Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, todos son de Yoshihiro Togashi, a excepción del personaje que agregué para darle sentido a la trama.
Separación x Leorio x Descubrimiento
Allí estaban ellos, intentando ser buenos amigos mientras que no sabían que se metían en asuntos que no les competían del todo. Habían decidido separarse para cubrir más terreno. Leorio estaba por el este, Killua por el oeste y Gon iba detrás de Kurapika quien aún no se encontraba con su amiga o novia o lo que fuese.
-Está buscando a alguien- Comunicó Killua, mientras se camuflaba entre un arbusto al ver que el joven había girado a ver en su dirección.
-Síguelo lo más cerca posible- Ordenó Gon, aguzando la mirada desde una casa abandonada, Killua era el más próximo al rubio.
-No creo que sea lo mejor- Susurró el de blanco cabello- Pero, órdenes son órdenes- Se encogió de hombros, dispuesto a acatar el mandato.
Ya sabía que Kurapika reaccionaría mal si se percataba de su presencia y exigiría una explicación racional; pero eso no lo agobiaba, después de todo, no era ninguno de la araña como para que lo fuese a matar, simplemente debía dar una excusa que no sabía muy bien cuál iba a ser.
Kurapika contestó su teléfono al sentirlo vibrar.
-Sí. Estoy esperándote. ¡¿Cómo que dónde?! Donde siempre, cerca de la plaza. Sí sé que hay muchas, es en la que siempre nos reunimos. En serio tu memoria es pésima- Negó con la cabeza, exaltado- Te veo en el parque que acaban de abrir- Un ligero tic apareció en su ceja al escuchar la respuesta de la otra persona- ¡No sé! Arréglatelas para conseguirlo tú, te estaré esperando allí hasta el atardecer. Si no llegas, no te pagaré NADA. Sí, sí sé que necesito de tus servicios pero puedo buscar a otra persona que me ayude con ello- Y con esas palabras, colgó, bastante exasperado, no podía creer que ese día todo el mundo se hubiese esmerado tanto para sacarlo de quicio.
Killua tenía las mejillas encendidas, sabía que su amigo era ya casi un joven adulto pero no creía que cayera tan bajo como para pagarle a alguien que ayudase a calmar sus hormonas. Se quedó pensativo, sin darse cuenta de que se empezaba a alejar.
Gon vio la escena desde su posición, un edificio antiguo. Al ver que no hubo movimiento por parte de su compañero, decidió salir para no perderle el rastro, pero la puerta estaba trancada y, por mucho que tiró de ella, no se abrió. Intentando mantener la calma, llamó a Killua quien al sentir la vibración del aparato, despertó de su trance y contestó.
-¿Qué ocurrió, Killua?- Cuestionó, asomado por la ventana con barrotes.
-Se quedó en ver con alguien en el parque que acaban de abrir- Se limitó a decir, la otra información le parecía innecesaria y algo subida de tono como para que Gon la escuchase.
-¿Y por qué no lo seguiste?- Reclamó, le parecía ciertamente raro que no lo hubiera hecho.
-Me distraje- Se excusó, escueto.
-Bueno, voy a ver si Leorio aún le sigue la pista- Informó con decisión.
-¿Y tú no lo estás siguiendo?- La voz de Killua parecía una reprimenda.
-Me quedé encerrado, parece que las paredes de la casa están cubiertas con nen y me va a ser un poco difícil romperlas- Explicó con una risita despreocupada.
-Voy a ayudarte- Y con esas palabras, colgó el teléfono, empezando a caminar en dirección a donde se hallaba Gon.
Leorio seguía a Kurapika algo alejado, pero no le quitaba el ojo de encima, siguiendo cada uno de sus pasos. El tono que tenía para su celular sonó con estruendo, cosa que hizo que unas cuantas aves volaran del tejado donde se hallaban, asustadas. En condiciones normales, él hubiese sido más precavido, pero en los más profundo de su mente sabía que no se estaba tomando en serio la situación.
-¿Qué ocurre, Gon?
-Killua perdió el rastro de Kurapika y yo estoy atrapado en una casa, Killua va a venir a ayudarme- Explicó la situación en la que se hallaban sin entrar en mucho detalle- Así que todo te lo dejamos a ti por los momentos- Gon no había dicho eso con la intención de presionarlo, pero fue en vano.
-Ok, déjenmelo a mí- Dijo tratando de sonar bastante convincente, se sentía algo preocupado de no poder seguirle el rastro al joven sin que se diera cuenta, pero si unos niños podían, él también podría.
Y, con eso en mente, partió en búsqueda de la verdad, en serio tenía ganas de saber en qué estaba metido Kurapika. Gon confiaba plenamente en su amigo, así que lo dejó todo en sus manos.
Kurapika se detuvo frente a una tienda de libros, llevando su mano a la barbilla, examinó todos los libros de la vitrina hasta que uno lo convenció de entrar. Leorio sabía que el muchacho se tardaba lo suficiente en una librería como para darle tiempo de irse a comprar un disfraz.
Se fue corriendo a un bazar en la esquina siguiente. Mientras que el vendedor, un hombre amable y paciente, lo atendía, Leorio parecía un hombre con problemas de paranoia quien a cada rato se asomaba para ver si el Kuruta había salido. Una vez que dejó la tienda con un bigote, una peluca y unos lentes poco convincentes, el mercader agradeció su compra y le deseó un buen día. Se apresuró a ponérselos frente a todo el mundo. Ahora Leorio tenía un espeso bigote, un afro y unos lentes grandes y ovalados, se vio en un espejo cercano y se convenció a sí mismo de que jamás lo reconocerían, ni siquiera su madre.
Kurapika, por su lado, salía de la tienda con un pequeño libro de poesía y otro no tan pequeño de Historia antigua. Sabía que la persona a quien esperaba se tardaría mucho si se distraía por allí, así que buscó una manera de entretenerse hasta su llegada. Un poco más animado, empezó a caminar rumbo al parque. Leorio lo seguía con un extraño caminar, al tiempo que acariciaba su bigote repetidas veces sin percatarse de que se movía de manera antinatural, dejando a su paso a más de un niño estupefacto con su estrambótica apariencia.
Kurapika sentía que lo perseguían y, por mucho que tratara de ocultar su nen, podía percibirlo tenuemente. Solo esperaba que no fuera ninguno de sus amigos, sino se tendrían que enfrentar a su ira, porque la tolerancia que tenía para pasar ese día, ya se había acabado. Giró en una estrecha calle que servía como atajo, era solitaria y oscura, por ello casi nadie transitaba por allí. Leorio iba a entrar pero no era tan tonto como para caer en la trampa de su astuto amigo, así que siguió de largo y, como a mitad de la cuadra, empezó a correr para interceptarlo al otro lado. Kurapika se percató que la persona que lo seguía no era tan descuidada, pensó en usar su cadena para ubicarlo, pero creyó que no era necesario, se las arreglaría sin usar el nen, no lo consideraba una gran amenaza.
Leorio llegó a la calle por donde debía salir el joven. Se mezcló entre la concurrencia, era más que lógico que él se había dado cuenta de que lo seguía y entre la muchedumbre se lograría camuflar un poco. Desde su altura pudo ver cabezas de todos los colores: lavandas, verdes, azabaches, marrones, blancas, naranjas, bermejas, moradas y, a lo lejos, se percató de la cabeza rubia que, suponía, era de su amigo. Corrió hasta alcanzarlo y fue allí donde se dio cuenta que Kurapika no tenía curvas y no vestía un short tan corto, se quedó embelesado viendo a la joven con corte de cabello muy parecido al del Kuruta. Se dio un golpe mental, no podía defraudar a Gon quien había depositado su confianza en él. Pero, ya era tarde, había perdido al muchacho, quien lo observaba desde un árbol, bastante divertido.
Suspiró decepcionado y emprendió su camino rumbo al parque recién abierto, tal vez lo encontraría allí. No se dio cuenta de que se había convertido en el perseguido. Kurapika creía haberlo reconocido, pero debía asegurarse y más aún saber sus motivos para estarlo siguiendo desde que salió de la habitación en el hotel, lo más probable era que Gon y Killua también estuviesen involucrados en aquella absurda "caza" si es que lo podía llamar así. Recordó aquel tonto juego de piedra, papel o tijera que estaban jugando, tal vez estaban decidiendo quién lo buscaría primero y si no recordaba mal, Leorio fue el primero en perder, de allí Killua y por último Gon. Basado en esa teoría, se dispuso a hacerle saber al hombre que ya lo había descubierto para que le informara a Killua que era su turno de seguirlo.
Finalmente, llegó al parque y decidió descansar recostado a un árbol. Aguzando la vista para intentar encontrar al muchacho. Sintió que una bellota le cayó con más fuerza que la generada por la gravedad en la cabeza. Subió la mirada para encontrarse con una ardilla que lo observaba con escrutinio. Prefirió ignorar el hecho, tal vez se le había caído cuando intentaba romperla. Entonces, otra bellota hizo de las suyas y le dio de lleno en la cara, era una segunda ardilla que lo miraba con reproche. Decidió no prestarle atención, tal vez era un error de cálculo, tal vez solo era eso, pero aun así estaba molesto. Pasaron unos segundos de una incómoda tranquilidad. De repente, dos bellotas le dieron en el hombro. Giró su mirada a las ardillas que lo observaban con ira genuina, así, la paciencia de la que disponía se vio acabada, estallando en un arranque de rabia.
-¡¿Qué demonios se creen?!- Gritó a los animales mientras que veía que toda una horda de ellos salía de la nada y amenazaban con molerlo a bellotazos.
A medida que le lanzaban bellotas, Leorio recogía o atrapaba las que podía y se las devolvía sin poderle atinar a una sola gracias a la agilidad del animalito. A ese paso, en medio de una guerra humano contra ardillas, su disfraz se vio arruinado y terminó en el suelo mientras su dueño seguía afanado en derrotar a los animales quienes le llevaban ya una gran ventaja.
-¡Son unas tramposas!, ¡¿Diecisiete contra uno?, cobardes! – Vociferó. Ya dándose por vencido, caminó lejos del rango de lanzamiento para encontrarse con Kurapika que intentaba contener su risa; la sorpresa de Leorio no podía ser mayor, ¿Cuánto tiempo había estado observándolo?
-Nunca has escuchado que esas ardillas son muy territoriales- Expresó con naturalidad- Tienes que informarles que te acercarás antes de hacerlo para evitar que pase eso- Explicó, mirándolo fijamente, dándole una pista de cuál sería su próxima pregunta.
-No lo sabía- Admitió, encogiéndose de hombros- Pero debes admitir que son muy austeras- Trató de evadir el tema que, estaba un noventa y nueve por ciento seguro, comenzaría.
-Ahora lo importante- Dijo con una mirada amenazadora- ¿Qué hacías siguiéndome, Leorio? ¿No tienes tus propios asuntos? ¿O quieres que te ayude a encontrarlos?- Alzó su puño, bastante molesto.
-Tra- Tranquilo, Kurapika- Puso sus manos a la altura de su pecho en clara señal de derrota- Solo quería saber qué hacías cuando salías, si se trataba de algo peligroso o algo por el estilo- Inventó, sin poderse convencer a sí mismo de su mentira.
-Bien- Relajó sus facciones- Dime, ¿Gon y Killua están en esto?
-Por supuesto que no, jamás dejaría que esos dos se arriesguen de la manera que yo lo hice- Aseguró, asintiendo con la cabeza varias veces.
-¿Qué insinúas?- Le dio una mirada de pocos amigos.
-Ya, ya, cálmate Kurapika- Rió con un poco de miedo, su amigo sí que era atemorizante cuando se lo proponía- Sigue con tus cosas, yo me devolveré al hotel- Mencionó, dándose media vuelta mientras se alejaba.
-Así espero…- Soltó con un suspiro, regalándole una mirada inquisitiva, ahora le tocaría lidiar con Killua.
Leorio cuando se creyó bastante alejado del muchacho, tomó su celular y llamó a Gon, advirtiéndole que ya había sido descubierto y que lo más probable era que Kurapika pensara que él y Killua lo estaban siguiendo, así que debían andarse con cuidado.
