Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, si así fuera, mi vida sería perfecta. (Y amanecer no hubiese existido), de todos modos, gracias S.M, por entregarnos los clásicos clichés para jugar a nuestro antojo con ellos. La historia es mía, la tenía en mi otra cuenta de fanfiction, pero me pareció un poco ridículo, así que la eliminé haya y la subí aquí.
Este fanfic es rating M, así que quienes lean es bajo su responsabilidad. No acepto que luego me hagan criticas de moral y bla...bla...bla... Queda claramente advertido. Contiene lemmons, lenguaje obsceno, y trama no recomendadas para menores.
Summary: Había terminado de arruinar la vida de aquel jodido bastardo. Solo que su dulce venganza, se volvió amarga y terrible, cuando los ojos de Isabella, hasta aquel instante, brillosos y vivos, se opacaron comprendiendo lo que acababa de ocurrir.
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Capitulo I
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Cuando Edward Masen perdió a sus padres, estaba a solo una semana de cumplir los dieciocho años. Siempre había sido un chico respetuoso, leal y feliz. Pero esa tarde calurosa, cambió su vida para siempre.
— Lo siento tanto hijo —le había dicho Carlisle luego de reconocer los cuerpos sin vidas de su hermana y su cuñado, un día después.
Los habían buscado durante toda la noche con desesperación. No aparecían por ninguna parte y nadie sabía como comunicarse con ellos. Cuando los llamaron para dar aviso de la mala noticia, Edward no fue capaz de mantenerse firme y Carlisle tuvo que confirmar la terrible noticia.
El muchacho lloró desconsolado. No quería comer y no pudo pegar ojo en toda la noche, aún cuando su tía Esme había insistido en medicarlo para dormir. Simplemente era incapaz de aceptar la realidad, su cabeza era un torbellino de emociones descontroladas, quería gritar, desgarrar su garganta junto a su cerebro, dejar de pensar y de sentir el dolor intenso que le removía el alma.
Su madre y su padre, ambos, personas generosas que lo habían amado y protegido del mundo, habían muerto.
Dos días más tarde, bajo un sol resplandeciente, enterró a sus padres en un cementerio de la ciudad. Bajo una placa de mármol donde podía leerse;
Edward y Elizabeth Masen
Juntos hasta la eternidad
Edward soltó una risa terriblemente desgarradora, al leer la inscripción. Esme, su tía, había decidido que algo simple y que simbolizara el amor de esas dos personas sería perfecto.
— ¡Me engañaste Elizabeth! ¡Le dabas mi dinero a ese bastardo!
— ¡No le digas así!
El eco de sus voces, se repetía incesante en su cabeza —. Mentira. Todo es una mentira —pensó el muchacho observando los féretros. El sacerdote que había oficiado la misa, los había mostrado como una familia honesta, "un ejemplo a seguir" —había dicho.
Sintió que se iba a desplomar, pero, con toda la entereza que pudo reunir, se mantuvo en pie, mientras todo el mundo a su alrededor se desmoronaba. Aguantó estoico todas las condolencias, personas que no había visto en su vida, se presentaron ante él y brindaron su apoyo, aunque siendo honestos, Edward apenas era capaz de oír lo que ocurría a su alrededor. Se sentía como una máquina.
Dos semanas después de cumplir los dieciocho años, decidió cambiar su apellido. No quería nada que lo asociara a la perfecta vida de los "Masen", e irónicamente, tampoco quería que sus malas acciones empañaran el nombre de su padre. Con todo el odio y la agonía batiendo una batalla campal en su corazón, decidió tomar el apellido de su madre. Un recordatorio latente de quien había sido culpable por todo aquello.
Se sintió vacío por años. Se arrastró de cama en cama para vencer su insomnio, pero nunca dio resultado. Era un chico guapo, busca pleitos y sexy. El adonis de la lujuria. Lo tenía todo y a la vez nada.
Cuando Edward Cullen volvió a encontrarse con Jacob Black, ocho años después, ya eran todos unos hombres. Él de veintiséis y Jacob de treinta.
La sangre burbujeó ardiente en sus venas. Saboreó el metálico gusto del odio en su paladar. Olvidó donde y con quien se encontraba, era como un toro y Jacob la bandera roja que se agitaba burlona ante sus ojos, pavoneándose por el salón, abrazado a una chica quien fácilmente podía ser su hija. Una muchachita flacucha, de cabello largo y castaño que los veía a todos con cautela.
Los observó a lo lejos como un águila al acecho. Su mirada afilada parecía enviar puñales a la pareja y no pasó desapercibida para nadie. Tampoco para la chica, quien al verlo quedó embobada.
— ¿Qué miras? —preguntó Jacob, girando para seguir la mirada de ella. Cuando lo vio, sintió que su cuerpo se enfriaba. Le fue imposible pasar por alto el parecido del chico con su madre, era igual a Elizabeth.
Su garganta se cerró y el corazón se le aceleró. La última vez que se habían visto las caras, había sido en la oficina de los abogados de la familia Masen, la pelea fue con todo. Elizabeth había dejado el ochenta porciento de su fortuna en manos de Jacob Black y Edward no estaba de acuerdo. Él lo culpaba de la muerte de sus padres y bajo ningún motivo iba a permitir que ese desgraciado se quedara con algo de su madre.
Penosamente, no era algo que pudiese discutir y todo se lo llevó aquel mal nacido.
Edward caminó con paso largo y seguro, una de sus manos sostenía el vaso de whisky, el tercero de la noche, y la otra se encontraba dentro del bolsillo de sus jeans.
— ¿Disfrutando de la fortuna de Elizabeth, Black? —se burló, enarcando una ceja. Lo miró sin siquiera pestañear y antes de que su pregunta fuese contestada, se dirigió a la chica— ¿Qué edad tienes?
Ella lo miró nerviosa. Era tan seguro y arrogante, representaba todo lo que a ella le atraía. Ese hombre sudaba peligro— Dieciséis —contestó.
— Retorcido hijo de puta —pensó—. Recuerdo que antiguamente las preferías mayores.
— Los gustos cambian —replicó secamente, Jacob Black. Alzó su copa de vino en señal de brindis, y luego tomó a la muchacha de la mano y salió del lugar.
Dos años más tarde, Edward, ahora Cullen, había investigado casi todo acerca de la vida de la chica. Isabella Marie Swan, dieciocho años por cumplir, prometida de Jacob Black. Sus padres habían muerto extrañamente, cuando apenas era una niña, en un incendio. No había mucha información de ellos, solo que la habían dejado forrada en dinero—. ¿Y si tienes dinero por qué estás con él? —se había preguntado en aquel entonces—. ¿Poder? ¿Pasión? ¿Amor?
La noche que Jacob Black anunció su compromiso con ella, Edward supo cómo se vengaría de él. Él conocía a su género, y solo bastaba verle la cara de baboso para saber que estaba completamente enamorado de ella.
El que la hace, la paga.
No podía quitar de su cabeza la imagen de Bella saliendo de aquel cuartucho.
— ¡Mierda! —gimió dando un golpe seco a la pared con su puño. Durante años se había mantenido al margen de los sentimentalismos, no soportaba a las personas melosas y mucho menos creía en el amor. Ahora ya ni siquiera se lo podía cuestionar. Amaba a la chica, tanto que el dolor de ella se había expandido por su cuerpo como una bomba de racimo.
El órgano de su pecho, latía a un ritmo anómalo y vibrante. Como si hubiese despertado de un letargo eterno y recién fuese capaz de vivir, vivir justo cuando comenzaba a agonizar.
— Se lo merecía —se dijo dando vueltas por su habitación como un león enjaulado—. Pero ella no —se contestó al mismo tiempo.
Cogió su celular y apresurado, marcó el número de la chica. Hace años, once exactamente, había visto a su padre salir con su madre, luego de descubrir el engaño. Desde ese día odiaba a Jacob por ser el culpable. Irónicamente, el destino cruel y despiadado, había dado una voltereta ridícula, colocándolo a él en el mismo lugar.
— Si algo te pasa no me lo perdonare nunca —murmuró contra el teléfono, mientras éste marcaba incesantemente y lo dirigía a su buzón de voz, una y otra vez—. Nena, contesta —repetía urgido—, por favor.
Cuando no pudo más de la incertidumbre, tomó una chaqueta, las llaves de la moto y su casco. Corrió escaleras abajo y aceleró a fondo.
— Solo quiero saber que estas bien. Te veo y me voy —prometió en silencio.
La dirección a casa de Isabella la conocía de memoria. Cada curva, cada semáforo, cada atajo, estaban grabados a fuego en su cuerpo, así como las caricias de ella, las cuales parecían quemarle la piel. Habían compartido tantos momentos en aquel lugar. Vieron películas, oyeron música, todo con tal de conquistarla. Incluso un día, luego de una terrible pelea de Edward con un tipo, ella lo había curado y ni siquiera había preguntado el porqué. Para él había sido todo un agrado estar con ella, el único gran inconveniente en la inexistente relación de ambos, era la desagradable piedra en medio del camino con nombre y apellido.
Condujo a toda velocidad por las congestionadas calles. Dio gracias de haber tomado la moto y no su automóvil, ya que de haber errado en la elección, llegaría demasiado tarde, claro, en aquel momento, él no tenía idea de lo literal de aquella afirmación.
Al llegar al lugar, vio que la luz estaba encendida. Se bajó de la moto y una voz en su cabeza le escupió sus propias palabras—. Te veo y me voy.
— Aún no la veo —replicó. Se quitó el casco y cruzó la calle.
Al estar frente a la puerta de ella, alzó el puño varias veces para golpear la puerta y llamarla, pero cada vez que este iba a rozar la madera, lo dejaba caer. No tenía idea alguna de qué decirle, de qué manera rogar por su perdón, explicarle. ¿Tenía siquiera alguna escusa valida para lo qué había hecho?
Así pasó casi cinco minutos, hasta que un estruendo desde dentro, seguido de un grito desesperado de ella, lo obligó a azotar la puerta.
— ¿Bella? —exclamó con su corazón latiendo en las orejas—. ¡Sé que estás ahí! —continuó, sabiendo que no le contestaría— ¡Abre la maldita puerta!
Pegó la oreja a la puerta, para poder oír que ocurría en el interior, cuando el sonido de cosas rompiéndose lo obligó a zamarrear la manilla.
— ¡¿Bella qué pasa? —preguntó urgido, sacudiendo violentamente el pomo de la puerta—. ¿Con quien estás?
El bullicio continuaba. Se estaba librando una guerra dentro de aquel pequeño departamento, y él ni siquiera podía ser espectador.
— ¡Edward! —gritó ella de pronto antes de que otro estruendoso sonido se oyera desde el interior.
— ¡Abre la puerta! ¡Abre la maldita puerta, niña!
Nada. Ni una sola respuesta.
Desesperado, se alejó unos pasos para poder empujar con toda su fuerza la puerta y destrabarla. Pero, como aquello no era una película, cuando se azotó contra la puerta lo único que oyó romperse fue su hombro—. ¡Mierda! —gimió sobando su brazo.
Barajó con rapidez, cada una de sus opciones. El departamento era de dos plantas, y por la entrada trasera, había un único ventanal sin protección. Sin pensar ni analizarlo demasiado, corrió por el vestíbulo chocando contra todo lo que se le cruzaba. El conserje, una vecina, ¿un gato?, todo se interponía en su camino.
Al llegar a la parte trasera, tomó una profunda respiración y se encaramó con agilidad en el balcón, aquel en donde varias veces había visto las estrellas acompañados de su chica, porque eso era Bella para él, su chica. Suya y de nadie más.
Un tipo, alto, sobre metro ochenta, removía las cosas en el dormitorio de Bella de espaldas a él, y ella…no se veía por ninguna parte. Edward observó la imagen, sin creer lo que ocurría. Isabella no tenía enemigos—. Acabas de crearle uno —pensó recordando los ojos de Jacob, luego de encontrarlos juntos en la cama. Maldita conciencia y culpa, ambas aliadas, insistiendo en alejarlo de su chica.
Apurado, se escondió tras el muro para no ser visto. De reojo y agazapado, miró através del dormitorio—. ¿Dónde estás? —inquirió sintiendo como la desesperación comenzaba a nublar su sentido común. Ese que le decía ¡llama a la policía, idiota! Comenzó a sudar frío, cuando desde más allá del dormitorio, tras la puerta que daba al pasillo, se asomaban los pies de la chica. El extraño, quien al parecer no había encontrado lo que buscaba, caminó en dirección al pasillo y sacando una pistola de su pantalón, apuntó directamente al cuerpo de la chica.
El corazón de Edward se detuvo y una fuerza irracional se apoderó de él. Agarró la maceta del ficus preferido de Bella, que tomaba sol en el balcón, y la lanzó contra el cristal. Éste estalló en cientos de fragmentos transparentes, con un ruido atronador. Sin mediar aviso, y sin recapacitar, se metió en el cuarto y se abalanzó sobre el intruso, derribándolo a puñetazos. Olvidó que tenía un arma, no se paró a pensar en que quizás tuviese compañía, él solo podía pensar en que quería matar al hijo de puta que fuese capaz de tocar a su chica.
El hombre, llevaba una alcaparra cubriendo sus ojos y un pasamontañas negro, pero eso no era suficiente para amortiguar los golpes que Edward daba, tan fuertes, que la quijada de el extraño crujía con fuerza.
— ¡Hijo de puta! —rugía iracundo, mientras golpeaba una y otra vez.
Un rodillazo, directo a su ingle, lo obligó a caer a un lado, el extraño aprovechó para ponerse dificultosamente de pie y salir corriendo del lugar. Amaba demasiado su vida, como para volver a enfrentarse a aquel demonio.
Una vez solos, Edward se puso de pie y corrió hacia Bella. Estaba inconciente en el suelo, con un golpe en su frente y otro en su pómulo derecho, que prontamente contrastaría completamente con la palidez de su piel.
— ¿Qué mierdas hice? —dijo tomando la cabeza de la castaña para asegurarse que estaba viva— ¿Isabella? Despierta, vamos nena, abre los ojos —murmuró apretándole con delicadeza el rostro.
Cuando ella abrió los ojos, aún aturdida, lo único en lo que fue capaz de pensar fue en que si no salía de aquel lugar, iba a morir.
— ¡Tenemos que salir de aquí! —ordenó alzándose bruscamente. Ni siquiera reparó en que era Edward el caballero de blanca armadura que acababa de salvarla, él quien hace solo unas horas la había destrozado por completo. Él, quien había dado la llave para que la caja de Pandora fuese abierta. Él quien sin tener idea de todo lo que ella arriesgaba involucrándose con otra persona, la había seducido y hecho suya.
Él, definitivamente no tenía idea de donde acababa de meterse.
Es poquito lo que tengo que decir, ya que estoy atrasada y aun debo colgar los capitulos en mis otras historias.
Cosas importantes!
Actualizo todos los lunes, no exijo reviews para subir, pero no me vienen nada mal. De hecho, me gustan, así que a quienes se toman el tiempo de dejarlos voy a empezar a enviarles adelantos del proximo capitulo a modo de agradecimiento. Para las que me preguntaron por interno de Galerna, voy a subir el primer capitulo esta semana, asi que tranquilas :)
que más? agradecerles de todo corazon por quienes agregan a favoritos, las que dejan sus reviews y en general a todas! son unos soles!
muá!
