Uno:
"Alexandra Stone."
04 de Enero del 2026. Alfombra roja de los Emmy's, New York. 17:07 p.m
— ¿Enserio venimos a verla a ella? Podríamos mejor haber ido a ver el reestreno de 50 sombras más oscuras y sería menos aburrido. Ya llevamos dos horas aquí paradas y no deja de joder este maldito invierno. Es realmente fastidioso—refunfuñó y se abrazó a si misma para darse un poco de calor— Si no mal recuerdo, esa tal Rachel Berry, está más que olvidada que una anciana en un asilo abandonado. Y no entiendo tu obsesión con ella, ni que fuera Winston Marshall para que estés así.
La que protestaba por todo, era una pequeña rubia de 15 años de edad, que había ido en contra de su voluntad, mejor dicho, había sido engañada por su mamá, quien parecía estar poseída por un payaso, por la enorme sonrisa que mantenía en todo su rostro. Trató de entender su cambio de humor, ya que la mayor parte del tiempo, se la pasaba enojada o siendo la más exigente madre de entre todas las demás, bueno, los niños suelen sobredramatizar la vida. Beth sólo sabía que Quinn estaba tan emocionada, al límite de estar obsesionada, por esa actriz de Broadway, aquella que ni siquiera podría estar nominada en ninguna categoría, de hecho, llevaba ya muchos años lejos del medio artístico. No tenía idea del gran vínculo que ambas compartían.
— ¡Oh por Dios! ¡Allí viene! —Ignoró a su hija— Por fin de nuevo Rach, de nuevo te veo pequeña—susurró para ella misma. Tenía que verla de nuevo o enloquecería más de lo que ya creía que estaba.
— ¡Rachel Berry apesta más que los calcetines de mi papá luego de dos horas de rutinas matutinas en el gimnasio!
— ¡Cállate Beth! Deja tus comentarios sarcásticos para otro momento, por favor.
— ¡Me avergüenzas mamá! ¡Pareces una foca! —Beth puso los ojos en blanco y frunció exasperada el ceño, al contemplar cómo su madre, aplaudía eufórica como una cría— Esta mentira para papá, mínimo vale una salida nocturna con mis amigas ¡Lo oíste! —advirtió.
La hija más grande por parte de la familia de los McIntosh Fabray, sabía sacar provecho de las circunstancias, haciendo gala de sus genes, porque simplemente era una fiel copia de Quinn en sus años de instituto. Tenía el mismo temperamento explosivo y la capacidad de tener a quien quisiera a sus pies o bailando como un perro si así lo deseaba. Era cuestión de dedicarles una mirada, para que le tuvieran respeto, no así por parte de su madre, quien era muy obsesiva y controladora con todo su alrededor, y jamás retrocedía a las órdenes y reglas impuestas, en específico, con sus hijos.
— ¡Basta Elizabeth Fabray! Ya hablamos al respecto y sabes lo que pienso, no trates de chantajearme.
Cierta morena, que perfectamente reconocería en cualquier lado, pasó frente a sus narices como un torbellino, ignorándola por completo.
— No puedes salir. Estás castigada todo este mes, no sé si lo recuerdas.
— ¡Eso es injusto! ¿Por qué sólo yo estoy castigada si Tony fue el que tiró todas las galletas en el suelo y Frida la leche en los sillones?
—Porque se supone que tú eres la hermana mayor y debes de cuidar a tus hermanos más pequeños. Y ya no hablaremos más al respecto. Caso cerrado. No quiero discutir con Shelby.
— Insisto que eso es injusto— continuaría con sus reproches, sino es porque vio algo que realmente le llamó la atención, mejor dicho, alguien con andares de modelo— ¿A caso esa de allí es Alexandra Stone? ¡Sí es ella! ¡Yaaaay! Le pediré un autógrafo y Ashley se morirá de la envidia—con agitación, dio saltitos, sorprendiendo a su madre, porque ¿Quién demonios era Alexandra Stone para que su hija se emocionara de esa manera? Ambas Fabray no entendían la obsesión de una y de la otra—Ella sí es famosa, no que tu enana…—se detuvo mientras sacudía su mano pretendiendo de que su actriz favorita la volteara a ver— ¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! Allí viene. Allí viene ¡Aquí! ¡Aquí Alexandra! ¡Alex! ¡Lobito!
—Beth, contrólate. Ni que fuera la gran cosa.
— ¡Joder! ¡Joder!
Funcionaron los gritos de la rubia, porque una castaña de ojos color como el cielo, y de cuerpo trabajado en el gimnasio, se aproximó hasta su posición con una sonrisa de arrogancia y superioridad.
— ¡Eres Alexandra Stone! ¿Podrías darme tu autógrafo? Porque pues bien, eres genial, asombrosa, ardiente y eres la mejor actriz del planeta, qué decir del planeta ¡Del universo entero! ¡Soy tu fan número uno! —musitó acelerada produciendo que la actriz cambiara su gesto por una sonrisa enternecida y halagada.
—Beth ¡Las groserías! —la regañó Quinn pero la rubia menor la ignoró por completo tapándole la boca.
—Claro pequeña gritona, y aunque admiro todas esas cualidades cada vez que me veo en el espejo, es bueno que una fan tan ocurrente me diga todo eso. Y para que veas lo agradecida que soy, nos sacaremos una selfie y podrás presumir que estás con la más grande estrella que ha nacido sobre la faz de la tierra—le guiñó un ojo de manera juguetona.
—La única más grande estrella que ha nacido sólo es una y se llama Rachel Barbra Berry—susurró Quinn quitándose la mano, aunque fue escuchada perfectamente por la actriz, que no le dio importancia sino más bien gracia.
— Ahora acércate que no muerdo lindura, que tiene como madre a una que parece tener cara de estirada aburrida. Sonríe rubia mayor, no me hagas pensar que eres la grinch arruina navidades. Eres muy bonita como Beth—Quinn frunció furiosa su ceño por su intentó de filteo con su hija.
—Por supues…to… Por… su… puesto—balbuceó.
Se aproximó a la barra de separación con su celular en la mano. Mientras Quinn se mantenía en segundo plano observando la interacción entre su hija y la engreída actriz. Desde que la vio acercarse, no le gustó para nada, y menos, después de los adjetivos que le había dedicado.
—Di ¡bombón! —se colocó a su lado pasando el brazo por sus hombros para después sonreír con sus perfectos dientes de comercial de televisión— ¡Felicidades! Ahora serás la más popular en tu instituto ¿Qué nombre le pongo a tu dedicatoria? —tomó el iPhone para autografiarlo con un plumín.
—Beth "la más perra porrista" Fabray.
Se llevó una mirada asesina por parte de su madre. Si es que las miradas de odio de Quinn Fabray te asesinaran, ambas ya estarían enterradas 1000 metros bajo tierra.
— ¡Oh qué bien! ¿Así que eres porrista como mi novia de reparto? Desde este momento, eres mi favorita fan rubia—le acarició la cabeza regresándole el celular.
Luego siguió su camino, andando con gracia hacia la entrada del edificio donde se llevaría la gala en unos escasos minutos. Y donde la vida le tenía destinado algo que le haría cambiar, cambiar de una forma radical su vida por culpa de un ciclón de melena chocolate y grandes y expresivos ojos marrones.
— ¿Y esa es la actriz por la que mueren las adolescentes? Repito, ni que fuera la gran cosa—protestó Quinn celosa por la cara de alteración que aún mantenía Beth en su rostro.
Y bueno, eso le pasa a cualquier persona que se encuentra con su cantante o actriz preferida. Haría cualquier cosa por tener un recuerdo de ellas.
— ¿Qué no es la gran cosa? ¿De qué siglo eres mamá? Por si no sabes, Alexandra es la protagonista de la serie más popular en todo Netflix USA, Dame una simple razón. Esa actriz que dices no es la gran cosa, está nominada con su serie a la mayoría de los premios. Tanto así, que ella está participando en la misma categoría que Sarah Paulson como mejor actriz dramática. Aunque, obviamente, ella se ganará el Emmy, y lo sé porque sólo vela, es bonita, genial, divertida, talentosa ¿Sabes que le dicen lobito por lo ardiente que es en la cama? —contó todo sin respirar un solo segundo.
— ¡Basta! ¡Basta ya! Ya entendí Beth. Aunque no sabía que te gustaran las chicas.
— ¿Y quién dijo que me gustan? No porque crea que Alex es casi perfecta, significa que me atraigan las mujeres. De hecho, no todas las que vemos la serie pensamos en llevar una relación con una chica, algunas somos simplemente románticas y nos gusta el amor de cuento de hadas, y créeme que esa serie trata de eso.
—Pues entonces tendré que verla y así entender tu fanatismo casi enfermizo por esa "Perfecta" mujer—inspeccionó su abdomen y culo para compararlos con los de la actriz. Beth sólo sonrió por la intensidad de su madre.
Premiación de los Emmy's: Mejor actriz dramática. Interior del Radio City Music Hall. New York. 21:09 pm
—Estoy muy nerviosa. Quiero vomitar ¿Hay un baño por aquí? — caminó alarmada de lado a lado sin siquiera respirar— Y ¿si se burlan de mí?, y ¿si me lanzan tomates o si me abuchean? Aún peor, ¿Y si me caigo a la mitad del recorrido como Miss USA?, eso pondría el fin a mi regreso triunfal.
— ¡Cálmate! Si no es que creyera que eres una gran estrella y no entiendo tu ansiedad desmesurada, tenlo por seguro que no hubiera querido ser tu representante—la detuvo por los hombros mirándola directamente a los ojos— Respira, cuenta las 10 ovejas que te tranquilizan, y sal allí para hazme sentir orgullosa—ordenó dándole una palmada en el trasero y lanzarla hacia el escenario.
"Presentando una de las más importantes categorías y regresando de un merecido y desconocido descanso de Broadway... está con nosotros… La hermosa Fanny Brice de Lima, Ohio ¡Rachel Berry! Un merecido aplauso para ella."
Rachel resopló al escuchar su señal y caminó con inseguridad hasta el centro del escenario. Donde millones de personas estarían atentas a cualquier cosa que hiciese mal, por eso de su nerviosismo.
— ¡Muchas gracias a todos! Me siento muy agradecida que me hayan tomado en cuenta para presentar este importante premio de la pantalla chica, sin siquiera ser partícipe de ella. Sin más que decir, y crean que quiero ser el centro de atención— se escucharon risas de fondo, y todo comenzaba bien para la pequeña diva de sonrisa aturdida—Aquí las nominadas para el premio de mejor actriz dramática… Ellas son…—
Anunció mientras en una enorme pantalla, que ocupaba la mayor parte de la pared central del auditorio, salían cada una de las aludidas a mejor actriz.
Rachel Berry estaba arriba de un escenario tan distinto del que había estado con anterioridad. Y lo peor del asunto era que no estaba nominada, y eso, para los planes que tenía en el instituto, era algo imperdonable y una verdadera y gran catástrofe para sus metas a largo plazo. Para la edad que ya poseía, ya tendría que tener por lo menos cinco Tony's, tres Emmy's, dos Grammy's y un Billboard, y ¡Hey! No es que Rachel Barbra Berry fuera una loca exagerada y con sueños inalcanzables. Bueno sí, pero a sus 32 años de edad, sólo tenía un miserable Tony por ser la actriz revelación, y no es que creyera que en realidad era de menosprecio ello, ya que había luchado mucho por conseguirlo luego de protagonizar Funny Girl ,y ser la obra de teatro más taquillera de una joven e inexperta actriz, pero no había logrado todos sus demás objetivos y todo tenía una razón de ser, Lucy Quinn Fabray.
La rubia que después de confesarle sus sentimientos, la abandonó en el estacionamiento diciéndole que se casaría con su novio de Yale, Biff McIntosh. Eso a la larga, le destrozó el corazón y el enfoque hacia sus sueños. Y aún peor, si esa misma chica el día de su boda, la viera directamente a los ojos y le dijera que no la amaba y la dejara en paz. Algo muy duro y difícil de asimilar para su necesidad de querer ser el centro de atención de todos los que estuvieran a su alrededor.
—La ganadora es… Tututu—abrió con teatralidad el sobre de la triunfadora— La ganadora es...—segundos de silencio para darle conmoción al ambiente— ¡Alexandra Stone! Felicidades a nuestra querida, y que tengo que informar, tiene un asombroso y bonito nombre como el mío, Rachel Smith de Dame una simple razón.
Y si cuando Rachel Berry subió al escenario y se escucharon aplausos, silbidos y todo tipo de cosas, no se hicieron esperar hacia la nueva actriz ganadora del Emmy, Alexandra Stone. Quien se llevó una ovación tan grande que retumbó en todo el auditorio, y quizás, en todo New York, sorprendiendo y dejando con la boca abierta a la pequeña diva de Ohio. Ni ella misma se había llevado tal ovación cuando se ganó su primer Tony, como la que fue acreedora la ojiazul.
— ¡Basta! ¡Basta! Ya sé que soy asombrosa—agradeció mirando a todos y pidiéndoles un poco de silencio con sus manos— Muchas gracias sexy y ardiente pingüinita, Rachel Berry. Para mí es un honor que una estrella de Broadway como tú, sea quien me entregue mi merecido premio, porque vamos, siempre intuí que sería la triunfadora, porque soy la más talentosa de entre todas, sin menospreciar a las demás participantes, en especial a mi coprotagonista Mía Müller.
Señaló con su dedo a una chica rubia que estaba de pie aplaudiendo feliz, y de nuevo, allí estaban las ovaciones para la creída actriz que tomaba su estatuilla y la alzaba por los aires al más estilo de triunfo de guerra.
— Sin más que agregar, y para que mi novia porrista Zoey Ulrich no se enoje conmigo y se ponga celosa por no llegar a casa, los dejo con la maravillosa vista del culo de mi gran amiga Fanny—se despidió dejándole un abrazo más debajo de lo que debería y susurrarle sensualmente al oído sin que se lo esperase— ¡Llámame! Quizá esté esperándote sobre mi cama con una botella del mejor vino espumoso para festejar mi triunfo.
Caminando con su premio como si flotara por el escenario, dejó a una Rachel Berry sin palabras y con la boca abierta por segunda vez consecutiva.
Porque Alexandra Stone era su crush adolescente y sus sueños húmedos del medio artístico, desde luego, después de cierta capitana de las Cheerios, que la admiraba con una brillante sonrisa de orgullo a través de la gigantesca pantalla, que estaba postrada en las afueras del auditorio. Quinn Fabray podría respirar por ahora, porque su chica aun sentía que su corazón latía a mil revoluciones por segundo y su estómago sentía las mismas mariposas que 12 años atrás cuando desde las gradas la veía entrar al campo de futbol.
