Hoooola!

Ahaha muajajaja debería decir…. Lo siento, me pidieron que no fuera malvada, pero hasta donde podré sostener eso D: hahaha creo que la bondad se quedó en el primer capítulo.

Si estás leyendo esto es porque has aceptado la historia y Cerebro-chann esta muuuy contento por las reacciones obtenidas. Los adoramos!

Este capítulo me costó trabajo :( lo re-escribi muchísimas veces pero me encanto como quedo al final.

Bueno que disfruten!

Luego nos leemos


Las personas puede que estén conectadas por lazos invisibles, cada uno con una dirección y un fin diferente guiados a través del destino de cada persona.

Pero el destino no es en realidad quien lo decide ¿cierto? Son nuestras propias acciones los que nos llevan hasta el fin que esperábamos caminando hacia adelante únicamente con la esperanza de un mañana.

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El encuentro permisible

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Un futuro, un mañana, un deseo, un simple motivo. Un paso, dos o tal vez tres.

Creo que en este lugar no conseguiré algo de esa magnitud, algo tan insignificante pero tan importante. En una escuela en donde las personas vivían el hoy cuando yo deseaba un mañana.

Por eso desde un inicio me interpuse a la idea de permanecer aquí, pero fue aun peor de lo que imaginaba.

Al destino le encantaba contradecirme, siempre cuando creía que algo no podía ir peor lo hacía.

Y así fue, en seguida me di cuenta de lo podrido que estaba el lugar únicamente mirando su exterior y fue aun peor cuando ingrese a la academia. Podía sentir la mirada de todos puestas sobre mí, tal vez no de la forma normal preguntándose quien era sino mi estatus en el mundo.

Sentía en el ambiente el apestoso olor de la avaricia y la codicia que rodeaban a todas las personas, podía ver sus ojos a través de las máscaras que ponían en cuanto sentían mi mirada dirigirse a ellos.

Era realmente despreciable.

Me pregunto, ¿Cómo demonios el hombre que siempre habla del amor y la honestidad es dueño de un lugar así? ¿Qué llevo a Lory Takarada permanecer en un mundo como este cuando iba en contra de todos sus principios?

Termine preguntándome sus motivos y el pasado que le llevo hasta este hoy antes de ir con él cómo me lo había indicado. Simplemente carecía todo de sentido.

¿Pero quién era yo para juzgarlo?

Siendo un cobarde desde nacimiento y con este último movimiento creo que hasta yo mismo logre superar un límite que no sabía que existía. Únicamente Salí corriendo del lugar cerrando los ojos y olvidándome de todo como si nunca hubiera ocurrido, justo como un cobarde lo habría hecho.

¿Qué poder o razón tengo yo siquiera para juzgar a estas personas sin deseos individuales cuando yo mismo carecía de uno?

Solo moviéndome por instinto pero sin nunca dar un paso hacia adelante, Solo siendo un cascaron carente de sentidos.

Maldición.

Esto realmente no me agradaba, pero que podía hacer al respecto.

El lugar era realmente malo, por la noche se me dio una habitación junto al resto de los estudiantes y para empeorar aún más las cosas al vecino que tendría que soportar era un idiota arrogante con aires de superioridad.

En serio, en esta escuela no sabían leer el ambiente.

Claramente mostraba un aura que fácilmente indicaba que no se acercaran pero parecía tener el efecto contrario. Eso lo descubrí durante clases cuando mis compañeras durante el descanso no pararon de realizarme preguntas sin sentido, realmente todo esto estaba podrido.

Todos siguiendo únicamente los deseos de alguien más, siendo así ¿cuando alguien haría algo por sí mismo? Trate de ser indiferente a todo y a todos y al final conseguí mi objetivo. Las personas tenían poca paciencia y tras fallar una vez no lo volvían a intentar rindiéndose al camino fácil.

No debería sorprenderme.

Además de que eso me facilitaba las cosas, cuando no deseas ser notado lo mejor era ser indiferente a todos. Creo que yo también me dejaba llevar por el camino fácil.

Se me había dicho que tendría a un tutor y lo agradecía realmente, a pesar de que desde pequeño se me había inculcado el japonés la falta de práctica diaria habían hecho que me olvidara reglas y vocabulario.

Había sido todo un mártir soportar tan solo un día de clases sin comprender la gran mayoría de las cosas que se decían, bueno sabía que no importaba pues al final de cuentas yo estaba únicamente ahí con el fin de protegerme a mí mismo y no para aprender.

Todos los conocimientos los tenia, ¿Qué más pedía?

Tal vez un poco de tranquilidad no estaría nada mal. Después de pasar el día entero soportando el falso interés de los demás junto con las miradas de odio, era algo realmente agotador y mi mente lo que pedía era tranquilidad.

Así que después de despistar a las que me seguían solo había terminado perdiéndome, bueno tal vez si caminaba lento llegaría tarde a mi cita con mi tutor pues como había dicho, las personas en este lugar parecían tener poca paciencia y poco sentido de la responsabilidad.

Con alegría descubrí que en el lugar de la cita no había nadie, había llegado demasiado tarde. Mis clases tendrían que esperar. Como parecía ser un sitio tranquilo me senté en las gruesas raíces de un árbol que sobresalía de los demás, era bastante hermoso con sus hojas moradas en temporada llenando el suelo de estas mismas pintándolo todo mejor.

Me coloque la música a todo volumen disfrutando del conjunto de sonidos, era realmente tranquilizante y así hubiera seguido de no ser de una pareja que paso por el camino aplastando sin piedad las hermosas flores que adornaban el suelo.

Habían tenido una corta vida.

Pero siempre era así, el más grande despreciando y acabando con lo más pequeño, con lo más débil. El mundo giraba alrededor de ello y no se podía evitar.

Ambos jóvenes no parecían muy contentos y con frustración descubrí que el chico era en realidad aquel vecino con aires de superioridad, ahora entendía que era así con todos. Tenía un poco de pena por la chica que era jalada del brazo por el otro. Podía escuchar todo lo que gritaban a pesar de los auriculares, que buena forma de arruinar la paz.

-¡Vamos Sho, ya te dije que me sueltes!

-¿Por qué haría algo así, me vas a acompañar? Al final no tienes nada mejor que hacer.

-¡Claro que tengo algo mejor que hacer! Tengo una beca que conservar, yo no soy alguien a la que le pagan todos sus caprichos.

-¿Caprichos? Yo nunca desee estar en un lugar como este desperdiciando mi talento.

-Ha, ¿talento? Venga ya déjame ir.

Sho, bueno ahora tenía un nombre al que maldecir. La chica trato de detener su andar y el chico se detuvo dando media vuelta mientras que al mismo tiempo jalaba a la chica quedando ambos de frente separados únicamente por unos centímetros y él sin nunca soltar su brazo.

Me levante, nada podía hacer. Mi buen humor no me había durado tanto como deseaba, me acerque sigilosamente hacia ellos.

El director no había dicho quién era la persona de mi cita pero si me había dicho que lo reconocería fácilmente y justo eso era lo que acababa de hacer. Solo esperaba tener razón, odiaba meterme en los asuntos de los demás.

Podía ver sus rostros asustados cuando había alcanzado el brazo del chico que aun la sostenía, como deseaba aplastarlo con más fuerza hasta escuchar el crujir característico de los huesos al romperse, pero me contuve.

No le provocaría problemas después de que amablemente me había invitado a permanecer en este lugar, no lo haría.

-Que demo…

-Lo siento mucho, creo que estas molestando a mi cita.

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Ese estúpido de Sho me había estado esperando y sin poder evitarlo después de clases me había obligado a seguirlo de un lado para el otro. Era en verdad insoportable, pero hoy era el día en que conocería a la persona que ayudaría como tutor y no podía darme el lujo de fallar pues eran las condiciones con las que permanecía aquí.

Mientras nos jaloneábamos había conseguido guiarlo hasta el lugar de la cita pero desilusionada descubrí que no había ya nadie esperando, tal vez se había cansado de esperar y como no después de media hora de tardanza.

Era realmente alguien terrible.

Pero las cosas se pusieron feas cuando un joven mayor que nosotros se acercó hasta nosotros sin que nos diéramos cuenta, descubrí como era el mismo chico que habíamos visto el día de ayer llegar a la escuela y parecía que a Sho no le agradaba mucho, en si parecían no agradarse mutuamente. Cierto ¿A quién le agradaba Sho?

-Lo siento mucho, creo que estas molestando a mi cita.

¿Cita?

Cierto, tenía una cita con una persona a la que ayudaría. Así que era él a quien debía ayudar, alguien mayor que yo ¿en qué cosas podría yo ayudarle?

Sho se puso a la defensiva pero el joven lo miraba con una expresión que daba miedo, como si deseara hacerle daño. Sus ojos mostraban reto y su sonrisa era como si lo invitara a un juego como cuando dos niños están planeando una travesura en pos de sus padres.

Algo saldría mal, podría presentirlo pero no lo permitiría. Con rapidez tome al chico de su brazo y empecé a jalarlo hacia la biblioteca que estaba a unos cuantos pasos de donde estábamos. Pudo sentir mi preocupación y creo que ese fue el motivo por el cual se dejó llevar. Mientras caminábamos podía sentir la mirada estupefacta de Sho mientras nos observaba irnos dejándolo solo.

En cuanto ingresamos a la biblioteca el chico de un jalón se soltó de mi agarre y me observo de una forma tan intensa que me creo escalofríos por toda la espalda.

-Lo..lo siento. Mi nombre es Mogami Kyoko y a partir de ahora seré tu tutor.

El joven asintió mientras observaba el solitario lugar. Siempre estaba así, al menos así había sido las pocas veces que había ido al lugar.

El chico encontró una mesa que pareció agradarle que tenía vista a lo patio y fue hacia allá sin decir ninguna palabra.

No me agradaba el ambiente pero tampoco podía evitarlo.

Lo seguí e indecisa me senté frente a él.

-¿Realmente crees poder ayudarme?

Su pregunta en cierta forma me había ofendido, como si pensara que no tuviera la capacidad suficiente para responder sus dudas, me había molestado, pero tenía que seguir con una actitud amable si es que deseaba que llegáramos a algún lugar.

-Por algo el director te puso a mi cuidado.

EL chico asintió y se levantó, en esta ocasión no lo seguí. Parecía una persona complicada y de las que preferían la soledad.

Cuando regreso traía unos cuantos libros, más que ser escolares eran más informativos y empezó a hojearlos sin prestarme atención siquiera.

Me molestaba cada vez más y más.

Ni siquiera me había dicho su nombre. Al igual que él me levante por libros de consulta que sabía me servirían para las clases del día siguiente.

-No creo que esto sea necesario, tratare de hablar con el director para que cancele esto.

Trate de negarlo, el director fácilmente podía pensar que no había cumplido bien con mi función y por eso él ya no deseaba continuar con esto. Por favor, ni siquiera llevábamos unos minutos y ya me había rechazado por completo. No podía permitirlo.

Pero sin importar cuanto había tratado ya llevábamos una semana y no habían avances, siempre lo mismo. Ir al lugar, sentarnos cada uno con sus propios motivos y realizando lecturas independientes. Pero siempre al final me aseguraba de que al siguiente día el chico se presentara.

Seguía sin decirme su nombre, era bastante molesto.

Sabía que la escuela tenía fama por no ser lo demasiado sería y lo descubrí en cuanto fue anunciado un festival con el único motivo del aniversario de la academia.

Podía sentirse un ambiente festivo en todos los lugares, pero las tardes en la biblioteca era igual de silenciosas y lúgubres como siempre.

-En verdad, cualquier duda que tengas puedes comentármela. ¿Cómo te llamas?

Había tratado con la misma frase una y otra vez y solo había recibido miradas indiferentes. Por momentos podía sentir como si él me estuviera probando a que me rindiera pero eso no me detenía a seguir preguntando.

No tenía solución.

-¡Mouko-san! Es malvado, es cruel…no lo soporto. Mouko-san ayúdame.

Creo que era lo único divertido en toda esta situación.

-Venga ya, deja de abrazarme y mejor ayúdame a llevar esos papeles hasta el siguiente edificio. No seas tan molestosa.

Feliz solté a Mouko-san y la ayude como me había pedido, a final las clases de este día se habían cancelado y todos ayudaban adornando los pasillos de la lujosa escuela.

-¿Por qué no le dices al director que te asigne a alguien más?

-Porque eso sería como rendirme y eso es lo que ese tipo quiere. Además no sé por qué le estoy ayudando.

-Bueno, si a estar siempre leyendo te refieres a ayudarlo….

-Pues te digo que nunca responde a lo que le digo, solo me da esa mirada fea suya y vuelve a su lectura, además creo que sabe más de lo que aparenta.

-¿Por qué lo dices?

-Bueno, antes de que empezara con su actitud silenciosa le hice muchas preguntas para saber por dónde empezar pero respondió todo a la perfección. Aunque era complicado por que combina el japonés con el inglés y es difícil que cambie de idiomas tan rápido. Tal vez es extranjero.

-Sin duda que lo es.

-¿Por qué lo dices, Mouko-san?

-Solo hace falta ver su estatura y sus rasgos, no son nada comunes entre japoneses, ¿no lo crees? En fin, deberías dejarlo.

-No lo hare, mi meta es que al menos me diga su nombre….

-Pues suerte con eso.

Mouko-san se había despedido para atender una llamada de sus padres, siempre era así. Aburrida busque algo en lo que ayudar y al encontrar a todos ocupados había llegado hasta los salones del primer piso de los de segundo curso.

-Oye, ¿Crees que puedas ayudarme?

Mire a un chico que estaba arriba de unas escaleras de metal sosteniendo una lona, un poco más separado había otras escaleras y en el suelo estaba la otra punta de la lona.

-Sí, claro.

-Muchas gracias, espero no te den miedo las alturas. Mi nombre es Yashiro Yukihito, perdón por pedirte esto.

-No hay problema. Mi nombre es Mogami Kyoko

-Gracias Mogami-san, solo tengo que ver si la altura y la posición está bien.

La chica asintió mientras con cuidado subía por las escaleras mientras sostenía con su mano derecha la punta de la lona.

Cuando por fina había llegado hasta arriba se sentía insegura y un poco arrepentida de haber aceptado pues podía sentir como las escaleras se tambaleaban un poco con cada movimiento que realizaba.

-Bien parece que si está bien el lugar.

Cuando Yashiro había empezado a bajar por las escaleras pudo escuchar a unos chicos reír y enseguida unos pasos corriendo a toda velocidad.

Uno de los chicos que habían pasado había empujado la escalera sobre la cual aún estaba parada haciéndola tambalear como no debía de hacerlo.

En un segundo había pasado de la estabilidad y sentí como mis pies cedieron, pero a pesar de eso la escalera aún estaba indecisa de si caer o no a pesar de que a mí ya no me había dejado la opción de no hacerlo.

Sentí como mi hombro conecto con una de las esquinas de la escalera y como si esta ya lo hubiera esperado tomo ese golpe como último impulso para terminar justo debajo de mí en donde iba a aterrizar.

Era mi fin, podía imaginarme a mí misma golpeándome la cabeza con la escalera como si el ardor en el hombro no fuera suficiente.

-¡MOGAMI-SAN!

Pude escuchar el grito de Yashiro al mismo tiempo en que caía, todo se me antojaba tan lento y tan irreal. El dolor pudo conmigo y termine perdiendo la conciencia antes de terminar de caer, ahora ya no sabría si mi destino era en verdad morir en este lugar.

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En cuanto recobre la consciencia el dolor seguía entorpeciendo mis sentidos, sentía que flotaba pero era en realidad la sensación de cuando alguien te lleva entre sus brazos. Por un momento en cuanto abrí los ojos pensé en que me encontraría con Yashiro-san pero no resulto ser como lo esperaba.

Estaba siendo cargada por el chico que ayudaba con tutorías.

¿Cómo es que había llegado hasta esta situación?

-Oh, parece que has despertado. Eso fue peligroso.

Podía escuchar su voz atravesando mis oídos, su voz como nunca la había escuchado que me dejo más aturdida que el mismo dolor. Trate de moverme pero solo conseguí recargar el hombro malo y eso me provoco un ligero gemido de dolor.

-No es bueno que te muevas, vamos hacia la enfermería.

Y era cierto ya no estábamos en el edificio, podía distinguir una de las áreas libres que habían en la escuela. Rápidamente él me llevo hasta el edificio en donde sabía que se encontraba la enfermería.

-Lo..lo siento mucho, no quería causarte problemas.

-¿Te causo miedo?

El chico se había detenido y podía sentir su mirada intensa sobre mí, observándome.

-Yo…¿Por qué lo dices?

-La primera vez que te escuche hablar empezaste de la misma forma. Lo siento, he sido muy grosero contigo. Mi nombre es Tsuruga Ren.

Eso me había sorprendido aún más, por fin había obtenido una respuesta de él, aunque suponía que era más como si sintiera pena por mí.

-¿Cómo es que me has ayudado?

-Estaba cerca cuando te vi caer y actué impulsivamente.

-Muchas gracias, no sé qué hubiera pasado si no me hubieras ayudado.

-No te preocupes.

Tsuruga-san empezó de nuevo a caminar, era un alivio tener un nombre por el cual dirigirme a él.

Cerré los ojos esperando el momento en que llegáramos a la enfermería pero de la nada el suelo empezó a vibrar e hizo que Tsuruga-san se tambaleara por el movimiento quedando arrodillado en el suelo.

Se escucharon gritos por todo el edificio y alarmas empezaron a sonar por todo el lugar.

-¿Un terremoto?

Estaba asustada, las luces parpadeaban pero como todo había empezado todo había terminado con mucha facilidad.

Un extraño humo empezó a salir por todo el lugar, podía sentir los ojos llorosos y una extraña sensación de sueño se apodero de todo mi cuerpo.

-No lo respires, no es una alarma de terremoto. Es una alarma de incendios.

Tenía razón, pero aunque me cubriera la boca el humo era asfixiante. Podía escuchar a Tsuruga-san jadear al igual que yo lo hacía y también sentía como no se había levantado de su posición arrodillada del suelo.

Tal vez si yo me bajara; lo intente pero los brazos de Tsuruga-san parecían indispuestos a soltarme por lo que continuamos con nuestra posición inmóvil en el suelo.

Se me dificultaba respirar y sentía como poco a poco el sueño me iba ganando. Sentí como Tsuruga-san me deposito en el suelo sin soltarme pero eso fue lo último que sentí.

Si tan solo me hubiera dejado ahí y se hubiera marchado él, solo tal vez ya estaría afuera respirando aire limpio. Pero no había sido así y ahora ya no había marcha atrás.

Ya no sentía nada, solo un extraño frío que había en el lugar, ¿no se supone que los incendios debían de ser calientes? No lo sabía, dolía pensar, dolía respirar. Todo era oscuridad.

Era la segunda vez en un solo día en que perdía la consciencia.