Capítulo II

El gusto por lo salado nunca terminaba ahí. Se extendía hasta la cama que ambos compartían, casi a diario, desfogándose a lo largo de la noche.

Mientras ella lamía con fruición cada rincón de la piel de Aioria.

Y él correspondía buscando en cada humedad el sabor salado de su propia piel, sin hallarlo. Porque Marin era dulce, como aquel perfume que usaba antes de encontrarse con él.

La mezcla de ambos cuerpos moviéndose al ritmo que sus caderas encajadas producía un aroma que oscilaba entre el salitre de él y el dulzor de ella.

Intensificándose y mezclándose finalmente cuando Aioria empujaba con ardor, hundiéndose en un abismo de húmedo placer. Aún cuando ella gritaba su nombre, hundiéndole los dedos en la espalda, aprisionando con fuerza el endurecido miembro.

Y después del extenuante ejercicio, ambos caían desplomados sobre el colchón, jadeando y tratando de tomar aire.

Normalmente, ella se dirigía la ducha tras la sesión de sexo, pero esta vez se quedó quieta en la cama. Reptó hacia el cuerpo de Aioria y se colocó a su vera, mostrando sus voluptuosos senos, rozándolos contra su cuerpo.
—Dame un respiro— solicitó el griego, acariciando el pezón endurecido entre los dedos—; necesito reponerme.

Marin dejó escapar una leve risa, mordiéndose el labio inferior. A continuación, hundió su rostro en el cuello del hombre, queriéndose perder en su olor.
—Me gusta cómo hueles…

El susurro llegó atenuado; un suspiro de voz que provocó un cosquilleo. Aioria tembló con el escalofrío.
—Siempre uso el mismo perfume— respondió él, apartando a la mujer para poder rascarse el cuello.

Ella asintió y arañó la superficie de piel que el hombre rascaba.
—Es la mezcla de tu sudor con la colonia la que me pone cachonda.

Ante tal declaración de intenciones, el caballero de Leo miró con extrañeza a su compañera, ya que ella no acostumbraba a ser tan directa en cuestión de perversiones.

Pero fuera como fuera, él estaba preparado para iniciar de nuevo aquella vorágine de cuerpos fundidos en uno solo, para disfrutar de los aromas que ambos destilaban.