Notas de la autora: Los personajes pertenecen a Masami Kurumada, por lo que solamente los tomaré prestados para efectos de este fic… Muchas gracias^^

"La Rosa y la Princesa"

por Alondra

Capítulo 2: "Pétalos y recuerdos al viento"


Corría el viento… arrastrando hojas y pétalos de rosas por todas partes…

Un muchacho de unos 14 años, de cabellos y ojos celestes, observaba paralizado lo que tenía ante sus ojos. A sus pies yacía inerte el cuerpo de una mujer, y aún no entendía como había pasado…

- Yo… no… - ¿Por qué? se preguntaba una y otra vez.

Trataba de gesticular, pero de sus labios no salía palabra alguna. De su mano goteaba sangre… sangre que en esos momentos era uno de los venenos más mortíferos sobre la tierra, pero el chico aún era ignorante de aquello. Se acercó al cuerpo y lo sacudió. Murmuró un nombre, pero no había respuesta alguna…

- Déjala ya… está muerta – dijo una voz a sus espaldas.

El chico volteó la mirada, la cual se encontró con una fría máscara cuya dueña, una amazona de piel negra, que estaba delante de él. La guerrera movió la cabeza hacia el cuerpo inerte y luego habló chico…

- Ya te lo había advertido, muchacho imbécil… - dijo tranquilamente – Si está muerta, es por culpa tuya.

- No, eso no es cierto… - musitó – Yo no quería matarla… ¡NO HA SIDO CULPA MÍA! – gritó con lágrimas en los ojos.

- ¡Claro que sí! – respondió la amazona – ¡Conocías perfectamente los riesgos y aún así los ignoraste siguiendo tus estúpidas emociones! ¿Qué fue lo que te dije tantas veces? ¡Los sentimientos no valen para nada, no existen!

- Pero… ella… ella era… - su voz temblaba.

- ¡Eres un caballero dorado, Albafika!… y a partir de ahora… dejarás de sentir… sino, más gente sufrirá por tu culpa, ¿no lo ves? – señaló el cuerpo – Tú eres el único culpable… y esto… - sonrió tras la máscara – Ese sentimiento… te atormentará para siempre…

La amazona dio media vuelta y empezó a alejarse, dejando al chico de rodillas junto al cadáver, sintiéndose hundido y miserable… no parecía que hubiese sido investido por la armadura de un santo dorado, sino lo más parecido era que lo hubieran cubierto por el manto de la muerte…

- No… no ha sido mi culpa… yo no quería… - musitó un nombre – No quiero hacer daño a nadie…

Se puso de pie y sin dejar de derramar lágrimas dijo…

- No volveré a sentir…NUNCA MÁS.

-o-

Albafika se revolvía en su sueño mientras estaba apoyado en una de las columnas de su templo. Estaba con el rostro contraído por las emociones que experimentaba, y no se daba cuenta que alguien lo agitaba del hombro…

- Hey, Albafika… - Kardia de Escorpio lo llamaba sin dejar de agitarlo, mientras era observado a corta distancia por Shion de Aries y Degel de Acuario – ¡Vamos, despierta pez! ¡No tengo todo el día!

- Vaya, nunca había visto a Piscis así… es como si estuviese sumido en un sueño profundo… e incapaz de salir de él - comentó Dégel extrañado.

- Yo diría más pesadilla y presiento que lo está pasando mal… si me fuera posible… - comentó el lemuriano sin dejar de mirar al santo de Piscis.

- Lo sé, Shion… entrarías en su mente, pero sabes que no es posible… estamos hablando de Albafika, y a pesar de que los de tu raza cuentan con cierta inmunidad, un contacto de ese tipo podría matarte… o al menos, dejarte secuelas muy graves… - contestó Acuario.

- Sí, de todos nosotros el único que no es afectado por su veneno es Kardia, dado que el entrenamiento y la naturaleza de las técnicas de ambos es muy parecida… sólo que…

- ¡VAMOS PISCIS! ¡DESPIERTA CON UN DEMONIO! – gritó escorpio haciendo que les corriera una gota de sudor al carnero y al aguador.

- … Kardia no es que tenga mucho tacto que digamos… - suspiró Dégel y volteando a ver a su compañero, dijo – Ya déjalo Kardia, estoy seguro que nos alcanzará cuando despierte. Venga, vámonos que llegamos tarde a la reunión en el templo de Athena.

- ¡Claro que no! – gritó ofuscado el escorpión – Ya tengo mucho rato así haciendo el imbécil y este pez subdesarrollado no se va a salir con la suya… muy bien… es hora de emplear tácticas más duras…

- ¡Espera, Kardia! – ambos santos se pusieron el alerta – No irás a… ya sabes lo que pasó la última vez…

- ¡Nah! Esta vez no me cogerá por sorpresa, de acuerdo… allá vamos… - se inclinó hacia el santo de los peces y el dijo al oído – Hey, niño bonito… es una lástima que tu ÚNICA virtud sea ser TAN HERMOSO, ya que tus poderes están para el arrastre… me has oído, pequeña y hermosa ro… URGGGGG!

Lo siguiente que Kardia vio fue que una mano cuan tenaza lo cogía del cuello y que casi al simultáneo era barrido para caer boca arriba dando un fuerte y metálico golpe. Por fortuna, su armadura lo protegió. Al abrir los ojos, se encontró con los furiosos de Albafika y una Bloody Rose en su otra mano lista para clavarse en su objetivo. Shion y Dégel sólo negaron con la cabeza, sabían perfectamente que esto iba a ocurrir, ya que una de las cosas que detesta con toda su alma Albafika de Piscis, es que lo llamen "hermoso".

- Vuelve a repetir eso, Kardia de Escorpio… - amenazó – Y te juro que será lo último que pronuncies en tu miserable vida…

- Vale, vale… de acuerdo… - agitó las manos con una media sonrisa – Pero al menos te desperté, ¿no es verdad?

- Ya estaba despierto desde antes que empezaras a gritar, alacrán… sólo que no me esperaba que fueras tan testarudo y continuaras con tu escándalo… ¿Acaso crees que soy un estúpido? ¿Qué no me iba a dar cuenta? – continuó en tono molesto soltando al escorpión. Volteó hacia donde estaban Aries y Acuario y dijo con frialdad - ¿Por qué están aquí? Lo que necesitan lo dejé hace rato en la entrada del templo de Athena como siempre antes de cada reunión… no era necesario que se quedaran.

- Lo lamentamos, Albafika… - habló Shion – Pero cuando estábamos pasando por tu templo, sentimos tu cosmos ligeramente alterado. Te vimos dormido y nos preocupamos, fue todo…

- Y como lamentablemente YO soy el único que es inmune a tus rosas venenosas, pues me toco el trabajo de despertarte… no es algo que me sienta orgulloso, te digo… - bufó Kardia aún molesto por la reacción de su compañero de armas.

- Estoy bien, no tiene nada que ver con ustedes… ahora márchense, yo acudiré un momento… - les dio la espalda Piscis.

- Albafika, estás seguro de que…

- Shion, por favor… - le cortó. Aries suspiró…

- Como desees, te esperamos arriba… compañero… - y dando media vuelta empezó a alejarse con los otros caballeros.

Una vez que estuvo solo, el santo de Piscis se apoyó en una de las columnas, cerrando sus ojos a su vez que colocaba una mano sobre ellos…

- Otra vez…. ¿Es que nunca van a terminar estas pesadillas? ¿Por qué ahora? ¿Por qué? – pensaba – No pude controlar mis emociones y por causa de ello casi acabo con Kardia… mi maestra tenía razón… tengo que desterrar esos sentimientos… no valen para nada… al menos, para un caballero de Piscis…

Un ruido repentino lo hizo ponerse en guardia sacándolo de sus pensamientos y al dar vuelta se encontró cara a cara con la persona que menos esperaba ver a esas horas y por el santuario.

- Bu-buenos días, señor Albafika – saludó Agasha tímidamente.

- ... – no hubo respuesta. La niña tragó saliva, la verdad que el santo de Piscis era intimidante cuando quería… ¿Había llegado en mal momento acaso?

- Yo... eeehhh… vine a devolverle su capa… la que me dejó el día el lluvia el otro día, ¿lo recuerda?

- Ah… ya, eso… - suspiró. Demonios, ¿por qué tenía que aparecer esa muchacha cuando estaba pensativo? ¿Acaso tenía una brújula de emociones o algo?

- ¿Señor? – preguntó al santo, que mirándola fijamente dijo…

- Gracias por tu gentileza… - dijo tratando se sonar lo más cortés posible – Déjala a tus pies y luego vete… luego la recogeré.

- ¿En el suelo? Pero… va a ensuciarse… es decir… como es blanca… ¿no puedo dársela en las manos?

- ¿Recuerdas lo que le pasó a la mariposa el otro día? ¿Quieres acabar como ella? – entrecerró los ojos, a lo que Agasha dio un paso atrás asustada.

La paciencia se le estaba agotando… desde el mal sueño hasta lo que pasó con el estúpido escorpión… lo siguiente que pasara sería la gota que colmaría el vaso… y lamentablemente, esa niña que tenía delante de él, pagaría por todo… y no quería eso.

En eso, un enorme y suave cosmos, cálido y gratificante, comenzó a envolver su templo. Albafika lo sintió y supo perfectamente de quién se trataba… nadie más en el mundo era poseedor de un cosmos parecido. Agasha por su parte tuvo una sensación… lo había sentido antes, pero no podía explicarse que era. Ya la había sentido en anteriores visitas al santuario… sólo que luego de experimentarlo, se sentía llena de energía y contenta. Ambos voltearon a la entrada del templo para toparse con la dueña del cosmos, que estaba acompañada por Dohko de Libra, que por casualidad se encontraba en Piscis justo cuando Athena descendía de su templo.

- Saludos, Albafika de Piscis… - sonrió Athena-Sasha – Me alegra ver que te sientes mejor…

- Athena… - se inclinó – Pero… Usted… se supone que debería estar en la reunión… ¿Qué hace aquí?

- Sentí que el cosmos de uno de mis caballeros no estaba tranquilo y decidí acercarme… no te preocupes, Albafika... – sonrió y mirando a Agasha que aún sostenía la capa del santo, dijo… - Veo que tienes visita, ¿Has venido a ver las rosas del caballero de Piscis, pequeña?

- Yo… eh... Athena-sama… - Agasha estaba muy nerviosa. Era la primera vez en su vida que veía a la diosa en persona y no se esperaba que fuera tan joven, apenas unos años mayor que ella – Vi-vine a agradecer al señor Albafika por su la capa que me prestó el otro día… llovía mucho y…

- Ahhh… yo también lo recuerdo… - comentó Dohko - Y creo recordar a la señorita pasar por los templos con la capa de Piscis… fue todo un detalle, Albafika… - sonrió a Albafika que lo miró con cara de pocos amigos. En esos momentos, el santo de Piscis no estaba para esos comentarios y si no fuera por la presencia de Athena, le borraría con sus rosas esa estúpida sonrisa del rostro a Libra.

- Fuiste muy amable con la jovencita, Albafika… eso te hace un buen caballero – Albafika se sonrojó y al verlo Agasha no pudo más que sentir simpatía por el santo de los peces – Y ya que te encuentras mejor, acompáñanos a la reunión… no podemos empezar si todos los caballeros de oro no están presentes, ¿no opinas igual?

- Sí, tiene razón Athena… - dijo el santo asintiendo.

- Los caballeros ya se han preparado y nos esperan… ah, Dohko… - miró fijamente al caballero de Libra y éste asintió. Luego volteó a ver a Piscis – ¿Me acompañas, Albafika?

- Eh, sí… señorita Athena… - y luego de mirar seriamente a Agasha, fue tras su diosa.

La pequeña suspiró, tal vez nunca le caiga bien al caballero de Piscis. En eso sintió que alguien le tocaba el hombro…

- Suspirando no conseguirás nada, jovencita… Albafika es uno de los caballeros más esquivos y ariscos de todo el santuario, salvo cuando está la señorita Athena presente, allí el cuento es otro – sonrió Dohko.

- Espero no haberle causado problemas… yo sólo quería devolverle su capa… me dijo que la dejara en el suelo, pero se iba a ensuciar…. ¡Y se lo dije!... Se enfadó conmigo, creo… - bajó la cabeza con tristeza.

- Naaa… ya olvídate de eso, si quieres dame la capa y cuando me lo encuentre se la daré, ¿te parece bien? – le sonrió cálidamente. El caballero de Libra era muy simpático, eso no lo podía negar… y sobre todo que le inspiraba confianza.

- De acuerdo, ¡gracias señor Dohko! – sonrió entregándole la capa al santo de Libra.

- Antes que nada, ¿cuál es tu nombre pequeña? – preguntó.

- Agasha, señor…y vivo en Rodoiro - dijo tímidamente.

- Agasha… - sonrió con picardía - Tienes una sonrisa muy linda, ¿lo sabías? – dijo haciendo que se le subieran los colores al rostro y al verlo Dohko se puso a reír – Pero no te preocupes, no pienso distraer tu atención del caballero de Piscis… a ese nivel de belleza no puedo competir… ¡Jajaja!

- ¿QUÉ? ¿Pero de qué habla? – se puso aún más roja. ¡Diablos con el caballero de Libra, si que era pesado cuando quería!

- ¡Jaja! vamos, que es una broma, Agasha… en fin, antes de que me olvide. Athena me pidió que te dijera que la esperases a la salida del templo principal luego que acabe la reunión… no me preguntes para qué porque no tengo ni idea… sólo me pidió que te diera el mensaje, nos vemos y cuídate, bonita – y luego de dedicarle un quiño partió rápidamente con dirección al templo principal.

Agasha se quedó en el sitio… Qué extraño, ¿para qué querría hablar con ella la Diosa Athena? Sólo lo sabría si seguía las indicaciones de Dohko de Libra. Y sin pensarlo mucho, se encaminó a las puertas del templo principal.

-o-

- Una hora más tarde-

Agasha suspiró aburrida esperando a que terminara la reunión de los santos dorados en el Templo de Athena. Hasta el momento su único entretenimiento había sido observar un nido de hormigas y ver trabajar a sus ocupantes. Pensaba en la reacción del caballero de Piscis… ¿Por qué se comportaba así? Pero el asunto no era sólo con ella. Poco antes de encontrarse con el Santo de Piscis, no había podido evitar escuchar la discusión entre los caballeros y de cómo Albafika tenía sujeto por el cuello al santo de Escorpión. En ese momento le dio miedo, pero más era su deseo de devolverle su capa al caballero Albafika, que pasó totalmente por alto ese hecho.

Estaba sumida en ello, cuando de repente un súbito ruido escaleras arriba la hizo ponerse en pie. Uno a uno, o en grupos, comenzaron a aparecer los santos dorados. Agasha no los había visto nunca a todos reunidos y verdaderamente sus apariencias eran magníficas y junto con sus armaduras, impresionantes. Ella se quedó de pie mientras los caballeros pasaban delante de ella, algunos volteando a verla para luego continuar su camino a sus respectivos templos, y otros sonriéndole como lo hicieran los santos de Tauro y Leo. Pero hubo algo que ella no pudo dejar de notar. Casi todos los caballeros presentaban una enrojecida marca a modo de pinchazo en el cuello… y eso le extrañó.

- Hey, ¿mira a quién tenemos aquí todavía? Pobre, debes estar muy aburrida de tanto esperar… - saludó Dohko de Libra a la niña que volteó sorprendida y notó que el caballero de Aries estaba con él – Mira Shion, esta es mi amiga Agasha… ¿no te dije que era muy bonita? – dijo haciendo que la jovencita se avergonzara por segunda vez en menos de una hora por culpa de él…(¡Grrr! Caballero de Libra ¬_¬***** - pensó la chica.)

- Hola, soy Shion de Aries. Un placer, pequeña… - saludó el lemuriano cortésmente. Ahora que Agasha lo tenía más cerca, pudo distinguir las marcas en su frente, características de su raza, además de su mirada serena y amable. Eso la tranquilizó un poco…

- Vamos carnero, sé un poco más informal, que no estás delante de la realeza… - miró a la niña – Deberás perdonar a mi compañero, a veces tiene dificultades de salir del protocolo y piensa que uno debe comportarse como si estuviese en un cuartel… - sonrió.

- Y si me permites la palabra, Agasha… - se apresuró a responder sin dejar de mirar a Dohko – No dejes que este "payaso" te agobie con sus tonterías… al parecer se golpeó la cabeza al nacer… sonrisa de triunfo.

- ¡Serás mentiroso, borrego esquilado! ¡Y no le digas eso a Agasha! ¿Qué pasaría si ella le cuenta a sus amigos que le parecen los caballeros dorados y les sale con esto que está viendo? ¡Adiós a nuestra reputación, por Athena!

- Oigan, señores… yo no diré nada, no se preocupen… - estaba hablando cuando Dohko la cortó poniendo un dedo en sus labios.

- No te preocupes, linda… que ahora mismo termino de poner en su sitio al carnero… - y siguió discutiendo con Shion, en tanto que este último ponía una cara de "me entra por un oído y me sale por el otro".

Agasha sonreía mientras la cómica escena (porque la verdad era bastante graciosa) ocurría ante ella. No pudo dejar de recordar el cuento que a ella tanto le gustaba y que justamente en él aparecían dos personajes animales: El borrego dentro de la caja y el zorro, que si bien Dohko no era un zorro, tenía personalidad alegre y despierta… como el zorro de cuento, que simbolizaba la amistad… tal y como le contó alguna vez su madre. Parecía que en el santuario, las fantasías de cualquiera se volvían realidad.

En eso algo la distrajo de sus pensamientos. Justo por detrás del acalorado debate entre Shion y Dohko, apareció Albafika de Piscis y casi detrás de él, Athena. Luego de despedirse de su diosa con una reverencia, el santo de los peces comenzó a descender. Ella contuvo la respiración cuando se detuvo al lado de Aries y Libra, pero no la miró, para decepción de ella…

- Shion, Dohko… - al escuchar al Albafika ambos dejaron de hablar – Me parece oportuno recordarles que tenemos trabajo que hacer… - dijo en tono frío – Saben que tenemos poco tiempo, así que no tarden… - y luego de decirlo se marchó.

- De acuerdo, Albafika… ahora te seguimos—dijo Dohko en tono jovial y al verlo erguido, Agasha pudo ver también la misma marca enrojecida en su cuello. La misma marca también la tenía Shion, pero no al grado de exageración que Dohko.

- Lo sentimos mucho, Agasha… pero tenemos asuntos que atender… hasta otra vez… ah, y te pido disculpas por la vergonzosa escena que protagonizamos mi compañero y yo… - luego de decirlo pasó por el lado del santo de Libra, cogiéndolo del brazo para luego arrastrarlo escaleras abajo…

- ¡Oye, Shion! ¡Pero qué diablos…! – se quejó Dohko indignado.

- Si vamos a tu ritmo, nos quedaremos aquí hasta mañana y tenemos faena… ¡Así que deja de discutir y vámonos, especie de payaso! – a sus palabras Dohko se despidió de Agasha agitando la mano y desapareciendo por las escaleras con su compañero de armas.

Agasha se quedó mirando cómo ambos santos se alejaban y un pensamiento cruzó su mente… "Que extraño, cuando el señor Dohko me saludó en la mañana no tenía esa marca en el cuello, y ahora sí, al igual que algunos de los santos que vi pasar… ¿qué será?"

- ¿Pensando? – dijo una voz femenina.

- ¿Qué? ¡Ah, señorita Athena! ¡Perdone, no la sentí acercarse! – se disculpó. La joven diosa sonrió…

- No te preocupes… Tu nombre es Agasha, ¿cierto? – preguntó a lo que la niña asintió y continuó – El Patriarca Sage me ha hablado de ti unas cuantas de veces, siempre diciendo lo bellas que son las flores que sueles traer al Santuario.

- Se lo agradezco mucho, señorita Athena… es un honor para mí escuchar sus palabras… - Agasha estaba nerviosa, era la primera vez que hablaba a solas con la diosa y realmente no sabía muy bien que decir…

- Por favor, no me trates con tanto respeto, que tu y yo parecemos casi de la misma edad… - sonrió – Salvo por Tenma, el caballero de Pegaso, casi nadie más en el santuario me trata como una chica de 15 años… y eso me hace sentir… bueno… como si no tuviese amigos… pero Sage-sama es muy dado al protocolo y para él la informalidad no puede darse con la reencarnación de Athena en la tierra… - suspiró.

- No diga eso, señorita Athena… estoy segura que no todos sus caballeros piensan de esa forma… es decir, ellos la respetan mucho… y por eso actúan así… - respondió.

- Sí, estoy segura de ello… pero aún así, no deja de entristecerme un poco, ¿sabes?

Se quedó un momento en silencio a lo que Agasha iba a aprovechar para preguntarle el motivo por el cual le había pedido que se quedara en el santuario, pero pareciendo como si le hubiera leído la mente, Athena se adelantó a hablar…

- ¿Te gustaría acompañarme al Templo del Santo de Piscis, Agasha? Hay algo que quisiera mostrarte… - dijo empezando a descender por las escaleras.

Agasha asintió y siguiendo a la joven diosa emprendieron camino al susodicho templo. Todo el camino lo hicieron en silencio, pero cuando Agasha vislumbró el familiar ambiente… el mismo lugar donde había visto al santo de Piscis inclinado junto a unas hermosas y variadas rosas… y donde había descubierto que tan mortal era el caballero. Athena-Sasha, finalmente habló…

- Este es uno de mis lugares favoritos… - miró el bello jardín ante sus ojos – Nunca encontrarás flores más bellas como estas en todo el Santuario…

- Sí, señorita Athena… las vi una vez cuando estaba visitando al señor Albaf… ¡Ups! – se cubrió la boca. No era que quisiera que todo el mundo se enterara que aquella vez estaba espiando descaradamente al caballero de los peces.

- Te agrada el caballero Albafika, ¿cierto? – dijo la diosa tomando una de las rosas en sus manos.

- Yo… eeehhh… - se sonrojó y se apresuró a responder – Es un caballero muy amable… y le estoy agradecida por lo que hizo por mí el día de la lluvia… sólo que…

- Sólo que… ¿qué? – dijo poniéndose de pie y mirándola sonriendo.

- Es que… es muy extraño… yo… he querido hablar con él, pero siempre actúa muy huraño… es como si no quisiera saber absolutamente nada de nadie… - tomó aire y continuó – Soy consciente que por su entrenamiento el señor Albafika tiene un veneno mortal en la sangre y que por eso no quiere que nadie se le acerque, pero… ¡Pero estoy segura que debe de sentirse muy solo, sin ningún amigo, y eso es muy triste! – dijo esto último con los ojos empezando al humedecérsele por las lágrimas. Sin pensarlo, había dejado que sus sentimientos salieran delante de la joven diosa.

- Athena-Sasha sonrió tiernamente al escuchar las palabras de Agasha. Era tal y como ella lo pensaba. Tal vez la diosa no era la única que se preocupaba por el estado anímico del caballero de Piscis, tan esquivo y solitario…

- En eso tienes razón, Agasha… yo también lo he pensado varias veces y por eso siempre trato de integrar al caballero de Piscis en todo lo que acontece en el santuario. Estamos de acuerdo en que si alguien se le acerca demasiado, puede correr el riesgo de perder la vida…

- Pero, entonces, ¿cómo…? – Agasha preguntó.

- Athena sonrió y moviendo ligeramente la cabeza, apartó unos mechones de su cuello, dejando a la vista una enrojecida marca, parecida a un pinchazo. Agasha dio un respingo… ¡Era la misma marca que le había visto a los otros caballeros! ¿Qué estaba pasando?

- Siempre hay soluciones en esta vida para todo, excepto la muerte… - soltó su cabello dejando que cubriera nuevamente la marca – No te preocupes, la marca desaparecerá en un par de horas, eso es lo bueno que tiene… aunque no puedo evitar que el Patriarca Sage apriete los dientes de rabia cada vez que me ve hacerlo – sonrió divertida.

- Pero, ¿qué es eso? – preguntó sin salir de su sorpresa.

- Es la única forma en que Albafika puede estar con nosotros… sin peligro para nadie… - miró las rosas – Estas rosas que ves aquí, son muy especiales… no porque sean hermosas, sino porque representan la ÚNICA inmunidad conocida para las Demon Roses y el propio Albafika. Siempre, cuando se reúnen los caballeros dorados, hay un cesto de estas rosas a la entrada del templo. Al pasar, cada caballero coge una…

- Y… no me diga que… - empezó a hablar sospechando lo que seguía…

- Exacto… se da un pinchazo con ella en la vena del cuello. Es la forma más rápida para que el antídoto de las rosas llegue a todo el cuerpo… y de esta forma, Albafika puede acompañarnos…

- ¿Y todos los caballeros lo hacen? Es decir…

- Existe un gran respeto entre los santos dorados, sin importar la manera de ser que tuviera cada quien, se respetan como camaradas… y no dudan en hacerlo, un pinchazo de una de estas rosas no es nada, por el bien de un compañero … - miró el emblema de Piscis grabado en la parte alta del templo – Desde hace siglos… todos los caballeros de Piscis han tenido que cargar con ese estigma que los obliga a apartarse de los demás por su naturaleza mortal… algunos más que otros… - sonrió – Yo fui quien le pidió a Albafika que creara estas rosas inmunes… porque deseaba con todo mi corazón tener a mis santos trabajando y compartiendo experiencias… todos juntos.

Agasha escuchaba atentamente el relato de la joven Diosa. ¡Por eso eran los pinchazos! ¡Para que el señor Albafika pudiese estar con ellos! En ese momento sintió una gran admiración por la Diosa y empatía por los sentimientos que ambas compartían hacia el Santo de Piscis.

- Lamentablemente, Albafika no comparte la misma alegría que yo, ya que sabe que, a pesar de que sus compañeros jamás se han quejado por lo que tienen que hacer por él, tienen que provocarse en cierta forma, un "daño"… y eso lo atormenta. Casi siempre, cuando terminan las reuniones, se retira sin decirle nada a nadie, volviendo a encerrarse en sí mismo… y a pesar de lo que intento o hablo con él, no consigo sacarlo de ese aislamiento… - volteó a verla – Y aquí es donde entras tú, Agasha…

- ¿Yo? Pero, ¿qué podría hacer? Es decir, el señor Albafika no puede ni verme… - dijo nerviosa ante la posibilidad de volver a acercarse al santo.

- No lo creas, estoy segura que le caes bien al caballero de Piscis… aunque no sabe cómo expresarlo. Te he observado y déjame decirte que has compartido más tiempo de conversación con él, que cualquiera de todos nosotros… ¿Sabes Agasha? Albafika y tú me recuerdan mucho a un cuento que leía cuando era más pequeña… se llamaba "El Principito".

- ¡Sí! ¡Lo conozco! – dijo emocionada al escuchar el nombre de su cuento favorito y que la diosa también lo conociera.

- Entonces, sabrás que una rosa no puede permanecer solitaria… sin los cuidados necesarios, ser marchitará y morirá… - continuó con la metáfora – A veces, la rosa salvaje piensa que sólo con sus espinas podrá enfrentar al mundo… es hermosa y orgullosa, pero… aunque no quiera admitirlo, desea ser cuidada y que alguien esté cerca de ella, y para ello, deberá dejarse domesticar… - acercándose a la niña, Sasha la tomó de las manos - Dime Agasha, ¿Te gustaría domesticar a esa salvaje rosa?

- Nada me gustaría más, señorita Athena… - comenzó a derramar lágrimas – Yo… no quiero que el señor Albafika vuelva a sentirse solo… hice una promesa…

- Deberás ser paciente, eso sí… ya verás que su carácter cambiará poco a poco... y es posible que consigas algo que yo no he logrado hasta ahora…

- ¿Qué es? – preguntó.

- Verle SONREIR. - dijo con la joven diosa mirándola con ternura.

- Haré lo mejor que pueda, señorita Athena… pero… estoy pensado que si el señor Albafika y el resto de los caballeros me ven todos los días por el Santuario, les sonará extraño… no será fácil de explicar…

- ¿Qué te parece esto, Agasha?… - pensó un momento y dijo – ¿Te gustaría traerme flores de tu pueblo todos los días?

Agasha miró a la diosa y su rostro se iluminó, era la escusa perfecta para aparecer por el santuario a diario. Como dijo Athena-sama, con mucha paciencia y perseverancia, lograría amansar a tan salvaje rosa. Volteó a verla contenta y dijo…

- ¡Señorita Athena, será un placer hacerlo! – se inclinó.

- Puedes llamarme Sasha, si lo deseas… al menos, mientras no nos vean el Patriarca Sage y el resto de los caballeros – le guiño un ojo.

- ¡Sí, señorita Sasha! ¡Muchísimas gracias! ¡Hasta mañana! – y luego de despedirse, salió a toda velocidad del templo de Piscis.

Sasha se le quedó viendo mientras se alejaba, segura de lo que acababa de pedirle fue lo correcto. No estaba segura como iba a funcionar su idea del todo… pero si los milagros existían, esta jovencita podría lograr uno al menos.

- Athena – dijo una voz profunda a sus espaldas – ¿Está segura de lo que acaba de pedirte a esa niña? No tenemos ni idea cómo reaccionará Albafika… su vida podría peligrar…

- Lo sé, Sage… - volteó a ver al Patriarca que había estado escondido tras una columna escuchando toda la conversación de ambas jóvenes – Pero la alteración en el cosmos del Caballero de Piscis en estos últimos días ha ido en aumento… y presiento que nos oculta algo importante, y ese secreto lo está desgarrando por dentro… puedo verlo en sus ojos…

- ¿No bastaría sólo con preguntarle? Usted podría pedírselo perfectamente… - Sasha negó con la cabeza.

- No, tiene que salir de él mismo… no servirá de nada si se lo ordeno… - suspiró – La rosa tiene que abrir sus pétalos poco a poco… y entonces, sabremos la verdad. Y confío en que Agasha pueda lograrlo… abrir el corazón del Santo de Piscis…

Sage miró en silencio a su Diosa y luego a la niña que se alejaba.

- LA VERDAD… ¿Realmente será suficiente con eso?… Athena no lo sabe, pero… yo te pregunto, Albafika de Piscis ¿Serás capaz de enfrentar a tu pasado?- pensaba el antiguo santo de Cáncer - Quizás, sólo quizás… esa verdad, jamás debiera ver la luz…

Ambos se quedaron mirando al horizonte, en tanto que un leve viento se llevaba consigo los pétalos del jardín del templo del templo de los peces gemelos…


Notas de la autora: ¡Hola a todos! Antes de nada muchas gracias por las visitas, especialmente a Uzumi, Ángel de Acuario y Neferet Ichigo por sus comentarios a esta historia, que si bien inicialmente pensaba ser únicamente un one-shot, estuve pensando y decidí alargarlo, así que no se preocupen que habrá más de "La Rosa y la Princesa", al menos por unos capítulos más^^.

Hago la aclaración que en el Capítulo 1, cometí un error, confundiendo el nombre de Agasha (la niña de la rosa) por Agatha, eso fue por la traducción de los capítulos del Lost Canvas que tenía, pero pude corregirlo. Aún no termino de ponerme al día con el manga de LC, por lo que posiblemente pueda cometer algunos errores con las personalidades de los personajes que aparezcan… aunque trataré de ajustarlos para no salirme de la línea mucho.

Bueno, como comentario, veré de dibujar algunas escenas del fic y colgarlas en mi DA, todo depende del tiempo que tenga. Agradezco a todos por su paciencia^^.

¡Nos vemos en el siguiente capítulo!

Ja ne,

ALONDRA.