AQUIESCENCIA


Katara lo observó con recelo, embelesada por la llama que sostenía con facilidad en la palma de la mano, pequeña y casi juguetona, por la forma en que bailaba, proyectando sombras en las paredes, sobre su rostro, y sus ojos (que era imposible que estuvieranbrillandoy eran de un cautivante tono dorado que combinaba con la llama central que se cernía sobre su mano – ¿y qué estaba haciendo ella pensando en eso?)

-Yo tampoco puedo dormir porque estoy aquí.


Capítulo II

Sobre el fuego


¿Cómo esperaba que respondiera a tal declaración? ¿Estaba siendo sarcástico? Posiblemente, ¿gracioso? Katara no estaba segura de que pensar, cómo reaccionar, y se decidió por mantener su tono altanero.

-Probablemente sería mejor para los dos si no durmieras aquí, entonces –replicó con remilgo, sin tratar de esconder siquiera su desprecio. La débil luz del fuego en su mano era suficiente para que pudiera ver que a su rostro no le afectó la respuesta. O se había acostumbrado a el escarnio o simplemente no le importaba. Probablemente ambas. No debería sorprenderle, en verdad. En retrospectiva, todo se estaban molestando con ella por su actitud pesimista hacia el miembro más nuevo del equipo – especialmente Toph, quien nunca desperdiciaba una oportunidad para reprenderla por ello (Cielos, Princesita, ¿alguien mezcló tu salero con tu azucarero o algo?) ¿Por qué Zuko, la cruz de su existencia, debería de estar exento? Incluso así, Katara dejaba que sus instintos mandaran sobre su lógica siempre que dicho príncipe estuviera involucrado, y aprovechaba cada oportunidad para fulminarlo con la mirada, o al menos mostrar su desaprobación ante su presencia. La mitad de la noche no sería ninguna excepción.

Zuko, por el otro lado, no mordió el anzuelo y sólo la miró arqueando la ceja que el cabello cubría. Esta chica, esta maestra agua, era tan diferente como la noche y el día. Un momento era dulce y maternal, sonriendo y riendo, al siguiente escupía fuego como los mismos maestros de fuego control que él y Aang habían encontrado no hacía mucho. Su desdén no le era ajeno; al contrario, Zuko estaba en realidad bastante familiarizado con tal rencor y desconfianza. Sus experiencias con los hombres que manejaban sus barcos, con su padre, con Azula, sólo hacían su desagrado infantil aún más irrisorio. Pero él no se reiría, ah no, eso sería un error, y por tanto permaneció impasible, sereno y tal vez solo un poquito cansado, esperando a que dijera algo más. El último comentario que había hecho parecía inconcluso y colgaba en el silencio entre ellos.

Cuando solo permaneció de pie en la entrada a su recámara, con el rostro escondido en la oscuridad, Zuko se encogió de hombros y se atrevió a hablar de nuevo – nunca lo admitiría, pero encontraba su obvia repugnancia hacia él divertida solo porque la hacía ponerse nerviosa. Podía no ser la mejor razón para molestarla, pero ella estaba siendo demasiado testaruda para siquiera reconocer su cortesía. ¿Por qué molestarse en intentarlo otra vez? Como Sokka una vez había dicho: "Ella irá a visitarte, o descubrirás que en realidad todavía mojas la cama". Por alguna razón, Zuko no podía ver a la maestra agua tan infantil, pero tampoco imaginó que ella le tendría una aversión tan grande.

Y no, el comentario de Sokka noera la razón de que no pudiera dormir esa noche (o ninguna de las anteriores), era el atronador hecho de que aunque ahora estaba en lo que la mayoría consideraría el "lado bueno", la vida seguiría siendo muy, dolorosamente, frustrantementedifícil. Pero, vamos, el universo lo odiaba después de todo.

Debió de haberlo visto venir.

-Entonces… -empezó despacio, como tomándose el tiempo de escoger sus palabras-, ¿dónde preferirías que durmiera?

Katara sintió que sus músculos se tensaban y entró con hostilidad en la habitación, escatimando piedad con el chico de fuego.

-¡Te diré donde puedes dormir exactamente…! –las palabras apenas salieron de sus labios en un tartamudeo desastroso cuando una voz familiar interrumpió algo que prometía ser insultante y crudo.

-¿Está despierto? ¿Puedo comenzar a entrenar ahora?

Ella contuvo su ofensa verbal, tragando el ácido que quedaba en su tono, y se volvió para mirar al joven y brillante maestro aire de pie detrás de ella, con los ojos enormes y de niño en su ingenuidad. Ella casi había perdido los estribos otra vez, y La sabía que a Aang no le gustaba cuando discutía con Zuko, lo cual era bastante irónico considerando su pasado. Pero ella respetaba a Aang, lo quería lo suficiente para tratar de ser amable, o al menos civilizada, a pesar de sus instintos (que, mentalmente agregó, no eran para nada como los de su hermano).

-Ah, sí, está despierto –contestó la chica con una sonrisa forzada-. Pero no estoy segura de que ahora es la mejor hora para estar entrenando, Aang.

Su nombre, su nombre deslizándose de sus labios, era tan deliciosamente epifánico que el Avatar tuvo que parpadear para salir de un momentáneo lapso de juicio. Era difícil olvidar que la había besado unos días antes, que realmente había sentido esos labios sobre los suyos, y que a ella no le importaba (o parecía no importarle). Él todavía se estaba recuperando de la conmoción – no todos los días besaba al amor de su vida, después de todo. Con una carcajada incómoda, el maestro aire levantó la mano para rascarse la nuca y se encogió de hombros.

-Bueno, yo estoy listo cuando sea que el Profesor Calor lo esté –exclamó con exuberancia, destellando una sonrisa mostrando los dientes para la maestra agua.

(-¡Deja de llamarme así! –Gruñó Zuko desde su cama, siendo ignorado olímpicamente por el dúo.)

-Supongo que sí tengo un largo día de entrenamiento esperándome mañana, me voy a dormir.

Katara le dedicó algo que se parecía a una sonrisa sincera, sus ojos, antes lívidos para con el maestro fuego, ahora cálidos y adorables.

-Buenas noches, Aang –incluso su tono era suave, casi una caricia-, que duermas bien.

Él se detuvo, dándole a la joven de la Tribu Agua una mirada cómplice, antes de asentir y marchar a su propio cuarto. Su sonrisa estaba todavía en su rostro, esa sonrisa esperanzada e ingenua que era pura fe y optimismo (y amor) mientras se alejaba con un retraimiento que solo Sokka podría enseñar.

-Buenas noches, Katara, Profesor Calor.

-¡Llámame así una vez más y te…!

-¿Y tú qué? –le cortó Katara peligrosamente, se volvió hacia el Príncipe de Fuego dentro del cuarto ahora que Aang estaba fuera de vista. Todavía estaba tan solo al otro lado del pasillo, lo que significaba que podía oír cual fuera la conversación que tomara lugar entre ella y Zuko, pero con el exaltado mocoso a punto de amenazar a Aang, Katara nosería agradable. Sus ojos destellaron con una extraña clase de odio, y juraría que podía oír el chirrido de sus propios dientes-. No olvides, Príncipe Zuko, lo que prometí la noche de tu llegada.

Jamás hubiera etiquetado a Katara como del tipo que daba amenazas de muerte (y las mantenía) pero había muchas más cosas que lo habían estado sorprendiendo últimamente. Su decisión para cambiar de bando, en primer lugar. Así que descartó la advertencia con un simple asentimiento, pero se propuso no encogerse ante el título. Su nombre sonaba como una enfermedad en su lengua y se sentía como un incesante golpeteo en su cabeza. Ya no era el Príncipe Zuko.Había renunciado a ese nombre el momento en que se dio cuenta de su verdadero destino; ni lo quería de vuelta. Las fortunas y el poder… ¿Qué bienes eran en un mundo como ese? Era un hombre diferente, un hombre mejor, uno que ya no necesitaba de títulos mezquinos para tener honor y gloria. Ansiaba verdad, paz y equilibrio…

-¿Qué estás haciendo aquí?

Katara palideció, antes de serenarse de una. Abrió la boca para lanzar una respuesta al rostro expectante del enemigo, solo para cerrarla porque no sabía exactamente como contestar esa pregunta, tan simple como era.

-Aquí es donde nos estamos quedando todos por el momento –razonó con una condescendencia que rivalizaba con la de Azula-, es el único lugar seguropara nosotros ahora.

-No, quise decir, ¿qué estás haciendo aquí? ¿En mi cuarto?

Bueno, ahora esa era una pregunta que ella había esperado él no especificara. No tenía absolutamente ni idea de que estaba haciendo allí, por qué permanecía en la puerta de su recámara, por qué simplemente no se iba de una vez después de ver que él definitivamente noestaba durmiendo. Era una pregunta bastante justa, pero una que la haría quedar como una lela y quizás incluso como una estúpida porque… ¿qué estaba haciendo ella ahí? Katara frunció el ceño, cruzando los brazos sobre el pecho, y acribilló pesarosa con la mirada la llama destellante que tenía en su mano. Apenas podía decir que las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba en algo que solo podía ser diversión.

O arrogancia.

-Solo pasaba –respondió finalmente, con los ánimos caldeados-, y entonces tú me enganchaste en una conversación. ¿Simplemente esperabas que me fuera en el medio de una oración?

-Sí.

-¿Disculpa…?

-Bueno, es lo que has estadohaciendo –agregó Zuko mordaz.

Su compañera ocultó la furia de su rostro. ¡Este príncipe desterrado nosacaría lo mejor de ella!

-¿Creerías que he decidido dar vuelta la página?

-¿Crees que yo lo he hecho?

Ah, él simplemente pensaba que era tan listo, ¿no?

Pero Katara debía admitir que había caído en esa. Había tendido ella sola la trampa, lo cual era lo verdaderamente gracioso, pero no dejaría que la sonrisa altanera en los labios del mocoso de fuego le molestara. No con Aang en la habitación contigua levantado y probablemente escuchando. En vez de eso optó por pura cortesía, y se pintó una sonrisa hueca en sus rasgos oscuros.

-Ambos sabemos la respuesta a esa –clamó sin alterar la voz, cerrando los dedos en un puño al costado.

Zuko arqueó una única ceja, atenuando la luz en la mano débilmente.

-Muy bien entonces –empezó pensativamente antes de dedicarle una clara reverencia-. No sé que decir más que "buenas noches". Así que… buenas noches.

Ella devolvió el gesto, perforándole los ojos, los cuales todavía estaban muy brillantes incluso en las sombras.

-Buenas noches –murmuró Katara con desdén. Al irse, un chorro de agua extinguió la llama, dejando empapada la palma de Zuko, y también mojadas una porción de las sábanas. Frunció el entrecejo, sacudiéndose de encima la ropa mojada y secándose furiosamente la mano en la camisa.

-Maldita maestra agua –gruñó con irritación, arrugando aún más el ceño. Parecía que Sokka había acertado, y Zuko ciertamente no estaba esperando con ansias los otros males de los que no creía a Katara capaz de hacer.

Después de pasar un rato sacándose a patadas las sábanas húmedas, el chico se dejó caer sobre la cama, cerrando los ojos exasperado.

No esperaba con ningún ansia lo que se venía más adelante.


-Quizás si dejaras de pretender que eres tan buen cazador, dejaríamos de hacerte ir a conseguir comida, ¿alguna vez has pensado en eso,cara de moco?

Tal era el jaleo con el que Zuko despertaba ahora.

Era una abrasadora mañana de verano, igual a la de los días anteriores. El cielo estaba despejado y el sol ardía con intensidad, cálido y reconfortante. Aang estaba sentado, mascando ruidosa y felizmente unas nueces y bayas sin duda recién recogidas, mientras Sokka cocinaba el pequeño pez que había podido atrapar en el arroyo cercano. El cazador implacablemente defendía sus habilidades contra una fastidiada Toph, que aparentemente se moría de hambre y no estaba ni cerca de estar satisfecha con el desayuno.

El maestro fuego se pasó una mano por el cabello, algunos mechones serpenteando entre sus dedos en un principio extrañamente largos y enmarañados, pero ya no más cortos como era habitual. El cabello corto era cosa del pasado. Lo dejaba crecer ahora, un signo de su separación de la corona, de la jerarquía, de la tiranía.

-¡Buenas, Cara de piedra! –lo saludó Toph, volviéndose hacia él incluso antes de que saliera a la luz.

Zuko respondió con lo que esperaba fuera una sonrisa (conteniéndose a si mismo de comentar sobre el apodo con él que la chica se había encariñado) para todo el grupo mientras la maestra tierra volvía a su tarea de burlarse de Sokka. Le sorprendía verlos actuar tan normalmentea su alrededor, y se alegraba por ello, por no perturbar sus vidas tanto como había crispado la suya.

-¡Siéntate y come, tenemos un montón de comida! –Aang le dio la bienvenida, señalándole un lugar en el piso junto a su lémur volador (quien parecía estar intentando meterse tantas nueces como pudiera en la boca).

-Un montón de bayas,quizás –corrigió Toph, ganando un empujón del ego herido del guerrero.

-Si crees que lo puedes hacer mejor, entonces ¿por qué no vas y nos consigues algo de comer? –Replicó Sokka, sacudiendo un pobre pescado ensartado en una vara ante la crítica-. ¡Además, tendríamos más pescados si no hubieras decidido comerte tantos!

Toph se limitó a resoplar ante su observación, comentando que ella no había querido herir sus sentimientos.

Una declaración que causó que Aang se ahogara con sus bayas.

-Bien, si no aprecias los problemas por los que pasé…

-¿Quieres decir caerte al arroyo y encontrar que un pobre pez quedó atrapado en tus pantalones?

-… entonces no habrá pescado para… -Sokka tartamudeó en la mitad de la oración, con la cara contorsionándose en una de horror-. ¡Yo nome caí al arroyo!

Aang y Toph estaban muy divertidos, y el blanco-de-la-mayoría-de-las-bromas gruñía sobre la carencia de respeto. Pero la mordaz chica pelinegra no se había dado por aludida con su amenaza, y fue más lejos aún al robarle el pescado y comerlo delante de él. Zuko miraba, sin saber si sonreír o fruncir el ceño. Sokka lentamente se estaba ganando su simpatía (siendo lentamente un término relativamente débil) y no quería arriesgarse a pisar terreno peligroso con el guerrero de la Tribu Agua, pero parecía que era algo típico –reírse de Sokka, precisamente. Se sonrió para sí, optando por buscar su propia comida. No sería difícil, atrapar animales silvestres era pan comido comparado a abrir una brecha en fortalezas enemigas.

Una cosa recocida le fue presentada delante del rostro, y Zuko le echó un vistazo a Sokka ligeramente perplejo.

-puedes comer pescado –el aprendiz de espadachín le ofreció, más por mantener la comida alejada de Toph (quién estaba ocupada haciendo una exagerada imitación de los presuntos hábitos de pesca de Sokka) que por ser amable realmente.

Aún así, el ex príncipe tuvo que reírse.

-No, estoy bien. Además, estoy segura que tu hermana querrá un poco –no que le importara mucho la muchacha, pero no le lastimaría ser bueno con ella. Después de todo, las cosas irían mucho mejor una vez que ganara su confianza, o al menos su respeto. Sí, estaba plenamente consciente de que Katara estaba lejos de respetarlo, y estar en tan malos términos con alguien del equipo Avatar (!) solo hacia la vida diez veces más difícil de lo que tenía que ser. Zuko no necesitaba tales obstáculos, especialmente porque una mujer podía mantener rencores de por vida (sin importar que ella era la única con juicio, no confiando en él después de todo lo que había hecho).

Aang lo miró extrañado, antes de asentir y ponerse de pie, palmeando las manos en un intento por limpiarse las manchas de las bayas.

-Cierto, Katara probablemente se esté por levantar pronto, de cualquier modo –acordó.

-Eres muy amable con ella –indicó Sokka con ligereza.

Pero Toph rió en voz alta.

-¡Es solo que no quiere forzar esa porquería en una vara!

Ella y Sokka retomaron su acalorada batalla verbal y Aang le dedicó a su profesor una sonrisa estrafalaria.

-No te preocupes por ellos. Estoy seguro que tarde o temprano te acostumbrarás a sus discusiones –Zuko no se molestó en mencionar que ya se había acostumbrado bastante-. Como sea, ¿quieres ir a conseguir algo para comer antes de que empecemos con mi entrenamiento?

Cómo el chico podía ser tan alegre todo el tiempo superaba su entendimiento, pero Zuko asintió, dando un rápido vistazo hacia el acantilado y hacia un grupo de árboles que sabía bordeaban el terreno.

-Seré rápido –prometió escalando un lado de la grieta con alarmante facilidad. La riña de Sokka y Toph eventualmente se convirtió en apagados murmullos en la distancia, y se permitió reír de sus payasadas. Dudaba que algún día dejara de divertirlo, esto de provocar a Sokka (quien a veces realmente ponía en tela de juicio su reputación como científico y genio militar.) El grupo estaba lleno de sorpresas, pero eso era una lección que ya había aprendido, después de todo, no había un momento que fuera de rotundo aburrimiento.No porque él tomara parte en la diversión, se sentía demasiado incómodo, pero era lo suficientemente entretenido como para sentarse y ver desarrollarse las escenas cómicas.

Zuko llegó a la meseta y aterrizó ágilmente sobre el campo. El calor lo rodeó, envolviendo su figura y abrazándolo con su fiera intensidad. Era definitivamente bienvenido y el muchacho se deleitó en esta momentánea gracia, antes de agazaparse y entrar en el sombrío bosque para cazar algo para comer. Decidió que probar su fuego control no sería la idea más inteligente, no cuando estaba metido en medio de unos cuantos árboles (inflamables), y en vez de eso desenvainó una de sus espadas Dao que tenía atadas a la espalda, el metal deslizándose de su funda con un tañido de pura perfección. Le daba una sensación de satisfacción, el encaje perfecto, la familiaridad del puño contra la piel de su mano.

Un crujido proveniente de unos arbustos le alertó de un conejo, y sin vacilar, la pobre criatura quedó estaqueada de un golpe indoloro en la punta roma de su espada. Un solo conejo bastaría por al menos un día – nunca había tenido mucho apetito, y entonces el príncipe desterrado ágilmente descendió del barranco, regresando a la boca del templo en el momento justo para escuchar a cierta muchacha de ojos azur hablando sin freno de él.

-Mm, es tan típico de él rechazar la comida que tú atrapaste así puede ir y matar algo más.

-En realidad, él dijo que tú querrías pescado –señaló Sokka, limpiándose perezosamente la oreja con el meñique.

Las palabras de su hermano cayeron en oídos sordos.

-¡Apuesto que está ahí afuera incendiando la mitad del bosque!

Las cejas de Aang se alzaron ante el regreso del príncipe y de inmediato intentó que Katara dejara de despotricar, pero la maestra agua no captaba sus exagerados gestos e incómodos carraspeos.

-¿Por qué no lo siguió alguno de ustedes? ¿Qué tal si él se fue para decirle a la Nación del Fuego dónde estamos? ¿Qué tal si…?

El antes mencionado él se aclaró la garganta y Katara casi saltó fuera de sí. Se giró veloz, frunciendo el ceño a Zuko quién estaba parado inocentemente detrás de ella, sosteniendo por las patas un conejo muerto en una mano y pasándose perezosamente la mano libre por la nuca.

-Si no te gusta el pescado, tengo liebre –le ofreció, ignorando sus comentarios anteriores.

Toph sonrió ampliamente y dio un puñetazo al aire.

-¿Qué estás esperando, Cara de piedra? ¡Arroja ese conejito a las brasas y metamos comida de verdaden nuestros estómagos! –un sonoro ¡Ey! Salió de Sokka, pero incluso él parecía ansioso por cocinar la carne fresca. Aang, previsiblemente, optó por irse, pero Katara tuvo que obligarse para no encogerse ante la idea de compartir una comida con el maestro fuego. Se sentó rígida en el suelo junto a Toph, quién ya le había quitado el conejo a Zuko y lo estaba cocinando felizmente a fuego abierto (cortesía de dicho príncipe). Sokka la reprendió para que no se quemara, pero cuando mostró ningún signo de preocupación, siguió quejándose de que quizás quemara el conejo, ante lo cual Toph le respondió rotundamente que incluso si chamuscaba el conejo hasta dejarlo frito seguiría siendo mejor que su pescado.

Katara miró con cautela al recién llegado, claramente incómoda de estar tan cerca. Zuko, por el otro lado, mantenía una sensación de calma que solo la turbaba mucho más.

-¿Qué estás haciendo aquí? –inquirió finalmente, con la voz tan baja que solo él podía oírla (Toph y Sokka estaban preocupados por quién cocinaría la comida, y Aang estaba atendiendo felizmente a Momo y a Appa).

El príncipe del Fuego contempló el fuego chisporroteando ante ellos, la mirada ámbar fija en las llamas que saltaban y acariciaban la liebre, devorándola con ardientes toques.

-Estoy aquí para hacer algún bien –respondió tan quedamente como ella, antes de de posar su mirada sobre ella-. Así que más vale que te acostumbres a mí, princesa, porque no voy a ir a ninguna parte.

Katara se tensó ante su mirada, ante la manera en que sus ojos eran tan penetrantes, pero se mantuvo firme, alzando la barbilla desafiante.

-Ya lo veremos.

Y con esas palabras un desafío comenzó.

Uno que ninguno estaba dispuesto a perder.


Así que espero que esto esté bien para el segundo capítulo.

Todavía estoy un poquito insegura de a donde está yendo esto exactamente.

Pero aguántenme, les prometo que será muy divertido C:

Definitivamente Zuko tendrá que ser muy encantador para ganarse a Katara pero quizás sea un tanto lento, ya que no quiero hacerlo muy OOC.

Aunque en estos momentos está en una especie de encrucijada con su actitud, todavía quiero mantener a ese maestro fuego temperamental que todos queremos.

Siento que la parte cuando estaban todos juntos fue un poquito picada y… mal (no es una palabra justa) escrita.

Pero no se preocupen, se pondrá mejor –espero-.

De cualquier forma, gracias por leer hasta acá, a todos

Y definitivamente espero que les haya gustado :D


Capítulo III – Caballero de Armadura Cenicienta Extracto

En el momento en que Zuko mencionó las figuras de exhalar e inhalar Aang se convirtió en un torbellino de quejidos. Evidentemente el Avatar no era un fan de la respiración. Lo cual era cuestionable y hubiera sonsacado un comentario sarcástico del irritado maestro fuego de no haber estado Sokka allí para hacer el comentario él mismo (ganándose un golpe en la cabeza de parte de su hermana).

-¿Por qué estás tan ansioso, de cualquier forma?

-¿Oh, quizás es porque si no aprende esto antes de que el cometa de Sozin pase estaremos todos condenados? –Se mofó Toph, limpiándose desinteresadamente la mugre de los dedos del pie (para la consternación de Sokka y Katara).


N/T: La historia ya va tomando forma, ¿no? Los cáps son cortitos y mepa que le estoy tomando la mano ya de nuevo, así que supongo, espero y quiero creer que el tercero no me tomará tanto.

MUCHISIMAS GRACIAS POR DEJAR RR A:Asphios de Geminis, VaneLovee, sofys, Koyasumaq Firefly, Heart-ILZ, prettycherrystar16, Yuna Lockheart¸ Maga'sWorldy a todos los que agregaron a ff's y alerts :) y también a todos los que leen y se esconden, no muerdo, dejen rr :) En fin…

¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!