Un suave balanceo le despertó, y cuando empezaba a abrir los ojos una voz conocida para él, le hablo.

-Buenos días, ¿Qué tal has dormido?- Pregunto una mujer de unos veinti-pocos años, tenía una voz tan dulce, que hizo que Tino se sentara en la cama y viera como subía la persiana y abría la ventana.-¿Listo para otro día?

-¡Sip!- Contesto Tino mientras se calzaba las zapatillas de andar por casa.- ¿Qué hay para desayunar?

-Zumo de arándanos, un trozo de fruta y galletas.- Contesto mientras hacía la cama. Tino esperaba a que acabara su madre mientras se estiraba.

Caminaron lo dos hacía la cocina mientras Tino le contaba lo que había soñado y su madre escuchaba sonriente. Se sentaron en la mesa mientras los platos iban colocándose sobre la mesa con media pieza de naranja y tres galletas, y un vaso junto a una jarra que se inclino y vertió el contenido rojizo y de sabor dulzón de los arándanos en el vaso.

-¿Sabes qué día es hoy?- Pregunto su madre con una sonrisa, Tino le miro y negó con la cabeza.- Hoy es un día muy especial y tengo una cosa para tú.

Su madre saco un sobre y se lo tendió para que lo cogiera. Tino nada más ver el sello que estaba en medió del reverso del sobre supo de donde era la carta, la cogió y la abrió. Miro a su madre que estaba mirándole con una sonrisa, y el asintió.

-Estoy en Hogwarts, el profesor Dumbledore me ha aceptado.- Siguió leyendo la carta, llego hasta los materiales y los libros.- Mama, ¿esto lo compraremos en el callejón Diagon?

Le paso la carta a su madre, quien en cuanto la leyó asintió.

Desayunaron con la carta aun en mano, donde Tino no paraba de leerla con una sonrisa en su cara.

Con un movimiento de la varita de su madre, los platos y vasos de encima de la mesa, se elevaron en el aire y se fueron hasta el fregadero donde empezaron a limpiarse solos.

Se sentaron en el sofá mientras su madre le contaba un par de cosas de cuando ella había estado en Hogwarts.

-No es una escuela como la que has estado llendo hasta ahora, las escaleras cambian contantemente y los cuadros... había uno que era muy pesado, era un caballero, al que ni su caballo le hacía caso, pero no recuerdo su nombre...- Su madre le siguió contando varías cosas acerca de la escuela hasta que se levanto y cogió un trozo de pergamino y una pluma y escribió en ella la confirmación.

Una lechuza marrón aterrizo sobre un palo que estaba colgado de techo, esperando a que le atara la carta, para emprender el recado mandado.

-Como has visto puedes llevar una lechuza, un gato o una rana... Hanatamago, tendrá que quedarse aquí.- Ante esa noticia Tino se puso rígido y negó con la cabeza.- Vamos Tino, se puede quedar conmigo, así me hará compañía, ¿Qué te parece?

Tino asintió, no quería dejar a su perrita en casa, quería llevársela. Pero estaba prohibido. Camino hacía donde estaba la perrita y la cogió, a lo que ella respondió lamiéndole la cara.

-Lo siento Hana, no puedo llevarte conmigo...- Como si hubiera entendido lo que había dicho Hanatamago dejo de lamerle la cara y lloriqueo un poco.

Se sentaron los tres en el sofá mientras su madre le seguía contando cosas de como era el colegio. Pero en la mente de Tino, rondaba el cómo podría conseguir que Hanatamago entrara con él a Hogwarts.