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• Regret •
Hacía unos minutos que Jacob había abandonado la casa, rumbo al claro, en busca de Renesmee y Charlie. Esme había decidido organizar un pequeño almuerzo a último momento, aunque, por supuesto, los únicos que comerían serían el padre de Bella y Jake, ya que Nessie estaba tomándole mala idea a la comida humana. Edward sonrió al recordar a su hija; habían pasado 3 años desde su nacimiento y había crecido considerablemente, dándole el aspecto de una niña de 9 años o tal vez menos.
Le lanzó una mirada al amor de su vida, que parecía muy concentrada en su tarea de armar correctamente los bocadillos dulces para la sobremesa. Sin embargo, pareció notar el escrutinio, pues giró su rostro en su dirección y le regaló una de sus maravillosas sonrisas. Notó al instante cuando ella abrió su mente para él y, acompañando su pensamiento con la mímica de sus labios, le dijo que lo amaba. Abrió su boca para responderle con las mismas palabras, pero algo lo interrumpió.
Los pensamientos de Alice se cortaron bruscamente, como si se hubiera pisado el freno del auto cuando se va a demasiada velocidad. Apretó los labios, tenso ante lo que estaba por ver. Volteó a mirarla. La imagen que estaba en la mente de su hermana se proyectó en la suya propia.
Al instante, reconoció al vampiro en la visión.
Su cabello rubio y sus pupilas escarlatas golpearon de lleno en su mente. La pequeña vampiresa, Bree, con quien Jane Volturi no había tenido ni una pizca de compasión, había deslizado en su mente, casi inconscientemente, la imagen de ese muchacho, Fred. Unos segundos antes de su muerte, además de darle las gracias por vengar a Diego, le había hecho un solo pedido.
Sean amables con él.
Pero lo que vio en la cabeza de Alice lo descolocó.
Fred simplemente estaba recostado en el suelo, con los ojos muy abiertos, siendo invadidos por unas hebras negras en ellos, oscureciéndolos. Su rostro se llenó de repulsión y rabia, después se puso en pie, soltando un gruñido amenazador, para que después todo se oscureciera.
De un segundo a otro, estaba parado enfrente de Alice, sosteniéndola por los hombros y mirándola muy fijamente.
—¡Búscalo, Alice, búscalo!
Sean amables con él.
La imagen de Bree y su cabeza gacha había quedado grabada profundamente en su mente. Y la voz de sus pensamientos, confesándole con urgencia todo por lo que había pasado y todas las mentiras que le habían contado, resonaron hasta muchos meses después de la pelea con los neófitos. A pesar de lo perdida que estaba, sentada en el suelo nevado, había podido encontrar una gran seguridad detrás de todo el dolor y la confusión que el engaño de Victoria había llevado a su vida. La de conseguir lo que quería sin importar cómo.
"Sigo sin tener miedo. Sólo lamento no haber tenido la oportunidad de contarle a Fred más de todo esto. Se adentraría prácticamente a ciegas en este mundo de lleno peligrosas intrigas, policías corruptos y aquelarres secretos. Pero Fred es listo, cauteloso y tiene talento. ¿Qué podrían hacerle si ni siquiera son capaces de verlo?
Quizás el clan de los ojos amarillos se encuentre con Fred algún día."
Me miró y pensó,
"Sean amables con él."
—No lo encuentro, Edward —le respondió y él comprobó que era cierto, porque lo único que encontraba en su mente era una profunda oscuridad cuando Alice se enfocaba en él. Sus dientes se cerraron sonoramente. Al segundo, Jasper estaba detrás de él, obligándolo a retroceder.
Bree le había dado las gracias, lo había mirado con sus grandes ojos resignados, pidiéndole una sola cosa.
Sean amables con él.
(EDIT: 25/10/2012)
