Yunho supo que algo andaba mal en el momento en el que puso pie en el salón principal donde se llevaría la cena. Había querido obviar la constante tensión en la que se encontraba su cuerpo y la pesadez que sentía alrededor de la mansión; el haber descansado con Changmin entre sus brazos le había aliviado, pero ahora, en donde solo podía ver a Alexander y algunos otros en sus puestos, sabía que algo en definitiva estaba mal. No había señal de Changmin.
Y todo empeoró al ver como Heechul entraba sonriente gracias a la ayuda de Alexander, seguido de un Jaejoong que le pisaba los talones con expresión fúrica y las manos atadas tras la espalda.
—¿Qué crees que estás haciendo? —Yunho tuvo la intensión e levantarse de donde estaba, a la cabeza de la mesa, pero un movimiento de Heechul le mantuvo en su sitio.
—Chantajeándote, Jung.
—¿En mi propia casa? Eso es nuevo. —Yunho rio de buena gana. —¿Y cómo piensas hacer eso? —Esta vez fue turno de Heechul e reír.
—Con la vida de tu querido, lover boy. —Jaejoong y Yunho compartieron una mirada fugaz de la que Heechul fue consciente y rio un poco más. —¿Creíste que no me daría cuenta, Jung? —Yunho pestañeó sorprendido y endureció la mirada ante la mirada triunfal del otro. —Quizás fue suerte, tu pequeño despiste te ha salido caro, aunque… Jamás lo habría imaginado Yundol. Quizás si eres tan inescrupuloso como dicen. —Heechul quitó el seguro el arma que sostenía en las manos y apuntó claro hacia la cabeza de Yunho.
Changmin se refugiaba a duras penas entre los arbustos, tomaba la mano de su madre con fuerza y con agilidad aprendida se escondía de los guardaespaldas que vigilaban las entradas de la mansión. Luego del shock inicial, Changmin abrazó a su madre con firmeza y sintió lágrimas traviesas querer apoderarse de sus pestañas; su corazón latió con fuerza al sentir como la figura de la mujer se ceñía al suyo, como dos piezas de rompecabezas que encajaban a la perfección. Él había esperado demasiado por eso.
—¿Mamá qué estás haciendo? ¿Cómo llegaste aquí? —Se separó de su madre con dificultad y sintió sobre sus mejillas los cortos besos apresurados que la mujer le regalaba.
—He venido a sacarte de aquí. —Explicó solemne.
—¿Qué? —La confusión fue clara en sus ojos y su madre quiso reír por la expresión adorable que adoptó, pero sería para otra ocasión. —¿Por qué?
—No dejaré que Jung te lastime y te utilice como un sirviente.
—¿Mamá, de qué estás hablando? —Él seguía sin entender nada en absoluto. ¿Cómo sabía ella que Changmin estaría allí y más importante, cómo había logrado traspasar la seguridad de la mansión?
—Kim me prometió que te protegería. —Changmin abrió los ojos lo más que pudo en su asombro.
—¿Heechul?
—Sí.
—¡No! —Se alejó de los toques de su madre cuando esta quiso alcanzarle. —¡No voy a ir a ningún lado! «No sin Yunho.»
—Changmin, por favor, hazme caso. Deberíamos irnos. —Le tomó de la muñeca y tiró de él, llevándole por los pasillos. —Kim probablemente esté negociando tu salida de esta mansión con Jung, pero de igual forma pienso sacarte de aquí.
—¡NO! —Zafándose por completo del agarre de la mujer, dio pasos hacia atrás para distanciarse y su madre le contempló sorprendida por completo. —¿Cómo puedes decirme eso? ¿Cómo puedes pedirme que le deje? Que deje a Yunho. —Changmin dejó caer una solitaria lágrima y la limpió con prisa de su mejilla; él jamás imaginó una situación como aquella. Había pasado horas soñando a plena luz del día cómo sería el poder reencontrarse con su madre, había descubierto gracias a una media conversación entre Jaejoong y Yunho que, su hermano mantenía información sobre la mujer, sabía dónde se encontraba, pero él nunca había encontrado el valor suficiente para pedirle a Yunho que le llevase con ella; y ahora que por fin se daba la oportunidad de permanecer juntos, la mujer le pedía algo que a él le parecía imposible. Changmin quería ir con su madre, pero la mera idea de alejarse de Yunho era insufrible.
—Es lo mejor. Así estaremos a salvo. —La mujer le tomó de la mano una vez más y les llevó ambos por los largos pasillos, Changmin se encontraba atontado y perdido; ella debía encontrarse con Heechul y así aseguraría por completo la vida de su hijo, aunque todo rastro de logro quedó olvidado cuando una sombra conocida apreció por una de las puertas principales. Era Yunho.
Heechul seguía paseándose por la estancia sin afianzar el agarre de la pistola en su mano, hablaba con soltura y lanzaba miradas complacientes a un agitado Jaejoong que se removía de tanto en vez.
—Cuando le vi por primera vez, pensé que era un niño encantador. Un niño bonito que buscaba sobrevivir, pero luego, luego fue cuando me percaté del afecto. El estoico y frío jefe es lo suficientemente hermoso como hacer suspirar, no lo sabré yo. Creí que se trataría de algo pasajero, es decir, ¿qué sirviente no se ha enamorado de su jefe? —Heechul asintió para sí mismo. —Pero imagina mi sorpresa al descubrir que el sentimiento era recíproco. Déjame decirte, Yundol, estoy en verdad sorprendido. De todas las personas a las que pudiste convertir en un blanco, por estar involucrado contigo, ¿tenías que escoger a un indefenso muchachito? —En su despistada necesidad de sentirse superior por haber aprehendido al gran jefe Jung, Heechul faltó en percatarse como Jaejoong se liberaba con agilidad y soltura del hombre que le mantenía quieto por el cuello y con un corte de su escalpelo, se liberó de las plásticas esposas que le lastimaban las muñecas. Creyendo que se trataba de otro intento fallido de llamar la atención, Heechul giró flojo, ladeando el arma, llevándose así un gran susto al percatarse de que Jaejoong ya no estaba a su merced, creando la distracción perfecta para que Yunho llegase a su lado y le quitase el revolver en un cerrar de ojos, le apuntó a la sien y susurró en su oído.
—¿Dónde está?
—Debe estar lejos ya.
—Si no le encuentro. Te mataré.
Así fue como ahora Yunho se encontraba buscando a Changmin con el pecho agitado y paró en seco al percatarse de la presencia de la mujer, quien no dudó ni dos segundos en apuntarle con un arma.
—Madre… —Changmin suspiró y se aferró a su brazo, pero la mujer no flaqueó.
—Te dije que cuidaras de él. —Su voz resonó amarga. —No que lo convirtieras en tu perro faldero, ¡ni mucho menos en tu puta! —Escupió furiosa y su rostro se desfiguró de odio.
—Madre, ¡por favor! —Changmin se aferró a su espalda y tiró de ella tratando de llamar su atención, pero lo único que la mujer veía en su ira era al desgraciado que había utilizado a su preciado hijo y la había engañado a ella al haberle prometido una mejor vida, ¿mejor vida? ¿cómo era eso posible? —Asco deberías sentir de ti mismo, Jung.
—¡Madre, basta! —Changmin hipeó tiritando y en un arrebato impulsivo cubrió a Yunho con su cuerpo sintiendo el filo del arma contra su pecho. La mujer asombrada retrocedió sin pensarlo.
—¿Minnie?
—Por favor, no lo lastimes. —Alzó la mano para tomar el final del revolver. —No me lastimes.
—¿Qué estás diciendo, Minnie?
—Soy feliz. Aunque no lo creas, soy feliz. Él me hace feliz. Yunho es todo lo que necesito. —Perpleja contemplaba la sinceridad que desbordaba en el rostro de su pequeño, no había rastro de duda, simple y entera emoción que hacía brillar su semblante y colorear sus mejillas. Tan puro, tan inocente. Era una expresión enternecedora y cegadora la que llevaba su hijo, y por ello, no dudó dos veces en jalar del gatillo.
Yunho despertó solo en su habitación. Arrugó el entrecejo cuando la inconsciencia le abandonó dejando entender los males que aquejaban su cuerpo; tenía un brazo inmovilizado y carente de rápida sensibilidad, los ojos le ardían y con dificultad logró llevar su brazo hasta su rostro para refugiarse de la luz incandescente del bombillo. Su visión se aclaró después de unos minutos y escuchó con ensordecedora claridad con la puerta se abría. Changmin se detuvo por completo en el umbral, tenía una bandeja entre las manos con lo que parecía debía ser su desayuno, pero, ¿cómo sabría el pequeño que él despertaría en ese momento? ¿Sabría acaso que despertaría en absoluto? Él no recordaba casi nada.
—¿Yunho? —La voz asustada y diminuta que llegó a sus oídos le hizo sentirse culpable por su falta de atención y por dejarse vencer con tanta facilidad, se había confiado y caído rendido ante las distracciones. Yunho ladeó el rostro alejando los obscuros pensamientos y como pudo, sonrió.
—Changminnie. —Susurró tan cansado que se sorprendería de ser escuchado.
—¡YUNHO! —Changmin se olvidó de las cosas que cargaba haciendo un alboroto y corrió al filo de la cama en donde el mayor descansaba, sus manos apresuradas alcanzaron su rostro y tanteó casi con miedo su piel, como si no creyera lo que estaba sucediendo. Yunho sonrió todavía más amplio y Changmin escondió el rostro en su pecho, Yunho acarició su cabello y le despeinó con ternura luego de percatarse de como su ropa se llenaba de humedad.
—Está bien. Todo está bien, no tienes nada de qué preocuparte. —Al escucharle, Changmin bufó incrédulo, se separó del mayor con rapidez y le golpeó el pecho sin miramientos ni sentimentalismo.
—¡PUDISTE HABER MUERTO! —Encrespado estaba, sus nervios explotaban en su cerebro y mandaban millones de señales confusas. Miedo, ira, alivio. Lanzaba cosas a su alrededor mientras su garganta se liberaba, su cuerpo descargaba toda la tensión que había sentido en los últimos días; el recuerdo de un Yunho desprotegido en su habitación y que él no tuviese la certeza de cuándo podría recobrar la consciencia era desalentador, y ahora, ahora le tenía al alcance de sus dedos, confianzudo como si nada grave hubiese sucedido. Jaejoong entró asustado.
—¿Changmin, ¿qué sucede?
—¡SUCEDE QUE ESTE IDIOTA DECIDIÓ REGRESAR DE ENTRE LOS MUERTOS! —Se quejó contra el pobre doctor que no tenía la culpa y Yunho le mandó una mirada condescendiente a modo de disculpa. Ellos sabían el temperamento que el pequeño muchacho podía contener en sí mismo. Había aprendido del mejor y con el tiempo y la confianza, lograba mostrar su verdadera personalidad solo en la seguridad de momentos íntimos y cerrados, como ahora. Jaejoong rio de buena gana y posó una mano en el hombro de Changmin para clamarle.
—Lo sé, Minnie. Lo sé. Pero ya está bien. —Changmin asintió varias veces y regresó al lado de Yunho, virando sobre su cuerpo para esconder el rostro en su cuello y esconder su vergüenza.
—¿Qué sucedió? —Todo el aire amigable desapareció en lo que preguntó y Jaejoong suspiró cansado.
Todos sintieron la tensión al escuchar el disparo seguido del grito desgarrador del pequeño mayordomo, Jaejoong ató a Heechul a una silla en el comedor y se aseguró de dejarle bajo el resguardo de uno de sus hombres antes de correr en busca del más pequeño. Sus guardaespaldas rodeaban a la mujer que sostenía un arma y giraba de tanto en tanto para mantenerlos en su sitio, Changmin de rodillas frente a Yunho, lloraba con fuerza mientras intentaba hacer presión con sus guantes y así evitar que Yunho tuviese una alarmante pérdida de sangre.
—Changmin.
—¡Hyung! ¡Hyung, por favor! ¡Yunho! —El pequeño no tenía sentido en sus palabras, pero no era necesario, Jaejoong podía comprenderle a la perfección. Apresaron a la mujer con facilidad luego de que la atención se centrase en ellos y Changmin se alejó del cuerpo pesado de Yunho dando espacio a que le moviesen a un lugar seguro, así como la posibilidad de hacer una petición. —No la lastimen. —Quienes mantenían quieta a la mujer se sorprendieron. —¿Podrían dejarla en mi habitación? ¿Por favor? —El jefe de los hombres le miraba poco convencido, no por nada esa mujer había cometido lo que ellos consideraban, una falta grande y que significaba la muerte, pero las órdenes de su jefe habían sido claras, Changmin era una prioridad y si el pequeño pedía que la mujer fuese perdonada —por los momentos—, ellos iban a acatar. Ya luego discutirían con Jaejoong un plan de acción. Hacía una semana que Yunho permanecía en cama.
Changmin se alzó hacia su regazo y descansó las piernas a cada lado de su cintura, acercando ambas manos a las mejillas de Yunho le sintió suspirar y se relajó momentáneo, sus preocupaciones habían desaparecido, Yunho estaba a su lado. Con su mano libre, Yunho le atrajo a sí con el agarre en su cuello y Changmin gimió quedo ante el contacto de sus labios, sus manos deambularon por el pecho desnudo del mayor y trazó con la punta de los dedos el vendaje de su herida, Yunho se tensó por el contacto y Changmin le besó con fuerza. Jaejoong carraspeó atrayendo su atención.
—Te recuerdo debes guardar reposo, Yunho. —Sin mediar palabra más, Jaejoong salió de la habitación llevándose consigo la bandeja que Changmin había llevado en un principio.
Al mes Yunho se encontraba parcialmente recuperado, Jaejoong le aseguraba su hombro se encontraba en perfectas condiciones, pero Changmin se negaba a creerle siempre que se quejaba al hacer algún movimiento brusco; se preparaba para una nueva ronda de reuniones. A causa del escándalo que Heechul había ocasionado, todos y cada uno de los proyectos planeados habían sido cancelados, así como todas las personas que habían tenido contacto con Heechul habían desaparecido y lo único que se rumoraba sobre el hombre es que había regresado a Japón a refugiarse, Yunho sabía la verdad.
Para cuando Yunho pudo alejarse de la seguridad de su habitación, lo primero que hizo fue dirigirse a la habitación de Changmin donde sabía todavía se encontraba su madre, que muy en contra había permanecido en la mansión a petición de su hijo; ella sabía cómo eran los hombres en aquel lugar, todos estaban al pendiente de su más mínimo movimiento, dispuestos a apuñalarle por la espalda, lo único que le mantenía segura era Changmin, quien se encontraba con ella en esos momentos.
—Puedes irte a donde quieras. —Fue lo primero que dijo al quedarse sentado frente a ella. Changmin le miraba confundido y algo asustado. —Tu y yo sabemos perfectamente que este ya no es un lugar seguro para ti, por mucho que quiera o no impedirlo.
—¡Yunho! —Changmin quiso salir en defensa de su madre. ¡Era su madre por todos los cielos! Esa era la principal razón de todo aquel fiasco, pero una sola mirada por parte de Yunho le mantuvo quieto y con la vista al suelo, su madre le tomó de la mano como consuelo y agradecimiento.
—Puedes tomar un avión e ir a donde quieras. —Changmin alzó el rostro luego de escucharle, anonadado. —Una cuenta bancaria a tu disposición y podrás vivir tranquila. Lejos de esto. Lejos de mí. —Yunho le acercó un pasaporte y una libreta. —Y Changmin podrá vivir contigo. —Ante la mención de su nombre, cayó sentado en el suelo, sus piernas estaban débiles. —Nada ni nadie los lastimaría. «Jamás.» —Él se aseguraría de ello. Dos hombres vestidos de traje y lentes de sol se adentran en la habitación y saben que no les queda mucho tiempo para decidir. Changmin buscó a su madre y la abrazó con fuerza, con todo lo que sus brazos le permitían, cerró los ojos cuando la mujer le besó las mejillas y sonrió despacio, ella conocía su respuesta. Changmin se negaría profundo a irse con ella, por mucho que desee tenerla a su lado. «Su anhelo por Yunho era mayor.»
El susurrante choque de las sábanas le alertó del movimiento que había en su cama, giró el rostro, su pecho se ensanchó al darse cuenta como Changmin daba vueltas luchando por regresar al mundo de los sueños y cuando se dio cuenta de que sería imposible, se destapó de entre los cobertores que le rodeaban como capullo. Él no pudo evitar que una sonrisa divertida y complaciente se formase en sus facciones cuando un Changmin adormilado se desperezó ronroneando tal cual gato y quedó frente suyo para arreglarle la corbata.
—Buenos días, Minnie. —Yunho le abrazó por la cintura y escondió en rostro en su cabello.
—Buenos días, hyung.
