Capítulo dos
En la tarde, Ino volvió derrotada a la casa. Cuando abrió la puerta, el olor a comida de buena clase la golpeó instantáneamente. Se le hizo agua la boca y corrió hasta la cocina, dejando tirados todos los libros que traía a cuestas en la entrada. Su padre debió entrar en razón y recordar lo buen hombre que era sólo con su hija, y que toda su atención era para ella por derecho sanguíneo.
—Papi, ¿qué hay de cenar? —indagó amorosa, abrió la puerta de la cocina y vio que alguien estaba sentada en su silla. Aclaró su garganta mientras colocaba las manos sobre la cintura. Su padre se alertó de su presencia y la miró, estaba cocinando con gran maestría y un delantal hogareño puesto, como si quisiera impresionar a su invitada de honor. Normalmente iba a comer Shikaku o Chôza, jamás una mujer diez años menor que él.
—Ino, que bueno que llegas. —dijo su padre con una sonrisa de oreja a oreja. —Le estaba contando a Shizune sobre nuestra técnica. —verbalizó su padre y a la chica se le enrojecieron hasta las orejas.
—¿Y eso por qué? —Ino se alarmó por lo sucedido y tomó haciendo en la mesa junto a la invitada, vio que ella comía unos pequeños dulces que su padre probablemente había puesto sobre la mesa para esperar la cena. Tomó un puñado y se lo echó a la boca, bajo la mirada atónita de Shizune.
—Por nada realmente. —concluyó el mayor. —De algo hay que conversar de vez en cuando, sino, perderíamos el don de hablar en poco tiempo, ¿no es verdad, Shizune?
—Claro. —exclamó entre risas y se paró de su asiento para extenderle los platos hondos al rubio cuando este había apagado el fogón y dio por concluido el tiempo de cocción. —Déjame ayudarte. —él sólo asintió con la cabeza e Ino sintió que pasó a segundo plano, podía notar que su padre disfrutaba cada segundo que pasaba con la médico y con todo que hacían juntos; hace mucho tiempo que no tenía a alguien a quien impresionar en la cocina.
Shizune se le acercó a la copia femenina de Inoichi y le sirvió el plato con gran cortesía, se sintió extraña sentada en la mesa de su casa con una fulana sirviéndole de su comida y se preguntó si eso era tener una familia bien constituida, claro que con una mujer que no compartía nada genéticamente.
—¿Así está bien, Ino? —preguntó la mujer a lo que la chica sólo asintió petrificada.
—Ino come poco, no te sorprendas si deja un poco en el plato. —le indicó el padre y se rió por lo bajo para sentarse en la mesa. —Lo debió sacar de su madre, yo no sobreviviría así.
—Debe ser eso. —respondió Ino, con la mente completamente iluminada después del monólogo de su padre. —¿Cómo era ella?
—Pues…—tartamudeó el aludido, su hija jamás preguntaba por su madre. De niña, se hostigó de historias sobre su madre hasta que no sintió más inquietud al no tenerla cerca. Inoichi llegó a pensar que tenía cierto resentimiento hacia la mujer que la trajo al mundo. —Era muy bonita, como tú. Sabes que en los clanes, muchas veces los viejos arreglan que se mezclen entre ellos y no con gente del exterior, por lo que puedo decirte que también tenía los ojos azules y cabello rubio. —rió ante su comentario y Shizune lo secundó, más incómoda que divertida.
—Entiendo. —repuso la chica, y con una mano en el mentón, continuó. —¿Todavía existe esa creencia? Mezclarse entre iguales.
—Es lo ideal, pero no es necesario. —respondió su padre, cansado del tema puesto a que Shizune sólo comía de su plato y bebía de su agua, totalmente ajena a la discusión que se llevaba a cabo en la mesa.
—Entonces, yo no puedo meterme con…—pensó unos instantes. —Digamos que con Kiba, los dos tenemos clanes importantes. O con Shikamaru, si tuviésemos hijos tendrían muchas técnicas.
—Si fuese así, alguno de los dos debería decidir con qué clan se quedan y uno debería resignarse a olvidarse de sus raíces. —recitó cansado, alguna vez él también tuvo todas esas dudas y a su hija se le había ocurrido el peor momento para preguntarse cosas referente a los clanes. Una vez saciada su sed por información, Ino se rindió al silencio y el Yamanaka mayor tuvo la oportunidad de volverse a su invitada, tomó la mano blanquecina de ella que reposaba sobre la mesa y comenzó: —¿Te ha gustado la cena?—la mujer asintió al tener comida en la boca, dispuesta a responder al momento en que pudiese tragar pero Ino se le adelantó.
—¿Y Sakura? Ella no tiene muchas técnicas por parte de su clan, aunque creo que ninguna. —volvió a preguntar ocasionando que el mayor se sobresaltara y la mirara como si quisiera reprenderla, pero ¿qué podría reclamarle? Estaba en todo su derecho. —Qué suerte tiene esa frentona, ¡Ella sí podría mezclarse con Sasuke-kun!
—En teoría. —replicó su padre. —Aunque no hay nada que hacerle si llega a suceder.
—En eso tienes razón, papá. No sería mi culpa si Sasuke-kun quisiera tener súper bebés conmigo.—analizó la chica, ocasionando que su padre se incomodara y que la invitada de este riera ante su comentario inocente.
—Ino, no es un tema que quiera tener en la mesa y menos con Shizune escuchando. —sugirió el padre.
—No es problema, Ino debe tener muchas dudas al respecto. Es complicado provenir de un clan influyente. —a Ino no le resultó agradable el comentario que lanzó la invitada, ya que su padre ahora la miraba atentamente y podía leer sus pensamientos, eres tan comprensiva y eso es bastante atrayente para un hombre.
—Shizune-san, ¿tuviste algún problema alguna vez con un clan?
—No, Ino. —rió la invitada y su padre pareció interesado en el tema.
—Entonces podemos decir que no eres experta en la cuestión. —finalizó la rubia menor, mirando a los adultos de manera inquisidora.
—Podemos decir que así es. —secundó la morena, dándole un sorbo al vaso de agua que tenía al frente. —Inoichi, está exquisito.
—Me alegra que te haya gustado. —respondió el aludido, Ino supo que perdió el control de la conversación de la mesa y que pronto se pondrían a hablar cosas sin importancia, como de las flores que tanto le interesaron a Shizune de un momento a otro. La chica entrecerró sus ojos azules, molesta, la asistente de Tsunade era inquebrantable.
Era sábado por la tarde e Ino supuso que no vería a su papá hasta muy entrada la noche y muy ebrio como para saludarla sin avergonzarla. El sábado era sagrado para él y sus infaltables camaradas, Shikaku y Chôza, pero mayor fue su sorpresa verlo deambular sobrio por la casa.
—¿Qué haces aquí? —preguntó con los ojos abiertos de par en par. Inoichi pareció extrañarse por la conducta de su hija, era la primera en criticarlo cuando no podía pasar una semana sin beber. —Deberías estar en una taberna con los tíos.
—Hoy no tuve ganas, además Chôza estaba con malestar en el estómago. —dijo como si el tema no lo afectara y la joven florista no tuvo palabras, el papá de Chôji jamás se enfermaba y menos por la comida, por lo que tuvo la sensación de que su progenitor estaba lanzando falsas excusas para evitarse más preguntas por parte de ella.
—¿Y qué harás entonces?
—Shizune vendrá a tomar té. —explicó Inoichi y a su hija se le quiso caer la quijada de la impresión, primero dejaba la bebida y ahora la reemplazaba por algo tan sano como una taza de té caliente. No supo si reírse o disgustarse, siempre quiso hacerlo entrar en razón y convencerlo de tomar té. —Eres bienvenida si gustas.
—No. —contestó ella, dispuesta a bromear con el tema. —Me han entrado ganas de ir a la taberna con Shikamaru y Chôji a beber una copa. —y dicho esto, salió por la puerta.
—Iré por el abono. —anunció la hija al ver a su padre con escases de tierra nutritiva para sus nuevas margaritas amarillas. Inoichi agradeció el gesto de su copia femenina y se incorporó, cansando de la posición hincada que tuvo por prolongados minutos, concentrado en los pequeños y veraniegos pétalos amarillos. La campanilla de la tienda sonó, alertándolo de la visita de un cliente.
—¡Buenos días! —saludó amable, dispuesto a voltearse pero unas manos sobre sus ojos lo detuvieron. —¡Shizune!
—¿Cómo supiste? —replicó con las cejas formando un arco.
—Eres la única persona que lo hace, a excepción de Ino pero ella está buscando abono. —explicó rodeándola en un abrazo que la aprisionaba por la cintura. Shizune sonrió tímida ante aquel acto.
—Ino puede vernos. —vaciló, quitando sus brazos de los hombros grandes del Yamanaka pero él no la soltó en ningún momento por lo que no llegó muy lejos. Él rió por lo bajo.
—Ella ya debe sospechar. —se las ingenió para que la morena devolviera sus brazos en su punto inicial y recorrió con sus manos grandes la espalda de la médico hasta llegar a sus muslos y los acarició con lentos movimientos circulares. Ella se sobresaltó y lo golpeó en el pecho. —Deja que este viejo se divierta.
—Vamos muy rápido. —concluyó la morena y se separó del hombre para sentarse en la silla que estaba enfrente del mesón de la tienda. —Y no eres viejo, sólo maduro.
Inoichi sonrió y volvió por el masetero que contenía la flor amarilla para dejarla sobre el vidrio del mesón. La asistente la observó por eternos segundos, contando los pétalos que la flor tenía mientras trataba de imaginarse lo que significaba en el lenguaje de las flores; muchas veces pensó que Inoichi exageraba y terminaba por inventar las distintas cualidades que cada botón poseía.
—La margarita amarilla, es muy bonita, ¿verdad? —comenzó el rubio, leyéndole la mente a Shizune como buen integrante del clan Yamanaka. Se puso detrás de ella y acarició uno de sus hombros para seguir hablando. —¿Te interesa saber lo que dice?
—Claro.
—Es más bien una pregunta. —comentó Inoichi y la campana de la tienda volvió a sonar, mostrando a una Sakura detrás de la puerta. La chica saludó a los adultos y se internó entre las flores, buscando una en especial que le llamara la atención. El florista notó la incomodidad de Shizune por lo que se apresuró a puntualizar:—Ino está en el vivero, en la parte de atrás.
—No se preocupe, busco una flor para mi madre. —indicó y se ocultó entre la mata espesa de vegetación. Inoichi no encontró mejor solución a la timidez de Shizune con respecto a las situaciones amorosas y la joven aprendiz de su maestra, por lo que se sentó a su lado y esperó a que la chica de cabellos rosados terminara con su misión.
—¿Y qué pregunta es? —resolvió después de un rato y él sonrió.
—¿Me amas? —dijo, Shizune quedó sin aliento ante las palabras que salieron de la boca del viejo Yamanaka.
—Claro que sí. —respondió entrecortada y dirigió su vista por la tienda, buscando a la chica intrusa. Se mordía el labio inferior mientras analizaba su reciente confesión. —Realmente creo que vamos muy rápido.
—Toda mi vida ha sido bastante lenta, no me incomoda acelerar de vez en cuando. —explicó el mayor. Muy joven había tenido a su hija y perdido a su primera mujer, luego de eso, la pequeña se adjudicó casi todo su tiempo libre.
—Papá, aquí está el abono. —expresó la pequeña rubia con una enorme bolsa a cuestas, su padre se levantó de un brinco y corrió a auxiliarla en su andar a ciegas. Ino, cayó en cuenta que tenían compañía. —Hola, Shizune-san.
—Hola. —respondió la morena e Ino pudo jurar que estaba más feliz que nunca. Bajó la vista y se encaminó hacia la mata espesa de vegetación al principio de la tienda, encontrándose con una espía que le informaría todo lo que había visto desde que entró a la florería. —¡Sakura!
Shizune terminó de explicar todo lo correspondiente a la clase del día: extracción de venenos con sus respectivos antídotos desde plantas y flores medicinales. Ino observó toda la masiva clase en donde la mayoría de los alumnos eran mujeres, y con una especie de orgullo, recordó el día en que Suzume, la profesora de la academia, les enseñó cómo hacer un ramo de flores en el campo. Sakura tendría que ir a pedirle consejo a ella y no al revés como ahora era costumbre.
—¿Todo bien, Ino? —indagó la asistente con el cerdito en brazos. Estaba sonriente y por supuesto tenía claro que la hija de Inoichi no tendría ningún problema en pasar ese capítulo en el curso.
—Ninguno, Shizune-san, comenzaré enseguida. —expresó con cortesía, y la profesora se retiró hacia otros mesones. La rubia sonrió sola y miró a su compañera de mesón, Sakura. La rosa la miraba con picardía y la florista se alarmó, la segunda era la que se suponía reír y no la aprendiz de Tsunade. —Qué te sucede.
—Shizune-san es perfecta para ti. —dijo entretenida.
—¿Qué? Por qué dices eso.
—Sabe cuidar cerdos a la perfección. —Ino le dio un codazo y comenzó la extracción en silencio.
Realmente me decepcioné de la recepción de este fic u.u, pero me gusta(:
