Así pues, Austria trata de calmarse y respirar antes de bajar cuando Alemania detiene el coche frente a la casa de Suiza.

Alemania le da unas palmaditas suaves en la espalda, casi tan nervioso como él.

Austria asiente con la cabeza. ¿Que hacéis los dos haciendo este drama como latinos? Vuestro padre estaría escandalizado. Todo además para ir a hablar con otro no latino.

—Va a decir que sí, hombre... Celebraremos mañana todos con cerveza en la casa.

—Claro que va a decir que sí, nada más voy a pedirle que vayamos fuera el fin de semana.

—Vale, vale. No estés nervioso entonces —abre los seguros.

—Eso es muy fácil decirlo.

—Ja, ja... ya lo sé. Pero... Bueno. Sólo es… Es algo fácil. Ve paso a paso.

Austria suspira otra vez nervioso y se baja del coche.

—Te llamaré para mantenerte informado.

Alemania asiente volviendo a ponerse los lentes de sol.

—Espero que con buenas noticias. ¿Seguro que no quieres que te espere o algo así?

—No planeo volver esta noche, Deutschland —sonríe un poco con intención. Alemania carraspea y prende el coche.

—Ehm... Vale. Demasiada información. Nos vemos.

—Guten natch —da un pasito atrás para dejarle marcharse, toma aire profundamente y se vuelve a la casa que ahora mismo debe verse graaaaande e imponeeeeente.

Austria la mira unos instantes, toma aire y se acerca a la puerta tocando el timbre pensando que quizás consiga una llave de esta puerta pronto. Sacude un poco la cabeza para desestimar la idea, porque no quiere hacerse ilusión de nada.

Después de un ratito, Suiza abre la puerta en pantalones cortos cargo militares y camiseta... Porque es verano, es viernes y tiene calor en realidad. Se sonroja un poco al ver quien es, pero... Es viernes, no se puede decir que no le esperaba en alguna medida.

Y le corta la respiración al austriaco, no porque tenga unas piernas de infarto, que en realidad no es como que no las tenga, pero en esta ocasión se debe a que desde que se había planteado este asunto aún no se había enfrentado a él en persona para nada y no había pensado en ello. No se puede decir que no sufra una punzada de pánico Por un instante

—H-Hallo —saluda Suiza con esa vacilación de caaaada maldita vez, que detesta pero no consigue evitar—. No estaba seguro de sí vendrías hoy o mañana... Llegas a buena hora para la cena, que casualidad, pasa.

Y Austria tiene el impulso momentáneo de decírselo YA. AHORA. Pero años de entrenamiento en autocontrol y en llevar un palo en el culo le hacen fácil la tarea de evitarlo. Sonríe de lado como dando la bienvenida al suizo a algún otro círculo del infierno en el sentido de que está HISTERICO así que prepárate a tener varios infartos tú.

—Guten tag.

Suiza se pone un poquito tenso con la sonrisa y cambia el peso de pie. Austria entra parsimoniosamente y se quita la chaqueta... no sé porque lleva una chaqueta en verano, no me preguntéis, me parece que es una cuestión de esas de estilo o algo así.

Suiza cierra la puerta y pone la llave como cada vez, esperando que Austria termine sus asuntos con la ropa.

—¿Quieres agua?

—Nein. ¿Está Liechtenstein?

—Ja, en su cuarto, en Skype, me parece que con tu ex mujer.

Austria se tensa un poco con eso, pero recuerda que confía en Hungría y ella prometió...

—Me parece recordar que se llama Ungarn.

Si, caaaalma.

—Ella, Ungarn —ojos en blanco.

—¿Y planeas cenar con ella?

—¿Con Liechtenstein? Pues...

—Evidentemente, aunque puedes invitar a Ungarn también, si es que consigues recordar su nombre.

—Sí que recuerdo su nombre —protesta frunciendo el ceño —. Y ja, pretendo que cenemos con Liechtesntein... ¿Por?

—No huele a comida —se encoge de hombros y se va al salón. Suiza le mira un poco extrañado y le sigue.

—Pues no la he preparado aún, pero ahora saco un poco de pan —protesta.

—Exquisito —responde sarcástico.

—¿No quieres pan con queso? —pregunta después de un bufidito irritado.

—Lo dices como si hubieran más opciones.

Suiza frunce el ceño.

—Ja, sí que hay más opciones. Hay jamón... O... —cambia el peso de pie porque sí, aún no se sienta siquiera y en realidad tampoco hay tantas opciones—. ¿Qué quieres sino?

—Definitivamente, no jamón.

—Ni queso, por lo visto.

—No recuerdo haberme quejado del queso.

—Te quejaste del pan —se cruza de brazos.

—Y son lo mismo, por lo visto.

—Nein, no son lo mismo, ¿pero qué vas a comer? ¿Queso sólo? —aprieta los ojos y sospecha que...—. ¿Quieres ir a cenar fuera?

—Ahora sí que me creo que me estabas esperando hoy.

—Pues no sabía si vendrías hoy o no —se sonroja—. Y hay queso y pan para fondue... —agrega con la boca pequeña.

—Como tú prefieras —gesto desinteresado porque además solo protesta por los nervios... y porque no le has dado un beso cuando ha entrado.

Eso tan complicado… no se crean que no lo ha pensado. Suiza se sienta al fin en el sillón cerca de él, pero con una gran separación que implica cada uno en un sillón.

—¿A dónde quieres ir a cenar?

—¿No ibas a preparar fondue?

—¿No me has dicho que querías ir fuera? —protesta.

—He dicho que como tú prefieras. ¿En qué estás distraído que no me escuchas?

—¡Sí te escucho! Sólo intento entenderte —se sonroja un poco porque con él siempre se le puede acusar de estar distraído viéndole o algo así, pero esta vez de verdad sólo intenta resolver el acertijo de si quiere cenar sin Liechtenstein o algo. Esas declaraciones de "como tu prefieras" siempre tienen una elección buena y una mala—. Ehm... Pues... No tengo preferencia fuera de no tenerme que cambiar para ir a cenar fuera... —sin mencionar el precio de la cena... Ejem.

—Evidentemente no planeo entrar a cenar a ningún lado al que se pueda entrar con esos shorts —excusa para pegarle un repaso a las piernas, ACTIVADA. Suiza se sonroja y cruza las piernas y creo que lo único que consigue es que se le vea más trozo de muslo.

—Pues ya entraste aquí.

—Y no estoy seguro de querer saber qué los amerita.

—Hace calor.

—¿Nada más eso vale como excusa en esta casa? —se pone de pie dispuesto a... ¿de verdad, Austria?

Suiza levanta las cejas y se PLANCHA contra el sillón. Ojos abiertos como PLATOS. Sonrojado... Obvio, porque es que sabe, que si no le conociera… Así que como nadie le detiene, Austria se los quita y los dobla dejándolos en la mesita con cuidado.

—P-Pero. ¡Österreich! ¡Estos no son calzones, no como los tuyos! —gira la cara.

—¿Aja? —vuelve a sentarse tan tranquilo, cruzando una pierna sobre la otra.

—Va a bajar Liechtenstein además y te va a ver así... —susurra mirándole de reojito y apretando los ojos.

—Estoy seguro que serás perfectamente capaz de explicarle las normas —sonrisita de lado.

—Las normas no indican en ningún momento que te quites los pantalones —susurra.

—Indican que se puede ir sin ellos. Si tanto te incomoda, puedes prestarme los que llevas.

—No te voy a prestar los que llevo. Tú traes unos, póntelos otra vez, es perfectamente injusto que estés sentado así —sí, ha dicho injusto. Señala los pantalones.

—¿Qué tiene de injusto?

—Q-Que... ¿Sabes? Vamos a cenar a la calle —se levanta tomando los pantalones del austriaco de la mesita. Austria levanta una ceja mirándole hacer—. Póntelos que nos vamos.

—¿Qué es esta inestabilidad?—no los toma ni hace ademán siquiera. Suiza parpadea.

—¿Cuál inestabilidad?

—No paras de cambiar de idea cada minuto. ¿Qué será lo próximo? ¿Ir fuera todo el fin de semana?

Parpadeo, parpadeo.

—¿Q-Quieres ir fuera todo el fin de semana?

—Pues quién sabe qué quieres tú.

—Pues yo... Ehm... E-En realidad sólo es que —le mira las piernas de reojo y se sonrooooja sin poder evitarlo. Ya sonrojado que estaba, sólo le sube la intensidad.

—Después de todo no es de mi de quien hablamos —se levanta. Suiza da un pasito atrás.

—Pues yo... Es que... Ehm... No sé qué es lo que quieres. ¿Quién habló de ir fuera el fin el semana? ¿Ir a... Qué?

—De todos modos, si aún se me permite opinar, no podría ser este fin de semana, ni siquiera he traído equipaje.

—¿No ibas a quedarte? —levanta las cejas.

—Aquí, ja. Pero no para ir a la montaña o quién sepa a dónde me estás invitando a ir.

—A la montaña —levanta maaaas las cejas pensando que... No, claro que no le está invitando pero si ya va a mal entenderlo. Vacila sin realmente tener idea de cómo es que toda esta conversación está yendo por aquí. Mira el reloj y se lo piensa un poco—. ¿Así que no quieres ir a la montaña?

—Pues no es que no quiera, me parece que ni siquiera has hecho propiamente vacaciones este año. Aunque fuimos a Glasgow —me pregunto si vas a ocupar la misma estrategia para pedirle que se case contigo.

—Eso fueron unas muy extendidas vacaciones... Y no se llaman vacaciones con esa cosa con tu madre —protesta carraspeando un poco y pensando a dónde en las montañas pueden ir el fin de semana en verano... Quizás podrían ir a Anzère o a Braunwald...

—De nuevo. Primero sí lo son y luego no, es imposible comprenderte —protesta sonriendo un poco. Por algún motivo, hoy, aprovechando que se ha puesto de pie, no vuelve a ponerse los pantalones pero se cambia a sentarse en el sofá.

—Lo son porque tuve que dejar de trabajar. Y fue tu culpa. Y me diste otro trabajo —le mira y desfrunce el ceño un poco al ver que sonríe. Más aún cuando se sienta en el sillón. Parpadea y se sienta otra vez sonrojándose un poco—. P-Pero podemos.

—No fui exactamente yo, si no ella. Sigues culpándome por eso pero tampoco es como que te negaras —responde un poco más tenso con ese asunto. Suiza aprieta los ojos un instante.

—Ella es molesta y persuasiva —susurra —. Pero volvamos a lo otro.

—Pues tú eres el que está organizándolo, tú dirás qué tenías en mente —insiste y le mira de reojo. Suiza parpadea porque él no recuerda haber organizado nada. Insiste en no tener idea de cómo han llegado hasta aquí.

—¿B-Braunwald? Está a dos horas veinte de aquí.

—¿Me estás preguntando si tú quieres ir ahí o me estás pidiendo permiso? —mirada por encima de las gafas.

—Te estoy preguntando si TÚ quieres ir ahí —se sonroja de nuevo porque esa miradita de regaño... —, porque es que, Ehm. ¿Este? Podría planearlo más e ir el siguiente.

—Pues depende de lo que quieras ir a hacer. ¿Qué estás pensando? ¿Ir a pescar, o hacer senderismo... o nada más quieres ir a hacer la cabra en una pared vertical? Ni siquiera es temporada de esquí.

—La... Cabra. Yo... ¡Pues tú has dicho de ir a la montaña! —se defiende y le mira de reojo—. ¿Quieres ir a pescar? Si vamos a caminar voy a tener que cargarte todo el rato.

—Cuando yo lo he dicho no era más que un ejemplo, además no niegues que te gusta hacer la cabra —le acusa sonriendo.

—No me gusta hacer la cabra... O sí que me gusta, pero a ti no, no vamos a ir a la montaña a que yo haga la cabra y tu protestes —le mira sin fruncir del todo el ceño—. Y yo... Entendí que querías ir, en realidad, ja, ya sé que es verano, danke... De hecho es bonito en verano, con los pastizales y los Alpes al fondo.

—¿Cuánto hace que no subes a Matterhorn a ver si están ahí aun todas sus piedras?

—¿Al Matternhorn? Años. Y sí que están todas mis piedras, ¡nadie más ha subido!

—Que bien que lo tengas tan claro.

—Claro que lo tengo claro —pausita — ¿Tú alguna vez has subido?

—Si no me has subido tú, no lo creo —tan cínico. Suiza frunce el ceño.

—Lo que eres y siempre has sido es un FLOJO. No voy a cargarte a la punta del Matternhorn.

—Supongo que serán vacaciones para uno nada más entonces. ¿Viene esto queriendo decir que la semana que viene no venga a verte?

—Nein, no estoy diciendo que no vengas —Suiza frunce el ceño aún más—. Podrías venir caminando tú, a buena velocidad y hacer pausas cuando te canses… Que serán tantas que seguramente acabaré llevándote a la espalda... —agrega al final y se rasca la frente.

—Pues podría si eres capaz de relajarte y mirar el paisaje en vez de chillar sobre perder el tiempo o sobre el ritmo lento que cansa más.

—¿De verdad subirías conmigo al Matternhorn? —ahora hasta te ilusiona y se lo pides. Suiza eres el colmo. Austria sonríe un poco al notar ese tono en su voz—. Es un viaje largo y cansado y si vamos lentamente nos tomaría un par de días.

—Una perspectiva encantadora.

—No quieres ir —bufidito—. ¿Sabes? Sería maravilloso saber qué quieres.

—Pregúntamelo entonces en vez de estar organizando cosas a ciegas.

—Verdammt. ¿Qué quieres entonces?

Austria se le acerca un poco y le susurra al oído "molestarte" consiguiendo provocarle un escalofrío y un sonrojoooo.

—P-Pues... Pues...

—¿Pues pues was? Organiza las frases antes de hablar —riñe de nuevo como si nada subiéndose las gafa.

—Siempre me molestas —medio protesta recargándose en el respaldo tocándole un poco hombro con hombro.

—Y aun así, esta vez estás haciéndolo tú al marearme sobre si vamos o no vamos a escalar esa montaña.

—Yo no estoy mareándote, estoy ponderando las opciones —se rasca un poco la cabeza porque en honor a la gran verdad, NO sabe qué hace.

—Recordaré usar un argumento similar la próxima vez que protestes.

—¡Nein! ¡No uses mis argumentos en mi contra!

Austria se ríe. Vueeeelta a relajar el ceño y a mirarle de reojo.

—¡Jum! Debería molestarte yo de vuelta y darte sólo queso y llevarte a caminar sin cargarte.

—Cuanta crueldad.

—Es lo mínimo que mereces —se le recarga un poquiiiito, inconscientemente. Austria lo nota y se humedece los labios poniéndose nervioso de nuevo con el tema que le pesa en el cerebro.

—A saber qué habré hecho tan malo.

—Pues molestarme y molestarme a propósito

—¿Y no basta con negarme el saludo?

—¿Negarte un saludo? —tomado desprevenido.

—¿No te parece? Será que no.

—Te dije hola en la... —pausa porque bieeeeen que sabe—. Tú llegaste.

—¿Y?

—Lo lógico es que quien llega saluda —le mira de reojito.

—No es eso lo que dices cuando vienes por mí a Berlín.

Se le ponen las orejitas rojas y no digas, austriaco, que el 90% de las veces consigues que él te de los besos.

Suiza se humedece los labios y gira la cara sin estar del todo seguro... Toma valor un par de segundos, respira, se gira a él otra vez. Porque es así de cuadrado y es verdad que no se han saludado como Austria siempre dice que se deben saludar.

—De todas formas tampoco hace falta ahora ya —se aparta poniéndose de pie.

Suiza le mira hacer con la boca medio abierta y se sonroja más aún porque sí que le iba a dar un beso y ha sentido el castigo del látigo del desprecio austriaco. Se limpia la boca con el dorso de la mano y frunce el ceño.

Austria le mira con ojos un poco entrecerrados, cruzándose de brazos y sonriendo. El suizo hace un mohín y se recarga en el sillón, ehm metiéndole un repasón hasta mirarle a la cara.

—¿A dónde vas?

—A buscar a Liechtenstein.

—¡No vas a ir así a buscarla! —se levanta de golpe y queda muy muy cerca... Abre los ojos como platos. Se deja caer de nuevo

—¿Por?

—¡Porque estás en paños menores! ¡Es indecente!

—¿Y cómo estás tú?

—¡En pantalones cortos! ¡No son indecentes! —se pone las manos sobre las rodillas. Bien Suiza, así te cubres todas las piernas con tus manotas.

—Son tan largos como los míos.

—Pero yo debajo traigo ropa interior. Tú abajo traes... ¡Nada! ¡En un movimiento Liechtenstein podría verte algo!

—¿Crees que es algo que no ha visto? —ceja levantada. Suiza levanta las cejas.

—¿L-Lili te va visto desnudo?

—Me ha visto contigo, liebe.

Se le queda mirando con la boca abierta como un pez mientras el color se le sube de nuevo. Si quieres huir por ella, Austria, es ahora.

—¡N-No nos ha visto! —chilla apretando los ojos. Me encanta Austria calmándose con Suiza histérico. Es un fenómeno de estudio. El moreno sonríe más con eso—. Y si algo ha visto, que no lo ha visto, ¡es completamente tu culpa por ser un desvergonzado! —sigue con los ojos apretados.

—No soy tan fuerte para desnudarte contra tu voluntad.

—Pero siempre lo haces... Siempre haces que... ¡Siempre consigues que se haga donde no debe ser y luego pasan cosas como que Lili baja a la MITAD!

—Insisto en que no tengo fuerza para obligarte a nada.

—Nein, si tu no necesitas la fuerza.

—¿Cómo voy a no necesitarla?

—Pues haciendo esas cosas que haces así... así... De esa manera en que... Haces que me pone tan nervioso

—Aja...

—Y luego además te das el lujo de decir que no quieres y... ¡Yo creo que de verdad sólo me estas molestando!

—¿Que no quiero qué?

—P-Pues... Eso —sonrojito porque, claro, habla del beso pero es incapaz de decirlo.

—"Eso" no es nada.

—Eso que me dijiste que no habíamos hecho en la puerta cuando llegaste.

—¿Aun estás con "eso"?

Suiza parpadea un instante y carraspea.

—P-Pues nein, sólo... No es que yo... —aprieta los ojos porque lleva fácil cinco o diez minutos balbuceando y lo odia—. Verdammt —se ordena la cabeza histeriquito—. Sigo con eso porque reclamas y luego te das el lujo de decir que no. Pero es igual —se cruza de brazos.

—Solo digo que si tanto querías, haberlo hecho desde el principio.

—¡No es cierto que yo quería! —chillidos, chillidos —¡Y tú también querías!

—Yo lo he comentado por una cuestión del orden universal.

Parpadeo parpadeo. Como te gusta "torturarle" un poco.

—Pues yo... Yo… ¡Yo tampoco quería! ¡Ya lo he dicho! De haber querido lo hubiera hecho y ya —ajaaaaaa, claaaaaro. Gira la cara rojo como tomate pensando que es idiota por querer un beso y... la misma cosa de siempre.

—¿Y por qué me has reclamado que soy yo quien ha llegado?

—P-Pues... Porque... Porque tu... Porque... —y ahí estamos de nuevo con los balbuceos—. Eres un idiota.

—No soy idiota, soy molesto.

—¡Aghhh!

Austria se ríe otra vez, lo cual no ayuda a la frustración en realidad. De hecho consigue que quiera matarte un poco. De hecho este es justo uno de esos momentos en los que podría sacar la pistola. No esa, la otra.

—¿Ves? ¡Ves cómo eres idiota! —protesta ooootra vez—. ¡Deja de reírte!

Como si fuera a lograrlo. Suiza se levanta y le tapa la boca con la mano. Austria sonríe aun con la mano en la boca. Es que además, Austria se ve... Contento. Quizás está tenso o algo así, ¡pero sigue sonriendo!

Suiza traga saliva porque esta otra vez bastante cerca y bastante sin pantalones, no crean que lo olvida y hoy está siendo ESPECIALMENTE molesto. Austria hace un gesto con las cejas, levantándolas. Suiza le quita vacilante la mano de la boca.

—Was? —pregunta el helvético ya ahora... Curioso.

—¿Eh?

—Estás... no lo sé, te ves como... —diría radiante pero es una expresión completamente estúpida y ridícula.

—¿Cómo qué?—inclina un poco la cabeza

—Sonriendo.

—Pues sí.

—¿Te burlas de mí?

—Nein, me haces gracia, que es otra cosa.

—¿Por qué te hago gracia?

—Te sonrojas, chillas, protestas y te pones nervioso. Y te haces un lío que no sabes ni si quieres o no que vayamos a la montaña.

Carita de culpable porque tooodo eso es cierto. Austria sonríe más sinceramente, de alguna forma reafirmando en su mente la idea de que le gusta.

—Es todo tu culpa que me pones nervioso a propósito —carraspea—, y no es que no SEPA si quiero o no.

—¿Ah, nein?

—Es que... —parpadea y le mira a la cara y piensa que lo que iba a hacer era darle un beso y luego pensar en si quiere o no ir a la montaña, porque desde que se lo "negó" sólo está pensando en eso pero es que... ¿Y si se niega otra vez? Se le acerca un poquito y le mira los labios—, haces cosas que no entiendo.

—¿Cuáles?

Suiza se pone un poco de puntas y el color rojo en su cara aumenta.

—Si digo que sí me acusarás y dirás que no quieres ir.

—¿Eso haré?

—Eso hiciste con el beso —murmura poniéndole una mano en el hombro empezando a estar dispuesto a darle un beso.

—¿Y cómo planeas evitarlo?

—Arrancándote la cabeza —se estira y de golpe le da un beso con los labios cerrados.

Pues no puede hacer nada para evitarlo, claro y de igual golpe Suiza se separa. (Y todo esto sólo por un beso y para ponerse de acuerdo para irse el fin de semana)

Austria parpadea descolocado. Suiza le mira y es que está tenso como un palo.

—¿Y eso?

—P-Pues... Fue un... Eso

—¿Ahora me golpeas con los labios?

—Was? Yo... ¡No fue un golpe! —le mira un poquito desconsolado porque le ha costado uno y la mitad del otro acercarse. Frunce el ceño de inmediato borrando la cara de desconsuelo.

—Nein? ¿y qué fue?

—¿Pues qué demonios no estabas viendo lo que fue?! ¡Fue un Verdammt beso! ¡El de saludo y el que no me querías dar y me importa un pimiento si no querías dármelo! —chillidos... Y para su mala suerte Liechtenstein aparece en las escaleras en eeeeeste preciso momento —. ¡Si quiero un maldito beso, te doy uno y ya! ¡Eres un reverendo idiota!

Austria levanta una ceja y se queda en silencio unos instantes antes de girarse a mirar a Liechtentein lentamente para evidenciarle a Suiza que está ahí. El helvético parpadea al verle la cara y más aún al ver que se gira, y más aún al ver a la chica medio petrificada en las escaleras.

—Guten tag —saluda Austria tranquilamente. Ella hace una pequeña reverencia a Austria de esas que siempre le hace, sonrojadita.

—Verdammt... —protesta Suiza tomando a Austria un poco del brazo intentando moverle para salir corriendo a la cocina o a la montaña... El austriaco corresponde con un gesto y se deja tirar, no es como que pueda evitarlo.

—Ehm... Iba a preparar la cena —susurra Liechtenstein aún sin moverse en su tono de voz ultrasónico.

Suiza protesta algo así como con un ladrido huyendo a la cocina en cuanto tiene el camino libre dejando a Austria con Liechtenstein, que salta un poquito y luego mira al austriaco vacilando un poco.

—Quizás pueda esperar un poco más para cenar... —susurra pensando que seguramente querrán estar solos.

—¿Ungarn te ha dicho algo raro? —pregunta de plano el histérico. Liechtenstein parpadea, pensando que han hablado sobre algunos vídeos, sobre Prusia, sobre Canadá.

—Nein.

—Bien, bien. Dame unos minutos.

—¿Cuántos?

—No lo sé, es para tratar de calmar a tu hermano, así que posiblemente una vida.

Liechtenstein mira a la cocina preocupada y luego a Austria.

—Bueno... Bajaré en un rato.

—Danke —le sonríe—. Me apetece helado de chocolate. Tal vez podamos ir luego por uno.

—Eso seguro pondría de buen humor a mein bruder —le sonríe de vuelta. Austria se humedece los labios porque quizás debería molestarle un poco menos y ponerle en una mejor predisposición.

—Veamos qué dice.

Ella le sonríe un poco y asiente volviéndose para subir las escaleras. Austria vuelve a tomar aire tratando de calmarse y se va detrás de Suiza, que está en la estufa poniendo la fondue.

El moreno sonríe y se le acerca por la espalda. El rubio se agacha un poco, baja la lumbre y revuelve un poco con la pala de madera, sin enterarse

El austriaco le pone una mano en la cadera, lo que hace que el suizo pegue un saltito y se gire a mirarle.

Austria da un pasito atrás pero no quita la mano. Suiza traga saliva.

—Ah... Vas a tener que comer fondue, o sentarte a mirar —murmura girándose a la ollita

—Tal vez me lleve a Liechtenstein a cenar fuera —responde sin poder evitarlo, aunque no aparta la mano. Suiza parpadea

—Was?

El austriaco se encoge de hombros

—¿Vas a ir tu a cenar con Liechtenstein? ¡Verdammt, aquí hay queso para tres! —vuelve a protestar y se mueve para que le quite la mano de la cintura, apagando la estufa. Así que se la quita.

—Pues puedes venir o darte un atracón.

Parpadea calmándose un poco al ver que de una manera extraña parece no estar no invitándole

—¿Vas a invitarme a cenar a mí también? Voy.

—Nein, creo que sería de mala educación hacerte desperdiciar todo este queso.

En otros tiempos Suiza habría ocupado muy bien el queso colocándoselo en la cabeza. Me encanta la versión austriaca de "tranquilizar a Suiza".

—Bueno, entonces largo —le echa el helvético.

—¿Largo? No vas a comerte todo ese queso tu solo.

Suiza le mira dejando caer los brazos.

—Verdammt... Voy a matarte hoy, de verdad. ¿Qué es lo que quieres? ¿Decir exactamente lo opuesto a lo que digo? Quédate a cenar.

—Vale.

Parpadeo parpadeo de nuevo.

—Eres incomprensible —protesta volviendo a prender la estufa.

—Nein, solo complicado.

—Muy complicado. Saca las cervezas del refrigerador, bitte.

—Claro. ¡Liechtenstein! —la llama en voz alta.

—Nein, ¡no dije dile a Liechtenstein! ¿Acaso no puedes sacarlas tú?

Se encoge de hombros. Suiza hace los ojos en blanco tomando la olla con un trapo.

—Eres incorregible —sentencia

—Y aun así es interesante como apenas tienes otro tema de conversación a parte de mí y mis defectos.

—Si hicieras algo más que molestarte podríamos hablar de mejores temas —asegura sonrojándose un poquito—, ven, vamos al comedor, ahora volveré por las cervezas.

—Si no te molestara nada más estarías pensando en besos como antes —le acusa.

—No estaba NADA MAS pensando en besos.

—No creo que "como conseguir golpearme con los labios" se considere otra cosa en tu caso.

—¿Sabes? Debería demostrarte realmente lo que es "golpearte con los labios" para que dejaras de estar protestando, ¡te estaba dando un beso!

Otra vez aparece Liechtenstein en las escaleras. Austria levanta una ceja.

—¡Agh! ¡Deja de hacerme esas caras! ¿Qué es lo que querías? Ya podrías tu darme uno si no te parecen los míos —saca los platos del trinchador.

Se le acerca Austria entonces y a Liechtenstein le brillan los ojos. Hungría, ¿qué le has enseñado a la chiquilla?

Suiza pone los platos en la mesa y le mira de reojo porque está protestando por protestar. El moreno le pone una mano en el hombro.

Suiza levanta las cejas porque los besos tampoco suelen ir así nada más por existir. (Claro que tampoco los pide) Le cambia la cara, desfrunce el ceño y la verdad es que sí que quiere un beso.

—Solo porque lo pides —susurra Austria y se lo da.

Suiza suelta el aire relajándose, cierra los ojos y le hunde la mano en el pelo. Es bastante profundo porque él también tenía ganas con todo el... asunto.

Liechtenstein les sonríe tiernamente y ahora todo va a fluir mejor, muchachos, van a ver.

Con suavidad, terminan por separarse, Suiza aún con la mano en su pelo porque una vez que la mete ahí, sacarla le cueeeeesta.

El austriaco le mira con la respiración agitadilla y el helvético se relame mirándole también a los ojos, acariciándole un poco el pelo.

—Al menos parece que sí notas la diferencia.

—¿La diferencia? Ah... Del beso —susurra.

—Ja.

—Es que no es tan fácil... —arruga un poco la nariz y desvía la mirada.

—Ah ¿nein?

El helvético carraspea un poco y vuelve a hacerle un cariñito en el pelo, parece que su mano ahí dentro tiene libertad propia.

—Nein.

—Pero, bueno, veo que para eso estas tú, cuando al fin se te da la gana... —sí, Austria, es lo que piensa, que tú eres hábil como Francia.

—Tú fuiste el que lo pidió.

—¿Y basta pedirlo? —sonrojito.

—No siempre.

—Me caes fatal —aprieta los ojos, le acaricia un poco una última vez y luego carraspea un poquito para que se separen. Austria sonríe.

—Se enfría el queso —susurra girándose a la mesa, CONSIDERABLEMENTE más tranquilo.

Liechtenstein espera un poquito sin moverse. Habilidades que ha aprendido últimamente de su novio... Esto de ser invisible.

—Pues prende la llama en la fondue —como si nada.

—Ja, ja... A eso voy —responde sacando los cerillos cuando finalmente Liechtenstein entra al comedor yendo antes de que se lo pidan por cervezas para cada quien.

Así que no tardan en finalmente estar sentados cada quien en su lugar. Liechtenstein mirándoles sonriente con esa mirada que hace Hungría también de awwww

Austria la mira de reojo y luego a Suiza. Ella le sonríe un poquito mientras Suiza concentradamente mete un panecito en el queso con la lengua medio de fuera y cara de hambre.

—Aun no me ha quedado claro lo del próximo fin de semana.

—¿De verdad quieres subir al Matternhorn? —pregunta Suiza mirándole y... Es que de verdad que le hace cierta ilusión. Así que el tono es un poco menos agresivo que de costumbre.

Austria traga saliva porque en una situación normal no querría, era una cima realmente alta y él no estaba para nada en condiciones, pero se imaginaba yendo con él y demostrándole que era capaz de hacer cosas por él y ser fuerte en aspectos que él valoraba. Y no solo en las cosas que se le daban bien.

—Podemos... Vamos a tomar más de dos días en ir y en volver, pero la vista es impresionante. Puedo hacer un itinerario LENTO, sólo que tienes que comprometerte a seguirlo aunque te canses, lo haré lo menos cansado posible —le mira — ...También ayudaría si fuera mein mutter, o Liechtenstein con nosotros —practicidad al máximo.

Liechtenstein levanta un poco las cejas y no diremos que no está un poco impresionada con la idea de que Austria se plantee ir con él a la montaña.

—Me parece que Liechtenstein podría querer invitar a alguien a casa.

Suiza levanta las cejas y mira a Liechtenstein acusatoriamente, ella ni le mira, sonrojadita.

—Por eso creía que querías ir solos tú y yo —sigue Austria.

—¡Bah, aún peor! —frunce el ceño y mira a Austria otra vez con lo de "solos tu y yo"... Austria sembrando las ideas en la cabeza de Suiza minuto a minuto—. Seamos realistas, la parte de alpinismo profesional no la vas a hacer.

—¿Aja?

—Así que... ja, quizás con un poco de esfuerzo y el equipo apropiado sí que podamos subir un buen trecho, los dos solos —hasta sonríe un poquito

—No estoy seguro de que no quieras hacer la cima.

Suiza parpadea.

—Pero... Es que sí que quisiera hacer la cima, pero es un trecho complejo, Österreich... ¿Sabes algo de alpinismo? —o más o menos lo que has visto de mi escalando una pared como cabra.

—Sé lo que te he visto hacer, Schweiz.

El suizo se rasca un poco la frente, pero sonríe un poco de lado, de verdad complacido con que de menos tenga el ánimo de hacerlo. Es como que llegara un día a decirle "vamos a entrenar mañana en la mañana".

—Vale, haré un itinerario —asiente pensando que no va a subirle a la punta, pero conoce lo bastante sus montañas como para saber hasta dónde pueden llegar y tener una fantástica vista del Matternhorn sin que Austria pueda perder un dedo por el congelamiento.

—Iremos el viernes —agrega después de meterse un panecito a la boca, pensado que el sábado es el cumpleaños de Suiza.

—¿El viernes? —se le detiene un poco el corazón.

—¿Cuándo querías? —levanta una ceja y le mira.

—¿Yo? Tú eres el que está organizando esto —se lleva la cerveza a los labios y da un trago laaaaaaargo.

—Quizás pueda recorrerlo al jueves. El lunes y el miércoles tengo que ir a la oficina, y mañana hay que ir a comprar las cosas... Pero estoy de acuerdo, entre más pronto el clima es mejor.

El moreno se acaba la cerveza de solo un trago con eso. El rubio levanta una ceja y creo que hace un ruido extraño que es una risa.

Austria le mira levantando las cejas.

—Vas a estar bien, puede que vuelvas queriendo morir... Pero vas a estar bien —se mete otro pan a la boca complacido.

—Una perspectiva encantadora.

Otra cosa parecida a un ladrido. Liechtenstein le mira a ver si se le ha agotado un panecito. No, chicos, se está riendo, no sean pesados. Austria también.

—Nah, hombre, ¿confías en mí?

—No mucho, antes parecías querer dispararme a la cabeza.

Suiza frunce un poco el ceño.

—Mientras he podido cargarte nunca te he dejado en ningún sitio. De hecho, merecería que me confiaras a mí tu vida más que a nadie más —protesta un poco.

—¿Qué te confiara mi vida?

—Pues claro. De hecho no sé si alguien te ha dicho esto antes, pero no puedes hacer alpinismo con alguien a quien no le confiaras tu vida... —inclina la cabeza—. ¿Por qué no me la confiarías?

—¿A ti que me tachas de cínico, insoportable e incorregible y que aseguras odiarme?

—Bueno... Ja. Pero eso no tiene nada que ver —se sonroja un poco con eso.

—¿Nein? ¿Con que tiene que ver?

—Con que te he rescatado de toda clase de agujeros y emboscadas desde que eras de este tamaño. Da lo mismo cuanto te odie.

—Será que no me odias tanto

—Nein, nein. Sí que te detesto —asegura con esa pasión...

—En cualquier caso, ¿cómo esperas que te confíe mi vida si sé que tú no me la confiarías a mí?

Suiza le echa una de ESAS miradas, Austria se la sostiene.

El suizo traga saliva pensándoselo, porque no está acostumbrado a confiarle su vida al austriaco hace demasiado tiempo como para siquiera pensar en ello. Le confiaría su vida a Liechtenstein antes que a nadie más. Lo merecía, era... Su hermanita, alguien en quien confiaba ciegamente.

Sin embargo Austria había reaparecido en su vida hacia no tanto y tenía que admitir que tampoco podía decir que fuera un cualquiera hoy por hoy. Quizás no era confiable del todo, en todas las cosas, pero hoy estaba seguro de que, si bien había muchas cosas que quizás Austria no haría por él... tampoco podía decir que no le confiara cosas. Le confiaría a Liechtenstein de ser necesario, por ejemplo.

—¿P-Por qué estás tan seguro?

Austria levanta las cejas al notar que se lo ha planteado y no ha llegado a una conclusión terrible, al menos no parecía con esa respuesta ambigua, no era un "por supuesto que no" rotundo, así que quizás no estaba todo perdido y sí salía bien esto.

No había planeado preguntarle esto como exploración del terreno, pero quizás valía la pena tratar de ahondar en el asunto. Le mira con la boca un poquito entreabierta un instante y se revuelve en su asiento nerviosito y extrañamente sonriente.

—Insisto en mencionar tus comentarios sobre el desprecio, puede que alguno me haya llevado a pensarlo.

Suiza parpadea y carraspea.

—¿A-Ahora resulta que crees cada cosa que digo? —le mira de reojo y vuelve a concentrarse en la fondue—. Que conveniente.

—Cuéntame cómo es que funciona entonces.

—Lo que digo es que nunca has creído ninguna de las cosas, ¿y ahora mismo decides que te afecten psicológicamente? —le mira notando el nerviosismo.

—No es que no las haya creído, es que las he respetado desde la distancia —tan TAN cínico. Suiza le mira con la boca abierta como PEZ—. No habría estado aquí esta noche de no ser así —se encoge de hombros.

—Qué clase de comentario tan... ¡Verdammt! ¿Respetado? Ojalá alguna vez hubieras sido la mitad de lo respetuoso que yo esperaba, además.

—De haber sido más respetuoso habría sido aún más distante, así que mejor ser distante con ellas en vez de contigo. Ya pasamos bastante tiempo sin hablarnos, ¿no crees? —le mira de reojo.

—Ja, bueno... Nunca es tiempo suficiente contigo —responde sonrojándose un montonal, pensando que desde luego que fue MÁS que suficiente para tres vidas, en realidad—, sin embargo... Bueno, aquí estamos, yo teniendo que soportarte, tu siendo dañado psicológicamente con mis hirientes comentarios de desprecio...

—Y a pesar de ello queriendo que te confié mi vida —acaba su frase.

—Nein, es que no es que lo quiera, es que... Merezco que me la confíes.

—¿Y qué es lo que te hace merecedor?

—Centurias de salvarte el pellejo y... Cargarte por las montañas y soportarte en general. Es evidente que tú si me confías a mí tu vida, no veo que haya punto a discusión.

—Es evidente que el punto de discusión está en lo reciproco —aun así se sonroja un poco y se pone más nervioso con todo este tema.

Liechtenstein les mira como suele mirar el tenis, con una sonrisita de esas que creo que le sacó a... Debe ser a Austria.

—Es que no veo en que situación mi vida podría estar en tus manos estando en la montaña escalando, Österreich. ¿Qué vas a hacer? ¿Cargarme? Si no tienes idea de alpinismo —se sonroja el también un poco, pensando en todo esto y tratando de enfocarlo sólo al alpinismo.

—No estaba hablando exclusivamente de alpinismo. Tú eres quien ha dicho que no se puede hacer esto sin confiar en la otra persona, así que supongo que si has propuesto hacerlo es porque sí confías en mí de algún modo para que te ayudara si tú fueras el que acabara en un apuro.

Suiza se REVUELVE. De hecho no sé cómo no se cae de la silla.

—De... Algún —carraspeo sin mirarle, montando un panecito—, modo.

—Y debido a que este no es uno de los mejores aspectos de mi vida —que es imposible no saber nada de alpinismo viviendo en los malditos alpes, burro—. Me preguntaba si sucedería lo mismo en otras áreas de la vida o nada más estás seguro de que sabes tanto sobre la montaña que podrías hacerte cargo de cualquier problema que tuviéramos tanto tú como yo.

—En realidad digo que confío en ti pensando así como confío en la buena voluntad de la humanidad o en que una cabra quizás podría ayudarme. O los perros, los perros son muy fieles a sus amos. De hecho no sé cómo es que no tenemos un perro en estos tiempos —vuelve a revolverse nervioso—. Y... Sólo es sobre el alpinismo, en lo demás... Ehm... Nada.

—Así que volvemos a mi punto sobre que pides que yo confíe en ti sin reciprocidad. Me pregunto si acaso crees que yo no soy merecedor —le mira escrutándole.

—¿De verdad crees que... ?—empieza a la vez que él y se calla cuando le escucha—. Desde luego que NO eras merecedor —Ojo, el tiempo del verbo es ABSOLUTAMENTE crucial en esa frase.

—¿Era?—no creas que no lo ha notado. Suiza carraspea y abre los ojos medio en pánico. Aprieta a boca.

—'res —murmura con los labios apretados, casi sin moverlos.

Liechtenstein se pregunta en serio como es que pueden discutir esto a estas alturas de su vida... ¿Que no llevan saliendo así como... Años? ¿Y ahora mismo en una cena cualquiera hablaban de la confianza? ¿De verdad?

—¿Qué debería hacer para serlo, entonces? ¿Ser yo quien te subiera cargando? —pregunta como si esa posibilidad rozara lo absurdo… que lo roza, de hecho, por no decir lo sobrepasa. Debería estar Suiza completamente en una situación de vida o muerte y que no llamara un helicóptero entonces.

—N-No tienes con qué cargarme sin hacerte una hernia, Österreich —balbucea porque se había ido por completo de la conversación del alpinismo—. Lo más que podría darte es un silbato para que lo suenes cuando vengan los rescatistas y nos encuentren.

Y el problema es que... acaba de darse cuenta de que confía en Austria mucho más de lo que había caído en la cuenta. No en la montaña de alpinista, sino en general. Sí, no ERA confiable, pero poco a poco se había hecho completamente molesto y... Confiable.

—Era un paradigma exagerado, pero la pregunta es lícita.

—De hecho, el problema aquí es... Si realmente quisieras que confiara. Si tuvieras que cargarme, ¿lo harías? ¿O te parecería mucha molestia, un esfuerzo que no vale la pena..?.

—Seguramente sería capaz de encontrar el modo de no necesitar hacerlo.

—Como enjaretarle el problema a Liechtenstein, por ejemplo. Llamarla y que vaya ella a buscarme. ¿Sabes? Es que para eso no te confío la vida a ti, sino a ella.

—Eso solo implica que resuelvo los problemas de forma diferente que tú, no que no los resuelva.

—El problema es cuando no hablamos de alpinismo.

—¿Qué problema hay entonces?

—Pues en otras cosas, si no es que no resuelvas los problemas como yo, es que... —y ahí se queda sin el argumento de "no eres confiable", porque ahora... Lo es. Lo es mucho más que antes—, es inestable. Eso es.

—Inestable —repite con solemnidad.

—Ja. Inestable. Es ese el problema real —da unos golpecitos en la mesa con el índice pensando en ello—. Siempre se te puede ocurrir... Una guerra mundial.

—Was?—deja de montar un panecillo mirándole.

Suiza se humedece los labios porque... Estaban hablando del alpinismo, ¿no? No reclamándose la historia. Pero, era eso lo grave de confiar en Austria, en realidad, un día estaba... Y al otro perdía la cabeza.

—Es decir... ¿aún me estás reclamando el holocausto?

—Ja. Nunca sabe uno en que momento puedes... —le mira—, Nein. N-No propiamente.

—Mjm... —le insta a continuar.

—Sólo digo que es inestable. Es... No se puede confiar así sólo... Así.

—Nein?

—Ya lo he hecho y en realidad siempre termina en que es inestable, aunque ahora son otros tiempos.

—¿Y cómo funciona ahora? —en realidad sabe que está hablando del periodo entre guerras.

—Es que en realidad, tampoco sé cómo es que reclamas que no confío.

—No es tanto un reclamo como una pregunta.

—Nein, es que después de TODO eso... estas sentado en mi mesa, dentro de mi casa, dentro de... Mi... Casa —sonrojo—. Cenando conmigo y con Liechtenstein. ¿Y sabes? Hay más gente a la que confiaría mi vida que a la que le confiaría mi intimidad —resume al final. Austria sonríe un poquito, sinceramente.

—Eso es bastante bonito, me sorprenda que lo digas tan fácilmente.

—¡Nein! No es bonito ni lo digo fácilmente, de hecho pienso que es estúpido y que siempre ha pasado lo mismo —Suiza color y brillo rojo semáforo.

—Aunque se contradice un poco con lo que siempre dices, es extraño que compartas tu intimidad con alguien que odias.

Bufa y se sonroja, atrapado, porque no crean que el mismo no sabe que eso es una contradicción enorme.

—P-Pues... Pues no me importa que te parezca a ti extraño, yo a ti te detesto de igual manera y no comparto ninguna intimidad. Sólo estas aquí porque...—resopla.

—Me esperabas.

—Pues tú viniste SÓLO, como siempre, no es que te haya invitado.

—Pero esperabas que viniera, tenías preparado queso para tres, compraste cervezas y me lo dijiste cuando llegué. Es decir, no me has invitado, pero seguramente me habrías llamado mañana por la tarde para saber qué hacía si no hubiera aparecido.

—P-Pues... Eso dices tú —gruñe un poco

—Nein, tú eres quien lo ha dicho —le acusa.

—Pues tú eres el que ha venido—le acusa de vuelta a la desesperada

—¿Y qué tiene que ver? Eso a mí no me representa un esfuerzo —sonríe de lado, relajándose al notar su histeria en este tema concreto, sintiendo que no es tanto una cosa unidireccional de forma evidente.

—¡Si te lo representa! Viniste aquí y yo podría... Echarte, o no abrirte o... —ok, eso no ayuda, porque NO le has echado, al contrario, le has abierto tu intimidad como tú mismo has dicho. ¡Abortar, abortar!

—¿Podrías? Pero si hasta me pides los besos —creo que quiere que acabes con la cabeza en un cubo y sí, claramente puede comprender como es que Inglaterra le revienta la cara a Francia y se esconde en el armario.

—¡No es cierto! ¡Cállate!

—Y como ya he dicho, hasta me esperas que llegue.

—¡No espero nada! ¡Eres un idiota! —chillidos, chillidos

—Cálmate y no me chilles —sonríe un poco malignamente, tan tranquilo.

—¡Chillo lo que quiero! ¡Y estoy calmado! —de hecho valora seriamente el ponerse la ollita del fondue en la cabeza.

—Se nota.

—¡Agh! —sacaría la pistola ahora mismo... Lo único que consigue es levantarse a recoger la mesa... Es decir, su propio plato y no le hables de las fresas que compraste para hacer fondue de chocolate porque terminas de ponerle el último clavo a tu féretro.

—Y no hablemos de planear vacaciones conmigo —alza la voz para que le oiga cuando sale.

—¡Agghhh! —creo que sí que se pone el cubo.


Y ahí está el otro novio... invosciente todavía pero ya pagando el precio de la broma ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!