Olvidando el Pasado
Capitulo 2
Nadir
Después de varios segundos, decidí entrar en aquella habitación. Comenzaba a preocuparme de que la señorita Daaé no saliera y, a decir verdad, quería evitar que el Vizconde se percatará de su ausencia, así que, con cierta determinación, avancé con paso firme hacia la puerta, y giré la perilla.
De inmediato, tuve la sensación de que algo simplemente no estaba bien.
Al adentrarme en el cuarto, mis ojos no pudieron creer la terrible escena que yacía delante de mí. Erik, a quien yo hubiera esperado encontrar postrado en la cama convaleciente, permanecía delante de la señorita Daaé, quién estaba en el suelo, llorando descorazonadamente con los brazos enfrente del rostro.
Al observarla con detenimiento, pude ver rápidamente, aunque con cierta dificultad debido a la falta de iluminación de la habitación, unas pequeñas manchas moradas y verdes reflejadas en las blancas y delicadas muñecas de la señorita. Había sido lo suficientemente tonto como para dejar que entrará en la habitación sola, creyendo que podría lidiar con Erik, quien seguramente estaría demasiado débil como para siquiera tocarla. Me atreví a imaginar que, después de haber discutido, él la había tomado por la fuerza en un arrebato de cólera e ira al verla una vez más en este lugar. Había olvidado lo poco que se requería para alterar a mi amigo, y lo peligroso que éste podía llegar a ser cuando perdía la razón por completo.
-¡Qué le haz hecho Erik!.- fue lo primero que pude pronunciar cuando me giré a él en tono acusatorio.
-¡¿Qué le he hecho?! De verdad Daroga, siempre creí que eras un ser inteligente y pensante. Después de todos esos años en la policía, uno esperaría que fueras más observador. ¿Acaso no notaste antes de traerla a este lugar el estado en el que se encontraba? Claro, el monstruo siempre será el autor de lo actos más crueles, ¿verdad?. Lamento mucho el tener que hacerte ver en el grave error que haz caído amigo mío, ¡pero está vez no he sido yo quién ha lastimado a esta pobre niña!.- dijo gravemente mientras me dirigía una mirada de rotundo desprecio.
Al apartar los ojos y antes de que pudiera avanzar para ayudar a la señorita Daaé, Erik cruzó la habitación y lentamente, como si se tratará de un preciado objeto de porcelana, la levanto por los codos, y la miró directamente a los ojos.
-¿Qué fue lo que sucedió Christine?.- habló, con ese tono tan autoritario que le caracterizaba y dejaba entrever los primeros vestigios de una ira desquiciada.
Era verdaderamente evidente que la señorita Daaé se encontraba en alguna clase de estado de shock, debido a que no se movía y tenía la mirada completamente perdida. A decir verdad, no me sorprendí en lo más mínimo cuando Erik la tuvo que sacudir bruscamente para que reaccionará.
-Christine, ¿qué fue lo que paso?.- dijo elevando su tono de voz.
-Él quería que nos casáramos lo antes posible y yo... no pude... no pude.- fue lo único que alcanzó a decir antes de que Erik la soltará abruptamente.
-¡Ese imbecil!.- dijo. -Debí haberlo matado cuando pude. Debí haberlo dejado en la cámara de torturas para que se suicidará. ¿Cómo es que fui tan estúpido como para dejarlo ir así?.- Bueno, aún no es tarde Nadir, ¡me oyes! Aún tengo las suficientes fuerzas para crear un nuevo lazo punjab más con mis manos.- dijo, mientras recorría la habitación enojado.
De pronto comenzó a pronunciar un sin fin de maldiciones en mi lengua natal. No podía culparlo. Había confiado en que aquel muchacho la mantendría salvo. Le había entregado su más preciado tesoro, el amor de su vida, la única mujer que había logrado despertar en el un sentimiento tan complicado, pero a la vez tan maravilloso como el amos, y él, en cambio había cometido el grave error de hacerle daño.
Estaba horrorizado. Jamás pensé que aquel hombre que había jurado amar de forma incondicional a esta mujer hubiera sido capaz de lastimarla.
Me sentía como un verdadero idiota parado en esa habitación enfrente de Erik. Había cometido un grave error al ayudar al Vizconde a salir con vida cuando estuvimos en la cámara de torturas. Nunca me imaginé que fuera a llegar a tanto o que fuera si quiera capaz de ponerle un dedo encima a la joven Daaé quien, al girarme a observar, se había desparramado una vez más en el suelo, sollozando.
-Erik, por favor.- dijo con voz entrecortada.
Se detuvo, y, al observarlo, pude ver en el rostro de desfigurado amigo una gran y enorme preocupación. Poco a poco comenzó a avanzar hacía la señorita y, al colocarse delante de ella, se arrodilló y le sujetó el rostro con ambas manos.
-Esto es mi culpa. Una vez más te he hecho daño y no de forma directa. Lamento el sufrimiento que haz tenido que pasar, pero está vez no me quedaré aquí cruzado de brazos mientras ese mal nacido continua merodeando por las calles sin recibir castigo alguno. No volverá jamás a tocarte, eso tenlo por seguro.- dijo encolerizado.
-Erik... - y de pronto y sin ningún aviso, la señorita Daaé se desmayó en los brazos del hombre quién, si bien la había lastimado innumerables veces, jamás había dejado de amarla, ni siquiera un instante.
Antes de que pudiera ayudarle, Erik la tomó entre sus brazo, se incorporó, y la llevó hacia la cama de madera dónde la depositó con sumo cuidado, encima del viejo edredón. La tapó con una manta y, antes de se girará y me guiará hacia la puerta de la habitación, tomándome por el brazo, hubiera jurado ver una simple lagrima descender silenciosamente de aquel terrible y horripilante rostro.
Esto, tenía que ser una equivocación. Me negaba a creerlo.
-¡Se atrevió a ponerle las manos encima, Nadir!.- dijo en tono colérico.
-Erik, debe haber alguna clase de explicación racional. Uno no pierde la cabeza de la noche a la mañana.- contesté, tratando de calmarlo, lo cual siempre había resultado ser inútil. Una vez que la ira de Erik se esparcía por todo su cuerpo, sólo podía esperarse lo peor.
-¿Explicación? ¿Acaso tu mente no tiene la suficiente capacidad humana como para pensar, como para si quiera comprender que ese...ese maldito muchacho esta enteramente demente?. Sabía que no debí haberla dejado ir con él. Todo mi ser me decía, me imploraba en aquel momento que estaba cometiendo un grave error al dejarla marchar con ese infeliz. Pues bien, nunca es tarde para enmendar los errores, Daroga. Aún tengo las suficientes fuerzas como para corregirlos.- y con eso golpeó el borde de la chimenea con el puño cerrado.
-Erik, aún no te encuentras bien...a decir verdad, sigo sin comprender como es que puedas estar parado frente a mí como si nada. Aquella vez que me visitaste, juraría que no pasaría ni una semana antes...antes de que...- no me atrevía siquiera a terminar la oración.
-¿Antes de que muriera, Daroga? Es curioso, yo también pensé que no llegaría a vivir tanto, pero tal parece que Alá tiene una forma muy peculiar de hacer sufrir a los condenados al prolongar su dolor y sufrimiento terrenal. No me sorprendería que en la siguiente vida todo continue siendo igual.- agregó como si fuera más bien un pensamiento en voz alta.
-No puedes salir y dejarla aquí sola, Erik.- dije intentando cambiar el tema. -La niña necesita protección y cuidado. Olvida tu sed de venganza por un momento y mejor dime, ¿qué vamos a hacer con la señorita Daaé?.- dije mientras volteaba a ver la puerta al final de la estancia.
-¿Vamos, Daroga? De ahora en adelante YO me encargaré de ella. Si piensas que voy a dejar que salga y se exponga a los actos violentos de un verdadero alienado, me temo que entonces tanto tú, como el muchacho, pasaron demasiado tiempo en la cámara de tortura.- dijo mientras sus dedos fríos recorrían su escaso cabello.
-Te juro por Dios que, mientras Christine esté bajo mi cuidado, no sufrirá ni un momento más, ¿haz entendido?.- dijo mientras se giraba para verme.
-Eso prometiste la última vez Erik y mira en qué termino todo esto.- dije aterrorizado. Sólo bastaba con provocarle para que él también perdiera los estribos.
-¿Y qué sugieres que haga Nadir? ¿Qué la dejé ir así?. Me sorprendes querido amigo, para ser un hombre de tu edad, la verdad pensé que eras más sabio.- agregó mirándome con rencor.
-Erik, es solo que sé como eres cuando te enojas. Sales de tus cabales y puedes llegar a perder la cabeza en cuestión de segundos. Temo por su bienestar tanto afuera, como aquí adentro contigo.- pronuncié mientras lo miraba directamente a lo ojos.
-Olvidas que la sigo amando Daroga. El amor es un sentimiento demasiado fuerte. Te prometo que ningún mal caerá sobre la señorita Daaé mientras esté aquí para protegerla. No mataré al muchacho si eso es lo que te preocupa, al menos no por ahora, pero si se atreve si quiera a cruzar el umbral de esta casa, me temo que no puedo volver a realizar aquella promesa que hace tanto tiempo atrás pactamos tú y yo en su momento. Te recomiendo que lo mantengas alejado y al margen, por su propio bien.
Y sin más que decir, me sujetó con fuerza por el brazo y me dirigió hacia la salida en contra de mi voluntad.
Nota de la Autora: Parece que nuestro querido y galante Raoul no es una simple y blanca palomita después de todo, como decimos aquí en Latinoamérica. Espero que les haya gustado este capitulo y el anterior. Continuaré esta historia en cuanto la diosa de la inspiración regrese a mí. Con suerte, esta vez no se atreverá a abandonarme por más de 10 años. Gracias por leer este capitulo y... ¡los espero en el siguiente!.
