Capítulo 2: Sin Razón.
Sintió una tela húmeda chocar contra su cabeza y se despertó, alarmado.
-Cálmate. Te estoy curando- le dijo la señora de la enfermería. Puck intentó levantarse, pero no se lo permitió.
-¿Qué sucedió?- quiso saber Puckerman. La señora de la enfermería le dio la espalda un par de segundos y Puck se percató de que estaba remojando la misma tela que le había colocado en la cabeza.
-Te golpearon- respondió ella, sin un ápice de emoción en la voz. Como si fuera cosa de todos los días el que un par de grandulones se le fueran encima.
-Lo sé, lo sé. ¿Cómo llegué aquí?-
La señora regresó y le colocó la tela en la frente, provocando que Puck apretara la mandíbula del dolor. La enfermera lo miró un par de segundos, totalmente seria y después asintió.
-Un par de chicos vieron el problema y le hablaron a un profesor- explicó vagamente, al momento en que se dedicaba a revisar frascos u otras cosas mundanas. Noah hizo una mueca de inconformidad.
-¿Y? ¿Eso es todo? Juraría que…- el recuerdo golpeó su mente. El recuerdo de una voz clara y fuerte. De un cabello rubio y de ésos ojos verde oscuro. No podía ser otra persona más que la famosa y misteriosa Quinn Fabray.
-¿Está segura de que no me trajo una chica? Rubia, muy bonita. Rara- inquirió él, intranquilo. La mujer se volvió y por un minuto palideció, pero después continuó con sus asuntos.
-No sé de qué hablas. Y no te muevas, se te caerá la venda-
Puck se quedó quieto un par de minutos, y mientras intentaba borrar la idea de que era ella, simplemente la teoría regresaba mucho más fuerte a su cabeza, confundiéndolo más de lo que estaba.
¿Por qué Quinn Fabray, una chica perfecta, habría de ayudarlo? No eran amigos y ni estaban cerca de serlo. Apenas y compartían una clase… aunque Puck juraba que la había visto más veces que sólo en la clase de biología.
No pudo quedarse mucho tiempo acostado cuando al momento siguiente se levantó de un salto. La enfermera intentó detenerlo, pero Noah simplemente la ignoró y salió corriendo de la pequeña oficina.
Corrió por todo el pasillo y al subir las escaleras, se encontró con su mejor amigo Finn.
-¡Ey! ¿Dónde estabas?- le preguntó Hudson, un poco impactado al ver el rostro semi-herido de Puckerman.
-El bastardo de "stick" me puso una trampa. Estaba en la enfermería-
-Oh, qué hijo de puta- exclamó Finn, todavía confundido-¿Estás bien?-
-Sí, no me rompieron nada, al parecer-
-Estás sangrando de la boca- observó el alto, frunciendo el ceño. Puck se limpió los labios con una mano y miró un hilo de sangre. Sacudió la cabeza.
-¿Has visto a Quinn Fabray?-
-No… creo que no- respondió Finn. Tras un segundo, respingó- ¡Ah! Creo que sí… la última vez que la vi estaba en el salón de administración de la casa o como se llame-
Puck asintió y siguió subiendo las escaleras hasta llegar al tercer piso, donde agradeció su buena condición física otorgada en el equipo de fútbol y, por más sorprendente que sea, el club Glee.
Y ahí estaba ella. La vio de pie, con su cabello rubio cayendo hasta su espalda, llevando un libro delgado entre sus brazos y en su hombro derecho una bolsa larga azul que para nada combinaba con sus pantalones rosa bonito…
Puck sonrió mientras se acercaba. Bingo. Él perfectamente se acordaba de ésos pantalones.
-Hola- saludó él. Quinn levantó la mirada, lo analizó un segundo y asintió a modo de respuesta. Apenas dejaba el salón de clases, por lo que caminaba en sentido contrario a Puck.
-Vine a agradecerte por ayudarme cuando ésa bola de montoneros bastardos me atacó sin ninguna razón- sonrió Puck, seductor. Quinn lo miró, inquieta.
-No sé de qué estás hablando- confesó. Puck se plantó frente a ella, juguetón.
-Sí sabes… Me llevaste a enfermería por tu cuenta, aunque ahora mismo me estoy preguntando cómo lo hiciste. Debes pesar la mitad de lo que yo peso…-
-No- negó con la cabeza Fabray- Te equivocaste- intentó seguir su camino, pero Puck nuevamente se interpuso.
Puck estaba totalmente confundido. ¿Por qué le importaba tanto a aquella rubia el que negara todo? No era como si se hubieran acostado… ¿Por qué simplemente no podía aceptar las gracias de Puck? Noah podía ser todo, pero su madre le había enseñado a ser siempre agradecido, aunque no le gustara.
-No. Yo sé que te vi. Tú me ayudaste-
Quinn se quedó inmóvil, pero hábilmente sus ojos se deslizaron por su rostro y sonrió ella sin querer.
-Yo que tú me cuidaría ésa herida del labio. Te podrías infectar- le recomendó, comenzando a avanzar con un paso rápido y firme. Noah la observó un par de segundos antes alcanzarla con un salto y tomarla del brazo con fuerza. La obligó a darse la vuelta, furioso.
-¡¿Por qué te es tan difícil aceptar mi agradecimiento?! ¡Yo sé lo que vi y lo que vi fuiste tú!-
Quinn abrió los ojos con desmesura, totalmente aterrada al verse en ésa situación. Sus ojos rápidos viajaban del rostro molesto de Puck, a su mano tomando su brazo, sujetándolo con fuerza en el aire. Un sentimiento de ira nació en su pecho y con la mano derecha le propinó una bofetada cargada de repulsión.
El rostro de Puck se volvió casi por completo, mostrando una marca roja que hormigueaba por su mejilla izquierda. Noah estaba completamente en shock.
Los ojos verdes de Quinn se llenaron de lágrimas, brillando de enojo.
-Nunca… NUNCA vuelvas a tocarme- tembló al amenazarlo- No me importa cuán herido estés, te golpearé otra vez si lo vuelves a hacer-
La mano de Puck la liberó, y ella aprovechó la oportunidad para escapar. Noah estaba seguro: Se había ido llorando.
Al día siguiente, Noah entró al salón de biología con un rostro decaído. Aunque no entendía bien por qué Quinn era así, sintió la necesidad de disculparse con ella. Puck solía hacer llorar a las chicas, pero jamás por herirlas… o al menos no por algo tan estúpido como lo de Fabray. Pero aún así se sentía terriblemente culpable y Noah no sabía cómo manejarlo.
Y ahí estaba ella, sentada con seriedad. Mantenía su mirada en un libro grueso que tenía en las manos y parecía totalmente distante mientras el profesor escribía cosas en su pintarrón y los alumnos lentamente llenaban el salón. El lugar junto a ella estaba vacío, así que decidió encaminarse.
Notó que ella levantó una ceja cuando él se dejó caer, agotado. Cerró el libro con lentitud exagerada y no se volvió.
-¿Qué quieres?- quiso saber ella, con la voz tan dura y filosa como una navaja. Él respingó, sorprendido ante su hostilidad.
-Sólo quiero disculparme por lo de ayer…-no terminó la oración cuando Quinn, sin siquiera mirarlo, levantó la voz.
-Profesor Remmus, Puckerman me está molestando- se quejó, sin dudar. Noah abrió la boca, en shock nuevamente. Y el profesor Remmus se volvió con agilidad. Intentó ocultar su fascinación por la voz de Quinn Fabray, alumna que normalmente pasaba todo el semestre callada, y frunció los labios.
-Señor Puckerman, creo que convendría más si se cambia de lugar. Aquí adelante hay uno disponible-
-¡Pero, señor Remmus, yo no hice nada!- intentó defenderse, pero su cuestionable estilo de vida lo había dejado por siempre con una reputación muy selectiva. No necesitaba pruebas para que alguien lo hiciera pagar una deuda que él no debía.
-Señor Puckerman, creo que no me oyó bien. No estoy preguntando-
Noah hizo un ruido de inconformidad con su garganta, pero no la miró ni una vez mientras se levantaba y recogía sus cosas.
Quinn, en cambio, sí lo observó un minuto.
Ése Noah Puckerman le resultaba completamente extraño para ella.
-Por favor, Berry. No te estoy pidiendo algo muy difícil de hacer- le suplicó a Rachel mientras estaban durante la media hora de receso en el salón de música. La castaña frunció las cejas.
-Noah, nadie habla con ella. ¿Y si me golpea o me dice de cosas? Tú sabes que no soy violenta, pero, ¿Qué se supone que debería hacer?-
-No sé… pero no te hará nada de eso- insistió él- Tienes que hablar con ella, por favor. Te lo estoy pidiendo como amigo-
Los ojos cafés de Berry brillaron de emoción.
-¿Somos amigos?-
Noah se arrepintió de decir eso, pero se tragó su nerviosismo. Asintió.
-Hoy sí. ¿Lo harás?-
Rachel lo evaluó con la mirada y después exhaló, rendida.
-Sí, te prometo intentarlo- se levantó y recogió su bolso. Discretamente se quedó pendida de la figura de Hudson y tímidamente volvió acercarse a Puck.
-Pero tendrás que devolverme el favor-
Una sonrisa traviesa se dibujó en los labios de Noah, y sus ojos adquirieron un brillo juguetón y diabólico. Berry hizo una mueca de desagrado.
-No, no eso. Quiero que… -tomó aire, totalmente nerviosa- Quiero que me arregles una cita con Finn-
Noah se soltó riendo, provocando que los demás en el club Glee se volvieron a mirarlos, extrañados. Puck no era un cercano amigo de Berry y eso lo sabían.
-Por favor, Noah, no te burles. Hablaré con ella si me arreglas la cita-
Puck se tragó su diversión y asintió.
-De acuerdo, de acuerdo-
¡Buenas noches! Aquí les traigo el segundo capítulo... Muchas gracias a los que han comentado y a los que no... ¿QUÉ ESPERAN?
Me da gusto que les esté gustando tanto como me está gustando tanto a mí y que sepan apreciar mi "casi" impecable ortografía y gramática. Si en algo me equivoco, por favor, háganmelo saber. A veces escribir y tener dislexia es algo muuuuuuuy latoso y frustrante, así que...
Sin más, los espero la otra semana (No tengo fecha fija para actualizar, pero no los dejaré plantados más de una semana) ¡Nos leemos! 8-)
