Disclaimer: Harry Potter le pertenece a Rowling. Si fuese mío, entonces Draco iría con Harry a la Torre de Astronomía, y no para ver las estrellas precisamente...

Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black"

N.A: estoy contenta, muy contenta por los reviews recibidos. Me alegra mucho que pregunten sobre el estado de Draco, pensé que no se darían cuenta (? Pero sí, esto se aclarará a mitad de este capítulo y el próximo. Es algo que todos ustedes saben, pero bueno, yo quiero meter algo de misterio, muahahaha (?

Recuerden que esto es un Harry/Draco, sep, en ese orden. Tengo ganas de escribir un poco de limonada, al menos un restregón nocturno en la Torre de Astronomía, no estoy segura… ¿Qué dicen ustedes? ¿Hago que Harry manosee a Draco en la Torre de Astronomía con resultados sexuales? :v


La gran apuesta

~o~

Consecuencias inesperadas

—No sé cuál es tu preocupación —y una vez más, Ron retomó la conversación por enésima vez esa noche, luego de que Harry hubo llegado hacía minutos de haber restregado trofeos.

Harry mentalmente contó hasta diez.

—En serio, ya hiciste la apuesta… bueno, sí, eso cuenta como apuesta, ¿no? —soltó Seamus y para leve impresión de Harry, se vea sinceramente curioso.

Ron resopló con desdén.

— ¿Besar al hurón? ¡Claro que no!

— ¡Ronald!

Y ahí estaba la voz mandona de su querida amiga Hermione en defensa de los pobres animales abandonados.

Harry rodó los ojos, no molestándose en aportar algo productivo a la profunda discusión sobre si la apuesta realizada es válida o no.

Según Ron, besar animales no cuenta.

Pero su cabello rosado es una prueba fehaciente de que sí, sí cuenta.

Besar jodidos hurones sí que cuenta.

Que se lo digan a Harry que aún no comprende por qué no ha sido hechizado por la varita de un escurridizo Draco Malfoy.

—Lo siento, Herm —dijo finalmente Ron, aunque no lo sentía realmente. Luego, con el entrecejo fruncido, se volvió hacia un lacónico Harry que veía absorto las llamas crepitantes de la chimenea de la sala común—. Compañero… no deberías darle más vueltas al asunto. ¿Qué si Malfoy no te hechizó?

Pero Harry negó con la cabeza, Ron simplemente no lo comprendía.

—No lo comprendes, Ron…

—Pero igual no deberías preocuparte —insistió él.

—Sí —afirmó Seamus con vehemencia—. Más bien deberías preocuparte por lo que le hiciste a nuestros ojos. Déjame decirte que los sueños en la madrugada no son nada inspiradores…

Dean soltó una suave risita.

—Y que lo digas, nunca pensé que viviría para ver a Harry besar a Malfoy delante de todos.

Harry volvió a negar con la cabeza, no estaba de humor para las burlas.

—Eso es lo que ustedes pidieron —masculló en voz baja, luego resopló, incorporándose del mueble—. Voy a dar un paseo… solo —dijo lo último cuando vio que Hermione y Ron se paraban con intenciones de seguirle.

Caminó hacia el retrato, saliendo al instante y lo último que escuchó antes de que éste se cerrara fue a Hermione regañando a Ron, como cosa rara.

Cuando llegó a los oscuros pasillos, estos eran apenas alumbrados por unos cuantos candelabros que se encendían con su caminar, notando con rapidez que no cargaba consigo la capa ni el Mapa. Si quería pasar más tiempo del estipulado fuera de la Torre, ciertamente debía ir a por ellos, pero llegó a la conclusión de que no quería ver a los chicos, no ahora al menos.

No estaba de humor para aguantarse las burlas que sabía, vendrían luego de haber besado de esa forma a Malfoy delante de todos. En realidad, aunque no lo hubiera besado a él, igual ahora estarían burlándose a costa de su infelicidad.

No le molestaba eso en realidad, ya estaba acostumbrado. Lo que le irritaba era que al parecer ellos veían normal que Malfoy se comportara como un cobarde, bueno, más cobarde de lo usual. Por regla tácita, Malfoy y él se insultaban o liaban a varitas en los pasillos al menos tres veces por día. Y eso sin contar el desastre que causaban en Pociones o las prácticas de Quidditch.

Por supuesto, él estaba consciente que luego de que hubo terminado la guerra, las personas sencillamente no volverán a ser lo que una vez fueron. Claro, tampoco es que Harry se creerá que Malfoy cambiaría de la noche a la mañana. Sería muy bueno para ser verdad, aunque puede darle el beneficio de la duda, sin embargo, su comportamiento sigue siendo extraño. Hay quienes cambian para bien, otros quienes no soportan sus demonios interiores… y luego están los chicos de Gryffindor.

No tengan duda alguna, Harry adora estar con sus amigos y se alegra realmente que las muertes acaecidas no afectaran tanto su espíritu luchador. De haber muerto Fred, Harry estaba seguro que Ron jamás sería el mismo. Él agradece que al menos ese aspecto de su vida no se ha visto manchado por la tristeza y la soledad que dejó la pasada guerra, pero hay algo ahí, en el fondo, le inquieta y le incomoda.

Harry sabe que el que más ha cambiado ha sido él. No ve las burlas ni las vaguerías como algún motivo de risa o diversión. Tampoco tan al nivel de Hermione, pero Harry está consciente que ya nada es igual. No pide que todo sea como antes de la lucha contra Voldemort, pero duele pensar que a Harry le importa poco todos los intentos de Ron o de Seamus por hacerle sonreír. Pareciera como que eso ya ha perdido su color, no existe la misma calidez. Todo parece gris y aburrido.

Harry quiere creer que ha madurado un poco con esta transición, pero la verdad, la dura y dolorosa realidad: se ha marchitado.

Tanto tiempo divagando y sin percatarse a donde iba ante su diatriba mental, Harry se encontró frente a la puerta que da a los baños del tercer piso.

Iba a retroceder para seguir su camino a un lugar menos siniestro y húmedo que ese, cuando de repente, escuchó unos suaves sollozos que desgarraban el tenso silencio de aquella noche. Parpadeando y lleno de una repentina curiosidad, Harry entró al baño de las chicas dónde provenía los ahogados ecos.

Podía ser simplemente Myrtle ya aburrida de su soledad o alguna chica, Harry no estaba seguro, pero la curiosidad le picaba. Si decidían gritarle por haber entrado al baño de las chicas, error de él y se disculparía.

Cuando entró finalmente, los cubículos mohosos cubrían parte del gran espejo que se divisaba a la derecha. Con paso sigiloso caminó en aquella dirección y lo que vio, le hizo perder toda la sangre que tenía circulando en el rostro, pues ahí, frente al espejo roto de aquel baño, yacía una vez más Draco Malfoy reflejándose en el cristal empañado.

Las remembranzas golpearon a Harry con dolorosa lentitud. La maldición, los gritos, el charco de sangre y si no hubiese sido por Snape…

Tragó saliva lentamente, decidiendo que retroceder sería una excelente idea. Pero entonces, cuando dio un paso hacia atrás, pisó un charco de agua que chapoteó ruidosamente. Harry vio como Malfoy se tensaba y encaraba la figura tras él que se esbozaba en el cristal empañado. Y ahí, ambos se vieron.

Contempló, con el corazón latiéndole rápidamente, la figura de un trémulo Malfoy lloroso, su cabellera rubia, casi plateada siempre estaba ordenada y circunspecta, mas ahora yacía desarreglada; las mejillas pálidas con un leve matiz rojo del llanto pasado y que se vio dolorosamente forzado a retroceder y, oh… sus ojos. Lo que más impactó a Harry fueron sus ojos.

Pareciera como si estos habían perdido todo su matiz. Harry, en secreto, siempre se había encontrado fascinado por ellos, pues parecía que ahí había dos lunas, o una casada plateada llena de fulgor; pero ahora nada de eso estaba. Había muchos sentimientos retratados en aquella mirada perdida, pero no la que Harry estaba acostumbrado.

No encontraba rastro de odio o rencor, ni desdén o asco. Había un montón de emociones contenidas, le faltaba tan poco para que se derramara y aun así, Harry se encontró pensando por qué las lágrimas no habían barrido aquellas sensaciones.

Entonces, se percató que, quizá, Malfoy sólo lloraba porque era lo único que le hacía sentirse parte de este mundo, porque Harry estaba consciente de la sensación y lo que éste padecía, pues lo había vivido.

Harry conoce esa mirada y fue la misma que tuvo cuando murió Sirius.

Pero probablemente, lo de Malfoy era aún más profundo, Harry no estaba seguro.

En silencio se preguntó si podría ser capaz de retirarse ahora que Malfoy sólo le veía sin un atisbo de emoción negativa en su rostro. Es como si no estuviera ahí a pesar de estar viéndole, pero Malfoy quizá se encontraba en lo más profundo de su ser, donde nada le dolería más de lo necesario.

Harry se encontró incapaz de desviar la mirada de aquellas orbes que le traspasaban.

En aquel momento, cuando Harry creía que transcurriría una eternidad sólo contemplándose, Malfoy parpadeó, saliendo de su ensoñación. Ahí vio un atisbo de emoción, ira ligada con algo más, pero no supo qué, aunque como el color rosado en sus mejillas se profundizó, parecía ser vergüenza.

—Potter…

Al instante, Malfoy sacó su varita y le apuntó, pero Harry estaba sorprendido como para sacar la suya y liarse una vez más a hechizos.

El pensamiento, por extraño que sea, le emocionó. Sin embargo, él no había ido a ese lugar con aquella intención.

Queriendo demostrar paz, alzó ambas manos desnudas, demostrando que no había nada en estas y sus fervientes intenciones en no lastimar, dañar ni maldecir. Quizá la única arma sería su boca, pero eso sólo dependería de Malfoy.

—Malfoy, yo...

— ¿Qué haces a aquí? —espetó, intentando demostrar la poca dignidad que le quedaba, pero sus ojos aún cristalizados y el ligero temblor de sus labios en conjunto con sus mejillas encendidas en carmesí, no ayudaba mucho que digamos.

Aun así, a Harry le alegró un poco escuchar más de tres palabras en la boca de Malfoy.

Sin embargo y a pesar del tono de su voz, Harry decidió responder con sinceridad.

—Caminaba.

—Caminabas… —susurró aún viéndole, como si saboreara una palabra desconocida. Malfoy no creía que simplemente daba un paseo nocturno.

Parecía un poco desconcertado, Harry conocía el sentimiento. No se estaban insultado, así que era extraño, ¿verdad, Malfoy?

—Sí, caminaba —corroboró por hacer espacios en esos incómodos silencios, más que por desear hablar.

Y al momento, Harry contempló lo que hacía tiempo no veía en el rostro de Malfoy: una sonrisa. El rubio lentamente esbozaba una sonrisa que parecía una mueca por el temblor de las comisuras, pero era una sonrisa y a Harry se le secó la garganta. ¿Hacía cuanto tiempo que no veía sonreír a Malfoy? Bueno, era una sonrisa desdeñosa, o al menos que pretendía serlo, estaba aparentando y Harry lo sabía con dolorosa certeza.

Y si Harry lo sabía, ¿qué quedaría para los demás?

En lo más profundo de su ser, Harry esperó sentir lástima por el chico, pero no halló nada. Era más cercano a la comprensión, pero no estaba seguro de querer admitirlo ahora.

—Potter, si caminabas, ¿no deberías retomar tu camino o piensas maldecirme una vez más? —habló Malfoy repentinamente, rompiendo el silencio y sacando a Harry de sus pensamientos. Harry enfocó su mirada esmeralda en la contraria y Malfoy intentó sonreír con desdén, pero hasta él supo que falló miserablemente.

Suspiró con cansancio, pensando que sí, debería hacerle caso a Malfoy y retomar su camino, pero por algún motivo no podía, sentía que faltaba algo por decir o hacer, no estaba seguro.

—Malfoy, yo… —enmudeció unos segundos, cerrando los ojos mientras pensaba bien lo que diría a continuación. Luego los abrió, volviendo a centrar su mirada en los ojos grises—. Malfoy, quería disculparme por lo del beso.

A bocajarro y sin sentirlo realmente, habló. En realidad no quería disculparse por eso, no al menos ahora. Él ni siquiera estaba preocupado por la apuesta o el beso en el Gran Comedor, es sólo que, por algún extraño y loco motivo, Harry aún no quería irse a la torre.

No sabía lo que sucedía, pero…

— ¿Beso? —inquirió Malfoy con suavidad, una cejada rubia enarcada—. ¿Cuál beso?

Entonces, en medio de su desconcierto, pareció recordarlo. Harry se dio cuenta porque hubo otro matiz rosáceo que coloreó sus mejillas pálidas y sus ojos grises temblaron levemente, como si desearan desviar la mirada pero su resolución o su dignidad, Harry no sabía, eran incapaces de permitírselo.

Harry frunció un poco el ceño, no se iba a burlar de Malfoy por mostrar debilidad. Él no era así.

—Sí, el beso —lentamente, Harry repitió, con voz cuidadosamente neutra.

Malfoy parpadeó unas cuantas veces, mas luego frunció el ceño, sus rubias cejas juntándose casi por poco.

—No lo acepto —repuso, tajante.

Harry volvió a fruncir el ceño, irritándose.

— ¿Por qué no? —preguntó, en medio de su molestia e irritación, una leve curiosidad y algo parecido a la amargura embargándole.

Pero Malfoy rio bajo, sibilante y sin un atisbo de humor.

—Porque no se me da la gana, Potter.

—Malfoy…

Harry y Malfoy habían progresado, en minutos no se habían liado a varitas, ¿y él tenía que echarlo a perder de esa forma con su asquerosa actitud?

— ¿Qué? —siseó, y Harry se tensó cuando le vio caminando en su dirección. No le haría nada a menos que él intentara algo en contra. Cuando Malfoy se detuvo a escasos centímetros de su rostro, Harry notó que sus orbes grises chispeaban—. ¿Qué, Potter? ¿Te molesta que no acepte tus sentidísimas disculpas? —escupió con amargura, una sonrisa ladina sin humor bordeándose en sus labios

Harry abrió los ojos, buscando contradecirlo al instante.

—Claro que-

—No, Potter, no mientas —siseó bajo, con rencor—. Déjame decirte una cosa…

Cuando Harry creía que Malfoy no se acercaría más, su rostro, a escasos centímetros del suyo, se desvió a su mejilla rozándola, sus labios cerca de su oído y el cálido aliento lamiendo su piel.

—No todos deben rendirte pleitesía.

Y con eso dicho, pasó por su lado, marchándose finalmente.

Harry cerró los ojos con lentitud, el aire que tenía retenido sin saberlo, escapando de sus labios entreabiertos.

¿Qué demonios había sucedido?

Continuará.