Nota de la traductora: Este fic también lo estoy subiendo en una cuenta de tumblr usando el mismo tag de la autora, asi que denle reblog y like para que la autora vea que lo están leyendo. Aquí va el link leby-traducciones.(tumblr).(c)om/post/79978617213/a-change-in-the-weather-au-23b-traduccion. Subiré la tercera parte y final del capitulo 23 lo antes posible.


Nota del autor: Quiero tomarme un momento para explicar mi línea de pensamiento aquí, dado que algunas personas van a leer esto y van a estar curiosos. Veo esta semana en la casa en la playa como un intento de Sebastian de conquistar a Kurt, con lo cual no está familiarizado. No trataría a Kurt como había tratado a sus otras conquistas. Quiere hacer que cada día sea algo especial, y algunas veces, puede fallar. Va a ser lindo e incómodo, y terminara con un gran evento mientras se acerca el fin de la semana y la familia se les una. Así que por favor tengan eso en mente, y también sepan que las preguntas que tengan serán respondidas en los próximos capítulos. Esta es la segunda porción del capítulo 23; el resto lo estaré posteando al final de la semana.


Sebastian tomó su bolso y se dirigió al baño, disparándole a Kurt otro guiño lento y sugestivo y una seductora sonrisa. Exteriormente, Kurt giró los ojos con una actitud poco impresionada, pero en su pecho, su corazón latía contra su caja torácica y el aire frío con la brisa de mar girando en la habitación, repentinamente se sintió asfixiante y opresiva. Kurt tragó fuerte para aliviar la tensión en su garganta, y sacudió su cabeza, tratando de volver a sus sentidos. Tomo su equipaje en la esquina de su habitación, y su foco volvió a los misteriosos planes de Sebastian para el día.

Ensuciarse.

Kurt abrió su primer bolso y rebusco a través de el, pasando por alto su propia ropa hacia la pila que pidió prestada de Puck y Finn enterrada debajo de lo demás. Aun con lo atractiva que la invitación de Sebastian era, no era suficiente para sacrificar su propia ropa casual menos su ropa de diseñador. Especialmente no, si por ejemplo, parte de su ropa termina siendo desprendida, Kurt imaginó, el solo pensamiento hizo que sus mejillas fueran de pálidas a rosadas. Sonrió, pellizcando su labio inferior entre sus dientes mientras se permitía un momento para entretener su mente de pensamientos reproduciéndose en su cabeza como el tráiler de una película; sin dejarse disfrutar los detalles, solo lo suficiente con las partes más sabrosas. Últimamente, solo estar alrededor de Sebastian traía estos pensamientos que disparaban el frente de su imaginación, lo que no le molestaba mucho. Pero lo que se había comenzado a transformar en algo molesto era el hecho de que no podía controlar sus pensamientos… o el efecto que ellos traían.

Cuando se había sentido atraído a alguien en el pasado, todo lo que conllevaba eran ensoñaciones donde se sentía feliz de permanecer en un lugar integró, antiguo, algo como un musical del siglo 20 – algo dulce y edificante, con una escandalosa tomada de manos, un beso robado o dos, y un gigantesco número musical al final. Hasta cierto punto también así eran los pensamientos por Sebastian, así que era lindo saber que algunas cosas no habían cambiado. Pero cada vez más, lo tierno se volvía sexi, el tomarse de las manos se volvía sórdido y mordaz, y el número musical se transformaba en el sonido de fondo de algo mucho más subido de tono.

Algo un poco más sucio, de ahí su dilema actual.

Kurt se abotono los pantalones fácilmente, frunciendo el ceño un poco ante el ajuste – un poco más holgado para su gusto, pero aun funcionaba, con una elegancia robusta. Mientras Kurt terminaba de vestirse, sus ojos vagaron hacia la cama abandonada, el edredón aun enredado y torcido. Alargo su mano y paso sus dedos a lo largo del lugar de Sebastian, siguiendo las caídas y curvas donde sus vueltas en el sueño habían dejado marcas de su cuerpo. Kurt siguió la desaliñada huella de la almohada, una marca recordatoria de donde la cabeza de Sebastian había yacido. Kurt se imaginó a Sebastian recostado ahí, visiono volver a encaramarse debajo de las sabanas, recibido por una sensual sonrisa y unos ojos claros como el mar y tan jodidamente acogedores. La mente de Kurt no espero mucho tiempo para agregar el resto. Para su propio disgusto, creyó haber gemido. Se mordió su propia lengua rápidamente, esperando que el sonido sordo no fuera suficientemente fuerte como para que Sebastian escuchara, y se preguntó cuándo exactamente se había convertido en un adolescente. ¿Dónde todas estas desenfrenadas hormonas se habían escondido?

Un golpeteo persistente en la puerta rompió las fantasías de Kurt. Se volvió hacia el espejo más cercano para darse una final valoración y cuando sus ojos vagaron a través de su cuerpo desde la cabeza a sus pies, entró en pánico. Podía perdonar el pelo al viento, pero un más obvio mal paso era su parcial erección, visible incluso en los holgados pantalones. La mente de Kurt se retorció buscando una rápida solución (saltar a la ventana vino desesperadamente a su mente y entonces supo que estaba condenado). Sebastian abrió la puerta sin invitación y Kurt se alejó rápidamente de la cama hacia la ventana, manteniéndolo a su espalda en su intento de no ser atrapado. Kurt respiro profundamente el aire penetrante que entraba de la ventana abierta, tratando de calmar sus impulsos, ignorando el hedor de la marea baja y la manera en que el viento parecía aún más decidido en destruir su peinado.

Sebastian entro de lleno en la habitación, vestido simplemente con unos pantalones claros y rasgados de mezclilla y una camiseta descolorida. Arrojó su bolso en la esquina al lado de la pirámide de bolsos de Kurt. Sus ojos se encontraron brevemente, y aunque Kurt cruzaba los dedos invisiblemente esperando en contra de toda esperanza que su alejamiento haya sido sutil y relajado como pretendía, podía ver el brillo burlón en los ojos de Sebastian que le decían que había visto su súbita reacción. La sonrisa de Sebastian creció divertida, no era una sonrisa malvada detrás de Kurt, manteniendo un brazo de distancia de él para apreciar mejor la vista de Kurt por detrás.

"No te hubiera tomado con un chico que le gusta el camuflaje o Fall Out Boys," Sebastian observo el poco usual (para Kurt, al menos) atuendo.

"Bueno, no es exactamente mi ropa," Kurt explico, feliz de ver que su voz podía permanecer fría y no afectada bajo la presión. "Mi actual atuendo es cortesía de Noah Puckerman." Kurt recibió un levantamiento de cejas de parte de Sebastian como si estuviera reevaluando la ropa de Kurt. Confiado de tener su cuerpo un poco más bajo su control, Kurt se alejó de la ventana para mirar libremente a Sebastian. "No me indicaste exactamente de cuanto nivel de suciedad esperabas exponerme, y no podía arriesgar mi ropa por tus caprichos, ¿cierto?"

Kurt no se perdió la manera en que los ojos de Sebastian se perdieron en la curva de su cadera derecha, su lengua mojo sus secos labios. Ambas acciones podían no estar conectadas, Kurt pensó, pero considerando la reacción de Kurt ante el pequeño contacto con el hueso de la cadera de Sebastian haciendo los golpeados sobre su cuerpo, lo dudo seriamente, y sus mejillas ardieron más.

Para la sorpresa de Kurt, Sebastian se burló.

"Mira, sé que tú y Puck tiene una clase de acuerdo en andarse acurrucando," gruñó, "pero por favor dime que no te entró calor solo por usar sus pantalones."

La mente de Kurt inmediatamente se olvidó del problema en sus pantalones al escuchar el tono en la voz de Sebastian. Kurt estaba seguro que había detectado algo de cariño cuando Sebastian se refirió a Puck. ¿Cuándo empezó eso? Kurt se preguntó. Lo más probable era que fuera cuando Puck escolto a la salida del cuello a cierto idiota borracho en la fiesta de Julian; la misma noche en que habían terminado durmiendo apilados en la cama de Sebastian. Kurt no pudo evitar sonreír pensando en lo fácil que sería; la presencia de Sebastian en su vida, deslizándose sin problemas entre su grupo de amigos, porque en realidad los amigos de Kurt eran su familia. Sería lindo si hubiera un espacio disponible para Sebastian también ahí.

Si sus amigos se comportaran tan bien con el asunto como lo habían hecho Puck y Finn… y si Sebastian quiere incluirse.

Kurt podía haber inventado un sin número de excusas para su actual estado de excitación, pero en vez de eso, se recuperó con una sonrisa descarada, posando con arrogancia con las manos en sus caderas.

"¿Celoso?"

Sebastian se encogió de hombros, pero Kurt podía ver la manera en que sus ojos verdes se alejaron de su cuerpo que Sebastian tenía un propio escenario inventado en su cabeza ante la causa de la condición de Kurt, y da la impresión de no estar muy feliz con eso.

"Para nada," Sebastian dijo, tomando su bolso de nuevo y hurgando en el, completamente centrado en la búsqueda de algo que al parecer era de tan extrema importancia que no podía siquiera levantar los ojos para mirar a Kurt. Kurt suspiró. Esta era la parte en donde iba a tener que aprender sobre este nuevo acuerdo entre los dos. Las burlas y los comentarios crueles eran parte de lo que eran juntos. De hecho, (y Kurt nunca pensó que se vería admitiéndolo) era parte de uno de los pilares en la relación que tenían. Empezó por eso, creció de ahí, y Kurt esperaba no perder eso. Pero al parecer, el impenetrable Sebastian tenía puntos débiles, y Kurt necesitaba aprender a usarlos como el remate de una broma.

"Y que si te digo," Kurt comenzó, buscando encantar, "que estaba imaginando volver a la cama contigo y pasar el resto de la tarde ahí"

Se desplazó al lado de Sebastian, sus manos se arrastraron en su espalda y sobre sus hombros, masajeando lentamente. Sebastian al principio no reacciono, pareció ni siquiera entender lo que quería decir, pero luego su sonrisa torcida comenzó a tirar de la esquina de su boca.

"Diría que no te libraras de lo que tengo planeado tan fácilmente."

Sebastian sacó una gran botella amarilla, y la sacudió frente a la cara de Kurt.

"Recomiendo protección solar," Sebastian continuo, "El sol de mediodía puede ser un poco maligno."

"Awww," Kurt bromeó. "¿Te preocupa que me queme?"

"Me preocupa más que te achicharres y tenga que pasar el resto de la semana escuchándote quejarte cada vez que intente tocarte."

Sebastian abrió la tapa de la botella y agarró la mano de Kurt. Kurt intentó alejarla, pero los dedos de Sebastian que estaban envueltos en su muñeca eran más fuertes. Sebastian soltó una loción espesa en la palma de Kurt. Kurt sacó la lengua en una mueca de disgusto, y Sebastian se rió, recolectando la mitad con sus propios dedos, con intenciones de untársela en su propia piel, pero deteniéndose un momento para marcar la nariz de Kurt.

Kurt disfrutaba esto, las bromas y las burlas, esa fácil manera de comunicarse entre burlas y golpes, sabiendo que sin importar donde esta semana los lleve; aun pueden seguir siendo esto – Kurt y Sebastian, lo que eran antes de enamo… de gustarse de esta manera (Kurt se seguía corrigiendo). No era necesario convertirse en una extraña amalgama solo para estar juntos. Kurt no necesitaba cambiar para encajar con Sebastian.

De alguna manera, Kurt y Sebastian siempre habían encajado.


Kurt se había resistido a abandonar la playa con ese océano detrás, pero en el fondo estaba intrigado por lo que Sebastian tenía planeado para su primer día. Alejándose de la Costa Oceánica, la arena se volvía asfalto, y daba a una carretera flaqueada por enormes extensiones de verde. De muchas maneras se parecía a las áreas más rurales de Ohio, pero Kurt sabía en el fondo de su alma que no lo era. No lo iban a engañar. Podía sentir la distancia en su piel. Podía oler la diferencia en el aire, el que parecía ser más limpio y dulce, llevando en ella gotas de palomitas de maíz y el aroma de flores silvestres.

Había algo refrescante en el hecho de dejar su vida detrás, con todos los obstáculos y complicaciones por un tiempo. Hacía que todo pareciera fresco y nuevo; un nuevo comienzo, como si todo fuera posible. Podía hacer algo bueno con él mismo con este tiempo lejos de todo; podía ser alguien más a como siempre, más honesto consigo mismo, destacarse más, más pretencioso.

¡Un salud por el nuevo Kurt Hummel!

Mientras la aceptación para esta nueva aventura empezaba a llenarlo, se preguntó por un breve y amargo momento si estos pensamientos había tenido Blaine cuando salió de ese avión y vio su primera visión de California, con nuevos prospectos y oportunidades esperando por él – nuevos amigos, nuevas experiencias… un nuevo interés amoroso.

Kurt se forzó por alejar esos pensamientos y enfocarse únicamente en lo bueno que lo rodeaba. Giró su cabeza y observo a Sebastian conducir. Las ventanas estaban abajo, y el viento soplaba su pelo y su rostro. Parecía sereno, en sus propios pensamientos mientras su mirada se perdía en la distancia con una secreta sonrisa bailando en sus labios. Kurt nunca se dio cuenta lo íntimo que podía ser compartir el silencio con alguien. Sin necesidad de una conversación para hacer las cosas tolerables, solo existir en el mismo espacio, juntos y sentirse completo, en paz. Sebastian movió su cabeza para encontrarse con la mirada de Kurt y sonreír aún más ampliamente, alejando todos los pensamientos de Blaine y California tan rápido como si Sebastian hubiera tomado su mente y borrado todas las imágenes con el movimiento de su mano.

Como Sebastian había predicho, empezó el calor temprano. Perlas de sudor se acumulaban a lo largo de sus hombros debajo de su camiseta prestada y corría una línea tortuosa a través de su espalda. El viento que soplaba a través de la ventana abierta del Mustang no hacía más que empujar el calor hacia adentro, pero había un acuerdo silencioso sobre no cerrar la ventana en favor del aire acondicionado. El viento azotando a su alrededor, recorriendo su piel, hacía sentir a Kurt libre de preocupaciones, y en este punto estaba dispuesto a sufrir cualquier insignificante inconveniencia con tal de mantener esa sensación por más tiempo.

Mientras más manejaban, Kurt más se daba cuenta de que no había nada, literalmente nada, excepto por granjas y hierba y flores silvestres en millas, y Kurt se empezó a preocupar sobre el real significado detrás de las palabras 'ponerse sucio'. Sebastian no veía a Kurt como el tipo de chico agricultor, pero aún era una posibilidad. Al menos, Kurt esperaba. ¿Qué más se hace en una granja? ¿Leche? ¿Recolectar huevos? ¿Alimentar a los cerdos? Frunció el ceño ante la idea de usar botas de goma altas y vagar entre el barro y la mierda de un animal que pasa todo el día en su propia suciedad.

Después de una hora de viaje a través de la gran muralla de verde, Kurt se sobresaltó al ver un cartel de madera rustica apoyado en un poste clavado en el suelo que decía "The Busy Bee – 5 millas". Se sorprendió aún más cuando empezó a girar fuera de la carretera.

"Uh… ¿The Busy Bee?" Kurt estiró el cuello para mirar más allá de la señal, esperando encontrar algo más escondido a plena vista lo cual sea su real destino; alguna otra señal de civilización. Incluso podría conformarse con tiendas en descuento (pero entonces, desde cuando elegir una tienda es descuento sería conformarse).

"Sip," Sebastian dijo, y esa sola silaba aplasto la esperanza de Kurt.

"Como… ¿abejas?" Kurt lo miró boquiabierto. "¿Esos pequeños insectos alados que pican?"

Sebastian lo miró de reojo y se rió.

"Si, Kurt, abejas." Sebastian tenía una mirada de suficiencia en su rostro que Kurt no podía identificar. Parecía orgulloso consigo mismo, y Kurt no podía entender por qué.

"Así que, manejamos más de una hora… con un calor cercano al de Mercurio… ¿para ver abejas?" Kurt echaba chispas por los ojos, pero a pesar de todo tenía que admitir que era lindo y algo completamente distinto a Sebastian, aunque aún no entendía que había pasado por la mente de Sebastian cuando eligió esto como su primera excursión. "¿Y si me pican?" Kurt se quejó, tratando de bromear más que provocar a Sebastian. "¿Y si soy alérgico?"

"Te haré respiración boca a boca," Sebastian respondió sin problemas con un movimiento de cejas sugerente.

"Si, como si eso fuera a ayudar cuando tenga la garganta cerrada a causa de la inflamación," Kurt coloco sus brazos en su pecho para dar más énfasis.

"Mira," Sebastian dijo, su voz sonaba tensa como si tratara de no seguir el humor de Kurt. "¡Sé que no eres alérgico a las MALDITAS abejas!"

La convicción de Sebastian ante esa declaración fue extraña. Kurt no era alérgico, pero no lo había sabido hasta unos meses antes de la graduación. La única persona que sabía esta información era Blaine, quien había estado con Kurt cuando lo picaron, en el trasero, durante su intento casi fallido por cruzar el numero #26 de su lista – 'Nadar desnudo.'

Lo cual significaba que Blaine le había dicho a Sebastian que lo había picado… en el trasero.

Kurt se debatió entre correr a California inmediatamente y estrangular a cierto ex Warbler, o morir de total y absoluta mortificación.

Kurt sintió al Mustang estacionarse a un lado de la carretera mientras Sebastian empezaba bajar la velocidad y detenerse. Kurt ya estaba pensando en una inapropiada manera de expresar sus objeciones ante ese conocimiento de Sebastian ante la humillación de Kurt solo para saber qué diría Sebastian, pero por la manera en que la quijada de Sebastian estaba apretada, sus ojos duros, y un pequeño tono rojo en sus mejillas, le dio a Kurt un momento de pausa. Una inesperada mirada de abatimiento nublaba los penetrantes ojos verdes de Sebastian, pero solo fue por un segundo. Y no era algo de decepción como, 'Oh bueno, esto fue una mala idea, más suerte la próxima vez,'. Era más bien una expresión como 'Soy el idiota más idiota del mundo,". Le recordó a Kurt la mirada de Sebastian la noche en el restaurant de sushi en Columbus, cuando Sebastian accidentalmente roció su camisa con salsa roja y derramó un vaso de agua en su regazo. Repentinamente Kurt sintió la necesidad de pedir perdón por su respuesta.

Sebastian respiró profundamente, sus ojos escanearon la tierra a su alrededor – la pacífica, cruda, natural y abandonada carretera que se extendía por millas y millas. Kurt podía decir por la manera en que los ojos de Sebastian se movían de un lado a otro que estaba pensando, calculando algo.

"¿Alguna idea?" Sebastian dijo al final.

"¿Sobre qué?" Kurt respondió inocentemente, esperando poder terminar con la inexplicable mirada de decepción de Sebastian.

"Sobre donde vamos a ir ahora," Sebastian resopló, levantando sus manos al aire y dejándolas caer en su regazo, aferrando sus manos a los muslos.

"Quiero ir ahí," Kurt dijo, señalando afuera de la ventana con el tono de un niño petulante en un intento de calmar el humor de Sebastian. Sebastian abrió unos incrédulos ojos hacia Kurt.

"Pero, yo pensé…" tartamudeó, lo cual hizo a Kurt soltar una sonrisa que intentó lucir como inocente pero falló. "¿Y que fue todo eso de que te van a picar y de ser alérgico?"

"Eso no significa que no quiera ir." Kurt se encogió de hombros. No podía detener la sonrisa que crecía en él, pero lucho como loco por contener la carcajada que estaba atorada en su garganta.

Sebastian frunció el ceño, pero Kurt podía ver la sonrisa en su rostro.

"Kurt Hummel," Sebastian dijo, girando la llave del encendido y volviendo el Mustang a la vida, "Espero que te pique una en el culo."

"No sería la primera vez." Kurt siguió con los ojos fijos en Sebastian mientras volvía a colocar el auto en la carretera, adorando la sonrisa de Sebastian, esa sonrisa genuina que derretía a Kurt; esa que sabía solo guardaba para él. Esa sonrisa le daba valentía, lo llenaba de poder, ante la manera en que se iluminaba el rostro de Sebastian. Se inclinó levemente, agitando sus pestañas.

"Si algo así pasa, ¿lo besarías para que se sane?"

La respuesta de Sebastian fue un ruido quebrado, entre un quejido y en gruñido que inundaba a Kurt, le daba un hormigueo en su piel.

"Lo que quieras, bebe," Sebastian dijo finalmente, lanzándole un guiñó.


Sebastian tomó la salida cuando se cruzó con una versión más grande del cartel que vieron primero; viejo y desvanecido, con una abeja dibujada señalándoles la dirección, pero dándoles la bienvenida de una manera campestre. El camino cambió de negro a sucio, forzando a Sebastian a subir la ventana para evitar que el auto se llene de polvo y grava. Encendió el aire acondicionado y el flujo de aire fresco que lleno el auto les ofreció inmediatamente el alivio del abrazador y seco aire de afuera. Kurt se deslizo en su asiento, dejando que el aire le llene el rostro, el suspiro de alivio que escapo de sus labios bordeo lo pornográfico.

"¿Mejor?" Sebastian pregunto, pero la pregunta era meramente retórica. El suspiro de Kurt definitivamente no pasó desapercibido por Sebastian. Su cuerpo entero respondió, y repentinamente Sebastian se sintió como un imbécil, llevándolos al calor después de la sugerencia de Kurt de 'quedarse en la cama en la playa' era, por lejos, la mejor sugerencia. Se frotó el sudor de su rostro con una mano; deslizo sus dedos a través del rígido y polvoriento seguro; y luego se limpió sus manos en los pantalones. Los ojos de Kurt siguieron el movimiento y se encogió ante el camino de lodo marrón que la mano de Sebastian dejo en sus pantalones claros.

"Realmente no eres la clase de personas que sale mucho, ¿cierto, Hummel?" Sebastian bromeó ante el rostro de disgusto de Kurt.

"Muy perceptivo, Smythe," Kurt musitó, volviendo su atención hacia fuera de la ventana del auto ante el nuevo escenario. "¿Cuál fue tu primera pista?"

Los ojos de Kurt escanearon el ambiente pintoresco de la finca frente a ellos, dándose cuenta que esta era definitivamente una granja de trabajo – no era algo decorado para los clientes, con excepción de la señal en la carretera. Varios pequeños y blanquecinos graneros de pie formando un cuadrado, y en la esquina, construido para parecer un puesto de comercio antiguo pero que más parecía una idea de último minuto, se encontraba un pequeño puesto callejero que vendía frascos de miel junto con algunos productos de temporada y flores.

Perturbaba la mente de Kurt; era algo tan estilo La Casa En La Pradera, y para nada como Sebastian.

"¿Cómo diablos encontraste este lugar?" Kurt preguntó, tratando de imaginarse a Sebastian en su teléfono, googleando 'granjas de abejas'.

"He pasado por aquí un par de veces con mi familia, pero nunca me detuve a mirar alrededor." Sebastian dejó el auto detenido en un improvisado estacionamiento que más que nada era un espacio limpio de hierbas con líneas echas con tiza que indicaba los espacios. Paró el motor y sacó las llaves del encendido mientras que un dudoso Kurt miraba incrédulo.

"¿De verdad vamos a entrar?" Kurt preguntó.

"De verdad vamos a entrar," Sebastian respondió con un asentimiento de cabeza.

"¿Esto no es una broma?"

Sebastian dejó caer la cabeza hacía atrás contra el asiento.

"Esto no es una broma, Kurt," Sebastian gruñó. "Ahora sal del auto."

Kurt esperó por un momento, para ver si Sebastian estaba diciendo la verdad, pero solo una mirada de sus determinados ojos verdes le dijo a Kurt que no era una broma, pero por otro lado, Sebastian tampoco se movía para salir del vehículo. En vez de eso, sus ojos se movieron entre la guantera y Kurt como si Sebastian estuviera tomando una decisión sobre algo. Pasó su mano frente a Kurt y alcanzó el compartimiento, metió su mano, tomó algo, y lo saco rápidamente, su puño estaba firme alrededor del objeto que metió en el bolsillo de sus pantalones sin dejar que Kurt lo vea. Desde lo que alcanzó a ver, parecía un lápiz, pero ¿por qué Sebastian se comportaría así por un lápiz?, Kurt no tenía ni la más remota idea. Sebastian cerró la guantera y le mostró la puerta a Kurt.

"Muévete Kurt, no voy a acarrearte."

Kurt abrió la puerta del auto y salió dramáticamente, refunfuñando, pero Sebastian hizo un show más grande pretendiendo no oír. Bajaron por el sucio camino en silencio, Kurt un poco abatido en su confusión, robándole miradas al rostro de Sebastian que se encontraba completamente sin expresión, pero si Kurt tuviera que resumirlo sería una mezcla de nerviosismo, excitación y anticipación. Kurt estaba abrumado por la curiosidad, muriendo por saber exactamente qué era lo que vio en el como para pensar que era el tipo de persona para una granja de abejas, pero la pregunta paso a segundo plano ante la aparición de una mujer pequeña y redonda en unos jeans mal ajustados y una blusa abotonada de franela corriendo hacia ellos, su rostro rojo remolacha les sonreía como si no hubiera visto a nadie en décadas.

"Bienvenidos a The Busy Bee," jadeó, agitándose frenéticamente, añadiendo un énfasis extra en la palabra 'bee' cuando hablaba. "Soy Beatrice, y seré su guía hoy."

"Hola Beatrice," los dos chicos respondieron el unísono un poco confundidos, pero Beatrice aplaudió emocionada. Tan pronto como la intrépida mujer los guiaba por el camino, Kurt giró alrededor de Sebastian con una mirada suplicante. Sebastian respondió con un golpe no muy sutil en su trasero.

"¿Caballeros están aquí por el tour?" Beatrice les gritó sobre su hombro, mirando hacia atrás para asegurarse que sus dos huéspedes estaban siguiéndola.

"Pues sí" Sebastian dijo hacía Kurt quien sacudía la cabeza negando. Agarró a Kurt del codo, forzándolo a mantener el ritmo, sus hombros temblaban en una risa silenciosa.

"Te odio," Kurt susurró en voz baja mientras se tropezaba involuntariamente al tratar de darle una patada en el tobillo a Kurt y soltando un garabato cuando no lo logró.

Se detuvieron en una de las primeras casas blancas. Beatrice desapareció adentro por un momento y volvió con una pila de ropa sobre sus brazos. Sebastian sonrió ante la cara que puso Kurt cuando ella les tendió un par de overoles extra grandes.

"¿Dónde está tu maquinita para hacer brillos cuando uno la necesita, huh, bebe?"

Kurt quería oponerse a usar una ropa de segunda mano, pero se mordió la lengua, reprimiendo la urgencia de burlarse del apagado par de overoles. Algo sobre ellos, el pesado color sepia, gastado por los años y la cantidad de manos tirando de la tela, desvanecida por el calor del sol del verano, desencadeno un recuerdo. Al principio fue apenas un susurró, algo que dio vueltas en su cabeza mientras se colocaba el overol sobre su ropa, encogiéndose un poco al pensar en toda la gente sucia que debe haber transpirado en esa ropa. Puso las mangas sobre sus brazos, esperando que Sebastian rompa el silencio con una oportuna broma sobre lo mucho que se demora en estar listo, pero cuando vio a Sebastian de pie a unos metros de él, completamente vestido y sosteniendo su capucha bajo el brazo, la mirada en sus ojos era de interés… o quizás expectación. Como si estuviera esperando por una respuesta a una pregunta interna.

Kurt ajusto el cuello del traje. Sacó el pelo de su rostro y se colocó la capucha en la cabeza.

"Bueno, bueno, bueno," Beatrice comentó, mientras afirmaba el velcro del cuello de su traje y se colocaba la capucha sobre su entrecano y rizado cabello. "Ustedes son el par de chicos más guapos que han venido a ver a una abeja vomitar."

Eso es.

Ese fue el comentario que abrió las puertas y un torrente de reprimidos recuerdos lo inundaron.

"¡Kurt! ¡Cariño! ¡Ten cuidado con la cantidad de azúcar en polvo que colocas en esos buñuelos!"

Kurt suspiró, pero no mostró signos de detenerse.

"¡Pero, mamá! Así son mejores."

Elizabeth rescató el colador de las manos de su precioso niñito.

"El control de las porciones es la clave," subrayó. "Toma, ¿Por qué no colocas el colador allá y empezamos a trabajar en el glaseado de miel?"

"Mamá…" Kurt se quedó mirando sus dedos, observando el polvo de color blanco que se convertía en una pasta dulce mientras se enrollaba en sus dedos. "¿De dónde viene la miel?"

Kurt miró a su mama, su paciente sonrisa se volvió más traviesa.

"¿De verdad quieres saber?" Preguntó, inclinándose más cerca como si estuviera a punto de decir un secreto muy bien guardado.

Kurt asintió entusiasmado, sus ojos azules brillaban de emoción.

"¿De verdad, de verdad quieres saber?"

"Si, mami," Kurt rió, acercándose más para no perderse ninguna palabra.

Los ojos de su mamá brillaban mientras se acercaban lo más cerca de su oído que podía y susurraba, "¡Es el vómito de una abeja!"

Kurt se alejó, y la mirada de horror e incredulidad en sus ojos hizo a su mama doblarse de risa.

"¡Estas mintiendo!" Kurt jadeó; molesto de que su mamá no solo lo molestara sino que también se burlara de él.

Elizabeth podía leer todo eso en la manera en que el rostro de Kurt cayó, y su labio inferior salía en un pequeño puchero.

"Oh, cariño," murmuró, colocando a su hijo en su regazo y envolviendo sus brazos alrededor de él. "Hablo en serio. Es verdad."

Kurt miró a su mamá, tratando de buscar la mentira en las arrugas de la esquina de sus ojos, o en la sonrisa torcida en sus labios. Pero no estaba, porque su madre jamás le mentía.

"¿Crees que podemos verlo algún día?"

La madre de Kurt hizo una mueca ridícula.

"¿Quieres ver a una abeja vomitar?" preguntó.

"¡No! Bueno, si… solo quiero saber cómo lo hacen. Como hacen la miel."

Elizabeth acunó a su hijo en su regazo y le dio un pequeño beso en su pelo.

"Si," dijo, pensando en ello. "Creo que podemos hacerlo."

El recuerdo se desvaneció cuando una mano sacudió el brazo de Kurt gentilmente, pero potentes fragmentos quedaron – el olor del perfume de su madre, delicado y floral que se aferraba al pecho de Kurt en cada estremecedora inhalación; la manera en que sus brazos lo hacían sentir seguro y cálido alrededor de él; la suave caricia de su pelo largo hasta sus hombros mientras bailaba alrededor de ellos y acariciaba su mejilla. Ese día lo había pasado cocinando con su mamá, toda la cocina estaba cubierta de una fina capa de azúcar, era uno de los últimos recuerdos vividos que tenía de su madre. Después que murió, lo revivía una y otra vez hasta que cada segundo quedo impreso en su cerebro. Era su refugio, un lugar donde podía perderse cuando la necesitaba más. Pero mientras crecía, el recuerdo se alejó igual que los otros, no porque quería olvidar a su madre, sino como una manera de mantenerse sano.

Habían resurgido hace un año más o menos cuando su padre tuvo un ataque cardiaco y cayó en el trabajo. Kurt estaba sentado al lado de la cama de su padre, observándolo sin poder hacer nada mientras él estaba en coma. Tomó la mano de su padre, tratando de traerlo de vuelta, y cuando todo parecía perdido, tomó los recuerdos de su madre de ese lugar oculto y los volvió a revisar. Lo ayudaron tanto como le rompieron el corazón.

Después de que su padre volvió, se dio cuenta que el tiempo que les quedaba juntos era preciado, y que podían perderlo sin ningún aviso. Dedicó una pequeña parte de su lista de asuntos pendientes a las cosas que su padre siempre había mencionado que quería hacer con él. Si es que lo recordaba bien, en un momento de sentimentalismo, podía haber adherido lo de las abejas. Tenía que revisar su teléfono cuando volviera a la playa para asegurarse.

"Vamos, Hummel. No vas a ponerte todo emotivo por usar un traje de segunda mano un par de horas, ¿cierto?" La voz de Sebastian era suave, preguntando mucho más. Kurt sabía eso. Era su manera de saber si Kurt estaba bien.

"No," Kurt dijo débilmente, dejando lo que quedaba de los recuerdos de su madre – sus hermosos ojos azules – manteniéndolos en un lugar seguro por ahora.

Beatrice los llevo por el tour, y Kurt se abrió a la experiencia, colocando una genuina atención mientras ella los guiaba a los campos, señalando las numerosas clases de flores y explicando cómo cada una de ellas cambiaba el sabor de la miel – suave para las abejas que absorbían las flores silvestres, más fuerte para aquellas que viajaban millas hacia los huertos de la costa. Abrió una de las colmenas de madera y les mostró las piezas individuales, señalando donde estaba la reina y donde las abejas se escondían y protegían a sus crías. Kurt empezó a tenerle respeto a la mujer mayor, maravillado por su falta de miedo mientras sacaba un cuadro lleno de alarmadas abejas, haciendo que zumbaran alrededor de su cabeza advirtiendo. Kurt sabía que no era alérgico, pero tampoco estaba a la espera de ser picado.

"Sean cuidadosos al caminar entre las cajas de colmena," Beatrice les había advertido, señalando las pilas de casillas blancas clavadas en los jardines y unos pequeños arbustos de flores mientras caminaban de vuelta a la entrada. El aire estaba pesado a causa del sonido de los zumbidos en el sol de mediodía, palpitando sobre sus cabezas, convocando a las abejas fuera de sus colmenas en grupo. Kurt se giró hacia Sebastian para ver si estaba soportando el calor mejor que Kurt (quien se había convertido en un charco humano dentro de su traje), pero la expresión en el rostro de Sebastian mientras se hacían camino a través del espeso enjambre lo aturdió. El cuerpo de Sebastian estaba rígido mientras avanzaban en la alta hierba, sus ojos estaban muy abiertos y no pestañeaban, su respiración era esporádica y rápida. Si Kurt no hubiera sabido mejor, diría que Sebastian estaba muerto de miedo.

Kurt tomó la mano de Sebastian y la apretó para tranquilizarlo. Los ojos de Sebastian bajaron para encontrarse con la tranquilizadora mirada de Kurt, y Kurt vio cómo se relajaba, como el alivio fluyo a través de él con un solo toque. El corazón de Kurt golpeó su pecho cuando comenzó a darse cuenta hasta qué punto el poder de su toque se extendía, y las múltiples facetas en las cuales él tenía un efecto definitivo sobre Sebastian –físico y emocional. Sebastian no solo necesita una oportunidad para encontrar el amor. También necesita a alguien en quien confiar implícitamente.

Kurt sabía que a veces el amor era la parte simple. La gente se enamora y deja de amar cada día. Pero la confianza toma tiempo. Necesita ganarse.

Con las manos juntas, hicieron su camino hacia la pequeña casa blanca. Una vez adentro se soltaron rápidamente, sacudiendo lejos a algunas rezagadas que aún seguían en sus ropas, y mientras se desprendían de ellas, Sebastian parecía irse recuperando. Sebastian sonrió cuando observó a Kurt viendo cómo se desvestía.

"Aquí vamos de nuevo," remarcó con picardía, colgando su overol en un gancho y saliendo de la puerta del granero. Kurt parpadeó y sacudió la cabeza sin entender.

"¿Qué va de nuevo?" Kurt preguntó, colgando su overol en otro gancho y siguiendo a Sebastian hacia la puerta.

"No puedes quitar los ojos de mí."

Kurt se rió y Sebastian también, dejando que el sonido se transforme en un gruñido, refunfuñando en voz alta.

"En serio, si alguna vez tengo una idea como esta, te doy permiso para golpearme en la cara."

Kurt sonrió ante la invitación.

"Bueno, entonces, ¿Por qué no me adelanto y te golpeo ahora? Ya sabes, en caso de que tengas otra estúpida idea y se me olvide."

"Nop," Sebastian dijo con severidad, destruyendo el efecto de seriedad con una sonrisa torcida. "En ese caso, te lo pierdes."

Kurt camino junto a Sebastian de vuelta al auto, dando patadas a pequeñas rocas sueltas en el camino, viéndolas caer en la tierra y dejar pequeñas estelas de polvo a su paso.

"Sabes… esto puede sonar raro, pero, gracias por traerme." Kurt suspiró, recordando sus momentos de nostalgia y los olvidados sentimientos en la cocina con su madre. Desearía poder tenerla aún para hablar con ella – sobre Sebastian, sobre Blaine, sobre NYADA. "Créelo o no, esto era algo que siempre había querido hacer… algo que mi mamá y yo habíamos planeado hacer juntos. Creo que lo había olvidado."

"Sí, eso es raro, Hummel," Sebastian dijo, sus ojos fijos en un punto en la distancia y una sonrisa de satisfacción en su rostro. Pateó la piedra que se había cruzado en el camino de Kurt, y Kurt la pateó de vuelta.

"Lo siento…" Sebastian pateó la piedra de nuevo y sonrió cuando Kurt la detuvo con su pie en vez de dejarla rodar, "si venir aquí te trajo malos recuerdos de tu mamá. No era mi intención."

"Lo sé," Kurt pateó la piedra de vuelta a Sebastian, quien le dio una patada final y la envió hacia la hierba. "Y no lo hiciste. Lo prometo."

Sebastian asintió y desbloqueó la puerta del pasajero del Mustang. Kurt fue a tomar la manilla de la puerta, pero Sebastian la abrió para él, girando sus ojos cuando Kurt le lanzó una mirada burlona.

"No veas mucho más allá de esto." Sebastian observó a Kurt deslizarse en el asiento. "Pareces muerto, y no quiero que te desmayes."

"Si, bueno, eso pasa cuando me pongo un traje de veinte libras y paseo en el por un campo con nueve mil grados de temperatura por una hora," Kurt se abrochó el cinturón de seguridad mientras Sebastian entraba al auto y devolvía el misterioso objeto gris de vuelta a la guantera. Desde este nuevo ángulo, Kurt se las arregló para poder verlo bien esta vez, el reconocerlo hizo que sus ojos se abrieran ampliamente. Lo había visto antes. El entrenador Tanaka solía llevar el mismo tipo de auto-inyector en la cancha durante las prácticas de futbol.

"¡Espera! ¿Eres alérgico a las abejas?" Kurt preguntó, estupefacto.

"Muchas personas son alérgicas a las abejas," Sebastian le informó. "Quizás no tú, bebé, pero muchas personas."

"¡Si, muchas personas lo son, pero si tú necesitas acarrear esa medicación de emergencia entonces no es una simple alergia, sino algo fatal!" Kurt se encontró gritándole en la cara ante la indiferencia de Sebastian. "¿Eres masoquista o algo así?"

"Bebé," Sebastian dijo, inclinándose para darle un pequeño beso en su nariz, "Estoy saliendo contigo. Creo que la respuesta es obvia."