Capítulo 2
El desayuno
(Hola soy un paréntesis, encantado. He aquí el segundo capítulo, a decir verdad pensaba hacerlo más largo pero eso iba dejar en muy mal lugar al capítulo 1 así que… Bueno, espero que les guste este capítulo "recién salido de la panera", se despide Ren, el paréntesis informador)
El ángel se despertó sobresaltado, dio uno de sus clásicos "brincos con doble tirabuzón destroza mandíbulas" y se calló de la cama.
-Ayyyyyyaaagggg…-murmuraba masajeándose la cabeza-. ¿Qué ha sido eso?-dijo mientras se incorporaba de nuevo a su cama-. No importa, habré cogido frío por dejar la ventana abierta y me habré caído.
La habitación del chico era bastante sencilla, una sala de piedra con una cama con dosel en una esquina, una pequeña cómoda y varios armarios llenos de ropa. Lo que más destacaba de las paredes era la cantidad de papeles que había pegados con clavos, dibujos de armas nuevas y de una especie de "pájaro volador" disparando flechas a unos círculos con ojos, todo muy "picaresco" como diría todo buen hijo de vecino que entrara.
El chico de pelo castaño miró la vela que siempre dejaba en su mesilla de noche.
-Apagada-susurró-será mejor que me vuelva a dormir antes de que Lady Palutena se entere o me quedaré sin helado de postre.
A la mañana siguiente el ángel se despertó en cuanto los primeros rayos de sol empezaron a deslumbrarle en la cara. Se vistió (con su irremediable parsimonia al ponerse la túnica por encima de las alas), bajó las escaleras, salió al patio, cruzó el puente y se puso en camino a las cocinas.
-Demonios-se quejaba él-¿si tenemos la capacidad de usar magia por qué tengo que hacerme el camino entero todos los días? Podría usar el teletransporte, jeje.
El ángel correteaba por un sendero de piedra rodeado de columnas, al final de él se podía distinguir un edificio con forma de carpa hecho en piedra. Por las rejillas del techo de este salía humo.
-Hmmmmmm, hoy hay tostadas con miel…-dijo mientras se ponía de puntillas al oler-¡entonces hay prisa!
El joven ángel echó a correr lo que quedaba de camino, llegó al edificio y abrió las puertas de par en par. Lo primero que vio fue una mujer con una gran melena verde en un comedor sentada al lado de una pila de tostadas con mermeladas de casi todo tipo.
-¡Por favor Lady Palutena guárdame algo!-gritó-.
La mujer se giró y le sonrió mientras aun masticaba.
-Ahhhhh, Pit, "cuánto hag tadado"-decía ella mientras masticaba-"cagi te quedag gin totadag".
El ángel levantó una ceja y preguntó:
-Perdón ¿qué?
-Que casi te quedas sin tostadas-repitió ella tras haber tragado limpiándose la boca satisfecha-.
-Pero quedan… ¿no?
-Pues claro-aclaró la mujer señalando el plato que tenía a su lado-sírvete tú mismo.
-¡Gracias, Lady Palutena!-mencionó él feliz mientras cogía una tostada tras otra y se sentaba al lado de la mujer-.
-A lo mejor debí de ponerle un tope-se lamentó al contar trece tostadas en el plato del ángel-.
-¡Que aproveche!-exclamó mientras engullía una tostada tas otra, algunas de un solo bocado-.
La mujer lo miraba atónita sin casi sin decir nada con los ojos abiertos.
-Oye Pit…¿no quieres algo de leche para que pase?-dijo sosteniendo una jarra-.
-¡No hace falta, tengo un estómago de hierro!
-Está bien, pero si luego decides "saludar al suelo" no es mi culpa.
Cuando el chico acabó de comer los platos estaban casi relucientes, solo quedaban algunas migas y manchas de mermelada.
-Estaba todo buenísimo-logró decir mientras se masajeaba la tripa-.
-Por supuesto, y ahora que ya te has saciado es hora de bajar todo lo que has comido-dijo la mujer con una sonrisa burlona-, necesito que me traigas algunas frutas para la cena ¿así que no te importará ir a recogerlas fuera, verdad?
-¡Claro que no Lady Palutena, volveré antes de decir "helado"!
El joven Pit se levantó del banco y se dispuso a salir corriendo por la puerta.
-Ehem… ¿Y supongo que sabrás que frutas coger, no?
Al oír esto Pit se quedó clavado en la puerta.
-Oops-murmuró él-.
-Si, "oops"-repitió Palutena sarcástica-. Necesito manzanas y plátanos. Todo para esta noche, y obviamente como los puestos del reino del cielo ponen unos precios tan caros las tendrás que comprar en el mundo mortal, que de hecho creo que están más sabrosas que las de aquí. ¿Entendido?
-¡Claro! ¡No te fallaré Lady Palutena!-dijo el ángel mientras salía a toda prisa del comedor.
-¡Ah, y una cosa más! Acuérdate de cerrar la puerta esta vez…-recordó con un tono de voz algo inquietante-.
