Notas: se me pasó un poco la fecha, pero me excusaré diciendo que en España es Navidad hasta el día de Reyes, el 6 de Enero.

FELIZ AÑO A TODO EL MUNDO!

Gracias a eminahinata, a Jazmingirl y a los demás que hayan leído esta historia. Espero que este capítulo sea de vuestro agrado.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.


Al día siguiente se levantaron temprano, ya que tenían bastantes horas de vuelo frente a ellos. Danny observó a su amigo.

-¿No olvidas algo?

Steve se miró.

-No… ¿Qué pasa?

-¿Y tu maleta?

-¿Para qué voy a llevar yo una maleta?

-Pues porque de ningún modo vas a pasar la noche de fin de año tú solo… ya que yo no puedo beber, alguien tiene que ocupar mi lugar en la barra del pub…

-Danny, se supone que es algo de familia…

-Tú eres familia, Steve.

Ahora era el marine el que tenía los ojos llorosos.

-¿Estás seguro de esto?

-No he estado tan seguro de algo en mucho tiempo. Corre, y coge ropa de abrigo…

Al cabo de unas horas los dos contemplaban la avioneta.

-¿Seguro que sabes pilotar esto?

Steve le miró con esa autosuficiencia que tanto detestaba el rubio.


A Steve le gustaba pilotar, cierto era que prefería el mar, por eso se había decantado por la marina, pero ser capaz de moverse a través del aire, poder viajar surcando el cielo era algo que le provocaba la misma sensación placentera que nadar, un sentimiento de libertad que le sobrecogía.

Esta vez, sin embargo, lo que más le emocionaba eran las miradas agradecidas que su compañero le dedicaba cuando pensaba que el marine no se daba cuenta.

Había algo especial en Danny, algo que hacía que Steve prefiriese morir antes que verlo sufrir, aquella mirada de súplica a Rachel le había destrozado el corazón, si había alguien en el planeta que no merecía aquello, ese era Daniel Williams, el amoroso padre, el gran amigo, el excelente policía… Steve había conocido a mucha gente, había trabajado con muchas personas, en su equipo había tenido grandes amigos… o eso era lo que él había creído en un principio, pues estaba ahora casi convencido de que nadie lucharía por él con la fiereza del rubio que estaba junto a él, que nadie se preocuparía tanto por él. No dejaba de ser extraño, Steve estaba convencido de que, aunque no pudiese saber nada con exactitud, el detective podría hacerse una idea de las misiones en las que había participado, de las cosas que había hecho… y sin embargo no le juzgaba, simplemente intentaba sacarlo de su infierno personal con sus brillantes sonrisas y, ¿por qué no?, con sus discusiones.

Gracias al policía, Steve había descubierto facetas sobre sí mismo que creía imposibles, su mera presencia le hacía más humano, y aquello era tan evidente que hasta Joe White se lo había dicho.

"Me gusta verte así, relajado, feliz, no sé qué ha ocurrido en tu vida, pero aférrate a ello, te hace mucho bien" le había dicho al principio. Luego, directamente le había soltado un "Deberías tener cuidado, alguien podría querer llevarse a Danny"

Al principio, Steve había creído que se refería a Wo Fat, que se dedicaba a arrebatar todo aquello que le importaba al SEAL, pero, cuando vio a su amigo desangrándose junto a su coche, se dio cuenta de que no sería capaz de superar que el detective se fuese de su lado.

Tan absorto estaba en sus pensamientos, que no se dio cuenta de la tormenta de nieve hasta que estuvieron metidos de lleno en ella.

-Hey, Superseal… ¿crees que es seguro que nos metamos aquí? Ya sé que no soy un superhombre como tú, pero estas tormentas suelen ser peligrosas.

El marine maldijo entre dientes, intentando encauzar la avioneta, ¿acaso la vida civil le había vuelto un descuidado? ¿Cómo podía haberse metido en medio de la ventisca sin darse apenas cuenta? Una fuerte ráfaga de viento le hizo perder el control por completo. Era inevitable, se iban a estrellar.


Steve abrió los ojos, le dolía todo, sobretodo la pierna. Había intentado aterrizar, pero en aquellas montañas no había ningún claro que pudiese utilizar a su favor, le había resultado imposible.

-¿Danny? ¡Danny!- gritó desesperado. Bajo él sonó un gruñido. El SEAL suspiró aliviado-. Estás ahí…

-¡Sal de encima gigante! ¿En qué demonios estabas pensando cuando me cubriste?

-Estás recuperándote de tu herida aún, no quería arriesgarme a que algo te hiciese daño de nuevo…

-¿Hiriéndote tú? ¡Que sea la última vez, Mcgarret!- le regañó el rubio intentando examinar a su amigo- ¿Estás bien?

-Creo que sí- contestó el marine. Por supuesto, mentía, su tobillo derecho le dolía terriblemente.

-Se suponía que sabías pilotar.

-Y sé hacerlo. Pero me despisté.

-¿En medio de una tormenta de nieve?

-Lo siento, no iba a haber tormentas hoy…

-¿Qué no iba a haberlas? Pues no me ha dado esa impresión.

-Danny, en serio, comprobé la meteorología antes de venir, no íbamos a tener complicaciones en el viaje.

El policía suspiró, no tenía derecho a enfadarse, a fin de cuentas, su amigo había hecho todo aquello por él…

-Bueno- dijo-, no podemos quedarnos aquí, hace un frío horrible y lo último que necesitamos ahora es morir congelados.

El moreno había visto un refugio cerca antes de que se estrellasen, intentó orientarse y comenzó a caminar en silencio seguido de su compañero. No estaba tan cerca como parecía, pero al final, tras los múltiples traspiés y caídas ocasionados por caminar sobre gruesas capas de nieve con un calzado inadecuado, lograron encontrar un indicador que les condujo hasta la cabaña que servía de refugio a los montañeros perdidos. Entraron en la casita y cerraron la puerta temblando.

-Cojeas.

Steve miró a su amigo.

-Estabas cojeando- repitió el policía-. Te has hecho daño- su voz sonó a reproche.

-¿Cómo pudiste ver que cojeaba cuando no hacía más que tropezar en la nieve? No, Danny, no me he hecho daño- gruñó el SEAL molesto. ¿Por qué el rubio tenía que ser tan observador? Se dirigió a la chimenea y encendió un pequeño fuego, luego se giró. Danny continuaba observándolo atentamente. Fue entonces cuando se fijó en la palidez de su rostro-. ¿Y las medicinas?

El detective abrió los ojos como si acabase de recordar algo, luego bajó la cabeza, avergonzado.

-Las olvidé en la avioneta… Da igual, no te preocupes, ya casi no siento dolor.

-Danny… eso tiene que doler mucho… volveré a por ellas.

-No, imagínate que te pierdes.

-Sé orientarme, me entrenaron para eso.

-Steve, por favor, déjalas ahí- el rubio trató de detenerlo sin éxito. El marine salió de la cabaña dispuesto a regresar al lugar de la avioneta. Mientras esperaba, Danny no podía evitar ir de un lado a otro, intranquilo. Cuando consideró que se retrasaba demasiado, salió, dispuesto a buscarlo. Lo vio acercarse, completamente empapado y cojeando todavía más que antes.

-¿Qué ha ocurrido?- quiso saber mientras se apresuraba a colocarse junto a su compañero para ayudarle a caminar.

-Pisé mal, y resbalé sobre un lago helado. El hielo se rompió y caí…- luego añadió, con una sonrisa igual que la que ponen los niños pequeños después de romper el jarrón favorito de su madre, cuando le dan un deforme cenicero de barro para suplantarlo-. Te he traído las medicinas.

Danny bufó y metió a su jefe en la cabaña, dejándolo junto a la chimenea. El SEAL estaba temblando.

-Tenías que arriesgarte por ellas. ¿Y si no hubieses logrado salir del estúpido lago?- se quejaba sin ocultar su preocupación y el miedo a que le hubiese ocurrido algo grave-. Quítate la ropa y ponla a secar- le ordenó. El moreno obedeció mientras el detective se quitaba la cazadora para tapar a su amigo.

-Cielos, Danny…

-¿Qué pasa?

Steve ya estaba de pie junto a él, bajó la vista y se dio cuenta de que su camisa estaba manchada de sangre.

-¿Cómo no me lo dijiste?

-Solo me dolía un poco…- musitó el rubio.

El marine le llevó hasta la cama y lo obligó a tumbarse. Con extrema delicadeza, le desabrochó el pantalón para retirarle la camisa. El rubio contuvo la respiración.

-¿Tengo las manos demasiado frías?

-No, está bien- de hecho, era perfecto, pero era mejor no pensar en que su compañero estaba en ese momento desabotonándole la camisa mientras estaba en ropa interior. Pensó en cerrar los ojos para evitar recrearse en la visión que tenía ante él, pero, la verdad, tampoco quería dejar de admirar aquellos músculos definidos, ni la mezcla de preocupación y concentración que se apreciaba en su rostro, haciéndolo irresistible por momentos.

El marine, completamente ajeno, se había alejado para buscar lo que necesitaba y regresó junto a él. De nuevo con sumo cuidado, limpió su herida. Uno de los puntos había saltado, pero había dejado de sangrar. El alto realizó las curas pertinentes y volvió a colocar la ropa de su amigo sin dejar de mirarle a los ojos, con una extraña expresión en el rostro.

-No te preocupes, Steve, estoy bien… ¿Por qué no dejes que le eche una ojeada a esa pierna?

-Es solo un esguince.

Danny cogió una bolsa que encontró y abrió la puerta. Después de rellenarla con nieve, volvió a entrar y se acercó a la cama, levantó la pierna del SEAL ayudándose por varios almohadones y le aplicó la bolsa.

-¿Necesitas que te explique las variedades de esguinces que hay?

Steve no pudo reprimir un escalofrío, y su amigo lo miró con pena.

-Ya sé que estás helado y que esta bolsa no te está ayudando en absoluto, pero si la sujetas tu un ratito, te haré una sopa que te hará sentir mejor. Mientras estabas fuera he encontrado unas latas.

Lo que Danny no sabía era que Steve había tenido ese escalofrío por su culpa. Aquello de manipular la ropa del detective para curarle la herida había despertado ciertos instintos primarios que el SEAL había logrado contener, pero la forma en que las manos del rubio comenzaron a recorrer su pierna estaban acabando con su autocontrol.

Pese a la chimenea, hacía frío en aquella estancia, y el propio Danny tenía que esforzarse por aparentar que no temblaba, ya que si lo hacía, aquello se iba a convertir en una lucha por cuál de los dos cuidaba del otro. Por algún lugar se filtraba el aire del exterior, de eso el detective estaba seguro, pero entre el entumecimiento, el dolor, el cansancio por la dura caminata tras cinco días de hospital y la somnolencia que le provocaba la medicación que Steve le había obligado a tomar, no tenía fuerzas ni ánimo para buscar. Le acercó una taza llena de líquido caliente al marine mientras bebía de la suya. Al menos aquello levantaba un poco el espíritu y les proporcionaba una agradable sensación de calorcito.

En la cabaña había una radio que servía para comunicarse con la central en caso de necesidad, como era el caso en ese momento, pero Danny había prohibido tajantemente a su amigo el levantarse para operar con ella, al menos hasta que su ropa estuviese seca y no corriese el peligro de coger una pulmonía. Lo cierto era que lo que menos necesitaba el rubio era a su compañero paseándose por la cabaña como si fuese aquello un anuncio de Calvin Klein. Steve no protestó demasiado, a pesar de lo consciente que era de que necesitaba llevar al policía a un hospital para cerciorarse de que no había ocurrido nada más a parte del punto que había saltado, sus manos no cesaban de temblar y no se sentía con ganas de hacer nada más que acurrucarse en aquella cama.

Danny le observaba preocupado, luego rebuscó por la estancia y regresó con un par de mantas más y las depositó sobre la cama con el mismo cuidado con el que trataría a una Grace enferma. Por un momento, el marine se sintió exactamente igual que cuando era un niño y su madre pasaba el día con él, cuidándole, preocupándose por él.

-Estás triste- dijo mientras le vendaba el tobillo.

El moreno bajó la mirada y sus dedos juguetearon con las sábanas.

-Lo siento- musitó.

-¿Cómo dices? ¿Qué es lo que sientes?

-Te he arruinado la noche de fin de año. Quería que pasases el día con tu familia, que te divirtieses… que fueses feliz esta noche después de todo lo que has pasado… y mira lo que he conseguido… Estamos en alguna montaña perdida, pasando frío, te acaba de saltar un punto, nadie sabe que estamos aquí…

Se suponía que el que debería estar sucumbiendo a la desesperación era él, no Steve Soy-Un-SuperSeal-Indestructible-Que-No-Tengo-Miedo-De-Nada-Y-Puedo-Hacer-Una-Bomba-Con-Un-Par-De-Chicles. Danny se había imaginado que aquello era importante para su amigo, pero no había sido consciente de hasta qué punto. El marine seguía contemplando sus manos como si la clave para retroceder en el tiempo estuviese allí escrita. Sintió cómo su compañero se cercaba algo más y una mano en su barbilla hizo que levantase la cara y la mirada hacia unos azules ojos que le miraban con ternura y comprensión. El SEAL intentó tragar saliva, pero el nudo que tenía en la garganta se lo impedía.

-Eh… Babe… Lo importante es que estamos los dos bien. ¿Sabes qué es lo mejor de un regalo? No es el regalo en sí, sino la intención y el amor que se pone en ellos… y tú has tenido la mejor de las intenciones y toneladas de amor. Has querido darme algo maravilloso, Steve, y eso es lo mejor que me han dado en la vida, con la excepción de Grace, claro. Las cosas se han torcido, pero me has demostrado que te importo tanto como para ser capaz de pilotar una avioneta y llevarme a más de siete mil kilómetros. Siento haberme enfadado antes, no fue porque te estrellaras, fue porque intentaste protegerme a costa de tu salud.

Steve no pudo contestar, sabía que le fallaría la voz. El policía le abrazó, parecía que aquello se iba a convertir en una especie de costumbre y lo cierto era que a ninguno de los dos parecía importarle en absoluto.

-Estás helado, Steve.

-Y tú tienes mala cara, deberías descansar un poco.

-Deja de preocuparte, estoy bien.

-Lo haría si tuvieses un color más sano en el rostro.

-Uno: hace un frío de mil demonios, y Dos: aún no hace ni cuarenta y ocho horas que salí del hospital, no esperes que esté rebosante de vida. Anda, échate a un lado.

-¿Qué?

-Que te apartes un poco- repitió el policía gesticulando con sus manos para que su amigo se desplazase. El moreno obedeció, se recostó sobre su lado derecho, dándole la espalda. Oyó el ruido de una tela al ser lanzada hacia una silla. Lo siguió el sonido inconfundible de un cinturón. Su corazón comenzó a latir con fuerza. La cama cedió bajo el peso de Danny y unos brazos le rodearon.

-¿Qué…? ¿Qué haces?- quiso saber el marine sin poder ocultar su nerviosismo.

-Compartir calor- contestó su amigo con el tono de voz que alguien emplea cuando considera que lo que está explicando es obvio y atrayendo su cuerpo hacia sí.

Steve no podía negar que la sensación de los fuertes brazos de Danny rodeándole era extremadamente placentera, al igual que sentir el pecho del rubio pegado a su espalda. Todo ello le provocaba un cosquilleo en el estómago… y otras reacciones corporales que esperaba que su amigo no notase. Desde luego, el policía no había fallado en su propósito, el marine pasó de estar temblando de frío a estar sudando de calor en cuestión de segundos.

El detective, por su parte, también notaba el cambio de temperatura que afectaba a su cuerpo, y se alababa mentalmente por haberse dejado los pantalones puestos. Se había quitado el cinturón para evitar hacer daño a su amigo, pero bajo ningún concepto iba a permitir que su reacción a la cercanía de Steve estropease una de las mejores cosas que tenía desde su llegada a Hawaii, su amistad con el Teniente Comandante.

-¿Sigues teniendo frío?- susurró intentando pasar por alto el hecho de que su voz había sonado más ronca de lo habitual. Steve contuvo el escalofrío que le acababa de provocar el sentir el cálido aliento de su amigo tan cerca de su oído. Negó con la cabeza, incapaz de confiar en su voz y no tardó en dormirse, arrullado por el sonido de la acompasada respiración del rubio.


Aquel fue uno de los más agradables despertares que había tenido en mucho tiempo. Danny aún lo abrazaba, como si tuviese miedo a que se escapase o cayese al suelo. Steve nunca había sido afín a remolonear en cama, pero esa vez hizo una excepción, tampoco es que tuviese nada mejor que hacer…

-¿Estamos ya en el año que viene?

La pregunta sonaba tan absurda que el SEAL creyó que su amigo aún dormía. Se dio la vuelta para encarar a su compañero, que le observaba adormilado. Sonrió.

-Si me sueltas, podré ver qué hora es… y de paso añadiré más leña a la chimenea, está a punto de apagarse…

El rubio se ruborizó, masculló una respuesta y lo dejó libre. Steve se apresuró a envolverse en una manta antes de salir… su cuerpo aún seguía emocionado ante la proximidad del policía y no era cuestión de que éste se diese cuenta. Se ocupó de la chimenea y luego estuvo largo rato dudando entre ocuparse de la radio o volver a la cama. Quedaba poco para las doce, así que decidió no molestar a quien estuviese en la central haciendo la guardia nocturna. Ya habría tiempo al día siguiente, allí estaban bien y con la tormenta que había fuera no es que los servicios de rescate pudiesen hacer nada…

"Admítelo, Steven, lo que de verdad te pasa es que quieres volver a esa cama para estar cerca de Danny…" Bueno, ¿y qué si era eso? No estaba haciendo nada malo, sólo disfrutar un poco de algo que no podría tener…

-¿Te has quedado congelado ahí? Vuelve aquí y deja de forzar el tobillo antes de que vaya a buscarte y te arrastre a la cama de nuevo.- el detective se había sentado y le observaba con interés.

Ohh, Danny tenía que dejar de decir esas cosas o el marine iba a pasar uno de las jornadas más duras, en el estricto sentido de la palabra, de su vida. El moreno pasó su lengua por sus labios sin poder evitarlo antes de meterse bajo las sábanas de nuevo. Una vez allí comenzó a retorcerse para desenvolverse de la manta.

-¿Sabes? Sería más fácil si lo hubieses hecho antes de meterte en la cama- sentenció el rubio sin ocultar lo divertida que le estaba resultando la maniobra.

-¿En serio?-ironizó- Tenía frío- sí, era una excusa lamentable, lo sabía, pero… ¿qué otra cosa podía decir? Por la expresión de su rostro, el policía no se creía nada-. Querías saber qué hora era, ¿no?- gruñó cambiando de tema-. Pues queda una hora y media para las doce.

-¿Tienes hambre?- le dijo el rubio saliendo de la cama. Gracias al pantalón, no necesitaba la manta para disimular, como había hecho Steve, pero procuró darle la espalda hasta que se puso la camisa, que dejó por fuera del pantalón para ocultarse un poco. Mientras, el SEAL recorría con su mirada los músculos de la espalda de su compañero.

Tras rebuscar en los armarios, encontró más comida en lata que calentó y sirvió. Después de la cena, el rubio dejó los platos en el fregadero y se unió a su amigo bajo las sábanas. Estuvieron largo rato hablando nuevamente de las celebraciones de fin de año. Esta vez, Steve contó anécdotas sobre las cenas que solían organizarse para las unidades cuando éstas no se encontraban en medio de una misión excesivamente importante. En aquellas cenas, eran como una gran familia, todo era alegría a pesar de que siempre había algún momento para recordar a los caídos, a los compañeros que ya no celebrarían las fiestas nunca más. Eran esas las veces en las que Steve pensaba en su hermana, en que realmente era lo único que tenía, y se hacía el firme propósito de contactar con ella más a menudo, propósito que incumplía sin cesar, excusándose en que era mejor así, cuantas menos ataduras emocionales, mejor. Ahora tenía a Danny junto a él y sabía que esta vez sería imposible.

-Las doce- dijo el rubio de repente-, feliz año nuevo, babe…

El marine se quedó mirándolo fijamente.

-¿Qué diablos…?- dijo. Y fue incapaz de controlar la mano que se posó sobre la mejilla del policía. Más difícil todavía fue controlar sus labios, que ya habían tomado posesión de los de su amigo.

A pesar de que estaba sentado, le temblaron las rodillas, y sintió que su estómago se encogía permitiendo a miles de mariposas revolotear libremente en su lugar. Y cuando sintió que su compañero reaccionaba a su sorpresa inicial y pasaba a responder con ansiedad, sintió cómo su mundo se paraba y no existía nada más a parte de ellos dos.

-Feliz año- dijo cuando se separó para tomar aire.

-Steve…

-Shhh… no digas nada- murmuró el SEAL-, no me preguntes qué hago, no intentes que te dé una explicación, no huyas todavía, no me rechaces ahora, no me rompas el corazón aún, simplemente déjame atesorar este momento para cuando todo se vaya a la mierda…

Por toda respuesta, el rubio sonrió antes de volver a besarlo, un beso tierno, lleno de amor.

-Sólo iba a preguntarte por qué has tardado tanto- comentó antes de comenzar a recorrer el cuerpo del marine con sus manos y sus labios.

Steve estaba en la gloria, no sólo había hecho acopio de valor para besar a su amigo, sino que éste le había correspondido y le acababa de hacer el hombre más feliz del mundo.

Se tomaron su tiempo, ninguno de los dos tenía prisa, ninguno había hecho aquello antes y necesitaban su tiempo para explorarse, para conocerse, para satisfacerse. Además, era incómodo que Steve estuviese más concentrado en que los puntos del rubio se mantuviesen donde estaban, y que Danny tratase, por todos los medios, de no dañar el tobillo del moreno, pero cuando alcanzaron el clímax, cada uno gimiendo el nombre del otro, coincidieron en que jamás nadie les había hecho sentirse así. Ni Rachel, ni Catherine. Ambos sabían que aquello era algo más que un momento, se habían entregado el uno al otro con la mayor de las confianzas, con el más grande amor y cariño que habían sentido jamás.


A regañadientes, Steve abandonó la cama y se dirigió a la radio para comunicarse con la central. Si la primera vez que había despertado en brazos del rubio había sido especial, haberse despertado ahora, con la cabeza apoyada en el pecho del policía, con las piernas entrelazadas y el brazo de éste rodeándolo con firmeza tras haberse quedado dormidos después de unas cuantas horas de pasión, había hecho que se plantease la idea de no avisar a nadie y quedarse en esa cabaña para siempre. Luego pensó en Grace y eso fue lo que lo motivó a levantarse.

-¿Cuánto tardarán en venir a buscarnos?- le preguntó Danny cuando lo vio levantarse de su asiento frente al aparato.

-Tres horas, aproximadamente.

El policía asintió con la cabeza. Después observó a su jefe y sonrió al notar el bulto en el pantalón del mismo y la forma en que aquellos ojos acababan de oscurecerse mientras se acercaba a la cama.

-¿En serio? ¿Otra vez?

-He esperado demasiado ya.

-Acabarás cansándote de mí muy pronto si vas tan deprisa.

Steve sonrió.

-Danny, si hay algo de lo que estoy seguro en esta vida es de que jamás me cansaré de ti. Y olvida a la gente que te haya hecho pensar lo contrario, simplemente no te merecían-El SEAL se arrodilló sobre la cama y se acercó a él-. La verdad es que creo que yo tampoco te merezco, pero trataré de aprovecharme hasta que te des cuenta.

El policía ladeó la cabeza.

-Estás loco.

-Tal vez.

-No sé qué pretendes hacer, va a venir el equipo de rescate.

-Tenemos tres horas aún- el marine estaba a escasos centímetros del detective-. Y mucho que practicar.

Si el equipo de rescate se adelantase y los encontrase en la cama, gimiendo cada uno el nombre del otro, posiblemente decidiese esperar fuera y dejarlos terminar, porque aquello no era simplemente sexo, se trataba de dos personas que acababan de entregar sus corazones, el uno al otro.

Y ese, era el mejor de los regalos.

FIN