Capitulo II
Lo había pensado de arriba hacia abajo, de norte a sur, de un lateral a otro. En la escuela, en el parque, en su casa, en el cine, en los juegos, tras bañarse- y durante-, dormida y despierta.
Con hipo y sin él.
Y la idea no terminaba de cerrarle.
Definitivamente no.
Marianette tenía su propia idea de "final feliz", aunque no fuese un final con todas las letras, sino, una sucesión de hechos que desembocaban en uno y en un comienzo al mismo tiempo.
Y aún así.
Seguía sin cerrarle.
Incluso fue a lo de la tarotista, dos semanas después de salvarla, claro que como no se animaba a preguntar de frente lo que deseaba, tuvo que utilizar su alter ego. La mujer, más que agradecida le había explicado que ningún futuro es definitivo, pero - si, había un pero que le rompía la cabeza desde entonces- que algunas líneas argumentales eran más posibles que otras.
Suspiró y apoyó la cabeza sobre el barandal y lo sintió frío. El otoño se acercaba, y con él, el descenso de temperatura.
¿Qué iba a hacer?
¿Debía hacer algo?
…
Lo pensó.
Ella y ChatNoir…era absurdo. Ridículo. No. Tal vez su cabeza le jugó una mala pasada y había percibido todo al revés.
Rió, se detuvo. Río menos convencida.
¡No!
¡No había forma de negar lo evidente! Esa forma de caminar, el dramatismo, las muecas. Incluso el tono. Su compañero no lo había notado porque evidentemente no llevaba un espejo consigo mientras peleaba- desconocía si lo hacía cuando estaba de civil-, pero…pero esa chica era él en versión mujer.
Y quizás no hubiese sido un problema, pensó Marianette, si no le hubiese llamado abuela a su propia madre, lo cual la convertía inmediatamente en su hija. Porque sus padres solo la tenían a ella.
— La noto muy pensativa esta noche, Princesa—
Un escalofrío la recorrió de punta a punta.
Miró hacia dónde la voz le guió. ChatNoir se balanceaba en el barandal con la destreza que lo caracterizaba. Afiló la mirada. ¿Acaso estaba espiándola?
— ¿No es muy tarde para que los gatos estén fuera de casa? — Chat sonrió con coquetería.
— Los horarios son aburridos. En todo caso, ¿no se podría decir lo mismo sobre usted?
Lo pensó y se enderezo.
Tomó aire. Mucho. Como para espabilar cada neurona.
—Primero, yo estoy en mi casa, solo que en una zona no cubierta— hizo una pausa— Pero la verdad, es que estaba algo preocupada y no podía dormir.
— ¿En algo que pueda ayudar?—
Dudó, pero finalmente dejó que lo que tuviese que ser, fuera. Después de todo, ¿qué podía perder? ¿La dignidad? Tarde, esa misma semana había caído en diferentes lugares gracias a estar pensando, y la mayoría, en frente de Adrien. ¿Una más frente a un desconocido superhéroe que la miraba curioso?
Puf.
— Cuando la Tarotista fue akumatizada…—
— Oh…eso— ChatNoir recordó la cantidad de personas que habían visto cosas que no deseaban, o que les había causado molestias. Justamente ese había sido la forma de fastidiar del Akuma— ¿Algún trauma?
— No exactamente— respondió rápidamente Marianette—, es más como…¿dudas?
— ¿Le hace caso a ese tipo de cosas?— ella pestañó ante el tono de él.
— ¿Tu no?
— No, pienso que cada uno hace su propio futuro. Nadie puede decirte como serán las cosas, tu lo construyes.
Marianette cayó en cuenta que el Akuma se alimentaba de los malos sentimientos que generaban sus predicciones, y se avergonzó. Si ChatNoir pensaba eso desde lo más profundo de su ser, entonces, se entendía porqué él no había sido atacado con esa arma.
Y la victima había sido ella.
O la débil.
O ambas.
Para el caso se apenaba igual.
— Por ejemplo…— se detuvo. Lo vio tensarse, evidentemente lo que estuviese a punto de decir lo incomodaba.
— Si no estás listo para hab…—
— LadyBug me rechazó— hubo una pausa. Él ya no la miraba y permanecía perdido en los recuerdo de lo ocurrido unas cuantas semanas atrás— Con todas las letras.
Si, lo recordaba. ¿Se podía sentir más miserable aún? No es que estuviese arrepentida de haber dicho aquello en aquel momento, pero ChatNoir parecía herido.
— Lo lamento— dijo quedamente.
— Yo no— Marianette tuvo que acercarse al barandal para verle la cara, ya que aún mantenía la vista perdida en la inmensidad de las calles parisinas— Es decir, es horrible que la persona que te gusta te diga que no porque gusta de alguien más pero…fui sincero. Y eso es lo mínimo que ella merece.
¿Qué?, pensó para si.
— ¿Porqué suena a que no te darás por vencido? — se arriesgó al notar en el aire aquello que no supo definir.
Él sonrió.
— El corazón de las personas es caprichoso— dijo con soltura— Si, puede que ahora no le guste pero eso no quiere decir que no pueda gustarle en el futuro, y haré todo lo posible para que ocurra.
¡Era determinación! ¡Lo que flotaba y no sabía que era!
Pura e inocente determinación.
¿En serio estaba dispuesto? ¿Hasta ese nivel llevaría sus deseos de construir su propio futuro?
¿Tan firmes eran sus convicciones?
Notó su mirada sobre ella ante la falta de respuesta.
— ¿Princesa, se encuentra bien?
Lo miró atentamente, intentando encontrarle más encanto del que naturalmente desprendía. Por impulso y aprovechando que la posición de él lo permitía, se acercó y tapó su nariz en un pícaro pellizco.
La cara de ChatNoir se transformó en una especie de mueca de alarmada sorpresa.
La misma que había visto en aquella chica al recordar que estaba llegando tarde a su primer día de instituto.
Exactamente la misma.
No pudo con las cosquillas del recuerdo, menos con el hormigueo en la punta de sus dedos, y lo dejó ir, al tiempo que reía con tantas ganas que podría haber despertado a medio París.
—¿Dije algo gracioso? ¿Porqué hizo eso?—
— No— intentó componerse, no deseaba ser malinterpretada— No, por supuesto que no. Solo que…creo que ya es tarde y mañana debo levantarme temprano.
Le sonrió y caminó hasta la compuerta que daba su habitación.
— Gracias— dijo al girarse. Él que continuaba extrañado, pestañó— Necesitaba algo así…gracias.
Hubo una larga pausa; él casi inclinado sobre el barandal, más del lado de la calle que de la casa. Con la luz y las sombras de la noche jugando con cada uno de sus cabellos rubios. Ella sosteniendo el borde de las mangas de aquel enorme pijama lleno de pintitas de muchos colores.
— Estoy para servirle, princesa— le guiñó antes de saltar.
Sonrió.
Tal vez y solo tal vez, no fuese tan malo.
Es decir, en el conjunto, en ese futuro, con ella y él de viaje en el extranjero, con su hija al cuidado de su madre durante unos días, con esos nietos gatos regordetes e inexpresivos.
Sintió las cosquillas que inicialmente permanecía en su mano, extenderse por el brazo, la mitad de su cuerpo y luego seguir con la otra parte.
Explotando como burbujas de jabón al ser tocadas.
Miles de ellas.
Ok, bueno, este capitulo no estaba en mis planes PERO, hay una Lillinet SUELTA que spammea con imágenes de ellos, y como que no pude resistir la tentación.
Como diría un personaje de historieta argentina: mis debilidades son más fuertes que yo.
En si, como se podrán dar cuenta, es una continuación del cap anterior. Algo que me olvidé de comentar es que para escribirlo, estuve escuchando el soundtrack de la pelicula "El principito", historia que personalmente amo, sobre todo el libro, que a mi parecer es una de las historias más hermosas del universo universoso.
En fin, no los entretengo más. Solo quiero hacer una mención especial a Lillinet y a MajoPatashify por haberse tomado el tiempo de dejar mensaje. Y a todos aquellos que me favoritearon.
A todos mis más sinceros agradecimientos. ;)
Grisel
