Sailor Moon © Naoko Takeuchi
Taming the scotsman ® Kinley MacGregor
cυore ιn тeмpeѕтa
Capitulo I
Hacía falta mucho arrojo para enfrentarse al demonio en su guarida. O, como en el caso de Serenity Tsukino, mucha desesperación. Una desesperación que le encogía el corazón y le hacía un nudo en la garganta, ahogándola con su apremio.
Si el demonio se negaba a ayudarla...
Bueno, en ese caso pondría rumbo a Inglaterra ella sola. Nadie iba a convencerla de lo contrario. Nadie. Ni su padre ni su madre. Ni siquiera «el demonio» en persona.
A medida que se acercaba a la cima de la montaña, su coraje comenzó a flaquear. ¿De veras podía un hombre vivir en una cueva? Eso se rumoreaba, pero hasta ese momento había asumido que no era otra cosa que un mito inventado por los hombres que temían enfrentarse a Seiya Kou. Después de todo, los Kou eran los hombres más temidos y respetados de Escocia. Y también se decía que eran los más ricos. A buen seguro que semejantes hombres, muy al contrario que su rudo y exasperante progenitor, harían gala de algún tipo de refinamiento.
¿O no?
De cualquier modo, mientras observaba la desierta cumbre de la montaña, no vio nada que le recordara ni por asomo a una cabaña o a algún tipo de hogar.
Seiya Kou era realmente el bárbaro que decía la leyenda. –"Da lo mismo" -dijo Serenity al tiempo que se alzaba las faldas azul oscuro para rodear un grupo de rocas.
Tal vez albergara en su corazón el sueño de encontrar un caballero refinado de virtudes galantes que lograra conquistar su afecto, pero lo que necesitaba en ese momento era un bárbaro.
Un bárbaro con una enorme y poderosa espada.
Si hacía caso de los rumores, Seiya Kou era justo lo que precisaba para poner en marcha su aventura.
Al llegar a la parte superior de la escarpada cuesta, notó que la «cueva» tenía una puerta de madera casi oculta por la maleza y la tierra. Al parecer, Seiya no deseaba tener visitas.
En cualquier otro momento, Serena habría captado la indirecta y respetado los deseos del hombre; pero, tal y como estaban las cosas, no podía permitirse ese lujo.
Su necesidad de libertad era mucho mayor que la necesidad de aislamiento de Seiya Kou.
Estaba a punto de llamar a la puerta cuando se detuvo para observar el pequeño claro que la rodeaba.
Ese hombre vivía en un lugar de lo más interesante. Desde la cueva podía apreciarse el lago que había más abajo, donde la luz del sol se reflejaba sobre el agua. Era una vista impresionante. Destilaba tranquilidad. Serenidad. No era de extrañar que el tipo hubiera elegido ese lugar.
Sin duda alguna, un auténtico bárbaro no sería capaz de apreciar algo tan refinado y hermoso como ese paisaje. Eso le dio esperanzas.
Tras acercarse de nuevo a la puerta, la golpeó con los nudillos. No obtuvo respuesta.
-"¿Hola?" -dijo a modo de saludo mientras llamaba con más fuerza-. "¿Hay alguien?"
Nadie respondió.
En un arranque de osadía, probó a abrir la puerta. El picaporte cedió con un ruido metálico y la hoja se abrió con facilidad.
En el interior descubrió una morada de lo más interesante. El suelo estaba cubierto con gruesas alfombras y juncias. De los muros de piedra colgaban algunos tapices para absorber la humedad. Había un hogar de extraño diseño con la chimenea inclinada, de modo que salía por el lateral de la montaña en lugar de hacerlo por arriba. Justo enfrente había una mesa con dos sillas.
Sin embargo, lo más interesante era la cama emplazada al fondo. Enorme y suntuosa, debería estar en el elegante castillo de un noble y no en una cueva en mitad del bosque, en la cima de una montaña.
Seiya Kou era sin duda un hombre de lo más extraño. ¿Por qué habría elegido semejante sitio para luego acomodarlo con los lujos de un hogar?
Y, en ese momento, Serena oyó el gruñido de la bestia en persona. Un gruñido breve y escalofriante, terrorífico y gutural.
Su corazón dejó de latir un instante y después se desbocó al descubrir que el sonido procedía de la enorme cama. Lo único que podía ver desde su posición junto a la puerta era lo que en un principio le pareció un bulto oscuro y que, en esos momentos, supuso que sería el hombre.
¿Estaba dormido?
Era plena tarde, demasiado temprano como para retirarse a pasar la noche y demasiado tarde como para seguir durmiendo desde la mañana.
¿Una siesta quizá?
¿O acaso estaría enfermo?
«Por favor, que no esté enfermo.»
Necesitaba que estuviera sano como un roble para poder llevar a cabo su aventura. Un bárbaro enfermo no le serviría para nada.
-"¿Milord?" -preguntó al tiempo que daba unos pasos en dirección al bulto-. "Lord Seiya, ¿podría hablar con usted un instante?"
Obtuvo un ronquido por respuesta.
«Menudo fastidio!»
Había recorrido todo el camino hasta allí esperando encontrarse con un ogro y lo único que había conseguido era un cachorrito dormido. ¿Dónde estaba el gigante de leyenda que aterrorizaba a todo aquel que pronunciaba su nombre?
Necesitaba a esa bestia terrorífica.
Sí, la necesitaba y mucho.
Enderezó la espalda y se aproximó a la cama, pero titubeó de nuevo cuando por fin consiguió ver al hombre con claridad en la penumbra de la cueva.
Yacía de costado sobre el colchón, tan desnudo como el día que llegó al mundo. Serena jamás había visto a un hombre desnudo, aunque estaba bastante segura de que ningún otro podría ser tan apuesto y magnífico como el que tenía delante.
Sobre todo mientras dormía.
Sus largos y robustos miembros parecían no tener fin. Era tan alto y musculoso que apenas cabía en la cama; tenía la certeza de que, si estuviera estirado por completo, tanto las piernas como los brazos colgarían por los bordes del colchón.
Una melena negra, desgreñada y muy mal cortada, enmarcaba un rostro tan viril y apuesto que la dejó sin aliento. Y llevaba una barba de al menos una semana.
Sin embargo, esa apariencia tosca e indómita lograba que pareciera aún más deseable. Más aguerrido.
«Es un bárbaro.»
Su piel morena se extendía sobre unos músculos definidos y firmes como una roca.
Sí, era un hombre magnífico que le aceleraba el corazón y le encendía el cuerpo. Estaba claro que no tenía igual.
Antes de poder evitarlo, Serena se percató de que su mirada descendía hacia la parte central de ese delicioso cuerpo masculino, hacia su...
Un intenso rubor le cubrió el rostro.
¡Och! No era posible que hubiera hecho algo semejante. Mirar el miembro de un hombre era propio de las desvergonzadas, y no de las doncellas recatadas como ella.
Aunque...
Inclinó la cabeza hacia un lado para estudiar esa parte de su anatomía. Era interesante. Y parecía bastante grande allí, sobre los rizos cortos y oscuros. Por extraño que pareciera, tenía un aspecto inofensivo y sintió el súbito impulso de extender la mano para tocarlo.
«Serenity Tsukino, ¿dónde te has dejado el sentido común?»
En la pocilga, al parecer. Acompañado por una curiosidad vulgar y cargada de lujuria.
Aunque nunca había visto a un hombre desnudo con anterioridad, sabía muy bien lo que los hombres desnudos hacían a las mujeres desnudas y lo que podía sucederle a una mujer que permitiera que un hombre le hiciera eso.
Era sin duda la perdición de una doncella.
Con las mejillas encendidas, agarró sin más dilación las mantas de piel de la cama y lo cubrió con ellas.
Así estaba todo mucho mejor.
Bueno, no todo. Aún podía ver esos hombros anchos y deslumbrantes y esas piernas largas y viriles...
« ¡Serena! »
De acuerdo, no miraría más.
Al menos no «allí».
Sin embargo, le resultó imposible evitar que su mirada lo recorriera de los pies a la cabeza una vez más. En realidad no había nada de malo en contemplar las piernas de un hombre, ¿o sí?
Mientras reflexionaba sobre la posible indecencia de su escrutinio, el hombre se movió y las mantas se deslizaron de un modo peligroso.
-"Nada de eso" -dijo en voz alta al tiempo que volvía a cubrirlo con ellas.
Justo cuando sus dedos rozaron de forma accidental el duro y musculoso abdomen masculino, una mano grande y fuerte le sujetó la muñeca, obligándola a detenerse.
Serena jadeó y alzó la mirada para encontrarse con los ojos más azules que había visto en la vida. Unos ojos ribeteados de rojo y cargados de ira que se entrecerraron para contemplarla con hostilidad.
-"¿Quién demonios eres y qué estás haciendo aquí?"
Tenía una voz profunda y amenazadora, y despierto resultaba tan aterrador como aseguraban los rumores que había escuchado.
-"Yo..." -Se le quedó la mente en blanco cuando advirtió que tenía la mano apoyada sobre la cálida piel que cubría esos músculos duros y firmes. La sensación le provocó un súbito estremecimiento.
Se le secó la boca al tiempo que una llamarada desconocida y apremiante la consumía.
Era un hombre apuesto, sin duda.
-"Mujer, será mejor que me contestes."
La furiosa nota recriminatoria que se percibía en su voz logró que Serena perdiera la paciencia. Indignada, se zafó de la mano del hombre de un tirón y se enderezó.
-"¿Y quién crees que eres tu para emplear semejante tono conmigo? ¿Acaso no tienes modales?"
Seiya parpadeó con incredulidad. ¿Le estaba dando un sermón? ¿La misma mujer que había invadido su hogar e interrumpido el agradable sueño que había logrado gracias a la cerveza?
Sorprendido por la audacia de la desconocida, parpadeó de nuevo para aclararse la visión, aunque tenía los ojos irritados y sentía un palpitante dolor de cabeza. Con la boca cerrada, era una mujer bastante atractiva.
A pesar de que llevaba la cabeza cubierta por un largo velo azul y blanco, pudo ver que tenía una abundante melena dorada que le recordó a la luz del sol. Sus ojos celestes no eran muy grandes, pero su forma rasgada les confería cierta reminiscencia felina.
Pícara. Era la única palabra que describía la insólita belleza de esa mujer y, pese a todo, se comportaba con una orgullosa dignidad que proclamaba a voz en grito que se trataba de una dama de buena cuna, y no de una moza del pueblo que hubiera ido a su hogar para poner su mundo patas arriba.
Pero ¿por qué iba a estar una mujer semejante en su cueva? Sola, por añadidura.
-"¿Que quién me creo que soy?" -respondió con lentitud-. "Da la casualidad de que soy el dueño de este lugar y no suelo tomarme muy bien las visitas inesperadas de desconocidos. De cualquier forma, y teniendo en cuenta que has invadido mis dominios, lo menos que podrías hacer es decirme quién eres y por qué has venido sin ser invitada."
Eso echó por tierra la mayor parte de la altanería de la joven, que desvió la vista mientras murmuraba:
-"Bueno, sí, eso es cierto." -Volvió a mirarlo y elevó la barbilla con renovado coraje para añadir con firmeza - "Pero estoy aquí por una buena razón."
-"¡Maldita sea! Más te vale que sea buena."
-"Un momento" -dijo mientras movía un dedo en su dirección a modo de reprimenda-. "No hay necesidad de que empeces a maldecir. Esto ya resulta bastante incómodo, con tu estado de desnudez y todo eso, pero..."
Seiya enarcó una ceja al escucharla. Había olvidado ese pequeño detalle, pero advirtió que sólo estaba cubierto por una manta de piel cuando la mujer sacó el tema a colación.
-"... no hay ninguna necesidad de que ses tan grosero."- Seiya resopló.
-"Nací siendo grosero."
-"Eso dicen. No obstante, grosero o no, necesito de tus servicios."
Seiya enarcó la otra ceja por la gracia de la situación y, antes de poder evitarlo, comenzó a tomarle el pelo.
-"¿De mis servicios... desnudos?"
Un intenso rubor cubrió las mejillas de la joven, logrando que sus ojos parecieran más oscuros.
-"Por supuesto que no. Preferiría con mucho que estuvieras vestido, pero si tienes por costumbre ir por ahí desnudo, bueno, allá cada cual con sus gustos."
A decir verdad, lo estaba pasando bien por primera vez desde hacía años. Era una muchacha deslenguada y audaz. Muy diferente a todas las que había conocido.
Aunque nunca antes se había encontrado con una dama desconocida mientras estaba desnudo en su cama, por supuesto.
Se preguntó para sus adentros si ella sería tan audaz allí donde más importaba: entre las mantas.
Su miembro cobró vida en cuanto se le pasó la idea por la cabeza y se endureció aún más cuando la recorrió de arriba abajo con la mirada.
Sí, tenía las curvas perfectas para que la experiencia mereciera la pena. Pechos grandes y caderas voluptuosas. Probablemente sólo uno o dos años más joven que él. Sí, todo un delicioso bocadito que saborear.
Un bocadito que tardaría toda una noche en paladear, hasta que ambos quedaran saciados y exhaustos.
Sí, tenía un buen trasero. Uno de esos que un hombre podía agarrar y...
-"Milord" -dijo ella con voz firme, tal y como haría un tutor con un alumno distraído al que se le hubiera ido el santo al cielo. Semejante tono de voz invadió los erráticos pensamientos acerca de sus «atributos»-. "Estoy aquí para solicitar tus servicios como escolta."
Seiya frunció el ceño al escucharla.
-"¿Mis qué?"
-"Necesito a un hombre que me acompañe a Inglaterra."
«¡No!», rugió su mente. Recordaba con total claridad lo que había sucedido la última vez que una mujer le dijera esas mismas palabras.
Era lo último que le faltaba oír, sobre todo ese día. Y muy especialmente de labios de una hermosa mujer... rubia.
La desconocida dio un paso atrás al escuchar su gruñido. –"¿Qué has dicho?" -gruñó Seiya.
Ella tragó saliva.
-"Necesito que un hombre me acompañe hasta la casa de mi tía en Inglaterra."
Seiya tuvo que echar mano de toda su fuerza de voluntad para quedarse donde estaba y no comenzar a derribar las paredes. Estaba claro que las Parcas se burlaban de él. ¿Cómo era posible que a un hombre le sucediera algo así dos veces en la vida? –"¿Por qué?" -preguntó.
Ajena a la furia que se agitaba en su interior, la desconocida carraspeó. –"Estoy comprometida con un hombre al que detesto y necesito que me lleves a salvo hasta el hogar de mi tía para librarme del matrimonio con ese gusano."
Seiya profirió una horrenda maldición que reverberó en los muros de piedra.
-"¿Acaso estás chiflada?"
-"Por supuesto que no."
-"En ese caso, ¿por qué has acudido a mí?"
-"Porque eres el hombre más temido de toda Escocia. Ninguno de los miembros del clan de mi padre ni del de mi prometido osarían impedir que me llevaras contigo."
-"Muy bien, pues ya puedes ir olvidándote de que eso suceda, encanto. No hay poder en este mundo ni en el más allá que pueda obligarme a llevarte a Inglaterra. Ahora sal de aquí de inmediato y..."
La joven enderezó la espalda.
-"No puedo."
-"Quieres decir que no quieres."
-"No" -replicó ella, retorciendo el velo entre sus manos-. "Quiero decir que no puedo volver."
-"¿Y por qué no?"
-"Porque he dejado una nota diciendo que me fugaba contigo."
¡Hola!
No me voy a cansar de decirlo, es mi historia favorita, incluso mas que "Dueño del deseo"
Gracias a las chicas que se tomaron la molestia de dejarme un review!
Ando un poco depre, un poco de mimo no me va a vernir mal.
Si les va gustando la historia, les agradeceria de todo corazon que me dejaran sus comentarios. Asi veo que les parece.
Seiya aca es muy lindo, un poco hosco pero esolo hace mas tentador. Y Serena, es un poco similar a la de la historia anterior, solo que potenciada XD
BzO para todas!
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