Majo eien no inuchi Monogatari


Separación.


Periodo Heian año 1160, Japón.

Día vigesimoctavo del primer mes.


— ¡Por aquí! ¡Por aquí mi señora! —gritó Asuka, quitando una tabla de la pared para dejar al descubriendo un pasadizo de los muchos otros que habían dentro del castillo— Déjeme ayudarle —se apresuró en decir, viendo como Tokuwa a duras penas cargaba con Yoshitsune y Yoshiyuki en sus brazos.

A su lado, el tercer hijo de Yoshitomo —de doce años de edad— caminaba muy cercas de la azabache, con miedo, escuchando los gritos y golpes de pelea a lo lejos. Ni Tomonaga ni Yoshihira se encontraban ahí y eso preocupaba a Tokuwa, además de no saber nada de la madre del menor a su lado. Aunque no eran sus hijos, les tenía mucho aprecio al igual que a todas los demás que vivían allí, y le preocupaba que algo les pudiese pasar, pero no podía salir de esa habitación, por ahora solo podía huir con Yoritomo y sus gemelos. Y claro, Azuka vendría también.

Cuando uno de los vasallos había entrado corriendo por la entrada del castillo, vociferando la llegada de los soldados de Taira. Todos y cada una de las personas dentro del castillo comenzaron a moverse; debían huir en cuanto antes.

— ¿Dónde está Masashiro? —preguntó Tokuwa, luego de entregarle a Asuka su niña de un mes y días de nacida.

—Ella fue al frente —respondió Asuka, dudando un momento antes de atreverse a responder—. Los soldados de Kiyomori intentan tirar la puerta norte, mi señora. Masashiro fue allá con otro grupo de mujeres, están peleando para que usted y los demás logren huir.

Tokuwa apretó sus ojos al escuchar eso. Masashiro era lo más cercano que había tenido a una madre, era su protectora. Fue por la mujer que ahora peleaba de nuevo por su bienestar que había logrado sobrevivir durante su infancia. Ella se había hecho cargo de su cuidado, ella la había criado cuando nadie más quiso hacerlo y era por ella que estaba ahí. No podía perderla, no quería perderla. No lo soportaría.

Ya había perdido a Yoshitomo ese día por culpa de los Taira, y sino hacia algo, perdería a toda su familia también.

—Bien —murmuró Tokuwa luego de guardar silencio durante unos segundos—. Ella saldrá de aquí a salvo, estoy segura que la encontraremos fuera del castillo esperando por nosotras —dijo, intentando creer en sus propias palabras— Es fuerte, estará bien.

Una vez de eso, Asuka asintió, intentando no desmoronarse ahí mismo por el temor y la tristeza que la invadían desde que todo el caos comenzó.

Tokuwa, regresando su vista a la oscuridad de aquel túnel, se agachó para poder entrar de una vez por todas en el pasadizo.

Adentro todo era oscuridad y un desagradable olor a sangre brotaba de los estrechos muros; palpando la pared, Tokuwa respiró hondo antes de adentrarse y después asintió hacia Yoritomo, dándole a entender que lo siguiera detrás de ella. Una vez de intercambiar otra mirada con Asuka, Tokuwa comenzó a entra al túnel. Azuka, de ultima, colocó con dificultad la madera que había descubierto para volver a cubrir el hueco de la pared, seguidamente se apresuró a seguir a su señora, con cuidado de no soltar a la niña en sus brazos.


— ¡Tomonaga!—lloraba Tokuwa, abrazando el cuerpo inerte del sexto hijo de Yoshitomo, quien los había estado defendiendo una vez de encontrarse fuera del castillo, donde para su mala suerte Kiyomori los encontró antes de poder ocultarse entre la maleza.

Yoritomo, al lado de Asuka, temblaba con pavor, mientras la misma Asuka seguía cargando en sus dos brazos a los dos gemelos; llorando como todos los demás sobrevivientes a su alrededor lo hacían.

Kiyomori mirando la escena desde arriba de su caballo, sonrió y sacó su espada una vez más para acercarse a la mujer que, al escuchar las pisadas del animal sobre las piedras de asfalto, reaccionó y levantó su rostro inundado en lágrimas para verlo.

—Basta de gritos y llantos —ordenó con rostro serió mientras ella lo miraba; bajando la fina punta de la cuchilla hasta su garganta. Se sorprendió un poco al ver como Tokuwa, en lugar de demostrar temor ante una posible decapitación, en sus ojos se mostraba cierto retó. Sin duda, ella lo retaba a hacerlo.

Kiyomori no dijo nada por un momento, él se mantuvo observando el rostro Tokuwa. Parecía rondar por los veinte años, era muy joven, mucho más que él. Su rostro, a pesar de mostrarse manchado por el lodo en el que había tenido que arrastrarse para salir por el pasadizo, se mostraba de cierta forma radiante. Su cabello largo y negro como la noche, y sus ojos miel brillaban con los últimos rayos de luz de ese triste día.

— ¡No, no! ¡Mi señora! —le llamó gritando, Asuka. Tokuwa, desviando su atención hacia ella, vio como otro de los soldados tomaba del brazo al pequeño Noriyori. Otro hijo de Yoshitomo.

Alzándose rápido del suelo, Tokuwa sacó su Kaiken* que escondía entre sus ropas y corrió para jalar al niño detrás de ella y protegerlo así del soldado, que rió al ver como la mujer intentaba atacarlo.

Kiyomori aun sin decir nada, se mantuvo observando; viendo como durante un par de minutos, la mujer de Yoshitomo intentaba con todas sus fuerzas alejar a uno de sus soldados de ella y de los demás niños. Sabía que estaba agotada, que todos ahí lo estaban y aun así, ella insistía en protegerlos.

—Basta —ordenó, dirigiendo a su caballo hacia donde Tokuwa y su soldado estaban—. No puedes hacer más nada —le dijo a la mujer, deteniendo en medio de ambos. Tokuwa alzó el mentón para verlo desde arriba. Sus ojos parecían lanzarle chispas—. Tu marido ha muerto y así todo el clan Minamoto —anunció, recordándole ese terrible hecho—. Ríndete ahora, mujer —frunciendo su ceño, Tokuwa apretó la daga en su mano y después escupió al suelo, cecas de las patas de su caballo. Aquel gesto molesto al Taira y de un salto, bajó de su pura sangre para hacerle cara a la mujer que ahora por fin mostraba temor en su mirada. Tomándola con fuerza de su largo cabello azabache, acercó su rostro al suyo para fulminarla—. Maten a los otros —fueron las palabras que salieron de su boca, palabras que asustaron a la mujer que abrió sus ojos al máximo al no esperarlas—. No quiero a ningún hijo de ese bastardo con vida, ¡Ya!

— ¡No! —gritó Tokuwa, girando para ir hacia sus hijos y los demás, pero Kiyomori la sostuvo por detrás, con fuerza, impidiéndole que fuera a por ellos— ¡No! ¡Por favor! ¡No! ¡Se lo imploro! —gritaba, viendo como Azuka le entregaba los gemelos a Yoritomo y a Noriyori y los empujaba detrás suya para protegerlos de los soldados que se abalanzaban hacia los sobrevivientes— ¡Por favor, no los lastimen! ¡No los lastimen! —repetía desesperada mientras luchaba por liberarse de Kiyomori— ¡Haré lo que sea, lo que sea, pero no los lastimen!

Alzando su brazo, Kiyomori sonrió de forma siniestra.

— ¿Lo que sea? —le preguntó, pegando su boca al oído de Tokuwa, quien cerró los ojos con desagrado al tenerlo tan cerca, pero aun así, aun con la repulsión que sentía hacia ese hombre, Tokuwa asintió, aguantando las ganas de llorar. Sonriendo aún más por su reacción, Kiyomori hizo un movimiento de cabeza hacia los soldados que tomaban del brazo a los niños de Yoshitomo—Está bien —dijo al fin—, no lastimaremos a esos niños —al escuchar eso, Tokuwa respiró con alivio al ver como los soldados se alejaban de los infantes— …A cambio de que tú vengas conmigo.

Azuka, luchando con el hombre que la mantenía sujeta del brazo, observó cómo su señora fruncía su ceño y luego, sin poder soportar nada más, comenzó a llorar mientras asentía repetidas veces.

—Lo haré —aseguró, con una voz temblorosa—, pero no… no los lastimen...

— ¡No! ¡Mi señora! —gritó Azuka, liberándose al fin del agarre de su brazo para correr hacia ella…

Tokuwa y todos los restantes del clan Minamoto gritaron con terror al siguiente segundo de aquello que ocurrió ante sus ojos.

— ¡Azuka! —gritó su nombre la azabache, luchando nuevamente para liberarse del agarre de Kiyomori, pero de nuevo, sin poder lograrlo, lloró como si su alma fuera desgarrada en ese momento, viendo como el cuerpo de su amiga yacía en el suelo sin vida. Su cabeza, a unos metros de ella, cercas de un tronco seco que descansaba por el lugar y la catana del soldado de Kiyomori alzada y ensangrentada con su sangre.

El hombre ahora sonreía de lado, mientras sus ojos seguían observando el cuerpo de la criada de Tokuwa.

Yoritomo y Noriyori asustados, retrocedieron, chocando sus espaldas con dos soldados más que rodeaban el lugar. El más joven, apenas si podía sostener el pequeño cuerpo de la recién nacida entre sus bracitos, mientras el mayor sostenía con fuerzas a su hermano, para no dejarlo caer de sus brazos que no paraban de temblar.

—Dije que no lastimaríamos a esos niños… más no dije nada sobre las demás personas —susurró el Taira, en su oído, y Tokuwa intentó gritar nuevamente, pero una mano en su boca cayó cualquier gritó de su parte—. ¡Maten a todos los demás! —ordenó, luchando para llevarse a la mujer hacia donde su caballo se encontraba esperando— ¡No dejen a ninguno vivo!

Tokuwa, pataleando mientras Kiyomori intentaba subirla con él al caballo, observó cómo sus hijos y el pequeño Noriyori eran tomados a la fuerza y separados por otros de los soldados.

— ¡No!

— ¡Llévenlos lejos, a cada uno! ¡Si los vuelvo a ver en mi vida, juró que los mataré! —había gritado Kiyomori, al ver la misma escena que la mujer veía.

Asintiendo, los hombres alzaron a cada uno de los niños que, entre patadas, gritos y llantos, lograron alejarlos del lugar...


Kaiken: un puñal corto el cual era útil en combates de corta distancia. También servía para el suicidio ritual conocido como: "Jijai" que a diferencia del "Seppoku" masculino, el corte se efectuaba en la garganta.


Espero que les haya gustado el capítulo de hoy, cualquier comentario es bienvenido.

¡ごきげんよう!

¡Nos vemos en el siguiente!