Capítulo 01
Ciertamente, costó demasiado que Caos lograra calmarse.
Ya había pasado mediodía y, aunque no lo pudiese ver claramente en el cielo, podía percibir que era de noche y que, por sobre las nubes, las estrellas debían estar ahí brillando y burlándose de él, pues había deseado por más de algún momento que aquella armonía que había durado por tanto tiempo hubiese sido por la Eternidad.
Mas, ahora yacía sentado en el Trono y, pese a que no sufrió heridas superficiales, el dolor de la traición de Cosmos le lastimaba en lo más profundo.
Aparentemente más tranquilo, podía percibir que su furia había dañado lo que tanto le gustaba. La vegetación había desaparecido y los ríos de lava le hacían prometer que no tendría paz por mucho tiempo, además de ser un recordatorio de su ira hacia la diosa del Equilibrio. Y, tan solo al pensar en ello, varias explosiones volcánicas ocurrieron alrededor de su trono. Maldijo internamente su repentino descontrol, pensando en que si tendría que convocar a guerreros para que le ayudasen, ninguno querría hacerlo si lo ven así de airado. Dejó que el sueño le venciese y durmió para recuperar la poca fuerza que había perdido en el intento de batalla de los guerreros de Cosmos y para controlar la ira que aún seguía sintiendo hacia la diosa. La maldijo una última vez y sus pensamientos volaron hacia momentos más felices, en los cuales se había sentido querido y acompañado…
A la mañana siguiente, Caos se percató de dos cosas: Primero, ya no había mayor diferencia de tiempo en su zona, pues las nubes eran tan densas que no dejaban pasar la luz del día en lo absoluto, así que debería aprender a percibir el paso del tiempo sólo por aquellas cosas que seguían su curso normal, como por ejemplo, la luz que se podía ver a lo lejos en el ancho mar.
Y lo segundo… No necesitaba mirar a Cosmos para saber que ella intentaría prontamente un nuevo ataque en su contra para intentar liquidarlo de una vez por todas. Ante ese pensamiento soltó un bufido algo divertido…
Como si fuera tan fácil derrotarle, debo añadir.
Ante tal pensamiento tan divertido pudo sentir un tercer punto. Realmente, estaba más calmado que la noche anterior, así que no habría riesgo de invocar a sus guerreros en ese mismo instante. Concentró su energía para abrir un nuevo portal en la Brecha Dimensional y alzó su voz, similar a un rugido, para llamar a sus guerreros a acudir a él.
A diferencia de Cosmos, los guerreros llegaron envueltos en sombras, sombras causadas tanto por las nubes que cubrían los cielos como por el camino que ellos tuvieron que recorrer dentro de la Brecha para llegar hasta este mundo. Las siete humeantes sombras cayeron como meteoros frente al trono del dios, cada impacto tan potente como el anterior, alzando cenizas y polvo además de soltar por el lugar las densas capas de humo obtenidas de las nubes mismas.
Cuando el smog finalmente se dispersó, se pudieron distinguir a los guerreros, todos caballeros, a excepción de dos gran hechiceros, dispuestos a cumplir sus ordenes cual leal soldado.
-Bienvenidos sean, guerreros de otra dimensión – saludó Caos, con eminencia. – Mi nombre es Caos. Ciertamente, soy señor de discordia y destrucción, pero mi habilidad es necesaria para que así fluya el tiempo y la vida evolucione. Los he convocado debido a sus habilidades, pues para mi desdicha, Cosmos, señora del equilibrio, ha declarado la guerra debido a su deseo de eliminarme, sin ser realmente consciente de que tanto el poder de ella como el mío son necesarios para la estabilidad y el fluir natural de este mundo. Ustedes, siendo caballeros, son capaces de comprender que, sin guerra, no se alcanza la paz y que, aun cuando el deseo de nuestros espíritus es que exista la estabilidad, es necesario regresar de vez en cuando al conflicto para así alcanzar un nivel superior de crecimiento, tanto del mundo como de la estabilidad Universal.
Se paseó entre los guerreros, los cuales estaban sorprendidos de que un rey aparentemente tan oscuro tuviera tal nivel de sabiduría.
-A diferencia de Cosmos, no busco su fin, sino que alcancemos nuevamente la estabilidad. Sin embargo, ella ha mandado guerreros, semejantes a ustedes, con el fin de destruirme por completo, sin ser consciente que de esa manera tan solo logrará destruir el mundo. Si ustedes me ayudan, serán libres de regresar a sus mundos, y sé que si nos ayudamos mutuamente, seremos capaces de alcanzar un mayor nivel de sabiduría para regir nuestros mundos con poder.
Sin embargo, cuando se acercó a uno de los hechiceros, un hombre moreno, alto y de cabellos albos, pudo sentir en él cierto miedo, preocupaciones que claramente le traerían dudas y rencores.
-No teman, mis guerreros – agregó Caos, solemne, – pues están protegidos y bendecidos con mi poder; mientras aún exista equilibrio, la muerte y el dolor no será capaz de llevárselos, y ustedes son portadores y guardianes de tal estabilidad.
-Mi Señor, haré todo lo que esté en mi alcance por devolver tal dicha a este, su majestuoso mundo – dijo el moreno, poniendo un puño sobre el pecho en señal de juramento, ahora mucho más calmado y aliviado. – Yo, el hechicero maestro Xande, aprendiz del Gran Magus Noah, hago esta promesa, además de aceptar tan gran regalo como el que acaba de hacer.
-Y yo, mi Señor, Dios y Rey, juro solemnemente serle leal y seguir vuestras órdenes – sentenció sus votos el que estaba a la diestra del moreno, poniendo una rodilla en el suelo y un puño en el pecho, haciendo resonar la negra y misteriosa armadura que le cubría de pies a cabeza. – Yo, Cecil Harvey, caballero negro, comandante de las tropas del Reino de Barón y líder de los Red Wings, estrego mi lealtad a tan alta causa.
-De igual manera yo, Leo Cristophe, gran general del Imperio Gestahliano, hago semejante juramento – le imitó el siguiente, un hombre rubio de tez trigueña, vestido con una altamente condecorada chaqueta de mando verde.
-"Cuando la guerra de las bestias traiga consigo el fin del mundo, la diosa descenderá del cielo, alas de luz y oscuridad propagada a lo lejos, ella nos guiará a la felicidad, su eterno regalo" – citó el siguiente, leyendo un libro blanco que sostenía en una mano, sus cabellos rojos como el fuego se movían con el viento tanto como su roja chaqueta de cuero. – Dios Caos, con estas palabras acepto su divino regalo y juro luchar por tan justa causa – agregó, cerrando el libro con la misma mano y poniendo la otra sobre su pecho en señal de reverencia.
-Si usted me guía por el camino de la sabiduría para aumentar mi poder y llevar todo a un tiempo donde el equilibrio sea lo que realmente reine, le presto mis servicios. Si un enemigo intenta detenerme, quedará congelado en el tiempo del olvido – dijo a continuación una mujer con un largo vestido negro el cual no alcanzaba a opacar su larga cabellera negra. – Edea Kramer, a su servicio – concluyó, haciendo una elegante y femenina reverencia.
Sin embargo, la siguiente y última mujer, realizó la misma reverencia, llena de votos de lealtad, que los dos anteriores caballeros, pero con el mismo y majestuoso aire de nobleza que rodeaba al general Leo. Estaba vestida con un largo chaquetón blanco sin mangas, el cual se distinguía por llevar bordada una rosa roja en medio de la espalda. Sus brazos y piernas estaban cubiertos por guanteletes y grebas respectivamente, mientras su cabello ondulado cubría levemente un gran pañuelo plateado que cubría su ojo derecho como si fuera un parche.
-Yo, Beatrix, generala del Reino de Alexandria le ofrezco mi lealtad y juro solemnemente cumplir vuestras órdenes en pos de ésta, su causa – dijo, mirando fijamente al dios con su claro ojo azul.
Finalmente quedaba el último. Su cuerpo estaba cubierto por una armadura de placas completa, altamente ornamentada y, a simple vista, bastante sólida. Se sacó su casco y mostró su rostro, con orgullo, antes de realizar la reverencia para dictar sus votos.
-Yo, Foris Zecht, alto Juez del Magistrado y comandante del Imperio Arcadio, juro que ayudaré a traer de vuelta la justicia y el equilibrio saboteados. Mi sentencia será precisa, dura e imparcial, de acuerdo a las órdenes de vuestra divinidad, mi Señor.
Caos sonrió al darse cuenta de la lealtad de los guerreros que le acompañaban en el camino. Podía percibir que cada uno de ellos tenía pensamientos ocultos, pero si los guiaba bien, serían los mejores guerreros y, con alta probabilidad, derrotarían a los guerreros de Cosmos sin titubear. Además, aún poseía la esperanza de tener de invocarles sólo esta vez, ya que aún no tenía el deseo de cumplir el acuerdo realizado con Shinryu, pues consideraba un juego cruel el tener que invocar guerreros sólo para satisfacer el hambre de poder del dios dragón.
Los miró largamente, leyendo en su mirada la determinación al combatir y los temores que llevaban dentro, en especial el temor a la muerte. Sin embargo, se le hacía difícil mantener la mirada en Harvey pues, pese a tener la gallardía y el temple de un guerrero, podía percibir con facilidad cómo la Oscuridad atormentaba su alma y, aunque no lo admitiría abiertamente, por primera vez sintió miedo, presintiendo que era el mismo camino al cual llegaría él en un futuro.
Dejó por un momento que entre ellos charlasen y se conocieran mejor antes de dar su primera instrucción. Dirigiose a su trono y se sentó, acomodándose rápidamente para mostrar autoridad.
-Como se darán cuenta, no es mi deseo actuar impulsivamente como Cosmos, por lo que lo primero que deseo que hagan es que dos de ustedes intenten avanzar lo más sigilosamente hasta entrar en el área de Cosmos. Así veremos cuál es el estado de nuestros enemigos y podremos planear una estrategia adecuada para el combate. Por mi parte, deseo que Cecil se quede conmigo, ya que puedo percibir que necesita instrucciones más cercanas para potenciar sus habilidades.
El Caballero Negro asintió en total silencio y sus compañeros comenzaron a debatir calmadamente sobre quién debía ir a investigar. Luego de un momento, se decidió que Beatrix y Leo fueran a investigar. Ambos obedecieron inmediatamente y marcharon presurosos a cumplir órdenes.
Mientras tanto, los que quedaron ahí, continuaron su diálogo y dieron inicio a los primeros entrenamientos, de tal manera que fuesen conocedores de sus capacidades y limitaciones para no encontrarse en desventaja en el momento de enfrentarse a los guerreros de Cosmos. Pronto hubo choque de espadas y de magia, aún cuando Xande y Edea no estaban a favor de combatir tan pronto, pues estimaban que se necesitaba en primer lugar saber qué tipo de enemigos encontrarían en el campo de batalla. Foris y Genesis, en cambio, estaban con un espíritu indomable, pues encontraban en el otro un buen compañero de sparring.
Cecil, en tanto, permanecía al lado de Caos, analizando los movimientos de sus compañeros. No obstante, el dios de la discordia podía notar los signos de la tentación de la corrupción, los que le instaban a combatir de igual manera.
-Llevas poco tiempo como Caballero Oscuro, ¿verdad?- preguntó, sacándolo de sus pensamientos.
-No lo recuerdo… Mi Señor – respondió Harvey, con algo de dificultad.
-Es cierto – pensó Caos, – Shinryu ya está haciendo de las suyas con ellos – y le habló con calma. – Tienes los signos de la falta de control sobre tu oscuridad, Cecil, y reconozco que me preocupo por eso. Es por ese motivo que deseo que estés a mi lado, ya que deseo ayudarte a ser un mejor Caballero Oscuro.
-Se lo agradezco – replicó Cecil, con seriedad, mas intentó guardar sus temores por miedo de que su Señor le mirase como alguien débil.
Sin embargo – continuó la deidad, – jamás olvides que, mientras más miedo, menos control tendrás sobre ella, y más fácilmente el enemigo podrá ver tus debilidades y aprovecharlas. No temas a tus tinieblas ni a tus males, Cecil, debes aceptarlos por mucho que te juzgues o sufras; son parte de ti, y sólo tú puedes controlarlos.
-Gracias por el consejo, mi Señor – respondió el caballero, con una reverencia.
Y mientras el choque de espadas resonaba junto al viento de las altas cumbres, los generales llevaban ya un largo camino recorrido. No faltaba mucho para llegar al santuario de Cosmos, y ellos con total facilidad lo presentían. Con sigilo se movían por los valles, especialmente Beatrix, quien hacía que sus grebas no emitieran sonido alguno.
-Tal parece que las palabras de nuestro Señor son ciertas – rompió el hielo Leo, una vez que estaban lo suficientemente cerca. – Cosmos parece haber iniciado la guerra antes que él.
Ambos estaban ocultos tras unas blancas rocas que rodeaban irregularmente la zona cubierta de brillante agua. Podían ver perfectamente cómo la diosa se dirigía a siete guerreros que se acercaban lentamente a ella.
- Puedo ver su preocupación y la impresión que han sentido al enfrentarse a Caos, por lo mismo ya saben a qué clase de enemigo nos estamos enfrentado. Pude ver a la distancia cómo él cambiaba el mismo ambiente que les rodeaba y, si sigue así, su poder destructivo llegará hasta nuestro territorio… – y, alzando su energía, comenzó el proceso para sanar las heridas de los que la rodeaban. – Siéntense y acomódense, estamos en lugar santo. Pueden descargar sus inquietudes y así encontrar la manera de destruir a nuestro enemigo.
Mientras los guerreros de la armonía conversaban libremente, ambos guerreros de Caos se miraban con cierta preocupación.
-¿Ya hubo un ataque? Eso quiere decir que Cosmos llevó a cabo una emboscada – pensó Beatrix en voz alta.
-Lo que deja en claro que nosotros fuimos invocados para el contraataque – concluyó el otro, siguiendo la idea.
Volvieron a mirar al grupo. Analizaron por completo a los siete guerreros y, aún en aquel momento de relajo y quietud, pudieron reconocer las falencias y debilidades de todos… a excepción de uno.
Una vez que aquella información fue confirmada y pulida, volvieron junto a los suyos.
