Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Blood Lines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.
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Edward era padre de un niño con alguien más.
Una oleada de celos se impulsó a través de mí, arrestándose, poderosa y desgarradora. Nunca había pensado en niños, especialmente ya que no era una opción con Edward, Pero ahora, sabiendo que alguien le había dado eso, deseaba que yo hubiera sido. Quería ser yo y deseaba haber sido yo y sentía como si Lucy Catterall hubiera robado algo precioso y sagrado para mí.
Las lágrimas comenzaron a construirse en mis ojos. Lágrimas por el niño que no podría tener, y que nunca me había dado cuenta quería, hasta ahora. Esta fue la fuerza y el dolor que me sorprendieron. Envolví mis brazos alrededor de mí, como si pudiera romperme. Estaba herida.
Y luego otro tipo de celos fue rodeándome, sus dientes hundiéndose dentro y profundo. Él había estado tan cerca, íntimamente, con ella, y así é apenas podía abrir sus labios para mí. En algún lugar profundo en mi mente, podía oír él argumento racional – él era humano entonces, él no me conocía. Pero el argumento irracional era más fuerte. La había querido. Él no me quería.
Jadeé una fuerte respiración. Los celos, el dolor y la pena eran como un incendio forestal a través de mi cuerpo. Quemando mi alma como lo fue. No sabía como extinguir las llamas.
Espacio. Necesitaba espacio. Y necesitaba tiempo. Y entonces mi respiración se enganchó otra vez porque me di cuenta de que la otra cosa que necesitaba fue comodidad y mi comodidad siempre venía desde Edward. Pero no hoy. Me sentía como si lo hubiera perdido, como si me dejara otra vez. Me sentía enferma.
"Me voy ahora, Edward. Tengo que trabajar…como siento…esto." Mi voz era sorprendentemente tranquila teniendo en cuenta las emociones que estaban quemándome. Cerré mis ojos con fuerza, arrugando mi cara para detener mis lágrimas. No lo miré cuando me volví e hice mi camino de vuelta a mi camioneta. Dijo mi nombre una vez más y su voz era agónica, pero no me siguió, por eso me sentí aliviada.
Mis piernas temblaban y me concentré en mantenerme en movimiento, una tras otra, sobre el suelo. A través de los arboles pude ver mi camioneta y empecé a avanzar más rápidamente. Tenía que llegar antes de que mis piernas, finamente cedieran. Si me desplomaba aquí sabia que él vendría y no quería eso. No en este momento. La camioneta estaba cada vez más cerca – no iba a caer.
De repente, me di cuenta de que él había esperado esto. Habíamos llegado en mi camioneta, así podría llegar de vuelta a mi casa sin él. Nos habíamos quedado cerca de la camioneta por lo que fácilmente podría encontrar el camino de vuelta, sola. Nos había llevado a un lugar en el que nunca había estado, y al que probablemente no volvería, por lo que estos recuerdos no se entrometerían en mi vida. Como de costumbre, había pensado en todo. Sus palabras hace tan solo un momento hicieron eco en mi memoria, voy a estar aquí tanto como me quieras.
Me volví a mirar hacia atrás y mi corazón se atoró en mi garganta.
Edward estaba de rodillas. Su cuerpo desplomado hacia delante, con el rostro entre las manos. Era un hombre esperando la ejecución.
Y entonces me enfurecí de nuevo. No solo por lo que me había dicho. Estaba enojada porque no podía dejarlo. No podía caminar lejos a pesar de que quería. Me arrastre de vuelta al claro y estaba sorprendida de ver que se sobresalto.
"Edward, cómo te atreves." Su cabeza se levantó y sus ojos estaban abiertos sobre los míos. Le grite.
"Debería estar furiosa contigo."
"Bella,…"
"¡Cállate, Edward! Debería estar furiosa contigo, pero te di una mirada y no pude dejarte. Trate de ir lejos y no pude. ¡Como te atreves a hacerme esto!"
Respiraba con tanta dificultad, casi jadeaba de rabia. Todavía estaba de rodillas delante de mí. Ojos torturados, tomando todo lo que le lancé. Y entonces mis lágrimas cayeron de verdad. Primero un sollozo ahogado, luego la humedad en mis ojos, una pequeña lágrima apareció por el borde y cayó por mi mejilla. Otras la siguieron rápidamente. Edward se acerco a mí, pero levanté mi mano para detenerlo.
"No lo hagas. Solo...no." Dejó caer las manos a sus costados y se sentó sobre sus talones. Finalmente sentí mis rodillas traicionarme y me dejé caer sobre el tronco. "No me toques."
Las lágrimas caían rápidamente por mis mejillas ahora y las llamas de los celos todavía ardían profundas.
"Este es mi turno para estar furiosa," dije en voz baja mientras mi cuerpo se estremecía en sollozos.
Edward se sentó, quieto y en silencio, su cara gravada con profundo, profundo dolor, mientras yo lloraba. Nos quedamos así por algún tiempo.
"¿Bella?" su voz era vacilante, temerosa. Sacudí mi cabeza. No estaba lista todavía para hablar con él. ¿O lo era yo?
"¿Por qué no tienes sexo conmigo, Edward?" Lo miré directamente a los ojos – lo que fue un reto. Encontró mi mirada.
"Es una situación enteramente diferente, Bella." Habló en voz baja.
Eche mi cabeza hacia atrás.
"Fuiste capaz de tener sexo con ella, Edward. Alguien que dices apenas conocías. Pero yo…"Pinche mi dedo en mi pecho. "Yo…la única a la que dices amar, te apartas. ¡Una y otra vez!" Negué, como si limpiara algo de dolor. "Quiero decir, obviamente, tu puedes…estar…con cualquiera, Edward. ¡Con tal que no sea yo!" Le escupí las últimas palabras.
Retrocedió.
"No, Bella."
"Exactamente. No Bella. Eso es lo que oigo. Tal vez debería usar faldas largas, reírme, cerrar mi habitación y esconder la llave en mi…corsé, o lo que fuera. ¿Te ayudaría?"
El dolor, los celos y la rabia fueron abrumándome y trajeron una ronda se sollozos salvaje que no podía controlar, y ni siquiera intentaba.
"Bella, por favor…" Edward se acercó a mi otra vez, su voz reflejando su tormento. Palmeé sus manos alejándolas.
"No."
Se sentó sobre sus talones de nuevo y puso su rostro entre sus manos. "Bella…" gimió. Estaba muy quieto.
Dejé los sollozos venir. No podía parar. En algún momento caí al suelo, sentada en la suciedad, apoyando mi cabeza sobre el musgo del tronco mientras mi dolor trataba de llorar fuera de mí. Después de un largo tiempo mis lágrimas comenzaron a disminuir y calmarse. Tenía la garganta áspera y mis ojos picaban. Había marcas de medias luna en mis manos donde clave mis uñas. No lo sentí siquiera. Los celos y el dolor que habían nublado mi corazón y mi mente comenzaron a aclararse, el fuego perdiendo fuerza poco a poco. Tal vez estaba demasiado cansada como para sentir nada más – no lo sabía. Cerré mis ojos.
"Le diste a ella una parte de ti que debía haber sido mío," susurré. "Mío"
Y entonces dejó ir un largo suspiro.
"Yo soy tuyo, Bella."
Sentí sus dedos fríos tocar mi mano, tan gentilmente.
"No," dije en voz baja.
Instantáneamente, sus dedos se detuvieron. Abrí mis ojos. Edward se había ido.
Levante la cabeza y vi su tormenta cruzando el claro. Hacia una acumulaciones de rocas reunidas alrededor de los arboles. Él gruñía, le podía oír, y sus puños estaban apretados a sus costados. Vi como se detuvo en las rocas más cercanas. De pie, las piernas separadas a su ancho, echo su brazo atrás y le dio un puñetazo a la roca. Hubo un ensordecedor crack y una grieta abierta en la superficie del granito. Edward sacó su mano y la estrelló en la roca de nuevo. Y otra vez. Y otra vez. La fuerza de cada golpe era obvia como la roca se agrietó y se derrumbó a sus pies con fuerza. A través de su camisa podía ver los músculos de su espalda mientras se contraían y tensaban con cada golpe de su puño. Otro gruñido, otro golpe. Otra vez. Otra vez. Otra vez.
Un momento después se hizo silencio, la roca, escombros sobre el suelo. Se puso de pie, la cabeza inclinada y los ojos cerrados, respirando con dificultad. Su pecho que agitaba mientras apretaba y aflojaba sus puños una y otra vez a sus costados.
Me puse de pie. Nunca había visto a Edward perder el control así, tan enojado, y fue escalofriante. Un estremecimiento rápido me atravesó y fue el comienzo de una realización – empecé a ver lo mucho que él sufría, también.
Su mandíbula estaba apretada, sus ojos quemando mientras se volvió hacia mi cara, lentamente.
"Yo soy tuyo, Bella." La emoción en su voz, en sus ojos, hizo mi respiración detenerse. "Con todo lo que soy, soy tuyo." Caminó a través del claro, se detuvo frente a mí. Sus ojos estaban en mí, quemándome. "Hasta que el tiempo se detenga, hasta que deje de existir. Yo. Soy. Tuyo."
Sentí algo de los celos y dolor desaparecer. Suspiré y froté mis ojos. Estaban hinchados, los parpados realmente se sentían esponjosos.
No quería decir nada, mi garganta dolía mucho, pero después de un largo momento de tal intensidad necesitaba romper el silencio.
"¿Estás seguro de que el niño era tuyo?" Mi voz era áspera.
Dejo escapar un respiro y asintió. "Así como lo digo. Todas las fechas coinciden."
Supongo que, siendo Edward, habría comprobado muy bien antes de decirme.
"Y Carlisle lo sabe, obviamente." Otro gruñido.
"¿El resto de tu familia?"
"Carlisle se ofreció a decirles cuando llegara a casa. Ellos deberían saber ahora."
Me senté de nuevo en el tronco.
"Así que todas esas cosas en educación sexual no solo eran tácticas de miedo." Di una risa y estuve sorprendida por como áspera sonaba.
Edward metió sus manos en los bolsillos y sacudió la cabeza lentamente. "Hablé con Carlisle tan pronto como me enteré. Sabía que cosas como estas pueden ocurrir, pero Carlisle confirmó que era enteramente posible." Tentativamente, se sentó en el árbol junto a mí.
No lo miré, sentándome en cambio en un bicho luchando por abrirse camino en la madera. ¿Por qué solo no iba alrededor en su lugar? Estúpido bicho.
"Entonces, ¿esa era la parte de tu tiempo humano del que necesitabas contarme?"
"Si."
Me frote la cara con mi brazo.
"¿Esta es la peor de tus noticias, entonces?"
"Eso creo," su voz era muy tranquila, nerviosa. Y entonces un pensamiento se me ocurrió.
"¿Sique vivo…tu hijo?"
"Si, lo está."
Respiré profundo. Ahí estaba, otra patada en los intestinos. Había pruebas de esa noche con Lucy. Prueba viviente de que Edward había estado con alguien más. Mi cabeza daba vueltas e hice un rápido cálculo mental para distraer la imagen de ellos juntos. "¿Tiene ochenta y siete?"
Edward asintió.
"¿Cuál es su nombre?"
"George Rigby."
Tragué saliva, con fuerza. George.
Y luego otro pensamiento llegó hasta mí y tuve que luchar con los celos que surgieron de mí.
"¿Así que hay una dinastía de ti por ahí en alguna parte?" Intenté una carcajada. No funcionó.
Dudó. "Yo…yo no sé."
Eso me sorprendió. Pensé que habría tenido investigado el asunto para ahora.
"¿Por qué no lo sabes?"
Se arrodilló delante mi otra vez, sus ojos fijos en los míos. Su expresión dura, su mandíbula apretada, como si se estuviera preparando para un gran impacto.
"Acera de eso es lo que me gustaría hablar contigo. Tengo algo de información, pero no toda. No quería ir más lejos con el asunto, hasta habértelo dicho. Esto nos envuelve a ambos, Bella. Al menos, espero que así sea."
Su rostro estaba implorando. Sus largos dedos estaban extendidos sobre sus piernas, enterrándolos en sus muslos. Me miró profundamente y pude ver la verdad y el amor en sus ojos. Seguía siendo el hombre que amaba. Seguía siendo mi Edward. Y él tenía miedo. No me había engañado. Las circunstancias fueron menos románticas, y, fue mucho tiempo atrás. Le creí cuando dijo que no había guardado esta particular memoria humana. Yo sabía que me amaba. Yo sabía que él me quería, como yo lo quería a él. Podía ver todo eso.
Y sabía que sería mi mundo sin él. Tomé una respiración profunda.
"Es así," dije simplemente y tendí mi mano hacia él.
La mano que llevaba su anillo.
La cabeza de Edward cayó hacia atrás y un gemido de alivio escapó de él. Dejó caer su cabeza hacia delante otra vez mientras extendía su mano y muy suavemente tomó la mano que le ofrecía.
"Lo siento tanto, Bella. No hay palabras…no voy a pedir tu perdón, yo solo espero…," se detuvo cuando moví mi cabeza.
"¿No hay realmente nada que perdonar, lo hay Edward? No realmente." Mi voz sonaba tan cansada. "No es como que me hubieras engañando."
"No. Eso nunca sucederá." Sus palabras fueron feroces.
"Lo sé." Acaricié con mi pulgar su muñeca. "Sé eso. Sólo me siento engañada." Sus ojos cayeron y lo vi temblar. "No por ti, solo por las circunstancias, supongo."
Limpié mis ojos. ¿Podrían sentirse alguna vez normal otra vez? ¿Podría yo?
"Y sé que no recordabas a…Lucy." Su nombre se atasco un momento en mi garganta. "Creo eso." Suspire. "Yo te creo."
Me miró entonces y el dolor todavía era evidente en sus ojos. Me sonrió y extendí mi mano para acariciar su mejilla. Acaricio su rostro con mi palma.
"Te amo, Bella." Susurró.
"Lo sé."
Tomó una honda respiración y se levantó de sus rodillas, viniendo a sentarse a mi lado en el tronco. A pesar de que mantenía sosteniendo mi mano dejó algo de espacio entre nosotros. No me moví para cerrarla. Estaba siendo de lo peor, pero aun me sentía destrozada. A nuestro alrededor la vida del bosque pasó. Podía oír los pájaros y el viento ocasionalmente agitando las hojas en el suelo. Todo como si nada hubiera pasado. Como si este fuera sólo un día normal.
"¿Qué pasa ahora?" Le pregunté después de un momento.
Edward tragó antes de contestar. "Todo depende," dijo en voz baja, pero no dio más detalles.
Puse mi mano libre bajo su barbilla e incliné su cabeza para que me mirara. Sus ojos eran negros.
"Creo que deberías cazar. Hoy."
Negó con su cabeza. "No. No ahora…"
"Realmente Edward, creo que debería ser mejor si te vas ahora." Se sobresaltó.
"Quiero decir por unas pocas horas. Necesitas cazar, Edward. Las cosas parasen peores con el estómago vacío, ya sabes." Una esquina de su boca tembló ligeramente.
"¿Vas a volver a la casa y esperarme allí?" preguntó pero negué con la cabeza.
"No. Creo que me gustaría volver donde Charlie. Tú sabes, sólo estar sola por un tiempo." Volvió la mirada al suelo y arrastró sus pies sobre la tierra. Apreté su mano.
"Ha sido un shock, Edward. Para ambos, lo sé, pero haz tenido tres días teniendo tu cabeza en esto. Yo voy a necesitar algo de tiempo."
Sus labios se apretaron. "Por supuesto. Entiendo."
Seguí acariciando su muñeca con mi pulgar.
"¿Tal vez podrías venir mañana?"
Él sonrió levemente y sus ojos parecían solo un poco más tranquilos cuando me miró.
"Me gustaría eso. Gracias."
···/···
Me alegré de que Charlie no volviera hasta tarde. No es como que él fuera un gran conversador, pero sólo quería estar sola. Me senté en mi cama y mire alrededor de mi habitación. Todo estaba igual, pero de laguna manera no. Edward tiene un hijo. Me acurruqué en mi almohada. Siempre sería igual entre nosotros. Esta parte de su pasado estaba enterrado en nuestro presente y siempre estaría allí. Ugh. ¿Los imaginaría juntos cada vez que nos besemos? ¿Estaría el recuerdo en nuestra noche de bodas? ¿Haría él comparaciones? Tiré la almohada sobre mi cabeza y pataleé mis pies sobre el colchón.
¿Cómo otras personas tratan con sus ex novios? Me pregunté si debía hablar con alguien acerca de esto, pero mis opiniones se limitaban a…cero. Jacob era la única persona con la que sería capaz de desahogarme, sin tener que ocultar el factor vampiro, pero él me estaba evitando en algún lugar de las tierras de Canadá. Como siempre, mi corazón dio un pequeño giro en la memoria de la última vez que hablamos. Entonces me imaginada que le diría acerca de su ultimo desarrollo y tal vez fue mejor que él no estuviera aquí para hablar después de todo.
Tal vez podía llamar a Ángela. Pensé que podía decirle en torno a que Edward había tenido una novia antes de mí. ¿Cómo debería manejarlo? Pero sabía que no llamaría. No era el tipo de persona que solicita ayuda u opinión externa para mis problemas. Los revolvía por mi misma y trabajaba en ellos sola.
De pronto la casa estaba muy tranquila, muy quieta. Tenía que salir. Agarré mi bolsa, subí a mi camioneta y me dirigí fuera del pueblo.
Sólo un poco más tarde de una hora estaba en Port Angels y el cambio de escenario me estaba ayudando. Lejos de Forks, lejos de Edward, era capaz de pensar más claramente. Caminé hacia el puerto y encontré un lugar en el que podía sentarme y mirar a los barcos.
Al principio no me permití pensar en Edward. O Lucy. En lugar de eso me enfoqué en el agua, las gaviotas y el débil rayo de sol que estaba tratando de romper a través de las nubes. Los barcos, balanceándose arriba y abajo suavemente sobre el agua. El perro que ladraba, cerca del muelle. Familias jugando en el parque cercano. Niños. El hijo de Edward. Y estaba de nuevo en el comienzo.
Dejé escapar un suspiro y frote mis dedos en mis adoloridas sienes. ¿Por qué no podía Edward solamente transformarme ahora, y entonces podría olvidar esta memoria humana?
Envolví mis brazos alrededor de mi pecho y me abracé, tratando de aliviar algo del dolor que estaba allí. Había sido una gran shock. Habíamos estado tan absortos en nuestra pequeña burbuja por tanto tiempo; creyendo que nunca había habido alguien más además de nosotros. Ahora nuestra burbuja había estallado.
Estábamos cerca de seis semanas de casarnos. No sabía si podía hacerlo. No creo que podía ponerme en pie y me comprometerme con él teniendo la memoria de Lucy flotando en medio de nosotros. ¿Qué pasa si su memoria humana es defectuosa? ¿Qué si hubo más entre ellos de lo que recordaba – o estaba dispuesto a decirme? Seis semanas era demasiado pronto. No era demasiado para dejar pasar.
Sólo quería todo quede atrás. Pasar de esto. Hacer un trato con esto y dejarlo ir por otro lado de nuevo. Quería estar en ese otro lado "Me dio risa, pensando de repente en la vieja broma de la gallina que se cruzó por la carretera. ¿Por qué Edward y Bella tiene una pelea? Para llegar al otro lado." Y si íbamos a legar al otro lado, primero teníamos que comenzar por cruzar la calle.
Y entonces me sentí más calmada. Íbamos a salir de esto, teníamos que hacer la partida.
···/···
Llegué de vuelta a Forks cerca de la cena. Charlie ya estaba en casa después de la pesca y cominos tranquilamente y luego, mientras se instalaba delante de la pantalla plana, subí escaleras arriba para estudiar acerca de la etiqueta de principios del siglo 20.
Pasé unas relajantes horas de la tarde en una librería de Port Angels y en la sección de segunda mano, un libro en particular llamó mi atención. Las esquinas de sus hojas se encontraban dobladas y su cobertura muy gastada, pero el titulo estaba impreso fuerte y claro, Los Hábitos de una Buena Sociedad; Guía de modales y etiqueta para Jóvenes, Damas y Caballeros. Había sido impreso en 1912. Pensé que podía darme alguna idea de los años humanos de Edward.
Durante las siguientes horas, me enteré que era de mala educación quitarse los guantes durante una visita. Una mujer soltera y un caballero jamás deberían estar en una habitación solos. Una pareja casada nunca debe mostrar cualquier tipo de afecto en un lugar público. Damas y caballeros no tenían permitido bailar juntos a menos que fueran presentados por un tercero. La mansedumbre y la modestia eran consideradas la mayor virtud en una mujer. Un caballero podía besar delicadamente la mano de una dama, la frente o al menos, su mejilla. Una dama jamás debe dejarse ser besada en los labios o ser tratada de este modo por un caballero que no fuera su marido. Un caballero no debe sentarse al lado de una dama que es extraña para él. Los guantes deben ser usados en todo momento cuando se baila para evitar el contacto de la piel.
La lista seguía. Las reglas eran estrictas e impecables y habían sido integradas en la educación de Edward. El comportamiento de Lucy debió haber sido un shock para él, pero su propio comportamiento aún más, pensar que él había cruzado las líneas de la propiedad social y potencialmente dañado la reputación de una joven mujer. Sentí una oleada de dolor atravesándome. No era por mí esta vez, era por Edward. Me pregunte si su autocompasión había comenzado antes de que él fuera un vampiro.
Súbitamente, quería verlo. Quería empezar a cruzar la calle. El reloj me dijo que eran las 12:03 am. Demasiado tarde para salir, Charlie escucharía la camioneta y me preguntaría que estaba pasando. Pero no era demasiado tarde para que él viniera. Agarré mi teléfono y marqué. Sólo sonó una vez.
"Bella," pude escuchar el fuerte alivio en su voz.
"Um, hola," me sentí incomoda de repente.
"Es tarde. ¿Está algo mal?"
"No, yo solo…bueno, antes, cuando nos despedimos en el claro…"
"¿Si?"
"Acordaste venir mañana."
Silencio.
Trague saliva y miré el reloj de nuevo. 12:04 am. "Bueno, es mañana, Edward…"
Su teléfono se cortó. Me acosté contra mi almohada, sorprendida. ¿Qué había pasado, estábamos cortando? ¿Me colgó? Lentamente me acerqué y tomé el teléfono desde la mesilla de noche. Tal vez él no quería verme todavía.
A las 12:05 am. Edward llegó a través de la ventana de mi habitación. Su pelo revuelto por el viento, e incluso en la tenue luz de mi lámpara de noche pude ver que sus ojos eran ahora de un suave color dorado.
"¿Bella?" hablaba en voz baja, su expresión cautelosa. Le sonreí desde donde estaba sentada en la cama.
"¿Estás bien?" preguntó intencionadamente y sabía que estaba sugiriendo con esa simple pregunta. Le tendí mi mano.
"Lo estaré, Edward." Uno de los lados de su boca se curvó en una sonrisa y vacilante me tomó la mano. "Estoy mejor de lo que estaba en la mañana."
Levantó sus cejas y asintió ligeramente hacia la cama, pidiendo permiso para sentarse a mi lado. Me hice a un lado y se sentó junto a mí.
"¿Buena caza?" Pregunté casualmente.
"No estuvo mal." Pasó sus dedos por el pelo. "Bella, lo sie…"
Lo detuve rápidamente. "No Edward, no más disculpas, por favor. Si vamos a trabajar en esto tenemos que dejarlo atrás. Sé que lo sientes." Bajó la cabeza y sabía que quería decirlo de nuevo.
"Pero también sé que me amas. Y sé que te amo." Su cabeza se levantó y había tanta ternura y esperanza en sus ojos cuando me miró. Sentí mi corazón saltar un poco. "Y eso es lo más importante, ¿no lo es?"
"Si," susurró.
"Por lo tanto, olvidemos las disculpas y sigamos adelante." Tomé un respiro después de mi pequeño discurso. Edward estaba mirándome atentamente.
"Sólo quiero ser claro, qué quieres decir por 'seguir adelante,'" dijo lentamente.
Mordí mi labio y salté, botas y todo.
"Creo que deberíamos averiguar porque George está buscándote."
Él tomó una lenta respiración y la dejó escapar entre sus dientes. "¿Estás segura?" preguntó.
Mi turno para una lenta respiración. "Si, estoy segura. ¿Por dónde empezamos?"
Edward se encogió de hombros.
"Tengo algunos documentos que los abogados me dieron. No los he mirado todos sin embargo, estaba esperando…" vaciló. "Supongo que podríamos empezar por ahí."
Asentí. "Bueno, vamos a empezar por ahí. Mañana." Su mano apretó la mía. "Voy a ser honesta Edward. Esto no será fácil. Todavía…me duele." Abrió la boca y levante mi mano para detenerlo. "Pero yo quiero trabajar en esto contigo." Apreté su mano de vuelta y luego bostecé, como si una ola de pesado cansancio me golpeara. Después de la mayoría de los agotados días de mi vida, mi cuerpo estaba finalmente diciéndome que parara y ahora, repentinamente, no podía mantener mis ojos abiertos.
Inmediatamente, Edward se puse de pie.
"Estás cansada. Me voy ahora," se volvió hacia la ventana. Dude brevemente y casi le pido que se quedara. Pero no, todavía no. Era demasiado pronto. No seria capaz de acostarme con él en mi cama sin saber si había estado de esa manera con Lucy.
"¿Te veré mañana, entonces?" pregunté en vez.
"Si, si lo deseas." Me dio una triste sonrisa.
"Lo deseo."
···/···
Me desperté con un dolor de cabeza y mis ojos se sentían densos y pegajosos. El recuerdo del día anterior me inundó y un pesado nudo se asentó en mi estomago. Una lágrima escapó de mis ojos y la sal picó.
Me duché, vestí y comí unas tostadas y cereal antes de que Edward llegara como prometió. A pesar del nudo en mi interior me encontré a mi misma sonriendo cuando abrí la puerta y lo vi allí. Estaba segura que estaría mejor, eventualmente.
"Buenos días," dijo dándome una sonrisa, pero no se movió para besarme como normalmente haría. De alguna manera parecía más seguro de si mismo que ayer. Sus ojos seguían ansiosos.
"Hola." Extendí mi mano y de di un beso en la mejilla. Vi sus manos ir a mí, pero se detuvo y las metió en los bolsillos en su lugar.
"Entonces, ¿estás listo?" Le pregunté.
"¿Para qué?"
Tomé una profunda respiración. "Bueno, pensé que podríamos ir por esos papeles de los que hablaste anoche." Tragué saliva. Había trabajado muy duro para mantener mi voz y aun tratando de recordar porque pensé que esto era una buena idea, en primer lugar.
Edward vio mi cara cuidadosamente. "Bella, estoy más agradecido de lo que podrías saber, de que estés dispuesta a pasar por todo esto conmigo," sonrió torcidamente, "pero no tiene que ser hoy…"
Tragué y luego cuadré mis hombros.
"No, vamos a hacerlo ahora." Lo adelanté, a través de la puerta y a la puerta del Volvo.
La casa de los Cullen estaba tranquila cuando llegamos.
"Nadie está en casa." Edward explicó cuando entramos por la puerta principal. "Carlisle pensó que podía hacer las cosas más fáciles para nosotros si tuviéramos la casa para nosotros. Sin interrupciones."
"Muy atento," le dije mientras nos dirigíamos a las escaleras.
"Aunque no se por cuanto tiempo pueda mantener a Alice lejos. Ella está desesperada por verte pero, también se da cuenta de que tú…nosotros…necesitamos espacio."
Estaba curiosa ahora. "¿Cómo lo tomó el resto de tu familia?"
Dejó escapar un suspiro fuerte mientras entramos a su habitación.
"Bueno, todos consternados. Alice ha sido de apoyo, y Esme. Emmett ha sido, bueno Emmett – te lo puedes imaginar. Está tratando de ser de apoyo pero honestamente, si me da otra palmada cordial en la espalda le arranco el brazo." Negó con la cabeza.
"Jasper ha sido tranquilamente comprensivo. Rosalie…ha sido vocal."
"¿Vocal?" Me senté en la cama mientras él todavía estaba en la puerta.
"¿Sabes que sus instintos maternales son muy fuertes todavía? Bueno ella está teniendo problemas para lidiar con la idea de que…" arrastró.
"Lo entiendo," le dije, salvándolo de tener que explicar. Nos quedamos en silencio por un momento, él todavía estaba en la puerta.
"Bueno, ¿vamos a comenzar? ¿antes de que estén de vuelta?" Yo parecía más dispuesta de lo que sentía.
Edward asintió y caminó hasta su escritorio. Abrió un cajón y sacó un gran sobre blanco. Se acercó y se subió a la cama, doblando las piernas debajo de él. Sus largos dedos tiraron de la solapa y lo abrió.
"Edward, detente." Su cabeza giró para mirarme y sus manos se congelaron en el sobre.
"No en tu cama. No creo que pueda…quiero decir, no creo que quiera estar en tu cama mientras estemos discutiendo lo de Lucy. ¿Podemos sentarnos en el sofá?"
"Por supuesto," se movió rápidamente al sofá de cuero negro, que había sido empujado en contra de los estantes y me uní a él allí.
Edward abrió el sobre y sacó un fajo de documentos, extendiéndolos sobre el sofá entre nosotros.
Allí estaba el correo que había recibido el miércoles, avisándole que George Rigby estaba buscando antecedentes de su padre, Edward Anthony Masen, quien se había comprometido con Lucy Catterall en 1918. Había una copia del certificado de nacimiento de George Rigby, nombrando a Jonathan Rigby como su padre. La fecha era 2 de Febrero de 1919. Había una copia del certificado de nacimiento de Edward, el cual era interesante. Y una copia del de Lucy – que no lo era. Estaba sobre él. Había también un certificado de matrimonio de Lucy con Jonathan Rigby, fechado el 31 de Agosto de 1918.
A pesar de que no eras más que copias Edward los tomaba con delicadez. Yo no toque nada.
Entonces lo vi. Una fotocopia del la notificación del compromiso, tomado de los periódicos archivados en la biblioteca de Chicago.
Compromiso
Ellen y Albert Catterall anuncian el compromiso de su hija menor,
Lucy Ellen
Con Edward Anthony Masen,
Único hijo de Elizabeth y Edward Masen Sr.
Estaba allí, en blanco y negro. Pensé que iba a estar enferma.
"¿Bella?" La voz de Edward sonaba muy lejos. "Bella, podemos parar." Comenzó a meter los documentos de vuelta al sobre. Tragué, respiré y puse mi mano sobre la suya.
"Está bien, Edward."
"No," negó con su cabeza y puso el sobre encima el escritorio nuevamente.
"Edward," se detuvo y me miró. Sabía que el dolor en sus ojos emparejaba a los míos. "No va a ser mejor si sólo lo ignoramos."
Lentamente se volvió a sentar. Muy lentamente puso un gentil, apenas existente beso en mi frente.
"Eres las persona más fuerte que conozco," dijo en voz baja.
A continuación sacó un sobre más pequeño. Dentro había una carta escrita a maquina.
Querido Señor Masen,
Esta carta está obligada a ser una sorpresa apara usted. Por favor, déjeme expresar desde el principio que no queremos hacer ninguna reclamación a usted o a cualquier miembro de su familia.
Le escribo en nombre de mi abuelo, George Rigby. Él está tratando de restear a la familia de Edward Anthony Masen, quien nació en Chicago en 1901.
Mi abuelo cree que su nacimiento pudo haber sido el resultado de un corto compromiso entre su madre Lucy Catterall Rigby, y Edward Masen en Mayo de 1918. Adjunto documentos que creemos apoyan esto.
Mi abuelo tiene ahora 87 años y con mala salud. Su único deseo es encontrar a alguien de la familia de Edward Masen y esperanzadamente aprender un poco sobre el padre que nunca conoció.
Cualquier ayuda o información que usted pudiera darle seria muy apreciada.
Saluda sinceramente.
Rebecca Rigby.
Edward estaba completamente inmóvil, creo que no estaba respirando. Entonces me di cuenta de que sus manos temblaban, muy ligeramente.
El nudo en mi estomago apretaba, pero no era tan malo como ver el anuncio de su compromiso. Me había preparado para lo de los nietos.
"Tienes una bisnieta," susurré, tratando de mantener el temblor fuera de mi voz.
"Si," su voz era incluso más baja que la mía.
Silencio.
"Así que ahora sabemos exactamente quien, y porque, supongo."
"Si."
"¿Estás bien?" Pregunté. Quería preguntarle que iba a hacer al respecto, pero era demasiado pronto. Sabia que cualquier respuesta a Rebecca Rigby tendría mucha consideración. Aparte de cualquier cosa, no podía arriesgarse a exponer lo que era.
No respondió al principio y luego muy lentamente asintió. Extendí mi mano y le di un apretón. Apretó de vuelta. Estuvimos en silencio un momento, absorbiendo esta nueva información.
"¿Hay algo más ahí dentro?" Señalé el sobre.
Exhaló bruscamente.
"Sólo esto." Inclinó el sobe y extrajo un pequeño libro, encuadernado en cuero. La palabra Diario estaba escrita en letras doradas en el frente. No podía quitar mis ojos de él.
"¿Es el…?" no pude terminar.
"El diario de Lucy. Si"
"Oh." Ese nudo en el estómago se apretó aun más. "Es el original. Me sorprende que no hayan enviado una copia."
"No se supone que lo tenga. Fue dejado en confianza con los abogados para que pudiera verlo solo en sus oficinas. Pero Carlisle los persuadió para que pudiera llevármelo." Dio una pequeña sonrisa. Podía imaginar a Carlisle deslumbrando al algún socio menor.
Ninguno de los dos se movió para abrir el pequeño libro. Estaba ahí, como una granada con el tirador pasado.
"Lo has…"
"No, no lo he leído. Hasta ahora solo he mirado los certificados de nacimiento y matrimonio." Hizo una pausa. "No se si puedo."
Comprendí lo que estaba pasando por su mente. "Estás preocupado por las cosas que puedas descubrir de ti mismo y que no quieres saber."
Me miró con alivio y asistió. "Tengo miedo, Bella. Que si…" comenzó a hablar tan rápidamente que tenia que concentrarme para escucharle. "¿Qué si no es cómo yo lo recuerdo? ¿Qué si…que si era yo quien lo había iniciado? ¿Qué si yo solo…?" se agarró la cabeza con las manos
Me moví para poner mis brazos alrededor de sus hombros. Se quedó muy quieto.
"Se que no lo hiciste, Edward. Ese no eres tú," dije en voz baja. "Tú nunca…"
Se incorporó de repente, sorprendiéndome con la rapidez de sus movimientos. Extendió la mano y cogió el pequeño libro. Lentamente abrió el libro y comenzamos a leer.
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Hola!
Y que les pareció este capítulo? Muchas emociones?
Pasaron muchas cosas…Bella explota, Edward se sale de control…Bella piensa, Edward pide perdón…Y además la prueba viviente de que el hijo si existe…bisnieta y todo. Que harán estos dos? Espero comentarios. Y gracias por los anteriores, no sé si la historia tuvo buena recepción, espero que si…
Muchos cariños a Facata, por ayudarme en algunas partes de este capítulo y con algunos que siguen…
Ok, bye.
