Hola, gracias por entrar a leer~

Disclaimer: los personajes no son míos, solo la historia lo es.

Advertencias: contenido yaoi [chico x chico]

Disfruten~


Una hora, llevaba aproximadamente una hora en el mismo parque congelándose el trasero. Seguía en una especie de negación, pero, por lo menos, había superado el shock. Es que, joder, ¿a quién se le ocurría que Viktor Nikiforov debía ser su alma gemela? ¡Era impensable! Con un demonio, ¿qué mierda tenían en común a parte del patinaje? Si no hubiera sido por eso, nunca, en sus malditas vidas hubieran cruzado palabra alguna. Se llevaban 12 años de edad por el amor a los Piroshki. Negó con la cabeza, de cualquier modo ya sabía lo que debía hacer; evitar e ignorar. Un plan simple de ejecutar tomando en cuenta que el tipo se iría a Japón y él seguiría en Rusia, tal vez se verían en competencias porque Viktor después de retirarse como patinador se había dedicado de lleno a ser el entrenador de Yuuri, por lo que sabía esta competencia sería la última para él. ¿Katsuki se sentiría mal al saber que era él la persona que debería estar con Nikiforov? El estómago se le revolvió al pensar en ello.

Acomodó un poco la bufanda que llevaba y se puso de pie, no podía seguir más en ese lugar. Ser un mártir no era lo suyo, metió las manos en los bolsillos de su pantalón. Agradecía ser mayor de edad porque en verdad que necesitaba esa cerveza. Caminó en silencio, todavía sumergido en sus pensamientos, intentando ignorar el hilo rojo atado a su meñique, aunque no podía evitar darle miradas de reojo a veces, este se movía de manera algo inestable, además que las personas y las cosas solo parecían atravesarlo. Suspiró convencido de que su suerte era una mierda.

Encontró un bar después de un rato, por lo menos no lucía como un lugar de mala muerte, era grande y había varias personas, aunque cada uno estaba metido en lo suyo. Se sentó en la barra y el cantinero le dio una mirada de que claramente no estaba seguro de su edad, Yuri no estaba de humor así que solo ordeno una cerveza, si le pedían la identificación la daría. Sacó su celular, después de darle un trago a la bebida, le quemó la garganta al no estar acostumbrado a la ingesta de alcohol, pero aun así evito hacer una mueca, no quería que el cantinero o algún otro imbécil se burlara de él. Estaba acostumbrado a evitar que otros vieran su dolor, incomodidad o lo que fuera, esa no sería la excepción.

Frunció levemente el ceño al ver la cantidad de llamadas perdidas y mensajes, de todos los números había uno que era su prioridad. Busco el contacto y marcó, espero poco antes que la familiar voz le contestara.

―Yuri…―Otabek le contestó con rapidez. El rubio se sintió culpable al escuchar la falta de aliento, era obvio que lo había estado buscando.

―Hey…―dijo no muy convencido, meneó la cerveza en la jarra y carraspeó levemente para disipar la incomodidad, ese mugroso hilo no iba a joder la amistad con su mejor amigo―. Estoy en un bar cerca del lugar donde alquilaste la motocicleta, se llama Black, creo, ¿podrías venir?―preguntó con voz algo fuerte para alzarse entre el bullicio.

Otabek guardó silencio por un minuto, escuchó el rugido de la motocicleta ―. Voy para allá―la llamada se cortó y Yuri le dio otro trago a su cerveza.

Había llegado a una conclusión, no le gustaban las cervezas, pero la quemazón de su garganta lo distraía. Tal vez esa era la gracia de beber, distraerse en la sensación de sentirse mierda y olvidar los problemas. Ojeo la jarra al darse cuenta que ya no había líquido que descendiera por su garganta. Se la había acabado sin caer en cuenta. Ordenó otra y justo cuando iba por la mitad alguien se sentó a su lado.

―Encontré a mi alma gemela―soltó sin más cuando despego sus labios de la jarra con cerveza.

Altin se guardó la sorpresa para sí mismo, el rubio lucía igual que siempre, pero pudo distinguir en la llamada que recibió un tono algo inseguro. Algo que solo él se podría dar cuenta después de tantos años de tratar con el más bajo―. Era alguien de los que se encontraba en la fiesta―desechó la amargura de los celos, no venía al caso.

Yuri por fin se dignó a ver al pelinegro, sus ojos verdes lucían llenos de sentimientos―. Viktor Nikiforov―soltó en voz baja, en una especie de murmullo como si fuera un secreto que debía quedar entre los dos.

De hecho, eso solo debía quedar entre los dos, Viktor cargaría con lo suyo también porque dudaba que se lo contara al Katsudon, aunque esos dos se tenían mucha confianza así que no estaba seguro.

El pelinegro está vez no pudo ocultar la impresión, sus ojos se abrieron un poco denotando su sorpresa. Plisetsky sabía que ese gesto era mucho aunque para otros solo fuera algo mínimo.

―No lo esperaba―contestó finalmente el kazajo.

―Ni yo―admitió el de ojos verdes y le dio un trago a su cerveza.

Se quedaron en silencio por unos cinco minutos, Yuri se sentía más aliviado al saber que había alguien más que compartía la sorpresa. Otabek era agradable y ya sabía cómo lidiar con él, podía leerlo por lo que nunca había presión―. Otabek, vamos a casa―eso fue lo que dijo aunque lo que quiso decir fue otra cosa "hubiera sido mejor que fueras mi alma gemela". Se guardó el comentario para sí mismo.

Se puso de pie y dejo el dinero en el mostrador, el kazajo lo siguió y Yuri se prometió que si sobrevivía ese año invitaría a salir al otro.


Gracias por haber leído, la verdad no esperaba que alguien lo leyera o comentara, so los amo por seguir en esta historia medio rara (?) el cap es corto porque es una especie de preludio para lo que se viene. Solo quería enfocar un poco los sentimientos y pensamientos de Yuri~ Gracias por haber leído~

Nanami off~