Capitulo 1
Y alrededor de ese calido circulo, lleno de aventureros intrigados, nuestro sigiloso personaje comenzó a narrar una historia como ninguna otra... una leyenda.
Una leyenda de la cual, muy pocos sobre la faz de Hyrule tenían conocimiento.
- ... una leyenda, amigos míos, que están apunto de escuchar - dijo nuestro forastero, mientras que de su mano colgaban tres emblemas que resplandecían a la luz del fuego.
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"Corrían los primeros años del nuevo y prospero Hyrule. El odio y la maldad no existían, y las diosas, Din, Nayru y Farore, se veían totalmente complacidas con su magnifico trabajo.
Aunque aquellos hermosos y pacíficos tiempos no duraron mucho.
Entre aquellos seres, se empezó a divulgar el rumor de que existía una reliquia llamada La Sagrada Trifuerza, la cual, daba un poder inimaginable sobre los demás. Tentados por el deseo de poder y la codicia, dejando todo lo que necesitaban para llevar una vida llena de paz y felicidad, viajaron para encontrar la invaluable reliquia. Pero lo único que hallaron fue el enfrentamiento entre pueblos, muerte y desgracia a todo Hyrule, viviendo entre guerras y venganzas.
Ingenuos y cegados, sin nunca darse cuenta de que las diosas escogerían a la persona indicada para conllevar la valiosa responsabilidad...
Allá, en lo alto de los cielos, las tres Diosas Doradas contemplaban, lúgubres, aquella escena que se presentaba en la sagrada tierra.
- Un terrible mal esta cada vez mas proximo - dijo preocupada Din, la diosa del poder - puedo presentirlo, algo mucho peor... Hyrule pasara por tiempos terribles
- No podemos intervenir - dijo con dureza Farore, la diosa del coraje - los Hylianos debieron haber reflexionado sobre sus acciones y entender que La Trifuerza no esta a su alcance
- Pero apesar de eso, no podemos permitir que se destruyan entre si - dijo noblemente Nayru, la diosa de la sabiduria
Las tres diosas establecieron un silencio enorme en aquel glorioso lugar.
Nayru observaba con ternura a las pocas almas que persistian a tal infierno. Refugiadas en sus humildes hogares, mientras brindaban una sonrisa llena de esperanza a sus semejantes, anhelando que algun dia, todo eso terminara.
Farore, por su parte, se maravillaba de la enorme determinacion de algunos hombres para finalizar tan tremenda guerra. Concertando su enorme espiritu, luchando por la paz, poseian como un fin comun, tratar de que Hyrule volviera a sus tiempos de oro.
Din contemplaba con dolor el hecho de que sus gobernantes se veian impotentes antes la cruel confrontacion. Tratando con fuerza de recobrar de nuevo aquella paz, pero errando por aquellas personas que preferian asesinar a sus seres mas queridos para tratar de llegar, inutilmente, a lo que para ellos seria el poder infinito.
Con un sentimiento compartido de desesperacion, hablo por fin Nayru.
- Destinar a un ser supremo entre ellos - dijo decidida y con una voz mas firme, la diosa Dorada.
¿Como impugnar el excelente juicio de la diosa de la Sabiduria?
- Un ser unico, que nos represente y se destaque de entre los demas individuos - dijo la diosa Farore
- Sin embargo, con el poder suficiente para manejar sus diferencias y tenga la intuicion necesaria para comprender a los seres que hemos creado - finalizo la diosa Din.
Entre tanto, una diminuta luz surgia entre aquella obscuridad...
