Se me olvidó decir que los personajes no me pertenecen a mí, si no a Stephenie Meyer yo sólo los tomo prestados.
Chapter 2
"Me llamo Edward Cullen."
El profesor Banner miró su lista durante un minuto y luego levantó la cabeza. Edward seguía apoyado en la pared sin mover un solo músculo.
-No formas parte de mi lista. –anunció Banner. Edward alzó una ceja. -¿Acabas de llegar a Mac?
Edward asintió, aún con la ceja alzada. ¿Era posible que lo viera tan irremediablemente atractivo? Sentí un sofoco recorrerme la espalda.
-Pues… siéntate ahí, al lado de… -consultó su listado de nombres- Swan, Isabella Swan.
El profesor me señaló y yo me puse más roja que un semáforo. ¿Por qué a mí? Edward posó su mirada en mí y un escalofrío me puso la piel de gallina. Tenía la mirada más penetrante que jamás hubiera visto. Bajé la mirada intimidada y miré a mi alrededor. Me di cuenta de que todas mis compañeras me miraban con asquerosa envidia. Al parecer no soy la única que se ha dado cuenta de los encantos del chico nuevo. Edward se incorporó, con parsimonia y con cierta chulería, y se acercó a mí sin quitarme la mirada de encima. Casi sentí un sudor frío recorrer mi nuca. Él arrojó la mochila bajo el pupitre y se sentó, con la silla ligeramente girada hacia mí y aún con su mirada clavada en mis ojos oscuros.
No sé cuánto tiempo pasó, pero no pude moverme mientras la mirada de Edward siguiera atrapándome de aquella manera. Entonces el profesor pasó al lado de nuestra mesa y dejó un papel sobre ella, golpeándola con la mano para llamar nuestra atención.
-Vosotros dos. Este es el horario y el plano del internado. Al lado del nombre aparecer el número y el piso de la habitación.- En cuanto habló me di la vuelta y me puse a hiperventilar. Mi corazón latía como un loco. Después se dirigió a Edward.- Supongo que tú deberás preguntar en recepción.
Por suerte, el profesor Banner dio por finalizada la clase y pude apresurarme a salir sintiendo que me temblaban las piernas. Menuda estupidez que un simple chico me alterara de aquella manera, ¿no?
-¡Bella! No corras.- gritó Alice tras de mí. Me di la vuelta con cuidado y vi a mi hermanastra corriendo con sus sandalias rojas de tacón vertiginoso. No entendía como no se mataba. Ella llegó hasta mí y me agarró del brazo.
-Lo siento, tenía ganas de salir de aquella clase.- dije sinceramente. Alice miró su hoja.
-¿Qué habitación te corresponde?-preguntó esperanzada. Yo consulté mi papel.
-La… 212.- a mi amiga se le ensombreció la cara. Supuse que ella no tenía la misma.- ¿a ti?
-La 219…
-Bueno, no te preocupes. Tampoco estamos tan lejos.- dije animándola.
-Pero me gustaría vivir y dormir contigo.-se quejó con la vista baja.
-Llevas desde los doce años conmigo.- dije de broma. –Tienes que estar hasta las narices de mí.
-Tienes razón.-sonrió ella. Era fácil animar a Alice.- Por cierto, ¿has visto qué pedazo de hombre tenemos en clase?
No pude evitarlo, me tensé. Y Alice lo notó. Alzó una ceja y me miró fijamente.
-Ejem… ¿cómo?-dije intentando disimular.
-Edward Cullen.-Vaya, todo el mundo se sabía su nombre a la perfección.- No me digas que no te has fijado. ¡Es tu compañero de mesa!
-Ah sí. Tienes razón, no está nada mal.-dije rezando por que Alice diera el tema por zanjado. No tuve mucha suerte.
-O sea, que te gusta.-dijo mirando hacia otro lado. Yo me paré en seco.
-¡No me gusta!-grité en medio del pasillo. Me ruboricé al instante y bajé la cabeza, Alice sonrió satisfecha.- Sólo te he dicho que no está mal.
-Admítelo, Bella: tiene un polvo. –dijo severamente. En realidad ambas éramos vírgenes, pero Alice opinaba que la virginidad era algo que cuanto antes te quitaras de encima, mejor. No lo decía tan en serio, o eso esperaba.
-Tiene un polvo detrás de otro…-pensé en voz alta. Entonces alguien me rozó por detrás y sentí una descarga eléctrica. ¿Qué…? Me giré y vi a Edward mirándome con aquella mirada tan penetrante y con una impecable sonrisa torcida en los labios que me dejó sin aire… Hasta que comprendí que me había oído y entonces comencé a hiperventilar sonoramente. Me puse tan roja que Alice comenzó a reírse sin poder evitarlo y yo me marché enfadada y muy, muy avergonzada. Oí a Alice llamarme entre risas, pero no me giré. Me dirigí a la residencia femenina y subí al cuarto piso. Avancé por el pasillo hasta encontrar la habitación 212 y me di cuenta de que no había pasado por la recepción del edificio para recoger las llaves. Bufé, aún muy enfadada, y desanduve el camino hasta llegar a la planta baja y pedí mi llave, la mujer, una chica regordeta y amable que se llamaba Cristianne, me las dio con una sonrisa y yo, por mucho que lo intenté, no pude devolvérsela. Sólo de pensar en que Edward me había oído decir que "tenía un polvo detrás de otro" rezaba por que la tierra me tragase. No, no, no… ¡No puede estar pasándome esto a mí! Abrí la puerta de mi habitación y la cerré con un sonoro portazo. Lancé mi bolso sobré el sofá de cuero negro y me puse a andar de un lado para otro como un lobo enjaulado. Entonces oí como una puerta se abría y de ella salió una impresionante chica rubia, de ojos azules con un cuerpo de escándalo. Tenía la misma cara furibunda que yo.
-¡¿Quieres dejar de hacer ruido?! –dijo gesticulando. Si hubiera estado en condiciones normales me hubiera amedrentado y le hubiera pedido perdón en un susurro. Enfadada como estaba, le contesté.
-¡Perdona! No ha sido mi mejor día ¿sabes?- dije en el mismo tono que ella. Ella se cruzó de brazos y comenzó a dar pataditas en el suelo con unos impresionantes tacones púrpuras, a juego con su camiseta holgada.
-Mira, niñata. Paso de aguantar a una tía como tú todo el curso. Y menos aún después de que una rubia recauchutada me haya tocado los cojones de semejante manera. ¡Mierda de instituto interno lleno de pijos imbéciles!-gritó frustrada. Yo me fui a mandarle a la mierda, pero entonces caí en la cuenta.
-Un momento…-dije pensativa.- ¿Has dicho rubia recauchutada?
Rose me miró de soslayo y dijo en tono de asco y cargado de sarcasmo.
-Sí, la maravillosa reina de las abejas huecas: Tanya Denali.
Yo no pude evitarlo, sonreí. Me acerqué a ella y le tendí la mano.
-Cualquier persona que llame a Tanya rubia recauchutada se merece mi respeto y mi aprecio.- dije sonriéndole. Ella miró mi mano, me miró a los ojos y me sonrió de vuelta. Era increíblemente guapa. Estrechó mi mano con firmeza.
-Me llamo Isabella Swan, pero llámame Bella.-dije en tono amable.
-Yo soy Rosalie Hale, o Rose si prefieres, y… ¿No tendrás un cigarro, verdad?-dijo tímidamente. Yo me acerqué a mi bolso y le ofrecí un Marlboro.
-Es para las emergencias. Pero debemos tener cuidado, como nos pillen nos meteremos en un buen lío.-dije cogiendo yo otro cigarrillo y abriendo la puerta del balcón.- ¿Qué ha hecho esta vez Tanya?
Me apoyé en la pared, al lado de la puerta de la terraza y encendí mi cigarro, después le pasé el mechero a Rosalie.
-Ugh… Es estúpida. Coincidimos en el ascensor y ella quiso entrar primero. La muy guay me empujó y pasó. A mí nadie me empuja así ¿vale?-dijo gesticulando. Entendía su irritación.- Así que entré y con toda mi mala hostia le pisé, y dejé mi tacón sobre su pie como si no me hubiese dado cuenta. Ella me dijo con voz de superior "¿Quieres quitar tu asqueroso pie de mis Jimmy Choos?".
Yo fruncí el ceño para nada sorprendida. Entonces pregunté, intrigada:
-¿Y tú que le dijiste?
Rose se encogió de hombros.
-Le dije que si volvía a llamar a mi pie asqueroso le partiría la cara.-yo reí ante su ocurrencia.
-Oh, déjame adivinar. Volvió a llamarte asquerosa. –Rose negó con la cabeza.
-No. Me dijo que no sabía con quién estaba hablando, que este curso sería mi peor pesadilla porque con Tanya Denali nadie se metía- dijo con mofa.- y que de quitara de una jodida vez mi pie de sus adorables zapatos.-su voz era neutra, pero la podía notar muy enfadada. Yo, ahora sí, sorprendida por la soberbia de Tanya, le pregunté:
-Joder ¿Y tú qué…?- Rosalie no me dejó acabar la frase.
-Le solté un tortazo.
Comencé a reírme ante lo sucedido y Rose me siguió, me atraganté con el humo del cigarro y comencé a toser. Cuando nos calmamos un poco, me acerqué a ella y le dije, divertida:
-Sí, desde luego tú y yo nos vamos a llevar bien.
Entonces, antes de que Rose me dijera nada alguien tocó la puerta. Me acerqué a abrirla y vi a una entristecida Alice mirándome con cara de cordero degollado. Puse las manos en mi cadera y bufé.
-Bella, escúchame. Siento haberme reído pero…
-¿Quién es, Bella?-preguntó Rose.
-Es Alice, el motivo de mi cabreo.-dije con voz falsamente molesta. Alice, gimió.
-¿Puedo pasar?-dijo humildemente. Yo sonreí, la abracé y la dejé entrar. Después, señalé a Rose y las presenté.- Rose, Alice. Alice, Rose. Ella es mi mejor amiga y hermanastra y Rose es mi nueva compañera de cuarto.
Ellas se dieron la mano.
-Cuéntame Alice,- comentó Rose, divertida.- ¿qué le has hecho a la pobre Bella?
-OH, yo no he hecho nada. Todo fue culpa suya. –dijo sonriendo. Yo comprendí que iba a contarlo y la fulminé con la mirada.- Hay un chico nuevo en clase y Bella babea por él.
Rose río, yo bufé.
-Alice…- la advertí. En realidad tampoco me molestaba.
-Y en el pasillo, Bella comentó que, (palabras textuales), tenía un polvo detrás de otro. Pero no se dio cuenta de que Edward estaba pasando detrás de ella justo en ese momento.
Rose y Alice comenzaron a reír a mandíbula batiente y yo me enfurruñé. A los cinco minutos, ellas seguían riéndose.
-Bueno, ya basta ¿no? Sí, tuvo su gracia, pero creo que es suficiente. ¡Casi me muero de la vergüenza!
-Oye, ¿quién es ese tal Edmund?- preguntó Rose, divertida.
-Edward.- aclaré. Alice me miró fijamente.
-Ya lo verás…-dijo mi hermanastra.- No pasa desapercibido, créeme.
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Gracias por los reviews :) Quiero decir que en esta historia Edward no sera tan bueno, todavia no se le conoce bien pero se irá viendo como evoluciona la cosa...
