Vegeta veló el sueño de Trunks toda la mañana, contento de que no se hubiera despertado. Al mediodía, al oír a sus hijos regresar a casa para comer, decidió bajar a la mesa con ellos. La idea de dejar solo a Mirai no le seducía, pero sabía que Bra, al igual que Trunks, habría escuchado el escándalo de la noche anterior y debía asegurarse de que nadie le dijera nada al respecto; no podía arriesgarse a que de nuevo reviviera su horrible pasado y él se aseguraría de nadie lo mencionara.
-Hola, papá, pensaba que estarías entrenando, como siempre –dijo Trunks, mientras le dejaba una carpeta con papeles de la Corporación a su madre.
-Hoy no he entrenado –dijo Vegeta, mientras se sentaba a la mesa. Trunks y Bra le miraron muy extrañados.
-Será una broma. ¿Lo estás diciendo en serio? –le preguntó Trunks. Vegeta gruñó una afirmación-. ¿Y por qué no?
-Me he quedado con Trunks –dijo él, simplemente. Trunks comprendió, pero Bra, roja de celos, no fue tan tolerante como él.
-¡Nunca has dejado de entrenar por mí! ¿Por qué dejas de entrenar por él?
-Nunca lo has precisado –dijo Vegeta, sin entender muy bien su reacción.
-Está claro que me quiere más a mí –dijo Trunks, encantado de molestar a su hermana. Esto hizo explotar a Bra.
-¡No! ¡Me da igual que él haya salvado nuestro futuro, papá es mío y ahora mismo iré a despertarlo y a mandarlo en su máquina de vuelta a su tiempo! –dijo Bra, dirigiéndose a la planta de arriba. Vegeta la cogió de su chaqueta y la alzó como si fuera un cachorro hasta tener su cara a la altura de sus ojos.
-Molesta a Mirai Trunks un solo momento y sabrás en toda su dimensión lo que es la palabra dolor –dijo Vegeta, muy tranquilo. Bra, que conocía muy bien a su padre, no le creyó y continuó con su pataleta.
-¿Por qué diablos le quieres más a él? –le gritó Bra. Vegeta la observó sin comprender para a continuación dirigirle a Bulma una mirada de auxilio.
-Déjala, Vegeta, solo está celosa del caso que le haces a Mirai –dijo Bulma.
-Así que es eso, ¿verdad? –dijo Vegeta, mientras Bra se cruzaba de brazos y desviaba la mirada. Esperaba que su padre cediera, como cada vez que ella le presionaba, pero su reacción fue muy distinta a la que ella aguardaba-. Te he consentido demasiado, niña, he acabado malcriándote. Si tú supieras lo que es no tener nada, quizá valorarías más lo que disfrutas.
Esas palabras le dolieron más a Bra que cualquier grito. La dejó en el suelo haciendo pucheros y volvió a su asiento.
-¡Esto es culpa suya! ¡Todo estaba bien hasta que llegó él! –gritó Bra, llorando.
-Deja de montar el numerito, Bra –le dijo Trunks.
-Vegeta, creo que deberíamos contárselo –dijo Bulma.
-No es necesario que lo sepan. Lo de anoche se quedará entre nosotros y eso no es cuestionable.
-Eso no, lo otro –dijo, con una significativa mirada.
-No.
-Lo digo porque si no lo hacemos le acabarán preguntando a Mirai y será peor. Además, no creo que le haga bien que su única hermana le trate mal porque piensa que le está quitando a su papá.
-Bra le tratará a las mil maravillas o verá una parte de mí que nunca le he mostrado y le aseguro que no le gustará –dijo, mirando significativamente a Bra.
-Vegeta, si lo entendieran sería mejor –intercedió Bulma. Vegeta comprendió que era lo más prudente; Bra no se detendría por sus amenazas y su curiosidad al final haría que preguntara a Mirai al respecto y no quería arriesgarse a que tuviera que volver a rememorar tan amargos recuerdos. Le contarían lo de Bulma, pero la historia de Andrómeda se la reservarían para si.
-Está bien, cuéntaselo, pero lo de anoche no. Además, os advierto a los dos: una sola mención a Mirai al respecto de lo que vamos a contaros o sobre lo de anoche y aquí rodarán cabezas peliazules, ¿está claro? –dijo Vegeta. Sus hijos asintieron y dejó que su esposa les contara la historia de la muerte de la Bulma futura, haciendo énfasis en todo lo que había tenido que luchar Trunks, en lo solo que debía haberse sentido y en lo deprimido que estaba ahora para que ellos, sobre todo Bra, comprendieran lo importante que era que le diesen amor y comprensión en ese momento.
-¡De acuerdo! ¡Este no sabe lo que es tener una hermana como yo! ¡Lo pasará tan bien que no querrá volverse a ese asqueroso futuro! –dijo Bra, tras unos momentos de silencio. A Vegeta le agradó ese cambio en su comportamiento.
-Eso es lo que quería oír. Además, no tienes que preocuparte; hay Vegeta suficiente para todos –dijo él y Bra le devolvió una gran sonrisa. Vegeta vio como Trunks no compartía su misma despreocupación; seguramente, estaba pensando en su madre.
-Mamá, hoy mismo empezaremos a investigar –le dijo.
-No tienes que preocuparte, Trunks, tenemos casi veinte años de distancia. Ahora debemos preocuparnos de él –le dijo Bulma.
-Sí, de nuevo él nos vuelve a salvar –dijo él, con tono triste. En ese momento, Vegeta sintió como el aura de Mirai se movía en dirección a la cocina.
-Trunks se ha despertado. Ni una sola palabra al respecto –dijo Vegeta y los dos muchachos asintieron. Poco después apareció Mirai, con la mirada baja, seguramente muy avergonzado por lo sucedido la noche anterior.
-¡Buenos días, hijo! ¿Has dormido bien? –le preguntó Bulma.
-Hacía tanto tiempo que no dormía así que ya ni siquiera me acuerdo –dijo Mirai, con una media sonrisa-. Yo... siento lo ocurrido anoche, seguro que os desperté a todos, disculpadme.
-¿Qué de anoche? –dijo Trunks, fingiendo desconocimiento.
-Es cierto, no nos enteramos de nada, dormimos como muertos. ¿Qué ocurrió anoche? –le secundó Bra. Mirai miró a Vegeta con una pequeña sonrisa. Vegeta sabía que su hijo era demasiado listo como para tragarse aquella estratagema, pero al menos le ahorraba tener que dar explicaciones de cualquier índole.
-Olvidadlo. Todos a comer –dijo Vegeta.
-No tengo hambre, comed vosotros –dijo Mirai. Vegeta ya se esperaba esa contestación por su parte.
-Nadie te ha preguntado si quieres comer, he dicho que comas, o Bra y Trunks tendrán que ver como te doy de comer con cuchara como si fueras un bebé a tu edad –le amenazó Vegeta. Mirai iba a protestar cuando sintió como los brazos de su hermana le rodeaban.
-Sí, come, Trunks, que luego nos iremos de compras.
-¿De compras? –preguntó Mirai, aturdido.
-Sí, claro. Te vas a quedar un tiempo, ¿verdad? Necesitarás ropa nueva, zapatos, complementos, de todo, porque tu estancia no estaba prevista y no te habrás traído nada.
-Cualquier cosa que elijas estará bien, Bra, lo siento, pero no me apetece ir.
-Pero tienes que venir. Di que sí, por favor –dijo ella, poniendo ojos de cordero degollado.
-Bra tiene razón. Te compraremos todo lo que quieras. Además, no sabemos por cuanto tiempo te vas a quedar, necesitarás muchas cosas –dijo Bulma, mientras le servía su desayuno.
-Es cierto. Algún desconocido me ha robado la máquina del tiempo y no sé cuando la recuperaré –dijo Mirai, mirando significativamente a su padre. Como este había supuesto, había intentado marcharse sin decir nada cuando se encontró con que su máquina había desparecido.
-No te la he robado, solo la he requisado –dijo él, con una sonrisa casi traviesa-. Dejemos ese tema. Terminad todos rápido, que tenemos que irnos todos de compras.
-¿Todos? ¿Tú también vienes? –preguntó Bulma, extrañada.
-Sí, no voy a dejar que le torturéis aprovechando su desconocimiento. Iremos toda la familia.
-¿No vas a entrenar hoy, papá? –el preguntó Bra, sin podérselo creer.
-No; hoy dedicaremos el día a Mirai.
-Sí, y después de las compras papá y yo buscaremos algo verdaderamente divertido que hacer contigo, Trunks –dijo Trunks.
-Deberías estar contento, hermano mayor; te aseguro que nada en este mundo había hecho, hasta este momento, que papá dejara de entrenar un solo día –le dijo Bra. Mirai le envió una sonrisa cómplice a su padre y comenzó a comer.
Vegeta odiaba con todas sus fuerzas los lugares llenos de gente, pero en especial el centro comercial, al que más de una vez, primero Bulma y luego Bra le habían obligado a acudir contra su voluntad. Comprar con ellas era una auténtica tortura, Célula, Freezer y todos los demás enemigos a los que se había enfrentado eran unos auténticos angelitos del cielo a su lado. Sentía un poco de pena por Mirai ante lo que se avecinaba y, bajo su mirada protectora, dejó que su madre y su hermana le utilizaran de maniquí todo lo que ellas quisieron y más, lo cual era mucho decir de la paciencia del muchacho. Lo que le parecieron a Vegeta y a los dos Trunks trescientas mil tiendas después y de que cargaran con tantos paquetes que los ordenadores de Bulma serían incapaces de contarlos, Mirai, dentro de su apatía y de la infinita paciencia de la que había hecho gala, estaba a punto de perder los estribos si le hacían probarse una sola pieza de ropa más, por lo que Vegeta y Trunks, notándolo, las convencieron de que se fueran a elegirle la colonia y lo que le faltase (entre ello, la ropa interior y la perspectiva de que su madre y su hermana le observasen con ojo clínico mientras se probaba unos calzoncillos horrorizaba a Mirai) mientras ellos tres iban a hacer algo más divertido. Tras liberarse de la presión de Bulma y Bra, Vegeta y Trunks arrastraron a Mirai a la sección de comestibles del centro comercial, la preferida de cualquier buen Saiya y compraron todo lo que pensaron que podía gustarle. La apatía de Mirai era evidente, totalmente encerrado en su mutismo, pero Vegeta y Trunks le obligaron a tomar parte del festín improvisado que tomaron en el aparcamiento del supermercado con todas las provisiones que habían comprado; minutos después, de lo que hubiera significado la comida de un mes para un ejército no quedaba ni rastro. Después Trunks llevó a su contraparte futura a todos sus lugares preferidos del centro comercial, pensando que también le gustarían a él, sobre todo la librería, la tienda de cómics y la sección de tecnología, donde Trunks le enseñó a Mirai todas las novedades, los adelantos y las mejoras que se habían hecho en diferentes productos, cosa que sí que interesó a Mirai, sacándole por un momento de su mutismo y, aunque no mostraba gran entusiasmo por nada, Vegeta y Trunks se apresuraban a comprarle cualquier cosa que parecía llamarle, aunque solo fuera por un momento, la atención.
En un momento dado, llegaron a la sección de robótica del centro comercial, donde se mostraban los últimos adelantos de esa rama de la investigación. La Corporación Cápsula tenía reservado un sitio de honor en esa sección, como la empresa líder en investigación robótica, por lo que era un lugar que Vegeta y Trunks conocían muy bien y donde fueron recibidos con honores. Mirai preguntó con avidez a Trunks sobre alguno de los nuevos inventos de la corporación que no habían aparecido en su época y Trunks, perdiéndose en tecnicismos y detalles incomprensibles para Vegeta, le explicó todo lo que quiso saber. Vegeta pensó, con una mueca, que en algunas cosas los genes de Bulma predominaban en sus hijos. Mientras Mirai y Trunks estaban examinando un nuevo tipo de cápsula, la estruendosa voz de un representante de ventas sonó por toda la sala, dañando los sensibles oídos de los Saiyans. Vegeta siguió su primer instinto y voló el altavoz que estaba más cercano a su posición, mientras pensaba como matar al miserable mortal que había hecho eso. Los tres Saiyans volvieron la mirada a un escenario donde un trajeado mercachifle con un micrófono en la mano señalaba una ecuación del tamaño de un campo de fútbol.
-¡Señoras y señores, esta es su oportunidad de demostrar lo que saben! ¿Quién es capaz de resolver esta ecuación? Quien lo haga, por supuesto, sin ningún tipo de ayuda, recibirá como recompensa un vale por cualquier objeto de este centro comercial. ¡Han oído bien, cualquier cosa, no importa lo cara o grande que sea! ¡O, por el contrario, un vale para comprar toda la comida gratis que puedan desear en el centro comercial durante todo un año! ¡No es ninguna broma! ¡Vamos, señores, atrévanse! –decía el buhonero. Vegeta y ambos Trunks miraron la ecuación que ya intentaban resolver varios ilusos. A Vegeta el simple vistazo de aquella sucesión inconexa de números ya le mareaba.
-Sólo lo hacen para burlarse de los incautos. Ese tipo de ecuaciones solo son capaces de resolverlas nuestros ordenadores y desarrollar el programa para hacerlo le costó años de trabajo al abuelo. Nadie lo conseguirá –dijo Trunks. Mirai le miró sin decir nada. Los tres iban a seguir su camino cuando Mirai vio a un niño, de aspecto harapiento, mirar con ansia al hombre que en aquel momento intentaba resolver la ecuación. Éste falló y el niño se puso a llorar, por su aspecto, más por hambre y sed que por decepción. El hombre, de aspecto igualmente lamentable, intentó consolarlo sin mucho éxito. Vegeta se fijó en la estampa que observaba Mirai con tanta atención y, pensando que quizá se estuviera imaginando a sí mismo con su hijo nonato, le sujetó con la idea de alejarlo de allí, pero Mirai se liberó de su brazo.
-Esperad aquí –les dijo y se dirigió con una expresión solemne hacia el escenario de la ecuación.
-No será capaz... No puede hacerlo, le humillarán –dijo Trunks.
-Si alguien levanta la voz para hacer tal cosa, de esta sala no quedarán ni los cimientos –dijo Vegeta, mientras veía como Mirai subía al escenario y cogía el rotulador para marcar el resultado.
-¡Miren, señores, otro incauto! –dijo el mercader. Mirai le lanzó aquella mirada que helaba la sangre en las venas heredada de su padre y aquel hombre fue incapaz de pronunciar una sola palabra más. Mirai observó la ecuación con atención y dos segundos después, tras una rápida sucesión de cuentas, le dio al jurado el resultado exacto. Atónitos, estos comprobaron que era la correcta. El público estalló en aplausos. Mirai, rechazando los homenajes, sólo reclamó su premio, el vale de un año de comida gratis y, con un movimiento ágil, bajó del escenario y, dirigiéndose a aquel padre, le dio el vale sin decir una palabra. Esto desató aún más la euforia del público. Mirai, sin prestar atención a las ovaciones, volvió junto a unos anonadados Vegeta y Trunks.
-¿Podemos irnos de aquí? –pidió, con voz apenas audible. Vegeta cogió a ambos Trunks y apartando de malos modos a la gente, salieron del centro comercial.
-Ha sido...increíble –le dijo Trunks, cuando salieron de la tienda-. Esa ecuación era imposible de resolver, ¿cómo lo has hecho?
-No es imposible. En mi tiempo, los androides causaban muchos destrozos y los ordenadores habitualmente no funcionaban, por lo que mamá me enseñó a hacerlas rápido y fácil. Cuando te acostumbras, es muy sencillo –dijo Mirai, abrumado por tantas felicitaciones.
-Es imposible que eso sea sencillo –rezongó Vegeta, como una felicitación, pues su hijo había resuelto en menos de un minuto algo que para él era totalmente imposible de hacer. Mirai se sonrojó ante su observación, comprendiendo su significado.
-¿Estudiaste matemáticas en tu tiempo? –le preguntó Trunks.
-No, no pude ir a la universidad, aunque me hubiera gustado mucho. La universidad no volvió a funcionar hasta varios años después de que destruyera a los androides y luego hubo más problemas, así que no pude planteármelo, pero mamá me enseñó todo lo que sabía, trabajé codo con codo con ella en la Corporación, ella me educó durante todo el tiempo que duró la amenaza de los androides.
-Si mamá te enseñó todo lo que sabía, debes de ser más sabio que Aristóteles –le dijo Trunks, alegre por el triunfo de su contraparte. Vegeta le vio bajar los ojos, melancólico-. ¿Por qué regalaste el premio? Con todo lo que comemos, hubiera sido un buen descanso económico.
-Vosotros no necesitáis ese dinero, pero esa familia se estaba muriendo de hambre –dijo Mirai, por toda respuesta. Vegeta torció la boca en algo parecido a una sonrisa; el siempre tímido, servicial y compasivo Mirai Trunks. Daba igual cuanto le maltratara la vida, siempre tendría un gesto de piedad hacia cualquier desconocido. Aunque sabía que años antes aquello le hubiera parecido una debilidad, ahora sabía que mostrar misericordia cuando no era obligado era más una muestra de fortaleza que de flaqueza y como tal, apreciaba aquel gesto en Mirai. Vegeta había aprendido que ofrecer piedad cuando era más fácil desviar la vista de los problemas era una prerrogativa de quienes eran más poderosos.
-Tienes razón, pero no se lo digas a Bra, porque te matará por haber rechazado un vale para que ella pudiera comprarse cualquier cosa que quisiera –dijo Trunks, sonriendo, mientras le arrastraba a unos recreativos.
-Cierto, no se lo digas –dijo Vegeta, divertido, siguiéndoles al interior. Tras aquel episodio, Mirai volvió a encerrarse en su mutismo, mientras Vegeta y Trunks le presionaban para jugar a las máquinas. Vegeta supo apreciar que la mejor forma de que Mirai reaccionara era fingir algún problema, por lo que aparentó, tragándose su orgullo, que era incapaz de entender el planteamiento de los videojuegos, aunque tenía que reconocer que ya era lo suficientemente torpe como para necesitar su ayuda sin necesidad de mentir. Como supuso, Mirai, que sabía que se estaba esforzando mucho por intentar complacerlo, le ofreció su ayuda y acabó jugando él solo a todo lo que Vegeta propuso. Poco tiempo después, Bra y Bulma llegaron a buscarles para volver a casa, con otra montaña de paquetes y diciéndole a Mirai que se tenía que probar toda la ropa interior que le habían comprado nada más llegar. Mirai, horrorizado ante la idea, prácticamente se escondió detrás de Vegeta, que sonrió, divertido.
Volvieron a casa, donde Son Gohanda, Piccolo, Yamcha, Tenshian, Chaoz, Krilin, Goten, el maestro Tortuga y Pan les esperaban. Estos habían notado la energía conocida de Mirai llegar y explotar la noche anterior, pero, habiendo llamado Son Gohanda a Bulma y haberle asegurado que todo estaba bien, decidieron dejar la visita para aquella tarde.
Mirai y sus antiguos compañeros de fatigas se miraron con atención. Habían pasado más de veinticinco años desde la batalla contra Célula, todos habían cambiado mucho, algunos envejecido y otros simplemente madurado. Tenían muchas cosas que contar y también muchas que callar, pero el joven del futuro siempre había sido un recuerdo esperanzador y agradable para todos ellos y se alegraban de verle sinceramente. A ojos de Mirai, la mayoría estaban irreconocibles; únicamente Vegeta, que no envejecía, estaba tal y como le recordaba. Son Gohanda, sabiendo el significado que había tenido para él, se adelantó y le presentó a los nuevos miembros del grupo, Goten, Pan y Marron, que no habrían nacido sin su intervención. Después, Bulma preparó una fiesta de bienvenida improvisada donde, frente a una gran cantidad de comida que no podía faltar en ninguna reunión donde se encontraran Saiyajin, Mirai pidió que le contaran todo lo que había sucedido desde el combate contra Célula, pues no había tenido tiempo de hablar con su padre al respecto. Piccolo comenzó a relatarle, con todo lujo de detalles, el combate contra Boo; después, a medida que los Saiyajin iban terminando de comer, Trunks le relató la búsqueda de las bolas de dragón negras, Vegeta la lucha contra Baby, Son Gohanda la pelea contra el malvado A-17 y Pan la derrota de los dragones negros, para terminar Goten hablándole de la desaparición de Goku y las bolas de dragón, todos, añadiendo en el momento oportuno, detalles que el resto no sabían o que se les había olvidado mencionar a cualquiera que estuviera relatando la historia en ese momento. Mirai escuchó, extasiado, el relato de las aventuras pasadas por sus compañeros sin perderse un detalle.
-Eso es todo lo que ha pasado durante estos años –finalizó Son Gohanda-. Está visto que la tranquilidad no está hecha para nosotros.
-Qué aburrido sería si así fuera –refunfuñó Trunks.
-¿A qué has venido, Mirai Trunks? –preguntó Piccolo-. Tú nunca vienes por
placer.
Mirai, temiéndose esa pregunta, buscó alguna excusa lo suficientemente creíble para no tener que ser sincero.
-Es un asunto familiar, no tenéis que preocuparos ni que meteros–saltó Vegeta.
-¿Seguro? –dijo Piccolo. Vegeta le envió una mirada envenenada.
-Si vuelves a insinuar que miento te partiré la cara, insecto –dijo Vegeta. Piccolo se puso en guardia.
-Inténtalo –le retó Piccolo, mientras Trunks por un lado y Son Gohanda por otro les sujetaban. Mirai observó, con una gran gota de sudor en su cabeza, cómo algunas cosas no cambiaban nunca.
-Vamos, tranquilizaos. Todos confiamos en Vegeta. Si él dice que todo está bien, pues así es. Además, Mirai tampoco nos mentiría. Dejad de pelear, que ya estáis los dos mayorcitos para continuar con estas historias –concluyó Son Gohanda. Tras la desaparición de Goku, Vegeta se había convertido en el más fuerte y el jefe de los Guerreros Z. A lo largo de los años, habían aprendido a confiar en él y a respetarlo por sus virtudes; todos sabían que, pese a sus ironías, su pasado oscuro y sus malos modos, era un gran luchador, capaz de los mayores sacrificios con tal de conseguir su objetivo y, aunque él nunca lo reconociera, se mataría sin dudarlo un instante por proteger a su familia, como ya había demostrado. Ellos sabían que, pese a lo mucho que anteriormente les despreciaba, había llegado a apreciarles sinceramente, aunque jamás lo confesaría ante nadie; además, él era el príncipe de los Saiyajin, se sentía responsable de custodiar a los descendientes del estúpido de Kakarotto que eran, con sus propios hijos, los últimos Saiyans que quedaban en el universo. Por todo ello y por muchas otras cosas, hasta Yamcha y Piccolo, los más reticentes a aceptar a Vegeta en un principio, lo habían acatado como compañero, si bien nunca como líder. Mirai se sorprendió sobremanera al darse cuenta de todo esto. Jamás lo hubiera pensado.
La fiesta siguió durante mucho tiempo, pero Mirai se escabulló de la reunión poco después de terminado el relato de sus compañeros. Vegeta, que no le quitaba los ojos de encima, se dio cuenta de su evasión y le siguió.
-¿A dónde vas? –le preguntó Vegeta, cuando se alejaron del grupo.
-A ninguna parte. Necesito estar solo un rato. No estoy acostumbrado a que haya tanta gente a mi alrededor y he de confesar que me pone nervioso –dijo Trunks, dirigiéndose a la puerta.
-No te vayas, espantaré a los moscones en un santiamén –se ofreció Vegeta.
-No; déjales que disfruten de la fiesta. El problema no son ellos, soy yo; supongo que tantos años únicamente con la silenciosa compañía de mamá me han hecho solitario.
-¿Silenciosa? ¿Tu madre? –preguntó Vegeta, sin poderlo creer.
-Comprendo tu risa, pero créeme cuando te digo que después de tu muerte se le cayeron la mitad de las palabras de la boca –dijo Mirai, con una sonrisa melancólica. Vegeta se quedó sin saber qué decir. Era cierto que Bulma era una persona muy altanera y gritona, pero habitualmente sólo con él y, desde que acabó el torneo de Célula, habiendo formado una familia y habiendo madurado, esa faceta juguetona de su mujer se había ido reduciendo hasta limitarse solo a él, a aquellas placenteras peleas verbales que casi siempre acababan en una gran fiesta de dormitorio, llegando incluso a gustarle enormemente esa exclusividad que le mostraba. Supuso que, al desaparecer él, Bulma sufrió, al igual que Trunks, pese a que en aquellos inicios de relación los augurios no fueran excesivamente buenos y su carácter cambió, sin dejar por un momento de amarle y amargada por la felicidad perdida. Que cuarenta años después de su último encuentro hubiera muerto llamándole era una prueba irrefutable de ello-. Quédate. No me va a pasar nada por estar un rato sin que me veas.
-Pero... –empezó a decir Vegeta, pero Trunks le cortó.
-Papá, no. Sé que estás preocupado, pero no voy a matarme en cuanto tú no me estés vigilando. Quédate, volveré en un rato –dijo Mirai, sin más preámbulos, echando a volar. Vegeta le vio alejarse en el horizonte, sorprendido de su reacción. Quizá llevaba razón, le estaba agobiando. Mirai estaba acostumbrado a estar siempre solo, tanta actividad social en tan poco tiempo tenía que estar sacándole de quicio. Como le pasaba a él cuando llegó a la Tierra, como aún le pasaba... entonces la idea de que, poco a poco, Mirai se estaba convirtiendo en lo que alguna vez fue él se hizo más profunda en la cabeza de Vegeta. La diferencia es que Mirai ya no tendría la oportunidad de la redención que él tuvo, después de lo ocurrido con Andrómeda jamás se permitiría volver a amar, al menos, no con la misma intensidad y eso siempre evitaría que fuera del todo feliz y de que sanaran sus heridas. Si se convertía definitivamente en él, no habría Bulma para Trunks, él había interpuesto un muro entre él y los demás que sería casi imposible derribar, casi tan difícil como el que él había tenido. Bulma tenía razón; él, que tan bien conocía el sufrimiento de su hijo, era el único capaz de ayudarle, Trunks jamás le negaría a él, podía estar en contra de todo el universo, pero jamás podría odiar al padre que había puesto toda su vida en un altar. Evitaría como fuese que Trunks se convirtiese en él, por las buenas o por las malas. Porque solo él sabía lo mucho que se sufría siendo como él y no permitiría que le sucediese algo parecido a su hijo, por lo que, arrepintiéndose por haberle dejado alejarse, emprendió el vuelo en su busca.
Vegeta, bastante enfadado, no había encontrado a Trunks hasta varias horas después. El maldito niño había ocultado su aura para que no pudiera encontrarlo; sólo unos momentos antes, en los que parecía haberse relajado, un pequeño destello de ki le había conducido hasta el lugar donde se encontraba. Allí, sobre el promontorio de un acantilado, estaba Trunks tumbado sobre la hierba, con los ojos cerrados, disfrutando de la soledad que Vegeta rompía. Su padre esbozó una sonrisa irónica; ¡maldito niño sentimentalista! No se le había olvidado aquel lugar ni después de veinticinco años. En aquel promontorio se había pasado Vegeta tres días, bajo la lluvia, en aquellos momentos de incertidumbre de la llegada de los androides y de Célula, sin moverse un ápice, meditando, con la única compañía del silencioso Trunks que, al principio, le irritaba, pero al final acabó acostumbrándose a ella. Vegeta sabía muy bien lo que Trunks buscaba en aquel lugar: la fusión con la naturaleza, la paz que quitaba los sufrimientos. Con los ojos cerrados intentaba mimetizarse con ella; la naturaleza sabía perfectamente quien eras, no pedía explicaciones, simplemente te envolvía con su maravillosa perfección, arropándote sin tener en cuenta ni tus defectos ni tus virtudes. Cuando te sumergías en ella, te convencías de que sólo eras un punto minúsculo, sin importancia, en la inmensidad del universo; tus actos no importan, no tienen relieve, tu pasado no existe, pase lo que pase el mundo seguirá girando. Y, poco a poco, envuelto en su calidez, te sumerge en ese atrayente duermevela, donde, ni dormido ni despierto, simplemente, relajado en tu propio mundo, te encuentras en paz, tu alma se tranquiliza mientras sientes la fuerza fluir dentro de ti. Nada ocurre, nada importa, solo hay tranquilidad, a tu alrededor solo se escucha el sonido del viento. Lentamente, tu mente abandona todo cuestionamiento y todo recuerdo, el sufrimiento se aleja de tu alma, sientes que flotas en el cosmos, que dejas de pensar... y tu espíritu se libera, por unos momentos, de la angustiosa realidad. Pero, cuando abandonabas ese remanso de paz, el mundo seguía tal y como lo habías dejado antes de sumergirte en aquel refugio; Vegeta sabía muy bien que aquello solo era un consuelo momentáneo que nada arreglaba, pero el caso de Trunks era muy distinto al suyo; su pérdida no tenía solución posible. Él había ido a buscar aquel día consuelo para la frustración que sentía al verse de nuevo superado por Goku y de no poder vencer a los androides; Trunks buscaba algo de paz dentro de la angustia vital que sentía tras la muerte de su esposa, su hijo y su madre.
-Vete, papá, no necesito niñera –le dijo, en un tono cortante. El comportamiento tan protector de Vegeta estaba comenzando a exasperarle seriamente; no le desagradaba que le demostrara, de esa manera tan suya, que le quería y que estaba preocupado, lo había estado esperando e imaginado durante mucho tiempo, pero necesitaba estar solo; ni siquiera su padre podía aliviar su angustia. Vegeta detectó la irritación de su voz y la comprendía. Sabía que debía acercarse a Trunks como quien se aproxima a un cachorro maltratado y asustado: lentamente, con paciencia, dejando que se acostumbrara a su presencia para que no emprendiera la huida, para luego, comenzar a intentar curarlo. Como, en buena medida, había hecho Bulma con él. Se sentó a los pies del acantilado, mirando a su hijo con pesar.
-Sigue a lo tuyo, Trunks; simplemente, olvida que estoy aquí –dijo Vegeta, limitándose a mirar hacia el horizonte, disimulando su ki para que a Trunks le fuera más sencillo ignorarle, aunque sin que su presencia desapareciera. Y allí se quedaron hasta que, horas después, el sol se ocultó y Trunks decidió regresar a casa, seguido por la sombra perenne de su vigilante padre.
¡Hola, amigos! Ya está aquí el capítulo dos, espero que os haya gustado. Gracias por todas las reviews y os espero en el próximo capítulo. ¡Me encantan las reviews, por favor, dejad más! Avisé de que Vegeta iba a estar blandito, pero creo que está justificado dadas las circunstancias de Mirai; seguramente si su hijo no estuviera al borde del abismo, jamás se hubiera comportado así. Pero puedo decir sin reservas que Vegeta es el personaje que ama más profundamente de todo Dragon Ball, pese a su carácter y jamás sería capaz de traicionar a aquellos a los que realmente ha ofrecido su vida, porque Vegeta no se fue a conquistar el universo, como pretendía, por ellos e hizo de ellos su único proyecto de vida; vive únicamente por y para su familia, para protegerlos desde la sombra y eso es algo que tenéis que reconocer, en contraposición a Goku, que, pese al cariño familiar que demuestra, ellos nunca fueron su prioridad en la vida y me da la impresión de que no les quiso más que al resto del mundo, pues les abandonó por la seguridad del planeta (en teoría) tras lo de Célula sin pararse a pensar en ellos o, lo que tiene más delito, se fue a entrenar con Oob siguiento sus propias apetencias durante 10 años dejando a Chichi de nuevo, a Goten (que entonces sería poco más que un adolescente de 16 años), a Gohan y a su nieta, sin pararse a considerar sus sentimientos durante un solo minuto. El contraste Goku-Vegeta en el tema de la paternidad y la pareja es muy marcado; Goku les abandonará siempre por sus empresas y la familia será algo muy secundario en su vida, totalmente dedicada a las artes marciales y a su rol de héroe; Vegeta jamás les abandonará un solo minuto, habiendo sacrificado todas sus ambiciones personales por estar con ellos, protegiéndoles siempre que de verdad lo necesitasen y, manteniendo pese a ello, a la vera de Goku, su papel de héroe. Goku les otorgará una caricia y jugará y reirá con sus hijos, pero, a la hora de la verdad, correrá a seguir su camino victorioso lejos de la familia, un camino que jamás sacrificará por ellos; Vegeta no es un hombre sentimental y será duro y estricto, pero siempre les cuidará en la sombra y dará la talla cuando un verdadero problema les amenace, como un león defendiendo a sus cachorros. Reivindico aquí el papel de Vegeta como padre, en mi opinión, mucho mejor que el que Goku muestra, pese a que Toriyama siempre le deja en la sombra.
Rei Inverse: ¡Gracias por leer mi fic! Espero que te guste y que no te decepcione. Besos.
Triple G: Cierto, me salió larga...pero en mi fic de Sailor Moon se quejaban de que hacía los capis cortos, así que decidí en este alargar un poco el asunto, pero bueno. Los siguientes serán más cortitos, dado que el primero es la introducción. ¡Gracias por la review!
Dioxa y Elena: Gracias por leerme, actualizaré a menudo, lo prometo.
Jaz: ¡Hola, Jaz! Encantada de que me persigas por todos mis fics, estoy muy contenta de verte, espero que te guste tanto como Viaje a la esperanza. Nos vemos.
Freiya: Ya no sé qué decirte, ¡si hablamos todos los días! Solo que besos y nos vemos.
Saijclío: ¡TE ADORO! ¡No puedo creer que mi autora preferida me haya dejado una review así! Para quienes no lo sepan, saijclío es, según mi opinión, una de las mejores autoras de fanfics de Dragon Ball que existen y su Curando nuevamente el alma es mi fic preferido. A todos los que os guste leer una buena historia de DB, pasaos a ver sus historias. Gracias por todo, te quiero mucho.
Aledbz: Dices en tu review lo de ojalá lo hubieses continuado como si no hubiera actualizado la historia en meses...¡y simplemente la subí la semana pasada, jeje! No tienes que preocuparte, yo nunca dejo una historia a medias, porque me gusta escribir y como lectora me fastidia mucho empezar a leer algo que jamás continúan. Yo suelo actualizar, como mínimo una vez por semana, aunque si hay muchas reviews actualizo antes, jaja. Así que no te preocupes por eso, Mirai Trunks y Vegeta llegarán a la etapa final de su viaje y me encantaría que les acompañases. Y te juro que lo de que debería haber sido la guionista de Dbz es el mejor piropo que me han echado nunca, muchas gracias. Besos.
Dejad muchas reviews, por favor. ¡Nos vemos en el capi 3!
