¡Muchas gracias por el apoyo! Aquí dejo el capitulo, ¡espero lo disfruten!


Capítulo I

- Despreocúpate, te aseguro que todo está bien - repitió por lo que le parecía la millonésima vez en el día. A su lado, Nelliel miraba hacia todas partes tratando de asegurarse de que realmente todo fuera a la perfección.

Lilynette tuvo unas enormes ganas de golpearla y gritarle que ya dejara de actuar como neurótica. En sí, lo hubiera hecho si no fuera porque todos los trabajadores se encontraban a su alrededor y por que la de cabellos verdes era más alta y no le podía pegar como quisiera. Maldijo a su baja estatura que la hacía lucir como niña; eso y a la genética que tampoco le ayudaba a aparecer más adulta en respecto a su "delantera".

Bueno, tenía muchas cosas que maldecir ese día.

- Quiero que todo quede hermoso, como sacado de uno de esos cuentos de fantasía, ¿Es mucho pedir? ¿Dígame lo es? ¡Si pudiera bajaría la luna para que adornara todo con su tenue luz! ¡Y eso sería el complemento perfecto para toda la decoración! ¿Qué mejor para acompañar a unos lobos que la luna? ¡Seria excelente! Después de todo, la comida podrá ser la prosa de una fiesta, pero la iluminación es su poesía - Nelliel exclamaba con fervor a un pobre hombre que se había acercado con ella para preguntarle si necesitaba algo más en el jardín del ala oeste. Lilynette le tuvo una lástima de los mil demonios, para que la mujer se callara pasaría su buen tiempo.

Lanzó un suspiro y decidió que lo mejor sería entrar a la casa y tratar de conciliar un poco de paz, al menos adentro no había personas en cada centímetro de vista. Con resolución, pasó a través de empleados cargando diversos objetos y hablando por teléfono, unos casi chocaban con ella, pero los ignoro y siguió su camino.

Casi tuvo ganas de llorar cuando vio a Starrk bajando las escaleras mientras se dirigía al pequeño comedor de la planta baja, justo al lado de ella. El hombre arqueó una ceja al verla y ella le devolvió el gesto con fastidio.

- Mira nada más, tú estás aquí fresco como lechuga mientras yo tengo que soportar a Nelliel y su: "Quiero más cajas llenas de fuegos artificiales, necesito que ese día el cielo se llene de colores", sin mencionar la insistencia en la recreación de un desierto de arenas blancas con la casa como castillo principal y demás payasadas.

- Mientras no quiera secuestrar a lobos de verdad de un zoológico o de un bosque, deja que ella siga creando la fiesta que desea - contestó Starrk con una media sonrisa, pasando al lado de la pequeña rubia hacia el comedor y tomar unas cuantas uvas del canasto de frutas de la mesa.

- ¡Tú lo dices porque no tienes que estar todo el día con ella escuchando sus locas ideas! - se quejó Lilynette volteando hacia su dirección con las manos en su cadera en actitud desafiante.

- Y no sabes cómo agradezco eso - reconoció el mayor, llevando más uvas hacia su boca - Te recomiendo seguir con ella, ya sabes lo que sucedió el año pasado cuando la dejaste sola unos minutos.

Lilynette estuvo a punto de quejarse, pero se detuvo recordando lo que había pasado hace un año en otra de las fiestas. ¿A quién en su sano juicio se le ocurriría llenar una piscina con anguilas eléctricas? Es más, ¿cómo demonios consiguió Nelliel esos animales? ¿Y lo del camino hecho de piedras volcánicas con fuego ardiendo debajo? Dios, que esa chica no se le podía dejar sola porque terminaría contratando a un astronauta para que fuera a la luna y trajera una roca espacial.

Starrk rió entre dientes cuando vio a la rubia salir a paso veloz de nuevo al jardín principal. Se quejaba, se quejaba mucho, pero bien que le gustaba ser la voz de la razón en las locuras constantes de Nelliel.

El silencio que se originó en la habitación se le hizo acogedor. Desde hace días que no podía estar tranquilo, y tenía la extraña sensación de que ese sentimiento iba más allá de todo el estrés que llegaba cada año por las preparaciones de su fiesta de cumpleaños. Le era difícil dormir por las noches y en ocasiones incluso tenía miedo de cerrar los ojos, temiendo que después fuera incapaz de abrirlos. Sabía que era un pensamiento tonto, pero no podía evitarlo. Tal vez sus socios tenían razón y la presión constante por liderar la empresa, cuidar a sus hijas y fingir emoción por su cumple años lo estaba llevando a tener alucinaciones.

Lanzó un pesado suspiro sólo de pensar toda la agenda que tenia hoy. A lo lejos, se escuchó el eco de algo rompiéndose seguido de gritos histéricos de Lilynette y disculpas estridentes de Nelliel.

- ¿No puedo vivir otro año sin que me lo recuerden? – dijo al aire.

- ¿Con ellas en medio? Lo dudo.

Starrk se sobresaltó y dio un pequeño brinco dejando caer una serie de uvas que tenía en la mano al suelo. A unos cuantos pasos de él, Orihime se rascó la cabeza mientras le daba una sonrisa de disculpa.

Bah, qué más daba. Ni aunque lo intentara con todas fuerzas sería capaz de regañar a la joven por haber entrado sin un aviso. Era imposible reprenderla, estar enojado con ella y demás acciones que podrían considerarse negativas, y en caso de la paternidad un poco necesarias.

Los largos cabellos anaranjados de la chica se mecieron cuando se agachó para ayudar a recoger las uvas tiradas, cuando su mirada se encontró con la del mayor, éste no pudo hacer más que sonreír levemente, pero de forma sincera.

- ¿Cómo sabias que seguía en la casa?

- Kurosaki-kun me dijo que hoy iba a pasar a recogerte en el helicóptero.

- ¿Sigues diciéndole "Kurosaki-kun"? Uno esperaría que después de todo este tiempo le empezaras a decir por su nombre – Orihime hizo un puchero ante tal declaración y sus mejillas se tiñeron de un suave rojo. Starrk no sabía si rodar los ojos o reírse, se preguntó un día su hija iba a ser lo suficientemente valiente como para admitir que le gustaba el chico con nombre de fruta y cabello de zanahoria. – Ya, ya. Ignora el comentario.

- ¿Dormiste mejor esta vez? – preguntó la joven, poniéndose de pie con una mano llena de uvas que acunaba contra su abdomen para que no se cayeran mientras que le ofrecía ayuda a su padre para levantarse con la otra.

- ¿La verdad? Fue incluso peor que las otras noches – confesó, aceptando el ofrecimiento de ayuda de la peli naranja para estar de pie. – Puedo jurar que no dormí, pero aún así escuche una voz resonando en mi cuarto, ¿me estoy volviendo loco no crees? – rió amargamente, siendo recibido por una mirada preocupada de Orihime.

- ¿Y la voz decía algo en especial? – Starrk notó una sonrisa franca en el rostro juvenil, lo cual lo alivio. Le basta con contar con el apoyo de ella, eso era suficiente.

- Decía "sí", como si fuera la respuesta a una pregunta.


Mientras caminaba por las calles, mucho más rápido de lo que quisiera, las palabras de su padre resonaban en su cabeza una y otra vez sin descanso. Era la cuarta vez que chocaba con un transeúnte por no poder dejar de recordar la conversación que tuvieron en el helicóptero. Y es que siempre era de esa forma; cuando Coyote Starrk le mencionaba cualquiera cosa con esa mirada de preocupación y tono entre serio y amable no paraba de darle miles de vueltas al asunto. A algunos incluso se les hacia extraño que tomara tan apecho las palabras de un hombre que no era su progenitor verdadero, y cuando se lo decían era ella la que no les comprendía; tal vez no compartían lazos de sangre ni recuerdos de cuando era pequeña, pero Starrk la había salvado y brindado una casa para poder llamar hogar y personas a las que llamar familia. En su corazón, ese hombre siempre seria su padre, sin importar lo que pasara.

Por eso no podía dejar de pensar lo que le dijo.

"Entiendo que te llegue a gustar por lo que sucedió hace tiempo. Quiero decir, ¿a quién no le terminaría gustando un apuesto joven que te rescata de un asalto? Pero de esa admiración, ese gustar, a un amor sincero queda largo camino."

Tuvo ganas de reclamarle a Nelliel por haber mencionado la palabra "boda" seguido del nombre "Ichigo" lo suficientemente alto para su padre escuchara. Aún recordaba la expresión de estupefacción que había poseído el rostro de Starrk en esos momentos.

Después de eso le había lanzado una de las pocas miradas de reproche que tenia mientras su hermana le hacia un gesto de disculpa, despidiéndose de ella para luego darse la vuelta y seguir con su lista interminable de preparativos para la fiesta. Y Orihime tuvo que ir en el helicóptero con su padre escuchando palabras que le calaron en el alma.

Porque tenía que admitir, que muy en el fondo, sabía que eran verdad.

"No veo verdadero entusiasmo, ni una gota. Se demuestran la misma pasión que un par de pingüinos."

Bueno, eso de los pingüinos le había dado risa.

"¿Dónde está tu arrebato? Quiero verte flotar, cantar apasionadamente, bailar en éxtasis. Que seas delirantemente feliz, o dispuesta a serlo. Sé que suena endemoniadamente cursi, pero el amor es pasión, es una extraña obsesión. Es… - Starrk se había quedado callado unos segundos, buscando las palabras indicadas para poder definir un poco de lo que él pensaba era ese horroroso y sublime sentimiento – Perder la cabeza. "

Orihime sabía que lo decía porque la apreciaba y no quería que cometiera una equivocación estando con alguien por el cual no poseía tal emoción arrebatadora. Aunque no se notara a simple vista, Coyote Starrk podía ser un romántico de corazón como ningún otro.

"En resumen, no te cierres a esa ilusión de caballero encantado con una espada que viene a salvarte que tienes desde hace tiempo. No todos los "caballeros" lucen de la misma forma. Ábrete a mirar más allá; nunca se sabe, podría abrirse el cielo."

Suspiró, reflexionando sobre todo. Recordó aquella historia que había leído una vez, en uno de esos libros románticos que tanto le gustaban, donde los protagonistas se volvían a encontrar una y otra vez en diferentes vidas, y en todas terminaban enamorándose el uno del otro. La había marcado tanto que ella juró que, si tuviera cinco vidas, se enamoraría cinco veces de la misma persona. Creía que había encontrado a dicha persona, pero ahora no estaba tan segura.

Se terminó parando en un pequeño restaurante que solía visitar desde un tiempo. No era que realmente tuviera verdadera hambre, pero tal vez comer la haría dejar de estar tan ensimismada en sus pensamientos y la distrajera un poco. Sin mencionar que ese pequeño local era el único donde le servían los platillos que más le gustaban (cosa que no hacían en otros, ¿qué tenían las personas con mirar desaprobatoriamente a un omelette con jarabe de chocolate y yogurt?).

Lo primero que captó su atención al entrar fue la curiosa conversación de un joven por teléfono celular.

- Mira, tienes que seguir adelante – el sonido de algo cayéndose, una serie de "lo siento" que salía de la boca de la persona – Me caía bien sí, pero ahora ya no. El que se meta contigo tendrá que vérselas conmigo, ¿quieres que vaya ahora a verlo? Lo haría enseguida.

No pudo evitar soltar una pequeña risa, eran casi las mismas palabras que le decía Starrk a ella y a sus hermanas siempre que parecían involucrarse con un chico al cual él no conocía. "Si te hace algo, dime y se las verá conmigo"

La conversación telefónica acabó y el misterioso joven termino mostrándose. Ya sea para su buena o mala suerte, se sentó en un asiento a pocos metros de ella en la barra principal. Orihime no pudo evitar la tentación de mirarlo de reojo unos segundos.

Fue suficiente para no poder sacar la vista de él. Tenía rasgos finos, lacio cabello negro que le llegaba a la mitad del cuello, piel blanca y unos ojos que, aunque no podía distinguirlos de todo bien debido a las luces y la distancia que los separaba, le parecieron hermosos. Eran unos claros, entre verdosos y color miel.

Debió de quedarse demasiado tiempo en ese estado, porque el joven terminó volteándose para verla y ella desvió la mirada avergonzada.

"Bien hecho Orihime, ahora pensara que eres una acosadora."

- Lo siento, ¿te molestó que estuviera hablando demasiado fuerte?

- ¿Qué? – volvió a mirarlo para luego voltear hacia su comida casi al instante. Tenía miedo de volver a quedarse mirándolo fijamente - ¡No, no para nada! Era entretenido.

- ¿Entretenido? – preguntó él arqueando una ceja divertido.

- Sí ya sabes, parecías un padre que le asegura a su hija que matara a cualquiera que le haga daño. Creo que también puede caber en el término de hermano protector. – contestó, atreviéndose a mirarlo por el rabillo del ojo mientras se llevaba un bocado de omelette repleto de chocolate a la boca. El joven rió mientras dejaba su taza de café en la mesa.

- Bastante perceptiva. Mi caso es el segundo, el del hermano protector. – declaró – Es mi hermana. Su novio acaba de romper con ella y está hecha un mar de lágrimas. Pero bueno, ¿qué se le hará? Así son las cosas entre hombres y mujeres.

- ¿Cómo son? – preguntó por acto reflejo. Su curiosidad la dominaba la mayoría de las veces.

- No duran. – respondió el joven sin pensarlo dos veces. Orihime frunció el ceño.

- ¿Por qué piensas eso?

La pregunta tomó por sorpresa a su acompañante, quien pareció reflexionar un poco antes de contestar.

- Tal vez porque todos siempre viven en ilusiones sin conocer a fondo a la persona.

Golpe directo. Eso era lo que había sentido. Era como si esa sencilla frase fuera dirigida hacia ella especialmente. Siempre había imaginado a Kurosaki Ichigo como el perfecto caballero en armadura dorada y pensándolo bien, no sabía casi nada de él.

- ¿Y si tú conocieras bien a una persona y te… - se detuvo un momento, notando como el otro dejaba de beber para mirarla con atención – te enamoraras, crees que esa relación si duraría?

- Lo más seguro.

Wow, esa persona era bastante directa, concisa y segura en sus pensamientos. Todo diferente de ella.

- ¿Por qué las preguntas? – Orihime dio un brinco en su asiento, ahora volteando a ver completamente al joven quien tenía el rostro recargado en su mano y parecía inspeccionarla con la mirada.

Esa mañana se estaba volviendo bastante interesante.


Trataba de respirar desesperadamente, de calmar los erráticos y desenfrenados pulsos de su corazón. Se llevó las manos a su pecho, tanto como un reflejo como con la vana esperanza de poder suspender momentáneamente el dolor que retumbaba en su cuerpo. Cerró los ojos angustiado mientras el tormento subía de nivel, ahora estaba seguro, lo inevitable iba a suceder.

O al menos eso creyó hasta que el mal menguo un poco, lo suficiente para poder dejarlo respirar con más facilidad.

"Sí"

Resonó en la habitación.

Starrk no se sorprendió en lo más mínimo de escuchar esa voz, la misma que oyó la noche anterior y la misma que repitió las palabras que le dijo a su hija en el helicóptero mientras él se dirigía a su despacho.

- ¿Sí a qué? – dijo al aire, preguntándose si le iba a ofrecer una contestación aquel misterioso ser.

"La respuesta a tú pregunta"

- Yo no he preguntado nada.

Otra oleada de dolor le siguió a esas palabras.

"¿Enserio? A mi pareció que sí"

- ¿Quién eres? – preguntó ahora con evidente miedo en su tono, el dolor volvía recorrer su pecho y el hecho de que escuchara una voz sin ver a nadie no lo ayudaba a calmarse - ¡Maldita sea! ¡¿Qué está pasando?!

"Lo sabes"

- No sé nada – contestó, aferrándose al borde de su escritorio para evitar caerse al suelo. Sentía que su pecho ardía cada vez más y era una tortura.

"Mentira. No trates de controlar la situación ahora, sabes que es la única que no puedes controlar."

Lo sabía. Con un demonio, lo sabía. Pero no podía decirlo en voz alta, no quería admitirlo; si lo hacía perdería toda esperanza que había albergado hasta ahora de que todo fuera alucinaciones suyas.

De un segundo a otro sintió un desgarrador jalón en su corazón que lo hizo desprenderse de su escritorio y caer de rodillas al suelo en un estridente golpe. Sus pulmones lloraban por la falta de aire y su palpitar se había vuelto loco.

- ¡Basta! – gritó atormentado.

Y como si el destino se hubiera apiadado de su pobre estado, el dolor desapareció en un parpadeo. A cambio, la habitación se llenó de un silencio pesado que helaba los huesos.

- ¿Porqué no dices nada? – susurró, apenas capaz de articular palabra entre la maralla de emociones y sensaciones que dominaba tanto su cabeza como su cuerpo.

"Ya habrá tiempo para hablar"

- ¿A qué te refieres?

"Creo que entiendes a que me refiero"


"Debí de haberle pedido su dirección o su número. Es más, ¡ni siquiera se su nombre!" pensó para sí misma mientras bufaba y seguía caminando, apretando su portafolio contra su pecho y preguntándose si aún estaba a tiempo de darse la vuelta, correr y tratar de alcanzar a aquel joven.

Hizo un puchero cuando su mente le dio la respuesta. Era un claro no. Ya había caminado los suficientes minutos para que, aunque regresara a una velocidad de atleta olímpico, no lo llegara a encontrar. Después de todo él se había ido para una dirección contraria, e incluso puede que haya tomado un taxi para llegar más rápido a su destino.

Le dieron ganas de pasar a alguna tienda y comprar diversos dulces para aumentar su ánimo. No podía creer que se había como si nada hubiera pasado.

De alguna extraña forma, había terminado hablando durante ya bastante tiempo con aquel joven en el restaurante. No sabía cómo, pero habían terminado riéndose y bromeando sobre las incoherencias del otro. Ella le había dicho sobre su afición por los cuentos y los finales felices, de varios momentos con sus hermanas y padre y cierta mención de su accidente en el pasado. A cambio descubrió que él era huérfano y que se encargaba de cuidar a su hermana, que no era especialmente fanático del romance pero que de vez en cuando una historia de esas no le caía mal; y así, soltó las palabras que la dejaron en shock momentáneo.

"Si te gustan tanto esas historias románticas, deberías intentar crear la tuya propia con alguien. Quién sabe, podría abrirse el cielo"

Podría abrirse el cielo. Las mismas palabras que le dijo Starrk.

Se preguntó si era eso alguna especie de señal que le estaban mandando. Un signo que le estaba diciendo que era el momento de abrirse y ver que sucedía. Ver si realmente podía pasar una de esas historias de novela que sacan suspiros. Pero su leal firmeza con Kurosaki Ichigo le impidió pensar más allá.

Y bueno, ahí se encontraba. Caminando y arrepintiéndose de no haber acordado volverse a ver con el joven. Sólo esperaba que de alguna forma lo pudiera volver a encontrar algún día.

Desconocido para ella, a unas cuantas cuadras de donde caminaba, en la esquina de la calle donde había comido y pasado un rato para no olvidar, se había llevado a cabo un accidente. Los espectadores se habían quedado mudos al ver como el cuerpo de alguien rebotaba contra diversos coches para terminar tendido en la fría cera. La víctima había sido un joven de cabello negro, piel blanca y ojos claros.


- No has escuchado una sola palabra… - dijo entre decepcionada y dolida. Bajó la mirada y apretó un poco los puños. Sabía que su padre no estaba muy interesando en la fiesta, pero aún esperaba poder darle un buen rato para divertirse y disfrutar. ¿Acaso había dejado de confiar en ella por lo que sucedió la vez pasada? Esperaba que no, realmente esperaba que no.

- Lo siento cariño, he estado muy distraído hoy – contestó Starrk, dirigiéndole una mirada de disculpa a Nelliel.

No había dejado de pensar en lo que había sucedido hace unas horas en su despacho. Más bien, no podía. Esperaba que en cualquier momento una sombra se le apareciese murmurando repetidos "sí". Sentía que el cualquier momento las puñaladas en el pecho volverían y terminaría varado en el suelo de la habitación sin poder hacer nada.

Era aterrador.

Sin que se diera cuenta de cómo, Nelliel había terminado dándole una sonrisa y ánimos mientras se levantaba y se dirigía hacia el comedor principal, donde la cena estaba a punto de comenzar. Ni siquiera había notado cuando la mucama los había llamado a él y a su hija para ir.

"¿Por qué pareces tan irritado?"

Y la estúpida voz que sólo él escuchaba no era exactamente un factor para poder concentrarse.

"Parece que te hace falta aquello de lo que tanto hablabas con tu hija. ¿Cómo iba? Sin un verdadero entusiasmo, ni una gota"

Maldijo interiormente mientras trataba de disimular, sin éxito alguno, que se encontraba bien y alegre por la comida. No quería lastimar a Nelliel, tenía que estar bien para aquello. Con una falsa sonrisa estuvo a punto de hablar con un invitado cuando lo que escuchó lo dejó sin poder sacar una palabra.

"Estoy esperando en la puerta"

Tragó, ignorado las conversaciones que empezaban a crearse sobre críticas a socios y compañeros. Se debatía entre ir a ver y quedarse ahí.

"¿No piensas dejarme entrar?"

Se sintió como Lilynette cuando volvió a maldecir.

- ¿Hay alguien en la puerta? – le preguntó a una mucama que se encargaba de terminar de colocar sus cubiertos en la mesa.

- No he escuchado el timbre sonar, señor – respondió mirándolo confundida.

- Ve a checar si hay alguien – con un asentimiento de cabeza, la mucama partió, no sin antes darle otra mirada de extrañeza.

Starrk posó sus ojos en las diferentes personas sentadas a su alrededor. Sus hijas, algunos socios cercanos de la empresa y los sirvientes de la mansión. Se preguntó cómo reaccionarían si algo "extraordinario" sucedía en pocos minutos. Minutos que le parecieron horas hasta que por fin logró visualizar la silueta femenina que se aceraba a él a paso veloz.

- Señor, tenía razón. Había un joven esperado en la entrada – las palabras de la mucama que había vuelto para notificarle de lo encontrado lo hicieron sentir como un frio helado le pasaba por toda la columna. No estaba seguro de querer conocer a ese joven. – Esta esperándolo en el vestíbulo.

- Llévalo a la biblioteca y dile que pronto iré con él – respondió lo más sereno que pudo.


Lo vio entrar con pasos firmes a la biblioteca. Su mirada mostraba nerviosismo, pero no rastros de temor, cosa que le extrañó. Coyote Starrk sabía quién era y porque venía, y aun así tenía el suficiente valor para confrontarlo solo.

Un hombre interesante.

- ¿Hay alguien aquí? – preguntó demasiado fuerte para su gusto. Casi gritando.

"Baja la voz"

Lo reprendió. Starrk miró a todos lados, buscándolo.

- ¿Dónde estás?

"Aquí contigo"

- ¿Esto es un broma? ¿Alguna broma pesada?

¿Broma? ¿Realmente pensaba que él era capaz de hacer algo así? Las bromas eran acciones que a los humanos les divertía hacer por alguna razón que no entendía. ¿O acaso seguía sin querer admitir lo que significaba su presencia ahí? Si era así, confirmó de nueva cuenta que la esperanza de los hombres era patética.

"Silencio"

Le ordenó cuando el ruido de sus preguntas atropelladas empezaba a calarle. Starrk se calló al instante, retrocediendo unos pasos hacia la entrada de la sala.

"¿Te has quedado mudo? ¿Tú, el hombre cuyos labios hablan de amor, pasión y obsesión?"

Nada. Ninguna respuesta.

"¿El hombre que aconseja ser delirantemente feliz? Cuanta elocuencia color de rosa"

No supo reconocer si el brillo en los ojos del hombre era de enfado o vigilia. Tal vez ambos. Aunque lo que le llegó a sorprender era que parecía empezar a enfocarse en un lugar determinado, el lugar donde su presencia se empezaba a reflejar ¿acaso lo estaba sintiendo?

- Realmente… - su voz se quedó a medias, al fin parecía digerir por completo lo que le sucedía.

"Calcula milenos multiplicados por eras y ciclos infinitos. Desde entonces existo. Pero no fue hace poco que empecé a interesarme en ti. Tal vez por aburrimiento. No, por curiosidad"

- ¿Curiosidad? ¿Qué podría darte a ti curiosidad? - preguntó, entre mofándose y divirtiéndose con todo.

"Quiero saber que son esas emociones que tanto claman los humanos. Tú eres el elegido para enseñarme, para servirme de guía. A cambio recibirás lo que todos desean."

- ¿Y qué es eso?

"Tiempo. Segundos, minutos, días, semanas. No nos enredemos en detalles, lo importante es que no pierda el interés."

Vio que entendió todo. Que al fin admitía todo lo que pasaba, que aunque resonara en sus oídos como gritos desgarradores era verdad. La respuesta a la pregunta que se había hecho cada vez con más insistencia las últimas semanas, ya ni mencionar días. La pregunta cuya respuesta era sí.

- ¿Voy a morir?

Decidió mostrarse en aquel cuerpo físico que había conseguido hace unas horas. No fue muy difícil hacerse de él. Un pequeño accidente en una calle bastante concurrida, era cosa normal, era algo de todos los días. Y no iba en contra de su misión, ya que después de todo, una vez que terminara de saciar su curiosidad regresaría a la nada del tiempo y el alma del joven regresaría al cuerpo. Sencillo, simple y provechoso. Tal vez el único inconveniente había sido los leves cambios físicos que sufrió cuando él decidió utilizarlo como recipiente. La piel, de por si blanca, se volvió más pálida, lo suficiente para rivalizar con el color de la nieve; los cabellos se volvieron más oscuros como la noche, los brillantes ojos de color claro se tonaron en un verde intenso de tono esmeralda de los cuales emanaban manchas de la misma tonalidad parecidas a lagrimas; supuso que lo más probable era porque siempre que se llevaba a alguien, siempre dejaba a otra persona atrás llorando; era una especie de representación del daño que hacía.

- Sí – contestó a la pregunta sin la menor vacilación. Notó que incluso su voz sonaba hueca en comparación de la vitalidad que reinaba en las voces de los humanos.

- ¿Estoy soñando? – él negó con la cabeza, empezando a caminar hacia adelante para acercarse más al hombre. Starrk no se movió, lo miró con una expresión de compresión. – Eres…

- ¿Soy? – lo motivó a seguir hablando. Que mejor que aceptara todo de una vez, así se evitaba futuros problemas.

- La muerte.

Ahí estaba, la afirmación que necesitaba para que al fin Coyote Starrk aceptara lo inevitable. Él asintió en confirmación.

- Increíble, y solo pareces un chico en un traje blanco – rió Starrk.

- El traje venia con el cuerpo que tome – respondió - ¿Qué te parece? ¿Es lo suficiente para pasar desapercibido?

Starrk lo miró de pies a cabeza, deteniéndose especialmente en las cascadas esmeralda que bajan por sus mejillas. Luego, suspiró derrotado.

- Me quejaría por las lágrimas, pero existe el maquillaje y la mentira de que solo es parte de un medicamento para quitar cicatrices o algo por el estilo. Fuera de eso, incluso clasificas como uno de esos galanes para mujeres- dijo abatido, todo que pasaba era de locos y vaya que realmente se sentía como uno - ¿Te quedaras por mucho tiempo?

- Te conviene que así sea.

Starrk estuvo a punto de responder cuando el sonido de unos toques en la puerta lo hicieron voltear. La mucama se acerco con cautela al par.

- ¿Señor Starrk? ¿El joven se quedará a cenar? – preguntó con una leve reverencia mientras miraba de reojo al invitado de su señor. Antes de que Coyote pudiera siquiera meditar que era lo mejor, la muerte se le adelantó.

- Sí. Gracias.

La mucama tomó esa respuesta como suficiente y se volvió rápidamente por el pasillo en dirección al comedor. Starrk miró a su no muy querido acompañante como si lo que acabara de decir fuera la peor locura de todas.

- No pensaras estar aquí.

- Voy a estar contigo y tú familia. Eso ya está decidido y no admite discusión, ¿lo has entendido?

Era la maldita muerte, de eso no había duda pensó Starrk mientras asentía lentamente. Su voz sonaba tan carente de sentimientos que llegaba a dar miedo. Era seca, fría y monótona.


Lilynette movía sus dedos con frustración sobre la madera haciendo ruidos constantes. Ya se había aburrido, y de lo más bonito. Ya no aguantaba a Nnoitra Gilga tratando de coquetear con Nelliel de la peor manera que alguien se le haya ocurrido, a Kurosaki Ichigo con su batalla de miradas contra Grimmjow Jaegerjaquez, y el hecho de que Orihime aún no llegara a la cena. Cuando viera a esa niña le iba a ir mal.

Pero para su desagrado todo se borró cuando vio a su padre que llegaba de nueva cuenta al comedor acompañado de un joven que nunca había visto.

- Perdonen que haya tardado tanto – se disculpó, notando como todos los presentes parecían mirar curiosos a su nuevo invitado, especialmente sus hijas – Este es un amigo que vino de visita. Empezamos a hablar y… - ¿Y qué? ¿Qué más se supone que podía decir? - …se quedará a cenar.

- ¡Estupendo! – gritó Nelliel con ojos brillosos y expresión enamorada. Starrk empezaba a desear que la muerte hubiera elegido a alguien menos joven y mucho menos atractivo para quedarse. – Padre, ¿por qué no haces las presentaciones necesarias?

"Porque no estoy con muchas ganas de presentarle a la muerte mi familia y socios" pensó interiormente. A su lado, el mayor interesado seguía con la misma expresión neutra que cuando lo encontró. Bueno, no esperaba que la muerta fuera sociable al fin y al cabo.

- Son mis hijas, Nelliel y Lilynette – comenzó mientras las mencionadas saludaban, Nelliel demasiado entusiasmada y Lilynette más interesada de lo normal – Parte de mi grupo de Elite de empleados, Nnoitra y Grimmjow - estos dos últimos solo asintieron, no eran exactamente conocidos por sus modales – Y miembro especial de la empresa aliada, Sereitei, Kurosaki – el peli naranja ni siquiera se dignó a hacer un gesto, estaba demasiado ocupado inspeccionado al nuevo miembro de la cena.

- ¿Y el nombre de él?

- ¿Perdón? – Starrk parpadeó ante la interrogativa de Lilynette.

- El nombre, de tú amigo.

Starrk sintió como si le tiraran un balde de agua fría. Pero claro, el nombre, ¿cómo pudo pasársele algo así por alto? Dio una mirada a la muerte quien parecía no tener muchas ganas de ayudarlo.

Tenía que responder rápido si no quería causar sospechas, miró a todos lados tratando de encontrar algo que le diera alguna idea. Sus ojos se detuvieron en una silla de colección que había conseguido Nelliel la última vez que había visitado España. Si mal no se acordaba el nombre de la diseñadora era Patricia Urquiola…

Bingo.

- Su nombres es Ulquiorra - dijo dando una sonrisa segura, mirando de reojo a su compañero quien parpadeo un poco, tal vez un sorprendido por el nombre dado, pero lo importante era que no se quejó.

- ¿Nada más? – habló por fin Ichigo sin dejar de observar a ambos - ¿No tiene apellido o algo así?

Starrk cambió de forma su sonrisa, ahora ésta tenia matices de astucia y singularidad. Esta vez no tuvo que pensar mucho, el nombre vino a él como por arte de magia.

- Cifer – contestó. A su lado, juro que la muerte estuvo a punto de sonreír, reconociendo claramente de donde había sacado tal apellido.

Cifer. Lucifer.

- Les presento a Ulquiorra Cifer.


¡Hola todos! Antes que nada, muchas gracias por sus visitas, rewies, e incluso favoritos y follows. ¡Se los agradezco! Me alegra que la historia les llamara la atención.

Para los que ya han visto la película, notaran que este capítulo es muy parecido a la primera parte de ésta. Pero no se preocupen, que más adelante me asegurare de darles unas cuantas sorpresas.

Para aclarar dudas, por si se llega a dar. La muerte tomo el cuerpo del joven con quien Orihime había estado conversando en el restaurant/cafetería, y gracias a eso su físico cambio un poco, creando al Ulquiorra Cifer que todos conocemos.

Me disculparan todo el OoC que se tiene, les prometo que trato y tratare de apegarme lo más que pueda a las personalidades originales de los personajes.

No tengo mucho decir, solo que espero haya sido de gusto este capítulo y que espero sigan leyendo el siguiente.

Atte: ElenaMisaScarlet