la muñeca para detenerla y seguir con el trabajo él. Pero no pudo. Su piel era demasiado delicada, su mirada un tanto nerviosa, sus mejillas sonrojadas y sus labios entreabiertos lo estaban volviendo loco.
Inconscientemente, se fue acercando a ella. Izayoi no hizo acto de moverse, se había quedado estática, esperando lo que venía. Estaban muy cerca, demasiado. Cada uno sentía cada vez más y más cerca la respiración del otro. Pero ese beso nunca llegó. Él se detuvo, entrando en razón. No podía hacerle eso a Irasue, menos con una humana.
Sin hablar, se alejó un poco y soltó su delicado brazo para después correr la madera que la joven trató de mover.
-No deberías confiarte mucho de estos lugares. No solo hay algunos bandidos que rondan la zona, sino que también hay demonios que atacan a los humanos sin pensarlo - advirtió mientras desviaba su mirada al bosque.
-Afortunadamente yo me encontré con uno que me salvó - sorprendido, posó sus ojos dorados en ella, que estaba sonriente mientras se movía en dirección al interior del palacio.
-Si quieres volver a salir, deberías llevar uno o dos escoltas.
-Es imposible eso, mis padres me quieren encerrada - se lamentó.
Inu no Taisho la estudió. No parecía mentir y, si lo pensaba bien, tenía sentido el por qué había escapado momentáneamente del lugar. Una idea cruzó su mente, una muy absurda, pero que tuvo la necesidad de expresarla.
-Búscame - ella abrió los ojos por la sorpresa - Yo te acompañaré.
-¿En verdad lo harías? - él asintió y ella sonrió - Muchas gracias.
-No hay por qué. Ahora deberías regresar - volvió a desviar su mirada - Como ya te dije, podrías enfermar y eso no te conviene. No te preocupes por esto - señaló la parte de la muralla que corrió - Tú ve tranquila que yo la acomodo.
-Tienes razón - aceptó - Muchas gracias y nos vemos Inu no Taisho.
-Nos vemos, Izayoi.
La vio correr en dirección a la mansión y corrió la madera. ¿Qué acababa de hacer? Mejor dicho. ¿Qué estuvo a punto de hacer? Casi la besó. Y una parte de él se sentía enojado por no hacerlo, pero la otra se sentía culpable. Una humana, una simple humana hizo grandes estragos en él. Suspiró y comenzó a caminar en dirección al castillo.
Izayoi, sin ser vista, entró a su mansión y se encerró en su cuarto para poder ocultar la capa y las botas que abrigaban sus pies. Luego llamó a una de las sirvientas del lugar para que le prepare un baño caliente "porque necesitaba relajarse". En realidad necesitaba entrar en calor, su cuerpo lo pedía.
Una vez en el agua, que estaba aromatizada por aceites florales, no pudo evitar recordarlo. Un demonio que tranquilamente la podía asesinar en un abrir y cerrar de ojos le salvó su vida. No solo eso, estuvo a punto de besarla. Y ella no se iba a negar, no iba a correr su rostro, iba a aceptarlo.
Se comenzó a preguntar como se sentirían sus labios sobre los de ella. No podía hacerse una idea ya que jamás fue tocada por un hombre en ese sentido. No es que no tuviera pretendientes, solo que ella los había rechazado y su padre no se molestaba por las decisiones de su querida hija, confiaba en el juicio de ella.
Acarició su muñeca, justo en el lugar que él le había sujetado. Su mano era cálida, totalmente opuesto al clima que había. Pero luego recordó que él se detuvo y se alejó.
-Tal vez tiene a alguien en su vida - susurró.
Era posible. Había escuchado que los demonios que tomaban forma similar a la de los humanos eran poderosos, y él lo parecía. Tal vez tenía una esposa y tenía sus responsabilidades. Sonrió al saber que él estaba dispuesto a hacer un espacio para ella. Era posible que nada funcione y que jamás lleguen a algo, pero al menos pasaría tiempo con él y fuera de su mansión.
Inu no Taisho llegó a su castillo mentalmente cansado. ¿Qué le había sucedido con esa muchacha? Había quedado encantado con ella por su mirada, su sonrisa, su aroma. ¡Y le había dicho que lo busque cada vez que ella quisiera salir! Pero no podía evitarlo, algo en ella lo atraía.
-Te tardaste - escuchó una voz femenina tras él mientras atravesaba el lujoso salón.
-Tuve algunas distracciones - no mentía, era cierto - Se requirió de mi ayuda.
-Ah, mi marido tan comprometido a ayudar a los habitantes de sus tierras. Tan responsable - el daiyoukai no sabía como tomarse ese comentario con tintes de sarcasmo.
-Iré a descansar - anunció y comenzó a caminar.
-¿Tan pensado estuvo el día, querido? - cuestionó antes de que atraviese una de las grandes puertas.
-Si - contestó con frialdad.
Ella no siguió la tensa conversación y lo vio marcharse a sus aposentos. Hacia tiempo habían perdido esa chispa que tenían, aunque suponía que tarde o temprano iba a suceder ya que lo de ellos empezó como un matrimonio arreglado y siguió con un gran trabajo de conquista de su parte.
Llevó su mano derecha a la curva que había entre su hombro y su cuello del lado izquierdo y acarició la cicatriz que tenía allí. Esa marca se la había hecho su marido el día que se unieron por primera vez. Suspiró y comenzó a caminar camino a uno de los jardines dispuesta a relajarse un poco. Caminaba con gracia y orgullo. Mantenía su frente en alto, mostrando superioridad a sus sirvientes que pasaban al lado de ella.
Tenía a su hijo y su posición. Estaba tranquila gracias a ello.
Continuará...
Comentarios de la Autora: Primer capítulo! Tuve demoras y me disculpo por ello, pero tuve algunos problemas de inspiración, no solo con esta, sino que también con mis otras historias. Pero aquí está :D
¿Qué les parece? ¿Podrían dejarme su review? Así me pueden ayudar a mejorar, además de que siento que mi trabajo vale de algo n.n
Sin mas que decir, saludos y nos leemos luego :D
