Capítulo extra

Sin fines de lucro.

Se elevó por sobre las ramas cubiertas de verde y por algunos segundos se mantuvo estática, luego, flotó hasta que sus pies tocaron nuevamente la tierra aterrizando en una perfecta silueta que le ganó un par de aplausos.

Allí, en ese lugar todo era perfecto. Salvo por un detalle…

El tronar de ramas y de hojas había desaparecido, en cuanto espió detrás de los frondosos arbustos vio a un adulto alegremente vestido caminar junto a un niño cubierto de negro que sujetaba su mano, ambos hablaban en voz baja. Mientras más se alejaban más borrosas se hacían sus siluetas hasta que el niño se encontró con una pequeña vestida de blanco cuyos ojos por primera vez no estaban llenos de tristeza, ambos se abrazaron y desaparecieron junto al extraño adulto.

Supongo que es el fin–, musitó la pelirroja con una triste sonrisa.

–"Siempre", ojala pudiese escuchar esas palabras nuevamente–

Melancolía que parecía ser eterna, y que la acompañaría al subir nuevamente al columpio para elevarse por los aires y flotar. Allí, en ese trozo de paraíso convivía con la perfección manifiesta de su naturaleza divina y humana.

Era tan naturaleza humana la que le permitía estar atenta a los arbustos a su alrededor, esperando la llegada de un amigo que ya no volvería.

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Estaba molesta, muy molesta. Se suponía que llegarían temprano para encontrarse con sus amigos y de nuevo se hallaba cometiendo una de sus típicas bromas. Aveces le parecía increíblemente infantil el que siguiese pensando que podía salirse con la suya sin que ella lo notase, pero Lily lo amaba de todos modos y eso era todo lo que importaba.

Siempre que tuviese amor… siempre que tuviese amor podría perdonar uno que otro error, porque lo natural era perdonar a los que se amaba, ¿no era esa una de las mayores facetas del amor?, ¿no era acaso la porción más sublime del corazón humano la capacidad de ver los errores de otros y de todos modos aceptarlos?, pues nadie era perfecto, incluso en la eterna tranquilidad en la que descansaban sus almas. Nadie era perfecto, nadie estaba libre de las heridas acumuladas durante la vida o de otro modo, ninguno de ellos permanecería allí, en ese trance eterno que los conduciría a la verdadera felicidad.

Perdonar era…

Perdoname por no defenderte–

No debería sentirse culpable, no fue su culpa.

Él eligió por si mismo, si alguien debía de pedir perdón era él.

Prometiste que estaríamos juntos por siempre–

Algo, una memoria lejana interrumpió el flujo de sus pensamientos. Aquella declaración inequívoca nunca antes había sonado tan incomoda y a la vez atrayente. De algún modo no parecía correcto cuantificar de ese modo el amor, porque… ¿realmente se podía amar a alguien por siempre y frente a todo contratiempo?, quizás era demasiado ingenua para entender del todo las consecuencias de sus palabra, quizás le convendría ser menos impulsiva y aprender a escuchar y…

Recuerda que nada de esto es real, es solo una de las mil caras del paraíso. Descuida, pronto se te pasará–

James aparcería momentos más tarde sonriendo y gastando bromas, Sirius le seguiría de cerca, inseparables aun detrás del velo. Remus y aquella chica tan simpática, Tonks, vendrían después y todo sería perfecto, como cada día desde el primer día que pudiese recordar, ya lejos, muy lejos del terror previo a la muerte y la desolación de una cuna frente a sus ojos y el llanto de un bebé retumbando en sus oídos.

Aquella sombra de ansiedad que recorría los bordes de su mundo ideal se quedaría lejos, muy lejos también, tan lejos que jamas tendría que enfrentar lo que realmente veía en ella.

¿Qué diferencia haría?, ya es muy tarde para cambiar las cosas e incluso aquí se encuentra perdido. Sigue siendo un espíritu solitario, deambulando entre aquellos que fueron olvidados–

Lily sabía que aquello no era del todo cierto, que aquel espíritu deambulante pasaba sus días junto a la única persona que podía tolerar. Su compañera de juegos era un alma tan azotada como la de él, demasiado dañados como para encontrar alivio en medio de los otros.

Un listado de atrocidades sangrientas colgaba sobre sus cabezas, siempre a la distancia, temerosos del inevitable escarnio al que ya estaban acostumbrados.

No eran grilletes reales, al menos no frente a los ojos de los demás, pero para ellos la cadena era larga y pesada, y sus pequeños cuerpos apenas la soportaban. Eran un espectáculo penoso que el mundo prefería ignorar.

Uno creería que estar aquí lo solucionaría todo, pero ese no es tu problema, ¿no es así querida?–

Asintiendo, vio partir a la delgada mujer que la saludaba todos los días, esos ojos negros se le hacían familiares, incómodamente familiares de ser honesta, le recordaban que hubo un tiempo en que no pudo soportar verlos ni pensar en ellos a pesar de que fueron lo más importante de su vida.

Su fracción más rebelde le regañaba por no defenderse de esa mujer, ¿qué derecho tenía de juzgar cuando fue por culpa de ella que Sev creció para convertirse en un alma en pena?, su madre… su madre jamas lo protegió, ¡nunca cuidó de él!, ¡y su padre tampoco!, ¡ni Dumbledore!, ¡ni sus amigos!

¡Nadie estuvo a su lado!

Nadie estuvo a su lado… y por casi veinte años se aferró al misero afecto de un espectro con tal de mantenerse cuerdo, y sobrevivió para solucionar un error que bien pudo olvidar. Si el destino, la necesidad o su propia terca voluntad le impulsaron era algo que ella jamas comprendería, pues no vivió lo suficiente como para saber lo que era sobrevivir a cada persona cercana al corazón, y perderse a diario en los amargos recuerdos del rechazo.

Y al final, incluso sabiéndose despreciado, recorrer esas últimas millas y enfrentar la muerte, sabiendo que del otro lado le esperaba la soledad.

Un hilo rojo atado a su meñique era la última declaración, a decir verdad Lily no deseaba olvidar.

¿Y si él recordaba?, porque… aquel hilo seguía existiendo y mientras existiese...

¿Seguirás ignorándome por siempre?–

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Conforme más y más de sus amigos y familiares se presentaban, menos y menos veía de él. Algunos esparcían el rumor de que el peculiar trío partiría pronto a la siguiente gran aventura y que nadie los seguiría, otros creían que la suma total de sus pecados era tal que sencillamente no veían el caso en interactuar con el resto que de seguro les guardaba rencor y los menos, como ella, se mantenían al margen de todo.

Tal como en aquella ocasión.

¿Por qué no lo protegiste?–

Ignorando a la niña, la adolescente se defendió, –No es lo mismo–, dijo, –Fue su elección, siempre ha sido su elección–

Nosotros ayudamos a formarla–, contraatacó la niña, –Ahora ni se atreve a vernos. Nosotras y cada persona de los que lo conocieron ayudaron a dar forma a esa máscara plateada. Nosotros fuimos las puntadas en su habito negro y la tinta en su brazo, se lo entregamos a la oscuridad que habitaba en su corazón y le aseguramos que pertenecía a ella–

Y en el final, murió por mi–, entonó lúgubre, presa de un terror adulto y grotesco que deformaba sus infantiles facciones, –Lo he visto desde lejos, el daño es irreparable. Es por eso que no viene a nosotras, él lo sabe–

¿Siempre terminaremos por lastimarlo?–, preguntó la adolescente examinando el lazo en su meñique, con una nota de nerviosismo que la avergonzaba profundamente, –Se suponía… se suponía que estaríamos por siempre juntos y mira como todo acabo. Ni siquiera en su última hora pudimos reconfortarlo–

Se lo merecía y lo sabes–, se lamentó la adulta que apenas se diferenciaba de las otras dos, dejando en evidencia el rencor que la perseguía desde aquella noche.

No era nuestra responsabilidad, nunca lo fue–, elaboró ya más calmada, ignorando el resentimiento de sus pares, –Sev jamas hubiese sido feliz conmigo, no lo amaba, y esto… nuestro arrepentimiento a veces se parece demasiado a los celos, debe ser por ello–, murmuró señalando a su yo adolescente, –Debe ser porque no hemos olvidado su promesa–

Con la aceptación del rencor y el pesar como aspectos invariables de la expresión humana, Lily se confesó a si misma uno de sus mayores miedos.

La más joven del trío abrió la boca y comenzó a hablar, –Mi amigo se ha ido, lo abandoné por otros para librarme de la carga que suponía, sabía que eso lo destruiría y no me importó. Ansiaba ser feliz y lo merecía, porque a diferencia de él soy una buena persona–

En sus labios afloró el nombre de otro niño que fue abandonado, y por más que quiso evitarlo, pensó en lo sencillo que hubiese sido para Harry seguir el mismo camino.

Mi primer amor se ha ido, nunca tuve la fe para luchar por él, me aterraba que pudiese amar con tal intensidad y tomé la primera oportunidad para sacarlo de mi vida. Por primera vez me sentí aceptada, por primera vez pude ser yo misma–

Ignoró lo que James hacía a sus espaldas, ignoró lo que Sirius y Remus le ocultaban, ignoró a ese patético espectáculo que solía ser su amigo porque dolía mucho menos que justificar a diario su propia indiferencia.

¿Cuántos otros hicieron lo mismo con Harry?, y no solo Snape, mucho antes de Snape, cuando su hijo era apenas un infante desprotegido, creciendo bajo las escaleras.

Mi enemigo ha muerto, por mi causa, por mi. Lo ha dado todo y yo no le he correspondido. Encontró el final de la mano de un espejismo, y yo ni siquiera tuve el valor de despedirlo–

Con cada ocasión en la que arriesgaba su vida como si esta no valiese nada, porque en realidad nada valía, ¿sus amigos?, ellos tenían un hogar al que regresar mientras que él sabía que dentro de poco volvería a su cuarto bajo las escaleras, con su pobre Hedwig que no merecía estar atrapada en un lugar en el que no podía mover sus alas y las arañas que solo salían cuando Dudley se aburría de pisotear las escaleras.

¿Y por qué?, solo por haber nacido en esa maldita fecha, algo totalmente fuera de su control.

Solo por haber nacido.

Hubiese sido sencillo que el destino se torciese nuevamente y entonces Harry hubiese terminado como Tom o como Severus. Hubiese sido un cambio mínimo, imperceptible, para tornar a esa hermosa persona que era su hijo en un completo monstruo, aunque en realidad, poco sentido tenían esas discusiones. Lo que fue de sus vidas era inalterable, nada podían hacer para cambiar el pasado ni el curso de las eras. Todos ellos eran peces atrapados en la corriente, esperando que esta los llevase al mar, aunque a veces, uno podía vislumbrar otros reinos fuera del agua.

Lily de cuando en cuando imaginaria lo que existía allí, aunque prefería evitar el pensar demasiado en ello.

Las tres se quedaron estáticas observando el horizonte, allí, Severus Snape y Merope Gaunt creaban a su alrededor un campo de flores silvestres con un enorme sauce para recostarse bajo el sol.

James volvería pronto por ellas, mientras que las siluetas regresarían al reino lejano que les era inaccesible, los remedos de culpa desaparecerían así como aquellas revelaciones.

Mas, las flores y el sauce seguirían existiendo, en un reino lejano que ninguna de las tres llegaría a conocer.

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Debe pesar mucho, ¿quieres que te ayude?–

Levantando su mano izquierda dejó que la niña mordiese el hilo rojo el cual se separó y desapareció.

Con ello, más de treinta años de arrepentimiento se desvanecían, finalmente su deuda había sido saldada a costa de muchas vidas.

Era libre.

Se siente mejor, ¿no lo crees?–

Mucho mejor, ¿qué hay de ti?, ¿te alegra que haya cortado tu hilo?–

Examinando sus pálidos dedos, asintió sonriendo. Durante años temió que se quedaría por siempre sola y que nadie se compadecería de ella por el crimen que cometió en vida y las consecuencias que acarrearon tras su deceso, por no haber estado allí para el niño que se transformó en un monstruo en ese orfanato, ese niño cuyos crímenes destrozarían a varias generaciones de personas inocentes. La culpa que la persiguió hasta la tumba ahora era un recuerdo, su nueva visión era similar a la adolescente que buscaba en aquel muggle una salvación, pero ahora, al fin dotada de una sabiduría indescriptible para comprender que existían cosas más allá de su control, y que no existía motivo alguno para seguir cargando con el pesar de su vida truncada.

Merope no necesitaba más, pues allí lo tenía todo.

La claridad que tanto añoraba, un cariño que nunca antes conoció.

Ya no duele, supongo que es igual para ti Sev–

Severus sonrió con tranquilidad y la tomó de la mano, –Jamas me había sentido tan bien–, contestó, –¿Y qué ocurre ahora?–

La niña guardó silencio contemplando sus opciones, una tímida sonrisa asomándose en sus labios que durante su corta vida pocas veces se mostraron alegres.

Vamos a tener una aventura Sev–

Severus sonrió y la siguió alegre, los eslabones de la vida insignificantes a su paso. Tomado de la mano junto a Merope Gaunt se alejaron y junto con un muchacho pelirrojo desaparecieron, dejando atrás parte del fantasma de su remordimiento y rencor de haber sido maldecidos desde la cuna y perecer de forma trágica.

Con un último vistazo de soslayo vio el murmullo de cabellos rojos desaparecer tras el verde vivo de los árboles, y a pesar de que su corazón se estremeció supo que no existía motivo alguno para detenerse.

Le aguardaba una gran aventura.

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Bruh