Notes: "Cogito" significa "pensar" en latín. Eso es lo que ella hace, a pesar de no conocer demasido de la vida más que de la mala influencia del que la cuida. De la Duda Metódica viene el Cogito, la primera verdad irrefutable de que existimos. Diva existe, en el estrecho mundo al que fue arrojada.
I. Cogito.
Ella juega con el viento; es lo único que tiene para jugar, de todas maneras. A ella no le molesta, no conoce nada más. El canto es también su forma de expresarse, de sentirse libre entre los muros grises. El hombre que va algunas veces a visitarla y llevarle alimento la observa con unos ojos extraños; los únicos que ella ha conocido, por lo cual no se inmuta.
Ella mira el cielo, el cual el hombre le había dicho tenía el mismo color de sus ojos. Intuyó que tendría unos ojos preciosos, y sonrió para ella misma. Cuando el hombre se va, ella vuelve a cantarle al aire invisible que apenas le toca la cara, a través de la ventana. Es su manera de agradecer, ya que siente que debe hacerlo.
Ella se siente sola, no lo niega. Siente dolor, y siente una estaca invisible clavada en su pecho a la cual el hombre le llama odio. Le ha dicho muchos métodos para deshacerse de el, y ella los toma por buenos pues no tiene una segunda opinión. También le habla de una hermana, igual a ella pero con los ojos carmesí. Ella vuelve a sonreír, cree que es una mentira. Si esa hermana existiera, ya habría venido por ella. Pero es difícil no creerle al hombre, es el único que ha conocido. Él no habla mucho, y cuando lo hace ella siente que debe creerle.
Y en el transcurso de su día rutinario, con la única diferencia de la visita de él, aparece una voz diferente a la suya, a la del hombre y a la del silencio. Ella se asusta, pero también siente un extraño placer recorrerle el cuerpo, parecido al que siente cuando piensa en lo deliciosa de la sangre del viejo que la encerró. Le responde, y le canta. Quizás el cielo habla también, pensó.
Ella no sabía qué era tener nombre, el hombre nunca le mencionó nada. Esa voz la atormenta, le enseña cosas que ella no entiende. Le hace creer que está mal no salir a ver las dichosas flores de las que tanto habla. Hasta que, después de un silencio, la voz le dice una palabra que le parece bonita. La recuerda, para que al día siguiente la voz la llame y ella responda.
Ella es Diva, y el cielo se llama Saya. Cuando el hombre suba a verla de nuevo, le contará animada y le preguntará si es que él tiene un nombre también. Como lo tienen las flores, el cielo y ella misma. Y vuelve a sonreír, siempre pensó que ella era algo sin nombre. Sin darse cuenta una luz brillante vuelve a inundar el cuarto, y deduce que ha llegado un nuevo día.
Y entonces, la puerta se abre.
I. End.
Decidí convertir esto en un fic con diferentes fases de la vida de Diva, con la famosa frase de Descartes "Cogito, ergo sum". El primero fue el parteaguas para éste y los dos siguientes.
Muchas gracias por leer.
